Zanguango, atrapados en un gimnasio

Cualquiera que nos viera, de la compañía Zanguango
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Del 20 al 22 de noviembre de 2015

Sala Russafa acoge la segunda propuesta de su ‘Ciclo Compañías Nacionales’, una programación que del 13 de noviembre al 13 de diciembre ofrece cuatro estrenos de destacadas compañías de distintos puntos de España que hasta ahora no han tenido oportunidad de mostrar su trabajo en Valencia.

Es el caso de la formación afincada en Vitoria Zanguango, que en 22 años ha llevado a las tablas 16  espectáculos propios, creados a partir de la improvisación y el trabajo en equipo. Una metodología de creación con la que han forjado un personalísimo estilo que apuesta por el teatro físico y huye de los artificios, apoyándose en el humor absurdo.

Del 20 al 22 de noviembre, Sala Russafa acoge el estreno en la Comunitat Valenciana de Cualquiera que nos viera, una divertidísima propuesta en la que encontramos a dos personajes atrapados en un gimnasio. Se están poniendo en forma, preparándose afanosamente para afrontar una futura oportunidad que les permita salir, reintegrarse en el engranaje social.  Sin embargo, temen abandonar el gimnasio en el que se han atrincherado, huyendo de la realidad. Humor cargado de mensajes sutiles constituye esta deliciosa pieza que, al tiempo que invita al público a reflexionar, es capaz de arrancarle carcajadas.

Pulgarcito. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Pulgarcito, de la compañía vasca Teatro Paraíso. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Otra propuesta nacional ocupará el escenario de Sala Russafa esta semana, esta vez en la programación familiar. Se trata de Pulgarcito (21 y 22 de nov), Premio al Mejor Espectáculo infantil en el Festival de Almagro en 2014.

Vuelve al teatro de Ruzafa esta versión del cuento de Charles Perrault de la compañía vasca Teatro Paraíso, Premio Nacional de Artes Escénicas para la Infancia 2012. Un espectáculo en el que dos actores recrean situaciones alejadas de la narración original, pero estrechamente ligadas con esta famosa historia del niño que es abandonado por sus padres en el bosque, al no poderle alimentar.

Situaciones absurdas, enredos y suspense en este nuevo acercamiento al clásico de la literatura infantil que combina miedo y humor. Un montaje para espectadores a partir de 6 años y con doble intencionalidad: por un lado, entretener a los pequeños y por otro, estimular la reflexión en los padres en torno al tema del abandono, creando ciertos paralelismos con la actualidad y evidenciando que hay muchas maneras de desentenderse de los pequeños.

Zanguango en Sala Russafa.

Cualquiera que nos viera, de la compañía vitoriana Zanguango. Imagen cortesía de Sala Russafa.

¿Somos todos hombres grises?

El hombre gris, de Cayetano Ferrández
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 5 de abril, 2015

“Todos somos hombres grises. Yo, el primero”. Cayetano Ferrández trabaja en la banca (“ahora tan mal vista”), donde asume una labor “monótona, aburrida”. He ahí el hombre gris al que alude de múltiples formas y maneras en su exposición en el Centro del Carmen, titulada, cómo no, ‘El hombre gris’. Pero resulta que ese hombre gris sale de su trabajo, se quita el anodino traje que le angustia por dentro, y se lanza a reproducir como un poseso la serie de figuras, convertidas en personajes de desgarradas historias, que al modo de “madelmans tuneados” le ayudan a quitarse tanto pesar de encima.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen de Valencia. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen de Valencia. Imagen cortesía del autor.

Todo ese existencialismo gris, comisariado por José Luis Pérez Pont, se muestra entre penumbras, para que la escasa luz revele aspectos esenciales de esa angustia que palpita en cada una de las obras de Ferrández. “Reflejo mi forma de entender la vida”. Y la entiende gris, porque ya sea el poder (y señala su figura ecuestre) o el dinero (en forma de dólar que estrangula a uno de sus personajes) así nos lo hacen saber. “Pongo el acento en las personas que nos manejan y nos utilizan”. También lo pone en el “engranaje social al que nos vemos abocados”.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

Y de esos hombres grises está repleta una de las salas del Centro del Carmen, ya sea arrastrando pesadas carretillas, caminando sobre cabezas, congelados, como marionetas o presos de la propia mente. Figuras convertidas en personajes que le sirven a Ferrández “para contar historias”. Historias que Pérez Pont relacionó con la sociedad de consumo, la crisis y el poder, y que el artista extendió “a la totalidad de la civilización y la gente”.

El existencialismo de Cayetano Ferrández se nutre de ese “sistema social que nos oprime unos a otros”. Pero también del Freud que señala al propio sujeto como enemigo de la civilización, en tanto habitado por una pulsión de muerte autodestructiva. Energía que prolifera en la sociedad de Internet. “Hay tantas voces y tanto murmullo que ya no sabes lo que está bien y lo que está mal”, reduciéndolo todo “a una especie de sordera”.

El hombre gris, de Cayetano  Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

‘El hombre gris’ aparece replicado en el Centro del Carmen metamorfoseado en las múltiples caras kafkianas del tedio y la violencia, haz y envés de esa triste grisura. Fotografías, esculturas y videos que sirven al artista para enjugar su angustia y, de paso, conectar con la del espectador. “Si la exposición conmueve, entonces la comunicación es perfecta”. Y conmueve. Conmueven esas figuras que juegan a las sillas, a competir, a martirizarse unos a otros, a doblegarse por el peso de un poder inmisericorde.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

¿Le queda alguna salida al hombre gris? ¿Alguna salida que no sea asistir impávido a su propia esclavitud, antaño forzada y hoy enteramente asumida por el narcótico del consumismo? “Ser consciente de ello ya es suficiente”, subraya el autor de tanta figura gris. Y añade: “Lo que es un impedimento puede ser también lo que te impulsa”. La figura del ‘cucurucho volador’, hombre que parece precipitarse al vacío con un gran helado a su espalda, sería ese signo esperanzador, “de lucha por salir de la situación”. Frente al horror, la ilusión por toda mochila.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres