El arte como cebo

Blanco Nocturno, de Chema López
Galería Rosa Santos
C / Bolsería, 21. Valencia
Hasta el 25 de noviembre de 2016

“¿Tú qué ves ahí?”, interroga el artista junto a la obra que sirve de arranque a la exposición ‘Blanco nocturno’ en la galería Rosa Santos. Una obra de intenso fondo negro que termina abriéndose a la luz en su parte superior. “Yo diría que un pozo”. El artista asiente, aunque reconoce que muchos ven la luna. En todo caso, da igual, porque a Chema López lo que le interesa es precisamente eso: generar la inquietud de lo que significa ese blanco en medio de tamaña negritud. Para ello, invita al espectador a seguirle en la serie de pistas que conforman el recorrido narrativo de la muestra con la que ganó el Abierto Valencia, la fiesta de apertura de la temporada de las galerías de arte en la Comunidad Valenciana.

El título ‘Blanco nocturno’ dice provenir de una novela de Ricardo Piglia: “Me gusta por su estructura policiaca”. La misma con la que el propio Chema López construye su relato expositivo. “Me interesa crear cierto suspense, de manera que el espectador tenga que descifrar el contenido de los cuadros, más allá de su parte superficial”. Acostumbrados al aluvión de imágenes que ofrece la televisión y que circulan por Internet, López invita a una lectura más atenta, casi detectivesca.

Obra de Chema López en la exposición 'Blanco nocturno'' de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

Obra de Chema López en la exposición ‘Blanco nocturno» de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

De hecho, en el primer piso de la galería muestra un dibujo infantil extraído de la película ‘El cebo’, de Ladislao Vajda. Un cebo utilizado como máxima del trayecto expositivo. “En la película, el asesino hace trucos de ilusionismo con los que atrae a las niñas, al tiempo que ese dibujo de la niña sirve a la policía como prueba para irlo descubriendo”. De manera, como dice Chema López, que la ficción “es manipulación” pero también “fuente de verdad”. De ahí, la alusión a Demócrito: “Si existe la verdad está en el fondo de un pozo”.

Por eso ‘Blanco nocturno’ empieza aludiendo al pozo de la entrada, en cuya imagen está impreso el título de la exposición y el nombre invertido del artista (“como si fuera un reflejo más”), y concluye en el tercer piso con otro pozo, éste rodeado de cañas, “para que la gente no se caiga”. Entre ambos, Chema López va dejando huellas de su inquietud artística que el espectador, adoptando su misma posición, recorre con la curiosidad de quien sigue un rastro criminal.

Obra de Chema López en la exposición 'Blanco nocturno' de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

Obra de Chema López en la exposición ‘Blanco nocturno’ de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

El blanco y negro que caracteriza la obra de Chema López tiene mucho que ver con esa visión oscura de la realidad. “Estoy muy influenciado por las películas antiguas y por la crónica negra”, reconoce. También por cierto “pensamiento trágico”. Pensamiento que le lleva a plantear su ‘Blanco nocturno’ como el “intento de salir a la luz”, concitado en la imagen de entrada, a través de diversos “señuelos”. La linterna y la lupa, en manos del director de cine Nicholas Ray, otro de sus referentes, vendrían también a arrojar luz en esa oscuridad integrada por una talla de la cabeza de San Juan Bautista, el bosque por el que se adentra la niña de ‘El cebo’ a modo de Caperucita, o los cuerpos sin vida de los maquis asesinados en Mas Clarà el 4 de enero de 1960.

Obra de Chema López en la exposición 'Blanco nocturno' de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

Obra de Chema López en la exposición ‘Blanco nocturno’ de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

La infancia, tan presente a lo largo del recorrido, se enmarca en esa crónica negra dominada por la violencia más extrema. Atinada es, en este sentido, la referencia a ‘El espíritu de la colmena’, de Víctor Erice, allí donde la niña protagonista pregunta, viendo a su vez ‘Frankenstein’, “¿por qué la mata?”. La “intertextualidad”, tan utilizada por Chema López, va dejando una pista tras otra con el fin de que el espectador vaya desentrañando el misterio. “Trabajo como si fuera un montaje cinematográfico”. Misterio asociado a la infancia (“nunca deberíamos perder esa mirada inocente de ver las cosas”) y a los peligros que la acechan. Peligros que tienen que ver con cierta luz de blancura tan cegadora y siniestra como iluminadora.

¿Qué es la imagen?, se pregunta Chema López en una de las piezas. “Un abrir y cerrar de ojos”, responde. ‘Blanco nocturno’ es una sucesión de esas imágenes que, mediante un montaje narrativo valedor del premio a la mejor exposición de Abierto Valencia 2016, ofrece la posibilidad de adentrarse en la ficción como artificio donde rastrear cierta verdad. La verdad del artista que hurga en las formas para ceñir el caos dotándolo de sentido.

Obra de Chema López en la exposición 'Blanco nocturno' de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

Obra de Chema López en la exposición ‘Blanco nocturno’ de la galería Rosa Santos. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Las alharacas antifranquistas del IVAM

Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo 1964-1976
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 3 de enero de 2016

La represión del régimen franquista sigue siendo objeto de innumerables actos de reprobación, 40 años después de que falleciera el dictador. Actos de reprobación transformados en ejercicios de nostalgia o memoria a favor de quienes combatieron esa represión. Ocurre, sin embargo, que ni durante el largo régimen había tantos antifranquistas como después fueron saliendo a montones tras su muerte, ni ahora se delimitan los periodos de esa ausencia de libertad, metiendo en el mismo saco la dureza de los años 40 y 50, con la más liviana de los 60 y 70.

Intruso, obra de Equipo Crónica. Imagen cortesía del IVAM.

Intruso, obra de Equipo Crónica. Imagen cortesía del IVAM.

Baste como prueba lo que dice el historiador John Hopewell, en relación con la literatura y el cine de esos años terminales del franquismo. Cita los casos de Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, Arde el mar, de Pere Gimferrer, El tragaluz, de Antonio Buero Vallejo, El espíritu de la colmena, de Víctor Erice, o La prima Angélica y Elisa, vida mía, de Carlos Saura. Para a continuación decir: “Obras todas ellas que dejaban en evidencia cómo la censura [franquista] se fue resquebrajando, a partir de los años sesenta, dentro de la industria cultural española en general y en la cinematografía en particular”. Censura que disminuyó “no por razones políticas, sino más bien por una necesidad de competencia económica”.

Reina por un día, de Equipo Realidad. Imagen cortesía del IVAM.

Reina por un día, de Equipo Realidad. Imagen cortesía del IVAM.

La exposición ‘Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo (1964-1976)’, que hasta el 3 de enero permanecerá en el IVAM, se suma a ese tren políticamente correcto de la reprobación del régimen franquista, a la que nadie puede sustraerse dado que viene avalada por el escándalo de la falta de libertad.

Da lo mismo que esa represión fuera virulenta o el canto de sirena que fue en los años referidos en el título de la exposición. El caso es mostrar, bajo ese paraguas abierto no ya para los aguaceros sino para una lluvia cada vez más fina, a quienes crearon obras de una indudable cualidad artística, al margen de los gestos heroicos que algunos les cuelgan para mayor gloria y justificación de su propuesta expositiva o actividades complementarias.

Obra de Rafael Martí Quinto. Imagen cortesía del IVAM.

Obra de Rafael Martí Quinto. Imagen cortesía del IVAM.

Quienes combatieron con sus trabajos artísticos esa represión ya de capa caída, como son los casos de Manuel Boix, Artur Heras, Rafael Armengol, Joan Antoni Toledo, Rafael Calduch, Jorge Ballester, Joan Cardells, Rafael Martí Quinto, Manolo Valdés o Anzo, entre otros, vivirán (no todos, algunos ya han desaparecido) con gratitud esa rememoración, a buen seguro que al margen de tanta medalla honorífica. De manera que para contemplar los más de 200 dibujos, grabados, pinturas, esculturas, revistas, libros y cómics de la exposición, bueno será centrarse en las obras artísticas, obviando el acompañamiento musical de tanta hazaña bélica.

Instalación en la exposición 'Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo 1964-1975', en el IVAM.

Instalación en la exposición ‘Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo 1964-1975’, en el IVAM.

Comisariada por Román de la Calle y Ramón Escrivà, ‘Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo (1964-1975)’ reúne la cultura visual de un tiempo, como explican los comisarios, “en el que la ciudad de Valencia tuvo el mérito de convertirse en la capital de la nueva vanguardia figurativa y de la abstracción normativa”. Y ello por una razón que De la Calle sintetizó así: “Colaboración extraña en esos años”. Colaboración entre artistas de diferentes estilos y críticos de arte empeñados en sumar fuerzas en aras de ese frente común por la cultura. Lo que dio lugar a algo que el catedrático Román de la Calle denominó “políticas culturales transformadoras”. José Miguel Cortés, director del IVAM, dijo en este mismo sentido que “ojalá” volvieran aquellos “años de efervescencia creativa”.

Efervescencia reflejada en los trabajos de Equipo Crónica, Equipo Realidad, Estampa Popular, los grupos Antes del Arte, Ara, Bulto o Escapulari-0, al que se agregan publicaciones de librerías destacadas esos años: Viridiana, Tres i Quatre, Concret, Lauria, Pasaje o Studio. La exposición se nutre de fondos procedentes de la Fundación Martínez Guerricabeitia de la Universitat de Valéncia, de museos como el de Bellas Artes de Valencia o el de Arte Contemporáneo de Alicante, y de las fundaciones Bancaixa y Anzo. La Filmoteca Española contribuye con imágenes del No-Do alusivas al régimen franquista. Régimen que contextualiza, de forma harto simplista, una exposición que brillaría por sí sola enmarcada en ese otro régimen extrañamente colaborativo de tan dispares artistas.

El dictador, obra de Rafael Calduch, en la exposición 'Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo 1964-1976'. Imagen cortesía del IVAM.

El dictador, obra de Rafael Calduch, en la exposición ‘Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo 1964-1976’. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres