Sala Russafa: reinventando los clásicos

III Festival de Talleres de Teatro Clásico
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Hasta el 6 de julio

La enseñanza del arte dramático es una de las facetas de la Sala Russafa, un foco cultural en el barrio del mismo nombre que lucha contra viento y marea para aguantar el tirón de la crisis. A sus aulas han acudido este curso 76 alumnos de los que 24 son menores, un número superior a los anteriores, que demuestra que la afición crece.

Fruto de esa labor pedagógica es la tercera edición del Festival de Talleres de Teatro Clásico, que se celebra hasta el 6 de julio. “Difundir el teatro de corte clásico es uno de los motivos por los que creamos Sala Russafa, junto a la voluntad de apoyar a las nuevas generaciones de la escena valenciana, tanto en la formación como en la exhibición”, explica Chema Cardeña, director del Festival.

Figuras imperecederas y dramas eternos protagonizados por Don Juan, Otelo o Romeo y Julieta han sido reinventados para adaptarlos  al público contemporáneo de forma que su esencia cale y perdure. Beber en estas caudalosas fuentes  de sabiduría y conocimiento del alma humana es la base de la formación actoral que durante cinco meses ahonda no sólo en las técnicas de interpretación, sino también en otros aspectos del oficio. Así, los estudiantes deben escribir o reescribir textos para los personajes que interpretan, diseñar el vestuario, el cartel o escenografía de las piezas, entre otras de las muchas tareas relacionadas con el montaje de una pieza.

Integrantes de la compañía que representa 'Otelo'. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Integrantes de la compañía que representa ‘Otelo’. Imagen cortesía de Sala Russafa.

“El trabajo es muy distinto al que se realiza para un montaje teatral al uso, aquí hay mucho más tiempo y los actores tienen una implicación mayor en el resultado final”, dice  Cardeña. “Esto hace que las obras sean arriesgadas y rupturistas con el concepto más conservador de representación, llevando al escenario la investigación que en muchas ocasiones precede a la creación de un espectáculo”.

El cartel de esta tercera edición del Festival  incluye cuatro montajes: uno de actores aficionados, dos de profesionales y una compañía invitada.  El primero, Don Juan de tod@s se representó del 12 al 16 de junio, una pieza en la que conviven todos los Don Juanes que crearon Molière, Zorrilla, Lord Byron o Tirso de Molina.

Fiesta Shakespeare

Seguirán distintas versiones y adaptaciones de piezas de William Shakespeare, coincidiendo con la celebración del 450 aniversario del nacimiento del autor inglés. Romeo x Julieta, del 19 al 22 de junio, sitúa la apasionada historia de amor imposible en el Flower Power de los años setenta, en una comuna hippie que prepara la representación de los amores prohibidos entre los Capuleto y Montesco. Los alumnos del taller  llevan a las tablas un montaje novedoso, apoyado en la música de la época, que va mostrando paralelismos entre lo que ocurre en la comuna y lo que viven los personajes de la pieza más popular del dramaturgo inglés.

La tercera propuesta es El moro de Venecia (Otelo), del 26 al 29 de junio, cuando se cumplen más de 400 años desde su primera representación. Un nuevo acercamiento a esta pieza en la que tiene especial relevancia la expresión corporal y la danza. Los integrantes del curso de interpretación para profesionales de Sala Russafa parten de la simbología animal para recrear un mundo en el que dominan los instintos y emociones más primitivas.

El Festival culmina con la compañía de Teatro de Sombras Avoramar. Mariola Ponce y Vicent Ortolá (Teatres de la Llum) dirigen a un grupo de discapacitados físicos e intelectuales que encuentran en las artes escénicas una herramienta para integrarse, expresando inquietudes y aptitudes a través de su experiencia de la interpretación. Por tercer año consecutivo visitan el Festival, en esta ocasión con Enfadados con Shakespeare (6 de julio), un montaje en el que todos los miembros de la compañía aportan su particular visión de las emociones encontradas que tan bien supo retratar el autor inglés a través de sus personajes.

Sala Russafa pone a disposición del público un abono por 18€ para disfrutar de las cuatro propuestas de este Festival en el que se espera alcanzar el éxito de anteriores ediciones, con llenos prácticamente diarios. “Los espectadores tienen la oportunidad de descubrir nuevos talentos y de acercarse a piezas y personajes clásicos desde puntos de vista muy distintos a lo habitual” explica su director. “Al mismo tiempo a los actores, les damos lo fundamental: la opción de que les vean haciendo su trabajo”., concluye Cardeña.

Escena 'Romeo y Julieta'. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena ‘Romeo y Julieta’. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Bel Carrasco

Díaz Prósper y su Valencia turbia

La esquina de Cocotte
Fotografías de la Colección Juan José Díaz Prósper
Fotogalería Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 8 de abril

Cuentan que Don Juan, al ver a una joven que se había colado desnuda en su cama, le dijo: “¡Qué haces, insensata, vístete y defiéndete!”. No entendía el aclamado seductor la posesión directa y sin ambages del tan deseado cuerpo femenino. Necesitaba el tiempo, la demora, la recreación, antes de llegar al momento culminante del acto sexual. El erotismo viene a ser algo así: la intermitencia, que diría Barthes, de la piel que centellea entre dos piezas, entre dos bordes, la puesta en escena de cierta aparición desaparición. El erotismo es todo lo contrario a las prisas y, sin duda, un progresivo desvelamiento que busca la disolución del cuerpo encerrado en los límites de la ropa. De ahí lo de vida disoluta. Y de ahí, también, la transgresión de cierto orden y su relación con lo prohibido.

 

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Todo eso y más es lo que nos propone Juan José Díaz Prósper mediante la exposición de sus más de 60 desnudos en Railowsky. Desnudos de los años 40, 50 y algunos de los 60 que, a modo de prehistoria del erotismo, reflejan el “mercado negro” de fotografías en los años del franquismo (“increíblemente, aún sigue siendo tabú”), como parte de una colección más amplia de 15.000 imágenes, de las que alrededor de 250 son exclusivamente eróticas. “Son reflejo del trasiego de fotografías que por aquellos años había, principalmente llegadas del extranjero, sobre todo de Francia”, comenta Díaz Prósper.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

COSQUILLEO ERÓTICO

Son fotografías anónimas que Juan José Díaz Prósper ha ido reuniendo, dejándose llevar por el “cosquilleo” de las primeras que entraron en su vasta colección. Imágenes que, para la exposición de Railowsky, ha bautizado con el sugerente nombre de La esquina de Cocotte. “No existe tal esquina como tal, pero sonaba gracioso, afrancesado y muy literario”. En cualquier caso, bien pudiera ser “la esquina de una famosa prostituta del barrio chino de Valencia”, como sugiere Juan Pedro Font de Mora, responsable de Railowsky. Sea como fuere, ahí están las 34 fotografías, que a su vez contienen series a modo de secuencia cinematográfica, revelando el carácter furtivo y prohibido de muchas de ellas.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Hay un poco de todo. Retratros de famosas vedettes de la época, cuerpos desnudos que se ocultan tras una guitarra, un sombrero, una silla o la más variada lencería, y mujeres posando en general como las pin-ups de calendario, tomando seductoras notas, bajo pieles de leopardo o sometidas por otra mujer al más perverso azote. Algunas fotografías, las menos, poseen cierta calidad artística, pero es el carácter documental lo que confiere al conjunto su inestimable valor. “Las de Ethel Rojo sí están cuidadas, con poses muy estudiadas”, apunta Díaz Prósper refiriéndose a las fotos de la vedette argentina fallecida hace un par de años, mientras subraya el valor documental del resto.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

VALENCIA TURBIA

Hablamos de la Valencia prohibida y de modelos cuyos desnudos provenían de los países europeos más abiertos que España en materia sexual. De ahí el mercado negro, el trasiego de imágenes y la “oculta pero potente industria” que existía alrededor del erotismo. Erotismo que, observando las imágenes de La esquina de Cocotte, llama la atención por ese carácter sepia y la profunda transformación del cuerpo de las  modelos comparadas con el glamour actual. Diríase que hemos pasado de las curvilíneas carnes naturales a las cumbres de silicona y los valles artificiales del photoshop.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Díez Prósper piensa que aunque hay “muchos desnudos en Internet”, la verdad es que “erotismo hay poco”. Eso sí, no cree que se haya perdido ni mucho menos. “En la vida cotidiana ves detalles que resultan muy eróticos”. Y se lanza a explicar lo que a su juicio es el erotismo: “la lentitud de movimientos”. Por eso ha querido que muchas de las fotografías de La esquina de Cocotte tengan ese aire de cámara lenta, esa desnudez progresiva que recogen algunos de los striptease mostrados en imágenes sucesivas. “Hemos suprimido algunas fotos que se repetían, para que la serie no fuera reiterativa”. Porque una cosa es la lentitud, esa caída espaciada de la ropa, y otra muy distinta el calco de poses dentro de una misma secuencia.

La colección erótica de Juan José Díaz Prósper, a quien La Nau de la Universitat de València ya le dedicó una exposición en 2011 titulada Patrimonio y Memoria. Fotografías 1839-1900, es testimonio vivo de esa Valencia prohibida de la posguerra. Haríamos mal en contemplar La esquina de Cocotte con aires de suficiencia democrática. No sólo porque, como subraya Díaz Prósper, el erotismo siga siendo tabú, sino porque el deseo humano jamás se pliega a las razones de la total transparencia. La esquina de Cocotte está repleta de enigmas.

Detalle de una de las fotografías de la colección erótica de Juan José Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Detalle de una de las fotografías de la colección erótica de Juan José Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Salva Torres