«Transformar la exposición en una capacidad activa»

#MAKMAEntrevistas | Diana Guijarro: «Transformar la exposición en una capacidad activa»
‘Dónde estamos. Dónde podríamos estar.’
Colección «la Caixa» | Convocatoria de comisariado
Caixaforum Barcelona 
Hasta el 1 de noviembre de 2020

Sin duda alguna –y quizá ahora, más que antes– nos replanteamos las prácticas expositivas dentro y fuera del museo. El hecho de llegar al visitante a través de la contextualización del objeto ha quedado en segundo plano ante las nuevas prácticas museográficas. Se observa desde hace ya un tiempo la forma en la que discursos asertivos se mezclan con prácticas participativas que desarrollan cierto declive de la autoridad museográfica como tal.

En este contexto, Fundación «la Caixa» lanza anulamente su convocatoria de comisariado para menores de 40 años con el principal objetivo de generar nuevas lecturas sobre su colección y la del MACBA. Diana Guijarro es una de las seleccionadas de la pasada convocatoria de 2018, cuya exposición ‘Dónde estamos. Dónde podríamos estar’ puede disfrutarse ahora hasta el próximo noviembre en el Caixaforum de Barcelona.  

exposición
Imagen de la obra ‘Mobile Home’, de Mona Hatoum. Fotografía de Roberto Ruiz cortesía de Diana Guijarro y Fundación «la Caixa».

En primer lugar, enhorabuena por haber sido seleccionada en la convocatoria. Imagino que no debe de haber sido fácil abordar el conjunto que suponen las colecciones del MACBA y La Caixa. Las piezas que integran estas colecciones recorren la historia del arte y por tanto acontecimientos histórico-artísticos clave a nivel nacional e internacional. ¿Cómo ha sido enfrentarse a ese trabajo de selección? 

Gracias María. Como bien indicas esta es una de las pocas convocatorias, por no decir de las únicas, en este país que te permite como comisaria enfrentarte a dos colecciones altamente representativas de la historia del arte contemporáneo.

Obviamente, implica un reto muy estimulante ya que es una oportunidad excepcional en lo que a la práctica curatorial se refiere. Significa poder investigar las nuevas problemáticas del presente, pero también la transformación de la historia, las identidades y los espacios en base a otras dinámicas experimentales, buscando fórmulas discursivas alternativas.

En mi caso, llevaba tiempo investigando sobre la propuesta que quería presentar y, a medida que iba profundizando y documentándome en el proceso, iba tomando forma la selección de las obras con las que articularía el discurso, piezas a las que luego se fueron sumando otras, un poco como parte natural del desarrollo; esto es lo que, finalmente, fue creando conexiones nuevas y amplificando la propia visión que tenía sobre las mismas.

El trabajo previo de preparación del proyecto supuso un proceso duro, pero, al mismo tiempo, creo que es de los más gratificantes a nivel personal, ya que es ahí donde entran en juego muchos aspectos con los que tienes que tratar y es entonces cuando empiezas, realmente, a construir el proyecto en todos sus sentidos, cuando todo empieza a encajar en su aparente desorden.

También me gustaría puntualizar que sin una convocatoria como esta, en la que existe una organización pormenorizada de los tiempos, los recursos, los medios y la información, y se trabajan “los cuidados” –en el sentido de trabajar desde el respeto por parte de todos los profesionales implicados–, es difícil que se puedan llevar los proyectos bajo estos parámetros tan rigurosos. Creo, sinceramente, que es un ejemplo para estos tiempos tan complicados en el ámbito artístico y cultural.

‘Dónde estamos. Dónde podríamos estar.’ Hay un interrogante encubierto…  

Para el título de la exposición escogí el texto de Lucy R. Lippard ‘Mirando alrededor: dónde estamos y dónde podríamos estar’ (que puede leerse en Paloma Blanco et al., ‘Modos de hacer. Arte crítico, esfera pública y acción directa’, Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca, 2001, pp. 51-71 ), donde la escritora y comisaria se preguntaba sobre la posibilidad de unas prácticas artísticas que fueran capaces de llevarnos a otra visión colectiva de lugar. Una nueva articulación de lo social en la que lo artístico nos devolviera la idea de futuro.

Alrededor de estas ideas comencé a articular la propuesta, que luego se fue ampliando hacia otros campos de conexiones, pero esta era la base sobre la que quería construir y transmitir el proyecto. Me parecía enormemente sugerente partir de estas reivindicaciones, que ya nos invitaban en otro tiempo a sacar las prácticas artísticas de su lugar para llevarlas hacia otros territorios (puede que más inciertos e incómodos, pero, sin duda, necesarios). Y ver con ello cómo estas reflexiones tenían un amplio calado en lo que sucede ahora, conectando casi de forma mágica con otros pensamientos de la actualidad. 

Sin duda, el interrogante que ella plantea se puede y se debe llevar hacia un campo mucho más diversificado, sobre todo si pensamos en las reflexiones que podemos hacer en torno a él, y nos hace pensar en un ámbito político, en lo social y lo físico, o en lo cultural y emocional que nos rodea; una especie de visión panorámica de lo que somos o creemos ser como sociedad.

Más ahora, cuando vivimos situaciones excepcionales que requieren que nos cuestionemos lo que venimos haciendo como colectividad. Si esto no cambia nuestra relación con el entorno y con los otros, sin duda quedan pocas esperanzas de futuro. Puede que la clave esté en llegar a entender los nuevos matices que se encierran tras preguntas como esta.

Detalle de la exposición. Fotografía de Roberto Ruiz cortesía de Diana Guijarro y Fundación «la Caixa».

La experimentación curatorial no es nueva para ti. Creo observar una línea clara en tu trabajo en la que entremezclas patrones de un comisariado más tradicional y la mediación en espacios expositivos. ¿Crees que la parte práctica de tu trabajo ha influenciado, también, a la hora de buscar nuevas concepciones teóricas sobre el comisariado?

Por supuesto, la experiencia previa en otros proyectos influye en cómo quieres ir desarrollando la labor curatorial. Es cierto que hablamos de un trabajo en el que entran en juego muchas variables: por un lado, está la propuesta e investigación que se desarrolla, la selección de las obras y el proyecto de mediación que se puede construir con todo ello, pero luego hay presentes otros muchos factores que en la mayoría de los casos escapan a nuestro control.

En la parte práctica que comentas, es verdad que ha habido proyectos curatoriales que han marcado de una forma un tanto especial la manera en la que quiero relacionarme con el espacio expositivo y las obras, y, en consecuencia, de cómo todo esto se proyecta en la visita o tipos de visita que se pueden plantear.

Me resulta complicado entender el medio expositivo como algo estático, asumido como el lugar en el que se va a contemplar, a vivir la experiencia estética, cuando en realidad nos encontramos ante un dispositivo cargado de potencial crítico.

Un lugar para el intercambio, hablando en un amplio sentido, implica explorar esas otras relaciones de poder y entender que esto que hacemos está inevitablemente ligado a un contexto determinado, con sus estructuras totalmente articuladas, las cuales estamos obligados a cuestionar.

Aunque, claro está, que esto implica querer ponernos las cosas un poco más difíciles. Al fin y al cabo, hablamos de transformar la exposición en una capacidad activa, en “eso que está pasando” y que es capaz de reconsiderar los métodos que tenemos para ejercer resistencia.

Es muy interesante la vuelta de tuerca que realizas al hablar de ‘ritual’, aplicando el concepto al hecho expositivo en su plenitud: aquel que observa desde lejos, el que participa activamente, la forma de movernos en el espacio… ¿Cómo has intentado que el visitante se enfrente a cada pieza presentada? 

Me interesaban los acercamientos que Carol Duncan realiza en su libro ‘Rituales de Civilización’ en torno a la diferenciación de los lugares y el concepto de lugar ritual, entendido como el espacio en el que escenificar algo. El modo en el que ella lo conecta con los espacios museísticos y en cómo profundiza en las formas de participación que se dan dentro de ellos, en los gestos que son entendidos como una especie experiencia estructurada bajo un modo de ocupación pautado; todo ello me permitía extender estas reflexiones hacia los fenómenos culturales y ciertos comportamientos que asumimos como normales tan solo por el hecho de que no contradigan nuestros esquemas.

Esta idea de acto que se diluye en un nosotros se traslada a la exposición y, por extensión, a las piezas y a la forma de relacionarnos con ellas. La exposición no plantea un recorrido específico, ni siquiera una direccionalidad, sino que lanza un guiño hacia una organización rizomática de elementos y mensajes.

No obstante, no es casual que la pieza que articula el espacio sea ‘La trayectoria de la luz en la caverna de Platón (desde la caverna de Platón, la capilla de Rothko, el perfil de Lincoln)’, de Mike Kelley, ya que esta obra implica alterar el orden de nuestros cuerpos nada más entrar en la exposición y nos obliga a arrastrarnos para volver a entrar en la caverna, un comienzo con el que desmontar los órdenes establecidos. 

En otras piezas, como, por ejemplo, la de Andrea Fraser, ‘Little Frank and his carp’ (‘El pequeño Frank y su carpa)’, el visitante se sitúa ante la visión de una performance dentro del Museo Guggenheim de Bilbao y aflora entonces una sensación que mezcla cierta incomodidad con dosis de humor, con la que reflexionar sobre los mecanismos de poder desde una perspectiva crítica, como permite esta obra. 

Son piezas que parten de lenguajes muy diversos y que tratan cuestiones complejas, como es la carga del exilio (Mona Hatoum), la escenificación de la propia identidad (Cindy Sherman) o los relatos confusos, donde nuestra propia posición como espectador es algo indeterminada e intercambiable (obras de Txomin Badiola o Alex Reynolds). Es interesante que los visitantes perciban que son ellos quienes activan, con su presencia, el sentido de las obras, son los que generan las conexiones entre ellas y, por tanto, los discursos alternativos que puedan surgir o no durante la visita, que son igualmente válidos a los propuestos desde la exposición. Ahora, son los visitantes quienes tienen una responsabilidad nueva.

Imagen general de la exposición. Fotografía de Roberto Ruiz cortesía de Diana Guijarro y Fundación «la Caixa».

Además, se propone una especie de actividad “extra” –inspirada en una acción llevada a cabo en 1976 por Allan Kaprow–, que invita a posicionarse desde un nuevo punto de vista, unas ‘Instrucciones para un acceso controlado’ que, sin duda, resultarán divertidas y anecdóticas para aquel que pueda acercarse a visitar la exposición. ¿Qué más puedes contarnos sobre la función de este planteamiento?

La idea era proponer una serie de pautas que invitaran a experimentar el espacio expositivo en la línea de los conceptos que se trabajan en el proyecto y que transformen, de alguna manera, la experiencia de visita en una capacidad activa. Para ello me inspiré en la actividad que Allan Kaprow planteó en ‘7 Kinds of Sympathy, una unidad modular participativa en la que una persona conectaba con otra generando mensajes primarios y copiando gestos y movimientos secundarios.

En este caso, ya no hablaríamos tanto de «A y B», como él proponía, sino que buscaríamos esa comunicación e intercambio entre la persona y la exposición para provocar que el supuesto ritual de visita que llevamos a cabo en estos espacios se vea alterado por comportamientos que no asociamos al museo o al entorno expositivo. Digamos que este elemento es la excusa para reclamar y ocupar la exposición en base a otros términos, es decir, lo que nosotros podemos hacer que sea la exposición.

La nueva situación derivada de la pandemia mundial ha provocado que nos replanteemos nuevas relaciones con el espacio urbano, con las relaciones sociales… ¿Alguna nueva lectura que podamos añadir también en el espacio expositivo? ¿Crees que a partir de ahora la forma de relacionarnos con el espacio en el museo fomentará esas nuevos modos discursivos que aludes en tu trabajo?

Como comentas, las relaciones con y en el espacio expositivo han cambiado y esta situación excepcional ha hecho que la exposición en sí tenga que transformarse, así como sus diferentes elementos, la ocupación de la misma y el uso que hacemos de ella. Son numerosas las reflexiones que están surgiendo al respecto, aunque, debido a la celeridad de los acontecimientos, parece que ahora nos vemos abocados a solucionar las problemáticas más urgentes y derivadas de los protocolos de actuación y seguridad.

Parece difícil enfrentarse, hoy por hoy, a un pensamiento más pausado y crítico sobre cómo todo esto afectará a nuestros modos discursivos y a nuestra forma de entender la exposición; no obstante, creo que sí puede suponer un punto de inflexión en cuanto a cuestionarnos algunas dinámicas asociadas a estos espacios y es una oportunidad para desmontarlas, en base a otra realidad y concienciación.

Quizás tengamos que entender que muchas de nuestras actuaciones encajan, casi siempre, dentro de algo más transitorio y que hay que empezar en algún momento a hacer las cosas de otro modo.

Puede encontrarse más información sobre la exposición en la web de Caixaforum.

Detalle de la exposición ‘Dónde estamos. Dónde podríamos estar’. Fotografía de Roberto Ruiz cortesía de Diana Guijarro y Fundación «la Caixa».

María Ramis

Relatos fragmentados para entender el mundo

Fragmentos que representan al mundo
Intervenciones: Rosana Antolí (7 de febrero), Gerard Ortin y Rodríguez-Méndez (7 de marzo), Fran Meana (28 de marzo) y Julia Mariscal (4 de abril) de 2019
Centre del Carme Cultura Contemporània
C / Museo, 2. Valencia

El Centre del Carme Cultura Contemporània ha venido mostrando en los últimos meses distintas propuestas que tensan los límites de la creación contemporánea transgrediendo el concepto tradicional de una exposición de arte o invirtiendo el rol del espectador pasivo por el de actor del hecho cultural. Se están mostrando exposiciones con obras que se pueden tocar, oler o sentir, o laberintos que obligan al visitante a tomar sus propias decisiones frente a la creación artística y en definitiva a participar de ella.

Obra de Rosana Antoli. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Obra de Rosana Antolí. Imagen cortesía del Centre del Carme.

La exposición ‘Fragmentos que representan al mundo’, comisariada por Diana Guijarro, es una muestra que, como las series de televisión, actualmente tan en boga, se ofrecerá por capítulos, con personajes nuevos que van entrando de forma periódica a escena y cuyas aportaciones van nutriendo y transformando el espacio en conexión con el resto de artistas y con el público. ‘Fragmentos que representan al mundo’ es la segunda exposición del ciclo ‘Totalidad e Infinito (economías de la transferencia en otros tiempos para el arte)’

Este segundo momento expositivo se plantea como un ciclo de intervenciones progresivas en el espacio, donde cinco artistas construyen un relato fragmentado cargado de futuro y de presagios. El director del Centre del Carme, José Luis Pérez Pont, destacó que “cada uno de los elementos que componen esta exposición, desde su hoja de sala, compuesta por los poemas y relatos que han inspirado las obras, hasta la propia estructura de la muestra conforman un dispositivo artístico que acciona nuevos modos de aproximarnos a la creación contemporánea”.

Obra de Rosana Antoli. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Obra de Rosana Antolí. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Según Diana Guijarro, “en este relato los lugares se invaden y los residuos se asientan para abrirnos al desliz de lo imprevisto, aquel que fluye de toda acción comunicativa que se presta a la intercambiabilidad de roles entre emisor y receptor”. “Un territorio en el que configurar un gesto simbólico que profundiza en lo político, mágico, social y coreográfico que encierran nuestros cuerpos”, añadió la comisaria.

El reparto está encabezado por la artista alicantina, Rosana Antolí cuyas propuestas audiovisuales están ya a disposición del público en la Sala Carlos Pérez del centro de arte. Se trata de seis videocreaciones donde Antolí resalta la importancia del gesto en el arte, como espacio de resistencia: el gesto como una representación de la inscripción cultural en el cuerpo. Con ello, la artista alicantina invita a explorar nuestro comportamiento y nuestros gestos diarios a través de sus coreografías y performances. “Desde lo cotidiano a lo extraordinario, de lo político hacia el absurdo, como una resistencia contra nuestro paradigma”, señala Antolí.

Diana Guijarro, comisaria de la exposición, junto a José Luis Pérez Pont, director del Centre Carme. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Diana Guijarro, comisaria de la exposición, junto a José Luis Pérez Pont, director del Centre Carme. Imagen cortesía del Centre del Carme.

La propuesta que presenta Antolí para el Centre del Carme forma parte de su proyecto ‘Virtual Choreographies’ en el que se encuentra trabajando desde 2016, que consiste en un mapeo de gestos del mundo. En el centro de arte valenciano se muestran, en estos momentos, gestos que la artista ha recogido en Londres y en Madrid. El próximo 21 de febrero la artista invitará al público a participar en su proyecto grabando los gestos de València para la elaboración de una nueva pieza audiovisual que se incorporará a la exposición y al proyecto global. El proyecto ‘Virtual Choreographies’ cuenta con el apoyo de la Arebyte Gallery en Londres y el Arts Council England.

Tras las propuestas de Rosana Antolí, se sumarán a la muestra las intervenciones de Gerard Ortin, y Rodríguez-Méndez, el 7 de marzo, Fran Meana, el 28 de marzo y Julia Mariscal, el 4 de abril. La exposición resalta, al igual que el ciclo, la importancia de formar parte de un todo, en el que el artista realiza un gran acto de transferencia donde el mensaje sólo tiene sentido cuando lo decodifica el público.

Obra de Rosana Antolí, Imagen cortesía del Centre del Carme.

Obra de Rosana Antolí, Imagen cortesía del Centre del Carme.

Accionar la maquinaria: juntos, aquí, ahora

‘Here, Together, Now’ Convocatoria Tangent
Entrevista a Diana Guijarro
Museo de Arte Contemporáneo de Alicante
Plaza Sta. María, 3. Alicante
Hasta mayo de 2018

En abril de 2017 se publicaban las primeras convocatorias públicas que el Consorcio de Museos de la Comunidad Valenciana ponía en marcha en relación con materias clave museísticas que, en numerosas ocasiones, se dejan fuera del programa por falta de tiempo o recursos. Proyectos sociales, de mediación o de educación son quizá algunas de las asignaturas pendientes de muchas instituciones.

El MACA (Museo de Arte Contemporáneo de Alicante) es una de las instituciones afortunadas de contar con uno de estos programas. ‘Tangent’, la convocatoria relativa a mediación cultural tiene lugar desde el pasado mes de octubre hasta el próximo mes de mayo. Diana Guijarro, comisaria alicantina, es ideadora y guía en todo este complicado proceso que es mediar con la sociedad en un museo. Además, recientemente se anunció que su proyecto ‘Totalidad e infinito. Economías de la transferencia en otro (s) tiempo (s) para el arte.’ ha sido seleccionado en la convocatoria 365 VLC, donde podremos ver tres exposiciones a lo largo de un año en la sala Carlos Pérez del Centro del Carmen. De momento, nos desvela algunas clave de ‘Here, Together, Now’.

¿Por qué el título ‘Here Together Now’?

El título del proyecto fue algo que surgió cuando ya tenía avanzada la idea sobre la que quería investigar. Ante todo me interesaba plantear una programación que permitiese reflexionar sobre el dilema de la incomunicación dentro de la creación contemporánea y para ello consideré que era necesario apoyarse en 3 pilares: los diferentes tipos de públicos, el museo entendido como una institución dispuesta a ser renovada y las prácticas artísticas contemporáneas.

Quería proponer dinámicas colaborativas que explorasen las posibilidades que implica un aprendizaje experimental y donde a través de una experiencia compartida y comprometida, se llegase a una reflexión crítica sobre nuestra presencia y participación en los espacios culturales.

De modo que desarrollé la idea de accionar el museo apoyándome en diversos planos, un concepto que se extendería en una especie de presente continuo y que se activaría durante cada sesión por sus participantes (Aquí Juntos Ahora). Ellos serían los responsables de poner en marcha la maquinaria reflexiva empleando otras esferas comunicativas.

¿Cómo reacciona el público ante la permisividad de realizar acciones no convencionales en el museo?

Llevamos dos meses aproximadamente desarrollando las actividades y la actitud del público es muy abierta respecto a todo aquello que se le propone. Me refiero a las diversas formas de desenvolverse,  experimentar y  ocupar el espacio expositivo, siempre bajo unas pautas claras de trabajo y fomentando el respeto hacia el espacio, las obras y hacia los otros.

Creo que si lo analizamos con cierta perspectiva es un factor sobre el que habría que reflexionar, apostar por actividades que exploren otro tipo de capacidades y que se apoyen en el sentido crítico de sus participantes supone asumir un mayor grado de riesgo al programar lo que implica ser flexible y readaptar la investigación. Es un cambio necesario si queremos invitarles a pensar desde otros ángulos.

La mediación es una herramienta que sirve como puente, en este caso entre la institución cultural y el público, pero no hay que olvidar que es el espectador quien tiene ahora una responsabilidad nueva y debe ser capaz de activar su mirada y su presencia de forma más activa, porque con su experiencia completa unas obras o exposiciones que no tienen una lectura única.

Taller Re-Ocupar el Museo. Imagen cortesía Diana Guijarro.

Taller Re-Ocupar el Museo. Imagen cortesía Diana Guijarro.

¿Se amplía así también no solo la forma de entender y ver arte, sino también una nueva manera de «sentir» el museo?

Sí, la estructura de la programación busca amplificar miradas y acercar el museo de otros modos pero esto tan sólo puede lograrse si tenemos la posibilidad de utilizar el espacio expositivo y cultural como espacio compartido. Cuando permitimos que el territorio cultural se active de forma diferente y hacemos que los participantes se sientan parte integrante de él hacemos de la institución algo no ajeno a nosotros.

Tras el desarrollo de las sesiones intercambiamos impresiones con los asistentes y es gratificante escuchar que sienten el espacio diferente, con sus ritmos y sus tiempos, que se han sentido más libres y que al apoyarse en la emoción, se han encaminado hacia otro tipo de comprensión del arte.

Dentro de las actividades se emplea la metáfora de que el museo es una maquinaria que nosotros accionamos, actuamos como una especie de interruptor diferencial y nuestra presencia y participación activa es la que provoca otras historias paralelas igualmente válidas.

¿Es necesaria una actitud predispuesta en el participante o es algo que puede trabajarse?

Hasta ahora todos los participantes han tenido una actitud muy predispuesta con el desarrollo de las actividades. No obstante, ante actividades experimentales es necesario un trabajo de acercamiento más continuado en el tiempo, no es fácil ni sencillo llegar a todo tipo de público y la comunicación es muy importante.

A esto habría que añadir que son prácticas con las que se busca generar comunidad y donde el participante debe concienciarse de manera progresiva, formando parte de esa construcción simbólica.

Si bien en la difusión de todas ellas aportamos información sobre las líneas que se trabajarán durante cada sesión, las claves de la actividad y sus dinámicas propias sólo se conocen en el momento de su desarrollo. Es una forma de compartir la experiencia, de vivir el presente y de sacar a los participantes de su «zona de confort».

Algunos talleres planteados son para diferentes segmentos de edad, ¿cómo trabajas ese tema y por qué decidiste plantearlos así?

Cuando comencé a preparar el proyecto decidí programar las actividades con la mayor amplitud posible respecto a los parámetros a trabajar y jugar así con las posibilidades de conjugar diferentes segmentos de edad.

Atendiendo a los conceptos y dinámicas que se iban a tratar, consideré que una gran mayoría de estas actividades podrían ser intergeneracionales. Mi propósito era interconectar la experiencia de niños y mayores re-mezclando al público familiar con el juvenil y adulto, posibilitando otras lecturas del espacio expositivo.

Algunas actividades se orientan únicamente a público adulto simplemente por los conceptos, que se encuentran algo más ligados a la re-interpretación de los mensajes y de la colección, y por tanto contienen una carga conceptual más profunda. Pero en su gran mayoría las actividades conjugan a todo tipo de público, su respuesta ante las dinámicas propuestas supone para mí una valiosa herramienta de observación a la hora de conducir esta investigación progresiva.

Las acciones performativas o la comunicación con el cuerpo es una constante en ‘Here Together Now’, ¿por qué esa técnica?

Una de las premisas de esta programación era la de conseguir desmontar etiquetas en torno al conocimiento del arte contemporáneo y por esta razón las actividades trabajan diversos planos adscritos a las prácticas artísticas, relacionando las disciplinas desde otros puntos de vista.

Me interesaba ante todo profundizar en prácticas no objetuales o al menos en aquellas donde el objeto no fuese la parte esencial de la actividad. El cuerpo ocupa en exclusiva uno de los bloques de trabajo pero es cierto que es una constante que atraviesa todo el proyecto a modo de espina dorsal. Es algo que está unido de forma intrínseca a la filosofía experimental, del aquí y del  ahora, un medio con el que poder entender el cuerpo como presencia activa pero también como herramienta colaborativa a la hora de participar en el museo y de construir comunidad.

Atender a esa unión entre cuerpo y museo nos hace ser más conscientes de la acción y del tiempo, como si la exposición se convirtiese en una cápsula del presente donde reflexionar sobre nuestros modos de estar y hacer junto a los otros.

Puede parecer que la mediación es el conjunto de diferentes apuestas pensadas para un momento preciso asociado a una exposición concreta, ¿cómo tratas de que tus talleres no sean efímeros?

Bueno, inevitablemente en lo que a su desarrollo práctico se refiere tienen un principio y un final, pero la esencia de estos talleres busca configurar todo un planteamiento que se dirige hacia la creación de un circuito paralelo de información, capaz de retroalimentar los contenidos que emanan desde la institución.

La idea de trabajar a partir de cuatro planos interconectados (huella, cuerpo, palabra y elementos) se fundamenta en la posibilidad de extender las actividades más allá de un momento concreto o exposición determinada, permitiendo a los participantes enlazar con cierto sentido crítico los conceptos que se van trabajando.

Por esta razón la mayoría de las actividades se ramifican a lo largo de las diferentes exposiciones, obras y del propio edificio museístico.

Sería fantástico dejar una impronta en todos los participantes sobre la experimentación compartida, una línea elástica de conocimientos que quede en nosotros como experiencia adherida y que nos sirva para reflexionar en un futuro sobre nuestro acercamiento al arte contemporáneo, independientemente del espacio cultural en el que nos situemos.

Taller 'Espejismos'. Imagen cortesía Diana Guijarro.

Taller ‘Espejismos’. Imagen cortesía Diana Guijarro.

Y es que dejar huella es la utópica función del arte y de cualquier espacio cultural. Una importante labor que siempre está presente en la mente de todos los profesionales del mundo de la cultura ya que, y recordando a Selma Lagerlof, Premio Nobel en 1909, “la cultura es lo que queda cuando se olvida todo lo que se aprendió”.

Para consultar la programación de ‘Here, Together, Now’ pincha aquí.

María Ramis

Remains: restos que permanecen

Remains, de Rebeca Zurru
Espai d’Art de El Cortes Inglés de Colón. Valencia
Hasta el 26 de febrero de 2017

«En el espejo, me veo donde no estoy, en un espacio irreal que se abre virtualmente detrás de la superficie, estoy allá, allá donde no estoy, especie de sombra que me devuelve mi propia visibilidad, que me permite mirarme allá donde estoy ausente: utopía del espejo»

Michel Foucault «Des espaces autres»

Existe un ecosistema singular en el que los límites se diluyen de  forma arbitraria. Donde la reflexión y la práctica artística poseen la habilidad de hacer que lo estático se torne permeable, provocando que las realidades circulen en planos paralelos e incluso divergentes a lo que viene establecido como norma. A su vez, provoca que se difumine la estructura del sistema que lo sustenta, así como el poder de quienes dicen ser sus defensores, logrando invertir el orden de las cosas y transgrediendo las relaciones socialmente legitimadas.

A medida que las colectividades se desarrollan, el individuo se ve envuelto en diferentes estadios de comprensión en torno a lo que implica el ejercicio del poder y en consecuencia, a la dominación asumida como deducción lógica en la evolución de las sociedades según temporalidades y lugares. Las formas de disciplina instauradas en lo social, político y cultural se ven como algo endémico y propio de un sistema de órdenes que seduce por lo fácilmente que se asienta, por cómo domestica a las masas y por esa espontaneidad dócil de los que nos inscribimos en esas dinámicas. Modelos peculiares que instrumentalizan y operan a diferentes niveles y que nosotros, como ‘usuarios’, percibimos tan sólo cuando la configuración inocua de la vida presentada necesita de alternativas en ese momento en el que el mundo se acelera.

Contraponer dos conceptos tan antagónicos como son la práctica artística y su libertad de acción y la dominación enlazada a la subordinación, nos marca una interesante relación dicotómica que no hace sino reflejar la realidad que nos constriñe diariamente de manera continuada, un eterno escenario de limitaciones donde esa supuesta imposibilidad de plenitud nos hace reflexionar sobre aquellos conceptos ‘ideales-tipo’ que han tratado la sociología y la filosofía una y otra vez.

Pieza de la exposición Remains. Imagen cortesía Centre Documentación d’Art Valencià Contemporani “Romà de la Calle”.

Pieza de la exposición Remains. Imagen cortesía Centre Documentación d’Art Valencià Contemporani “Romà de la Calle”.

Si aquellas sociedades de control se caracterizaron por una gestión de la visibilidad sesgada, ahora nos encontramos con la posibilidad de entablar diálogos cruzados y mostrar multitud de perspectivas tanto de los tiempos, como de los espacios y sujetos que habitan en las diferentes capas de significado, otorgando visibilidad a esas otras formas de vida y de gestión dentro de una época  que nos aporta los instrumentos para desarticular miradas obsoletas, desgastadas por su rigidez.

El arte como herramienta contemporánea posibilita preguntarnos acerca de las contradicciones que nos rodean, nos interpela sobre otras formas de vida para cuestionarnos sobre lo que el mundo real nos enseña. Aquello que se esconde tras ese espejismo de realidad implica observar de otras maneras, que nos acerquemos o alejemos entendiendo que el escenario exige ser visto y pensado de forma diferente, y que la deconstrucción no es sino un paso más para la emancipación.

Cuando uno se acerca a los trabajos de Rebeca Zurru observa trazos que nos hablan de desaparición pero también de visibilidad, como cuando la lectura entre líneas nos desvela las múltiples posibilidades pictóricas del vacío para que la mirada se detenga en la dificultad y en la complejidad como punto de partida. ‘Remains’ es reflejo de un avance y de un proceso de cambio en el que la artista interroga, no sin extrañeza al medio sobre la objetividad impuesta como filosofía de vida, una metáfora de aquellos restos que la enfermedad nos deja expresados a modo de manchas, trazos y líneas transformados en cicatrices pictóricas.

Rebeca Zurru, con representantes del Espai d'Art de El Corte Inglés y de la Universitat de Valencia.

Rebeca Zurru, con representantes del Espai d’Art de El Corte Inglés y de la Universitat de Valencia.

Durante el proceso busca transmutar el resultado final e interpela de manera estética a los elementos, dando lugar a una escena en la que las narraciones se suceden y los choques se dominan unos a otros en una colonización del espacio pictórico ajeno a la idea de sumisión.

Entendiendo la práctica artística y educativa como vehículo  que nos adentra en otras realidades, sus procesos se apoyan en un pensamiento disruptivo, crítico y transformador.

Como si de una partitura se tratase, los ritmos y lecturas se suceden generando una correspondencia entre espacio interior y subjetividad, donde lo personal entra a formar parte de lo que ella denomina metáfora de la descontextualización. Un lugar expositivo en el que  los discursos circulan en diversas direcciones y donde puede materializar los conceptos apropiándose del significado de las formas y colores para hacer suyas las superficies.

Por medio de su trabajo, Rebeca nos invita a mirar a través de otra lente, a reflexionar sobre diversos contextos para entender que el espejismo de realidad al que nos enfrentamos es sólo una apariencia, que el reto es otro. Ella nos demuestra que su escenario se independiza y que ahora por fin en este terreno, la dominación es algo ya del pasado.

Diana Guijarro

Medussa Collective: experimentación y creación

‘The Medusa collective experiment’
Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
C/ San Fernando 44, Alicante
Del 12 de Julio al 6 de septiembre de 2016

El colectivo artístico Medusa collective presenta su primera exposición en el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert bajo el título ‘The Medusa collective experiment’ dentro del ciclo Arte en la Casa Bardin. Este colectivo coordinado por Cynthia Nudel reúne a varios artistas multidisciplinares cuyo trabajo, inédito hasta la fecha, muestra los diversos caminos por donde puede discurrir la experimentación.

Medusa collective surge como respuesta a las inquietudes de diversos artistas que entienden la investigación y la plasmación del proceso creativo como algo indispensable en la comunicación con el espectador. Nuevos modos de acercamiento visual y emocional a unas obras que se apoyan en la potencialidad del momento, acompañado todo ello de una puesta en escena un tanto peculiar, de aquellas que juegan con la manera de acercarnos los procedimientos de ensayo y error dentro de un entorno expositivo.

El propio título ya nos deja entrever que la exposición encierra otro experimento, un elemento que sólo será descubierto por el espectador dentro de este tiempo y este espacio, algo que al ser revelado dará un giro a cómo se asimilan los contenidos.

Obra de Eliasz Edelman. Imagen cortesía Diana Guijarro, comisaria.

Obra de Eliasz Edelman. Imagen cortesía Diana Guijarro, comisaria.

El colectivo se gesta bajo una filosofía unitaria, un conjunto de principios que independientemente de lenguajes o técnicas empleadas, terminan guiando todos y cada uno de sus trabajos. Entienden la fusión entre el arte contemporáneo y las técnicas más tradicionales como medio de vanguardia y con ello buscan conectar con los procesos, mostrar lo que casi nunca se deja ver y compartir el método experimental como un nuevo camino de avance. Una dinámica en la que se dejan contaminar por los materiales y buscan ante todo no condicionar al espectador, eliminando lo textual para que de ese modo ni títulos ni textos se lleven el protagonismo.

En palabras de su comisaria Diana Guijarro: «Al fin y al cabo, ser partícipes de la narración es todo un reto. Ser conscientes de cómo leemos la exposición un atractivo paso hacia algo más».

En esta exposición los artistas buscan reflexionar sobre la exploración y el trabajo intuitivo y experimental, intentando transmitir las emociones que supone devolverle la mirada a lo participativo en la construcción de una historia experiencial, más abierta a interpretaciones paralelas.

Una muestra que juega con los planos de lectura, con la simulación, la transmisión de identidades y el instante en la asimilación de lo que percibimos dentro de la exposición. Los creadores dentro del colectivo adscritos a la exposición son: Eliasz Edelman, Anders Vogt, Elaine Porter, Joanna Lemay, Hans Ristenblatt y Lara Badía.

El martes 12 de julio tendrá lugar la inauguración y el viernes 22 de julio, dentro de las actividades programadas para la Noche en Blanco, el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert organizará visitas guiadas y encuentros entre la comisaria y los artistas.