Música, comportamiento individual y colectivo

«La música debe hacer saltar fuego en el corazón del hombre, y lágrimas en los ojos de la mujer». Es la famosa frase del gran Ludwig van Beethoven. Si una obra no logra hacer que el alma se estremezca, no es buena. No habrá logrado su objetivo. Si una obra no consigue que sintamos aquello que pretende expresarnos, aquello que, a menudo, no hay palabras para describir y ella consigue, no es buena, es una mera consecución de sonidos colocados en un papel de manera arbitraria.

Si bien estas afirmaciones pueden ser discutidas, nos preguntamos, si la música penetra en nosotros y consigue que seamos poseídos por ella, ¿cuáles son sus consecuencias? ¿Qué hay tras ese estado de éxtasis? Tal como viene, ¿se va? ¿O más bien cambia nuestra percepción de la realidad? ¿Pueden los sentimientos que la música representa cambiar nuestro estado de ánimo, pensamiento, o nuestras obras?

Recientemente, y no tan recientemente, se ha abierto de nuevo el debate. ¿Realmente, el tipo de música que escuchemos tiene algún poder sobre nosotros? Muchos hemos escuchado en distintos medios argumentos que asocian un acto de cualquier tipo con la música. Actos que llegan a ser trágicos y objetivo de claro reproche. El ejemplo más claro es cuando se produce un asesinato y el sujeto en cuestión resulta que escucha rap, heavy metal, o algún estilo musical similar. Nuestra área de estudio es la música, pero bien sabemos que este tipo de argumentos se pueden extrapolar muy fácilmente a otros elementos de la sociedad en la que vivimos.

Slipknot Live at Download Festival in 2015.

Slipknot Live at Download Festival in 2015. Imagen cortesía de itsnotenough.mx

Así pues, trataremos con nuestra primera pregunta. ¿La música ejerce influencia sobre nosotros? Sí. Desde luego que sí, a veces una canción alegre puede hacer que se enfrente el inicio del día con una mayor positividad. O que, por el contrario, una triste nos ayude a desahogarnos en un momento dado. De hecho, es tanta la influencia que la música puede ejercer sobre nosotros que el cine la utiliza exactamente para eso. Potencia la carga sentimental de una escena, llegando a tener el mismo o mayor protagonismo que ésta.

Ahora bien. ¿Es tal la influencia que genera la música sobre nosotros que puede motivarnos a hacer algo malvado? ¿Puede la música quebrar nuestra personalidad? No. La música, como hemos comentado, influye, pero no cambia. El individuo es quien es independientemente del tipo de música que este escuche, por mucho que la sociedad se empeñe en que no sea así. Porque vivimos en una sociedad en la que si alguien escucha reggaeton es machista, si alguien escucha rap pertenece a alguna banda callejera, y si escucha heavy metal la higiene no es su fuerte y su personalidad es irascible. No vamos a negar que en algunos casos estos clichés coincidan, pero no deja de ser mera casualidad. Si alguien escucha reggaetón y es machista, no es porque escuche reggaetón, es porque es machista, y esto se repite con los demás ejemplos que hemos planteado.

El individuo siempre tiene la última palabra. Aunque la música le haga sentirse de una manera determinada, si él tiene juicio propio, sabrá actuar en relación a éste. Es decir, una persona en su sano juicio no va a convertirse en asesino por mucho Slipknot que escuche, lo escucha porque le gusta, porque «salta fuego en su corazón». La música, de carácter agresivo, suele realizar una función de medio. La agresividad sale del cuerpo usando la música como canalizador. Es una especie de purga. De hecho, sus usuarios así lo describen. Todo depende del individuo. Si sabe diferenciar lo correcto de lo que no, sabrá actuar en consecuencia. No va a matar a su pareja por haber escuchado «A Little Piece of Heaven» (Avenged Sevenfold), sino porque es un asesino.

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Slipknot en concierto. Imagen cortesía de itsnotenough.mx

En el caso del colectivo, hemos de decir que interviene un gran factor. La globalización, a la que se le suma la música comercial. Los individuos que no tienen una personalidad propia o lo suficientemente fuerte tienden a seguir al resto del colectivo. De hecho, muchas veces adoptan formas de vestir, complementos, e ideas que propugnan algunos cantantes o grupos musicales. Estas ideas, por norma general no son malas. Pero sí que es cierto que aquellas personas que no tienen las ideas claras tienden a caer en ellas o tomarlas como algo más allá de lo que son, aunque algunas sean muy acertadas. Nos referimos, sobre todo a los jóvenes que, en ocasiones, al crecer, se avergüenzan de como vestían años atrás. Aunque visto así, se ven influenciados por la sociedad del mismo modo, puesto que ésta les muestra «lo correcto», sobre todo de cara al mundo laboral, al igual que a los jóvenes les muestra «lo que mola», de cara a sus amigos.

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Secreto «El Famoso Biberón» en el videoclip de su canción «Mi cumpleaños». Imagen cortesía de www.hlsradio.com

Así pues, la música es una de las cosas que más influyen en el ser humano desde que somos lo que somos. Pero no por ello estamos sometidos a ella. Nosotros tenemos siempre la última palabra, el poder de decidir. Además de que la música en sí misma, sea del tipo que sea, invita al placer, no al dolor. De hecho, como dijo Tchaikovski: «En realidad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco».

Fotografía de la primera escena de la película «Apocalypse Now» (Francis Ford Coppola, 1979). Cortesía de www.cinemaarchives.com

Fotografía de la primera escena de la película «Apocalypse Now» (Francis Ford Coppola, 1979). Cortesía de www.cinemaarchives.com

Baltasar Camps Estellés

Las maderas a la deriva de Álvaro Tamarit

Driftwood, de Álvaro Tamarit
Set Espai d’Art
C / En Grenyò, 7. Jávea (Alicante)
Inauguración: sábado 8 de agosto, a las 20.00h
Hasta el 5 de septiembre de 2015

Driftwood es una palabra de origen inglés que significa madera a la deriva y es el nombre que da título a la muestra de Álvaro Tamarit (Xàvia, 1976) en Set Espai d’Art, donde el rescate de fragmentos y la reutilización se convierten en técnicas de la escultura.

Los elementos encontrados son reordenados, generando una nueva vida a los materiales, este proyecto ofrece a sí una mirada crítica y más objetiva sobre el comportamiento del ser humano con el entorno natural.

“Materiales encontrados en la orilla del mar, piezas de madera encontradas en mi camino diario o donadas por amigos son trabajados mediante procesos constructivos como el encofrado, el ensamblaje y el encolado para así dar forma a las obras definitivas. Además han sido cortadas, talladas, lijadas y pulidas sutilmente a mano para darles un mejor acabado intentando que conserven la esencia que la propia deriva les ha conferido”.

“Uno de los motivos que me impulsa a trabajar con madera erosionada y a construir objetos funcionales es el hecho de invitar al espectador a disfrutar del contacto directo con los elementos que conforman la exposición, dándoles plena libertad a la hora de sentir las formas con el tacto. De este modo podrán contemplar las obras no tan sólo con la mirada, sino sintiendo la superficie suave y pulida de la madera, fruto de la fricción del tiempo y del trabajo humano”, según explica el propio artista.

Esta exposición agrupa dos series de piezas, instalaciones y objetos funcionales realizados por el artista en Cambridge, U.K. y en su estudio de Jávea (Alicante).

Obra de Álvaro Tamarit.

Obra de Álvaro Tamarit en la exposición Driftwood. Cortesía de Set Espai d’Art en Jávea.

Carlos Sebastiá hace Memoria en Beijing

Memory
Carlos Sebastiá, Huang Xiaoliang, Jonah Calinawan, Wendy Sacks, Susan Kae Grant
See Gallery
B10, 798 Art Zone No.2 Jiuxianqiao Road
Chaoyang District. Beijing. China
Hasta el 11 de julio, 2015

“Las huellas de la dedicación, el sacrificio, el amor y los afectos en nuestras memorias construyen nuestra libertad individual”

Carlos Sebastiá, artista castellonense que reside en la actualidad en Beijing (China), expone en See Gallery de la mencionada ciudad asiática una serie de trabajos en torno a la memoria. De hecho, ‘Memory’ es el título del conjunto expositivo en el que, junto a Sebastiá, exhiben igualmente sus trabajos Huang Xiaoliang, Jonah Calinawan, Wendy Sacks y Susan Kae Grant.

Obra de Carlos Sebastiá en la exposición 'Memory' en See Gallery de Beijing. Imagen cortesía del autor.

Obra de Carlos Sebastiá en la exposición ‘Memory’ en See Gallery de Beijing. Imagen cortesía del autor.

El interés artístico de Carlos Sebastiá gira en torno a la evolución y la modulación de lo individual y su comportamiento, tal y como explica el propio artista. “Se trata de las huellas dejadas en el interior por su constante esfuerzo por adaptarse al rechazo social o la confrontación. Estoy muy de acuerdo con el hecho de que ciertos valores considerados inmutables han desaparecido y que, en consecuencia, volvemos a refugiarnos en los valores más básicos que nos dan la fuerza para seguir en el camino”, agrega Sebastiá en el catálogo de la muestra.

Obra de Carlos Sebastiá en la exposición 'Memory' en See Gallery de Beijing. Cortesía del autor.

Obra de Carlos Sebastiá en la exposición ‘Memory’ en See Gallery de Beijing. Cortesía del autor.

Tras el análisis de la conducta social afectiva -sigue afirmando el artista-, “creo que cada persona siente su entorno de una manera única y genera espacios internos donde el subconsciente se mezcla con la subjetividad de su realidad”, lo cual lleva “a crear nuestras propias historias en las cuales las experiencias, los sueños, los miedos y esperanzas se mezclan, reproduciendo un estado ideal de cosas. Creamos espacios imaginarios internos que se manifiestan consciente o inconscientemente de acuerdo con nuestro entorno”.

“En mis trabajos -concluye Sebastiá- uso pintura, dibujo y fotografía. Experimento además con diversos materiales como el papel de arroz, el metacrilato, metales, colas y procesos fotográficos como el cianotipo”.

Obra de Huang Xiaoliang en la exposición 'Memory'. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Huang Xiaoliang en la exposición ‘Memory’. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Jonah Calinawan en la exposición 'Memory'. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Jonah Calinawan en la exposición ‘Memory’. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Susan Kae Grant en la exposición Memory. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Susan Kae Grant en la exposición Memory. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Wendy Sacks en la exposición Memory. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Wendy Sacks en la exposición Memory. See Gallery. Beijing. China.

Obra de Carlos Sebastiá en la exposición 'Memory' en See Gallery de Beijing (China). Imagen cortesía del autor.

Obra de Carlos Sebastiá en la exposición ‘Memory’ en See Gallery de Beijing (China). Imagen cortesía del autor.