«Sales del cine y no se te olvida»

Entrevista a Javier Pereira, protagonista de Stockholm
Viernes 8 de noviembre, estreno en cines de toda España

Javier Pereira lleva toda la vida metido en el mundo de la interpretación. Con tan sólo quince años le vimos en su primera serie Señor Alcalde, más adelante en El Super, Nada es para siempre o Al salir de clase. Por si fuera poco, ha trabajado con directores como Montxo Arméndariz, Daniel Sánchez Arévalo o María Ripoll. Ahora se pone en las manos de Rodrigo Sorogoyen, por segunda vez, para dar vida al protagonista masculino de Stockholm. Un film sustentado únicamente por dos actores, Aura Garrido y él, y que dará mucho de qué hablar.

Javier Pereira, en Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen. Imagen cortesía de A6 Cinema.

Javier Pereira, en Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen. Imagen cortesía de A6 Cinema.

Pregunta.- Stockholm iba a ser un corto que al final se convirtió en película. Tú estuviste desde el principio en este proyecto. Cuando te lo propusieron, ¿qué pensaste de él?

Respuesta.- Me parecía un reto. Veía mucho diálogo, mucho que estudiar y ensayar para luego hacer esas tomas tan largas. Aún así me atraía mucho, tenía muchas ganas y lo veía como una oportunidad de hacer un papelón. Siempre con mucha expectación y muchas ganas de sacarlo adelante porque nos hemos esforzado mucho en que salga esta película.

P.- Al estar desde el principio en el proyecto, ¿notaste una gran diferencia del corto al largometraje?

R.- Totalmente. El corto era una idea pequeñita, casi no daba tiempo, eran diez páginas. Creo que hubiese costado empatizar más con el corto, porque al ser tan pequeño no se hubiese cogido tanto cariño a los personajes, no te hubieras creído tanto el proceso. Para mí el éxito de la película es que es muy real o intenta serlo como cualquier relación, gente que hayas conocido un verano o en fiestas. Creo que todos hemos tenido noches especiales o mágicas y para contar eso necesitas tiempo, para que el público se sienta identificado.

P.- En mi opinión creo que dura lo perfecto para que puedas entrar en el juego y en cada una de las partes del mismo. 

R.- Completamente de acuerdo, creo que está muy bien que sea simétrico y que se dividan estas dos partes, la noche oscura, el día con luz. Las dos partes duran cuarenta y cinco minutos que también es un acierto porque parecen dos películas en una.

P.- Es cierto lo de la noche pintada con más oscuridad y el día con mucha más luz.

R.- Esto lo han hecho aposta, han buscado los colores y los estilos.

P.- Sólo sois dos personajes los que sustentáis la película, ¿érais conscientes de esta responsabilidad?

R.- Siempre la tenía en la cabeza, aunque a veces intentas que se te olvide para concentrarte. Sabíamos desde el principio que era una película de noventa minutos en los que todo el rato salían nuestras caras y al mínimo que un actor no te guste, cuando solamente hay dos, te desconcentras y desconectas. Para nosotros era un reto aguantar escenas tan largas, que salieran bien y que también siguiéramos con ese juego de seducción los dos, a ver quién gana y estar muy atentos.

Javier Pereira, en Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen. Imagen cortesía de A6 Cinema.

Javier Pereira, en Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen. Imagen cortesía de A6 Cinema.

P.- Son unos personajes que requieren mucha preparación porque ya no es sólo que sea un guión muy extenso, sino porque ambos son complejos e imagino que habréis tenido muchos ensayos para entenderlos.

R.- No hubieron muchos ensayos, sólo seis o siete días porque no teníamos tiempo, pero sí les dimos mucha importancia porque era necesario ya que no podíamos fallar en el rodaje.

P.- Un máster en interpretación por lo que veo.

R.- Bueno, no lo sé. Un buen o mal actor depende mucho de las frases que tenga que decir y del personaje. Si nosotros llegamos a poder lucirnos un poco es gracias al guión y a las frases que nos han puesto, que están muy bien hechas y por esto el actor puede sacar muchas cosas que lleva dentro. Aunque los ensayos fueron pocos, los aprovechamos al máximo porque era mucho texto. En ninguna película he hablado tanto, y he hecho otros papeles de protagonista, pero en esta ocasión es que era todo diálogo. También entraba mucho en juego lo que no estabas diciendo, porque eran dos personajes muy psicológicos, tienes que decir muy bien el texto, pero por dentro tienes que estar disimulando.

P.- Luego también el espectador no llega a saber cuando estáis mintiendo o no, hay mucho misterio.

R.- Eso está bien. Nunca se cuenta la enfermedad que tiene ella, por ejemplo. Ellos son partidarios de que lo sugerente es mejor que decirlo todo y tampoco en la vida real contamos todo. Se utiliza mucho la ironía y el humor. Esto es lo bonito de la película que hay cosas que nunca vas a saber.

P.- Dar vida a un personaje que oculta tantas cosas no debe ser nada fácil.

R.- No, es lo interesante también. Cada decisión que toma esta personaje lo haría de una manera si está solo y de otra si está con alguien y oculta muchas cosas.

P.- ¿Llegaste a conocer del todo a tu personaje?

R.- Lo intenté. No sé hasta que punto. Vi películas en las que recordaba personajes en los que me podría basar, como por ejemplo Drive, uno de los protagonistas no habla en casi toda la película y como espectador lo ves misterioso y te preguntas qué se le estará pasando por la cabeza. De cada uno cogí cosas, más la vida que le di al personaje, también hablé con amigos. Hay  gente que cuando sale de fiesta o sale de cañas es el más abierto y el más gracioso, pero cuando está en su casa se encierra, tiene sus manías y le cuesta abrirse.

P.- Además son personajes con un estado de ánimo muy bipolar.

R.- Son dos personajes que están en un momento difícil de sus vidas y no encuentran la paz y la tranquilidad, y justo se encuentran esa noche en la que pasan muchas cosas y juegan con los sentimientos.

P.- Cuando vi la película por primera vez yo pensaba que era ella la que tenía un problema, al verla por segunda me di cuenta de que tu personaje también lo tenía.

R.- Creo que son los dos. Hacemos hincapié en el de ella para que luego pase lo que pasa, pero él mío también tiene su historia. Te preguntas cómo un tío puede ser tan encantador y luego ser tan raro. Creo que su comportamiento no lo hace aposta, pero él tiene sus manías, aunque tiene que pensar en las consecuencias de sus actos. Al final esta película habla de las consecuencias; él quiere algo rápido y no piensa en el daño que puede estar haciendo.

P.- ¿Cuáles fueron las pautas que os dio Rodrigo Sorogoyen a la hora de hacer esta película?

R.- Estuvo muy encima nuestro. Tenía muy claro cómo eran los personajes y nosotros hablamos con él y llegamos a un acuerdo. Fue un trabajo en equipo y una construcción de todos.

P.- Imagino que seréis conscientes de que al ser una película que genera tantos interrogantes mucha gente nada más salir del cine no puede evitar comentarla, genera mucha conversación.

R.- Creo que es una película que al menos sales del cine y no se te olvida. Tengo amigos que ya la han visto y al día siguiente me han escrito mensajes diciéndome que se estaban acordando de la historia y de escenas de la misma. También es una película en la que algunos defienden al personaje de ella, otros a mí y otros van cambiando. Lo bueno es que hay diferentes versiones y opiniones y se puede dialogar. Seguro que si viene un grupo de gente a verla luego se toman una cerveza y la comentarán y les vendrán imágenes.

P.- La primera vez que la vi me paso eso, que no podía dejar de comentarla.

R.- Creo que es una película que es bueno ver dos veces porque te vas a fijar en muchas más cosas y puedes observar un poco más. Pasan tantas cosas y hay tanto diálogo que no te da tiempo a pillar todo la primera vez.

P.- ¿Qué escenas te resultaron a ti más complicadas?

R.- Creo que todas las de andando por Madrid, las de la Gran Vía, por los ruidos y porque estábamos todo el rato andando. También todos los planos secuencias del final, de cuando le esconde las llaves, porque esa escena no se corta, son siete u ocho minutos y tenía que salir todo en una, no hay montaje. Esa escena fue de las más difíciles, sólo hicimos cuatro tomas y había que elegir una de ellas.

P.- ¿Qué es Stockholm? Porque algunos la definen como una película de amor, otros como un drama, otros como suspense…

R.- Tiene un poco de todo. Es muy difícil ponerle una etiqueta sin ver la película, porque no la puedes vender como una comedia romántica, ni como un drama, ni como un thriller. Creo es un reflejo del momento en el que estamos y cómo nos relacionamos.

P.- Tampoco puedes hacer una entrevista o contestar a cosas de la película si no la ves.

R.- Claro, es que si no es muy complicado.

P.- ¿Qué te ha aportado a ti como actor estar en Stockholm? Porque es un paso importante en tu carrera.

R.- Mi representante según la vio me dijo: “Este es el mejor videobook que puedes tener”, y tenía razón. Para mí personalmente ha significado mucho y profesionalmente también porque yo ya me voy haciendo mayor y he intentado hacer un personaje más maduro, más serio, comparado con los personajes que había hecho antes más juveniles y alegres. Con éste quería cambiar el registro y a ver cómo va.

P.- ¿Podría ser un trabajo adecuado para empezar una etapa más madura?

R.- Sí, yo creo que es un inicio a la madurez. Es un cambio. Tengo ya 32 años y la juventud empieza a pasar y aunque no queramos ser mayores tenemos que ser responsables de la edad que tenemos y del proceso. Empecé muy joven en esto y hay que avanzar.

P.- ¿Cómo crees que has cambiado o evolucionado desde que empezaste a hacerte conocido desde muy joven por series como Nada es para siempre o Al salir de clase?

R.- Por suerte he podido ir trabajando y he obtenido mucha experiencia. También estudié en una escuela de interpretación. Entre mis estudios y el trabajo he ido evolucionando y progresando. Al final el cine es muy cuadriculado con el tema horarios; llegas y enseguida tienes que grabar. También es importante que guardes tus energías, porque luego las vas a necesitar por ejemplo si estás trabajando doce horas de noche.

P.- Empezaste con quince años en la serie Señor Alcalde, ¿qué mella ha hecho en ti la interpretación?

R.- Experiencia personal y profesional de lo que yo he podido vivir desde los catorce años trabajando en esta profesión. Todo lo que he conocido en este mundillo me ha dado mucha riqueza. He aprendido las cosas que un chaval de esa edad aprende y dentro de esta profesión otras muchas y positivas. Es una suerte saber que desde el principio te gusta esto y trabajar, es el mejor regalo que me ha podido hacer la vida.

P.- Esta película lleva promocionándose desde hace muchos meses, desde el Festival de Málaga y ha recibido muy buenas críticas, ¿os da miedo el estreno?

R.- Estamos encantados del buen boca a boca que hay. De todos los pases que hemos hecho la gente sale encantada y te dice cosas buenas. Hay gente que le ha podido gustar más o menos la película pero muy poca gente sale diciendo: “Qué mierda”. Para nosotros es importantísimo, porque si gusta es porque hemos hecho un buen trabajo y que el cinco lo hemos conseguido, y para las circunstancias de esta película y el dinero que teníamos llegar hasta aquí ha sido un logro. Lo malo es que esta película es mucho mejor que se vea sin saber mucho y que no se creen muchas expectativas porque al fin y al cabo no hay grandes cosas,  es una historia de dos personas. Si vienes sin saber qué película te vas a encontrar,  te sorprende mucho. Piensas que es la vida, es muy real, es muy identificable, si no te ha pasado a ti le ha pasado al de al lado, te hace empatizar con los dos personajes.

P.- Tienes dos películas pendientes de estrenar que son Anochece en la India y otra que terminaste de grabar hace poco llamada Serie Z. ¿Qué me puedes contar de estas dos películas?

R.- En Anochece en la India trabajo junto a Juan Diego, tengo un personaje secundario y es una película muy bonita y que va a dar que hablar. En la otra soy protagonista también, pero es una película de terror y es otro género totalmente diferente. Ahora estoy con una obra de teatro llamada Perversiones sexuales en Chicago.

Javier Pereira, en Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen. Imagen cortesía de A6 Cinema.

Javier Pereira, en Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen. Imagen cortesía de A6 Cinema.

Laura Alfaro

 

 

Cine de mujer, ¿un nuevo género?

¿Por qué lo llaman cine de mujeres cuando quieren decir cine?

Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM)

C / Quevedo, 10. Valencia

Hasta el 16 de abril

Nietzsche definió al hombre libre (y ya puestos, a la mujer) como “aquel que piensa de otro modo de lo que podría esperarse en razón de su origen, de su medio, de su estado y de su función o de las opiniones reinantes de su tiempo”. La libertad no entiende de identidades excluyentes, discursos autoafirmativos y mapas territoriales de indudable homogeneidad étnica. La libertad es otra cosa, sin duda peligrosa por cuanto viene a cuestionar la cerrazón corporal y mental que la inseguridad ha promovido a lo largo de los tiempos. Cerrazón provocada por el miedo a ese otro rabiosamente distinto que se halla en el origen de todo.

Hacer ciclos, exposiciones o festivales dedicados a la mujer pueden servir para reivindicar cierta igualdad, pero acarrea también caer en la “trampa” sugerida por la propia Áurea Ortiz, directora del sugerente ¿Por qué lo llaman cine de mujeres cuando quieren decir cine? “Por un lado, pretende decir que el cine que hacen las personas del sexo femenino es cine y no ‘cine de mujeres’, esa etiqueta reduccionista, pero por otra, el único vínculo de unión de las películas que lo conforman es el hecho de estar dirigidas por mujeres”.

Las mujeres directoras de las películas que conforman el ciclo del Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM), atrapadas en esa red lanzada por Áurea Ortiz, discreparían igualmente. Ninguna pondría objeción, lógicamente, a la visibilidad de su cine en aras de la igualdad, pero en tanto creadoras libres (y Agnès Varda es un sobresaliente ejemplo) les traería al pairo su condición femenina: el cuerpo que habitan no dice nada a favor o en contra de su talento. Es más: Varda, a punto de cumplir los 85 años, lleva casi 60 rompiendo moldes artísticos, empujada por su espíritu libertario más que por su corporalidad femenina.

Pensar a contracorriente de “su origen” y de las “opiniones reinantes de su tiempo” es lo que hace a esas mujeres libres. Y encorsetarlas en este nuevo género de “cine de mujeres”, tan del gusto de la corrección política, es hacer un flaco favor a su espíritu, digamos, indomable. “La comedia romántica ¿es cosa de mujeres?”, como se pregunta Nacho Moreno, en la conferencia que acompaña a la proyección de El amigo de mi hermana (Lynn Shelton). “El cine bélico, ¿es cosa de hombres?”, como se cuestiona Carlos Losilla, para la presentación de En tierra hostil (Kathryn Bigelow). Y vuelta a empezar: ¿cosas de hombres? ¿cosas de mujeres? ¿Y…? La libertad escapa a esos encapsulados, y la libertad es el riesgo que han de correr unos y otras para tratar de articular sus rabiosas diferencias, entre sí y para sí.

Que es lo que hacen, por otra parte, Agnès Varda, Lucía Puenzo, Lynn Shelton, Kathryn Bigelow y Greta Schiller en las películas del, ahora sí, estupendo ciclo: Las playas de Agnès, XXY, El amigo de mi hermana, En tierra hostil y París era una mujer, respectivamente. Películas que entre el 10 y el 16 de abril se proyectarán en el MuVIM, acompañadas de conferencias: las ya citadas de Nacho Moreno y Carlos Losilla, junto a las de la propia Áurea Ortiz, Santi Barrachina y Luci Romero.  Películas todas ellas que, de una u otra manera, cuestionan precisamente los compartimentos estancos a los que pretenden reducirnos tanta corrección política. ¿Cine de mujeres? No, por favor. Simplemente cine y del bueno. 

Salva Torres