Poliniza 2015, graffitis en 17 muros

Poliniza 2015
X Festival de Arte Urbano
Universitat Politècnica de València (UPV)
Del 11 al 15 de mayo, 2015

La Universitat Politècnica de València (UPV), a través de su Área de Actividades Culturales, acoge Poliniza 2015, X edición de su Festival de Arte Urbano, que tendrá lugar del lunes 11 al viernes 15 de mayo en las instalaciones de su campus de Vera.

Nacido en abril de 2006 con la intención de hacer confluir simbióticamente dos mundos inicialmente alejados como la universidad y el arte urbano, Poliniza se convirtió pronto en un referente debido a su originalidad y realismo: se interviene directamente, sin falsos muros que retirar una vez finalizado el evento, por lo que las obras permanecen hasta la siguiente edición del festival, respetando a su vez el carácter efímero del grafiti.

También sobresale Poliniza por su impacto mediático e internacionalidad: alumnos de ‘Pintura y Entorno’ y el Máster de Producción Artística al margen, 179 artistas de 15 países diferentes – Reino Unido, Italia, Alemania, México, Países Bajos, Francia, Colombia, Cuba, Ucrania, Polonia, Chile, Bélgica, Argentina, Rusia y España – habrán participado en el mismo a la conclusión de la presente edición.

Graffiti de Deih en el Poliniza 2013. Imagen cortesía de la UPV.

Graffiti de Deih en el Poliniza 2013. Imagen cortesía de la UPV.

45 artistas pictóricos intervendrán sobre 700 m2 divididos en 17 muros

Este año, participarán 45 artistas pictóricos: siete individuales y una crew seleccionados a través del IX Certamen de Intervenciones de Pintura Mural (en la primera edición, la selección se realizó sin concurso), 24 alumnos de la asignatura de ‘Pintura y Entorno’ de la Facultad de Bellas Artes y 12 del Máster de Producción Artística de la UPV.

Los seleccionados a través del certamen son KAWAMO (Oaxaca de Juárez, México), Roberto Cireddu (Muravena, Italia), Juan Sánchez (Murcia), H101 (Badalona), FEOFLIP (La Laguna, Tenerife), SABEK (Madrid), SPOGO (Badalona) y la crew RESKATE (Barcelona).

Serán ellos, junto a los 36 artistas UPV citados, los encargados de intervenir directamente sobre 17 muros del campus (tres del Ágora, 11 de la Facultad de Bellas Artes, uno del Rectorado y dos de la ETS de Gestión de la Edificación). En total, más de 700 metros cuadrados en los que desde el lunes 11 comenzaron a trabajar los artistas hasta el viernes 15 de mayo.

Graffiti de Dulk en el Poliniza de 2014. Imagen cortesía de la UPV.

Graffiti de Dulk en el Poliniza de 2014. Imagen cortesía de la UPV.

Capoeira, performance, slackline, mercado de fanzines y mucho más

El festival – en el que colaboran Montana, Pinturas José Antonio García, Art i Clar, Suproval y Love Valencia – incluirá el martes 12 y el miércoles 13 (Facultad de Bellas Artes, 11 a 18 h) el mercado ambulante de fanzines ‘El Fansinet’.

Además, el martes 12, en el Ágora (14 h), tendrá lugar la acción escénica ‘Ser o no ser’, realizada por alumnos del Taller de performance teatral de la Escuela Superior de Arte Dramático de Valencia.

El jueves 14, a la misma hora (14 h) y en el mismo lugar – Ágora UPV – todo aquel que lo desee podrá disfrutar en directo del I Encuentro de Capoeira e Interculturalidad, que precederá al taller MenudoPoliniza, creado específicamente para niños de 6 a 11 años y que incluye, entre otros aspectos, la visita guiada a los diversos espacios en los que trabajan los artistas (las 80 plazas están cubiertas desde hace semanas).

Por último, el viernes 15, mientras los artistas acaban sus obras, tendrá lugar de 10 a 16 horas, frente a la pista de atletismo de la UPV, el Slackline Day UPV, que incluirá exhibiciones y talleres gratuitos de slackline y malabares.

Graffiti de Julieta en el Poliniza de 2008. Imagen cortesía de la UPV.

Graffiti de Julieta en el Poliniza de 2008. Imagen cortesía de la UPV.

La exposición ’10×10 Poliniza’, abierta al público hasta el próximo 9 de junio

Con motivo del décimo aniversario del festival, la UPV inauguró el pasado 26 de marzo la exposición ’10×10 Poliniza’, que incluye más de 900 fotografías realizadas por Kike Sempere de las nueve ediciones precedentes del festival.

La muestra, ubicada en la sala de exposiciones del edificio de Rectorado del campus de Vera (planta baja), puede visitarse libremente hasta el 9 de junio de lunes a viernes laborables, entre las 11 y las 14 h en horario matinal, y de 17 a 20 h en el vespertino.

Graffiti de Stinkfish en el Poliniza de 2012. Imagen cortesía de la UPV.

Graffiti de Stinkfish en el Poliniza de 2012. Imagen cortesía de la UPV.

Isabel Muñoz, a todo color en Centro Niemeyer

‘A todo color’, de Isabel Muñoz
Organizada por diChroma photography
Centro Niemeyer
Avda. del Zinc, s/n. Avilés
Hasta el 16 de noviembre

El Centro Niemeyer de Avilés acoge la exposición de Isabel Muñoz ‘A todo color’, que muestra 30 fotografías a color muy poco conocidas junto a otros ocho platinos en blanco y negro, de piezas más populares. Las imágenes a color, varias de ellas platinotipias, pertenecen a las series Etiopía (2002), Omo River (2005), Amor y Éxtasis (2008) y Mitologías (2012). En ellas la fotógrafa barcelonesa pasa de la fascinación por los cuerpos desnudos de los Omo y los Surma de Etiopía a la exhibición del dolor en las extremas prácticas religiosas de la cofradía Al Qadiriya en Iraq que, por otro lado, despiertan en el espectador ecos de la iconografía religiosa occidental.

Favorecidas por la sensualidad y delicadeza de la impresión de platino en gran ―incluso, muy gran― formato, las fotografías en blanco y negro de Isabel Muñoz resultan inconfundibles. Presentan, de serie en serie y de viaje en viaje, bailes tan diferentes como el tango, el flamenco, el ballet clásico cubano o la danza del vientre, mezclándolos sin problemas con instantáneas de toreros, luchadores turcos, monjes voladores chinos y acrobáticos capoeiristas brasileños. Estas imágenes, en toda su elegancia nada presuntuosa, encuadradas con una precisión tan quirúrgica que son capaces de recrear la idea de movimiento, nos hablan, colocadas unas al lado de otras, de una fascinación por el cuestionamiento del cuerpo erotizado tan intensa como su atención por las vibraciones de la luz. No cabe duda: Isabel Muñoz es una de las fotógrafas en blanco y negro más sabias y sutiles que hay.

Obra de Isabel Muñoz, de su serie Mitologías. Imagen cortesía de Centro Niemeyer de Avilés.

Obra de Isabel Muñoz, de su serie Mitologías. Imagen cortesía de Centro Niemeyer de Avilés.

Pero existe sin embargo, más allá de sus trabajos para revistas, una parte importante y muy poco conocida de la obra de Isabel Muñoz realizada en color. Si aproximamos dos series, que podríamos pensar opuestas, relacionando así dos técnicas de revelado que no tienen aparentemente nada en común, podemos vislumbrar la naturaleza del color en una artista que no cesa de explorar. La serie más espectacular es la que, al precio de mil riesgos y otras tantas trampas burladas, nos introduce en las prácticas de una cofradía religiosa, la de Al Qadiriya, redescubierta en Iraq, donde los adoradores de Alá entran en trance, se evaden de su cuerpo y no sienten dolor alguno cuando se sajan con cuchillas de afeitar que luego engullen, caminan impertérritos sobre montones de vidrio machacado o se perforan impávidos las carnes.

Resulta impresionante, más por los hechos y actos a los cuales nos remite que por el posicionamiento de la fotógrafa, que no se sabe cómo puede seguir, en un ambiente tan delirante, encuadrando con precisión y acercándose a la materialidad de las texturas y de las pieles. Sentimos aquí rápidamente los ecos de la gran pintura clásica, la misma que nos ha sido provista con abundancia desde iglesias y museos y que viene aquí servida en revelados fotográficos clásicos que nutren la profunda intensidad de los tintes y la estridencia de algunas carnaduras incendiadas por la luz. Visualmente, estos «locos de Dios» no son muy diferentes a los mártires y otros santos del catolicismo más exacerbado.

Frente a esto, las hieráticas figuras de los Surma o de los Omo de Etiopía también dialogan con la pintura. Para empezar, porque estos pastores guerreros de las altas mesetas se pasan el día pintándose el cuerpo, inventando paisajes en sus espaldas, transformando sus rostros y manos en escritura, luciendo a veces sencillas y ricas joyas de oro o de conchas, envolviéndose con simples y raídos trapos como si de chales de una gran elegancia se tratara. Pero también porque el tratamiento dado, entre retratos y detalles corporales, afirma una misma intensidad lumínica que permite que los trazos de color surjan suavemente de la fineza del grano de la piel.

El tono mate de las increíbles impresiones de platino en color permite recrear toda suerte de sutilezas materiales y tonales ―dan ganas de tocar―, mitiga el aspecto más decorativo o frívolo y, paradójicamente, intensifica en semitintado el efecto cromático. Entonces, y esto es lo que aproxima a estas dos series en su propia naturaleza, el color se convierte en el protagonista mismo de la fotografía, más allá de las temáticas representadas. Pues nos hallamos, en los dos casos, ante fotografías de color y no sólo ―lo que es atribuible a la pura técnica― ante fotografías en color.

Otra prueba de la unidad en una obra que se presenta a menudo por tramos, series, destinos, es que estos dos conjuntos tan distantes nos reenvían de nuevo a la cuestión del cuerpo y de su representación. Entre la soberbia desnudez de los africanos y el deseo de dolor para alcanzar el éxtasis de los místicos, se da ―como en dos polos que se atraen y se repelen― ese misterio de la forma que toma cuerpo, siempre en busca de una forma de placer.

De momento, el hallado por nuestra mirada es total, nutriéndose de los matices de una paleta que parece ilimitada en sus variaciones, siempre insatisfecha pues busca una totalidad que no sabemos si se halla en el exceso o bien en el absoluto de la tranquilidad reafirmada.

Detalle de una de las obras de Isabel Muñoz. Imagen cortesía de Centro Niemeyer de Avilés.

Detalle de una de las obras de Isabel Muñoz. Imagen cortesía de Centro Niemeyer de Avilés.

Christian Caujolle