El lado decadente de las barracas

Vale por un viaje, de Alejandra de la Torre
Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 3 de septiembre de 2016

Alejandra de la Torre (Castellón, 1983) viene a llevarle la contraria a Françoise Sagan cuando dijo aquello de que los objetos eran los amigos que ni el tiempo, ni la belleza, ni la fidelidad consiguen alterar. En su caso, el paso del tiempo sí modifica la percepción que tenemos de algunos objetos: por ejemplo, la serie de atracciones de las ferias veraniegas con sus inconfundibles barracas. Es lo que hace en la exposición Vale por un viaje, que hasta el 3 de septiembre acoge la galería Pepita Lumier de Valencia.

Lejos de presentar el bullicio de la gente, las atracciones a pleno rendimiento y la conjunción de ambas cosas como reflejo del aire festivo propio del verano, De la Torre muestra en soledad algunos de los objetos más representativos de todo ese carnaval. Hay, así, autos de choque, caballitos, lanzaderas, hinchables, fichas de diversas atracciones e incluso carteles donde se anuncia dónde sacar esas fichas en taquilla, todos ellos fuera del contexto dinámico inherente a la feria. Como la propia artista dice, le interesa esos objetos en la actitud “decadente” que “los vuelve interesantes y únicos”.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

No son objetos, a pesar de su soledad, que evoquen la naturaleza siniestra conferida por algunos autores a las máquinas. Ni siquiera los payasos, protagonistas tradicionales de ese mundo, dejarían el rastro en la obra de Alejandra de la Torre que deja el payaso Pennywise en la novela de terror It, de Stephen King. La artista castellonense se acerca a ese mundo para dejar constancia de lo que cambia la percepción de las barracas pasado el tiempo. De aquella niñez e incluso adolescencia mágica en relación con las ferias, se pasa en Vale por un viaje a las sensaciones más crudas de la edad adulta cuando hace memoria de todo aquello.

De manera que hay dos capas en la exposición: una colorista, como destilado de cierta ingenuidad primigenia, y otra más descarnada, en alusión a esa distancia o desencanto de los objetos. Esa primera capa, Alejandra de la Torre la describe así: “La feria como espacio de luz, color y diversión”. De esa otra, la artista dice: “A medida que vamos creciendo [la feria] nos muestra otra cara más castiza, sucia y mísera, que es lo que las diferencia de los parques de atracciones”. Esa parte más “cutre” (Alejandra dixit), no termina de comparecer del todo y sí, en cambio, cierto desencanto en su literalidad: objetos que han perdido su encanto, a pesar de mantener a duras penas su intenso color.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Porque colores llamativos,  fosforescentes, estridentes, hay muchos. Todos ellos a modo de maquillaje con el que la vieja actriz quisiera ocultar el paso del tiempo. Y al lado de esos colores, junto a ellos, remiendos de papel que la artista introduce mediante el collage para subrayar el carácter artificioso del mundo narrado en Vale por un viaje. De la Torre nos invita a ese viaje aparentemente luminoso, a base de intenso dulce de algodón, iconos hinchables como Bart Simpson o Bob Esponja, fichas de colores y llamativas atracciones, para mostrarnos en paralelo la pérdida de toda esa magia.

Por eso es normal que en lugar de hinchables, llame “deshinchables” las obras relacionadas con esos grandes muñecos de plástico. Porque el viaje de Alejandra de la Torre está plagado de las baldosas amarillas del cuento, en cuyo trayecto han ido perdido el encanto para devenir objetos solitarios; máquinas a falta de la ficha oportuna que las ponga en movimiento. Fichas de colores que en la obra de Alejandra de la Torre aparecen desanimadas.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Salva Torres

Clay Kids, éxito mundial de la animación valenciana

Clay Kids, de Javier Tostado
Se emite en CLAN TV desde el 9 de julio
Todos los días a las 21.00h

Bob Esponja y Dora La Exploradora tienen compañía. Son los chicos de la pandilla de Clay Kids. Sus divertidas aventuras llegan a la televisión para alegrar el verano a toda la familia. Los protagonistas son siete adolescentes que viven en una gran ciudad y comparten aventuras cotidianas, nuevas tecnologías, exámenes, música, amistad y ecología.

Clay Kids es una comedia infantil y juvenil de 52 capítulos, con una duración de 11 minutos cada uno. Es la primera serie de animación protagonizada por un niño discapacitado y ha sido calificada por la prestigiosa Ranker.com como la mejor serie mundial de stop-motion. Su emisión en países como México, Brasil o Reino Unido ha generado un éxito de seguimiento y merchandising sin precedentes en la historia de una serie creada y producida en España. Y más concretamente en Valencia.

Imagen de la serie Clay Kids. Cortesía de sus autores.

Imagen de la serie Clay Kids. Cortesía de sus autores.

La serie está rodada con la técnica tradicional de la animación stop-motion, que consiste en animar muñecos y simular el movimiento foto a foto. Rodada en los estudios valencianos de Clay Animation, donde se han construído 22 sets con los principales decorados, han trabajado más de un centenar de profesionales a lo largo de tres años.

Un proyecto colosal, nacido en Valencia, pero con una ambición internacional. Refrendada por premios como el Silver Telly Award, “el Óscar televisivo” que se entrega en Estados Unidos y que distingue los mejores trabajos mundiales realizados para la pequeña pantalla, un equipo de profesionales donde destacan guionistas como el estadounidense Mark Zaslove (ganador de dos premios Emmy) o Diego San José (“Ocho Apellidos Vascos”) y un doblaje realizado en Los Ángeles.

“El secreto de la serie es que, desde un principio, apostó por crear personajes, historias y situaciones universales, que funcionen en cualquier país del mundo”, afirma su creador Javier Tostado. “Es una serie para todos los públicos, pero tiene toques de humor irreverente, infinidad de chistes visuales y música muy actual que engancha a todo el mundo”.

Imagen de la serie valenciana Clay Kids. Cortesía de sus autores.

Imagen de la serie valenciana Clay Kids. Cortesía de sus autores.