El lisérgico viaje minimalista de Moon Duo

Moon Duo
Shadow of the sun
2015
Sello: Sacred Bones Records

MOON DUO - Makma 2

Errar es humano, perdonar es divino, rectificar es de sabios. O al menos eso dicen según la célebre frase de Alexander Pope, el poeta británico del siglo XVIII que destacó principalmente por sus sátiras y por sus traducciones de Homero, el presunto autor clásico de épicas griegas legendarias como “La Ilíada” y “La Odisea”.

Como de sabio o de deidad tiene poco el que suscribe será mejor ubicarse para la ocasión en un humano que se equivoca, que está desacertado en sus estimaciones, que desbarra con sus juicios prematuros. Divago en todo esto porque la primera vez que escuché “Shadow of the sun” no acabó de llamarme mucho la atención a pesar de constatar las buenas maneras del nuevo trabajo de Ripley Johnson con MOON DUO, el proyecto que encabeza este artista de San Francisco paralelamente a su banda más popular Wooden Shjips. Por fortuna tengo amigos cuyas opiniones me sirven para dar nuevas oportunidades, para rectificar y para, con toda la humildad del mundo, reconocer cuán estaba equivocado.

MOON DUO - Makma 3

Portada – MOON DUO – Shadow of the sun

Decía my Lord of Red River respecto a “Shadow of the sun” que “tal vez no sea humo fácil de inhalar, pero como pilles la buena bocanada vas a golpearte con el techo en más de una ocasión”. Aquella apreciación fue suficiente para retirar del aparcamiento esta rodaja sónica, proceder a una audición más exhaustiva y casi en un santiamén, como dijo el Profeta Ezequiel, “se abrió el cielo y contemplé visiones divinas”.

Lo primero que llama la atención de esta golosina musical es el profundo conocimiento lisérgico que abarca. Y lo segundo sus contundentes, hipnóticos y reiterativos riffs, arreglados con teclados agudos o sórdidos, dependiendo del corte en cuestión, y con ciertos brochazos electrónicos que podrían evocar viejas glorias ochenteras de culto. Nada resulta novedoso, lo normal a estas alturas de la vida, pero todo suena bien, todo es coherente y, en efecto, pillas la bocanada y se va abriendo paso. Va calando, va dejando huella, cada vez más profunda.

En este tercer álbum MOON DUO además de ‘Ripley’ Johnson (guitarras y voces) y Sanae Yamada (teclados y sintetizadores) se incorpora también John Jeffrey a la batería. Si “Wilding” nos embarca en un viaje salvaje, “Night beat” nos devuelve los más exóticos aromas del mejor tecno-punk. Si “Free the skull” (mi preferida del disco) nos provoca sensaciones cercanas a algún alucinógeno, en “Zero” resulta inquietante el viaje.

MOON DUO - Makma 4

Más elementos a tener en cuenta. “In a cloud” actúa de intermedio, como un suspiro, flotando allá arriba. “Thieves” nos devuelve al viaje minimalista del rock suicida. “Slow down low” posee espectaculares brochazos del rock velvético más experimental y glorioso. “Ice” nos arrastra a las cavernas del post-punk industrial más underground y “Animal” se postula como el eclipse, el que pone fin a este viaje desinhibido mediante una salvaje orgía de sonidos acelerados.

Realmente “Shadow of the sun” no es un disco fácil a las primeras de cambio ni lo considero apto para todos los públicos pues no pertenece al sector del rock más convencional. Posee la herencia directa de Alan Vega, Martin Rev y sus Suicide, el bucle reincidente del krautrock de Neu!, el toque malvado velvetiano como telón de fondo, el Space Rock setentero de Hawkwind y el post-punk industrial más lisérgico. Dicen que esto es neo-psicodelia pero poquitas cosas he escuchado tan interesantes de este género que últimamente anda tan en boga. La voluntad está en la mente.

JJ Mestre

* Publicado artículo también en el siguiente enlace del  Espacio Woody/Jagger 

Mad Max: Giro al infierno

Mad Max: Furia en la carretera, de George Miller
Con: Charlize Theron, Tom Hardy, Nicholas Hoult, Hugh Keays-Byrne, Zoë Kravitz

Habíanle encerrado en contra de su voluntad debido a su condición de esclavo. Le ofrecieron una mujer como divertimento pero le negaron intimidad. El ‘Espartaco’ de Kubrick (1960) asía con fuerza los barrotes de su celda y gritaba, con rabia primero y con tristeza después, que no era un animal. “Tampoco yo”, respondía ella.

Sería absurdo afirmar que el sentimiento que genera esta frase en ‘Espartaco’ es el mismo que despiertan las Reproductoras del dictador Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne) en Max Rockatansky (Tom Hardy). En primer lugar, porque el solitario, lacónico y traumatizado policía, únicamente desea recuperar su libertad sin importarle el resto –aunque finalmente cambie de parecer− y, en segundo lugar, porque Max no es el verdadero protagonista, sino Imperator Furiosa (Charlize Theron).

Tom Hardy en un fotograma de 'Mad Max: Furia en la carretera', de George Miller.

Tom Hardy en un fotograma de ‘Mad Max: Furia en la carretera’, de George Miller.

El gran acierto de la última película de George Miller consiste, precisamente, en ese giro. Por supuesto, más allá del aire ecologista con el que cuenta la mayoría de las películas postapocalípticas, persiste la crítica a un totalitarismo feroz que domina los recursos naturales necesarios para la subsistencia de la humanidad, la cual queda reducida a mero producto útil para el sistema.

Ahora bien, la novedad estriba en quién ejecuta la revolución que permite el cambio, en quién exilia esa cosificación y derroca el antiguo régimen permitiendo el empoderamiento de quienes habían permanecido en la esclavitud tanto narrativa como cinematográfica.

'Mad Max: Furia en la carretera', de George Miller.

‘Mad Max: Furia en la carretera’, de George Miller.

No cabe duda de que los escasos y breves momentos de calma frente a la velocidad extrema de la película, la puntería en el apartado musical –ese guitarrista infernal al que amarán los metaleros−, lo cuidado del atrezo, y esos paisajes simbolistas de fondos yermos a lo Delvaux, Khnopff, Spilliaert o Kubin, resultan grandes virtudes de ‘Mad Max’.

Sin embargo, esta cuarta entrega trascenderá por Furiosa y el papel concedido a las mujeres –de todas las edades y en todos los estados−, mucho más cercano a los de Sara O’Connor y la teniente Ripley que al tradicionalmente otorgado por las testosterónicas películas de acción.

Desconocemos si Miller o sus guionistas escuchaban el ‘Woman is the Nigger of the World’ de John Lennon o se hallaban bajo la influencia de Beavouir mientras diseñaban la nueva ‘Mad Max’; en cualquier caso, se agradece el viraje.

Charlize Theron en un fotograma de 'Mad Max: Furia en la carretera', de George Miller.

Charlize Theron en un fotograma de ‘Mad Max: Furia en la carretera’, de George Miller.

Tere Cabello

 

CARLOS DOMINGO, JUAN OLIVARES Y NELO VINUESA

Carlos Domingo, Juan Olivares y Nelo Vinuesa
Galería Rafael Ortiz
Mármoles 12 (Tel. 954214874). Sevilla
Hasta el 30 de abril de 2015
L: 18,00–21,00 h.
M-V: 11,00–13,30/18,00–21,00 h.
S: 11,00 – 13,30 h

La diadema, imagen evocadora encontrada en la relectura de una traducción del poema “Lamia”, nos reconduce al arco iris por su estructura formal pero también a la bóveda celestial-celeste que nos contiene, al universo, al viaje, al descubrimiento. Como imagen simbólica conecta con la idea de corona, que en un sentido amplio y profundo simboliza la propia idea de superación. A su vez, el arco iris, es a menudo el símbolo del puente entre el cielo y la tierra, expresa siempre y en todo lugar unión, relación e intercambio entre ambos. Nos gusta pensar que la diadema parece querer sujetar la razón, pero también nos conecta con el universo mágico y misterioso de la naturaleza.

“Trenzar Diademas”,  hace entonces referencia al modo en que cada uno construye su universo creativo, a la creación de mundos. La poesía, el misterio o la magia, son el punto de partida y la materia de nuestros trabajos, que no se desvinculan del razonamiento y la investigación. Es más, pensamos que hay una razón poética en cada acontecimiento, recordando a María Zambrano.

Si Newton desteje el arco iris en un intento por revelar el misterio de lo oculto, nosotros volvemos a trenzar con la emoción y la razón nuevas diademas. El acto de trenzar representa  un conjunto de tres o más ramales que se entretejen, cruzándolos alternativamente. Esta acción nos sirve conceptualmente como punto de partida para establecer el diálogo y la comunicación entre las tres propuestas.

Carlos Domingo. Paso. 2015. Pasta de papel y madera.

Carlos Domingo. Paso. 2015.
Pasta de papel y madera.

Por un lado, el trabajo de Carlos Domingo se centra en el interés por las cuestiones que sitúan al individuo frente a la metáfora de la representación animal, vegetal o mineral como estrategia plástica y conceptual para reflexionar sobre su naturaleza “humana”. Es un tipo de trabajo que pretende ser un resumen de los procesos de lo natural-orgánico frente a lo humano. La ciencia y el arte han elevado el nivel de humanidad del hombre y al mismo tiempo lo han alejado de su origen natural y primitivo (animal). El conjunto de lo natural, entendido como referente amplio y abierto, se mezcla con los artificios y las convenciones de la cultura.

Nelo Vinuesa. Penyagolosa. 2013. Grafito s/papel. 30,5 x 23,5 cm

Nelo Vinuesa. Penyagolosa. 2013.
Grafito s/papel. 30,5 x 23,5 cm

De un modo similar, Nelo Vinuesa sugiere y evoca narraciones que se construyen mediante la utilización de imágenes simbólicas, estableciendo conexiones entre lo fantástico, lo espiritual y lo mágico. Por otro lado, hay cierto romanticismo en las composiciones que plantea, un anhelo por lo lejano, por lo infinito. En su trabajo, el tratamiento del paisaje se relaciona con la idea de espejismo, fenómeno que hace referencia a la distorsión de la percepción sensorial, a la apariencia engañosa de algo que nos lleva a apreciar la realidad erróneamente.

Juan Olivares se identifica emocionalmente con todo lo que le rodea, sea una taza de café, una canción, las sombras proyectadas sobre un asfalto gris cromático, unos luminosos zapatos verdes con matices azules que cruzan las franjas blancas de un paso de cebra, un vestido precioso y su danza, el ruido amarillo del tráfico…

She´s like a rainbow VIII. De Juan Olivares. (110 x 100 cm.)

Juan Olivares. She’s like a rainbow V. 2014.
Pintura vinílica y óleo s/tela. 200 x 180 cm.

En este sentido su pintura está muy cerca de lo que acontece, del fluir permanente de las cosas y su misterio. Sus trabajos se alimentan de destellos cotidianos e instantes huidizos, momentos fugazmente perfectos en los que de alguna manera sales colmado.

(Imagen portada, Carlos Domingo. Tronco, Cactus, Abrazo. 2015. Carboncillo, pasta de papel y madera. Diversas medidas)