JACK WHITE – (2014) Lazaretto

Que JACK WHITE representa uno de los talentos más ingeniosos a nivel musical de los últimos años no creo que debiera ser objeto de debate. Otra cosa sería que guste más o menos, con detractores y partidarios casi a partes iguales, lo lógico cuando un artista es diferente y por tanto a su alrededor pulula un halo de polémica.

Si tengo que mojarme lo haré ubicándome entre los partidarios. Ahora bien, tampoco es que bese el suelo que pisa el geniecillo de Detroit salvando los que considero sus grandes discos con los White Stripes, mención especial para el “White blood cells” y el “Elephant” del 2001 y 2003 respectivamente.

Pero lo bueno de la evolución de este tipo es que es un artista que en cada trabajo arriesga con imaginación sin salirse excesivamente de un estilo propio definido, cosa que creo tiene mucho mérito. En ese desarrollo, en ese progreso, “Lazaretto” me gusta más que su predecesor, el debut en solitario “Blunderbuss” (sin desmerecer pero no me pareció a la altura de las expectativas depositadas), o que sus aventuras con Raconteurs o Dead Weather.

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Una vez agenciado “Lazaretto” y antes de lanzarme a despellejarlo con detalle me ha interesado imbuirme, o quizás intoxicarme, de los más variopintos artículos y comentarios en las redes sociales, desde los más críticos implacables que hablan de frustración en sus posibilidades a los más blandos o compasivos que lo ponen en un pedestal. Es curiosa la disparidad que despierta, creo que se le tiene ganas, en uno y otro sentido, y quizás se le mira demasiado con lupa. A mi juicio ni tanto ni tan calvo, en todo caso “un poco más tanto que calvo” y, lo que me parece claro, es que resulta bastante menos aburrido que la mayoría de publicaciones actuales que llegan a mis pabellones auditivos.

Ahora bien, sin tratar de ser diplomático veo lógico también a sus opositores, hay que tener en cuenta que esos cortes que cabalgan entre el funk-punk, el rhythm&blues y el country cuestan entrar a muchos oídos, entre los que me incluyo. “Lazaretto” necesita para ellos un esfuerzo mayor, una insistencia de oportunidades que le permitan abrirse paso para quedarse como habitual artefacto musical acompañante. Y si finalmente se alinean las estrellas ahí queda la admiración hacia una grandiosa labor de producción y de arreglos con matices y ángulos que crecen y que lo convierten en uno de los discos con calidad más rompedores del año en curso.

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Las canciones que lo componen se podrían asociar en varios grupos, yo me atrevería a apostar por cinco. En un primero las más distorsionadas a base de funk y riffs de guitarra endiablados en onda zeppeliana como “Three woman” (mención especial a ese piano acompañante que parece heredar la vitalidad del Professor Longhair), “Lazaretto”, la instrumental “High ball stepper” o “That black bat licorice”.

En el segundo una preciosidad como “Temporary ground”, el dueto con Ruby Amanfu en línea folk con el violín como firme paladín acompañante y al que se le podrían sumar a esa orientación de country-pop cortes como “Entitlement” o “Want and able”, mientras que en el tercero residiría el toque dramático, quizás pintoresco pero peculiar y original, que aparece en algunas canciones de la trayectoria del Sr.Gillis, como “Would you fight for my love?”, donde el protagonismo del piano se alterna con unos perversos y embrujados coros, o “I think i found the culprit”.

En el cuarto, con “Just one drink”, se evidencia claramente un acercamiento a los mejores Rolling Stones por los aires taberneros respecto al “Let it bleed” y, sobre todo, al desparpajo marca de Sus Majestades con el “Exile on main street”, mientras que en la quinta destacaría mi canción favorita del disco, “Alone in my home”, bellísima melodía cuyos juegos de voces la dotan de argumentos suficientes para estar entre mis canciones preferidas del año en curso.

Insisto en que quizás lo más interesante de “Lazaretto” sea el esmerado detallismo que contiene, con un buen puñado de matices que se van descubriendo pacientemente. Dista de ser una obra maestra pero me parece un buen disco, bastante superior a la media de este año le pese a quien le pese y que, por encima de todo, tiene a su favor la valía de ser audaz.

JJ Mestre