Chuck, el profeta del rock ‘n’ roll.

Estaba cantado y eso que no había sido vaticinado por ningún iluminado vidente con supuestas facultades paranormales. Los indicios eran claros y precisos. Superar el “Temple beautiful” (comentado aquí) del 2012 era prácticamente imposible. Aquel disco donde CHUCK PROPHET homenajeó a su ciudad natal, a San Francisco, ha quedado para la historia como palabras mayores, mayúsculas, subrayadas en negrita o en fluorescente. Y digo mayores por decir algo ya que, con carácter subjetivo, considero ese disco como una de las tres obras musicales más interesantes de lo que llevamos de década 10.

Tampoco creo que sea un lumbreras por predecir otros hechos futuros rebosantes de lógica. Y es que otro detalle en el que los suficientes no andábamos mal encaminados era en sospechar que el nuevo trabajo del californiano iba a ser de traca. Su estado de forma podría ser comparable al de Messi o Ronaldo en el fútbol de los últimos años. Chuck Prophet juega en otra liga aunque no se le reconozca como tal por la mayoría. Su trayectoria lo avala, es un valor seguro con un permanente estado de gracia donde el desperdicio brilla por su ausencia. Y además “Wish me Luck” como adelanto resultaba una pista ilusionante.

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Por tanto aquí el único que merece cualquier muestra de elogio es el que se apellida “profeta” porque él nos guía y nos indica el buen camino a algunos, algo así como pudiera sucederle a otros en el pasado con Noé, Elías, Jeremías, Abraham, Mahoma,… Y el buen camino, la senda está en mantener el tipo y seguir la misma dirección con el nivel que acostumbra, algo que ha vuelto a conseguir con “Night surfer”, un disco urbano donde permanece la influencia de una ciudad como San Francisco, donde incide en las virtudes de esa línea dibujada en el tiempo desde los Green on Red y donde cuenta con la ayuda como invitado especial de Peter Buck, el que fuera guitarrista de REM. En definitiva un disco de guitarras que suena moderno y clásico al mismo tiempo, con lo que eso conlleva, en el que Chuck Prophet estira con maestría su estilo y sus virtudes por decimotercera vez.

“Night surfer” me gusta por muchos motivos, entre ellos porque en el trasfondo plantea dudas del porvenir mezclando optimismo y cabreo pero sobre todo porque posee nervio y lo transmite con una actitud y energía que canaliza el estrés con el que se convive a diario en las metrópolis. El título del disco tiene también su justificación y es que según contaba en una entrevista «surfeaba por las noches cuando era un crío, bajo las luces del paseo de Huntintong Pier cerca de Los Angeles, ya que de día estaba demasiado saturado de gente».

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A nivel musical se podría generalizar que debajo de las capas de guitarras hay una sección acústica que, junto a una base rítmica aparentemente sencilla, es la que cede el protagonismo a sólidos riffs de guitarra, a sorprendentes líneas de teclado o a instrumentos de cuerdas que en ningún momento resultan cargantes.

Una explosiva “Countrified inner city technological man” de tendencias rollingstonianas sirve para abrir fuego dentro de una inclinación o querencia que hallará la mejor rúbrica después, con “Felony glamour”.

La antes mencionada “Wish me Luck”, entre pegadiza y melódicamente rocanrolera, me sirve una vez más para pensar que donde más brilla Chuck Prophet es a la hora de utilizar las influencias de un clásico de finales de los ochenta como era Ben Vaughn, entre el eclecticismo, la ironía y el humor, algo que se ratifica en las formas de medios tiempos como “Guilty as a Saint”, en baladas como “Truth will out (ballad of Melissa and Remy)” o “If i was a baby” (versión de un tema del 2008 de Ezra Furman & The Harpoons) con sus vibrantes arreglos de violín acompañantes, o en el desparpajo de “Tell me anything (turn to gold)” que se complementa con una vertiente más folk-rocanrolera en “Ford Econoline”, homenaje a la mítica furgoneta o compacto monovolumen que surgió en los años sesenta y usado en muchos casos como vehículo comercial o de carga.

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Por su parte, el protagonismo relajado de las acústicas en “They don’t know about me and you” deriva en un in crescendo intenso de guitarras mientras que “Lonely desolation” es pegadiza y adictiva gracias a los cambios de modulación vocal del gran Chuck, acaso powerpoperamente hablando enraizada con la «Gran Estrella» de Alex Chilton.

Y llegamos a “Laughing on the inside”, mención especial para este épico temazo de tomo y lomo que sorprende a propios y extraños por devolver la esencia de los brillantes y menos empalagosos teclados ochenteros y que me recuerdan por momentos fugaces a episodios de Laurence Tolhurst con The Cure. El disco se cierra con otra sorpresa sónica, “Love is the only thing”, himno con un riff de guitarra glam-rockero que invita a tararear el estribillo de la canción junto al «Profeta».

“Night surfer” crea adicción. Como leí hace poco más o menos a my mestrefriend Chals nos quedan héroes del rock, mal que les pese a algunos, eso de que el rock ha muerto son pamplinas, solamente hay que levantarse del sofá y buscarlo. El Profeta del rock ‘n’ roll otra vez lo ha conseguido. Grande.

JJ Mestre

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