Llega el escándalo de Pierre Rigal

‘Scandal’, de Pierre Rigal
Danza
Teatre El Musical
Plaza del Rosario, 3. València
Sesión única: 18 de enero de 2020, a las 20.30 horas

El francés Pierre Rigal -uno de los grandes coreógrafos de la escena europea- atleta, matemático y cineasta, lleva hasta el escenario del Teatre El Musical ‘Scandal’, su particular visión de la juventud moderna y su capacidad para explorar los nuevos lenguajes de la danza contemporánea. Se trata, sin duda, de una oportunidad única para disfrutar de uno de los grandes creadores del momento, que trasladará su universo a la sala del Cabanyal-Canyamelar mediante un montaje que incluye más de una veintena de técnicos y bailarines.

Un momento de ‘Scandal’, de Pierre Rigal. Foto: Pierre Grosbois

Todos ellos, acompañados de música en directo, interpretan arriesgadas coreografías y convierten sus cuerpos en instrumentos que integran la banda sonora del espectáculo. En este sentido, la respiración de todos ellos constituye un elemento esencial del movimiento, dando lugar a una sonoridad creada a partir del aire que entra y sale de los pulmones y que se completa con pasajes de hip hop, palabras de amor incomprensibles, onomatopeyas de rebelión y lamentos de esperanza. De este modo, la obra se convierte en una representación de la juventud, de sus miedos y emociones, mediante una serie de coreografías capaces de desafiar las leyes de la gravedad y la anatomía.

Pierre Rigal se formó inicialmente como atleta, estudió matemáticas y economía y completó su trayectoria con un master de cine. Poco a poco, se fue acercando a los bailes urbanos que encontraba en las estaciones de metro de Toulouse, lo que le llevó a rodar diferentes documentales al tiempo que se preparaba como bailarín y coreógrafo. En 2003 nacía su compañía Dernière Minute, y se iniciaba una brillante trayectoria escénica que desde entonces no ha hecho más que consolidarse, incluyendo representaciones en la Ópera de París.

Imagen de portada: Pierre Grosbois

En privado y al oído: Prostíbulo Poético

Prostíbulo Poético | Happeging poético y poesía vis a vis
La Fábrica de Hielo
Pavia 37, València
Viernes 17 de enero de 2020 a las 20:30

Hijo primogénito del original Poetry Brothel de Nueva York, dirigido en Barcelona y Madrid por la actriz y performer Sonia Barba, este colectivo transdiciplinar, compuesto básicamente por poetas, músicos y performers, convierten cada evento en un campo de pruebas donde la poesía en privado y al oído le echa un pulso a los típicos recitales de poesía al uso.

¿Puede ser divertida y excitante la poesía aun descubriendo el lado más oscuro o atormentado de un alma? ¿Cómo valoramos el acto poético en la sociedad contemporánea? ¿Es la máscara de un alter ego una buena herramienta para acercar al gran público la temida poesía?

Bajo la apariencia de un burdel fantástico del siglo pasado, las poetas venden sus versos al público asistente una vez han sido presentadas por la Madame que describirá al público las siguientes interrogantes: ¿Cómo han ido llegando hasta allí? ¿En qué condiciones? ¿Qué les diferencia del resto de sus compañeras?

A la pregunta sobre cómo reaccionan los clientes que se acercan a sus eventos, la actriz, dramaturga y poeta Sonia Barba ha comentado que “por lo general, nadie viene preparado para lo que van a recibir, que básicamente es un baño de la realidad del otro. La gente quiere compartir experiencias, anécdotas, heridas semejantes. Se dispara la empatía, la curiosidad por el otro, hay personas que piden a la poeta que les deje solos, otras rompen a llorar. Es muy emocionante”.

Miembros de Prostíbulo Poético. Fotografía: Bluetomatophoto.

Dispuestas a revolucionar también la escena valenciana, después de diez años de actividad en Barcelona y dos de conquistar al público de Madrid, las poetas del Prostíbulo Poético, capitaneadas por su Madame, abren sede en estas tierras y no han podido encontrar mejor lugar que La Fábrica de Hielo, espacio con resonancia a tiempos pasados y experto en hospedar encuentros y situaciones de intercambio, donde la cultura, el ocio y la gastronomía van de la mano, que acogerá el evento el próximo viernes 17 de enero de 2020, a las 20:30.

El elenco de poetas estará compuesto por una selección de algunas de las veteranas poetas de Barcelona y una nueva hornada de poetas de València reunidas por Sonia Barba.

En definitiva, poesía inédita en estado puro. Irreverencia. Descaro. Juego de complicidad. Reivindicación del acto íntimo de recitar.

Integrantes de Prostíbulo Poético vestidas con la lencería de la diseñadora Rosario Puñales. Fotografía: Carles Mercader.

MAKMA

La inextricable fiesta de la señora Dalloway

‘Mrs. Dalloway’, de Carme Portaceli
Adaptación de la novela ‘La señora Dalloway’ (1925), de Virginia Woolf
Con Blanca Portillo e Inma Cuevas, entre otros
Teatro Principal
Barcas 15, València
Hasta el 12 de enero de 2020

Erigida en una obra de referencia inexcusable en el devenir del modernismo anglosajón y al calor de la vanguardia literaria de entreguerras, ‘La señora Dalloway’, cuarta novela de la eximia escritora londinense Virginia Woolf, ha visto refrendado su vigor estilístico y denuedo semántico a la sombra requerida y contemporánea de su mayúscula figura y ecuménica autoría.

Por ello, se antoja francamente incitante transitar bajo la techumbre perfumada de la Bright Young People y sus cuitas de interbellum, sobre el espinazo vertebral del monólogo interior y los flujos de conciencia que perfilan la deriva narrativa y, por ende, existencial de Clarissa Dalloway durante la jornada en la que acontece la diégesis –epicentro de los preparativos de una ínclita fiesta de sociedad por la que habrán de sucederse nebulosos episodios del pasado y vestigios idiosincrásicos–, en cuyo microcosmos de atribulados personajes Woolf disemina, mediante un dechado manejo de la analepsis, asuntos tan controvertidos (entonces) como universales (vigentes): insania, depresión y suicidio, represión sexual, lesbianismo, bisexualidad y feminismo, amén de conflictos y turbulencias sociales e intergeneracionales más radicalmente emparentados con el período en el que fue publicada la novela.

Blanca Portillo como Clarissa Dalloway durante un instante de la función. Fotografía cortesía del IVC.

Si con sugerente y dispar resultado, los cineastas Marleen Gorris –’Señora Dalloway’ (1997)– y Stephen Daldry –’Las horas’ (2002), adaptación cinematográfica de la novela homónima de Michael Cunningham (1998), inspirada en la obra de Woolf y que toma por título uno de los enunciados manejados original y transitoriamente por la escritora– hubieron procurado adecuación audiovisual a la compleja y retórica estructura del relato, no debía ser menor la tentación y el brete de transmutar los dominios de ‘La señora Dalloway’ en hacienda escénica.

De este modo, instituida como una de las producciones de referencia de la temporada del Teatro Español, y tras su estancia navideña en el Teatre Nacional de Catalunya, recala en el Teatre Principal del València ‘Mrs. Dalloway’, bajo la dirección de Carme Portaceli –quien rubrica la versión junto a Anna María Ricart y Michael De Cock (director del KVS o Teatro Nacional Flamenco de Bélgica)– y la figura de Blanca Portillo encabezando el cartel (apriorísticos elementos de seducción que justifican su inmaculado resultado en taquilla).

Así, con encomiables propósitos e irregulares aciertos (siendo benevolente) cobran acción morfológica las introspectivas aflicciones de los personajes de Woolf, sintetizados en ocho caracteres y diversas licencias –textuales y tecnológicas– que procuran economizar la puesta en escena y actualizar a las predilecciones coetáneas algunos de los temas explícitos y subyacentes manejados en la obra original.

La actriz Inma Cuevas (Sally). Fotografía cortesía del IVC.

Para ello, Portaceli, Ricart y De Cock se hubieron servido de los diarios y la carta manuscrita de suicido de la escritora con el fin de rubricar una de las más relevantes permutas de la presente versión: los personajes de Angélica (contenida y aséptica Gabriela Flores) –escritora flagelada por trastornos del estado de ánimo y trasunta de Woolf– y su esposo Max (excesivo atletismo y correcta acentuación la de Jimmy Castro), en sustitución del soldado Septimus y su novia Lucrezia. Una decisión de atractivos designios que naufraga en su disposición, al igual que zozobran buena parte de los elementos compositivos –ignominioso cierto empleo de la música original y el espacio sonoro procurado por Jordi Collet y el diseño de video de Miguel Ángel Raió, más propios de un ejercicio audiovisual de conciencia plena o mindfullness– y escenográficos –Anna Alcubierre convierte en insípido galpón las posibilidades de la caja escénica, por la que se pierde y empequeñece el octeto interpretativo, y acierta en el empleo efectista de sucesivos cortinajes que van acortando la perpendicular–.

Porque esta decidida versión de ‘Mrs. Dalloway’ principia y concluye erigida en un documento inextricable, argumentalmente ininteligible sin el sustento de la lectura original, confusa en su constitución, y excesiva, urgente y epidérmica en la evolución sentimental del apremiante arco de sus protagonistas, cuyo elenco actoral supervive con dignidad y cierto oficio. Plausible, aquí, el magisterio habitual de Blanca Portillo –capaz de enaltecer con su prosodia el desnortado rumbo de la obra– y la heterodoxa cadencia de Inma Cuevas, quien logra elevar a Sally por encima de la efervescencia protagónica de la presente señora Dalloway.

Blanca Portillo en la imagen promocional de ‘Mrs. Dalloway’. Fotografía de Sergio Parra cortesía del IVC.

Jose Ramón Alarcón

Miralles y Nave se calzan los guantes de la dramaturgia

Gemma Miralles y Joan Nave
IV Torneo de Dramaturgia
Teatre Arniches
Av. Aguilera, 1. Alicante
Miércoles 8 de enero de 2020, a las 19.00h

Los dramaturgos alicantinos Gemma Miralles (La Pelailla d’Alcoi) y Joan Nave (El Garroferet de Benissa) se enfrentarán el miércoles en el ‘ring’ teatral del Arniches, en los cuartos de final del IV Torneig de Dramatúrgia del Institut Valencià de Cultura que se celebra en el Teatre Arniches de Alicante. 

La cuarta edición del Torneig de Dramatúrgia Valenciana enfrentará a ocho ‘pesos pesados’ de la escritura teatral valenciana en un torneo en el que los textos de estos autores, de 30 minutos de duración, serán interpretados por actores profesionales en combates por parejas y en los que el público señalará al vencedor en una votación. Con ello, se pretende visibilizar el trabajo de estos dramaturgos y llegar a nuevos públicos.

Este combate literario-literal, que enfrentará a ocho dramaturgos de Castellón, Valencia y Alicante, se celebrará entre el 8 y el 29 de enero en las tres capitales. Se trata de una ‘emocionante y divertida actividad’ nacida dentro del Festival Temporada Alta de Girona hace siete años, de la mano del dramaturgo Jordi Casanovas, y que en 2016 y 2017 organizó en València Creador.es.

En esta edición participan los escritores Gemma Miralles, Joan Nave, Lucía Sáez, Begoña Tena, Gabi Ochoa, María Cárdenas, Pasqual Alapont y Borja López Collado. Además, se contará con la actriz Pilu Fontán como maestra de ceremonias. La gran final del ‘Torneig de Dramatúrgia’ se celebrará en el Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

Gemma Miralles, conocida como ‘La Pelailla d’Alcoi’ es actriz y directora de teatro. Vinculada a la Cia. Teatre La Dependent de Alcoi. De ‘Sukei a Naima’ fue su primer texto teatral.

Joan Nave o ‘El Garroferet de Benissa’ es actor, dramaturgo y licenciado en Filologia Catalana. Es fundador de la compañía Esclafit Teatre. Durante los años de universidad, interpretó diversas obras, como: ‘En cap cap cap’ (DDAA), ‘1-2-3 Molins’ (a partir de textos de Manuel Molins), ‘Antaviana’ (de Dagoll Dagom i Pere Calders), ‘Morir o no’ (Sergi Belbel). Joan Nave es ‘El Garroferet de Benissa’.

Gemma Miralles y Joan Nave. Imagen cortesía del IVC.

“HAMLET” POR UN SOLO TITIRITERO

“Hamlet” de Bambalina Teatre Practicable
Espectáculo en gira

Después del gran éxito que obtuvieron sus dos montajes más recientes; “La Celestina” y “Fausto”, la compañía Bambalina Teatre Practicable estrenaba el pasado 7 de agosto en el festival Sagunt a Escena “Hamlet”, una de las tragedias shakespeareanas más conocidas.

En la nueva producción, dirigida por Jaume Policarpo, se imponía una considerable limitación técnica al reducir el elenco a un único actor/manipulador, Jorge Valle, que debía asumir la interpretación de los numerosos personajes que recogía la adaptación de Policarpo.

Jorge Valle destacaba por la expresividad de su interpretación; sus manos pasaban de conformar un personaje a otro con una sorprendente agilidad y su voz se adaptaba y modulaba ante una sucesión constante de títeres. Pero la dificultad de mantener durante una hora y media una representación de un ritmo tan trepidante, y de abarcar la manipulación de diez marionetas, se volvía excesiva para un solo actor. De este modo, todo entraba en un cierto código humorístico que desdibujaba necesariamente la carga trágica y la profundidad de la obra y sus personajes. Por otro lado, el considerable esfuerzo físico y psíquico del intérprete, provocaba una especie de angustia en el espectador, una sensación que iba aumentando progresivamente, y que solo parecía acabar con el final de la representación y el descanso del actor.

Fotografía tomada de la representación de «Hamlet» de Bambalina Teatre Practicable.

La escenografía se articulaba como una especie de carrusel giratorio, conformado por una estructura metálica y sencillamente adornado por unas tiras de tela que cubrían el techo. El dispositivo contaba con una especie de barra central de la que colgaban los títeres cabeza abajo, de tal modo que Valle tan solo necesitaba elevarlos y colgarlos de unos enganches superiores para que el público los viera. Jaume Policarpo, también escenógrafo de la obra, nos presenta un mundo giratorio, una estructura que no deja de dar vueltas de un lado a otro entorno a un mismo eje. Es casi un tiovivo, un carrusel en el que no se avanza hacia ninguna parte. Tan solo en ciertos momentos, los personajes pueden salir de esa rueda infernal, e incluso observar su giro desde fuera.

Vista de la escenografía creada por Polisario para «Hamlet».

Durante la representación, eran frecuentes los juegos entre realidad y ficción, se señalaba que aquello que estaba ocurriendo en escena era en verdad una historia, una narración contada por un actor. Este mismo juego está en la obra de Shakespeare, hay una ficción y una realidad que se confunden, que se entremezclan; la ficción es a veces un modo de clarificar y mostrar la realidad, una realidad que es al mismo tiempo un fingimiento y una mentira. Tan solo en un momento, Valle se despega del títere, ya no confiere su voz a una marioneta, a una máscara, ya no hay un rostro que se oculta tras un rostro, es Hamlet dejando la comedia.

Fotografía tomada de la representación de «Hamlet» de Bambalina Teatre Practicable.

La compleja restricción que se impuso Policarpo, a pesar de estar llevada con sorprendente maestría dada la hazaña impuesta, tal vez se volvió un reto de excesivo riesgo, que implicó la perdida de aspectos fundamentales de la obra en favor de una proeza que, al fin y al cabo, tampoco aportaba un valor significativo. Puede que, en un deseo por esencializar la sumamente compleja tragedia shakespeareana, abarcándola desde la simplicidad más absoluta, se haya acabado perdiendo en la esencialidad misma de la obra que tanto se perseguía.

A pesar de todo ello, y como en todas las representaciones de Bambalina que haya podido ver, conseguían momentos de una singular belleza e ingenio. Me fascinaba la forma de aprovechar el espacio y de disponer los objetos en él. Con pocos recursos simulaban un universo rico y complejo; las imágenes se perfilaban en la mente del espectador, mientras que su imaginación se desplegaba al amparo de una representación que estaba cargada de ternura y de verdad.

Sofía Torró Álvarez.

Soñar inquietudes y retos con 10 Sentidos

‘Soñadores’ | IX Festival 10 Sentidos
Diversas sedes de València
Mayo de 2020

Las postrimerías del año que concluye portan consigo los preparativos del Festival 10 Sentidos, encuentro escénico de referencia de la ciudad levantina, cuya novena edición se llevará a cabo, durante el mes de mayo de 2020, bajo el lema ‘Soñadores’, un leitmotiv que focaliza la atención sobre la juventud y, en consecuencia, sobre aquellos que “están llamados a ser los reyes del futuro”, en base a “sus inquietudes, sus problemas, sus retos y sus compromisos”, tal y como indican desde la organización del festival, que, al igual que en ediciones precedentes, tendrá como ejes principales la danza, el teatro, la música, el cine y las artes plásticas; géneros con los que “mantener la filosofía de visibilizar, a través de propuestas artísiticas, diferentes realidades de nuestra sociedad”.

De este modo, el festival de las artes vivas de València, codirigido por Mertixell Barberá e Inma García, “hará protagonista a esa generación nacida a finales del siglo XX y principios de este, en la que nuestra sociedad debería depositar sus esfuerzos y esperanzas, y se aproximará a su lenguaje, a su ideología, a su modo de vivir, a su manera de crear”.

‘Soñadores’ pretende investigar y formular dubitaciones en torno a cuestiones relativas a “qué les define, qué sienten, cómo se relacionan o qué les preocupa”. Por ello, “la programación incorporará a creadores que sueñan, que arriesgan, que se comprometen, y buscará propuestas que ayuden a un público diverso a entender su idiosincrasia”.

Así mismo, 10 Sentidos “contará con otros artistas de distintas edades que plasmarán su propio punto de vista sobre el paso del tiempo y a los que se les propondrá observar e interactuar con un relevo generacional que a veces no obtiene la atención suficiente”.

Imagen de una de las propuestas escéncias del IX Festival 10 Sentidos. Fotografía de Juami Ponce cortesía de la organización.

MAKMA

El cabaret revive esta Navidad

Variedades Selectas, de Shomsow
Sala Russafa
C / Dénia, 55. Valencia
Del 14 de diciembre de 2019 al 11 de enero de 2020

El teatro tiene otras muchas máscaras, ademas de la risueña de la comedia y la afligida de la tragedia. Desde los orígenes de las artes escénicas, teatreros y cómicos crearon una serie de piezas ligeras cuyo objetivo no era conmover o hacer pensar, sino puro divertimento. Liberar por un rato al atribulado pueblo de sus miserias cotidianas. Una mezcla de humor más o menos grueso, que solía incluir una crítica mordaz a los abusadores poderosos, erotismo más o menos explícito, aliñado todo ello con música, bailes y otros vistosos ingredientes.

Teatro burlesco (burlesque), teatro de variedades, music hall, vodevil, revista…y cómo no, el cabaret. Un género que alcanzó su cima en la Alemania de la República del Weimar, en los albores del nazismo, magistralmente retratado por Bob Fosse en su mítico filme. Durante los setenta y ochenta vivió un momento dulce en Valencia, con salas dedicadas en exclusiva a difundirlo como Belle Epoque, aunque con el tiempo y los nuevos hábitos de ocio ha languidecido.

Carmen Cardo y Annie Tebar en ‘Variedades Selectas’. Imagen cortesía de Shomsow.

Estas Navidades el cabaret revive en toda su plenitud con ‘Variedades Selectas’,  que presenta Sala Russafa los sábados en sesión golfa del 14 de diciembre al 11 de enero. Un montaje de la compañía valenciana Shomsow que brinda un homenaje a este género en un viaje que recorre sus momentos icónicos de la mano de dos veteranas vedettes, Carmen Cardo y Annie Tebar, junto a Carlos Bosch y Pascual Peris, creadores del espectáculo, coreógrafo y diseñador del vestuario, respectivamente.

«¿Cabaret en Navidades? ¿Por qué no?», dice Peris. «Tal y como están las cosas tenemos muchos temas que satirizar y, aunque nuestro espectáculo es esencialmente lúdico, como artistas debemos involucrarnos y dejar oír nuestra voz, siempre desde el humor, claro».

Al cabaret se le puede achacar una visión machista, pero Shomsow da la vuelta a la tortilla y las dos protagonistas son quienes llevan la batuta. “El papel de maestro de ceremonias en el cabaret tradicionalmente ha estado representado por un hombre», dice Peris. «Nosotros hemos querido ir un poquito más allá, no nos quedamos en que las mujeres sean sólo sinónimo de belleza o protagonistas de números musicales. Queremos que realicen el contacto directo con el público, que sean ellas quienes conduzcan la pieza e interactúen con los espectadores, que disfruten del poder para hacer esa pequeña crítica social propia del género”. 

Carmen Cardo y Annie Tebar en ‘Variedades Selectas’. Imagen cortesía de Shomsow.

Sobre el escenario aparece una enorme maleta. De ella van brotando recuerdos e historias mientras se desarrolla la acción y las protagonistas exhiben las creaciones de Peris, prendas que son símbolos de distintos momentos y espacios míticos. Las actrices interactúan con el público desde el principio y sin abandonar la escena hacen hasta diez cambios de vestuario, uno por número, transformándose para simbolizar los distintos palos, épocas y estilos de un género que siempre se ha caracterizado por la desinhibición, la frescura, la fantasía y el humor para liberar al público de su rutina cotidiana.

 ‘Variedades selectas’, una irónica alusión gastronómica a los embutidos y fiambres, es el segundo montaje de la compañía valenciana Shomsow,  cuyos miembros son referentes de la boyante escena cabaretera en la Valencia de los ochenta cuando las tensiones de la Transición incitaban a escapar de la realidad.  Todos los integrantes de la compañía cuentan unos 55 años y sus montajes son un lujo y un goce para ellos que pueden permitirse gracias a sus respectivas profesiones vinculadas al arte dramático. «En vez de un viaje o crucero, hacemos un montaje», dice Peris.

Carmen Cardo y Annie Tebar en ‘Variedades Selectas’. Imagen cortesía de Shomsow.

Durante una hora y media que se hace corta, Cardo y Tebar despliegan un auténtico tour de force sobre el escenario demostrando que las mujeres de mediana edad son capaces de aportar su carácter, humor y sensualidad a un género que se transforma a lo largo de la historia sin perder nunca su esencia: la alegría.

“En sus primeros años en París y Berlín el cabaret era un espectáculo de crítica social, no los barrocos números de revista que vinieron después», cuenta Peris. «Lo que cada día publicaba la prensa, los actores y showman de la época lo ridiculizaban y lo caricaturizaban por la noche en los clubs”. ‘Variedades Selectas’ se aproxima a ese modelo de cabaret original, al margen de las grandes producciones. “El nuestro es un cabaret intimista, lleno de humor y amor. Hacemos guiños a la actualidad, pero con mucha autoparodia porque no buscamos una arenga, queremos que esto sea una válvula de escape, que nosotros como el público lo pasemos muy bien. Los jóvenes se asombran ante algo que no conocen y les gusta, y los mayores complacen su nostalgia por el pasado».

Así, durante hora y media desfilan por el escenario historias y personajes del corrillo artístico que animaba los cafés cantantes, salas de fiesta y teatrillos, desde el Circo Chino de Manolita Chen, en la España de posguerra, a las bambalinas de Broadway o los casinos insomnes de Las Vegas.

Carmen Cardo y Annie Tebar en ‘Variedades Selectas’. Imagen cortesía de Shomsow.

Bel Carrasco

JEKYLL Y HYDE, EL MUSICAL

Teatro Olympia. San Vicente Martir, 44. Valencia

Jekyll y Hyde, un extraordinario musical basado en la novela de Robert Louis Stevenson “El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde” de 1886, regresó a España del 7 al 10 de noviembre de 2019.

Se trata del singular musical de intriga, presentado en el Teatro Olympia de Valencia, que nos adentra en la dualidad primaria del hombre, entendida como una lucha entre la razón y el instinto, entre el bien y el mal que habita en cada uno de nosotros.

Tan solo existe una delgada línea entre un hombre bueno y uno malo.

La trama y el suspense, se consigue gracias a una excelente escenografía, vestuario de época, diseño de iluminación y efectos especiales con mucho realismo, que crean una atmosfera Victoriana del Londres tenebroso del siglo XIX. Los efectos de iluminación, el tratamiento sonoro y la ambientación general resultan ser completamente vanguardistas. La producción de la obra contaba con más de 150 trajes de vestuario, diseñados según los patrones de la época. La música, ganadora de múltiples premios en Estados Unidos, está compuesta de auténticos singles.

D.Jekyll y Mr. Hyde, el musical. Teatro Olympia.
Fotografía de Liliana Estrada

El musical, fue estrenado en Madrid en el año 2000 con Raphael como protagonista. La producción estuvo tres años en cartel y de gira por España. La misma producción se estrenó en México en el año 2016, durante dos temporadas, con gran éxito de público y críticas.

No obstante, antes de llegar a España, el estreno del musical tuvo lugar en Broadway en el año 1997. Tres años después fue presentado en España, incorporando temas musicales que no aparecen en la versión original y desarrollando una nueva puesta en escena completamente original. Desde su publicación, la novela ha sido víctima de múltiples versiones en teatro y cine.

D. Jekyll y Mr. Hyde, el musical. Teatro Olympia.

En la obra, la personificación del bien y del mal se centra principalmente en el doctor Henry Jekyll, interpretado en este caso por Abel Fernando, y que en su búsqueda de una sociedad perfecta, quiere ser capaz de anular la parte negativa de todo ser humano. Para ello, se reúne y pide permiso para experimentar su proyecto científico con personas, enfermos mentales de un psiquiátrico, pero su experimento es criticado y rechazado. La negativa, le conlleva a una obsesión, concluyendo por realizar un ensayo en sí mismo, liberando su parte maligna en un ser independiente, conocido como Edward Hyde o más bien llamado Míster Hyde.

D. Jekyll y Mr. Hyde, el musical. Teatro Olympia
Transformación, del bien al mal, del D. Jekyn a Mr. Hyde.
Fotografía de Theatre Properties

Un personaje que termina por oprimir a pacifico D. Jekyll, convirtiéndolo en un asesino en serie. Asesinando a aquellas personas, que cometían un acto inmoral o simplemente por gusto. Ambas personalidades luchan contra sí mismas, con el fin de apoderarse de la individualidad total. D. Jekyll, tenía una vida perfecta, la mujer más deseada de la nobleza, un amigo fiel y un gran talento. Sin embargo, quería cambiar y mejorar la sociedad y terminó por hacerlo pero no como él pretendía. Perdiendo todo.

Jekyll & Hyde el musical, con su estética gótica, se sitúa en la órbita de espectáculos clásicos del género. En este caso, lo hace por medio de un gran conjunto de actores y actrices, con gran talento, que introducen por completo en la historia desde el primer instante.

D. Jekyll y Mr. Hyde, el musical. Teatro Olympia
Fin

Adriana Florentino Vivó

Retorna al ring el IV Torneo de Dramaturgia Valenciana

IV Torneo de Dramaturgia Valenciana
Institut Valencià de Cultura
Centre Cultural La Nau (València), Teatro Arniches (Alicante) y Teatre Principal (Castellón)
Del 8 y el 29 de enero de 2020

El Institut Valencià de Cultura ha presentado la cuarta edición del Torneo de Dramaturgia Valenciana, que enfrentará a ocho pesos pesados de la escritura teatral de todo el territorio valenciano, en un torneo que tendrá lugar en València, Castelló y Alicante entre el 8 y el 29 de enero de 2020.

Así lo han anunciado este miércoles el director adjunto de Artes Escénicas del Institut Valencià de Cultura, Roberto García, junto con la coordinadora del Torneo, Jéssica Martínez; la maestra de ceremonias, Pilu Fontán; y los escritores que participan en esta edición: Gemma Miralles, Joan Nave, Lucía Sáez, Begoña Tena, Gabi Ochoa, María Cárdenas, Pasqual Alapont y Borja López Collado.

Se trata de una actividad nacida dentro del Festival Temporada Alta de Girona hace siete años, de la mano del dramaturgo Jordi Casanovas, y que en 2016 y 2017 organizó en València Creador.es. Con esta iniciativa se pretende visibilizar el trabajo de estos dramaturgos y llegar a nuevos públicos.

Adrián Novella, ganador del III Torneo de Dramaturgia Valenciana. Fotografía cortesía del IVC.

Durante el torneo, los ocho participantes se enfrentarán por parejas, mediante dos textos de entre 20 y 30 minutos leídos por dos actores o actrices profesionales en un ring de boxeo. El público será el encargado de votar la obra vencedora de un torneo con cuartos de final, semifinales y una gran final que se celebrará en la Sala Matilde Salvador del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

La presentación de esta cuarta edición del Torneo de Dramaturgia Valenciana -en el que colabora La Nau-Aula de Artes Escenicass de la Universitat de València- ha tenido lugar sobre el cuadrilátero de la Sala 7 del Teatre Rialto, a semejanza de la escenografía sobre la que se desarrollarán los cruces en los espacios en los que sea posible.

Fases de la competición

El 8 de enero se celebrarán los cuartos de final de Alicante en el Teatro Arniches, donde se enfrentarán los dos autores alicantinos: Gemma Miralles y Joan Nave. En Castelló, los cuartos de final se celebrarán el 13 de enero en el Teatre Principal, donde se confrontarán los textos de las dos autoras castellonenses: Lucía Sáez y Begoña Tena. Los cuatro autores valencianos, Gabi Ochoa, María Cárdenas, Pasqual Alapont, Borja López Collado se verán las caras en cuartos de final los días 15 y 16 de enero en la Sala Matilde Salvador. Las semifinales se disputarán en La Nau los días 21 y 23 de enero y la gran final será el 29 de enero en el mismo teatro.

En la rueda de prensa, Roberto García, director adjunto de Artes Escénicas del IVC ha afirmado que esta actividad, “que mezcla emoción, humor, tensión y pasión”, es “una herramienta perfecta para visibilizar la dramaturgia viva valenciana entre un público más amplio”. Además, las dramaturgas y dramaturgos conforman un grupo “paritario, intergeneracional y vertebrador” por el hecho de haber autores de todo el territorio.

Por otra parte Jéssica Martínez, coordinadora del Torneo, ha señalado el punto lúdico del encuentro: “Es una ocasión excelente para reivindicar la sana competencia entre los autores”. Y ha adelantado la frase obligatoria que tendrán que usar los autores en su textos: “Maldito caballo que provocas la destrucción de aquello que te rodea”. Jéssica ha recordado también que el ganador competirá en la gran final del Torneo en el Festival Temporada Alta de Girona.

Los autores teatrales posan sobre el ring escénico durante la presentación del IV Torneo de Dramaturgia. Fotografía cortesía del IVC.

MAKMA

«En la danza cada uno es una pieza de un gran puzzle»

#MAKMAEntrevistas | Amaya Lubeigt (coreógrafa)

Amaya Lubeigt, asistente donostiarra, trabajó trece años como bailarina en una importante compañía de danza, después de pasar diez años como estudiante de danza profesional en Barcelona y Essen (Alemania), además de haber sido bailarina invitada en las compañías de danza teatro de Essen y Wuppertal.

Amaya Lubeigt y Wilfried van Poppel durante los ensayos de ‘Five Days to Dance’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

A qué te dedicas? ¿Cuál es tu especialidad dentro de la danza?

Soy bailarina profesional de danza contemporánea y llevo muchos años haciendo danza-teatro como espectáculo. En primer lugar, durante varios años en Alemania, en la compañía Bremen Dance Teatro. Estuve allí trece años trabajando, aunque empecé a bailar cuando era pequeñita, y en el conservatorio hacía ballet, pero con doce años lo dejé y hasta los veinte no volví a empezar. 

Cuando digo a los veinte me refiero a que empecé a bailar en serio a partir de esa edad, puesto que primero hice dos años de baile como hobby y luego, a los veintidós, entré en el Instituto de Teatro de Barcelona.

¿Cuándo empezaste a hacer danza?

Hice la carrera profesional de danza contemporánea durante tres años, y antes de acabar me fui a Alemania, a Essen, a continuar los estudios allí, en La Folkwang Schule (Universidad Folkwang), la escuela que está relacionada con Pina Bausch. De hecho, cuando yo estudié allí ella era la directora artística. 

Años después, fue también en Essen donde empecé a trabajar, primero en la compañía de la escuela y luego me fui a Bremen Tanztheater, el teatro donde bailé todos esos años hasta 2007. Posteriormente, cuando acabé el contrato, dejé la compañía y empecé a ayudar a Wilfried van Poppel, a quien conocí en la compañía de danza de Bremen, quien se convirtió en mi marido y con quien tuve dos hijas. Él acabó antes que yo, salió antes de la compañía, y empezó a hacer coreografías y proyectos con jóvenes, sobre todo danza-teatro para niños o, mejor dicho, para todos los públicos. 

Años después yo dejé la compañía y empecé a ayudarle en esos proyectos de baile que hacía, simplemente por apoyarle, pero me gustó tanto que desde entonces (concretamente, desde 2008) trabajo colaborando con él en la compañía de The Loopers Dance Teathre, también llamada The Loopers Dance Together, ya que tiene las dos connotaciones. Primero empezamos a hacer obras más profesionales, que consistían en un grupo de expertos bailando para todos los públicos y, sobre todo, para los niños, pero más adelante los proyectos de ‘Five Days to Dance’ cogieron tanta fuerza que, a día de hoy, llevamos dos años sin poder bailar de manera profesional, ya que estamos haciendo de coreógrafos continuamente, realizando proyectos por todas partes.

¿Qué habéis venido a hacer en València? Háblame del proyecto que lleváis desarrollando durante un tiempo.

Estos días en València hemos hecho un proyecto llamado ‘Five Days to Dance’, que realmente son los trabajos que hacemos habitualmente. La historia u origen de este gran proyecto comienza cuando un amigo nuestro de hace muchos años que es periodista, que trabajaba en el antiguo Canal 9, y que hacía documentales, nos plantea lo siguiente: grabar un documental sobre nuestro trabajo, a lo que nosotros lo llamábamos «proyectos escolares de danza». Primero empezamos a hacer estos ensayos en España, “a ver qué pasaba’’. 

Representación de la coreografía ‘Parade’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Ese documental, que finalmente se llevó a cabo, se llamó ‘Five Days to Dance’. Se grabó en 2013 en Bremen, durante una semana, otra semana en un colegio de San Sebastián y, luego, se estrenó a finales de mayo de 2014. Tuvo mucho éxito en España, ya que estuvo en cartelera durante mucho tiempo en València y también en Barcelona. Precisamente, en la ciudad condal fue el documental del año en junio de 2014. Mucha gente lo vio, sobre todo muchos profesores de escuelas y padres de alumnos; desde entonces nos piden que vayamos a los centros escolares a hacer bailes con estudiantes. 

Por ello, desde ese momento tomó ese nombre, pero no siempre son escolares. Por ejemplo, cuando estuvimos en Galway (Irlanda) eran vacaciones de otoño, nada de trabajo académico. Lo que nunca cambia es el formato, son proyectos de una semana de duración de cinco a seis días; empezamos el lunes con un grupo nuevo de personas –treinta mínimo y ciento ochenta máximo–, aunque los grupos escolares suelen ser entre sesenta y ciento veinte, normalmente.

No obstante, tenemos uno o dos proyectos al año de unas ciento cincuenta personas. También hay escuelas que nos piden participación de alumnos de varios cursos, y no son proyectos optativos, sino que la escuela decide que los niños van a hacer este proyecto; todo nuestro equipo vamos allí y ocupamos todas sus horas escolares, y esa semana no tienen clases de ninguna otra materia. Simplemente, vienen por la mañana hasta que acaban el horario escolar (5-6 horas diarias) y el viernes o sábado, por la tarde o de la mañana, dependiendo de la disponibilidad del lugar donde actuarán los niños.

Ahora, en València hemos estado haciendo este proyecto de ‘Five Days to Dance’ con un grupo de ochenta niños y adolescentes de 3º de la ESO, que han aprendido una obra que toma el nombre de ‘Parade’, inspirada en una exposición que hubo sobre pintura alemana en Bremen hace unos años, cuyo pintor se llama Max Bergman. El Museo de Arte Contemporáneo de Bremen suele hacer colaboraciones con nosotros y es en estas exposiciones donde nos inspiramos para realizar nuestros proyectos, donde participa gente desde siete hasta setenta años. 

Representación de la obra ‘Parade’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

De estas grandes obras sacamos otras más pequeñas de una media hora, cuarenta o cuarenta y cinco minutos de duración, según cómo se vaya a gestionar la obra. Tenemos un repertorio de cinco obras para adolescentes y tres o así para niños, por lo que, según lo que nos pidan las escuelas, hacemos unos proyectos u otros, ya que los propios colegios nos piden que hagamos proyectos diferentes, nunca repetidos. 

En este caso, la obra ‘Parade’ hablaba sobre la identidad de los personajes que nos toca representar en la vida y cómo este cambio de personalidad no lo hacemos nosotros solamente, sino que nos toca representarlo como intérpretes de la propia obra. Pero cuando estos papeles cambian, cuando nos desprendemos de estos personajes, seguimos siendo nosotros mismos.

Volviendo al tema de que trabajamos con los niños, el lema que pusimos cuando hicimos el proyecto de Bremen fue ‘El mundo es un teatro, la vida es un teatro’, y jugamos un poco a representar los papeles. ‘Parade’ es una de las obras más locas, pero los niños lo vivieron con mucha diversión y genial desde el primer día, pensando: «¿Qué nos va a tocar hacer ahora?». Cuando les decimos que van a representar media hora de coreografía no se lo pueden creer, pero al final lo sacan con muchísimo éxito. 

¿De qué trataba la representación en el Monasterio de Sant Miquel del Reis?

En la escuela donde trabajamos en Valencia es Juan Comenius, es una cooperativa y tiene un 30% o más de niños con diferentes capacidades, tanto físicas como conjuntivas, intelectuales, ideológicas, socioculturales… Se trata de una escuela muy rica en diversidad. 

En el grupo donde hemos trabajado ahora había dos niñas con sillas de ruedas; una de ellas tenía una fuerte discapacidad, como si dijéramos que le era imposible el movimiento en cualquier parte del cuerpo, incluso la cabeza, pero eso sí, hablaba genial, era capaz de traducir del inglés al español cuando Wilfried hablaba en inglés. La discapacidad no ha significado para nada un problema, ha sido parte de la obra desde el primer segundo hasta el último, y protagonista en todo lo que hiciera falta; la otra niña sí que tenía movilidad en la parte de arriba del cuerpo, y también se impregnó de ideas para la coreografía.

Detalle de una de las niñas en silla de ruedas que también bailan. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Los alumnos y compañeros son parte del grupo, no hay ninguna división, simplemente cada uno coge su sitio y va encontrando su posición, van ayudándose unos a otros. En la obra que hemos hecho hay partes que son fijas y que deben aprender, y hay otras donde ellos tienen que poner de sí mismos unos movimientos o poses que les pedimos, caracteres que han de elegir. Por otro lado, tienen que hacer también pequeñas coreografías en grupos reducidos con diferentes temas que les mandamos, y luego otros fragmentos eran más nuestra coreografía. En total salía una obra de unos treinta y cinco minutos o así, y el lugar donde actuamos era precioso e impresionante. El acto fue en una iglesia que ahora se usa para para actuaciones como este, pero lo nuestro era difícil de adaptar.

La verdad es que ha sido un reto muy grande no solo porque es un reto en sí mismo, sino porque además el hacer la obra de media hora con niños que no saben bailar y que la mayoría ni siquiera quieren hacerlo, es una aventura difícil. El truco está en ir conquistándoles para que llegue el viernes y la actuación vaya sobre ruedas. La semana es agotadora, pero día a día es como subir al Everest. Es impresionante. 

Los alumnos del Colegio Juan Comenius atentos a las explicaciones e indicaciones de los coreógrafos. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Además, digo que es un reto porque el sitio en sí no es un teatro, tenía unas tres alturas que podíamos utilizar y lo que era el escenario era demasiado pequeño y ni siquiera tenía una rampa para subir las sillas de ruedas. Con lo cual delante del escenario había una explanada muy grande, pero tampoco era suficientemente grande como para que bailaran todos juntos. Además, si colocábamos al público abajo tampoco lo podían ver, así que tuvimos que hacerlo a tres alturas. La parte de arriba, la de abajo del escenario, y unas escaleras que también utilizamos, además de la parte del altar que tenía espacio como para bailar con un grupo más pequeño. En total, sumándole a todo ello, el pasillo que había entre los bancos, no spudimos arreglar en cuanto a la disposición de todos los alumnos. 

La obra, como he dicho, se titulaba ‘Parade’, quiere decir pasacalle, y es por ello por lo que en un momento las chicas hacen una especie de pasacalle con unos movimientos en fila, pasando entre el público: ha sido una obra muy artística, muy bonita, muy personal y preciosa. Y lo han bailado precioso, han defendido la obra como si fuera realmente suya, y estaban orgullosísimos. Lo han hecho con una entereza y grandeza que incluso a nosotros mismos nos han embelesado, aunque estamos súper acostumbrados a hacer estos proyectos, cada vez nos enamoran más los participantes.

Porque es nuestro trabajo, pero si se lo damos y ellos van haciendo lo suyo, al final brillan en el escenario, y por eso ha sido tan emocionante. Esto fue el viernes 15 de noviembre, y seguimos disfrutando con esto. Este tipo de proyectos los hacemos continuamente, la semana que viene nos vamos a Sardanyola (Barcelona) a hacer otro proyecto con otra obra, llamada ‘Voyage’, en otra escuela formada por noventa chavales de 3º de la ESO. 

Los alumnos del Colegio Juan Comenius en plena coreografía. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Antes de venir a Valencia estuvimos en Galway, donde conocimos a Estíbaliz y, al final, fueron como treinta y tantos niños de diferentes edades, entre doce y dieciocho años, los que interpretaron la obra ‘Home sweet home’.

Con todo ello, en suma, nosotros vamos viajando de Alemania, a España, a Galway, estuvimos en Irlanda, vamos a ir a China, a Bruselas el año que viene, hemos estado en Palestina, en Corea, en Nigeria… Esta es nuestra vida: ir de lugar en lugar haciendo proyectos, disfrutando muchísimo y haciendo disfrutar a los demás, que es una maravilla.

¿Qué sientes al bailar?  

No sé. A ver, yo bailo muchas veces en muchas situaciones diferentes. No es lo mismo bailar cuando estás ensayando o enseñando una coreografía, que bailar libremente; yo bailo en cualquier momento, es algo muy natural e innato. 

La danza es algo muy natural y agradable, además de bonita. Cuando estoy en el escenario es más que eso, porque la sensación que siento mientras lo estoy haciendo me viene muy de dentro, es como si en mi interior creciera algo enorme, como si se hincharan todas las células, y como si al expulsarlo al exterior saliese el movimiento y la energía. Yo siento al público, a veces lo veo y otras no, según la iluminación, pero yo siempre sé que está ahí. Yo cuando hago danza crezco, me hago grande, y desde esa grandeza me empiezo a mover y sale toda esa energía preciosa como una cascada muy bonita que llega hasta el público y que sirve como regalo para ellos.

Además, como ellos se colocan en ese punto tan sensible, tan bonito, tan mágico de revivir eso que tú estás dando, esa relación que se tiene con el público es como si fuera una pared, donde tú tiraras la pelota y te devolvieran. Cuando ellos sienten lo que tú estás dando, automáticamente se ponen en ese punto, un punto muy del corazón, con mucha alegría profunda y bonita que da como resultado algo precioso e imposible de describir.

¿Hay algo que te haga sentir algo parecido a lo que experimentas cuando haces danza?

Lo que me hace sentir lo mismo es que desde muy jovencita aprendí a meditar, a estar conmigo misma, son esos momentos de intimidad y de alegría por dentro, profundos, los que me hacen sentir algo tan cercano a la danza. Cuando medito, estoy quieta y cuando bailo, me muevo. Quizás no es lo mismo, pero sí que viene de la misma fuente. 

Y no, no es la música, no es la música la que me hace bailar, no es el movimiento el que me hace bailar, sino lo que sale de dentro. Puede que haya un impulso ahí fuera, una propuesta, algo que oyes, pero normalmente es algo que sale de ti y que, luego al añadir la música que es maravillosa, se agranda aún más. A mí me gusta que sea el sentimiento profundo, no me gusta que sea la música la que me influya a hacer algo, a bailar una coreografía, sino que sea una idea, una sensación, algo que vaya definiendo.

Niños del colegio Juan Comenius saludando tras la representación en el Monasterio de Sant Miquel del Reis. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Como digo, cuando se añade música se hace cada vez más grande, pero si no hay música para mí la danza es igual de preciosa, me encanta también bailar sin música.

Entonces sí, un maestro me enseñó a meditar y a sentirme bien conmigo misma, la misma sensación que tengo al bailar. Tanto cuando medito como cuando hago danza, lo siento y lo quiero regalar a los demás. Es la vida quieta y en movimiento, dejándola fluir, disfrutándola y agradeciéndola con toda mi alma en ambas situaciones.

¿Cuál es la situación de la danza hoy en día? Ya que, aunque sea un gran arte, es la disciplina menos valorada, generalmente.

Esta pregunta me cuesta mucho responderla, porque estamos tan metidos en lo que hacemos y he trabajado tanto con la danza, que siempre me cuesta hablar de ella, en general.

Pienso que vivir de la danza es realmente complicado para los bailarines, aunque hayamos estudiado muchísimos años y nos hayamos formado mucho, e incluso a pesar de que la gente empieza a bailar desde pequeña y después invierte muchas horas, mucha energía, mucho dinero, mucho de todo en hacerse profesional. 

En España las posibilidades de vivir de la danza profesionalmente como he vivido yo en Alemania, creo que son casi inexistentes, o el porcentaje es muy bajo. La gente cuando quiere vivir de la danza quiere hacer otros trabajos o, al menos, dar clases de baile para poder conseguir un buen sueldo al mes. Sin embargo, lo que es vivir de la danza, bailar estando en una compañía, con actuaciones, eventos, y luego un proyecto, una producción, como hemos hecho nosotros en Alemania, es súper difícil que suceda. 

No obstante, al mismo tiempo pienso que la danza en sí es una disciplina de verdad, una herramienta muy impresionante a nivel social, a nivel humano, con grandes posibilidades, porque con cualquier idea y mezcla de artes se puede utilizar. Nosotros por ejemplo en Alemania lo hemos vivido con un placer inmenso; el poder crear obras con todos los elementos que te puedas imaginar que tengas ganas de experimentar y poner juntos me parece que es un arte riquísimo aparte de ser una herramienta social, una pasada. 

Los proyectos que estamos haciendo ahora son tan bienvenidos en tantos aspectos, en tantos ámbitos sociales… Acabamos de venir de la cárcel de Barcelona, donde hemos estado trabajando con los presos de allí y ha sido una auténtica pasada, no solamente por lo bonito que ha sido el proyecto, sino por la aceptación, la apreciación, el cómo lo han sentido y vivido ellos, y todos los demás. Todos juntos, en verdad. Nosotros hicimos este proyecto con cuarenta o cincuenta presos, pero es que los cuatrocientos cincuenta presos restantes que estaban mirando, acogieron la actuación con una franqueza y con una veracidad gigante. En este caso era danza teatro y ellos no están acostumbrados a verlo, pero desde el primer momento no se movían un pelo, se quedaban embelesados, había una concentración increíble, una sensación de sincronización con lo que estaba pasando en el escenario, realmente inconcebible.

Tres de las alumnas del Colegio Juan Comenius durante la representación de danza-teatro ‘Parade’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Era una sensación tan potente y fuerte que pienso que la danza tiene muchísimas posibilidades, lo que pasa es que no está casi apoyada, no sé por qué, quizás porque los bailarines no sabemos comunicarlo tan bien como otras artes o porque no hemos luchado tanto. ¿Puede ser porque en la historia ha sido un arte más y hemos sido simplemente instrumentos de la élite? No lo sé. No sé por qué no está más en la sociedad, por qué no está tan aceptada o apoyada institucionalmente, pero al mismo tiempo también justo por este motivo de que no está tan apoyada, el alma de la danza es muy fuerte, es muy salvaje. Los que todavía queremos vivir del baile y llevarla a muchos lugares lo hacemos muy visceralmente, nos faltan medios, pero no nos falta pasión. 

Y sí, hay muchas disciplinas, hay muchas cosas que por institucionalizarlas a veces pierden esta fuerza que tiene la pasión cuando eres tú quien las mueve. Me parece que la danza tendría que estar muchísimo más apoyada porque de verdad es muy potente, pero con cuidado de no cortarnos las alas; porque la danza es un arte que de verdad necesita volar, no puede estar anclada a unas cadenas, tiene que ser libre. Eso sí, al mismo tiempo apoyada para que tengamos fuerza y no nos caigamos en medio.

¿Cómo definirías la danza en cinco palabras?

Pasión, desnudez, entrega, sensibilidad y magia.

Dentro de las cinco palabras que he elegido, he dicho desnudez, pero porque a mí me parece que nosotros al bailar estamos desnudos. Nada nos protege, no hay un instrumento, no hay algo, somos nosotros mismos tan a pelo que por eso la vergüenza es algo que nos impide sentirnos cómodos, porque realmente la gente te mira como si fuera un acuario, una pecera como si lis demás mirásemos desde fuera al piececito desde fuera, el pececillo solo puede nadar, no puede pensar lo que están pensando todos los que te están mirando, y te sientes como un pececito muy desnudito muy poquita cosa pero al mismo tiempo muy grande porque así somos los eres humanos, por fuera quizás pequeñitos pero por dentro muy grandes.

Para muchos niños y niñas, además de jóvenes, cuando colaboran en los proyectos anteriormente comentados, es la primera vez que toman contacto con la danza moderna y la danza teatro, e incluso con la música y el arte contemporáneo. El resultado es un enfoque diferente hacia el arte y la cultura.

Varios niños del Colegio Juan Comenius en un altar del Monasterio de Sant Miquel del Reis – Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Con la experiencia sensorial de la expresión artística a través de la danza, los jóvenes ven cómo se les abre una nueva dimensión que fortalece su potencial como individuos, estimula su auto-confianza y les ayuda a la comunicación entre ellos. Amaya y Wilfried creen firmemente en el hecho de que la danza comunitaria puede afectar en la vida de los individuos y de las comunidades de una forma muy positiva.

¿Qué pregunta me haría a mí misma?

Esto siempre lo comento porque me impresiona mucho y al mismo tiempo me parece súper importante. Y es que cuando hacemos los proyectos, la implicación que necesitan los participantes cuando se está bailando es total, han de estar tan completamente concentrados en el presente, en lo que está sucediendo, y no con la cabeza en otras mil cosas, que se les exige mucho a los participantes, una intensidad de la que no están acostumbrados. Por lo tanto, lo que más les suele molestar al principio y lo que más miedo les da en realidad es tener vergüenza, que piensan que van a hacer el ridículo, que no les va a salir, se comparan unos con otros… Esas cosas, todos esos miedos capaces de eliminar.

Por este motivo, desde el principio Wilfried les dice que hay que poner la vergüenza en la basura, y se quedan solo con eso, con que la vergüenza se va a la basura. Y este es el primer reto. Este es el primer gran paso que tienen que dar, pero luego ya cuando van sintiéndose más contentos y seguros, el segundo día o incluso el primer día a mediodía, ya están mucho más a gusto.

No obstante, lo que más impide a los niños, sobre todo en las escuelas, es llevar adelante el proyecto. En realidad en cualquier ámbito de la vida, en cualquier cosa que hagan, siempre el problema al que se enfrentan es la falta de concentración, el ponerse en lo que están haciendo, y no estar distrayéndose con seiscientas otras cosas; esos jueguecitos, hacer lo mínimo para que nadie se dé cuenta… “Yo simplemente paso el día así, lo más liviano posible’’, “yo estaba ahí porque tenía que estar, pero bueno hago el mínimo y así no me canso tanto”. 

Los alumnos del Colegio Juan Comenius posando, felices, al final de la actuación. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Este tipo de actitud que es lo que llevan normalmente en la clase, que es sobrellevar el día a día larguísimo, el hecho de que la escuela sea interminable y las asignaturas vayan una detrás de otra, un examen después de otro, es un estado de supervivencia. Esto para un espectáculo que tenemos que montar en cinco días con tantísimas personas no puede ser, necesitan concentrarse, implicarse al cien por cien, estar en lo que están, no sirve ese “me quito y los demás hacen el resto’’. Como dije en una de las preguntas anteriores que me hiciste, por un lado, creo personalmente que el movimiento es lo que tienes dentro de ti, eres tú quien mueves a tu cuerpo, no es que tu cuerpo dirige y tú vas detrás, sino que eres tú el que te implicas, el que mueves.

Por tanto, es obvio que a nivel físico es súper importante en la danza, porque mover el cuerpo es la única herramienta que tenemos, y no solo para bailar, sino para toda la vida, y no la usamos, no lo trabajamos, al final acabamos muy mermados de posibilidades, lo que hace que luego tengamos dolor, tengamos problemas… Eso a nivel físico y emocional, el movimiento es súper importante.

Si estás contigo mismo, las emociones van saliendo con ese movimiento, te vas liberando de congojas, de esas cosas que te pasan.  Eso sí, moverse por moverse tampoco es danza, si te mueves “por hacer algo’’ tampoco sirve, así que la danza hay que hacerla junto a las emociones, hay que poner esa emoción y sentimiento, esa sensación de llegar hasta el final, de sentir nuestro cuerpo y luego el espacio, a la hora de danzar.

No tienen ni idea, “¿para delante?’’ “¿para detrás?” “¿tengo sitio o no tengo sitio?’’ “Si me pongo en línea, luego no podré moverme’’, “bueno pues coge más espacio, ponte más delante, más detrás…’’ Toda la cuestión espacial que es imprescindible para la vida tampoco se trabaja en la escuela, entonces para ellos tantas personas compartiendo un espacio donde encima tienen que moverse, donde no están simplemente sentados en una silla, es muy complicado y muy difícil de vivirlo, la musicalidad ¡imagínate! Los movimientos no son 1,2,3,4, no tienen el mismo acento.

Varias alumnas interpretando la danza-teatro ‘Parade’ en el Monasterio de Sant Miquel del Reis. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Nosotros al menos les ponemos retos muy grandes, la música que ponemos no es la que ellos escuchan normalmente, cuando nos piden esas músicas les decimos que las escuchan todo el rato, les decimos que las sigan escuchando en su casa si quieren, pero que nosotros venimos con un proyecto de fuera, un proyecto profesional, con una música específica para el mismo.

En este tipo de proyectos hay una profesionalidad, se utilizan muchos más elementos, hay mucha más variedad, entonces claro, la música que les ponemos no es “pum, pum, pum’’, tienen que aprender a oírla, a escucharla, a coger los acentos, a saber cuándo sube y baja, cuándo esperan…. Es enorme lo que tienen que aprender y para mí, en mi opinión, lo que más les ayuda y nos afecta en la sociedad es que es un proyecto, se trata de montar una coreografía, somos un montón de personas juntas, pero no es competitivo, no vamos a competir contra nadie, ni vamos a competir contra otro grupo, se acabó. 

No va a haber gente que brilla y otros que no, ni unos que ganen y otros que pierden, no, no y no. Lo nuestro es muy de unirnos para, juntos, conseguir un objetivo común, que es lo que necesitamos para el mundo, la vida, la sociedad, para que el día a día funcione, que todos encontremos el gran puzzle de la vida, donde cada uno va encontrando su sitio, se va moviendo en algún momento, va cogiendo diferentes responsabilidades.

Familiares, amigos y profesores de los alumnos del Colegio Juan Comenius que no quisieron perderse la gran actuación. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Cada persona es igual de importante, si en algún momento estás abajo o estás en el medio o estás arriba, si en un puzzle estás en una esquina o estás en el medio o estás en cualquier sitio, eres importante estés donde estés. Si cada uno está en su sitio, todos juntos conseguimos que la imagen sea preciosa y maravillosa, y que cada uno se sienta bien.

Pues con el movimiento ocurre lo mismo: también se puede ejercitar con las clases de gimnasia, pero en estas clases y en el deporte en general, hay mucha competencia y mucha competitividad, al igual que en la escuela, donde, por desgracia, también te enseñan a que hay que ser el mejor, a ser demasiado exigente contigo mismo.

Cartel de la representación realizada por los alumnos. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

El hecho de saber el máximo de ti mismo es importantísimo, pero no hace falta que porque yo esté arriba, los otros tengan que estar abajo, sino que cada uno coge su sitio, si alguien tiene que liderar, lo lideras, pero no tienes que ser más importante que los demás. En ese momento tienes esa responsabilidad, es por ello por lo que esto me parece una riqueza impresionante, el hecho de que podamos traer proyectos de danza que se conviertan en mucho más que eso, en algo que se hace conjuntamente. Supongo que con las orquestas y con los coros pasará lo mismo, pero yo lo hablo desde mi persona, desde nuestro trabajo con la danza. 

Para muchos niños y niñas, además de jóvenes, esta será la primera vez que tomen contacto con la danza moderna y la danza teatro e incluso con la música contemporánea y el arte contemporáneo. El resultado es un enfoque diferente hacia el arte y la cultura. Con la experiencia sensorial de la expresión artística a través de la danza, los jóvenes ven como se les abre una nueva dimensión que fortalece su potencial como individuos, estimula su auto-confianza Y les ayuda a la comunicación entre ellos.Creemos que la danza comunitaria puede afectar en la vida de los individuos y de las comunidades de una forma muy positiva.

Irene Valdés