“Las redes producen una polarización exagerada”

València Thinks Global. Imaginem el futur (25 de junio)
La Nau de la Universitat de València
Encuentro online con Daniel Innerarity y Margarita Soler
Moderador: Antonio Ariño
Viernes 3 de julio de 2020

“No me esperaba que fuera a ocurrir esto y con estas dimensiones”, empezó diciendo el filósofo Daniel Innerarity. “Esos primeros días de marzo yo creo que vivíamos más pendientes de la crisis catalana, de la conformación del nuevo gobierno en España, de la precampaña en algunas comunidades autónomas y, en el ámbito más local, de las Fallas y de la asistencia de muchos aficionados al Valencia al super partido que se celebraba en Milán también por esas fechas”, apuntó Margarita Soler, presidenta del Consell Jurídic Consultiu de la Comunitat Valenciana. Lo subrayaron a modo de preámbulo de lo que después fueron desgranando en torno a la pandemocracia y el coronavirus, tema que los reunió virtualmente en una nueva edición de ‘València Thinks Global. Imaginem el futur’, organizado por la Nau de la Universitat de València.

Como a Innerarity y a Soler, a muchos ciudadanos nos ha sucedido lo mismo: que entonces no adivinábamos lo que se nos venía encima y ahora, pasado un cierto tiempo, todavía buscamos explicaciones que nos ayuden a comprender tamaño confinamiento provocado por el coronavirus. Innerarity y Soler, moderados por Antonio Ariño, vicerrector de Cultura, una vez descrita esa primera fase de estupor, fueron avanzando algunas interpretaciones. “Cuando empieza la pandemia, algún amigo me mandó una foto con una página de mi último libro, donde por lo visto digo que hay que tener en cuenta las futuras pandemias o las crisis financieras, y alguien me decía, tú ya lo sabías, y evidentemente no”, zanjó el autor de ‘Pandemocracia: una filosofía de la crisis del coronavirus’ (Galaxia Gutenberg), libro en torno al cual se articuló el encuentro.

Daniel Innerarity en un momento de su intervención.

“Lo que podía saber”, continuó, “es que nuestros sistemas políticos estaban muy mal preparados para la gestión de las crisis, fueran las que fueran. Segundo, que aunque esa crisis fuera, en buena medida, muy conocida, el contexto en el que se produce, de gran interacción, es realmente nuevo. De manera que sabía que iba a ocurrir algo que era imposible de predecir, pero nada más”.

“El comienzo de la pandemia viene de una parte del mundo donde la información no circula y entonces, probablemente, eso hizo que no lo valoráramos. Y hay otro factor que contribuyó a esta desvaloración y es el hecho de que vivimos un momento de la historia de la humanidad en el que nos creíamos menos vulnerables que nunca”, terció Soler. Y añadió: “Creíamos que la ciencia lo tenía casi todo controlado, al igual que las enfermedades, junto a una longevidad inaudita para la historia de la humanidad, y nos preocupaban más problemas como los robots humanizados. Nadie podía pensar que ante este virus, que conlleva una enfermedad tan letal y tan grave, la única solución que nos iban a dar era ponernos un trapito en la cara, lavarnos las manos y poner distancia”.

Margarita Soler en un momento de su intervención.

Para Innerarity, “el populismo desprecia la ciencia y hay al menos una parte del populismo que es terraplanista, muy despectivo del saber experto y que desprecia mucho el conocimiento; un populismo muy cateto”. Y una de las primeras cosas que esta crisis ha puesto en valor, según el filósofo, “es la importancia de la investigación, de la ciencia, del saber experto, en la toma de decisiones y la gestión de la crisis”. “A veces a la ciencia le pedimos más de lo que puede dar, porque la ciencia no consigue siempre satisfacer las expectativas que tenemos, y deberíamos prevenirnos frente a una futura decepción, que no tiene que ver con que haya o no vacuna, como con que la ciencia no es una disciplina humana que permita resultados en cuanto los demandamos”, apostilló.

Soler, Ariño e Innerarity en un momento del encuentro online.

Uno de los aprendizajes de la pandemia, según Soler, “es el valor de lo público”, al que aludió poniéndolo en relación con la escuela, siguiendo la estela del propio Innerarity. “Dejar a los niños en casa es lo más desigual que existe, porque existen muchas clases de casas y de familias y, por tanto, la socialización que supone la escuela es importante como elemento igualador. El espacio público se ha contraído más que nunca a lo privado. Hemos tratado de reproducir la vida social en casa. Esa frontera entre el espacio público y el privado se diluye. Y es una complejidad de nuestra democracia, por utilizar un término tuyo, para la cual nuestros modelos de democracias liberales no estaban preparados”, destacó la presidenta del Consell Jurídic.

“Era relativamente previsible que un terremoto de las características que estamos padeciendo dejara visibles nuestras vergüenzas, nuestras incoherencias, nuestras desigualdades, también alguna fortaleza porque no partimos de cero. Pero es evidente que las desigualdades que había se acrecientan, la subordinación de la mujer aumenta, y todo eso se agudiza”, explicó el autor de ‘La política en tiempos de indignación’. “Hace poco alguien llamaba la atención sobre el hecho de que la contaminación es lo único que va bien, porque cada vez hay menos, pero, claro, la solución no es parar el mundo, que lo hemos detenido de una manera brutal. Hemos metido el freno de mano con el coche a toda velocidad y, lógicamente, estamos dando vueltas”, agregó.

Maniquíes sin rostro en la calle. Foto: Makma

Margarita Soler se refirió también a la idea de Europa, “que sigue siendo válida y, aunque a suene a tópico, probablemente más necesaria que nunca”. Para luego precisar: “También es cierto que la Unión Europea carece de mecanismos de gestión eficaces. Requiere una estructura más federal. Un eurodiputado, en uno de esos discursos durante la pandemia que circulan luego por las redes, dijo que lo que tarda China en construir un hospital, nosotros tardamos no en celebrar una reunión, sino en convocarla. Europa está más pensada para consensuar cosas, que para decidir”.

Innerarity dijo que él siempre había concebido Europa “como un experimento, un laboratorio, en el que intentar la coherencia de algo que es muy difícil que sea coherente”. En su opinión, veníamos de mundos estatalmente organizados “y eso salta por los aires, de manera que nos encontramos en un mundo de fragmentos, de dispersión, de mala regulación, de corrientes informativas que no respetan las fronteras, pandemias a las que les da igual el derecho constitucional, y ese es el mundo que tenemos”. Dicho lo cual, se aventuró  a ofrecer una imagen positiva de esa Europa objeto de controversia: “En ese mundo surge una pequeña isla, un experimento ingenuo, voluntarista, torpe, lento, con retrocesos, avances y mezquindades de todo tipo que es la Unión Europea. Y a mí es un espacio en el que me gustaría vivir, no solo como ciudadano, sino también como filósofo que reflexiona sobre esto. Europa es el único lugar donde hoy en día se puede proceder exitosamente a una reconciliación de lo político, lo económico y lo social”.

Dibujo de un rostro en la fachada de un edificio. Foto: Makma

“En este sentido, seguramente a Europa le siente bien la pandemia, porque el virus no entiende de fronteras y ha afectado a todos los países”, aseguró Soler. “En este país hay una memoria que funciona tácitamente, en virtud de la cual se piensa que los grandes cambios políticos se deben a catástrofes naturales, atentados terroristas o crisis económicas y, por tanto, esto podía suponer lo mismo. Y en un primer momento de la crisis los actores políticos han jugado a esto”, hecho éste que Innerarity vinculó con un segundo momento: “Tiene que ver con otro factor que es el de la aceleración de los tiempos políticos. Así como a Mariano Rajoy se le permitieron dos fracasos, por así decirlo, ahora pienso que la mayoría de los líderes políticos que hay no soportarían una segunda derrota y eso hace que ellos mismos se comporten con una gran ansiedad”.

Un gato asomado a la ventada de un edificio. Foto: Makma

Ansiedad ligada igualmente a Internet: “Las redes sociales producen una polarización muy exagerada y esto coincide con otra característica y es el elemento fuertemente competitivo de nuestras democracias, frente a la escasa atención que prestamos al elemento cooperativo. Estamos en campaña electoral permanente, que se caracteriza por un momento de máximo antagonismo. Esto funcionalmente es muy correcto, porque en ese momento se trata de destacar sobre el otro, pero si eso se extiende como una mancha, produce una disfuncionalidad enorme”, resaltó el filósofo.

¿Que cómo saldremos de esta crisis provocada por la pandemia? Innerarity, lejos de rehuir la respuesta, esbozó otro escenario próximo que pasa desapercibido. “De la crisis saldremos menos, porque algunos se van a quedar por el camino, y con más tópicos. El problema es que estamos prestando mucha atención a esta pandemia, porque es muy evidente y sus daños muy inmediatos, mientras que la crisis climática, que parece más alejada en el tiempo y en el espacio, y parece que no nos afecta, pues nos olvidamos de ella. Estamos muy atentos a aquello que es ruidoso, evidente, inmediato y llamativo, y no tenemos detectores para lo latente, silencioso y callado”. Y concluyó: “La gran renovación de la democracia es hacer que el futuro tenga mayor peso en el presente”.

Margarita Soler y Daniel Innerarity. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres

Charpa, siempre a contracorriente, nos deja

Mercè Moreno, Charpa
Junio de 2020
Obituario

La conocí cuando decidió reabrir la Galería Charpa, después de mucho trotar por el mundo. Fue en marzo de hace seis años, cuando en un reportaje periodístico trataba de recoger su venida a Valencia, al tiempo que Kessler Bataglia cerraba su sala. Una sonada defunción junto a otro exclamativo renacimiento. La conocí y enseguida hicimos buenas migas, porque mientras ella largaba, sin pelos en la lengua, yo tomaba buena nota de su insolente manera de llamar a las cosas por su nombre. Venía, como los antiguos aventureros, trayendo consigo el aire fresco de los lugares distantes, el aire que despeja la turbia atmósfera local impidiendo, muchas veces, ver al rey desnudo.

Ella seguía a lo suyo, dispuesta, en lo que llamaba su “capilla” artística que reabría en Tapinería, a mostrar en Valencia nuevos artistas venidos de lejos, en este caso de China, hoy tan de moda. Apasionada, lenguaraz, entusiasta del arte hasta límites indecibles, se fue volcando con cada exposición, como se vuelcan los niños con un juguete al que dotan de inconmensurables poderes anímicos. No entendía la vida consumida a sorbos, sino a tragos largos, al igual que se encendía cada vez que las palabras, como los relojes de Dalí, se ablandaban por la rutina. Siempre a contracorriente, una enfermedad tan tenaz como ella se la ha llevado, dejando su “capilla” con un silencio insondable. Para que su voz siga resonando, valgan estas palabras del día en que rememoró su vuelta a Valencia.

Charpa observando una de las obras de su galería. Imagen extraída de su Facebook.

18 de marzo de 2014

Todo el mundo la conoce por Charpa. Su verdadero nombre, Mercedes Moreno, sólo sale a relucir “cuando me viene algún recibo del banco”. Fundó su Galería Charpa, a modo de estudio, en Gandía hace ya 35 años. “En 1983 me vine a Valencia”. Primero a la calle Sorní y luego a Tapinería, donde todavía permanece contra viento y marea. El pasado año, en plan frenazo de película muda, decidió cerrar y recorrer medio mundo: Pekín, Londres, Nueva York. De manera que el hastío que le produce Valencia (“da muy poco de sí”), no ha podido con su pasión por el arte, ahora reverdecido tras su largo periplo viajero. “He conocido a una serie de magníficos artistas chinos y americanos”, a los que piensa exponer en Charpa, arrancando así nueva etapa.

De momento, ahí está la dedicada a Bingyi, de la que habla maravillas, no sólo ella, sino Vicente Todolí que acudió a verla. A Charpa, curtida en mil batallas, le sigue sorprendiendo el “escaso interés” por el arte que existe en Valencia. Y aunque tiene claro que una galería debe vender obras, también subraya que, por encima de todo, “es una forma de entender la vida”. Por eso habla de su galería como si fuera una “capilla”, que le sirve de fortaleza interior frente al adverso ambiente exterior. “Se han cargado el IVAM, que en su día dinamizó la ciudad. Y no lo digo porque esté Consuelo Ciscar, que esto viene de antes, sino por esa utilización del museo para fines personales, y con exposiciones mediocres y sin interés”.

Las galerías de arte, “ahora mismo”, dice que “tienen poco sentido”, frente al avance estrangulador de los museos. También apunta que en pleno auge económico no es que hubiera más coleccionistas, sino que había “compradores” salidos de la construcción. “Ahora ni eso”. Tampoco le seduce ARCO: “No me interesa cómo está montado, con mucha morralla que se hace pasar por bueno; prefiero los Documenta o las bienales”. Eso, y seguir apostando por los artistas que de verdad le conmueven. Allí, en su “capilla” de la galería Charpa, donde las campanas han vuelto a sonar con ritmo asiático.

Charpa en una imagen extraída de su Facebook.

Salva Torres

El silencio y la radiación de las antenas móviles

Rodrígo de Pertegás, 14 (Valencia)
Estación Base de telefonía Móvil
La Cruz del Grao rompe el silencio
Valencia, 24 de junio de 2020
Día internacional de la contaminación electromagnética

¿Cumplen las antenas base de telefonía móvil la normativa?

A pie de calle para poder realizar un sondeo de lo que representa el respeto a la distancia mínima recomendada y la repercusión de la contaminación electromagnética en la salud (no sobre covid19), hurgamos en un estudio epidemiológico realizado en Alemania en 2004 (denominado estudio Naila) que recomienda una distancia de al menos 400 metros entre una antena base de telefonía móvil y la vivienda más próxima.

Así, de entre las referencias que se podrían encontrar en urbes modernas y como caso de estudio y ejemplo de lo que no se debería permitir por parte de las autoridades, indagamos en el caso de la Estación Base ubicada en la azotea del edificio nº 14 de la calle Rodrigo de Pertegás de Valencia, en cuyo radio de menos de 200 metros se encuentra un Centro de Salud y una Piscina Pública, aunque se percibe todavía como más grave la escasa distancia de viviendas (menos de 30 metros) del citado monstruo de Telefonía Móvil.

Portal del Edificio número 14 en la Calle Rodrigo de Pertegás. Foto: MAKMA

En las inmediaciones, ninguno de los vecinos entrevistados y residentes en este radio de contaminación, ha recibido nunca jamás un técnico experto en representación de las compañías propietarias, ni de las administraciones locales, autonómicas o del estado que haga mediciones para controlar las radiaciones. Las compañías titulares, según el Mapa de Estaciones Base de Telefonía Móvil del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital (Gobierno de España) en su Geoportal, son: Telefónica Móviles, Orange Móvil, Vodafone Antenas, y Xfera Móviles, S.A. Es decir, ni más ni menos que cuatro torres de antena de cuatro operadoras diferentes en un mismo edificio de viviendas.

Geoportal. Recorte tomado del mapa de Estaciones Base de Telefonía Móvil del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital (Gobierno de España) en el que aparecen las empresas responsables de la Estación Base de telefonía móvil de la Calle Rodrigo de Pertegás de Valencia.

Ninguno de los vecinos entrevistados por MAKMA a fecha de 24 de junio de 2020, Día internacional contra la contaminación electromagnética ha recibido llamadas, atención ni visitas de control por técnico ninguno: «se ve a técnicos en la azotea al parecer midiendo la cobertura y revisando las instalaciones, pero jamás  han venido a casa a medir la radiación de ningún domicilio del vecindario», afirma Pilar Sedano, una de las vecinas que lleva 10 años viviendo allí, y en cuyo edificio situado enfrente, después de este tiempo, prácticamente la mitad de las viviendas están deshabitadas.

El dormitorio habitual del «Sintecho» de la imagen se encuentra justo enfrente del número 14 de la Calle Rodrigo de Pertegás de Valencia. Foto: Makma

Sedano, adquirió la vivienda sobre plano, y durante la construcción del edificio que concluyó en 2007: «no me permitieron subir a ver el piso», afirma. Cuando le entregaron las llaves, vio las torres de telefonía y no le hizo ninguna gracia, pero ya había realizado la compra y tras la espera, lo que quería era tomar posesión de la vivienda, así que se resignó. Eran los años en los que la burbuja inmobiliaria tocaba techo y había que darse prisa pues los precios subían de un día para otro.

Vista del edificio con las estaciones base de telefonía móvil en la azotea. Foto: Makma

En los citados domicilios cercanos, el tiempo de reclusión por la pandemia ha hecho sufrir doblemente las radiaciones a los vecinos: son datos de dominio público que el uso de teléfonos móviles durante este tiempo se ha multiplicado, al igual que se disparan los síntomas de insomnio, taquicardias y ansiedad que provocan las radiaciones, y que es ya reconocido por la OMS que la radiación de telefonía móvil puede incidir en la aparición de cáncer. Los vecinos, entre los que hay mucha gente mayor no lo comprenden muy bien, comentan los residentes de menor edad más sensibilizados con el problema.

Como suele ocurrir, los más afectados son los más indefensos. El barrio La Creu del Grao de Valencia (en España), es un barrio humilde y la colocación de la Estación Base está próxima a otro barrio de clase social más desahogada, el de la Av. de Francia y Centros Comerciales, a los cuales, seguramente les llegará cobertura en sus líneas gracias al primero.

Y visto lo visto, es más que fundada la sospecha del incumplimiento de los parámetros que la Conferencia Internacional sobre la ubicación de antenas para móviles que bajo el lema Ciencia Aplicada y Salud Pública, se celebró en Salzburgo en junio del año 2000, y en la que se hace constar que los derechos para la instalación y operación de antenas de telefonía deberían estar sujetos a un procedimiento de licencia cuyo protocolo debería incluir los siguientes aspectos:

·        Información previa e involucración activa de la ciudadanía local.

·        Inspección de ubicaciones alternativas.

·        Protección de la salud y el bienestar.

·        Consideraciones para la conservación del paisaje rural y urbano.

·        Computación y medidas de exposición.

·        Inspección y monitorización (seguimiento) tras la instalación.

Aquella cumbre, también recomendaba la creación de una base de datos nacional a nivel gubernamental que suministre detalles de todas las estaciones base y sus emisiones,  y que las nuevas antenas fueran planificadas para garantizar que la exposición sea lo más baja posible en los lugares donde la gente permanece más tiempo, dentro de unas pautas estrictas de salud pública.

El caso es que las referencias de radiación que aparecen en la citada web del Ministerio muestran unos valores de medición que parecen “fruto del interés de las propias compañías”, asegura Juan Pérez, otro de los vecinos. Que añade “No hay más que ver que los  índices de radiación de las 4 antenas no aparecen siquiera sumadas, aparecen de manera individual, y “ni se han preocupado en trenzar los cables, que parece que reducen la radiación electromagnética”, añade.

Ante la presión de las grandes compañías de telefonía móvil por la instalación de antenas de tecnología 5G, ya prohibidas en países como Suiza, el temor y la incertidumbre crecen en la comunidad de vecinos de La Creu del Grau.

Vicente Chambó

“La epidemia pone la muerte en el centro de la vida social”

‘Muerte en la polis: democracia y epidemia’, por Manuel Arias Maldonado (9 de junio)
Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno
Martes 23 de junio de 2020

El profesor de Ciencia Política, Manuel Arias Maldonado, ha caracterizado la conversación pública sobre la pandemia, desde que se produjera el estado de alarma decretado por el Gobierno español el 14 de marzo, en torno a tres ejes: la profusión, el histerismo y la grandilocuencia. Profusión de noticias, derivadas del incremento de medios para difundirlas, con especial protagonismo de los tradicionales y de las redes sociales; histerismo de las mismas, causado por la espectacular propagación del virus en gran parte motivado por la mala gestión de quienes relativizaron su impacto, y la grandilocuencia con la que algunos entendieron su letal presencia como motor de posibles cambios revolucionarios a nivel social.

Lo hizo en un encuentro online organizado por la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, donde abordó precisamente la relación entre democracia y pandemia, en el contexto más general y filosófico de la ‘Muerte en la polis’. Empezó citando al sociólogo Norbert Elias allí donde éste decía que, en el curso del proceso de civilización, la muerte había ido cada vez en mayor medida desapareciendo detrás de las bambalinas de la vida social. “Lo que hace una epidemia es situar la muerte en el centro de esa vida social. Digamos que, aunque los cadáveres se escondan por cierto pudor democrático, se siente que la situación es diferente cuando sabemos que cientos de compatriotas mueren a diario y lo hacen también en otros países, siendo un tiempo sin duda especial”, precisó Arias Maldonado.

Pancarta en un balcón de Valencia, durante los días de pandemia.

Las sociedades contemporáneas, continuó diciendo, se han visto sometidas a una presión inhabitual como efecto de la pandemia global. “Su impacto sobre la salud pública, sobre los derechos constitucionales y sobre la actividad económica de las sociedades democráticas ha sido fuente natural de inquietud pública y privada. Y esto se ha visto agravado por la incertidumbre que se asocia de modo natural a un virus nuevo. Estamos inmersos en un experimento a gran escala en el que todos somos cobayas y el científico principal se ha ido del laboratorio”.

El autor de ‘La democracia sentimental: política y emociones en el siglo XXI’ se refirió enseguida a la caracterización de esa conversación pública sobre la pandemia, detallando el primer lugar  su profusión, “que en nuestra época abunda por sus posibilidades comunicativas”. “La desinformación más peligrosa sigue estando en manos todavía de los gobiernos y de los medios de comunicación tradicionales que son los que ejercen mayor influencia sobre el público. En este sentido, los gobiernos que relativizaron la amenaza inicialmente, sea por incompetencia o negligencia, han sido factores de propagación del virus mayor que el más influyente de los youtubers”.

Manuel Arias Maldonado, en un momento de su intervención.

Un segundo rasgo de la conversación pública sobre la pandemia ha sido, en su opinión, el histerismo. “Con los números en la mano, se trata de una pandemia de una gravedad relativa. Su letalidad puede estar en torno a dos o tres veces como mucho con respecto a la gripe común y es más dañina allí donde se ha gestionado peor. No obstante, tiene su lógica que la preocupación inicial fuera muy considerable. Pero digamos que la esfera pública en el tratamiento de la pandemia ha fracasado en buena medida”.

Y abundó en ello: “ Si ha habido un debate experto, un debate racional, parece que se ha producido en los márgenes de esa esfera pública, porque en un asunto de vida o muerte, como es una pandemia, el sesgo de confirmación ha ido conduciendo las reacciones más inmediatas de un público que, por momentos, parecía más interesado en la buena salud de su tribu moral que en la buena salud del prójimo. Esto seguramente no ha sido así en todas partes, pero desde luego en España ha sido así y eso es algo que debería conducirnos a una reflexión que seguramente también será estéril”.

Una calle vacía durante los días del estado de alarma por la pandemia.

Por último, Arias Maldonado habló de la grandilocuencia de la conversación pública sobre la pandemia en estos términos: “Hemos atribuido al virus un papel de palanca de cambios revolucionarios y que, además, coincide con los conceptos revolucionarios que ya teníamos desde hace tiempo guardados en la despensa”. “La pandemia de la COVID-19 no ha parado al mundo, el mundo decidió pararse con objeto de minimizar el daño”, añadió, subrayando cómo la protección de la vida de los ciudadanos ha primado sobre otros bienes democráticos y, en particular, sobre la libertad individual. “Esto ha desmentido a aquellos apocalípticos que advertían sobre la incapacidad de las democracias para combatir la pandemia, mientras que por otra parte ha estimulado a quienes temen que esta emergencia sanitaria sea el ensayo general de una especie de biopolítica autoritaria”.

El autor de ‘Nostalgia del soberano’, su más reciente libro, apuntó que si decidiéramos, por ejemplo, “que nadie debe morir nunca a causa de una enfermedad infecciosa, cada año nos confinaríamos dos o tres meses durante la temporada de la gripe común, y no lo hacemos cuando hay gente que muere. Lo que sugiere que la protección de la salud pública no siempre tiene la prioridad que le  hemos otorgado tras el brote de la COVID-19”. No obstante, aseguró que si este virus “resultara tener una letalidad diez veces mayor que la gripe, por ejemplo, esa medicalización de la sociedad seguramente resultaría inevitable al menos hasta el descubrimiento de una vacuna. Si es menor, como parece el caso, entonces tenemos que hacer otros cálculos. En este caso, la gestión concreta de la epidemia cobra más importancia, hay países que lo hacen mejor y otros peor, y la duración de la medidas preventivas influye inevitablemente sobre el ánimo de los ciudadanos que tienen que aceptar estas medidas excepcionales”.

Techo de una plaza de abastos durante los días de soledad urbanística de la pandemia.

“Durante los momentos más graves de salud pública, se procede a una radical simplificación de los procedimientos democráticos, con el objeto de llegar a soluciones eficaces. La comunidad política experimenta una suerte de regresión atávica que es análoga a la que sufre el sujeto cuando teme por su vida”, resaltó. “Suspender el debate acerca de las decisiones difíciles [que tengan que adoptar los gobiernos], con el pretexto de que la seguridad está en riesgo, supone en realidad reducir las posibilidades de que una democracia pueda responder eficazmente en última instancia a esa emergencia”, agregó.

También puso en cuestión las críticas que se suelen hacer al neoliberalismo como sistema causante del deterioro social. “La sospecha sobre la deshumanización de las sociedades liberales, que habrían estado presuntamente afectadas desde hace décadas por el virus neoliberal del egoísmo despiadado, creo que se han rebelado exageradas. Esas sociedades liberales  han demostrado seguir siendo sociedades y la separación forzosa de los ciudadanos nos lo ha recordado. De manera que la sociedad liberal es menos individualista de lo que el tópico ha venido a sugerir”. “El egoísmo humano”, insistió Arias Maldonado, “puede también ser empleado de manera provechosa debidamente conducido ya sea por la mano invisible del mercado o del Estado, para obtener o producir un bien social, porque en este caso el vicio privado de la autoprotección egoísta produce la virtud pública del confinamiento aplicado”.

Rostro femenino en clave enmascarada cuando todavía las mascarillas no habían cobrado el protagonismo de la pandemia.

El politólogo se decantó por un modelo de comunicación más conciso, poniendo como ejemplo a la canciller federal alemana Angela Merkel, que se dirigió al país en una sola alocución pública, lamentando, sin embargo, que no sean “tiempos de concisión, sino tiempos de locuacidad, lo cual tiene mucho que ver con la digitalización de la esfera pública y la cacofonía resultante”. También se refirió a los expertos y a su utilización muchas veces partidista en tiempos de pandemia. “La politización del experto es un fenómeno muy viejo, porque también hay expertos de parte. Nuestra cultura política es refractaria a la idea del experto independiente. Se utiliza el prestigio del experto para la adopción de decisiones políticas”.

¿Qué ha fallado en España? Arias Maldonado lo resumió así: “Hemos tardado en reaccionar, básicamente. Y el 8M tiene mucho que ver, no como tal; no es que el 8M produzca la pandemia en España, sino que retrasa la concienciación pública sobre la pandemia, retrasa la prohibición de las aglomeraciones y de los actos conjuntos, y retrasa la adopción de medidas y de aislamiento social, porque el Gobierno estaba muy interesado en que se celebrara, y me parece comprensible desde un punto de vista político, pero condiciona toda la gestión de la pandemia hecha con posterioridad”. “Y ahora”, concluyó, “hay un exceso de celo que tiene que ver con ese pecado original”.

Manuel Arias Maldonado, durante su intervención en el encuentro online de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno.

Salva Torres

“El nivel de sufrimiento lo tenemos muy bajito”

WebinarsLaNau de la Universitat de València (15 de junio)
Con Paco Roca y Laura Pérez
Moderado por Álvaro Pons
Sábado 20 de junio de 2020

A los ilustradores Laura Pérez y Paco Roca la pandemia, como a todo el mundo, les pilló por sorpresa, aunque lo del confinamiento, en sus respectivos casos, forme parte consustancial de su actividad diaria. Confinamiento, claro está, que al ser de obligado cumplimiento por el estado de alarma decretado por el Gobierno, ha provocado en ellos una especial contrariedad. “No solo los dibujantes, hay muchas profesiones que estaban más habituadas a esto de estar encerrados en casa trabajando. También es verdad que esta situación nos ha sobrepasado a todos, incluso a los dibujantes de comic”, señaló Roca. “Yo no había estado tanto tiempo, lógicamente, sin salir de casa. Pero era como un sueño que, en mi caso, siempre había tenido, de que ojalá el mundo se parase por un tiempo para poder ponerme al día de todas las cosas pendientes”, añadió, quien terminó reconociendo: “Me ha faltado un mes más de cuarentena para ponerme al día con el mundo”.

Laura Pérez también aseguró haber trabajado confinada “desde hace muchos años”, porque su vida en la ilustración y ahora en el cómic siempre ha sido  trabajar “desde casa para cualquier tipo de cliente”. Lo que sí ha echado en falta, subrayó, “es salir a respirar, para descongestionar un poco las ideas. Y he tenido como una satisfacción oculta de decir, qué bien, por fin puedo estar encerrada del todo y no tengo compromisos sociales obligados, que en realidad te quitan tiempo. De manera que he aprovechado mucho estos meses e incluso me ha faltado un poco de tiempo”.

Paco Roca en un momento del WebinarsLaNau.

La Nau de la Universitat de València los reunió el pasado lunes en una nueva edición de WebinarsLaNau, en la que hablaron precisamente de su experiencia durante esta pandemia y del modo en que esta imprevista situación ha podido afectar igualmente al mundo del cómic, conversación que moderó Álvaro Pons, director del Aula de Cómic de la Universitat. “En este tipo de profesiones que tenemos”, abundó Roca refiriéndose a los dibujantes, escritores y demás, “es verdad que hay un poco de locura, en el sentido de que nos apasiona lo que hacemos y nos creamos nuestro propio mundo en el estudio. Lo único que me deprime en muchos casos es pensar que mientras tú estás aquí trabajando, pues igual tus amigos  están en un bar tomando una cerveza o alguno de viaje. Lo bueno de la cuarentena es que sabes que nadie estaba haciendo nada, con lo cual no tenías un sentimiento de malgastar tu vida”.

Laura Pérez, en un momento del WebinarsLaNau.

Paco Roca y Laura Pérez coindieron a la hora de señalar que lo extrañamente vivido seguro que tendrá su traslación a corto plazo en el trabajo de los creadores: “Es difícil abstraerte de la situación que hemos estado viviendo e imagino que todo eso cala en el trabajo que estás haciendo y en el trabajo futuro”, dijo Roca. “Si en esos momentos estás elaborando una historia, como en mi caso, es normal que haya recogido cosas de lo que me estaba afectando, algunas no tan evidentes pero sí relacionadas con la forma en que ves las cosas ahora, que han cambiado y no pueden ser como eran antes. Parecía una distopía, pero de repente era como si estuvieras en una película que ya se había grabado”, apuntó Pérez.

Álvaro Pons, en un momento del WebinarsLaNau .

Álvaro Pons, a modo de reflexión que dio pie a nuevas cuestiones, afirmó que nos hemos encontrado durante esta pandemia “con que el apocalipsis era más un drama doméstico, donde la realidad era la que se imponía en el día a día, en ese confinamiento, cada uno en su casa, y con la realidad de las muertes que ha habido en las residencias. Hemos tenido una experiencia real de eso que antes veíamos en la tele, y la hemos encontrado muy diferente, no por ello menos terrible”. Y se refirió al cómic ‘Arrugas’, de Paco Roca, donde se aborda el problema de la tercera edad, y a “lo sobrenatural” que está en la última obra de Laura Pérez.

“Creo que nos olvidaremos pronto de todo esto, pero quedará la vivencia y veremos de forma diferente determinados temas. Ha sido al menos un buen ejercicio para saber cómo es el comportamiento humano en un momento como éste, aunque quienes hayan vivido una guerra seguro que supera infinitamente este padecimiento que hemos tenido. De manera que pienso que tenemos el nivel de sufrimiento muy bajito en el día a día, más allá, por supuesto, de la gente que ha enfermado, que eso es otra cosa. Los demás nos hemos dado cuenta es que vivíamos muy cómodamente”, explicó Roca.

Portada del cómic ‘Arrugas’, de Paco Roca.

“Toda la ficción que hemos visto hasta ahora está llena sobre todo de acción”, resaltó Pérez, por oposición a la pasividad cotidiana a la que nos ha obligado la pandemia. “Hemos tenido que estar quietos en nuestras casas más o menos cómodamente. Mi tía abuela, que tiene 95 años, me dice que esto es peor que la guerra, porque es invisible. De manera que cada uno sufre su momento de ver que la realidad puede cambiar en cualquier instante. En un futuro, quienes hagan cómics referentes a esto le van a dar una naturalidad o un empuje distinto, en la que a lo mejor no hay tanta acción, pero sí algo más de reflexión, con un enfoque más humano, más realista quizás”.

“Toda esta pandemia ha hecho que todo el mundo se quedase en pausa”, insistió Roca, que dijo no haber tenido la agenda tan despejada desde 2008, porque todo estaba cancelado. “Por otro lado”, añadió, “pensaba que había tenido que venir una pandemia para tener el tiempo en mis manos, aunque la tecnología siempre está por delante y no se puede controlar, y al poco tiempo ya volvía a tener la agenda otra vez llena de charlas y talleres online. De manera que la tecnología nos hace la vida más sencilla, pero también se me ha complicado la existencia con las nuevas tecnologías”. “Muchas historias de cómics se van a ver influenciadas por esta acción directa de la tecnología que tenemos ahora”, apostilló Pérez.

Pons se refirió a lo “increíblemente activo” que ha estado el cómic durante el confinamiento a través de los webcómics en twitter, en Instagram, en Facebook, lo cual ha permitido, a su juicio, impulsar ese cómic digital que existe desde los primeros tiempos de Internet, pero que quizás ha dado ese salto para ser conocido por todo el mundo. “Al comienzo de la cuarentena, la necesidad de comunicarte acabó saliendo por donde sea y, teniendo la posibilidad de la comunicación vía online, ha sido la oportunidad perfecta.”, aseguró Roca, para quien la mayor dificultad, pese a todo, estaba en sacarle un beneficio a todas estas cosas, “porque durante todo este tiempo ha sido el altruismo total, gratis para todo el mundo, y te das cuenta que ha funcionado, pero sacarle beneficio es lo que todavía resulta un misterio. “ Las personas creativas se buscan la vida en el momento en el que estén”, remarcó Pérez. “Ha sido interesante, porque parecían los 80. Todo el mundo se hacía su fanzine, incluso El Víbora ha vuelto rescatando material antiguo. Tuvimos todos la sensación de una hermandad solidaria”, concluyó Roca.

‘Ocultos’, de Laura Pérez.

“Ha habido una generosidad rebosante de los autores a la hora de compartir sus materiales, y de las editoriales. ¿Esto abre la posibilidad de nuevos canales de distribución más allá del papel o el papel sigue siendo todavía demasiado fetiche?”, preguntó Pons. “El papel siempre va a ser un elemento fetiche, pero sí es cierto que mucha gente va a poder disfrutar más del contenido online. Lo importante es que haya difusión de las dos maneras: del digital y del libro, porque si se suman siempre habrá más público”, respondió Laura Pérez. “En la Comunidad Valenciana siempre ha habido una gran cantidad de autores, pero ahora quizás hay un momento de mayor interés por parte de los museos, de las librerías, de la universidad, y aquí se ha dado una confluencia de sinergias mayor quizás que en otros lugares”, señaló Roca.

En este sentido, el autor de ‘Arrugas’ subrayó la importancia que tiene la cultura como “punta de flecha” que sigue a las propuestas de la economía en tanto marca de un país o de una Comunidad. “Primero entra la cultura y luego otras cosas, y a veces se nos olvida eso, el gran valor que tiene la cultura, ya no solo por el dinero que pueden generar los autores, librerías, imprentas, fotomecánica, traductores, sino por la forma de vender un país. Francia y Estados Unidos se han vendido con su cultura y después ya viene todo lo demás”. “El apoyo a la cultura es el apoyo a un sello, a una distinción que tiene un territorio y que tienen unas personas que se dedican a ello. Y en Valencia siempre ha habido una historia impresionante en el terreno artístico”, concluyó Pérez.

Paco Roca y Laura Pérez. Imagen cortesía de WebinarsLaNau.

Salva Torres

“La fanatización provoca la apolitización ciudadana”

‘La pandemia del neoliberalismo y Europa’ (9 de junio)
‘València Thinks Global. Imaginem el futur’
Encuentro online con los filósofos José Luis Villacañas, Nuria Sánchez y Luis Alegre. Moderado por Antonio Ariño
Centre Cultural La Nau Digital
Lunes 15 de junio de 2020

El sociólogo Jesús Ibáñez supo ver, a finales de los 70, la diferencia que había entre el capitalismo de producción, en el que el sujeto y las huellas que imprime a las cosas son barridos, con el fin de que los trabajos y los productos sean meramente intercambiables, y otro capitalismo de consumo, en el que “los hombres y las cosas son átomos insignificantes que se acoplan a los terminales del capital”, valiendo precisamente por esa “disponibilidad y capacidad de acoplamiento”. El neoliberalismo vendría a ser una vuelta de tuerca más a ese acoplamiento, con el beneplácito de un sujeto consumidor que olvida su inalienable libertad para caer en brazos de Morfeo, por simplificar, el dios del sueño.

No es que el capitalismo, y su neoliberalismo posmoderno, sea pernicioso por ese carácter alienante, que ya se dio, y de qué manera, en los regímenes comunistas, sino por su capacidad para llevar al extremo la deshumanización del sujeto, convertido en un objeto más de tan vasta maquinaria industrial y tecnológica. Para hablar de sus peligros y de sus grietas, quién sabe si abiertas de par en par como consecuencia de la pandemia por el coronavirus, La Nau de la Universitat de Valéncia reunió en un encuentro online a los filósofos José Luis Villacañas, cuyo último libro ‘Neoliberalismo como teología política’ (Ned Ediciones) sirvió de telón de fondo de la conversación, Nuria Sánchez y Luis Alegre, bajo el sugerente título de ‘La pandemia del neoliberalismo y Europa’.

José Luis Villacañas, en un momento de su intervención en el encuentro online de La Nau.

¿Por qué el neoliberalismo es una teología política? Porque, empezó diciendo Villacañas, “ofrece a los gobernados una gama de valores que es estrictamente idéntica a los valores de los gobernantes, ofreciendo una estructura de legitimidad. Como toda teología política tiene que estar en condiciones de interiorizar en el seno de los ciudadanos un esquema existencial que podamos considerar como comunidad de salvación”. Lo cual asoció con cierta conciencia de culpa que hace que quien no se adapte a este sistema neoliberal “no es por ningún tipo de razón que pudiera ser superada, sino exclusivamente por su culpabilidad, de manera que las vidas desdichadas o frustradas aparecen como un hecho originario, que no tiene que ser explicado adicionalmente, sino que depende de la propia mala gestión de la vida de quien ha fracasado”.

Como toda teología política, prosiguió Villacañas, “el neoliberalismo tiene necesidad de un otro trascendente, una dimensión sacrificial”, siendo ese otro trascendente “el proceso de acumulación capitalista”. ¿Cuál es la novedad de este sistema?, se preguntó el también autor de ‘Populismo’: “Que no tiene fisura, de manera que la razón instrumental de la economía, que hasta ahora era un simple medio, se convierte en un fin absoluto. Y esto condiciona la vida social de dos maneras: si no te has capitalizado, no puedes entrar en las esferas de acción, y si algo no puede favorecer la acumulación, deja de existir. Por ejemplo: si la sanidad no puede ser atendida por procesos de capitalización, no tienes derecho a la sanidad. Esto significa un estrechamiento de la vida social de índole extraordinariamente novedosa”.

Nuria Sánchez, en un momento de su intervención online en La Nau.

Nuria Sánchez señaló una de las grandes características de este neoliberalismo asimilado por el sujeto como parte natural de su psique: “La ética sacrificial se ha transformado en la ética del sujeto empresario de sí mismo”. Luis Alegre fue un poco más lejos: “El neoliberalismo nos ha robado el alma y lo ha sustituido por una especie de motor mecánico del homo economicus. Y una vez operada esta transformación no se aviene a diálogo”, porque “allí donde cada uno de los individuos nos hemos convertido en una especie de computadora de cálculo maximizador del propio beneficio, ya no hay propiamente diálogo en una dimensión política”.

Según Villacañas, “los límites del neoliberalismo no van a ser automáticos, porque la reactivación del mundo de la vida por la técnica nos puede llevar a mundos virtuales, que pueden evadir los límites medioambientales y, sin embargo, dar lugar a transformaciones ingentes del mundo de la vida que sigan manteniendo las premisas neoliberales, en tanto favorecen el aislamiento, los modos de vida mediados por la técnica, y el principio del placer. O hay militancia contra el liberalismo o los límites de éste pueden ir ampliándose indefinidamente”.

De izda a dcha y de arriba abajo, Alegre, Ariño, Villacañas y Sánchez, en el encuentro online de La Nau.

El neoliberalismo, explicó Sánchez, genera crisis de manera regular y cíclica: “Y la crisis es ese momento de verdad en el que la población se filtra a sí misma: miras en tu interior y te culpabilizas, y consideras que algo has hecho mal en tu plan vital. Pero el neoliberalismo ante la pandemia, cuando la alternativa es la vida o la muerte, recibe una conmoción importante, para la que parece que no tiene cobertura”.

Un mundo de la vida que está bien ordenado desde el punto de vista de la libertad, aseguró Villacañas, genera intensidad de experiencia y variaciones no programadas. Pero esa intensidad de la experiencia, subrayó, “se queda opacada cuando tu forma convencional de relacionarte con el mundo es a través de las dimensiones virtuales”. “Cualquiera que haya estado viviendo bajo el supuesto de que los cuerpos están gozando o están sufriendo, para él es imprescindible regresar al mundo de la presencialidad, sobre todo cuando vemos que solo sobre una vida construida, sobre una práctica de virtualidad, de distanciamiento, de inhibición del cuerpo, cabe pensar que un policía puede tener la rodilla en el cuello de alguien durante nueve minutos. Esta dimensión de insensibilidad del cuerpo, solo se explica desde esta dimensión de virtualidad”, agregó.

Luis Alegre, durante su intervención en el encuentro online de La Nau.

Alegre citó al escritor Oscar Wilde, para referirse a la vida como una obra de arte, lo cual “es, obviamente, todo lo contrario de vivirla como un libro de contabilidad”.

“El espectáculo al que hemos asistido, de abandono de tantas personas en residencias, va introduciendo en el psiquismo social el hecho de que tú te puedes permitir tener un padre o una madre de 80 o 90 años, cuando lo puedes pagar o cuando la Consejería de Sanidad lo puede pagar, y cuando no, pues te quedas sin ellos. Y ese mensaje lo han recibido muchas familias. Y están reaccionando tardíamente, después de que se haya producido el golpe”, resaltó Sánchez.

Portada del libro ‘Neoliberalismo como teología política’, de José Luis Villacañas.

Villacañas se refirió a la sociedad civil que en el fondo, subrayó, “sigue siendo una estructura afín al neoliberalismo, porque es el momento en que unos pierden y otros ganan y eso siempre ha sido la sociedad civil, incluso para Marx. Pero tenemos que encontrar un principio económico que no implique que unos pierden y otros ganan. Lo que ha demostrado la pandemia es que la vida no es así, sino que cuanto más vida pones en algo, más vida produces, más vidas salvas”. Alegre aludió a ese carácter mercantil de la democracia como una de sus principales amenazas. “Al ciudadano le corresponde un concepto de libertad que no es el mismo que el que le corresponde al de consumidor. La ciudadanía ha quedado disuelta a favor de la condición de consumidor, incluso de opciones políticas. También se han roto las relaciones intergeneracionales.

“Se participa en el consumo cuando se entra en un mundo de la vida tecnificado y se entra sin darse cuenta, por eso es tan peligroso. Cuando ves a chicos muy pequeños con su ipad, entran en eso con la vida y depende mucho de los padres que se haga de un modo controlado. Tenemos la sospecha de que la relación del neoliberalismo con la democracia era meramente instrumental y en cierto modo cínica”, señaló Villacañas, “La fanatización de la vida política lleva consigo la apolitización de la inmensa mayoría de los ciudadanos, esto es, lleva consigo una concentración del interés político en los fanáticos. Y la gente medianamente bien dispuesta a una vida común normalizada sale y abandona la escena. Y esto es algo que no debemos permitir; debemos disputarle el espacio político al neoliberalismo”, concluyó.

José Luis Villacañas presentando su libro, por cortesía de Ned Ediciones.

Salva Torres

El polémico concurso para dirigir el IVAM

Concurso Internacional para elegir al director del IVAM
Miércoles 10 de junio de 2020

“La ley ni es la verdad ni es el bien”, señala Josep Ramoneda en ‘Después de la pasión política’. “La ley da un marco de objetividad… pero la sociedad abierta es mucho más que la ley, la cual no puede ser autoridad moral, ni convertirse en el límite de lo pensable”, añade. Valga este marco teórico para repensar lo que está sucediendo en el IVAM desde que el 20 de mayo se le comunicara a José Miguel Cortés, por parte de la Conselleria de Cultura, la intención de no renovar su contrato, que expiraba el próximo mes de septiembre. Existía la posibilidad de prorrogarlo, pero la Generalitat lo descartó alegando que la Ley del IVAM de 2018 impedía contratos como el que tenía Cortés, por reunir en una sola figura los cargos de director artístico y director gerente.

Hasta ahí, ningún problema: el propio director del IVAM se mostró en todo momento dispuesto a la revisión de ese contrato, tal y como ya le sucediera a Manuel Borja-Villel, cuando el Museo Reina Sofía cambió de estatuto y obligó a modificar su contrato como director para que se ajustara al nuevo reglamento. Sin embargo, un informe de Auditoría del verano de 2019 establece la necesidad de un nuevo contrato que obliga a la convocatoria de un concurso público, según marca la Ley del IVAM, y que ha desencadenado la polémica entre ambas partes. Cortés alude a un informe jurídico que nadie le ha presentado, en el que se demuestre esa obligatoriedad, mientras la Conselleria insiste en su escrupuloso cumplimiento de la ley.

Albert Girona, Vicent Marzà y Carmen Amoraga, durante la presentación del Código de Buenas Prácticas. Imagen cortesía de la Generalitat.

“Lo del informe jurídico se lo ha inventado él, disculpa que sea tan clara”, resalta Raquel Tamarit, secretaria autonómica de Cultura, quien añade: “Yo he estado presente en todas las reuniones y nunca, repito, nunca, se ha hablado de un informe jurídico. Él tenía firmado un contrato de seis años, prorrogable a otros seis, más otros seis, y según el Código de Buenas Prácticas tampoco puede ser así, porque son contratos por cinco años y, previa presentación de una actualización del proyecto tal cual está en las bases, cinco más. ¿Qué problema hay en que José Miguel Cortés se presente a un concurso público, con un jurado que es impecable, y que revalide con todas las garantías y sin poner en cuestión el nombre del IVAM?”. Y apostilla: “El conseller [Vicent Marzà] y yo le pedimos que se presentase, porque pensamos que puede seguir haciéndolo muy bien”.

A pesar de reconocer la Conselleria de Cultura la excelente labor de José Miguel Cortés al frente del IVAM durante estos últimos seis años, su trabajo ha quedado en un segundo plano, imponiéndose los razonamientos legales por encima de consideraciones artísticas y baremos profesionales, dada la imposibilidad que, según la Administración, existe de plantear un nuevo contrato sin que tenga que pasar por concurso, cuya convocatoria nace así en medio de la polémica.

Miembros del Consejo Rector. Imagen cortesía del IVAM.

Según la Asociación de Directoras y Directores de Arte Contemporáneo de España (ADACE) y el propio Consejo Asesor del IVAM, que dimitió en bloque, la Conselleria de Cultura ha incumplido el Código de Buenas Prácticas. Por un lado, dicen, porque, tras reconocerse públicamente el buen trabajo realizado por Cortés, no se ha procedido a su renovación, tal y como recomienda el citado documento. Y, por otro, porque la Conselleria no ha respetado las competencias del Consejo Rector, cuyas atribuciones consideran que han quedado en entredicho, principalmente en lo que respecta a los vocales que figuran como expertos de arte en dicho órgano, como después se pudo comprobar.

En un comunicado firmado por dichos vocales (Lola Bañón, Vicente Benet, Román de la Calle, Rosa Castells, José Luis Cueto, José Pedro Martínez, Ester Pegueroles y Tatiana Santemans), tras la reunión mantenida el pasado 5 de junio, lamentan la “precipitación” con la que se ha abordado el asunto de la no renovación del contrato de José Miguel Cortés y la posterior decisión de sacar a concurso la dirección del IVAM. “Nuestra valoración en ese momento”, dicen, “fue que se había perdido una oportunidad para llevar a cabo un proceso dialogado y participativo que hubiera ofrecido a la sociedad una visión más transparente y consensuada de la toma de decisiones”.

Cuatro de esos ocho vocales terminaron por abstenerse a la hora de aprobar el nuevo concurso, que fue ratificado por los miembros restantes del Consejo Rector, si bien Román de la Calle no pudo manifestar su voto al fallar la comunicación virtual a través de la cual asistía a la reunión. Una convocatoria a la que se llegaba sin que los vocales del Consejo hayan tenido la oportunidad de barajar otras opciones, puesto que el conseller de Cultura, Vicent Marzà, les comunicó su decisión unilateral apelando de nuevo a la Ley del IVAM e incluso trasladándoles el nombre de los miembros del jurado que deberán seleccionar al nuevo director.

José Miguel Cortés (izda) y Vicent Marzà. Foto: José Cuéllar.

Tamarit asegura que, tras comunicarle a Cortés la necesidad de convocar un nuevo concurso, al que insiste estaban obligados por ley, “acto seguido se habla con los miembros del Consejo Rector y se les indica lo hablado con Cortés y que habíamos pensado que en la comisión de valoración [jurado] estuvieran estas cuatro personas [Manuel Borja-Villel, Vicent Todolí, Iwona Blazwick y Bernard Blistène]. En cualquier órgano alguien lleva una propuesta, esta se debate y se perfila. Y las bases se llevan al Consejo Rector porque creemos que así debe hacerse”.

“La comunicación de esta decisión a los vocales designados del Consell Rector se produjo mediante llamada telefónica del propio Conseller el día 20 de mayo de 2020, invitándonos a aportar sugerencias a las bases que se encontraban en fase de redacción durante los siguientes días”, apuntan los ocho vocales en su comunicado. Invitación, por tanto, que nada tiene que ver con las competencias del Consejo que le atribuye la ley en tanto “órgano superior de gobierno del IVAM”, al que le corresponden, “con carácter general, las facultades de dirección, control y supervisión de éste”.

Además, corresponde al Consejo Rector, según consta en el artículo 6 de la Ley del IVAM de 2018, “informar favorablemente sobre la norma de organización y funcionamiento del IVAM, que aprobará el Consell, así como sobre la aprobación o el desarrollo de la organización interna de la entidad, conforme a lo dispuesto en esta norma organizativa”, entre otras cuestiones. La decisión de no renovar el contrato de Cortés se transmitió vía telefónica, sin convocatoria por escrito y, por tanto, sin el correspondiente orden del día “junto a la documentación necesaria para su deliberación cuando sea posible”, estableciendo asimismo “las condiciones en las que se va a celebrar la sesión, el sistema de conexión y, en su caso, los lugares en que estén disponibles los medios técnicos necesarios para asistir y participar en la reunión”, tal y como se recoge en el apartado 3 del artículo 7 de la mencionada ley.

Fachada del IVAM, por cortesía del instituto valenciano.

La reunión del pasado 5 de junio, celebrada para acordar la aprobación del concurso, se estableció siguiendo esos parámetros, cosa que no sucedió con respecto a la decisión de no renovar a Cortés, que se le hizo llegar al Consejo Rector vía telefónica y sin que hubiera constancia del informe jurídico que justificaba dicha decisión.

“Nunca se ha hablado de que hubiera un informe jurídico, lo que sí hay es un informe de Auditoría que es público y que se llevó al Consejo Rector para dar cuenta, como es la obligación. Ese informe de Auditoría, que firma la Intervención de la Generalitat, hace referencia a eso. Nunca se habló de un informe jurídico adicional. En Administración me dicen que en la Ley del IVAM nuevo contrato significa nuevo concurso y eso es lo que hacemos”, remacha Tamarit, molesta con ciertas informaciones que acusan a la Conselleria “de amañar algo” con respecto al concurso, cuando “políticos en esa comisión de valoración vamos a estar dos de ocho y porque lo dice el Código de Buenas Prácticas”.

Tamarit reconoce que algo no se ha hecho del todo bien, cuando la ADACE, el Consejo Asesor y una parte muy significativa del Consejo Rector, además del propio Cortés y otras asociaciones, han manifestado con mayor o menor rotundidad sus discrepancias. “Yo siempre digo que las cosas se pueden hacer mejor”, remarca. Entre ellas, qué duda cabe, la de no haber sabido despejar las dudas que ligan esas lagunas en la transparencia con la injerencia política. Tiempo habrá de despejarlas. O no.

Reunión del Consell Rector en el Aula Magna del IVAM, por cortesía de la Generalitat Valenciana.

Salva Torres

El Consejo Rector del IVAM tiene ahora la palabra

Dimite el Consejo Asesor del IVAM
Lunes 1 de junio de 2020

La dimisión en bloque del Consejo Asesor del IVAM, compuesto por David Pérez, Catedrático de la Universitat Politècnica de València, Álvaro Pons, profesor titular de la Universitat de València, Pedro Azara, profesor de Estética de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC-ETSAB) de Barcelona, y María Dolores Jiménez-Blanco, directora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, traspasa ahora la patata caliente del conflicto abierto en el IVAM a su Consejo Rector, que tiene previsto reunirse el próximo viernes 5 de junio.

Los miembros del Consejo Asesor consideran, como órgano consultivo del IVAM, “que las decisiones políticas unilaterales, conocidas por la prensa, que plantean el cese y la sustitución del actual equipo directivo, constituyen no solo un incumplimiento del Código de Buenas Prácticas en la cultura valenciana, de obligado cumplimiento para la administración, sino subsidiariamente también del Código de Buenas Prácticas de ámbito estatal y del Código deontológico del ICOM para los museos”.

Miembros del Consejo Rector del IVAM. Imagen cortesía del IVAM.

El Consejo Asesor continúa su escrito de denuncia señalando que dichas decisiones “suponen, fundamentalmente, una vulneración de la independencia de la institución, que debe decidir su futuro y funcionamiento desde el Consejo Rector, tal y como establece la Ley 1/2018, de 9 de febrero, de la Generalitat, reguladora de l’Institut Valencià d’Art Modern”. Ante esa situación, que coloca ahora en el punto de mira al Consejo Rector ninguneado por la Conselleria de Cultura, el Consejo Asesor del IVAM “entiende que no puede ser partícipe de este tipo de situaciones, por lo que anuncia que todos sus miembros han decidido, por unanimidad, presentar su dimisión”.

Al Consejo Rector corresponde ahora pronunciarse, sabedor del clima enrarecido que ha generado la no renovación de José Miguel Cortés, por todos señalada como decisión unilateral que vulnera el Código de Buenas Prácticas sobre el que el conseller de Cultura, Vicent Marzà, ha edificado su política cultural.

El propio Cortés lamenta en un comunicado la dimisión del Consejo Asesor, compuesto por “reconocidos profesionales” que “tanto han ayudado a la consolidación del IVAM como un museo de referencia nacional e internacional”. “Defender el Código de Buenas Prácticas”, insiste Cortés, “significa posibilitar el intercambio de opiniones con todas las personas implicadas; contar con los profesionales del mundo del arte; hacer partícipe al Comité Asesor y al Consejo Rector del IVAM de las decisiones a tomar”, y, concluye a modo de subrayado, “valorar exclusivamente las razones profesionales y no dejarse llevar por cuestiones políticas o personales”.

Cortés resalta en su escrito la actitud de la Conselleria de Cultura impropia de quien ha abanderado su gestión con el Código de Buenas Prácticas ahora puesto en entredicho: “Estoy convencido de que el IVAM se hubiera ahorrado todo este doloroso proceso si se hubiese evitado caer en actitudes impositivas y se hubiese contado con todos los sectores, ya que el proyecto del IVAM no es un proyecto particular”. Difícil papeleta la que tiene ahora por delante el Consejo Rector, que deberá optar entre asumir esa “actitud impositiva” y esa “decisión unilateral” de la Conselleria de Cultura, aportando cuantos matices considere oportunos, o defender su importancia como órgano de gobierno del IVAM que Marzà ha dejado en mala posición.

Fachada del IVAM.

Fuentes de la Conselleria de Cultura niegan que se haya vulnerado el Código de Buenas Prácticas puesto que entienden que desde Cultura de la Generalitat «se trasladó a todos los miembros de este órgano [Consejo Rector] cuál es el procedimiento que se ha de seguir de forma escrupulosa, marcada en la ley del IVAM, para la dirección del centro una vez vence el actual contrato». «Hay que recordar», insisten, «que no se ha ejecutado ninguna decisión al margen del órgano que es competente», poniendo como muestra de ello el hecho de que el Consejo Rector esté convocado para el 5 de junio, «precisamente para convocar el procedimiento de selección de la dirección siguiendo el Código de Buenas Prácticas en la Cultura valenciana».

Estas mismas fuentes señalan que poner en duda los procedimientos y los órganos rectores del IVAM muestran «un desconocimiento de la estructura del espacio museístico y son un agravio a la institución». Recuerdan que la actual dirección del IVAM tiene un contrato vigente hasta septiembre de 2020 y que «en ningún caso se ha planteado cesar a la dirección». «Es por eso», añaden, «que lo que se ha hecho en todo momento ha sido seguir escrupulosamente el procedimiento que hay que llevar a término para cuando finaliza el contrato de dirección».

Lamentan la dimisión de los integrantes del Consejo Asesor del IVAM y respetan su decisión, «a pesar de que las argumentaciones dadas no se corresponden con la realidad», porque aseguran que «ni se cesa a la dirección ni se incumple el Código de Buenas Prácticas».

Miembros del Consejo Asesor del IVAM, con su director José Miguel Cortés en el centro. Imagen cortesía del IVAM.

S. Torres

“Cada vez hay más control de la información”

‘Impacte de la Covid-19 al fotoperiodisme’
Mónica Torres (El País), Alberto di Lolli (El Mundo) y Germán Caballero (Levante)
Moderadora: Noa de la Torre
Unió de Periodistes Valencians
Viernes 29 de mayo de 2020

“No nos engañemos, el poder no tolera más que las informaciones que le son útiles”. Lo dijo la escritora y filósofa feminista Simone de Beauvoir y, como si de un eco se tratara, los fotoperiodistas Mónica Torres (El País), Alberto di Lolli (El Mundo) y Germán Caballero (Levante) han subrayado ese carácter utilitarista de las instituciones públicas e incluso privadas a la hora de facilitar el trabajo de los periodistas, canalizando dicha labor informativa en una sola dirección acorde con los interés partidistas del gobierno de turno. Lo hicieron en un encuentro online  organizado por la Unió de Periodistes Valencians, bajo el título de ‘Impacte de la Covid-19 al fotoperiodisme’, que moderó Noa de la Torre, presidenta de la Unió.  

Mónica Torres, en un momento del debate.

Mónica Torres se pronunció, para abrir el debate, de forma taxativa: “La situación del fotoperiodismo actualmente es pésima. No tenemos ningún apoyo real de los periódicos y la gente va muy por libre. Por parte de los estamentos nos han hecho una clausura absoluta a la información y ha sido bastante difícil trabajar”. Dijo hablar desde su propia experiencia como freelance durante 25 años en El País, subrayando cómo, en la situación actual, el fotoperiodismo “es cuando más falta hace y justo ahora es cuando peor está remunerado, lo cual es una paradoja”.

Germán Caballero, durante su intervención en el debate organizado por la Unió de Periodistes Valencians.

Germán Caballero no le fue a la zaga: “Comparto esa idea de que cuando más necesario es el fotoperiodismo, más precaria es nuestra situación”, añadiendo que tal inestabilidad no era cosa de ahora, sino que la llevan sufriendo desde la crisis de 2008. “Venimos de una profesión que estaba ya en coma y con el tema del Covid ha sido como otro golpe que nos han pegado. En esta situación es muy difícil trabajar, porque además de la reducción de ingresos, al mismo tiempo desde las instituciones públicas no se nos ha facilitado el acceso a ciertos lugares como hospitales o cementerios, que en una pandemia son básicos. El diagnóstico de cómo está la profesión, para mí, es que está en coma”, resaltó.

Alberto di Lolli amplió el marco del debate extendiendo los problemas del fotoperiodismo al periodismo en general que, en su opinión, se ha “devaluado muchísimo, lo que pasa es que nosotros los fotoperiodistas somos la cara visible de esa devaluación”. Su trabajo tiene dos particularidades que él destacó: “Para hacerlo tenemos que ir a los sitios y necesitamos tiempo para documentarnos gráficamente y hacer buenas fotos”. Luego abundó en los problemas del oficio durante la pandemia, aprovechada para cercenar su labor, pero que Di Lolli extendió en el tiempo: “Desde hace muchos años, por parte de las instituciones, no solo públicas sino también privadas, hay una cada vez más grande ambición por controlar la información. Yo no hablaría directamente de censura, porque es algo como más evidente, sino de algo más sutil y, por tanto, más peligroso”.

Alberto di Lolli, en un momento del debate.

Se refirió a cómo los gobiernos, los partidos y las empresas “te dan un acceso con cuentagotas a las cosas y cada vez quieren tener más controlado hasta dónde puedes llegar. Y esa ambición por controlarlo todo se ha puesto de manifiesto con esta pandemia, porque es algo que ha desbordado a todo el mundo en todos los niveles y, en ese desbordamiento, yo he encontrado más facilidades de acceso a los hospitales por parte del personal sanitario, que teóricamente era quien estaba más desbordado y focalizado en su trabajo, que por parte de los responsables de prensa y de las instituciones públicas. Los sanitarios estaban deseosos de que se contara lo que estaba ocurriendo, porque ellos vivían una realidad en su día a día que luego en los telediarios no aparecía”.

Torres se formuló la cuestión de si no se habían quedado cortos transmitiendo las imágenes de lo que estaba ocurriendo, “porque si hubiéramos podido entrar en el momento en que estaba todo caótico, a lo mejor la gente que no se lo acaba de creer sería más consecuente ahora al salir a la calle. Aquí no se ha podido. No te contestaban ni por mail, ni por wasap, ha sido desesperante”. “Se ha dulcificado la información gráfica que ha llegado a la sociedad”, señaló Caballero, que también pensaba que, cada vez más, se estaba intentando controlar la información. “De manera que con la excusa de evitar contagios, se han cometido abusos. No hay censura como tal, pero sí control de la información, porque no se ha podido documentar lo que pasaba cuando la pandemia estaba en su punto más alto”, agregó.

Cámaras de fotoperiodistas, durante su concentración de protesta por el derecho a informar del jueves 28 de mayo. Imagen cortesía de la Unió de Periodistes Valencians.

Di Lolli puso el acento en la universalidad del derecho a la libre información, de manera que no era de la sola incumbencia de los periodistas, sino de todos los ciudadanos. “No creo que los periodistas tengamos que hacer la reivindicación sobre si se está limitando la información, sino que tiene que ser la ciudadanía. Y si la ciudadanía hacia lo que va es hacia un modelo totalitario donde solo se cuente una cosa, donde el pudor se imponga, donde es mejor que la vida sea bonita a que sea real, bueno pues será lo que la gente quiere”, lamentó.

“Yo me pregunto”, continuó Torres, “si realmente a la gente le interesa lo que ocurre, sobre todo ahora que hay más desinformación que información. Cualquiera puede ir con un móvil, meterse en un hospital, grabar y luego colgar la noticia, incluso vender esas imágenes a una agencia y publicarse. Y la gente se está informando también así. Esto es un caos, porque yo para hacer una noticia me informo y puedo pasarme siete horas hasta hacer una foto. Es un trabajo muy laborioso. Y para que los medios sean creíbles lo que se muestra también tiene que serlo. El periodismo no puede ser gratuito”.

Para Di Lolli el problema es que se ha confundido la cantidad con la calidad. “Cuando se abre el espacio de Internet y de las redes sociales se empieza hablar mucho del periodismo ciudadano, que es el periodismo gratis en el fondo. Entonces, se empieza a transmitir la falsa idea de que el acceso a muchas cosas y de forma libre es mejor, y a lo que hemos llegado es a una situación de sobresaturación de ruido. Lo que se ha generado con las redes sociales es una cantidad de ruido que más que aportar luz e información a los ciudadanos, muchas veces lo que genera es una confusión absoluta”.

Fotografía de Alberto di Lolli que fue portada de El Mundo del 15 de abril de 2020.

Caballero puso en duda que la mayoría de la sociedad considerara el periodismo un sector esencial, lo cual daba lugar a lo que llamó una tormenta perfecta. “Estamos en una crisis de credibilidad muy importante que padecen los medios de comunicación y que parte de 2008 y de esa idea de todo gratis en Internet, con unas deudas cada vez más grandes por parte de esos medios y una información cada vez más sesgada en virtud no ya de una línea ideológica de ese diario, sino de unos intereses económicos que hay detrás sosteniendo ese medio de comunicación. Al mismo tiempo, estamos en una sociedad cada vez más polarizada y más frentista, donde la gente se quiere creer lo que ya piensa”.

Alberto di Lolli se refirió a una fotografía suya que, por su crudeza, levantó cierta polémica. “Esa semana éramos el país del mundo con la tasa de mortalidad más alta por población: teníamos 38 por cada 100.000. En ese contexto, qué imagen se puede transmitir de una pandemia donde el foco está en esa tasa: pues la que tiene ver con esas muertes. Y esa imagen contaba otras cosas que eran importantes: la mortalidad sin contabilizar en domicilios. Creo que han faltado imágenes duras como ésa, para que la gente se corresponsabilice con la gestión del contagio. Nuestro trabajo es como un espejo que ponemos delante de la sociedad para que se mire a sí misma. Cumple una misión penitencial”.

El niño sirio Aylan Kurdi que apareció ahogado en una playa de Turquía. Fotografía de Nilufer Demir.

“Cuando las imágenes son de un niño muerto en una playa turca todo el mundo las comparte”, remarcó Caballero, quien agregó: “Y probablemente quienes critican la imagen de Alberto, aquella la compartieran. Cuando tenemos una realidad tan bestia en la puerta de casa se ha de mostrar, porque se ha de anteponer el derecho colectivo al individual. Otra cosa es el uso que se puedan hacer de esas imágenes en los medios de comunicación y lo que se pueda contar con esa imagen”.

“Me sorprende”, abundó Torres, “que la gente se escandalice por ese tipo de imágenes, cuando está acostumbrada a consumir unos altos niveles de violencia en las películas. ¿Qué se ve en las redes sociales? ¡Si es una brutalidad! Creo que es un poco hipócrita. Otra cosa es la instrumentalización que los periódicos puedan hacer con nuestras imágenes”. Di Lolli lamentó que en la sociedad occidental se estuviera dando la espalda al dolor y a la muerte. “Nos está invadiendo un pudor que nos impide ver nuestras debilidades. Se está imponiendo una autocensura social a todos los niveles”, concluyó.

Alberto di Lolli, en un momento del debate online organizado por la Unió de Periodistes Valencians.

Salva Torres

Retos y oportunidades de la realidad virtual

‘Realidad virtual. Construyendo el presente del diseño, el arte, la arquitectura y el entretenimiento’, de Julia Galán y Francisco Felip
Editorial Tirant Lo Blanch (Colección Plural , 2020)
Sábado 23 de mayo de 2020

La diversificación y el uso generalizado de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han contribuido a pasar de una cultura material a otra basada en la información, posibilitando el tránsito hacia una Sociedad de la Información. En ella asistimos a una progresiva desmaterialización y deslocalización, donde las tecnologías digitales se afianzan como instrumentos para la gestión, creación y distribución de informaciones, jugando un papel esencial en las actividades sociales, culturales y económicas.

Estas transformaciones digitales nos enfrentan al reto de formar a personas para vivir y trabajar en entornos altamente dinámicos, por lo que las competencias digitales se revelan necesarias para una mejor empleabilidad y para poder aprovechar mejor las oportunidades de emprendimiento. Por extensión, es posible constatar que las TIC han redefinido también el escenario en el que las prácticas del arte, el diseño, la arquitectura y el ocio venían desarrollándose, abriendo nuevos caminos y posibilitando nuevas formas de creación y de expresión formal.

Diseño automovilístico Ford con Grevity Sketch (Ford Motor Company, EEUU, 2018). Imagen cortesía de los autores.

Dentro de las TIC, la realidad virtual (RV) se ha consolidado como un nuevo entorno perceptivo, una nueva forma de presentar y experimentar visualmente objetos y entornos en los que el individuo queda inmerso en un mundo creado digitalmente. Este lenguaje visual está redefiniendo muchas de las prácticas actuales en diversos ámbitos, fomentando la interdisciplinariedad y la participación colaborativa, abriendo multitud de disciplinas creativas a otras formas distintas de entenderse y practicarse.

Numerosos son los ámbitos en los que la realidad virtual está aportando nuevas formas de trabajar, de relacionarse y de crear. En la actualidad artistas y laboratorios de referencia están ahondando en el potencial discursivo de este lenguaje, como el grupo Augmented Environments, el GVU Center en el Georgia Institute of Technology, el Mixed Reality Lab de Singapur, el HIT Lab en Washington DC o el Institute of Computer Graphics de Austria, por citar sólo algunos de los más relevantes.

Instalación 74BC (Hyperstudio, 2019). Imagen cortesía de los autores.

Desde hace poco ya existen plataformas cuyos objetivos vendrían a ser los del museo (catalogar, coleccionar, conservar y exhibir) pero en el ámbito digital, como el Digital Museum of Digital Art (DiMoDA) de Alfredo Salazar-Caro y William Robertson, o el FLOAT Museum de Ben Vance y Kate Parsons. De forma paralela, Acute Art Virtual Reality, creada en 2017 por Dado Valentic, es la primera plataforma británica para presentar proyectos de arte contemporáneo realizados con RV, presentando trabajos de artistas tan conocidos como Ólafur Eliasson, Jeff Koons, Marina Abramović o Anish Kapoor, entre otros. El arte que utiliza la RV necesita de la participación activa del espectador, quien, en primera persona, con su interacción, con su mirada y con su movimiento, decide la escena, la perspectiva o incluso la narratividad. De esta interactividad deriva la variabilidad de la obra, haciéndola única para cada experiencia.

La realidad virtual tiene diversas aplicaciones también en el ámbito empresarial, ayudando a posicionarse con ventaja respecto a la competencia. Una  de ellas es la posibilidad que ofrecen algunas empresas de formar a sus trabajadores a través de un entorno en RV que recrea situaciones de riesgo. En ellos, los operarios se sienten como si estuvieran en su entorno de trabajo frente a la incidencia que deben solucionar, pudiendo practicar hasta llegar a la correcta solución del problema, disminuyendo así los accidentes laborales y ahorrando en costes de formación.

Rodaje de una película en RV (Alejandro González Iñarritu, 2017). Imagen cortesía de los autores.

También en el ámbito del diseño, el uso de la realidad virtual en un entorno controlado (un showroom, por ejemplo), permite al usuario experimentar visualmente el producto integrado en un entorno habitual de uso, siendo percibido de forma más natural que a través de una mera imagen bidimensional. El uso de esta tecnología en el sector cerámico o de mobiliario ofrece al cliente una experiencia interactiva única y personal, que le permite poder cambiar en tiempo real el entorno o las características visuales del producto, como el color o la textura superficial, permitiendo a las empresas mostrar todo su catálogo de colores y texturas visuales del producto sin disponer de modelos físicos. De igual forma, el uso de la RV durante la fase de diseño conceptual ayuda a los diseñadores en el proceso de selección de los acabados antes de producirlos. Conscientes de estas ventajas, muchas empresas ya han integrado la tecnología de RV en el proceso de diseño y comunicación del producto.

Existen múltiples interconexiones entre el campo del diseño y del arte que establecen influencias mutuas. Una de ellas está relacionada con el campo del marketing del producto, donde muchas veces las presentaciones de los productos están influenciadas por diversos lenguajes artísticos contemporáneos. En este sentido, recientes estudios han demostrado la importancia de la imagen en la presentación de los productos, estudiando la influencia de la forma y cómo la geometría visual del producto influye en la percepción de su calidad, o cómo la sensación de novedad transmitida por la forma de un producto influye en la preferencia del consumidor sobre el mismo. 

Simulación de conducción con guantes hípticos (Nissan y Haptx, 2019). Imagen cortesía de los autores.

Es por ello que algunas investigaciones ya están trabajando en estudiar las ventajas de los entornos virtuales para presentar productos frente a las imágenes convencionales, al permitir al usuario una mayor interactividad con el producto, una mejor comprensión o incluso una personalización del mismo. De igual forma, se está investigando en el potencial de hibirdar sensaciones visuales y hápticas en la realidad virtual, añadiendo objetos reales en las escenas virtuales para enriquecer la experiencia con sensaciones táctiles, que pueden producir una aproximación al entorno o al producto muy similar a la real, y aportar algunas ventajas respecto a otros medios de presentación. 

El presente libro ofrece una visión integradora sobre la actualidad de la realidad virtual, haciéndose eco de la creciente relevancia que está teniendo en los campos del diseño, el arte, la arquitectura y el entretenimiento. A lo largo de cuatro capítulos se aborda cada uno de estos temas, analizando avances tecnológicos significativos, investigaciones pioneras, proyectos relevantes, e iniciativas y casos de éxito que permiten entender el momento actual, las direcciones hacia las que se avanza, y tomar conciencia de los retos y oportunidades que esta tecnología de visualización plantea en cada uno de estos campos.

Portada del libro. Imagen cortesía de los autores.

Julia Galán y Francisco Felip