Jazz en el Jardín

Festival Jazz Panorama
Auditori de Torrent
C / Vicent Pallardó, 25. Torrent (Valencia)
Del 21 al 26 de julio de 2020
Lunes 13 de julio de 2020

L’Auditori de Torrent presenta una nueva edición de su festival Jazz Panorama, que este año vuelve a l’Hort de Trénor  dentro de un ciclo de espectáculos más amplio que lleva por título ‘Nits d’Estiu a l’Hort de Trénor’. Incluye también un homenaje a Michael Jackson y un par de monólogos en un programa que se extiende del 21 al 26 de julio. L’Auditori de Torrent retoma así la actividad suspendida por el estado de alarma y  se traslada a un emblemático espacio abierto en Torrent, los Jardines de l’Hort de Trénor.

Andrea Motis. Fotografía de Jean-Marc Viattel por cortesía del Festival Jazz Panorama.

Los aficionados al jazz podrán disfrutar del 22 al 24 de julio de los conciertos de tres grandes figuras del género. Inaugura el festival la cantante y trompetista Andrea Motis, quien con música de ídolos de la talla Louis Armstrong y Chet Baker, lleva deslumbrando al público desde 2011, año en el que Quincy Jones se fijó en ella y la invitó a compartir escenario en el Festival de Peralada. Junto a su inseparable cuarteto tiene una discografía conjunta de ocho trabajos y decenas de colaboraciones en otros proyectos. Andrea Motis hizo su debut en solitario bajo el sello Impuls Récords con el álbum ‘Emotional Dance’ (2017), grabado en Nueva York junto al cuarteto y con músicos nacionales y norteamericanos. Ha presentado su espectáculo en los mejores festivales de la escena jazzística nacional e internacional: Madrid, Donostia, Vitoria, Barcelona, Zaragoza, París, New York, Berlín, Roma, Milán, Japón y Corea, entre otros.

David Pastor con su grupo. Imagen cortesía del Festival Jazz Panorama.

La oferta jazzística continúa con otro trompetista, David Pastor, que presenta su último proyecto ‘Film Sessions’, un trabajo que transforma las melodías de bandas sonoras que forman parte de la memoria cinematográfica colectiva para ofrecer un espectáculo en el que la audiencia conecta con la esencia de la música a través del cambio. El cuarteto internacional liderado por el trompetista David Pastor ofrecerá un concierto que recoge emblemáticos títulos como ‘Chinatown’, ‘Breakfast at Tiffany’s’, ‘Black Orpheus’ y ‘Saturday night fever’, entre otros.

Ximo Tebar. Imagen cortesía del Festival Jazz Panorama.

El guitarrista Ximo Tebar, gran conocedor de la tradición jazzística y cuya forma de tocar la guitarra ha sido respaldada públicamente por destacados maestros del jazz como Benny Golson y George Benson, cierra el ciclo. Ha realizado giras y grabaciones con maestros del jazz como Johnny Griffin, Benny Golson, Lou Donaldson, Joey DeFrancesco, Lou Bennett, Dr. Lonnie Smith, Joe Lovano, Arturo O’Farrill, Tom Harrel, Dave Schnitter, Idris Muhammad, entre muchos otros. Su extensa discografía (19 álbumes como líder), los numerosos premios que ha recibido y, especialmente la modernidad y el eclecticismo de su música, lo han llevado a ocupar un lugar especial en el mundo del jazz contemporáneo. En esta ocasión nos presenta ‘Brazilian Jazz Project’, trabajo en el que actúa muy bien acompañado por Gladston Galliza, una voz poética de Brasil llena de matices que la hacen comparable a la de grandes como Toninho Horta, Djavan, Milton Nascimiento o Antônio Carlos Jobim.

Cartel del Festival Jazz Panorama Torrent 2020.

Además del jazz, se podrá disfrutar de otro gran espectáculo musical en los Jardines de l’Hort de Trénor. De la mano de Jackson Dance Company llega ‘Michael’s Legacy’ (25 de julio), avalado por el Club de Fans de Michael Jackson en España como el mejor espectáculo musical sobre el Rey del Pop en la actualidad. Con una escenografía muy cuidada y réplicas exactas de las canciones originales, el espectáculo cuenta con un elenco de casi veinte personas entre bailarines, actores, cantantes y técnicos, que nos transmitirán a la perfección los mensajes que el rey del pop nos hacía llegar en cada una de sus actuaciones. Para ello contamos con el mejor impersonator del Rey del Pop, Ximo MJ, con gran parecido físico y capaz de realizar y transmitir a la perfección cada movimiento y gesto que acompañaban en cada uno de sus conciertos a este gran artista que fue Michael Jackson.

La programación se completa con los monólogos ‘A toda costa’ de Comandante Lara & Cía (21 de julio) y ‘Con poquito me conformo’ de Óscar Tramoyeres (26 de julio). Con el deseo de reencontrarse con su público con todas las garantías de seguridad, l’Auditori de Torrent ha preparado un protocolo específico en el que se cumplen todas las recomendaciones propuestas por las autoridades sanitarias.

Todos los espectáculos tendrán lugar a las 22 horas en los Jardines de l’Hort de Trénor. Venta anticipada en www.auditoritorrent.com y en las taquillas de l’Auditori (jueves de 17 a 20 h y viernes de 11 a 13 h). Durante los días de actuación la taquilla estará abierta en los Jardines de l’Hort de Trénor dos horas antes de cada función hasta su inicio.

Andrea Motis. Imagen cortesía del Festival Jazz Panorama.

«Debemos revisar y sanar la herida de la esclavitud»

#MAKMALibros #MAKMAEntrevistas | Carlos Bardem
‘Mongo Blanco’ (Plaza & Janés, 2019)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Viernes 10 de julio de 2020

Uniformado con los definitivos afeites del Premio Espartaco, que la Semana Negra de Gijón le ha concedido en la presente jornada, en tanto que responsable de la mejor novela histórica del último curso editorial, Carlos Bardem ha recalado en la trigésimo tercera edición del festival de la mano de su más reciente publicación, ‘Mongo Blanco’ (Plaza & Janés, 2019), una mayúscula narración –en corpus orgánico, semántico y estilístico– que asienta su porvenir sobre la figura de “Pedro Blanco, el gran negrero malagueño”.

Una cita marginal y a pie de página que el actor y escritor madrileño refiere como primera fuente de conocimiento de Pedro Blanco Fernández de Trava (1795-1854), conocido en los distantes predios decimonónicos de la trata y compra-venta de esclavos con el sobrenombre de El Mongo (o Rey) de Gallinas –entre otros y variopintos seudónimos–.

Una háptica, exuberante y ubérrima novela de aventuras sobre cuyos cimientos, adheridos al lecho hediondo del esclavismo, se ha edificado “una feroz travesía” por la cronología, delirante y vital, de “un monstruo, objetivamente, dedicado a una atrocidad. Un gran marino, apegado a las novedades técnicas, que revolucionó la trata”, sobre el que “siempre, hago un símil –no muy exacto, pero sí muy ilustrativo–: Pedro Blanco fue el Pablo Escobar de la trata de esclavos; la mejoró y la multiplicó exponencialmente. Su mecánica, su forma de esclavizar y de vender”, ha perfilado Bardem durante su primer encuentro con los medios.

“Un hombre culto y cínico” y, a la par, “excepcionalmente bueno en lo que hacía”, cuyos abominables actos –que le hubieron reportado varios millones de dólares de la época– “no los inventa Pedro Blanco. Es el sistema el que fabrica los ‘Pedro Blanco’ que necesita para realizarse. Porque el esclavismo era sistémico: todo se realizaba con mano de obra esclava en las Antillas”, advierte el autor.

Y he aquí donde el abolengo geopolítico torna su mirada histórica a las elefantiásicas implicaciones de España en este túrbido asunto, “el gran negocio de la época, sobre todo a finales del siglo XVIII y principios del XIX”. Un feudo de la soterrada memoria colectiva erigido, entonces, “en el lugar de máxima rentabilidad para el dinero: la compra y venta de seres humanos. Lo cual está muy documentado y eso significa que hay un consenso unánime sobre un mínimo de gente esclavizada por la trata transatlántica: 12,5 millones de personas, de africanos” –“una cifra consensuada gracias al arqueo y a los manifiestos de carga de los barcos”, si bien «hay autores que elevan esa cifra a más del doble porque, como en todo negocio legal, había una parte ilegal, una trata en b» (lugares de desembarco en paralelo para no pagar aranceles)–, cuyos descendientes pueblan la columna vertebral del continente americano. “Es imposible, para cualquiera de nosotros que haya viajado por América, desde Alaska –la Tierra del Fuego– hacia el sur, no ver la presencia de la negritud en todas sus sociedades. Hemos de tener en cuenta que allí no había negros: todo el que está allí es un descendiente de un esclavo en mayor o menor grado”.

Una contundente apreciación consecuencia de un hecho tan explícito como soterrado por quienes han reorientado, de un modo oscurantista, la narración del devenir histórico. “Este tipo de debates están encapsulados en el mundo académico. En España hay muy buenas monografías, debate a nivel universitario, pero es algo que nunca trasciende al gran público, y por eso no les molesta o no les preocupa a los que se han encargado de que no conozcamos este periodo de nuestra historia”, que sitúa los beneficios del esclavismo sobre la explotación de “los cañaverales de Cuba y Puerto Rico” por parte “de esclavistas españoles, surtidos por negreros españoles” como el Mongo Blanco retratado, desde las fauces sicológicas, en su novela.

Carlos Bardem junto al escritor y periodista Fermín Goñi, durante la presentación de ‘Mongo Blanco’. Fotografía cortesía de la Semana Negra de Gijón.

Recuerda Bardem, al respecto, ese epidérmico sedimento histórico que, a buen seguro, palpita “en el imaginario colectivo” de la mayoría de sus lectores, relativo a que “cuando se habla de esclavitud pensamos, habitualmente, en el relato de Hollywood: Kunta Kinte, ‘Doce años de esclavitud’, Alabama, el algodón…; pero alguien se ocupó de que no sepamos que, al mismo tiempo, coetáneas de esas plantaciones, igual de grandes e, igualmente, dotadas con esclavos secuestrados en África, eran los cañaverales de caña, los ingenios de azúcar” comandados por españoles, tan relevantes como el comercio del algodón; economías de plantación que responden a “las necesidades de las revoluciones industriales”, nutridas “por la trata tradicional africana” y que instituyen ese apogeo intersecular del esclavismo, entonces “una práctica legal” en la que “toda la sociedad participaba” y de la que, en diversos grados, “se beneficiaba”.

Un “fenómeno cultural universal”, idiosincrásico, y sustento de la “ideología de la clase dominante en España” –vertebradora de “una sociedad esclavista equiparable a la Atenas de Pericles”–, por la que transitan eximias (y obscenas) fortunas genealógicas como las de María Cristina de Borbón– “la mayor propietaria de esclavos”, “Carlos III, Felipe V, el Arzobispado de Toledo, el Marqués de Comillas” y el de “Argüelles”, Eusebi Güell –mecenas de Gaudí–, e, incluso, los ascendientes del político “Artur Mas” –“marinos mercantes” condenados por el tráfico ilegal de esclavos entre África y América a mediados del siglo XIX–, así como la constitución de “la Bolsa de Barcelona o las diputaciones provinciales”, tras cuyos pasos encontramos el legado anómino de “miles de indianos” que a su retorno, poblaron, con sus simbólicas palmeras, buena parte de la cornisa cantábrica tras granjearse fortuna con la trata.

Por ello, si uno de sus retos “como escritor era adentrarme en este monstruo (Pedro Blanco) para encontrarle matices y revelar sus razones” –“darle humanidad, comprenderlo, que no justificarlo”–, no de menor relevancia debía ser exhortar al lector a tratar de comprender “una herida abierta que está explotando ahora mismo”. En ese sentido, los acontecimientos del presente aportan un valor añadido a la deriva de la novela durante el último año: “explicarnos cuál fue nuestra parte de responsabilidad”, que hubo sido “extensa e intensa”.

La escritora Berna González Harbour (Premio Dashiel Hammett de novela negra 2020 por ‘El sueño de la razón’) y Carlos Bardem (Premio Espartaco a la mejor novela histórica por ‘Mongo Blanco’). Fotografía cortesía de la Semana Negra.

En consecuencia, Carlos Bardem perfila diversas interrogantes: “¿Por qué hay gente que derriba estatuas? ¿Por qué hay una herida brutal en muchas sociedades del planeta que tiene que ver con el esclavismo y con el racismo?”. Preguntas análogas a las que pueden formularse a partir del concepto de la ‘banalidad del mal’ –alumbrado por Hanna Arendt en ‘Eichmann en Jerusalén’–, asociado al nazismo: “¿Cómo era posible que un país de entre los más cultos, cuna de filósofos y grandes músicos como Alemania, la gente normal, entre comillas, apoyara una monstruosidad como el nazismo?”.

Dubitaciones a las que debemos dotar de respuesta a través del escenario que se aventura en el contexto de su novela: “Sería bueno que tengamos claro que el origen de esta herida sin coser y supurante, que está agitando tantas sociedades, está en este momento de la historia, y que mientras no hagamos nuestros deberes como sociedad y no nos pongamos manos a la obra en revisar, explicar y sanar esa herida, será una herida más que sumar a las muchas que desgarran nuestras sociedades”.

Porque, a la postre, “esta novela también es una reflexión sobre el mal; sobre cómo el mal se ejecuta y se realiza –el mal con mayúsculas–. No creo que exista una relación más viciada y más perversa como la que existe entre un amo y un esclavo. En ese cajón desastre cabe todo: las desigualdades sociales, de género, de religión, etcétera”.

Iniquidades que hunden sus raíces en el légamo de la infecta y tendenciosa memoria de los acaudalados: “Soy de los que piensa que no se puede amasar una gran fortuna siendo honrado. En algún momento aparece la explotación”.

Por ello, Bardem refiere “la importancia de estar siempre alerta, críticos frente a lo que nos dicen que es el sentido común” –en base a él muchos fueron responsables de la esclavitud, como “hoy podemos ser cómplices de una atrocidad” semejante–, en tanto que “vivimos tiempos excepcionales, en los que debemos intentar llevar reflexión y, también, belleza a la gente, frente a lo peor, el miedo. Nosotros (los creadores) debemos ser abanderados contra él”.

El actor y escritor Carlos Bardem en la XXXIII Semana Negra de Gijón. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

«La sociedad tiene que entender su responsabilidad»

#MAKMALibros #MAKMAEntrevistas | David Trueba
‘La tiranía sin tiranos’ (Anagrama, 2018)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Miércoles 8 de julio de 2020

En el contexto de una edición excepcional –tanto por razones cualitativas como insólitas en lo morfológico–, la XXXIII Semana Negra de Gijón ha recibido la visita del cineasta y escritor David Trueba, autor inédito en estas haciendas noir, por las que deambulan los males de Corcira, con sus progenies de Carvalhos, baladas de ahorcados, grandes Pirellis o lentos tranvías de la literatura túrbida y, en ocasiones, sanguinolenta que vertebra el género.

E irrumpe portando consigo los ecos reflexivos de ‘La tiranía sin tiranos’ (Anagrama, 2018), un frugal ensayo erigido, durante los dos últimos cursos, en lectura obligatoria para la EBAU en el plan de estudios asturiano –motivo por el que ya hubo paseado sus cavilaciones por diferentes institutos del Principado, con una bienvenida acogida y disculpas previas al alumnado ante su insospechada obligatoriedad–.

Una publicación que forma parte de la colección ‘Nuevos cuadernos de Anagrama’, que nos permite aproximarnos a las rúbricas de Zizek, Michel Houellebecq, Marina Garcés, Sara Mesa, Claudio Magris o Rafael Chirbes, y en la que Trueba encuentra acomodo mediante un florilegio de certeras ponderaciones que radiografían algunos de las insalubridades de nuestro tiempo, situando al individuo (nosotros) en el epicentro del análisis: “En las partidas de póquer, dicen los sabios profesionales que cuando miras a los contendientes y no das con el pardillo, con el tonto que va a ser desplumado, es que vas a serlo tú. (…) Y claro que sí, puede haber una tiranía sin tiranos, porque el mundo siempre contiene tiranteces, pero cuando no das con el tirano de manera clara, es que a lo mejor el tirano lo eres tú”, asevera en su concisa tesis, a modo de colofón.

En cierto modo, en la ‘La tiranía sin tiranos’, David Trueba procura advertirnos del negligente pálpito que reside en otear el devenir histórico desde una posición perniciosamente cronocéntrica, tal y como hubo manifestado en su encuentro con los medios: “Creo que una de las características del ser humano siempre es la de pensar que el tiempo se corresponde con su propio tiempo biológico y solemos tener la tendencia de pensar que todo pasa por primera vez y que todo terminará con nosotros. El carácter apocalíptico de la gente suele ser que, a medida que se va haciendo mayor o anciano, va pensando que el mundo se acaba, y entonces, realmente, el que se acaba es él. No sabemos cuándo se acabará el mundo, pero, seguramente, cuando se acabe no habrá una previsión; impactará de manera sorpresiva”.

Y tal perspectiva de los acontecimientos parece ser fruto de que “unimos la vicisitud del mundo y de la historia a la nuestra, y ahí creo que cometemos el mayor de los errores; si algo tiene la tradición intelectual, cultural y artística es la de haber analizado, de alguna manera, los problemas que continúan igual”.

En ese sentido, “el trabajo de un escritor o de alguien que reflexiona sobre su tiempo es tratar de entender las claves de lo que está sucediendo, incluso antes de que suceda, con el fin de prevenir la repetición de lo que antes ha sucedido, y de ofrecer a la gente una especie de consuelo o de guía para comportarse en esos periodos de total desamparo y confusión, como el que vivimos ahora”.

Tiempos inciertos e inefablemente convulsos en los que, “más allá de lo que los científicos puedan llegar a solucionar, el problema máximo es el de la indefinición. La gente no sabe qué planes hacer para dentro de tres meses porque no sabe qué va a pasar entonces. Pues, seguramente, la manera más inteligente de afrontar esas dudas es tratar de observar los tiempos diversos en que han sucedido cosas similares y cómo ha sido la evolución natural de la sociedad hasta llegar a una cierta calma o llegar a perder ese pánico existencial”.

Si en ‘La tiranía sin tiranos’ Trueba, con atinada y cáustica perspicacia, ironiza sobre el ponzoñoso manejo de la ternura para con las víctimas y los desamparados –cosmética, higiénica y sobreactuada–, el pánico virtual a la mala reputación, el imperio adulterado de las estadísticas mayoritarias o la ególatra consecución de un vacuo y efímero bienestar, buena parte de la responsabilidad de ese horizonte reside en el desnortado uso deontológico de las tecnologías, instituidas en una infructuosa y nueva religión, que nos ofrecía “la sensación de que con ellas todo se quedaba viejo, puesto que nosotros disponíamos de elementos técnicos muy novedosos y, por lo tanto, éramos capaces de adentrarnos en una nueva esfera de la humanidad; y, sin embargo, de una manera muy clara, se ha visto que la tecnología puede que sea un acompañante, un elemento más, pero en absoluto resuelve los problemas básicos del género humano desde su origen”.

David Trueba junto a los estudiantes Álvaro Méndez, Cecilia Cora y Sergio de la Calle (tras la presentación de su ensayo) en la portada de la edición del miércoles 8 de julio de 2020 de A Quemarropa, diario de la Semana Negra de Gijon. Fotografía cortesía del festival.

Un panel de herramientas en el que cobra condición de ubicuidad “la explosión de las redes sociales”, cuya omnipresencia trajo consigo “lo que denomino ‘la cosmética de la solidaridad’, del dolor, de la empatía, etc., que es que todos, por medio de un mensaje muy distante y muy poco comprometido, sentimos el dolor de quien está sufriendo. Pero cuando se requiere la participación en la solución o el compromiso o, incluso, la acción por tu parte, entonces ya es más complicado. Los chicos, ahora, lo llaman postureo”.

Por ello, para Trueba adquiere sobresaliente importancia el desarrollo de la acción comprometida frente al discurso pasivo y estéril. “En el cine, siempre, cuando empezábamos a escribir guiones, decíamos: ‘La diferencia entre un personaje que dice y un personaje que hace es que el que dice no está comprometido; el que hace, de alguna manera, con su acción, está hablando mucho más que el que dice’. Vivimos en una sociedad muy de decir, muy de colocar, muy de la foto, del corazoncito, del dedo para arriba; pero ¿las acciones?, porque las acciones son el verdadero compromiso. Esto ha pasado mucho durante el confinamiento, en el que vivíamos muchas expresiones de solidaridad, de empatía…, pero luego, a lo mejor, le pedías a alguien un piso vacío prestado para que un sanitario pudiera estar y protestaba el vecindario, o el casero te negaba la posibilidad de cederlo”.

Una orfandad de avenencia y compromiso cuya responsabilidad apela a los propios individuos en sociedad. “En ‘La tiranía sin tiranos’ hablo mucho de eso: la sociedad tiene que entender su propia responsabilidad, su propia capacidad de delimitar su vida, su experiencia vital y, a partir de ahí, de uno en uno, convertir en una suma un gran colectivo. Lo que no se puede es ‘yo me salvo de todo y los demás que hagan lo que quieran, esto no tiene que ver conmigo porque no soy responsable de lo que pasa’”, recuperando, de nuevo, a ese abismo que media entre la disertación y la materialización de los hechos:

“Entonces, entre la postura y la acción, ahí es donde uno debe hacerse la pregunta a sí mismo: ‘¿Estás dispuesto a convertir en acción lo que conviertes en discurso?’.

El escritor y cineasta David Trueba durante su encuentro con los medios en la XXXIII Semana Negra de Gijón. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

Les Arts recibe a las mejores dramaturgias con mascarilla

Presentación de la la temporada 2020-2021
Palau de les Arts
Avda. López Piñero. Valencia
Miércoles 8 de julio de 2020

Jesús Iglesias, director artístico del Palau de les Arts, que presentó la programación de la temporada 2020-2021 junto a Pablo Font de Mora, presidente del Patronato del coliseo, y Raquel Tamarit, secretaria autonómica de Cultura, tuvo que responder a preguntas relacionadas con el presupuesto, la caída del aforo como medida preventiva contra el coronavirus todavía latente, la desaparición del nombre de Plácido Domingo del Centre de Perfeccionament, por razones tan obvias como discutibles, e incluso por los precios bajos de la ópera contemporánea ‘Fin de Partie’, de György Kurtág (“un acontecimiento cultural de primer orden”, dijo Iglesias), mientras esperaba otras cuestiones más sustanciosas relacionadas, precisamente, con la propia temporada: “Una de las más atractivas del panorama lírico español”, resaltó Font de Mora.

Jesús Iglesias, en un momento de su presentación.

De manera que, cuando cesaron las preguntas de los medios, a Iglesias, en cómplice sonrisa con el presidente del Patronato, le salió del alma si había alguna pregunta más en relación con la temporada. Se había dejado la piel presentándola, con todo lujo de detalles, y resulta que las cuestiones en torno a tan sobresaliente programación brillaban por su ausencia. En todo caso, ahí estaban, porque el director artístico del Palau así lo destacó, los nombres de un puñado de excelentes dramaturgos sobre los que se sostiene una temporada marcada, lógicamente, por el rastro de una pandemia que puede todavía traer cola.

Por eso Iglesias insistió en subrayar la importancia de dramaturgos que, como William Shakespeare, Charles Perrault, Samuel Beckett, Luis Mariano de Larra o Giovanni Verga, autores de excelentes textos literarios, o Mozart, Shostakóvich, Rossini, Wagner, Verdi, Martín i Soler o el propio Kurtág, en el apartado musical, o Romeo Castellucci, Pierre Audi, Laurent Pelli, Giarcarlo del Monaco, Àlex Ollé, Alfredo Sanzol y Jaume Policarpo, en el terreno escénico, ya se han venido interrogando a lo largo del tiempo sobre nuestra sociedad futura. Dramaturgos, por tanto, que pueden ayudarnos con su arte a continuar la meditación sobre la vida que ahora, por mucho que el verano parezca darnos una tregua, nos inquieta dada la incertidumbre reinante.

Raquel Tamarit, Pablo Font de Mora y Jesús Iglesias, durante la presentación de la temporada 2020-2021.

“Hay una energía transformadora de la sociedad en todas sus obras”, remarcó Iglesias, que fue desgranando la programación presentada bajo el lema de una capacidad de superación con la que todos esos dramaturgos, en sus diferentes disciplinas, mostraban el espíritu resistente que animaba sus trabajos. Y se centró, de entrada, en un bloque de cuatro obras: ‘Requiem’, de Mozart, bajo la dirección escénica de Castellucci; ‘Fin de Partie’, de Kurtág, basado en la obra de Samuel Beckett; ‘Una oda al tiempo’, de María Pagés, que comparte la escenografía con El Arbi El Harti, y ‘Sinfonía Nº 7’, de Shostakóvich, bajo la batuta de Pablo Heras-Casado al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana.

El ‘Requiem’ de Mozart es toda una declaración de intenciones acorde con la vida más actual, puesto que, se apunta en su sinopsis, “el miedo a la muerte y sus incertidumbres ocultan, no siempre con idéntica fortuna, un profundo amor por la vida”. Les Arts inicia su próxima temporada lírica con esta ópera, en coproducción con varios teatros y festivales europeos. ‘Fin de partie’ es otra vuelta de tuerca a esa concepción vital de la existencia, con trasfondo angustioso, lo que supone el regreso de la ópera contemporánea a la Sala Principal del Palau, siendo Valencia la tercera ciudad en acogerla, tras pasar tan solo por Milán y Amsterdam. Preguntado por el hecho de que tamaño espectáculo pudiera verse a precios tan populares, Iglesias respondió que ya se hizo anteriormente con ‘Bodas de Fígaro’ (Mozart) y ‘Turandot’ (Puccini), en el afán de los responsables del coliseo por acercar al público grandes propuestas, no sin antes subrayar que la gente suele utilizar el precio como disculpa.

Escena de ‘Tristán e Isolde’, de Wagner. Imagen cortesía de Les Arts.

Del resto de la programación, toda ella girando en torno a “los dramaturgos más determinantes de la historia del espectáculo teatral de Occidente, desde su desarrollo moderno en los siglos XVI y XVII hasta nuestros días”, Iglesias destacó ‘La cenerentola’, de Rossini, ‘Falstaff’, de Verdi, la ópera bufa ‘Il tutore burlato’, de Vicente Martín i Soler, y ‘Tristan e Isolde’, de Wagner, donde el romanticismo hace suyas las “premisas de libertad y transgresión como fuerzas renovadoras del mundo”. También ‘L’Isola Disabitata’, de Manuel García, con dirección de escena de Emilio Sagi, interpretada por alumnos del Centre de Perfeccionament, fue destacada por Iglesias, antes de llegar a la zarzuela de Asenjo Barbieri, ‘El barberillo de Lavapiés’, disciplina a la que Les Arts dedica especial atención.

Hay más cosas en la decimoquinta temporada del Palau de les Arts, la segunda bajo la dirección de Jesús Iglesias, como el ciclo dedicado al Lied, que contará, entre otras, con la soprano Ainhoa Arteta, o el de grandes voces, en esta ocasión centrado en la mezzosoprano de Arkansas Joyce Didonato. También habrá flamenco con José Mercé, Duquende, La Macanita o Niño de Elche, y jazz o fado con Pat Metheny y Mariza. “Una temporada de ilusión y resiliencia, formas de esa energía que se transforma y no desaparece llamada arte”, se afirma en el dossier de prensa.

Después de esta magna presentación, Iglesias, Font de Mora y Tamarit despacharon asuntos más prosaicos ligados a Les Arts, como, por ejemplo, si se le rendiría homenaje a Helga Schmidt, primera intendente del Palau de les Arts, una vez absuelta de las acusaciones de prevaricación, malversación y falsedad que la llevaron a los tribunales, y una vez fallecida en octubre del pasado año. “Lo valoro positivamente”, señaló Font de Mora, si bien descartó la posibilidad de ponerle a una de las salas el nombre de Schmidt: “No me gusta poner denominaciones a salas, salvo que haya un mirlo blanco que ponga dinero”.

Escena de ‘Final de partie’, de György Kurtàg. Imagen cortesía de Les Arts.

De las 16 plazas convocadas para incrementar el número de músicos de la Orquestra, en la actualidad 57 con contrato indefinido, Iglesias explicó que no se habían concretado aún por “retrasos debidos a problemas de procedimiento en la contratación de esas plazas”, al tiempo que justificaba el que no hubiera director titular porque no era “nada sencillo”. El presidente del Patronato del Palau de les Arts indicó que el presupuesto de la programación era similar al de otros años, teniendo en cuenta el trasvase de algunas partidas, y que cifró en 6,1 millones. Tamarit fue la encargada de ofrecer el montante total de Les Arts, que asciende a 29 millones, 18 con cargo a la Generalitat. “Lo ideal sería que el presupuesto fuera a terceras partes: un tercio de dinero público, un tercio de patrocinios, y el otro tercio por ingresos de taquilla o explotación”, precisó Font de Mora, quien avanzó la decisión del Palau de reducir el aforo al 75%, para mantener la distancia social dentro del coliseo, y la necesidad de mascarillas para entrar a ver todos los espectáculos programados.

Con respecto al polémico asunto de las acusaciones contra Plácido Domingo por acoso sexual, nunca trasladadas en firme a los tribunales de justicia, y por la cuales el Patronato de les Arts decidió suprimir el nombre del tenor del Centre de Perfeccionament, Iglesias declinó manifestar cualquier detalle de su conversación privada con Domingo, cuando le trasladó la decisión del coliseo. “Tiene la admiración de todos los que estamos aquí”, afirmó Font de Mora, con respecto a la valía profesional del tenor, si bien aseguró que no se le iba a contratar en el futuro “por su edad avanzada”, aunque habría que ir viendo lo que sucede en temporadas futuras. Tamarit, dejando de lado su cargo de secretaria de autonómica de Cultura, dijo que, “como mujer”, se sentía “incómoda”. Como incómodo se ha sentido Iglesias cada vez que ha salido a relucir el polémico asunto del acoso sexual del tenor. La resiliencia tiene muchas aristas.

Raquel Tamarit, Pablo Font de Mora y Jesús Iglesias en Les Arts durante la presentación Temporada 2020 – 2021. Fotografía: Miguel Lorenzo

Salva Torres

Polirítmia se valencianiza

Festival Polirítmia
Teatre Principal
Barcas 2, València
Del 9 al 12 de julio
Sábado 4 de julio de 2020

El Institut Valencià de Cultura (IVC) ha presentado la nueva edición del festival Polirítmia que se celebrará en València del 9 al 12 de julio en el teatro Principal. Producido por el Institut Valencià de Cultura y el CEFIRE, con la colaboración de la Diputación, Polirítmia es un encuentro de músicas y danzas del Mediterráneo que surgió para recuperar un festival de referencia de nuestra tradición musical de la mano de la cooperación interinstitucional, la territorialización, la internalización y el acceso a la cultura. 

Además de una plataforma de exhibición, incluye un programa formativo de propuestas musicales y dancísticas de carácter tradicional mediterráneo, un encuentro profesional y formativo de artistas y docentes.

Representantes del Festival Polirítmia, durante la presentación del cartel. Imagen cortesía del IVC.

“Polirítmia es una muestra de lo que es posible hacer gracias a la colaboración interinstitucional», señaló Marga Landete, del Servicio de Cultura de la Diputación. «Es también un punto de encuentro de la música de raíz popular que propicia el intercambio y el conocimiento. A pesar de las circunstancias siempre hemos sabido que el festival se haría de una manera u otra, y ahora lo hacemos con todas las medidas de seguridad, con toma de temperatura de los asistentes, con un aforo reducido y vendiendo las entradas por grupos familiares. Sabemos que el público tiene ganas de volver a los espectáculos en vivo y los artistas a reencontrarse con el público”.

Por su parte Rafel Arnal, director artístico del festival, señaló que en la edición de 2020, «el festival se ha valencianizado por la imposibilidad de incluir artistas de otros países. Ofrece a escala musical una fusión perfecta entre la perspectiva local y la voluntad global de la transversalidad mediterránea”. Resaltó la presencia de Urbàlia Rurana, un grupo con más de treinta años de experiencia y del Premio Carles Santos, con la actuación de Spanish Brass & Carles Dénia y así como el concierto ‘Mira si hemos corrido tierras’.

En el Teatre Principal se ofrecerán tres actuaciones por día, una en la calle o la fachada del teatro y dos más en el escenario. Las actuaciones en el exterior empezarán a las 18.30 horas, a cargo de La Trocamba Matanusca los días 9 y 12 de julio, y de Bienparao los días 10 y 11 de julio. Los conciertos en el escenario del Principal tendrán dos horarios diferentes, a las 19.30 y a las 20.30 horas, y se podrá acceder con una única entrada con un precio de 5 euros. 

Urbàlia Rurana. Foto de Sergi García.

El día 9 a las 19.30 horas será el turno de Tarta Relena y a las 20.30 horas podremos ver a Spanish Brass & Carles Dénia con su espectáculo ‘Mira si hem corregut terres’, el día 10 de julio a las 19.30 se ofrecerá la actuación ‘Sarau mediterrani’ con el grupo Urbàlia Rurana, y a las 20.30 actuará Vanesa Muela en trío con su actuación ‘Zaraval’.

El día 11, Eixa presentará su primer disco, ‘Invisibles’, y cerrará el día a las 20.30 horas Matthieu Saglio Quartet con ‘El camino de los vientos’. El día siguiente el grupo Udiva presenta su primer disco, ‘Aigua’. Por último, cierra el festival la actuación de Christian Penalba, una voz joven de la música tradicional valenciana.

La edición de este año también incluye cuatro talleres formativos que se celebrarán entre finales de junio y finales de julio con los siguientes títulos: ‘Introducción al flamenco mediante la guitarra clásica’ impartido por Paco Costa, guitarrista flamenco y creador de la escuela en línea www.guitarraflamencaonline.es, ‘Herramientas para la composición en estilo tradicional en el aula’ a cargo de Isabel Latorre; otro taller será ‘Canto de uso, géneros de baile y ritmos ibéricos’, que tiene como ponente a Raquel Cruces, y el cuarto taller será ‘Las músicas de la tradición mediterránea y balcánica: adaptación curricular y práctica en el aula de ESO y Bachillerato’, impartido por Abel García.

Spanish Brass y Carles Dénia. Foto de Ángel Tejo.

«El mundo literario del planeta mira a la Semana Negra»

#MAKMAEntrevistas | Ángel de la Calle (director de contenidos de la Semana Negra de Gijón)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Centro de Cultura Antiguo Instituto
Jovellanos 21, Gijón
Del 3 al 12 de julio
Jueves 2 de julio de 2020

Semejante a aquel célebre proemio alumbrado por René Goscinny y Albert Uderzo que, reiteradamente, nos exhortaba a inmiscuirnos en las vicisitudes gráficas de ‘Astérix el Galo’, la Semana Negra de Gijón resiste, indomable, al invasor –un virulento asaltante que, desprovisto de gladius y scutum, ha transformado en páramo (entre otras y más severas consecuencias) lo que en condiciones ordinarias hubiera sido, durante los próximos meses, un vergel cultural en sus múltiples y estivales acepciones–.

Y, efectivamente, conducido a través de un fértil programa de actividades y una heterogénea y eximia nómina de autores del género, el longevo (y pionero) festival noir gijonés ha logrado sobreponerse a las consabidas contingencias que nos han asolado (con nulos visos de haber tocado a su fin), erigiéndose en la primera cita de este insólito orden cotidiano con el sector de libro y sus heteróclitos habitantes.

Por ello, desde MAKMA entrevistamos a Ángel de la Calle, director de contenidos de la Semana Negra (y celebrado autor de cómic), cuya presente edición, eso sí, se ha visto mermada en lo morfológico, mudándose del populoso escenario de los antiguos astilleros navales (por el que transitaban más de medio millón de individuos) a las dependencias del Centro de Cultura Antiguo Instituto, dejando en cueros culturales lo que otrora era instruida celebración y literaria algarabía social.

La Semana Negra de Gijón formaliza, a partir de mañana, su trigésimo tercera edición. ¿Se ha revelado en una inopinada excepción con motivo de la COVID-19?

Sí. Pero en algún momento habrá que empezar a reunirse los lectores con los autores y estos entre ellos. El lunes tenía un conversatorio con Cristina y Marisol, las directoras del Hay Festival y la FIL de Guadalajara que acaban de recibir el Princesa de Comunicación y Humanidades, y hablábamos de eso. El Hay Festival fue todo telemático y la FIL no se sabe, falta mucho para noviembre, pero México aún está en periodo de ascenso del virus. Pero la idea es tratar de hacer presencial lo que se pueda. Con aforos limitados como nos pasa a nosotros. Por eso el mundo literario del planeta mira a la SN.

Cartel de la XXXIII Semana Negra de Gijón, creado por la artista italiana Lorena Canottiere.

Desde el primer avance de contenidos, en el (ahora distantísimo) mes de marzo, hasta la reciente y última rueda de prensa, ¿ha corrido la Semana Negra pandémico riesgo o, por contra, desde la organización os habéis mantenido incólumes?

Nosotros, ya antes del virus, perdimos a José Luis Morilla, Mori, nuestro fotógrafo desde hace más de 20 años. Llegó a la SN con 17 años. Eso nos dejó tocados, y días después el puto virus llegó y al rato se llevó a Luis Sepúlveda. En fin… El resto del equipo está bien; aquí, en Asturias la pandemia fue más benigna y el sistema sanitario público es de los mejores del mundo. Yo perdía a mi madre, aunque no directamente por la COVID, y cada cual del equipo a su alrededor tendría sus historias, pero directamente nadie fue afectado.

¿Qué te parece y qué esperas de este nuevo formato? ¿Puede compararse, en cierta medida, con las celebraciones incipientes de finales de los años 80?

Hacerla, asumiendo que es una contradicción con lo que nosotros planteamos. Ya saben, públicos masivos, accidentales, un festival literario de primer orden, callejero, en medio de una fiesta popular, etc. Es casi lo contrario de lo que va a ser este año. Lugar emblemático, pero cerrado, con públicos limitadísimos y medidas sanitarias muy exigentes. Entrada gratuita, pero sacada con anterioridad telemáticamente, etc. Por fortuna, podremos salir al aire emitiendo en directo las 6 horas diarias del encuentro literario y de ideas, a través del canal de YouTube de la SN y de la página web www.semananegra.org.

Pero sí es una apuesta vanguardista, como lo fue aquella Semana Negra de 1988, en tanto que somos adelantados en el mundo de cómo hacer un encuentro presencial de autores, tras (o durante, mejor) la pandemia.

(De izquierda a derecha) Pablo León, director general de Cultura del Principado de Asturias, Ana González, alcaldesa de Gijón, y Ángel de la Calle, director de contenidos de la SN, sostienen a la mascota Rufo (creada por el artista Quique Herrero), dedicada en la presente edición al fótografo Mori. Fotografía cortesía de la organización.

Como has mencionado, la presente edición se encuentra huérfana tras los fallecimientos del escritor Luis Sepúlveda y del fotógrafo Mori, dos figuras tan dispares como imprescindibles en el devenir del festival. ¿De qué modo serán homenajeados en los próximos días?

Una de las dos exposiciones, ‘Mori omnipresente’, está dedicada a él y son sus fotos de estos años. La expo la comisaría Alex Zapico, responsable del espacio de fotografía y fotoperiodismo de la SN. El primer acto literario de la SN será la presentación del libro póstumo de Luis –’Historia de Mix, de Max y de Mex’ (Tusquets Editores, 2020)–, con la presencia de su viuda y familia. Pero siempre el mejor homenaje es el recuerdo y la complicidad con sus ideales.

Carlos Zanón, Lorenzo Silva, Juan Bolea y Marta Robles debatirán acerca de lo que le espera a la novela negra española tras la pandemia. ¿Te aventuras a perfilar un horizonte al respecto?

No. Ya no hablo de futuro. Tenía una bola de cristal que heredé de Carlos Marx, pero se me rompió. Misma bola con la que Carlos Marx predijo que la revolución social acontecería en Alemania e Inglaterra.

Más allá de la omnipresencia del coronavirus, ¿qué otros temas destacados forman parte del ubérrimo cronograma?

Realmente, esperamos no hablar de coronavirus. Si miras el programa, en el que hay más de ciento y pico actos, en ninguno se habla del tema. Hablamos de novela negra LGTBI, de novela histórica, de un país sin sindicatos, de la obra maldita de Manuel Vázquez Montalbán, de la fortuna de la familia Franco, de la delincuencia de moqueta y de la de metralleta, de novela fantástica, de poesía, de los 75 años de la liberación de Mauthausen y Auschwitz, del cómic anarquista, del futuro… Y mucha música.

¿Es pronto para situar geográfica y cronológicamente la XXXIV Semana Negra de Gijón?

Te repito lo de mi rota bola de cristal.

Ángel de la Calle. Fotografía de Marina cortesía del autor.

Jose Ramón Alarcón

“Los mitos son nuestro ADN literario“

#MAKMAEntrevistas | Javier Sierra
‘El mensaje de Pandora’
Planeta de Libros, 2020
Miércoles 1 de julio de 2020

Apenas hace unos pocos meses que se declaró la pandemia y ya se han editado libros que analizan sus causas y consecuencias. Unos son ensayos y, otros, testimonios personales del confinamiento. ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra, elude las etiquetas. Fiel al enfoque del autor, se mueve entre la ciencia, la ficción y el género epistolar para enviar un peculiar mensaje de esperanza y curación. Al declararse el estado de alarma, Sierra aparcó dos proyectos para escribir en tiempo récord este mensaje, que enlaza el origen de los tiempos y la vida en la Tierra con el convulso presente. ”Ha sido el libro más fulgurante que he escrito en 25 años de carrera”, confiesa. “Como si su historia necesitara salir de mis manos y llegar al lector con premura”.

Arys, una joven cretense a punto de cumplir mayoría de edad, recibe una carta de su tía. Se la escribe en Atenas al final de la última pandemia vírica que sacude al mundo.  Sus páginas rememoran un viaje que ambas hicieron hace años, al sur de Europa. Francia, Gerona y las comarcas del Ampurdán fueron el escenario de una aventura cuyos recuerdos esconden claves que cobran sentido frente a la crisis sanitaria.

Portada de ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra.

Da la impresión de que ha escrito este libro pensando en los jóvenes.

La protagonista del libro es una chica que acaba de cumplir 18 años, pero, en realidad, es una metáfora de lo que somos como sociedad. Una cultura que ha vivido una infancia prolongada creyendo que la muerte no era cosa suya y que, de repente, de forma global, ha sentido de cerca su amenaza. Es, por tanto, un relato dirigido a todo el mundo, pero poniendo énfasis en aquellos de nosotros que sabemos que todavía podemos hacer algo por este planeta tras la pandemia de la COVID-19.

¿Por qué, precisamente, el mito de Pandora?

Según los textos griegos clásicos, Pandora es la primera mujer. Zeus la envío a la Tierra con una caja que le prohibió abrir y que contenía todos los males. Ella la abrió y con ese acto terminó con la Edad de Oro de la humanidad. La historia de ese mito me recuerda una teoría científica propuesta por varios premios Nobel: que la vida y las enfermedades, dos caras de un mismo proceso, llegaron aquí en «cajas de piedra» que llamamos cometas, asteroides o meteoritos, y fecundaron al planeta como lo haría un espermatozoide con un óvulo 50.000 veces más grande que él. Y a partir de esa conexión, tuve un hilo narrativo maravilloso del que tirar.

Los mitos son «instrucciones en clave para garantizar la supervivencia de la especie». ¿No cree que el pensamiento racional y la tecnología los han borrado de la faz de la tierra?

La invención de la escritura hizo innecesario que nuestros antepasados recordaran de memoria grandes cantidades de versos y de historias. Los mitos se inventaron en esa época remota para encapsular informaciones importantes en ellos y que pudieran ser recordados con facilidad generación tras generación. Pero la llegada del alfabeto nos llevó a formulaciones cada vez más complejas, aunque también a olvidar muchos de esos «datos disfrazados» de los mitos. A mi me interesa mucho recuperarlos. Son nuestro ADN literario. Y eso no implica que la razón deba desdeñarlos; al contrario: debe estudiarlos con ahínco.

Ilustración de ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra.

¿Que la vida haya brotado en nuestro planeta o proceda del espacio exterior, supone alguna diferencia?

Sí. Nos da una perspectiva mayor de lo que somos. O, mejor, de lo poco que somos en una galaxia que –acaba de calcularlo la Universidad de British Columbia— tiene seis mil millones de planetas tipo Tierra perfectamente capaces de albergar vida. Visto desde esa perspectiva, la vida es una especie de «infección cósmica». Y saberlo puede ayudarnos a determinar dónde aplicar vacunas que controlen a patógenos potencialmente agresivos.

El animal humano ha dominado a la fauna, sometiéndola a condiciones crueles para su provecho. ¿Se podrían interpretar las pandemias como una especie de venganza por estos excesos?

Existe un movimiento internacional llamado One Health que promueve una saneamiento de los mecanismos con los que tratamos a los animales. Su propósito no es solo mejorar sus condiciones de vida, sino salvarnos como especie. La COVID-19 es un virus zoonótico, que saltó de animales sacados de su hábitat natural y nos agredió. Es una lección que debemos aprender ya si no queremos enfrentarnos a ataques aún peores.

Apunta que anteriores pandemias afloraron aspectos positivos que hicieron progresar a la sociedad. ¿Cree que la COVID-19 va a traer, también, nuevos y mejores tiempos?

Traerá transformaciones que el tiempo dirá si son mejoras o no a nuestra forma de vida. Un ejemplo inmediato es el teletrabajo. Su implantación repercute directamente en la contaminación del transporte de las grandes ciudades y mejora el tiempo que compartimos con la familia. Pero su arraigo traerá más cambios, no todos necesariamente positivos. Habrá que esperar a verlo.

Ilustración de ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra.

¿Qué dogmas vigentes hoy nos impiden avanzar en el conocimiento (y en el autoconocimiento)?

Sobre todo, uno muy arraigado: el convencimiento absoluto de que la naturaleza debe domesticarse y ponerse al servicio del ser humano. Lo hacemos sin pensar en ello, como si fuera un derecho. Y no lo es. No somos una criatura ajena a la naturaleza, ni tampoco superior a ella. Somos parte intrínseca suya. Si lo asumiéramos, la respetaríamos más y no la violentaríamos como acostumbramos.

‘La rebelión de los brujos’ es su libro fetiche. ¿Se considera heredero de Bergier y Pauwels?

Ellos son «hijos del 68». Mentes que propusieron un reordenamiento de la historia y una reevaluación de las competencias de la ciencia. Lo hicieron bien. Nos invitaron a pensar. Pero mi época es otra, y los desafíos de mi generación han variado. Ya no nos preocupa tanto lo que el hombre pueda destruir con el átomo, como lo que la naturaleza pueda hacer con nuestra civilización ante el cambio de ciclo que, intuimos, acaba de empezar.

Recuerda a su padre, cartero de oficio en Teruel. Los jóvenes ya no escriben cartas, sino mensajes mínimos. ¿Cree que eso, al igual que las nuevas tecnologías, afectará a sus procesos mentales?

Lo que expresamos es consecuencia de lo que pensamos. En eso no hay secretos ni dobles lecturas. Veo con preocupación esa banalización del lenguaje, porque está generando una pereza en el ejercicio de pensar. Y eso no es bueno para nuestra civilización. Por eso soy un ferviente defensor de las campañas de fomento a la lectura, de acercar a los jóvenes la cultura en todas sus expresiones, y de la exigencia educativa para formarlos en la lengua y su uso.

Javier Sierra. Foto: Asis G. Ayerbe.

Bel Carrasco

Pioneras del Greenwich Village antes de Stonewall

#MAKMALGTBIQ | Orgullo LGTBIQ 2020
‘Damas de Manhattan: las mujeres que forjaron la historia de Nueva York’, de Pilar Tejera
Ediciones Casiopea, 2020
Miércoles 1 de julio de 2020

Aún con resaca por las noticias publicadas con motivo del día del orgullo LGTBIQ, nos detenemos unos instantes a repasar algunas historias que tuvieron lugar en el Village neoyorquino mucho antes de los disturbios de Stonewall, desatados en 1969 después de que la policía hiciera una redada en un bar de ambiente gay.

Desde hacía varias décadas, las mujeres ya acudían a garitos, clubs y bares de la zona donde daban rienda suelta a su homosexualidad sin tapujos. Desde finales de siglo XIX, Greenwich Village ya era pionero en muchos aspectos; uno de ellos, el de albergar esa corriente liberal que aún le caracteriza y que lo convierte en centro neurálgico del movimiento LGTBIQ. Los fairy resorts o clubs de homosexuales ya salpicaban Bowery Street.

En fecha tan temprana como 1912, la feminista Henrietta Rodman trasladó allí la sede del Club Liberal, estableciendo así un patrón de comportamiento en la zona. Rodman era miembro también del Heterodoxy Club, institución feminista radical fundada por otra liberal del momento, Marie Jenney Howe. Ambos locales compartían la misma manzana. Sus socias manifestaban allí su recíproca atracción física y también su bisexualidad. Las veladas se celebraban de forma abierta a los excéntricos y artísticos vecinos que a veces se sumaban a ellas. De esta forma, MacDougal Street fue conocida por sus clubs frecuentados por los amantes del “amor libre”. La manzana que ocupaba el Club Liberal y el Heterodoxy Club, acogió también la librería Square Bookshop y el teatro amateur Provincetown Playhouse. El público que recorría las calles vecinas era, como podemos imaginar, de lo más heterodoxo.

Henrietta Rodman.

«Los hombres son admitidos, pero no bienvenidos»

En 1925, Eve Kotchever, una inmigrante polaco-judía abría en MacDougal Street un club literario para lesbianas. Eve’s Hangout (el rincón de Eva) brilló como pocos garitos en las noches neoyorquinas pese a que solo estuvo abierto un año. En su puerta colgaba el elocuente letrero: “los hombres son admitidos, pero no bienvenidos”. Una periodista lo calificó como “uno de los locales más encantadores del Village”. Allí, cada noche, esta inmigrante organizaba lecturas de poesía, actuaciones musicales y tertulias donde los temas sexuales se debatían libremente. El local se convirtió en refugio de escritores e intelectuales que celebraban el placer erótico y homoerótico tanto en su trabajo como en sus vidas. La calle estaba en la lista negra de la policía que ocasionalmente se dejaba caer por allí con una buena provisión de porras y de esposas. El 11 de junio de 1926 el club sufrió una redada. Una de las detectives, infiltrada en el local, había descubierto el libro ‘Lesbian Love’, escrito por la mismísima Eve Kotchever. Eve fue arrestada y declarada culpable de «obscenidad» y de «conducta desordenada» y acabó siendo deportada. El bar no sobrevivió al arresto de su propietaria y tuvo que cerrar.

Un rastro que se reparte por todo Manhattan

Algunos de los edificios y apartamentos neoyorquinos que habitaron algunas parejas de mujeres siguen aún en pie. Ahí están las dos residencias que compartieron la agente y productora teatral Elisabeth Marbury y su compañera sentimental Elsie de Wolfe (la primera diseñadora de interiores profesional del país), en el 49 de Irving Place y, más tarde, en el número 13 de Sutton Place. También siguen resistiendo el paso del tiempo el piso donde Elsa Gidlow escribió uno de sus más conocidos libros de poemas mientras vivió en Manhattan en la década de 1920 (en el 447 West 22nd Street) o la preciosa casa donde vivió Alice Austen en Staten Island, que frecuentaba el Darned Club, donde las damas se reunían para fumar, montar en bicicleta, vestirse de hombres o amarse libremente. Allí conoció a la institutriz y bailarina Gertrude Tate, que sería su compañera sentimental de por vida.

La residencia donde compartieron su amor la sufragista Marion Dickerman y Nancy Cook se encuentra en el 171 West de la calle 12 (en uno de los primeros edificios de apartamentos, por cierto, en acoger parejas del mismo sexo). Las reformadoras sociales Anna Rochester y Grace Hutchins, que lucharon por mejorar las condiciones laborales, especialmente para las mujeres, vivieron en un apartamento del edificio situado en el 85 de Bedford Street desde 1924 hasta su muerte en 1966 y 1969, respectivamente. Y la casa y estudio de la fotógrafa Berenice Abbott, en el 50 de Commerce Street, también en el Village, es otro ejemplo de supervivencia. El rastro de las casas habitadas por estas mujeres en Nueva York puede seguirse a través del proyecto ‘NY LGBT, Historic Sites Project’.

La escritora y luchadora por la igualdad, Lorraine Hansberry, la pionera de la sanidad pública LiIlian Wald, la fotógrafa Berenice Abbot, que inmortalizó la vida de Manhattan en la década de 1930, o la primera dama Eleanor Roosevelt, que durante dos décadas mantuvo una relación sentimental con la periodista Lorena Hickok, son otros ejemplos.

La fotógrafa Alice Austen, por ejemplo, frecuentaba el Darned Club de Staten Island, donde las damas se reunían para fumar, montar en bicicleta, vestirse de hombres o amarse libremente. Allí conoció a la institutriz y bailarina Gertrude Tate, que sería su compañera sentimental de por vida. También se conserva la preciosa casita donde la fotógrafa vivió la mayor parte de su vida en Staten Island.

Era una época en que la mujer ya reivindicaba su derecho a reunirse en clubs que no admitían el acceso a los hombres. El Colony Club de Nueva York, abierto en 1903 por la sufragista y reformadora social Daisy Harriman, el Woman’s Press Club y el Sorosis Club, ambos impulsados por Jane Cunningham Croly y abiertos también en Nueva York, son buena prueba de ello.

Una republicana española y una dama de la alta sociedad estadounidense

También la inmigrante republicana Victoria Kent, nacida en Málaga en 1891, y Lousie Crane, quince años más joven que ella, de familia millonaria y oriunda de Massachusetts, mantuvieron una estable historia de amor. Procedían de mundos distintos, eran como agua y aceite, pero desde que se conocieron nunca más se separaron. Ocurrió cuando Louise ya había roto con la poeta Elizabeth Bishop, su compañera sentimental de dos décadas. Al parecer, el motivo de la separación no fue otro que Elisabeht halló a su compañera y a Billie Holiday en la cama. Louise Crane y Victoria Kent marcaron tendencia cultural y política en el Nueva York de principios de siglo.

Pilar Tejera

* Estas y otras historias están recogidas en el libro de reciente aparición ‘Damas de Manhattan:las mujeres que forjaron la historia de Nueva York‘, de la escritora Pilar Tejera, que reúne la vida de más de 30 mujeres sorprendentes.

«La especie humana tiene una profunda tara»

‘Tóxikas’, de Pilar Pedraza
Cazador de Ratas Editorial, 2020
Domingo 28 de junio de 2020

Algo en apariencia tan inocente como ir a comprar comida puede convertirse en una experiencia terrorífica. Es lo que ocurre cuando te dejas guiar por una escritora adicta a lo dark, cliente asidua de un mercado con mucha molla: el Central de València. Pillemos, pues, el carro o la bolsa para emprender una expedición que nos pondrá los pelos como escarpias pero con un sonrisa en los labios. Hablamos de ‘Tóxikas’ (Cazador de Ratas Editorial), una colección de doce relatos de Pilar Pedraza con una portada de Mariana Palova no apta para veganos y prólogo de Luis Pérez Ochando. Bajo una capa de ligereza y humor con visos costumbristas Pedraza vuelve a maravillarnos con su peculiar visión de la realidad cotidiana, mientras pone el dedo en la llaga y hurga en la herida. Desfilan insectos comestibles, gallinejas, carne de potro, lironcillos y hasta un crucero con fiesta sorpresa. Pedraza combina su pasión por un barrio, el del Carmen, del que dice que sólo la sacarán «con los pies por delante», con recuerdos de su infancia, de sus viajes y pinceladas cultas, que para eso es una autora de culto. Una  delicatessen que estimula el apetito y te deja con ganas de más. 

Un viajero muy famoso cuyo nombre no recuerdo dijo que para conocer una ciudad hay que visitar sus mercados. ¿Qué visión ofrece para usted el Mercado Central?

El gran Mercado Central me ofrece, y yo la devuelvo ficcionalizada, una visión mística, nada que ver con ‘El vientre de Paris’, de Emilio Zola, al que admiro profundamente. Un mercado como el que usted menciona es para mí y para ‘Tóxikas’ una catedral profana y un museo mundial del bodegón. Me inspiro en el de Valencia, aunque no sea realmente ese en concreto el que describo, porque es uno de los más hermosos del mundo y también porque disfruto de él todos los días.

Portada de ‘Tóxikas’, de Pilar Pedraza.

Convierte un inocente ‘ir de compras’ en pretexto para denunciar los excesos del capitalismo y las represiones ocultas de nuestra sociedad. ¿Cómo fueron surgiendo estos relatos?

Lo que hay en ‘Tóxicas’ no es propiamente denuncia social, sino sarcasmo, a veces, y otras simplemente regodeo y humor negro; es decir, literatura fantástica. Los relatos fueron surgiendo desde hace un tiempo como pequeños textos en la revista La Charca Literaria, dirigida por Pere Montaner. Al final de la temporada, los recogí, los trabajé a fondo y los agrupé temáticamente con cierto orden: del nacimiento monstruoso a la muerte y sus vanas pompas fúnebres. Me ayudó en el intento mi amigo Luis Pérez Ochando, que es el autor del prólogo y a quien estoy muy agradecida por su apoyo.

Sobrepeso, obesidad, sedentarismo por una parte, y por otra anorexia y obsesión extrema por el culto al cuerpo. ¿Por qué lo alimenticio ha degenerado en enfermedad?

Yo creo que la especie humana en sus ramas hegemónicas blancas, y en su mal llamada sociedad del bienestar, tiene una profunda tara en la configuración del deseo. En otras palabras: no sabe lo que quiere y se deja llevar por el capitalismo, que es ciego e inhumano y adopta formas y modas monstruosos o ridículas. No toco ese tema en ‘Tóxikas’, que no es en absoluto un libro sobre la alimentación y sus aberraciones, sino un fantaseo sobre la visión de las cosas y de sí misma de la protagonista, que camina por el mundo con el inconsciente a flor de piel. Trabajo la mente y la memoria, no el cuerpo biológico. 

Menstruación, embarazo, lactancia, menopausia… Por motivos biológicos, la mujer está más familiarizada que el hombre con las miserias de nuestra propia carne. ¿Cómo cree que ha influido eso en la perpetuación de la sociedad patriarcal?

Compleja pregunta que responderé brevemente. Tengo una amiga de gran cultura y talento que, cuando entró en la menopausia, me confesó: “¡Ay, Pilar, por fin soy un hombre!”.

Para compensar los trabajos de la procreación parece que la naturaleza otorga al género femenino una ancianidad más apacible que al hombre. ¿La mujer, cuanto más vieja, más sabia y bruja?

Eso son tópicos, pero algo de realidad hay en ellos: la mujer es superior al hombre en muchos aspectos de la vida, especialmente en los referentes al cuerpo y a lo emocional, sin que ello quiera decir que yo sea sexista. Todo lo contrario: mi feminismo es igualitario y socialista. Por otra parte, hay viejas que ni sabias ni brujas, y viejos maravillosos. El problema es el supremacismo machista ahora llamado patriarcado. Una viuda mayor suele ser feliz, monta un club de lectura, hace yoga o se entretiene con sus nietos; un viudo, es un desastre, se encuentra perdido en la realidad de la vida porque no está entrenado para gestionarla. 

Pilar Pedraza, con mascarilla en estos tiempos de pandemia. Imagen cortesía de la autora.

El mundo, el demonio y la carne. Según la religión católica son los tres enemigos del alma pero la carne va en tercer lugar, así que tampoco es para tanto.

Tiene razón, pero con la misteriosa “carne”, la iglesia se refiere al sexo, que está muy sobrevalorado a causa de las obsesiones del catolicismo hipócrita y que, mayormente, lo practican los curas abusando de los chicos. Aunque esté la última en la tríada, válgame Dios la lata que ha dado la “carne” católica a hombres, mujeres y niños.  

Ahora que la Iglesia no nos tortura tanto con sermones y dogmas, tenemos que lidiar con fanáticos de todo tipo que nos dicen lo que tenemos que comer y pensar.

Yo paso de todo tipo de talibanes y talibanas religiosos o culturales. Soy hija de la Revolución francesa: libertad, igualdad y fraternidad (o sororidad). Pienso y escribo a mi aire; a mi edad no necesito el nihil obstat de nadie por mucho que ese alguien crea estar en posesión de la verdad. Yo ya tengo mi verdad y bien que me la he currado. La mía es feminista, igualitaria, socialdemócrata, pacifista y ecologista, y su única meta mi felicidad y la de quienes me rodean. Paso de dar doctrina y de recibirla.

¿Le gustaría reencarnarse?

¡Oh, sí! En guepardo de la sabana en Tanzania, corriendo tras las gacelas Thompson. Siempre que veo a un guepardo ponerse a 100 kilómetros por hora en segundos, me entra una envidia tremenda.

¿Se puede vivir sin teléfono móvil?

Se puede y, quizá, se debe, si prefieres la felicidad a la ansiedad. No conozco adminículo o utensilio más inútil y virulento. Hice mi tesis doctoral sin móviles, sin ordenadores y sin Internet. La fotocopiadora era nuestro único lujo y correr perseguidos por los “grises” nuestro deporte. Comprendo perfectamente que estamos inmersos en un cambio profundo y que yo pertenezco todavía a la contracultura, que era la cultura de verdad según nosotros mismos, y que ahora ya no la conoce ni quien la inventó. Pero con móvil o sin él, soy fan de Internet, Google es mejor que la Enciclopedia Espasa, y yo, por ahora, tan joven como el que más.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Sedajazz lanza Estiu Viu para sobrevivir en verano al virus

Sedajazz. Estiu Viu
Alqueria Coca, 1, Barrio de La Torre. Valencia
Del 22 de junio al 1 de agosto de 2020

Tras estos meses de confinamiento en los que Sedajazz ha estado manteniendo la actividad didáctica y algunos conciertos online, el colectivo jazzístico sigue trabajando para ofrecer interesantes actividades como la que ahora presentan bajo el título de ‘Estiu Viu’, para generar “alegrías y esperanzas en unos momentos tan inciertos y difíciles para todos”, señalan desde Sedajazz. 

‘Estiu Viu’ es una propuesta para mantener la escena jazzística en la ciudad de Valencia ante la anulación de casi todas las actividades y conciertos a causa del Covid-19. Más de un centenar de músicos se han sumado a esta iniciativa, autoproducida por los participantes, en apoyo a la cultura y a favor de la reactivación de la escena musical.

Sedajazz Kids Band, jazz para los más jóvenes. Imagen cortesía del colectivo Sedajazz.


Del 22 de Junio al 1 de agosto Sedajazz Festival Estiu Viu presenta un cartel de calidad para disfrutar del verano cumpliendo escrupulosamente los protocolos de la fase de desescalada. David Pastor, Sedajazz Nonet, Marina Alcantud, Alexey León, Domisol Sisters, La Dancing Pepa Swing, La Lírica Big Band y así hasta 20 formaciones protagonizaran las tardes de ‘Estiu Viu’. Las audiciones del festival serán al aire libre y tendrán carácter didáctico.

Las propuestas de ‘Estiu Viu’ abarcan también los talleres de verano para niños y jóvenes; los intensivos de perfeccionamiento y preparación al grado Superior Jazz; cursos de Musicoterapia; Jazz para profesorado; clases de instrumento y conjunto instrumental/combo;  Banda Sinfónica Jazz y  Jam Sessions. Esta oferta se adecúa a la situación actual con clases principalmente presenciales pero también con fórmulas online

Imagen extraída de un video promocional de Sedajazz.