Una España negra como el carbón

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Javier Valenzuela
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Me hubiera gustado inventarme un personaje tan fantástico como el llamado Yonqui del Dinero, ese valenciano que, una vez detenido por la Guardia Civil, tuvo una epifanía: descubrió que llevaba la vida miserable de un drogadicto, siempre en busca de material, siempre necesitando más y más. La droga, en su caso, era el dinero que conseguía mediando en chanchullos corruptos de los políticos de derechas y sus amiguetes empresarios. Puesto en libertad provisional, el Yonki del Dinero, como ustedes saben, se marchó en busca de iluminación a la India, de donde regresó convertido en un gurú y dispuesto a colaborar con la Justicia.

Cuando en 2016 escribí ‘Limones negros’, mi novela sobre la corrupción española, el Yonki del Dinero era ampliamente conocido en España, así que no pude inventármelo como personaje de ficción. Lo que hice fue otorgarle una especie de cameo, hacer que la imaginaria Lola Martín, capitana de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, le contara en Tánger al también imaginario profesor Sepúlveda cómo ella había participado en su detención e interrogatorio. Pero, ¿saben una cosa?, creo que jamás me hubiera atrevido a concebir un personaje semejante al del Yonki del Dinero, lo hubiera considerado demasiado perfecto, poco verosímil por decirlo de alguna manera.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Y es que la realidad de la corrupción española, revelada por el periodismo y la justicia independientes, supera la imaginación más fértil. Un presidente de una comunidad autónoma que guarda un millón de euros en billetes de quinientos en un altillo y cuando es descubierto afirma que se lo olvidó allí un fontanero o un empleado de IKEA. Una presidenta que falsifica un máster y solo dimite cuando también se airea que robaba cremas de belleza en un supermercado. Un banquero que ha estafado a miles de pequeños inversores y termina apareciendo muerto de un disparo de escopeta en una partida de caza. Políticos y empresarios que pagan con el dinero de los contribuyentes a las putas que llevan a sus orgías. Fiscales anticorrupción a los que les roban en sus casas los portátiles donde guardan los datos de sus investigaciones. No me digan que todo esto no es negro como el carbón.

Negro, por supuesto, a la manera española. Más próximo al cine de Azcona y Berlanga o la literatura de Eduardo Mendoza que a los ríos de sangre y vísceras del thriller norteamericano. Más emparentado con la picaresca del Siglo de Oro que con las obras de James Ellroy y Don Winslow. Más pegado a tierra que a las angustias existenciales de los escandinavos. En definitiva, tan español como el chorizo.

Como en el resto del planeta, el género negro ha sido el gran protagonista de la escena literaria española en el último lustro. ¿Qué premio prestigioso no ha recaído más de una vez sobre una novela negra? ¿Qué presentadora de televisión no ha publicado ya la suya? ¿Qué ciudad de la piel de toro no cuenta con su festival consagrado a la ficción policial y criminal? ¿Qué librería no dispone de un generoso rincón dedicado a ella? Año tras año, se equivocan los que predicen que el noir va a pasar de moda. Año tras año, cuenta con más autores y lectores.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

¿Por qué? Pues porque seguimos en crisis. Aquí y en todo el mundo. Crisis profunda de modelo político e institucional, de sistema económico y social, de ideas y valores. Y, como también saben ustedes, ningún género novelesco cuenta tan bien como el negro la realidad del mundo urbano y capitalista en crisis. Nació por y para ello en el Estados Unidos de la Ley Seca y la Gran Depresión, con las obras de Dashiell Hammett, James M. Cain, Jim Thompson y Raymond Chandler. Y llegó a la España de la Transición, la Crisis Petrolera y la Inseguridad Ciudadana con las obras de Vázquez Montalbán, Andreu Martín y Juan Madrid.

Convendrán conmigo en que lo que llevamos de siglo XXI tiene muchas más sombras que luces. Es difícil contar en rosa un siglo que arrancó con el derribo de las Torres Gemelas y la quiebra de Lehman Brothers y sigue hoy con las barbaridades de los yihadistas y los despropósitos de Donald Trump. Un siglo que, en el caso español, ha sido el de la ruina de las clases populares y medias, el de la denuncia de la mediocridad de nuestra democracia por los jóvenes de edad o espíritu del 15-M y el del descubrimiento de que el régimen está podrido de corrupción. La novela realista solo puede contar en negro este tiempo.

Muchos autores y autoras están en ello. También aquí. No citaré ningún nombre porque bastantes de ellos son amigos míos y no quiero incurrir en ningún olvido. Lo que si diré es que todos intentan que sus ficciones no se queden cortas en comparación con lo que ocurre en nuestras cloacas y callejones oscuros. Y añadiré que muchos cuentan lo que no cuenta la Prensa adocenada: que los que mandan de verdad son los grandes banqueros y empresarios, no los políticos a los que votamos, y que los corruptos de postín, los curas pedófilos y los violadores de mujeres reciben mejor trato en nuestros tribunales que los que roban gallinas o no pagan la hipoteca. Por eso la gente los lee, porque entretienen dando las claves del presente.

La vie en rose? Pas maintenant, cherie.

‘Salón con lobo’, de Marta Beltrán.

Javier Valenzuela

Alarcón celebra su festival de música ecléctica

IV El Ruso Festival de música ecléctica de Alarcón
Alarcón (Cuenca)
Del 26 al 28 de julio de 2019

Reunir con ánimo de conciliar valores, ideas y tendencias. Así nació El Ruso Festival de música ecléctica de Alarcón y con esa misma filosofía ha llegado a su cuarta edición, celebrada este año entre el 26 y el 28 de julio. Nada mejor para arrancar que los soportales del ayuntamiento, un espacio abierto que, a modo de ágora griega, sirvió de escenario para dar la bienvenida al festival con el proyecto del inclasificable Gilbertástico, alter ego de Gilberto Aubán. El artista valenciano actuó solo, cual trovador del siglo XXI, y una vez más consiguió dar coherencia a una mezcla de estilos de lo más variada, una propuesta musical que aúna folk, jazz, psicodelia y ritmos balcánicos. Además, sentado al piano deleitó al público con un homenaje a Franco Battiato, una de sus mayores influencias.

Veinticuatro horas después, la tarde noche del sábado acogió el resto de conciertos. En esta ocasión el escenario ganó en altura y en vistas con el traslado a la terraza del restaurante de Raúl Poveda, ‘La cabaña de Alarcón’, uno de los patrocinadores del festival y parada ineludible en una visita a la localidad. El primer plato del menú lo cocinó el director artístico del festival, Néstor Mir, a quien su inquietud artística le ha movido más allá de los confines de la música para adentrarse también en las artes escénicas, la narrativa y el audiovisual. Agitador sociocultural y alma mater de la discográfica independiente Malatesta Records, Mir es un especialista en escribir y musicar historias cotidianas para discos arriesgados y atrevidos. En la cuarta edición del festival optó por presentarse en versión one man band para dar voz a parte de su repertorio más reciente acompañado de una Fender Jaguar, un secuenciador y un looper, aparatos que sumó a su propuesta asesorado por las alcoyanas Júlia, artistas invitadas a la primera edición del festival en el verano de 2016.

Con los últimos rayos de sol llegó Petit Mal. El anaranjado atardecer acompañó en escena a este grupo liderado por Suso Giménez, asiduo al festival y que en esta ocasión estuvo acompañado por Anna Sanz de Galdeano al violín, y Lourdes Casany al bajo acústico. Juntos interpretaron buena parte del nuevo álbum de Petit Mal. ‘Andar sobre hielo frágil’ha visto la luz casi 15 años después de ‘Finlandia’, pero mantiene su esencia. Canciones intimistas de aire nostálgico con melodías delicadas, letras que conjugan el existencialismo y el día a día en un propuesta musical que busca la emoción y lo consigue. También hubo tiempo para recordar grandes éxitos de ‘Finlandia’ como ‘Yo soy tu fan¡ y para versionear, con absoluta libertad, temas clásicos como el ‘China girl’, coescrito por Iggy Pop y David Bowie.

Gilberto Aubán, Gilbertástico, durante su actuación en el festival. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Después de cenar se encargó de amenizar el postre la dulce y potente voz de Elen & Roseville, proyecto personal de Elena G. Morillas, acompañada por el artista de Java (Indonesia) Hans van de Stadt (ármonica, voz y guitarra). Su propuesta musical, también ecléctica, hizo viajar al público por diferentes rincones del mundo. A través de la unión de diferentes estilos musicales y letras compuestas en francés, inglés y árabe, Elen & Roseville camina con equilibrio entre el rock, el blues, el folk francés y la música étnica.

Fue el broche final a la parte musical de un festival alejado de modas y carteles de renombre, pero con proyectos de indudable calidad. Una propuesta sólida que goza de la belleza de la intimidad en un entorno medieval envidiable. También del apoyo incondicional del Ayuntamiento de Alarcón.

Paralelamente a la propuesta musical, el festival tiene su vertiente cultural con sede en el Museo del Ruso, espacio de arte contemporáneo dirigido por Marisa Giménez Soler, directora del festival, galerista y comisaria de arte, pero sobre todo una mente inquieta que desde aquellos maravillosos años de La Esfera Azul no ha parado de idear interesantes proyectos. El museo fue parte del desaparecido palacio de los Castañeda, del que solo se conserva la imponente portada del siglo XVI y su nombre procede del pintor y coleccionista ruso Miguel Ourvantzoff, que vivió durante años en Alarcón.

Posado grupal de artistas, músicos, gestores y patrocinadores del festival. Fotografía cortesía de Marisa Giménez Soler.

En su pequeña y única sala, y coincidiendo con el festival, se ha inaugurado la exposición ‘Colectiva ecléctica’, que reúne tres propuestas completamente diferentes: obras de Calo Carratalá (Torrent, 1959), Felicia Puerta (Murcia, 1967) y Fernando García del Real (València, 1967).

Calo Carratalá, considerado uno de los exponentes del nuevo paisajismo contemporáneo, muestra obras de su viaje a Tanzania, una mirada cautivadora sobre la naturaleza. La obra de Felicia Puerta, profesora de la Facultad de Bellas Artes de València, se caracteriza por la abstracción pura, la geometría y el minimalismo, plasmados en texturas y una sobria paleta cromática. Fernando García del Real se expresa a través del collage digital. Sus obras destilan un atractivo estilo retro contemporáneo que sorprende por la original descontextualización de imágenes, con claras influencias del cine, la música, la literatura y el cómic.

El festival es una ocasión perfecta para conocer Alarcón, pero cualquier momento es bueno para descubrir un lugar que atrapa. Un pueblo asentado sobre un promontorio y rodeado por una doble muralla, la medieval y la formada por un meandro del Júcar. Coronado por una fortaleza medieval de origen musulmán, Alarcón ofrece al visitante una buena dosis de arquitectura religiosa y civil que le valieron el reconocimiento de conjunto histórico artístico hace ya más de tres décadas.

Petit Mal durante un instante de su concierto durante la cuarta edición de El Ruso Festival de música ecléctica. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Carmen Pastor

Manel será cabeza de cartel del Deleste 2019

Manel
Deleste 2019
Jardines del Turia. Valencia
9 de noviembre de 2019

Manel ya luce rutilante como primer cabeza del Deleste 2019. El festival otoñal y urbano de la ciudad de València ha sido elegido por el grupo barcelonés para presentar su quinto y esperado disco. El cauce del río Turia será la nueva ubicación de esta octava edición que seguirá apostando por la comodidad de los espectadores, el cuidado sonido, el aforo limitado y el no solapamiento entre conciertos.

El nuevo espacio principal del festival (el mismo que se usa estos días para la Filmoteca d’Estiu) permitirá crecer al festival hasta las 3.000 espectadores. «Consideramos que el cauce del río Turia es uno de los mayores atractivos de la ciudad, un pulmón verde, luminoso y maravilloso en el que disfrutar de una experiencia musical inolvidable y después poder volver a casa sin complicaciones, con buenas conexiones. Además, la ubicación no es casualidad pues seguimos estando conectados con el Palau de la Música con el que hay una relación total de colaboración y a cuya filosofía de #UnPalauObert nos seguimos sumando”, apuntan sus responsables. 

Las entradas del Deleste, cuyo cartel aun promete muchas sorpresas que se desvelarán antes del 15 de septiembre, ya están a la venta a través de Wegow a un precio de 55 € (más gastos de comisión). Otorgar la misma relevancia a al día que a la noche y la concentración de todas las actuaciones en un solo día volverán a ser señas de identidad de un festival que se desarrollará íntegramente al aire libre.

Una experiencia musical para disfrutar sin prisa y con los cinco sentidos de la mano de Cervezas Alhambra, de nuevo patrocinador principal del festival. La cervecera sigue demostrando así su apoyo al arte que no sigue ni los convencionalismos ni las reglas, ofreciendo momentos únicos e irrepetibles que combinan la excelencia musical y el espíritu artesanal intrínseco en la marca a través del maridaje con sus principales variedades -Alhambra Especial, Alhambra Reserva 1925 y Alhambra Reserva Roja-.

Patrocinadores como Movistar, Vermut Vermell, el vermut mediterráneo de elaboración artesanal, Zummo Living Culture o Arroz Dacsa volverán a hacer posible una edición de este encuentro sonoro de iniciativa privada.

Manel. Imagen cortesía de Deleste.

 

¿La felicidad está en los genes?

Presentación del libro ‘La vida en cuatro letras. Claves para entender la diversidad, la enfermedad y la felicidad’, de Carlos López-Otín
Editorial Planeta (España, 2019)
Casa de la Cultura de Llanes (Asturias)
Miércoles 24 de julio de 2019

En abril de 2019 se publicó un libro de divulgación científica titulado ‘La vida en cuatro letras. Claves para entender la diversidad, la enfermedad y la felicidad’. Sería un título más en ese subgénero, ciertamente no muy boyante en el panorama editorial español, si no fuese porque a finales de julio de este mismo año ya va por la tercera reimpresión.

Hay algunas claves para entender este éxito: la primera, que es también un libro de autoayuda, autobiográfico y casi filosófico. Lo escribió uno de los investigadores más relevantes y citados en España, el catedrático de Bioquímica de la Universidad de Oviedo, Carlos López-Otín (Sabiñánigo, 1958), que ha recibido diversos premios tanto nacionales como internacionales por su labor docente e investigadora, entre los que destaca el Premio Nacional de Investigación Santiago Ramón y Cajal en el área de Biología en 2008. Además, es académico de la Academia Europea y de la Real Academia de Ciencias de España, así como doctor honoris causa por diferentes universidades españolas y extranjeras.

Un momento de la presentación del libro ‘La vida en cuatro letras’, de Carlos López-Otín. Foto: Lorenzo Torres

Segunda clave: López-Otín es un experto mundial en la investigación aplicada a enfermedades como el cáncer, la artritis o las llamadas hereditarias, sobre todo en lo referente al ámbito de los genes. Es decir, que no solo investiga, sino que aplica esta investigación a casos médicos reales, como el de su alumno Sammy Baso, enfermo con síndrome de progeria de Hutchinson-Gilford, un trastorno genético muy raro que produce envejecimiento prematuro. Sammy tiene 23 años, cuando lo normal es que hubiese muerto en la preadolescencia.

Tercera y cuarta clave: la capacidad de comunicación de este investigador -pese a su timidez- así como con el hecho, relacionado con la anterior, de que es capaz de expandir sus intereses más allá de su campo de especialización, con pasión y contagiando de ello a los que quieren escucharle. Lo que provocó, en la presentación del libro en la Casa de la Cultura de Llanes el pasado 24 de julio, que la mitad de los asistentes no pudiesen evitar humedecer sus ojos hacia el final del evento. Emocionar a un lector no especialista explicando qué es el genoma humano (de ahí las cuatro letras del título), no es fácil, pero menos lo es dar un salto mortal tan políticamente incorrecto como vivificante en nuestro tiempo, proponiéndonos, finalmente, una fórmula científica de la felicidad. 

Portada del libro de Carlos López-Otín.

De todo esto pude ser testigo el pasado 24 de julio en Asturias. Sala algo pequeña, mucho público interesado que sostuvo la respiración durante dos horas escuchando los contenidos del libro -junto a la banda sonora en forma de lista de canciones que se anexa al libro- y lágrimas en muchos de los asistentes pues, además de las historias humanas como las de Sammy, el origen de esta magnífica obra es, ciertamente, dramático: se sitúa exactamente en el acoso laboral que López-Otín lleva sufriendo desde hace un par de años en su universidad, cristalizado en denuncias anónimas sobre irregularidades irrelevantes en alguno de sus artículos de investigación, a lo que se une la muerte por infección -pero “inexplicable”- de todos los ratones con los que ha estado testando sus investigaciones durante décadas; ambas adversidades le llevaron a la depresión hasta el borde del suicidio: de todo ello habla también en el libro. Aunque de forma muy elegante, no hizo sangre de ello en público.

Se trata, pues, de un libro muy original en su propuesta que combina la divulgación científica con la autobiografía, e incluso el tan denostado género de la autoayuda, aunque en este caso, pensada más para el autor, ya que parte de su terapia ha sido escribir este libro en el que, precisamente, reflexiona sobre la felicidad a partir de su depresión. Quizá por eso su mente científica se ha dejado llevar por cierta idealización de lo que supone la felicidad en el ser humano, pues ya S. Freud (El malestar de la cultura, 1930), teorizó que la felicidad solo es posible en una cadena dinámica de placer y displacer, es decir, el hombre no está hecho para la felicidad por lo que, efectivamente, como el curioso ejemplo que utiliza repetidamente en el libro, solo nos cabe disfrutar de alguno de esos 14 días de felicidad de Abderramán III -al que, por cierto, el autor homenajea proponiendo fielmente 14 capítulos. Seguramente, con este libro, nos aseguramos unas cuantas horas de esa exigua felicidad.

Una de las imágenes proyectadas durante la presentación del libro de Carlos López-Otín. Foto: Lorenzo Torres.

Quinta y última clave: López-Otín se apunta valientemente a algo que va camino de convertirse en una moda a nivel internacional, como el ‘Homo Deus’ de Yuval Noah Harari (Kiryat Atta, 1976), o como el post-humano del pensamiento transhumanista (vean una maravillosa representación distópica al respecto en el personaje de la hija adolescente de una de las mejores series de televisión de este año ‘Years and Years’ (Russell T. Davies, BBC/HBO, 2019), cuando en uno de los capítulos ésta le pide a sus padres que la dejen operarse para desprenderse de su cuerpo y así poder ‘subir’ su alma, ya inmortal, a la red). El autor nos propone una posible evolución de nuestra especie cuya clave estaría, precisamente, en controlar su capacidad de ser feliz, lo que, augura, supondrá una nueva especie sobre la tierra, “que será el producto de la fusión del Homo sapiens y el Homo sentiens y de su posterior transformación -por obra de la inteligencia artificial- en una entidad distinta, con capacidades y objetivos diferentes que alguien tendrá que empezar a definir. Será el Homo sapiens sentiens 2.0.” (p. 176).

Coda: parecería que hay una necesidad, casi una obligación, en la sociedad contemporánea de ser felices. Las llamadas redes sociales en su vertiente más narcisista son el ejemplo perfecto -y siniestro- de ello. Indirectamente, estar triste o deprimido estaría mal visto, por lo que Sísifo llevaría una doble carga. Para reflexionar sobre ello, les propongo una estrofa sobre la felicidad de una canción que podría añadirse a la citada lista de López-Otín. 

Repeat after me: happiness is only a habit. 
I am listening to the face in the mirror 
but I don’t think I believe what she’s telling me. 
Her words are modern, but her eyes have been weeping 
in gardens and grottoes since the Middle Ages.*
(Prefab Sprout, ‘I Trawl the Megahertz’, del album homónimo, autor: Paddy McAloon; Liberty Records, 2003; Sony, 2019).

En las canciones de Prefab Sprout suele darse esa dialéctica entre la felicidad y su contrario. Siguiendo esta estrofa, tenemos un hábito, el de la felicidad que, desde los tiempos de esas grutas antiguas quizá ha quedado ya impreso en nuestros genes por pura insistencia. Una impresión o reflejo imaginario de un triste -pero unas pocas veces también sublime- mundo.

* Repite después de mí: la felicidad es sólo un hábito.
Estoy escuchando la cara en el espejo
pero no pienso que crea lo que me está diciendo.
Sus palabras son modernas, pero sus ojos han estado llorando
en jardines y grutas desde la Edad Media.
[Consultado en: http://www.ferhiga.com/prefab/letras/ps10_eng.htm y https://www.youtube.com/watch?v=R9982wYPPm0
Traducción del autor]

Un momento de la presentación del libro de Carlos López-Otín. Foto: Lorenzo Torres

Lorenzo Torres

Huercasa: ambiente único en un festival único

Huercasa Country Festival
Riaza (Segovia)
5, 6 y 7 de julio de 2019

Una espectacular atmósfera familiar se congregó tanto en la plaza mayor de Riaza  como en el campo de fútbol de las Delicias. Como ya es habitual comenzó con la ya clásica country and western dance donde los asistentes con experiencia y los que no tenían tanta, bailaron con la ayuda del coreógrafo austriaco Mario Hollsteiner mostrando sus habilidades de este baile, clave en la cultura americana.

Los lazos principales que reunieron a la cantidad de familias enteras en el festival de Huercasa era el country, el origen de los Estados Unidos, pero el lugar donde se realiza es además ideal para pasar un fin de semana en familia y hacer amistades.

Huercasa Country Festival. Foto: Lorena Riestra.

Los artistas de primera calidad que llenaban el cartel de los tres días del festival arrancó el viernes 5 de julio con Ashley Campbell. La norteamericana con su álbum ‘The lonely one’ bajo el brazo nos trajo un trocito de la calle Broadway de Nashville, arropada por una gran banda, Ashley Campbell versionó ‘Jolene’ de la estrella mundial Dolly Parton y por si eso fuera poco tocó e interpretó a ritmo de country ‘La chica de ayer’ de Nacha Pop. Seguro que a Antonio Vega le gustó al escucharla allá donde quiera que esté, igual que le encantó al público.

Siguió la locomotora de Tennessee Will Hoge repartiendo raíces americanas con su nuevo disco ‘My American Dream’ de manera magistral. Y, para cerrar la noche, llegó Quique González, nuestra estrella patria de la música de estilo americana llevaba batallando unos días con un problema infeccioso inflamatorio de las vías respiratorias. Pero el boxeador madrileño aguantó el tipo, canción a canción como si fuera round a roud subido al cuadrilátero en forma de escenario hasta el final y lograr salir a hombros del festival. La nueva incorporación a su banda, el guitarrista Alex Muñoz dejó destellos de genio. Un concierto convertido en combate contra su enfermedad que la gente supo valorar positivamente con una gran ovación final. 

Una de las actuaciones en el Huercasa Country Festival. Foto: Lorena Riestra.

Llegó el sábado y, con él, nuevos workshops y maratón de country y western dance, antes de que comenzaran los HCF All Star Band a tocar. Pero el olor a maíz BBQ Huercasa desapareció cuando irrumpió en el escenario Eva Vázquez incendiando el festival por sorpresa. Su magnifica voz y su música americana asombró dejando al público en plena estupefacción. Eva Vázquez and the Wolves siguen de gira con su disco ‘On my way home’. Artista española imprescindible del género country con un talento asombroso en su directo.

Continuó la tarde con Chuck Mead y The Grassy Knoll Boys haciendo bailar y pasándolo genial a los miles de sombreros que asistieron antes de que llegara la noche y The Long Ryders asaltaran el campo de fútbol de las delicias. Hayes Carll cerraba así con su actuación otro día fantástico en el festival de Huercasa; el cantautor de Texas se marcó un buen concierto.

Pero llegó el domingo y todo termina . . . pero solo para que todo vuelva a empezar el próximo año. Si el sábado en la plaza mayor de Riaza había clase y maratón de country con concierto incluido de los Badlans, el domingo, después del country western dance, era el turno de los increíbles Conjunto San Antonio y su característico estilo Tex-Mex. Un concierto lleno de vitalidad donde tocaron canciones del mítico Cowman Flaco Jiménez y su exitosa canción ‘Jambalaya’ entre su diverso repertorio. Cabe mencionar que los conciertos realizados por la mañana en la plaza Mayor de Riaza, así como las clases y maratones de baile, son totalmente gratuitos.

Quique González en el Huercasa Country Festival. Foto: Lorena Riestra.

Si el lugar es óptimo la organización también, evento en estado de gracia creciendo de manera imparable. El festival country de Huercasa terminó pero llegará otro en 2020, que no te lo cuenten, es algo que hay que vivirlo, un ambiente único para un festival único. Todo un descubrimiento para los sentidos en medio de un paraje natural. Si los oídos a través de la música te transportan a Norteamérica, los sentidos del gusto y el olfato, a través de la desgustación de sus ensaladas de legumbres y sus mazorcas barbacoa, no quedaran atrás. No volverá a ser lo mismo cuando tu paladar saboree estos deliciosos platos de la huerta, comida sana en un entorno sano.

Huercasa te invita a que descubras por ti mismo un festival enfocado para el disfrute de todas las personas. Para los más exigentes de la casa, los más pequeños, estaba habilitada un área infantil al aire libre donde podían gozar de diferentes actividades priorizando el espíritu del festival de diversión en familia. Destacar su colaboración con la protectora de animales Scooby que estuvo presente en todo el evento y dio la oportunidad de contribuir a la causa y conocer su proyecto.

Cerca de 10.000 sombreros de cowgirl y cowboys alzados al cielo de Segovia, se despedían de un festival inolvidable. Gracias a todos los que han colaborado en el festival de alguna o muchas maneras, en especial a los amigos de Radio 3 por mantenernos debajo de ese gran paraguas llamado american music, por hacer feliz a tantas familias y a tantos niños pequeños que lo pasaron de cine.

Thank you, hasta la próxima.

Huercasa Country Festival. Foto: Lorena Riestra.

Raúl Bartleby

De una a otra lengua

Títulos literarios traducidos a otros idiomas
En España la producción de títulos traducidos de otros idiomas representa el 21% del total

En el mundo existen más de 7000 idiomas casi todos ellos con su respectiva producción literaria. Es la Torre de Babel, un inmenso rascacielos en el que las traducciones cumplen la función de ascensores o escaleras mecánicas.  Se podría decir que traducir un texto es un proceso similar a trasplantar un árbol. Una operación delicada cuyo éxito depende de la naturaleza y resistencia del vegetal, pero también de la destreza del traductor o del jardinero. Claro que no es lo mismo trasplantar un geranio que un olivo milenario; traducir un cuento infantil, que las poesías de Ausiàs March.

En España la producción de títulos traducidos de otros idiomas representa el 21% del total, unos 14.000 títulos anuales. El inglés, francés, alemán e italiano son los principales idiomas de origen, aunque también hay que contar con los cuatro idiomas oficiales: castellano, catalán, gallego y euskera.

Portada de La muntanya de llibres més alta del món, de Rocío Bonilla, traducida al griego. Editorial Bromera.

El grupo Bromera vierte al valenciano entre 25 y 30 títulos foráneos al año, a los que se suman los traducidos por los sellos hermanos: Algar, Animallibre y Tabet. “Los elegimos a partir de tres fuentes”, explica Gonçal López-Pampló director de la editorial. “En primer lugar según nuestro criterio interno porque son obras que se ajustan a nuestro catálogo. Pero también tenemos en cuenta las propuestas de las agencias literarias y de una red de colaboradores externos integrada por escritores, docentes, periodistas, etcétera”.

La tarea la lleva a cabo un equipo de traductores especializados por idiomas y edades. “La traducción encarece cuando se trata de libros para adultos pero no en libros ilustrados porque el producto ya está hecho”, comenta López-Pampló. “Nuestra intención es fomentar la producción propia en este terreno, pues tenemos una gran cantera de ilustradores  y exportarla a otros países. Las traducciones abren un diálogo de culturas y la Generalitat debería promover líneas de ayuda y apoyar su exportación.”

La traducción de obras de teatro, una línea creada por Josep Gregori, el anterior director de Bromera ha demostrado ser muy rentable. Entre los autores extranjeros destaca una selección de firmas europeas: Pierre Lemaitre, Erri de Luca, Benjamin Black (Banville), Andrea Camilleri, Verena Boos, Leila Slimani y Dario Fo.

En sentido inverso, algunas obras de autores valencianos o catalanes editadas por Bromera son, a su vez, traducidas al castellano y editadas por el sello Algar. Por otra parte, a través de su Departamento de Derecho Internacional, muchos títulos infantiles llegan a países tan distantes como Estados Unidos, Polonia, Eslovaquia, China o Corea. Latinoamérica es otro mercado importante y en ocasiones se traducen al castellano en versión latina para mejor comprensión de los pequeños lectores y también para respetar modismos propios. Por ejemplo, eliminar por completo la palabra ‘culo’, que es tabú en el Cono Sur.

Portada de ‘Yo también soy…’. Editorial Barlín

Editorial Barlín

Casi dos años y medio ha cumplido la editorial Barlín, creada por Alberto Haller que tras su experiencia como librero hizo una firme apuesta por las traducciones, sobre todo de ensayo. A los éxitos de ‘Europa negra’ de Mark Mazower y ‘En Éxtasis. El bakalao como contracultura en España’ de Joan M. Oleaque,  se suma ‘Electroshock’, del músico y DJ francés Laurent Garnier. Llamado la Biblia de la electrónica, el libro cuenta la historia de la música electrónica a través de la carrera de Garnier, una de las figuras clave a nivel mundial para profundizar en un fenómeno a veces incomprendido.

“Al contrario de lo que suele pensarse sobre las microeditoriales independientes, a la hora de seleccionar los títulos no solo tenemos en cuenta el criterio lector del director editorial”, dice Haller. “En este proceso interviene una extraña suma de factores, entre los que se encuentran la calidad, la viabilidad económica, la complejidad o no de la traducción, la adecuación a la línea editorial, etcétera”.

Otros de sus títulos son: ‘El expediente’ del historiador británico Timothy Garton Ash, que describe en primera persona cómo funcionaba la Stasi, el servicio de espionaje de la RDA, que espió al propio Garton Ash a principios de los ochenta. El libro se construye sobre su expediente desclasificado en1992 tras la caída del muro de Berlín. El más reciente, ‘Yo también soy…’, de las profesoras de BBAA Ana Navarrete y Virginia Paniagua, es un libro coral que rastrea la memoria de los proyectos artísticos feministas en los años 90 en València. 

En ocasiones es el autor quien decide que debe pasar una determinada frontera idiomática. Esto ha hecho Felip Bens con su novela ‘El caso Forlati’, que tras ser editada en valenciano por L’Oronella, en 2012, y reeditado por Llibres de la Drassana, en 2015, salió recientemente en versión castellana en Samaruc.

‘Germans’, de Rocío Bonilla, traducida al esloveno. Editorial Bromera.

Bel Carrasco

Las entretelas del IVAM en un cómic de Paco Roca

Diario del dibujante de El Dibuixat, de Paco Roca
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Viernes 12 de julio de 2019

El dibujante Paco Roca, Premio Nacional de Cómic, ha presentado en el IVAM ‘Diario del dibujante de El Dibuixat’, un cómic editado por el museo valenciano con motivo de su 30 aniversario. «Estoy muy agradecido al IVAM por la oportunidad de idear la exposición, así como de crear esta publicación. Se trata de un diario en el que se relata la vida del IVAM, cuenta la historia de cómo lo vi nacer hace 30 años cuando estudiaba en la Escuela de Artes y Oficios y cómo veníamos aquí admirados por el edificio y las exposiciones y cómo a través del trabajo en el museo se ha ideado una exposición mía para celebrar el aniversario», señaló el autor valenciano sobre el tebeo que narra en viñetas el proceso creativo de la exposición ‘El Dibuixat’ que ocupó la galería 6 del IVAM hasta el pasado 30 de junio.

Paco Roca añadió que la publicación «consiste en la visión del autor frente a un encargo, cómo se construye, mostrar que detrás del trabajo hay mucha gente y este diario habla de esa gente que hay detrás. A su vez, funciona como un catálogo, sin ser un catálogo, ya que tiene un epílogo al final en el que se incluyen fotografías».

La historieta narra cómo surgió el proyecto de la exposición ‘El Dibuixat’, las reuniones con el comisario Álvaro Pons y la coordinadora de la muestra, cómo trabajan los distintos departamentos del museo, anécdotas de los visitantes, al tiempo que se recrean espacios del IVAM como las cámaras que custodian las obras de arte, las galerías o los almacenes de tránsito de las piezas.

A través del cómic, Paco Roca va desgranando de forma didáctica las historias cotidianas de una institución como el IVAM con dosis de humor y ternura, como cuando ilustra el «sudor frío» que surge ante el reto de diseñar una exposición.

Paco Roca, sentado, junto a José Miguel Cortés (de pie a la izda) y Álvaro Pons. Imagen cortesía del IVAM.

Junto con las viñetas creadas por Paco Roca, ‘Diario del dibujante de El Dibuixat’ cuenta con fotografías exclusivas de Juan García Rosell, fotógrafo del IVAM, en una cuidada edición a color de 24 páginas limitada a 1.500 ejemplares. El cómic se complementa con un apartado que sirve de catálogo con fotografías de la exposición. La publicación se podrá adquirir en las taquillas del museo y a través de su tienda online tienda.ivam.es a un precio de 3€.

El objetivo de la publicación es aproximar a los lectores el trabajo que se hace desde el IVAM y que sientan como suya una institución valenciana con 30 años de historia. Justo con este cómic, Paco Roca también ha diseñado una camiseta con un dibujo exclusivo con motivo del 30 aniversario del museo. El dibujante de cómics tan aplaudidos como ‘Arrugas’ o ‘Los surcos del azar’ cambia de registro para utilizar el tejido de una camiseta como soporte de una viñeta en la que el personaje ‘dibuja’ el logotipo del IVAM.

El director del IVAM, Jose Miguel G. Cortés, indicó que el trabajo de Paco Roca en el IVAM a través de la exposición que hizo en y para el museo, tenía un carácter muy efímero, ya que era un proyecto específico para la sala, motivo por el que queríamos algo que pudiera quedar, de ahí surgió el proyecto de desarrollar una publicación, que es este cómic”.

Por su parte, Álvaro Pons matizó que el cómic es el epílogo perfecto de la exposición, subrayando que jamás había tenido una experiencia como la de trabajar con Paco, ya que «tú le das una idea y él te la devuelve multiplicada, como ha sido en el caso de esta publicación, que es una reflexión del paso del tiempo y la creación».

Diario del dibujante de El Dibuixat, de Paco Roca. Imagen cortesía del IVAM.

El paseo. Cultura en València

Hace unos días acompañé a mi hijo a un cumpleaños al Bioparc. Es un lugar bonito en el que puedes llegar a tener la sensación de que los animales son privilegiados que disfrutan de unos ecosistemas hechos a su medida. No puedo evitar recordar al lobo de Tasmania, al sapo dorado, a la foca monje o al tigre de Java, todos ellos extinguidos, en mayor o menor medida, por la acción humana.

Dejé a mi hijo con sus amigos y seguí con la bicicleta por el cauce que recorre el río Turia, hasta que llegué a Manises. Bajo unos puentes de madera vi familias de patos; las madres protegían a los polluelos de los ruidos de la autovía y de los adolescentes que disfrutaban tirándoles piedrecitas. Me acerqué hasta la orilla: plásticos, latas y envoltorios de Hacendado se mimetizan entre el verde eléctrico de los arbustos. El hombre ha sido capaz de generar 8.300 millones de toneladas de plástico de los que 6.300 millones de toneladas se convirtieron en residuos. Algunos patos volaron asustados por mi presencia e intuyo que indiferentes a mis ensoñaciones. Tuve el impulso de volver a por mi hijo y marcharnos a casa, pero ¿qué culpa tiene él?

Había pedaleado media hora pensando en los proyectos que tengo en la cabeza, pero al llegar al final del trayecto me asaltó una noticia leída en prensa: “La galería Pepita Lumier echa el cierre en València”. Cristina Chumillas y Lucía Vilar intentarán seguir con el proyecto, pero dándole un giro, eliminando el espacio físico. También Librería Dadá cierra de forma temporal; Inma Pérez buscará nuevas fórmulas que le permitan seguir peleándose con el día a día. Espacios, librerías, galerías, revistas, editoriales, teatros, todos ellos forman parte del tejido cultural valenciano. No quiero recordar a los que ya no están –cada uno tuvo, en su momento, razones para no continuar–, pero creo que es obligado pensar en qué está ocurriendo con la cultura en València. Tenemos Feria del Libro, festivales de barrio, La Mostra, Cinema Jove… Tiene que ser difícil gestionarlo todo y no puede ser producto de la casualidad que se reproduzcan los comportamientos.

A fin de cuentas, ¿qué es la cultura? Edward B. Tylor, en 1871, la definió como todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y los hábitos y capacidades adquiridas por el hombre como miembro de la sociedad.

Ya, eso está bien, pero ¿qué piensan los políticos de la cultura? Como acabamos de vivir un proceso electoral largo, es fácil indagar en cuáles son sus ideas acerca de este tema, me refiero a aquello que se vea reflejado en sus programas electorales:

PSOE: hacer un pacto de Estado por la cultura (suena bien, pero si no son capaces de pactar para ocupar los sillones del Congreso… No acabo de creerlo), Ley de Mecenazgo, financiación para la RAE, destinar parte de la recaudación de la lotería para la producción de cine; PP: Plan Nacional de Tauromaquia (ahí tenemos a la cultura), fiscalía especializada en la protección de la propiedad intelectual (quizá ya no sea necesaria dentro de unos pocos años), blindar el archivo de Salamanca, Ley de Mecenazgo; Unidas Podemos: plan de reforma de RTVE, Estatuto del Artista (ocurre lo mismo que con la fiscalía del PP), potenciar la producción de cine en las lenguas del Estado; Ciudadanos: difusión de la Historia de España, Ley de Mecenazgo (parece que ahí todos coinciden, que paguen otros), rebaja del IVA cultural, plan estratégico del patrimonio cultural; VOX: favorecer el arraigo a la tierra y las tradiciones folclóricas (cómo te quedas al leer su programa…).

Según sus programas parece que la solución política al problema cultural está en aplicar deducciones fiscales a aquellos que se animen a actuar como mecenas (financiar y proteger a los artistas).

En un reciente estudio de la Generalitat de la Comunitat Valenciana, elaborado por Antonio Ariño y Ramón Llopis, se concluye que el 33 % de los valencianos pasa de la cultura, aunque el 56 %, no obstante, piensa que la cultura es importante. Según Ariño, “la revolución digital ha hecho que los bienes culturales pasen a estar en nuestro bolsillo”. Carmen Amoraga se encuentra “satisfecha” de alguna de las iniciativas puestas en marcha desde la Conselleria de Cultura. Hemos de entender que las ayudas a una Feria del Libro que cada año pierde más el pulso con la ciudadanía, o el fomento de Cinema Jove, con un contrato a su director Carlos Madrid que sugiere una apuesta cortoplacista, llenen de “orgullo y satisfacción” a la actual secretaria autonómica de Cultura y Deporte. Serán estos unos años fértiles para la cultura valenciana, pensaron muchos de los agentes culturales hace cuatro años.

Se han hecho cosas, por ejemplo, el Ayuntamiento de València ha generado ayudas de 150.000 € destinados a la programación de proyectos culturales sin ánimo de lucro y con carácter asociativo; Glòria Tello hace un llamamiento a la participación. Se recupera, también desde el Ayuntamiento de València, La Mostra, después de estar suspendida desde 2011 (en la 33ª edición se destinaron 40.000 € en premios, 72.170 € para la directora gerente Rosa Roig y 65.000 € más para Eduardo Guillot (vicedirector y responsable de programación).

Entonces, ¿por qué el ánimo de los personajes que forman el entramado cultural: artistas, escritores, galeristas, programadores, etc., está tan bajo? ¿Falla algo? ¿Qué haría falta?

ARÍSTIDES ROSELL. GALERÍA IMPREVISUAL

Siento la necesidad de preguntar a alguno de esos personajes cuál es su percepción, no quiero dejarme influir por mi escéptica visión del vaso medio vacío mientras escucho el aleteo de los patos y entiendo que ese ruido de pluma contra pluma lo emiten a modo de queja. Es por eso que me he acercado hasta la Galería Imprevisual (c/Doctor Sumsi, 35) y, además de disfrutar de una maravillosa exposición de carteles de cine cubanos, aprovecho para hablar con Arístides Rosell.

Arístides Rosell posa junto a una de sus obras y el volumen ‘El cartel. Revolución’. Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

Lo encuentro hablando con el artista Vicent Marco sobre el seminario impartido en el Sporting Club Russafa por Marta Pérez Ibáñez “El artista y la autogestión: emprender en el mundo del arte”. ¿Es la cultura un comercio?, comentan. Arístides me dice que no le gusta hablar de datos económicos, así que comienza haciéndolo sobre los movimientos culturales que se generaron en los barrios a partir de 2006-2008:

–Había desidia y silencio cultural, desde 2008, y, concretamente, en el barrio del Cabanyal se genera una barricada cultural que no quiere dejar morir la arquitectura o la cultura; se genera una revolución cultural que llena de eventos la ciudad. A partir de la crisis emergen los movimientos culturales en los barrios (siguiendo la inercia del Cabanyal), los artistas se instalan en esos barrios y se generan interconexiones. Sin embargo, no existe comunicación directa con la Administración. No existe apoyo, que es algo que no tiene que ver con las subvenciones. Podríamos decir que hay una desidia cultural política.

No obstante –prosigue Arístides–, esos movimientos emergentes contra la voluntad política continúan con fuerza (Russafart, Russafa Escénica, Cabanyal Íntim, Ciutat Vella Oberta…). Creo que los políticos no han amparado a estos movimientos (por cierto, esto no es original de València, más bien es una dinámica internacional). Se han sacado subvenciones y líneas de actuación, pero en ningún caso se ha acompañado. Pienso que los políticos no estaban preparados. Solo se ha hecho un diagnóstico, pero nunca se vio a esos movimientos como aliados –Arístides acaba de hacerme de espejo. En su frente he visto volar también esos patos del Turia–.

Tiene que marcharse a una reunión en Buñol para preparar un festival. Me queda preguntarle si ve el futuro con escepticismo o con ilusión. Él responde rápido mientras recoge su bolso y se prepara para salir conmigo de su galería:

–Con ilusión, siempre hay que dejar un margen de actuación. Ya están los diagnósticos. Ahora,¿actuamos?

DANIEL GASCÓ. VIDEOCLUB STROMBOLI

Me alejo con la bicicleta y recorro migratoriamente la calle Centelles hasta mi nueva parada: el Videoclub Stromboli. Allí espero encontrarme a Daniel Gascó. Le abordo directamente; casi sin darle las buenas tardes, le pregunto su impresión sobre los logros culturales en estos últimos años. Comienza diciendo que no cree que haya un buen reparto de los recursos y que también se han producido situaciones injustas (como en el caso de La Mostra).

Daniel Gascó en las dependencias de su Videoclub Stromboli. Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

–Parece que a veces lo social y lo democrático no tenga que ver con la cultura –continúa hablándome de la gran cantidad de acontecimientos que hay en València–. Estoy de acuerdo con Maite Ibañez en que hay mucha dispersión de la cultura en cuanto a número de festivales. Falta cohesión o recortar su número.

Le interrumpo diciéndole que quizá eso significaría ir a una política de grandes acontecimientos, de fotografía para artículo de prensa.

–Por ejemplo, el número de acontecimientos cinematográficos del año no se corresponde con la infraestructura. Creo que faltan salas. No todo puede ir a la Filmoteca, porque afecta a su normal funcionamiento –responde Gascó.

Mi hijo me enseña la película que quiere que alquilemos y me apremia a que acabe con mi charla, así que le pregunto directamente sobre cómo ve el futuro:

–València es una ciudad muy culta, por encima de los políticos que haya. Está dentro de la médula de la ciudad: gente que trabaja porque sí, una especie de voluntariado no remunerado, gente muy generosa. No creo tanto en los políticos. No pienso que dos o tres personas con poder puedan organizar culturalmente la ciudad. Son estas personas las que en ocasiones desestiman proyectos muy importantes. Lo hacen por miopía o por incapacidad, o porque sí.

Acaba con una frase que me deja pensando mientras pedaleo hasta mi nuevo destino:

–Hay militancia cultural.

INMA PÉREZ. LIBRERÍA DADÁ

Muevo los pedales con menos ganas que hace solo unas horas y no es que esté cansado, más bien es una especie de nube gris que ha comenzado a envolverme y que ha dejado un ambiente un poco pegajoso que no me permite pedalear libremente, aunque sigo haciéndolo hasta la calle del poeta Monmeneu, 18. Allí se encuentra el Espacio Paco Bascuñán y, de forma temporal, Inma Pérez ha desplazado dadaístamente parte de sus libros y de la Librería Dadá, en esa especie de éxodo forzado en el que se encuentra inmersa. La terraza interior rodeada de plantas es un lugar magnífico para conversar.

Inma Pérez durante un instante de la entrevista en el Espacio Paco Bascuñán. Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

No dejo pasar muchos minutos antes de abordar a Inma con la primera pregunta:

–Después de muchos años con gobiernos que no parecía que favoreciesen demasiado a la cultura, se recibió con mucha ilusión el cambio político en la Comunitat y en la ciudad; sin embargo, parece que la sensación entre aquellos que se dedican a la gestión cultural es que tampoco han cambiado mucho las cosas. ¿Cuál es tu percepción?

–(Sonríe antes de comenzar a hablar) Quizá esperábamos demasiado, teníamos muchas ganas de que los nuevos gestores, que conocían y nos conocían, pudieran cambiar las cosas –yo tengo la intención de no interrumpir su discurso, así que permanezco callado–. Han puesto en marcha iniciativas necesarias, pero, para mí, algunas cosas se han hecho sin contar con muchos de los que ya estábamos. No todos estamos agremiados o asociados, no todos tenemos la misma visibilidad ni los mismos medios, pero estamos trabajando también cada día en el sector y nos hubiese gustado formar parte de la elaboración de estrategias puntuales o de la redacción de diagnósticos sobre el estado de la situación, por ejemplo, pues nos afecta lo que ellos decidan.

(Asiento con la cabeza y dejo que continúe). Si queremos fortalecer el sector cultural, se debe abordar detectando los problemas desde la diversidad y la realidad de todos, teniendo en cuenta que lo que vale para uno no vale, seguramente, para los demás. Deberíamos dejar también de pensar en términos cortoplacistas y establecer medidas destinadas a que podamos crecer y consolidarnos, a medio y a largo plazo, teniendo en cuenta también que lo que vale para hoy quizá no valga para mañana. Muchos llevamos algunos lustros sobreviviendo– asevera.

Me gustaría hablar sobre los museos, concretamente sobre las librerías albergadas en el interior de los museos, así que comienzo diciéndole que cuando alguien viaja a diferentes ciudades de Europa y recorre sus museos se da cuenta de lo que significa tener una librería dentro de uno de ellos. Creo que su opinión es una de las más válidas en la Comunitat Valenciana para desvelarnos por qué, en València, independientemente del color político, no tenemos librerías de ese tipo. Inma, seguramente, ha tenido que contestar esta pregunta muchas veces (incluso a ella misma), por esa razón su respuesta salta como accionada por un mecanismo de muelles:

–Es algo complejo de explicar y daría para una charla –sonríe, nuevamente, y continúa con una explicación que intuyo será clarificadora–. En primer lugar, porque no hay demanda real. La mayoría de la gente que visita un museo espera comprar algún souvenir o merchandising, esperan encontrar eso porque es lo que ven en todos los lados. Este material cuesta mucho de producir y mucho más de vender porque las cifras reales de visitantes, que no asistentes, no mantienen un negocio vendiendo solamente postales o lápices, que es lo que casi todo el mundo quiere, algo que no sea caro. El gasto por visitante es muy reducido y el gasto que genera el negocio es más elevado, por eso se termina cerrando.

La venta de catálogos –revela–, además, es también reducida; se siguen regalando bastantes ejemplares, otros tantos terminan en algunas librerías a precios reducidos…, así que por una parte o por otra tampoco se genera demanda, salvo momentos puntuales y eso tampoco da para mantenerte. No olvidemos que, muchas veces, estos visitantes de museos se encuentran con puntos de información donde tienen de forma totalmente gratuita revistas, carteles…; y el paso por una tienda, o librería, es para mirar, porque ya han cargado previamente sin tener que pagar nada por ello –indica Inma Pérez.

Habla con rapidez y con fluidez. Pienso que cuando alguien ha vivido de cerca problemas similares se genera cierta empatía instantánea. No puedo dejar de pensar en el cierre de Le Petit Canibaal o en el necesario giro del proyecto Canibaal. Entiendo perfectamente de qué está hablando Inma y sé que no necesita que le diga que comprendo cada una de sus palabras. En ocasiones nos podemos permitir hablar con las miradas.

–En segundo lugar –prosigue–, porque la institución, la que sea, no siempre cree en la librería, en una librería. Se debe sacar rédito económico (totalmente de acuerdo y nada que objetar) con una licitación, atendiendo al negocio que alguien abrirá y los supuestos beneficios que éste obtendrá, por eso se licita con un precio que va al alza. Suele ser una licitación de duración muy reducida que, muchas veces, no permite amortizar inversión alguna, pues no solo compras material, también mobiliario, equipamiento diverso y quizá debes contratar personal; siempre está el riesgo de que cuatro años después decidan que, una vez terminado el contrato, quieran otro modelo de negocio y tú te puedes quedar compuesto y con una librería/tienda en marcha.

No hay estudios rigurosos –continúa– sobre el impacto económico de los visitantes, lo que no ayuda al que arriesga su capital, que se debe guiar por lo que pide la institución, o lo que le dicen los que allí trabajan, mayormente en las oficinas, pero que luego resulta que puede que no sea totalmente cierto. Se trabaja sobre expectativas, pero no sobre la realidad –asevera.

Mi hijo da vueltas por el patio y husmea entre las plantas, me pregunta si puede sacar la bolsa con sus piezas de Lego para entretenerse. Inma le mira de reojo y sigue contestándome:

–Una librería en un museo es un valor añadido, no debería ser sólo una tienda de souvenirs o un espacio que todo el mundo espera; y no es el mismo modelo de negocio, las librerías tienen márgenes comerciales prácticamente invariables y los precios de los libros son fijos y están regulados por ley, cuesta mucho producir beneficio económico. La librería genera comunidad, que se une a la del propio museo.

Apostar por un espacio así en las instituciones –mantiene– supondría cambiar los pliegos, para que fueran más ajustados a la realidad y más flexibles, pues todas y cada una de las decisiones que además se toman en estas instituciones repercuten directamente en el devenir de la implantación y consolidación de la librería. En un sólo año puede cambiar muchísimo el panorama, y por muchas razones.

Yo he estado 12 años en un museo –recuerda Inma Pérez–, durante un tiempo en dos, y los retrasos en la publicación de los catálogos, los cambios de dirección, la subida del precio de las entradas, la modificación del horario de apertura y hasta el cierre de la cafetería pueden repercutir directamente en tu negocio. Montar una librería en un museo debería ser una gran y magnífica oportunidad, pero en estos momentos es una auténtica locura –concluye.

Recuerdo las palabras de Arístides Rosell sobre los tiempos de diagnosis, así que decido hacerle una última pregunta a esta librera incansable:

–¿Crees que nos esperan otros cuatro años de diagnosis o quizá se pongan a trabajar en serio? Me refiero a si ves el futuro de la cultura con escepticismo o con cierta ilusión (Inma levanta la mirada con cierta pereza por responder a una pregunta que quizá se haya formulado demasiadas veces en las calles y en algunos espacios culturales).

–Ahora mismo tengo ante mí una situación muy complicada y solamente pienso en cómo salir adelante, así que quizá no esperaré nada de nadie para no sentirme defraudada o decepcionada.

Ojalá que lo nuevos gestores lo tengan claro esta vez y que lo podamos ver, porque ya no habrá margen para excusas y quizá no más oportunidades –confiesa.

Ha sido un día intenso: he recorrido carriles bici que antes no existían y me he podido acercar a espacios naturales, librería, galería y videoclub sin apenas salir de ellos. He estado en contacto con la naturaleza y disfrutado viendo a mi hijo pasarlo bien. He podido ver una València más amable para las familias y los niños y, para ser justos, cierta predisposición hacia la cultura, pero no puedo dejar de hacerme la siguiente pregunta: ¿es suficiente con tener una buena predisposición hacia la cultura después de haber cubierto una legislatura?

Puede que la política cultural sea como un elefante: grande y majestuoso, pero con movimientos muy lentos.

Detalle de un paseo elefantiásico por Bioparc. Fotografía: Ximo Rochera.

Ximo Rochera

Esther Garcés y Paco Berbel se reencuentran en el Talía

Reencuentro, de Esther García y Paco Berbel
Teatre Talia
C / Caballeros, 34. Valencia
Martes 16 de julio de 2019, a las 20.00h

Este mes de julio déjate seducir con el duende y el arte flamenco de Esther Garcés y Paco Berbel en el Teatre Talia con Panorama Flamenco y su espectáculo ‘Reencuentro’ el martes 16 de julio a las 20h. Contará a la guitarra con Juan de Pilar y Jose Antonio Torres y el cante de Juan y Jony Amador. Como artista invitado al cante estará Gabriel de la Tomasa. 

Cuando Esther y Paco se conocieron, hace ya 25 años, fue de la mano del maestro Martín Vargas. Durante años compartieron escenario, viajes, vivencias múltiples y muchos recuerdos y momentos entrañables y llenos de cariño. Pero la vida artística de ambos se dirigió hacia vertientes distintas; si bien, vuelven a ‘reencontrarse’ en los tablaos de Valencia y deciden llevar a cabo una propuesta conjunta, propia y muy esperada por los dos. 

La experiencia adquirida individualmente con el devenir del tiempo transcurrido y, el cariño y admiración mutuo entre los dos artistas, ha permitido que llegue a luz un proyecto nuevo: un ‘reencuentro’. Contarán con un elenco de profesionales valencianos muy destacados y una colaboración muy especial. 

Esther Garcés y Paco Berbel. Imagen cortesía del Teatre Talia.

Tras el acerbo óxido de la culpa: Eduardo Goldman

‘Como perro que aúlla en la oscuridad’, de Eduardo Goldman
Huso, 2019
XXXII Semana Negra de Gijón

Prófugo del portuario invierno pampeano y atravesando, guarecido y discreto, el castellano atlántico, recala sobre los alquitranes del norte, entre canículas sintéticas y periferia, la preclara silueta fusiforme de un autor tan conceptivo como clarividente: Eduardo Goldman.

Si vívidos se asilan aún en la memoria los ecos holocáusticos de su excelsa obra polifónica ‘El último chiste del Gran Jacobi (Huso, 2018), el escritor porteño acontece en la hacienda noir de la Semana Negra gijonesa con el pulso atribulado de la omnímoda culpa, que uniforma la túrbida conciencia de su personaje protagónico en ‘Como perro que aúlla en la oscuridad’ (Huso, 2019).

De este modo, Eduardo Goldman se enfrenta, para MAKMA, a la deriva literaria y las inflexiones de su creación, y revisita, sintético, los obscuros meandros del auxilio, el misterio, el recuerdo insomne, los acerbos óxidos del desprecio y el hediondo desequilibrio de la contradicción.

‘Como perro que aúlla en la oscuridad’…

Todos somos como perro que aúlla en la oscuridad. El aullido del perro es la soledad, es la búsqueda, el socorro de pedir que alguien lo auxilie, que lo acompañe; y esos somos nosotros, seres solitarios que buscamos ayuda todo el tiempo, que de alguna manera aullamos –no con aullidos, pero hay muchas maneras de aullar–.

Uno a uno fue subiendo los escalones, en puntas de pie. Lo desquiciaba la oscuridad viscosa que flotaba escaleras arriba, y también el silencio”…

Es, de golpe, encontrarse con algo inesperado, no se sabe qué va a pasar. Hay un peligro latente y una búsqueda que resolver. ¿Qué está pasando? Es el misterio. El misterio es, justamente, lo que nos espanta y, a la vez, nos atrae, y corremos hacia él, rogando porque no sea tan malo, pero esperando, incluso a veces, lo peor.

Los escritores Eduardo Goldman y Miguel Barrero durante la presentación de ‘Como perro que aúlla en la oscuridad’ (Huso, 2019) en la XXXII Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Bonet despertó con un sabor amargo, la lengua pastosa. Abrazaba la almohada húmeda como a un cuerpo que ya no está. Sábana y colcha arremolinadas sobre el piso de madera. Dolor de cabeza”…

Es la depresión. A veces despertamos así, o por un sueño o por un recuerdo, o por nuestra situación actual, real. Sentimos que no tenemos salida, sentimos una falta de fuerza vital. Y sentimos la lengua amarga porque no tenemos nada dulce que percibir. Sentimos la sequedad de nuestra vida. Toda la sequedad se concentra en la boca, y eso tiene mucho que ver con la falta de timón de nuestra existencia. En esta novela y, en este caso, Bonet es un antihéroe, le falta un timón, que ha sido abandonado por su esposa y su hijo. Se siente fracasado. Lucha con eso y con un elemento más: una culpa. La culpa de haber matado a alguien injustamente.

El Focus atravesaba la noche bulliciosa del viernes. La gente, ávida por sentirse viva, nutría las colas frente a restaurantes, cines, teatros. Grupúsculos de adolescentes hacían la previa con faso y birra junto a la puerta de un maxiquiosco”…

Él iba en un coche –el inspector Bonet– y miraba la vida –la vida que no sentía dentro de sí–. Miraba y, de alguna manera, envidiaba; y despreciaba, pero envidiaba eso que veía: la fiesta. La fiesta donde él sentía que no lo habían invitado.

Se sintió incómodo. Hubiese preferido que esa mujer de aspecto humilde y ojos tan oscuros como desafiantes le cerrara la puerta en el entrecejo para entonces maldecir a gusto y alejarse cuanto antes de esa casilla paupérrima y volar hacia el Departamento”…

El inspector, como todo ser humano, tiene sus contradicciones y una de ellas son los prejuicios. La gente que él considera inferior, que en el fondo no es tan inferior, y eso le da un cachetazo; cachetazo que asume heroicamente como merecido. De alguna manera, se dispone a cambiar.

Sacó de la heladera una botella de torrontés y sirvió dos copas (…). Andrea asintió con la cabeza y bebió, aún más tensa. Había develado en su brindis, y en cierto temblor de su voz, que no pasaba por un buen momento”…

Andrea había invitado a una amiga médica a que le ayudara a resolver el caso que la estaba torturando. Andrea es periodista; fue despedida por meterse en algo que no debía. El tema es que era periodista y era gay, y había intentado en algún momento un acercamiento. Y era muy contradictorio para ella, porque necesitaba a esa amiga, pero, a la vez, se quería defender de ella. La necesitaba para seguir investigando.

Portada de ‘Como perro que aúlla en la oscuridad’, de Eduardo Goldman (Huso2019), realizada por el artista Fernando García del Real. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

La oficina central de Homicidios era un enjambre de gente desbordada. La cantidad de robos y crímenes que inundaban como una marea roja las calles de Buenos Aires recargaban a la división con más casos de los que se veía en condiciones de resolver”…

La situación era muy crítica. Hay tantos crímenes que no alcanzan los medios para los policías. Ese es el marco en el que vive el inspector Bonet. Por eso, a veces, tiene que resolver un caso y le dan otro y otro, y eso lo empieza a volver loco. Pero, así y todo, él sigue dispuesto a resolver el caso que está haciendo desaparecer a tantas personas jóvenes en Buenos Aires.

Roy no se había despegado del lugar. Cada tanto soltaba un gemido y raspaba el portón con su pata. Agachado junto a él estaba el viejito cartonero”…

Roy es el perro que aúlla, pero a la vez es el héroe de la historia. Él sabía donde buscar y encontró el camino que necesitaban tanto Bonet como la periodista.

Cuando se abrió la puerta del ascensor, la sola vista del pasillo de la clínica le activó un área primitiva del cerebro que lo puso en un estado de alerta salvaje. Sus puños se endurecieron”…

Él fue a ver a Andrea. Andrea había sido raptada y casi asesinada por esta mafia. Él logró salvarla. Cuando fue a buscarla a un sanatorio, por un momento se paralizó porque rememoró todo lo que vivió el día anterior, donde casi pierde lo que sería el amor de su vida.

Mil veces soñó la sorpresa y el espanto eternizados en el gesto moribundo del muchacho, mil veces trató de arrancar su dedo del gatillo fácil en esa maldita décima de segundo”…

La culpa. La culpa de haber matado a ese muchacho, de haberle privado de un futuro que pudo haber tenido, pero que ya no va a tener. La culpa con la cual debe cargar y que debe buscar cómo compensar. La forma de compensar será con su propia persona.

Eduardo Goldman en la XXXII Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón