«Tenemos una misión de divulgación artística»

#DesayunosMAKMA | Abierto València 2020
«Tenemos una misión de divulgación artística»
Con los galeristas Pablo Vindel (The Liminal), Amalio Vanaclocha (Galería Vangar) e Ignacio Borafull (La Mercería)
Entrevista de Salva Torres y Merche Medina
Jueves 24 de septiembre de 2020

La octava edición de Abierto València, organizada por LAVAC del 25 de septiembre al 2 de octubre de 2020, además de portar consigo un cambio de imagen que ha implementado el diseñador valenciano Antonio Ballesteros, renueva su compromiso anual con el cronograma cultural de la ciudad en un inicio de temporada extraordinariamente inusual como consecuencia de la COVID-19, que, aún cuando ha trastocado el desarrollo habitual del evento, no ha mermado la necesaria voluntad de reemprender todo aquello que la pandemia se ha llevado consigo durante los últimos meses en el universo del arte.

Por ello, desde MAKMA hemos querido contar con el testimonio de tres jóvenes galeristas que han incorporado, recientemente, sus respectivos proyectos al mapa del mercado del arte valenciano: Amalio Vanaclocha, director de la Galería Vangar –que participa en Abierto València con la artista María Marchirant y su proyecto ‘La bañera de la rusa’–; Ignacio Borafull, responsable de La Mercería –iniciando la temporada de LAVAC con ‘What Remains’, de Lucía Blas–; y Pablo Vindel, quien emprende, junto a Carmen Mariscal, la galería The Liminal, exhibiendo ‘Ofrecer la protección más adecuada’, propuesta de la artista francesa Anaïs Florin que se programa en paralelo a Abierto València, aguardando su participación para venideras ediciones.

En primer lugar, ¿cómo habéis sobrellevado el fulminante cese de la actividad durante el estado de alarma?

Pablo Vindel (PV): Ha sido tremendamente extraño. En The Liminal estábamos en pleno proceso de reforma y acondicionamiento del espacio. Con el corte, a mitad de marzo, nosotros lo hemos vivido con mucha incertidumbre.

Amalio Vanaclocha (AV): Nosotros llevamos año y medio y la verdad es que empezamos bien. Con el parón te entra el miedo de cuándo podrás abrir. Pasa un mes, dos y tienes que seguir pagando. Después del confinamiento he percibido ganas de salir a las galerías y se ha vuelto a la normalidad muy poco a poco. Tuvimos que anular o posponer exposiciones a 2021. No obstante, me mantengo optimista.

Ignacio Borafull (IB): He notado bastante bajón. La respuesta del Gobierno fue una buena ayuda: recibir el cese de actividad, dejar de pagar autónomos, etc. El trastoque a la programación fue muy gordo, ya que te elimina exposiciones, hay que posponer, cancelar… No sabes cuándo vas a poder programar y tienes mucha incertidumbre. Así que, en mi caso, decidí hacer una exposición para la reapertura y comenzar, después, con Abierto València.

Una de las consecuencias más significativas de la pandemia ha sido la necesidad de potenciar la vertiente online en detrimento de la presencialidad. ¿De qué modo afecta a vuestro trabajo cotidiano en la galería?

IB: Es algo que va a ser complementario y necesario, pero no va a sustituir completamente a la galería y el espacio físico y presencial. La obra se disfruta más en persona que en un medio digital.

AV: Me sigo resistiendo a que la galería sea un medio digital. La proximidad, el recorrido por la exposición, su contexto… Aunque sí me ha pasado que he gestionado ventas por redes sociales. Estas ventas permiten que el negocio siga funcionando, pero ojalá no se pierda nunca la experiencia de que la gente siga acudiendo al espacio y se establezcan lazos.

IB: En la galería tenemos una misión de divulgación cultural y artística y eso, quizá, se pierda en el medio digital. Somos espacios a los que nos encanta que la gente venga. El espacio abierto de cara al público es muy importante.

PV: No puede ser un sustitutivo, pero, en este caso, nosotros hemos creado un segundo espacio que solo existe virtualmente; y creo que de esa manera estás ofreciendo otra experiencia. La galería, además de ser un lugar de venta y encuentro, también la entiendo como un lugar de producción de arte, dinámicas, conocimiento y reflexión. En este sentido, pasar a un espacio virtual –que no es un sustitutivo, sino un proyecto en sí mismo– sí que puede ser que genere una nueva dinámica de trabajar.

Una de las obras de la expsoción en The Liminal ‘Ofrecer la protección más adecuada’, de Anaïs Florin. Fotografía cortesía de la galería.

¿Se ha transformado la idea primigenia con la que emprendísteis vuestras galerías?

AV: Mantengo la idea de dar a conocer artistas que no son conocidos en València. Dar a conocer y promocionar a artistas jóvenes y de media carrera, manteniendo, ante todo, la ilusión en el proyecto.

PV: Hay ciertos cambios. Nosotros incidimos mucho en la cuestión de que somos una galería productora de arte contemporáneo. Tenemos un programa de residencias artísticas y de talleres en torno al libro de artista que sirven a la gente para conectar con la galería y dinamizar el espacio, cuestiones que requieren contacto y presencia física, en un principio. Ahora estamos planteando estas residencias artísticas online, donde se generan dinámicas muy interesantes, incluso espacios de intimidad. Frente a ese escenario, creo que debemos tomar, en vez del daño colateral, el beneficio colateral.

¿Cómo convive vuestra programación expositiva con la naturaleza comercial de la galería?

IB: Quizás mi primera motivación no sea vender, sino crear un proyecto con el que me siento involucrado. Pienso que a raíz de hacer cosas interesantes vamos mejorando y, al final, quizás nos vaya a llevar a un beneficio económico. Si solamente nos centramos en el tema económico estamos perdiendo muchísima alma en el arte. La razón de abrir la galería es para hacer proyectos que, muchas veces, no he conseguido hacer sin tener este espacio.

AV: No hay que perder de vista que es un negocio. Cuando programo, incluso a mí me gusta, porque el artista tiene interiorizado ese mensaje. Podemos hacer algún proyecto que sea muy potente, pero podemos no vender nada. Siempre has de saber conjugar un poco las dos líneas. Eso sí, a los artistas les doy total libertad para trabajar en la galería.

‘Beina’, de María Marchirant, perteneciente a la exposición ‘La bañera de la rusa’. Fotografía cortesía de la Galería Vangar.

En consecuencia, ¿cómo planteáis vuestra selección y nómina de artistas?

PV: La selección (volviendo a la idea de incertidumbre) es un trabajo más allá del negocio, tremendamente vocacional, del artista y del galerista. Debes tener una afinidad, respeto y amor por el trabajo que estás representando. Además, somos una galería feminista y queer (la única manifiestamente con esta idiosincrasia). Feminista fundamentalmente, porque representamos a práctica y exclusivamente a mujeres (salvo algún artista queer que no se identifica como mujer).

IB: Intento trabajar con gente con la que me llevo y me puedo comunicar bien. Si tuviera a un artista que me fuera a vender mucho, pero con el que no me llevase bien, decidiría no trabajar con él.

AV: Una de las señas de identidad fue esta. Yo veía algunas malas relaciones entre artista y galerista. No puedo permitir que un artista de mi galería vaya hablando mal de mí por el trato que le doy o las condiciones que le ofrezco. Sí es cierto que su producción es importante, pero pesa más en la balanza el feeling que tenga con ese artista, propiciando que ambos rememos en este barco y veamos cómo mejora la galería y cómo crece el proyecto; es decir, que vaya madurando la galería al mismo ritmo que sus carreras.

IB: Llega mucha gente a presentarte portfolios, y no tenemos la capacidad de asumir tanto volumen de artistas. Queremos darle al artista el espacio y el tiempo que se merece. Por eso hay que comunicar muy bien las condiciones, las expectativas y darle un punto de realidad.

Pablo Vindel (The Liminal), Amalio Vanaclocha (Galería Vangar) e Ignacio Borafull (La Mercería). Foto: Merche Medina.

Y en cuanto a su desarrollo venal, ¿qué particularidades distinguen al mercado del arte en España respecto de otros países?

IB: Yo, que estudié fuera, advierto que a la formación en España le hace falta conocimiento del mercado, y debería incorporarse en la universidad de manera constante. Explicar, invitar a las galerías y a todo tipo de profesionales del resto del mundo artístico y cultural, que al final también son mercado. Hay que hacer esas distinciones, como en otros países. En Estados Unidos, por ejemplo, hay otra forma de funcionar: allí tienen claro que no es un tabú hablar de empresa y de industria. Al final, la cultura es un industria y es una parte importante del PIB. En España hay mucho miedo porque se piensa que cualquier cuadro va a ser carísimo.

AV: Tener una galería de arte es, desde el principio, algo muy vocacional. Tuve muy claro que quería tener una galería, pero sin tener ni idea de cómo funcionaba. Después [tras cursar Historia del Arte en la Universitat de València], me formé en un museo de Barcelona y sí que vi que el sector cultural, allí, está más profesionalizado y tienen un público muy fiel.

IB: En otros países el arte se ve de una manera menos elitista, al contrario que aquí, donde todavía queda un poso de pensamiento de que al arte no es para el público general. Yo abrí la galería para que todo el mundo pueda tener obra original de calidad y que, en realidad, no es muy cara y puede adquirir gente de toda capacidad económica.

PV: Todo pasa por la comunicación, la reorientación en la enseñanza y el ajuste de expectativas del público, de los artistas y de los propios galeristas. Yo trabajé en Chicago y es verdad que ese pudor no existía, pero tampoco en ningún otro trabajo. No sé si es una cuestión de que allí el sector cultural ha sabido sobrepasar ese umbral o es que el sector laboral, en general, habla de dinero sin ningún tipo de pudor.

Detalle de una de las piezas de la exposición ‘What Remains’, de Lucía Blas. Fotografía cortesía de La Mercería.

¿Qué expectativas os brinda, por tanto, un evento como Abierto València? ¿Influye decisivamente en la elección del proyecto con el que iniciar la temporada?

IB: Desde luego, da más visibilidad. Mediante las campañas publicitarias y los gallery walks llegas un público distinto del habitual. Se nota una afluencia mayor en Abierto València que durante el resto del año. Las rutas hacen que el público vaya en el mismo día a varias galerías, cuando, normalmente, acude a ver una sola exposición por día. Eso cambia, también, la manera de percibir el arte y la propia ciudad. Abierto València ayuda a la gente a percibirlo como un gestalt: el todo frente a la individualidad de cada uno.

AV: Apuesto porque el artista con el que abro Abierto València sea de aquí, como, en este caso, María Marchirán, con la que dar a conocer un proyecto en el que lleva trabajando mucho tiempo. En ese sentido, espero dar a conocer al artista y a la propia galería.

PV: No participamos de Abierto València, pero en próximas ediciones espero que sí. Creo que hay otra cuestión de la galería que creemos importante, que es aunar lo global y lo local. Realmente, se trata de generar un nexo fuerte entre ambos y una serie de dinámicas con las que experimentar.

Hemos apostado por artistas internacionales (salvo en un caso), pero lo hemos hecho con un sentido muy claro, y es que el programa de residencias, que implementamos como parte de la faceta productora de la galería, da la bienvenida a artistas locales, de forma que podemos generar esas sinergias con los artistas internacionales, que representamos y traemos para sus exposiciones. Así que, en paralelo con Abierto València, hemos apostado por una artista local de origen francés, Anaïs Floran, que trabaja y reside aquí –València es su tema de trabajo y creíamos que era una buena manera de conectar esas facetas–.

divulgación artística, Abierto València 2020
Los galerístas Pablo Vindel (The Liminal), Amalio Vanaclocha (Galería Vangar) e Ignacio Borafull (La Mercería). Foto: Merche Medina.

Merche Medina

XII ‘M’zora Caravane’, un puente virtual entre culturas

XII Encuentros ‘M’zora Caravane’
LA ESPIRAL, Arte y Cultura Contemporánea
Edición especial virtual con más de 30 artistas internacionales
Lunes 21 y martes 22 de septiembre
Sábado 19 de septiembre de 2020

Consolidados como un proyecto de naturaleza global en el ámbito del arte contemporáneo, los encuentros ‘M’zora Caravane‘, organizados por el colectivo LA ESPIRAL, Arte y Cultura Contemporánea, y que desde 2009 sitúan a la ciudad de Larache (Marruecos) como epicentro artístico internacional, materializa su duodécima edición mediante un cronograma virtual de actividades que concitará, durante los días 21 y 22 de septiembre, la presencia de más de un treintena de artistas provenientes de países como España, Francia, Bélgica, Holanda, Inglaterra, Venezuela, Marruecos y Camerún.

Una edición especial que, como consecuencia de la COVID-19, traslada al ámbito telemático la diversidad creativa que ha venido singularizando sus prácticas colaborativas en el Cromlech de M’zora (Comuna de Ayacha) –conocido como ‘Equinoccio de Creación en M’zora’ hasta 2016– y en el yacimiento arqueológico de Lixus (hasta la actualidad), dentro de la región Tánger-Tetuán-Alhucemas, al noroeste de Marruecos.

De este modo, ‘M’zora Caravane’ prosigue atendiendo a la línea de entendimiento transfronterizo, conocida como ‘Línea SuR-NoRtE’, instituida en “nexo vivo de unión entre culturas, en crecimiento sostenido durante once años, fruto de las cuales es la creación de multitud de obras de arte actual, de diversas disciplinas artísticas”, asevera el artista Emilio Gallego, comisario y coordinador general de los encuentros.

Un lugar de confluencias “conectadas bajo las mismas ideas a nivel internacional y que pueden ser entendidas en su heterogeneidad como una sola obra que refleja un espíritu contemporáneo de creación colaborativo, sensible a las necesidades y urgencias de nuestro planeta hoy, que sirve de puente entre culturas, creciendo en el tiempo y extendiéndose a diversos territorios de África y Europa”.

Un puente de actuación que, además de en Marruecos, ha asentado su desarrollo en países como Francia (Residencia artística Caza d’Oro en Le Mas d’Azil y Galería Vanessa Quanq en París), en España (Salas Municipales y Museo Florencio de la Fuente en Requena, salas de exposiciones de Utiel, Venta del Moro y Chera) o Bélgica (Museo L de Lovaina la Nueva y dos veces en la Galería Triangle Bleu de Stavelot), entre otros lugares en los que se siguen aglutinando participantes de muy diversos orígenes y culturas.

‘El increíble viaje de las plantas’, de Lucía Loren. Fotografía cortesía de ‘M’zora Caravane’.

En consecuencia, la duodécima edición de ‘M’zora Caravane’ cuenta con artistas de referencia internacional como los españoles Alberto y Carlos García-Alix, el belga Charley Case, los marroquíes Aziz El Amrani, Hassan Echair y Salima Abdel Wahab, la holandesa Robin Kolleman, el francés Ad-Ec o las venezolanas Amanda Nobregra y Perla Ortega, entre otros, con quienes proseguir implementando una llamada de atención sobre las carencias y necesidades de las sociedades actuales, sobre aspectos como la libre circulación de las personas o la convivencia pacífica entre los pueblos, comprometidos con la igualdad de género, el respeto al medio ambiente y la justicia social.

Además de los artistas mencionados y gracias al patrocinio de la Embajada de España en Rabat-AECID, este año se amplía la participación en los encuentros, con la incorporación de nuevos artistas como Lucía Loren, José Luis Serzo, Fanny Galera, Sandra López (Habemus Danza), Mouhcine Rahoui o Naoual Bâzzi, éstos dos últimos en colaboración con el Instituto Nacional de Bellas Artes de Tetuán.

Objetivos que conforman la idiosincrasia de los encuentros, cuyos asentamientos habituales en el yacimiento arqueológico de Lixus y el Cromlech de M’zora (Larache) contribuye a apoyar y difundir, igualmente, “una tradición de tolerancia y convivencia histórica de las tres culturas en la zona norte de Marruecos, ayudando a dar continuidad a los lazos de amistad y hermandad que nos siguen uniendo”, recuerda Gallego, para quien ‘M’zora Caravane’ “pone de manifiesto la existencia de una cultura común a los diversos países ribereños del Mediterráneo, fruto de una la larga relación fraguada a través de los tiempos”.

Un solidificado vínculo “que hace que compartamos importantes usos y costumbres, que se reflejan en ciertos aspectos del patrimonio o en la dieta mediterránea, por ejemplo”, concluye el comisario.

Obra de Alberto García-Alix presente en los encuentros. Fotografía cortesía de ‘M’zora Caravane’.

‘M’zora Caravane’, organizado por el colectivo LA ESPIRAL, Arte y Cultura Contemporánea (España), y la colaboración especial de la asociación Pateras de la Vida (Marruecos), cuenta con el patrocinio de la Embajada de España en Marruecos–AECID y la Fundación Baleària, el apoyo del Instituto Cervantes, el Instituto Nacional de Bellas Artes de Tetuán, la Municipalidad de Larache, la Delegación del Ministerio de Cultura de Marruecos, la Comuna de Ayacha, el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, y las asociaciones LARACHE EN EL MUNDO (Marruecos), ATELIER DE CINEMA (Marruecos), Fundación LA NACELLE (Bélgica), Foundouk ZELJOU (Marruecos), CHARIF IDRISSI por el Desarrollo y la Ciudadanía (Marruecos), Asociación LOUKKUS de Tourisme Dourable (Marruecos), SAMBALARAXE (Marruecos) y TREN DEL FUTURO (Suecia).

PROGRAMA

(*) El horario que se refleja a continuación para cada acto, es el de la zona horaria de Marruecos, una hora más en el caso de la zona de Madrid-Bruselas (Europa).

Lunes, 21 de septiembre

Para participar en la presentación en Zoom:
https://zoom.us/j/97669272887?pwd=emNVeVE0bFh0TFpFbHZMa0Y5b2xDUT09
ID de reunión: 976 6927 2887
Código de acceso: QXY5Ng

De 09:00 a 12:00: “M’zora arco del cielo: del neolítico al presente”. Taller virtual a cargo de Khalil Belaziz.
Colegio Público de M’zora y niñas y niños de Larache.

17:30: Presentación oficial de la web de los encuentros, con la obra creada por las y los artistas participantes entorno al lema ‘Mediterráneo: Puente o Muro’.

‘Museo del Silencio’, de Fred Chemama. Fotografía cortesía de ‘M’zora Caravane’.

De 18:00 a 19:30: Presentación de ‘M’zora Caravane 2020-21’ y encuentro en el Foundouk Zeljou transmitido de modo virtual
Con Faissal Cherradi, experto en en patrimonio y representante del Ministerio de Cultura del Reino de Marruecos; Francisco Borja Morate, Consejero de Cultura de la Embajada de España en Rabat; Abdelalem El Hana, alcalde presidente de Comuna de Ayacha; Dolores López Enamorado, directora del Instituto Cervantes de Argel; Mehdi Zouak, director del Instituto Nacional de Bellas Artes de Tetuán; Majid el Karkri, vicepresidente del Consejo Municipal de Larache; El Hachmi Jbari, presidente de Larache en el Mundo; Fouad Akhrif, Asociación Pateras de la Vida y Emilio Gallego, artista cofundador de los encuentros en M’zora y coordinador ‘M’zora Caravane’. Moderador:Majid Amahroq, equipo de coordinación de ‘M’zora Caravane’.

19:30: Concierto de música, transmitido de modo virtual, con Sambalaraxe, Los Rebeldes y No name group.

Martes, 22 de septiembre

Para participar en la mesa de debate en Zoom:
https://zoom.us/j/94961629690?pwd=WitRZ0xVeDNKNzNnSXBEMHFOUCtTZz09
ID de reunión: 949 6162 9690
Código de acceso: 710819

18:00: En el Foundouk Zeljou, retransmitido virtualmente:
Mesa redonda sobre la actividad de los encuentros y del trabajo de Pateras de la Vida.
Con la participación de Ahmed Acharki, delegado del Mº de Cultura del Reino de Marruecos; Nawfal Chaoui, concejal de Cultura de la Municipalidad de Larache; Sergio Barce Gallardo, escritor y fundador de Larache en el Mundo; Abdul Hamdouchi, presidente de la Asociación Pateras de la Vida; Martin Van der Belen y Manuela de Tervarent, Fundación LA NACELLE; Abdeslam Serroukh, poeta y gestor cultural de ‘M’zora Caravane’; Youssef Jbari, presidente de la Asociación Tren del Futuro; Sandra López, artista y coordinadora adjunta de ‘M’zora Caravane’; y Emilio Gallego, artista cofundador de los encuentros y coordinador de ‘M’zora Caravane’.
Moderador: Fouad Akhrif, representante de Pateras de la Vida y miembro del equipo de coordinación de ‘M’zora Caravane’.

20:00: Transmisión virtual: Proyección de videocreaciones/películas de los artistas.

• ‘SABIR. Acto primero’ (6:57 min), video-performance, Habemus Danza, 2020. Dirección de Sandra López, con Amanda Nóbrega, Marina Ayan, Ángela Cantón y Perla Ortega. Música original de Salima Abdel Wahab.

• ‘We are all in the same boat, we are all migrants…’ (5:05 min), 2018. Dirección, fotografía y texto de Thomas de Wouters. Sonido y montaje video de Nathan de Wouters.

• ‘Painting Boxe’ (5:34 min.). Realización de Charley Case & Manuela de Tervarent. Boxeo y pintura, Salvador Tomnyuy. Texto de David Essome. Música / Calimba, Mourad Belouadi.

M’zora Caravane
‘Proyecto para un puente’, obra de José Luis Serzo presente en los encuentros. Fotografía cortesía de ‘M’zora Caravane’.

MAKMA

El IVAM Produce, a la espera de Nuria Enguita

‘IVAM Produce’
Llorenç Barber, Pilar Beltrán, Álex Marco, Xisco Mensua y Mau Monleón
IVAM
Guillem de Castro 118, València
Miércoles 16 de septiembre de 2020

Mala suerte, o no, lo cierto es que José Miguel Cortés no pudo estar en la presentación de su última exposición en Valencia como director del museo que ha dirigido durante los últimos seis años. Del proyecto ‘IVAM Produce’ se hizo cargo la secretaria autonómica de Cultura, Raquel Tamarit, que dio la enhorabuena a Nuria Enguita (“méritos tiene de sobra”, dijo) como nueva directora del IVAM a partir del 23 de septiembre.

Enguita, que tan solo tuvo un competidor en el precipitado concurso para acceder al cargo (“no ha sido una cuestión precipitada”, objetó Tamarit), sustituirá a Cortés, una vez elegida por una comisión de expertos entre los que estaba Vicent Todolí, director artístico de Bombas Gens Centre d’Art, el centro que hasta la fecha ha dirigido la propia Enguita.

IVAM
Llorenç Barber, en las escaleras, durante la presentación de su proyecto ‘Músicas desconfinadas’. Imagen cortesía del IVAM.

“El concurso se ha hecho con todas las garantías del mundo, con una comisión de gente experta absolutamente mayoritaria, en el que la Administración tenía un 25% del total”, subrayó Tamarit, añadiendo que desde la Conselleria de Cultura de iba a trabajar “codo con codo” junto a la nueva directora. Tamarit insistió, pese a las declaraciones de una parte del Consejo Rector del IVAM que calificó de apresurado todo el asunto de la convocatoria del concurso, que se hizo público en el momento oportuno, “porque nadie éramos conocedores de que finalmente esa imposibilidad [la de renovar el contrato de Cortés] existía”.

De la futura subsede para la ampliación del IVAM, Tamarit se limitó a decir que “estará ubicada en València” y que “tendrá a partir de 600 m2”. Sobre los rumores de que pudiera estar esa subsede en las Naves de Ribes, la secretaria autonómica de Cultura optó por el aplazamiento de la respuesta, porque no le gustaba vender el pescado antes de tenerlo.

Todo eso sucedía después de que Llorenç Barber proclamara el “éxito asegurado” de su instalación al “empezar con campanas”, sonido que forma parte de su proyecto ‘Músicas desconfinadas’, uno de los cinco presentados dentro de la línea ‘IVAM Produce’: los otros corresponden a Xisco Mensua, Patricia Beltrán, Álex Marco y Mau Monleón.

El de Barber, realizado junto a Montserrat Palacios, se ubica en el primer tramo de la escalera principal del museo. Un sonido de campanas se activa, mientras se suceden las pisadas de ascenso por las escaleras. “El azar controlado por los algoritmos”, explicó Barber, que volvió a reivindicar la presencia del arte sonoro en las instituciones públicas: “No necesitamos héroes, sino instituciones que apuesten por el arte sonoro, que es el arte de nuestros días”.

Pilar Beltrán, durante la presentación de su proyecto del ‘IVAM Produce’. Foto: Makma.

Tras esa primera reivindicación, se sucedieron otras dos de corte más social, esta vez por parte de Beltrán y Monleón. La primera se centró en el derecho al agua que tenemos todos los ciudadanos del mundo: “El derecho humano al agua es indispensable para una vida humana digna”, lo cual ha sido el germen de su instalación ‘Proyecto Agua’.

Proyecto que se compone de una serie de cianotipias, mostrando hasta 60 recipientes de plástico (botellas, garrafas, cubos y vasos) que, por 10 litros en cada uno, dan la idea de los 600 litros de agua evocadores de una necesidad que, en muchos puntos del planeta, se hurta a la población. Por ejemplo, la desplazada en Idlib (Siria), a la que se pretende destinar una aportación económica, tras el canje de las imágenes tomadas por la gente en un proyecto que se quiere interactivo.

Monleón sigue esta línea de “arte comprometido” mediante su proyecto ‘Portal de igualdad’, en este caso instalado en el Pati Obert del IVAM o jardín de esculturas. Su pieza se enmarca dentro de la Campaña por la Igualdad entre Mujeres y Hombres en el Museo, que reclama la inclusión de las artistas en las webs de los espacios museísticos. Un cartel con letras blancas (‘Espai per a dones. ¡Si tu vols!’) sobre fondo rojo, clama al cielo por esa llamada de atención.

Álex Marco, junto a su proyecto del ‘IVAM Produce’. Imagen cortesía del IVAM.

Más puramente artísticos son los proyectos de Mensua y Marco. El primero, pintando “a la manera de los copistas medievales”, resaltó el propio artista, reproduce cubiertas de una serie de libros seleccionados en la biblioteca de arte contemporáneo de un amigo. ’48 publicaciones’, tal es el título de su proyecto, se ubica en la Sala de Exposiciones de la Biblioteca del IVAM, donde Mensua exhibe sus pinturas y dibujos de amanuense como parte de un proceso creativo que le lleva a los años 60 y al eco de los artistas Fluxus.

Álex Marco, tirando de ese hilo ‘fluxus’ con reminiscencias dadaístas, huye como estos del arte serio o, al menos, férreamente encorsetado por la conciencia más racionalista, dejándose llevar por los trazos infantiles descubiertos en el suelo del jardín trasero del IVAM. ‘Lo que pasa en el parque, se queda en el parque’, proyecto ubicado en el hall de entrada del IVAMLab, se nutre de las “intervenciones y dibujos de los niños, muy prolíficas, por cierto”, explicó el artista, que dijo haber hecho un “inventario de sus grafismos”, al modo de una “especie de abecedario”.

A base de esmaltes sintéticos, ceras de colores, tizas, rotuladores e incluso chicles, Marco traza en el suelo el mapa gestual de toda esa inventiva infantil, siguiendo de esta forma la máxima de Picasso: “Todos los niños nacen artistas, lo difícil es seguir siendo un artista cuando crecemos”. 

 

Los artistas del ‘IVAM Produce’, junto a Raquel Tamarit, con camiseta verde. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres   

El plátano monstruoso y durmiente de Artur Heras

‘Plàtan-siesta’, de Artur Heras
Fachada del IVAM
Guillem de Castro 118, València
Hasta el 21 de marzo de 2021
Sábado 12 de septiembre d 2020

Artur Heras, en lugar de despertarse una mañana, “tras un sueño intranquilo”, convertido “en un monstruoso insecto”, vio la figura de un gran plátano sobre una enorme cama. ‘La metamorfosis’ de Kafka, a la que alude el propio artista como germen de su obra ‘Plàtan-siesta’ (1970), sufre de esta forma otra metamorfosis menos siniestra y más lúdica, al estar a su vez influenciada por ‘El hijo del hombre’ de Magritte, donde el autor belga pinta a un sujeto cuyo rostro está oculto tras una manzana. Del insecto, producto de una pesadilla, a la verde manzana, fruto de un sueño menos oscuro, pasamos al plátano que, desde este pasado viernes, ocupa la fachada del IVAM.

El gran plátano amarillo descansa sobre una enorme cama, en tanto lecho que tan pronto sirve como tálamo nupcial, que se convierte en nicho mortuorio. “La cama es el elemento doméstico más onírico que hay. Uno nace y muere ahí”, apuntó el artista, manifestando que el lienzo ‘Plàtan-siesta’ reaparecía, 50 años después, “versionando el espacio interior como iniciaron Kafka y Magritte”. Un espacio interior sin duda inquietante, que se nutre de las peores pesadillas y de los más edificantes sueños.

Artur Heras
Artur Heras, junto a su obra ‘Plàtan-siesta’, en la fachada del IVAM.

“Dicen que mi obra tiene un aspecto irónico, lo cual pienso que es importante tanto en las relaciones humanas como en las plásticas, siempre que esa ironía no sea burda”, explicó Heras. Ironía que, al modo surrealista de raigambre kafkiana o, con perdón, magrittiana, traza el magnético poder de la obra de Artur Heras. Diríase, como creía firmemente el novelista Patrick Modiano con respecto a ese surrealismo, que incluso las cosas que nos parecen más banales “contienen un misterio que, si uno las mira fijamente, acaba por desvelarse, como si todo tuviera una especie de subrealidad. Hay misterio en todo”.

Artur Heras, sabedor de que ese misterio constituye la esencia del acto creativo, seguramente vio en ese plátano de 1970, una mañana que se despertó somnoliento, la dimensión onírica que trasladó al lienzo y que ahora, 50 años después, ha ido agrandándose hasta alcanzar esa otra dimensión que acapara la fachada del IVAM: una obra de 9×9 metros. Obra, paradójicamente, tapada parcialmente desde la carretera por unos plataneros, estos sí a tamaño natural, a modo de contrapunto entre la naturaleza exterior y la naturaleza interior propiamente del artista arrebatado por las musas.

Artur Heras y José Miguel Cortés, bajo la obra ‘Plàtan-siesta’. Imagen cortesía del IVAM.

Si a todo esto le añadimos el hecho, subrayado por Artur Heras, de que se trata de una pintura, “en una época en la que la pintura no es primera dama”, entonces el fuera de lugar de la intervención queda completado. Fuera del lugar común, cotidiano, con el que percibimos la realidad, para adentrarnos en ese mundo onírico de ‘Plàtan-siesta’ que ocupa, si aceptamos la media de ocho horas diarias de sueño, un tercio nada despreciable de nuestras vidas.

Heras, haciendo caso a André Breton cuando se dirigió a su querida imaginación (“lo que amo sobre todo en ti es que no perdonas”), no ha dejado a lo largo de su dilatada y brillante trayectoria de tirar de esa imaginación imperdonable, para seguir realizando una obra plástica sorprendente, así pasen los años: “Sigo siendo joven”, replicó a un periodista que quiso llevarle al año de creación de la obra allí expuesta, para anotar las muchas décadas de trabajo a sus espaldas. “Yo trabajo de forma diacrónica, volviendo sobre obras del pasado, porque la vida no tiene una línea continua, está llena de altibajos”.

‘Plàtan-siesta’ (1970), de Artur Heras.

La pandemia que viene a contextualizar su obra, destacando el aspecto más kafkiano, en un septiembre soleado, de un color tan amarillo como el plátano de un sueño más florido, también da lugar a cierta reflexión por su parte con respecto al otro elemento de la cama: “Es sinónimo de concentración humana en hospitales, acuartelamientos y similares. Habla de la memoria, de la gravedad de los cuerpos sólidos, de una materia pesada que hay que transformar en vez de olvidar”. Materia pesada como la del “duro caparazón” de la espalda de Gregorio Samsa, que vio “la figura convexa de su vientre oscuro, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha”.

De nuevo la rima literaria y plástica, puesto que la colcha de la cama que aparece en ‘Plàtan-siesta’ también sugiere las arrugas de lo que pierde consistencia. Arrugas vinculadas con esos agujeros por los que parecen colarse y desaparecer los sueños, siguiendo la propia interrogación que formula el artista, como contrapunto a ese signo de interjección incluido en la obra: “Una cabeza en exclamación, entre otros puntos formando un pequeño mapa de constelaciones”.

‘Plàtan-siesta’, de Artur Heras, en la fachada del IVAM.

El proyecto ideado por Artur Heras dentro de la línea IVAM Produce, con el que José Miguel Cortés, director del museo valenciano, está a punto de ceder el cargo a Nuria Enguita, su sucesora a partir del próximo día 23, sirve de contrapunto irónico al sueño culminado de quien se va y a ese otro sueño de la que empieza. El plátano, cuya piel es sin duda resbaladiza, testimonia los avatares del IVAM que Artur Heras, artista referente dentro del arte en la Comunidad Valenciana (“no se puede entender sin conocer su obra”, subrayó Cortés), ha seguido siempre desde muy cerca.

Y un último guiño. Recientemente, el artista Maurizio Cattelan vendió por 120.000 dólares la obra ‘Comedian’, que consistía en un plátano pegado a la pared con cinta adhesiva. Otro artista, David Datuna, se comió ese plátano a modo de performance con la que venía a denunciar cierta estupidez del arte contemporáneo. “Las redes sociales piden escotes, porque se consumen. Eso se difunde y lo más profundo queda silenciado”, lamentó Heras, mientras su plátano hecha una profunda siesta en la fachada del IVAM, de la que despertará el 10 de marzo de 2021.

‘Plàtan-siesta’, de Artur Heras. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

Cuando el cartel diseña la idiosincrasia del territorio

‘Prohibit Fixar Cartells. REA. Cartells valencinas 2000_2020’, de VV.AA.
Comisarios: Boke Bazán y MacDiego
Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana y Asociación de Diseñadores de la Comunitat Valenciana (ADCV)
Sala Carlos-Pérez
Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)
Museo 2, València
Hasta el 8 de noviembre
Viernes 11 de septiembre de 2020

Asevera el laureado diseñador José María Cruz Novillo (Premio Nacional de Diseño 1997) que “si el arte es un viaje de ida, el diseño es un viaje de vuelta”; un trayecto de vínculos y reciprocidades que, entre otras resoluciones y formatos, erige al cartel en una extremidad compositva determinante por las razones morfológicas y semánticas que configuran su naturaleza creativa.

Y así parece corroborarse en la muestra colectiva ‘Prohibit Fixar Cartells. REA. Cartells valencians 2000_2020‘, una exposición que procura una ubérrima travesía “por el mapa territorial” de la Comunidad Valenciana durante las últimas dos décadas –al calor inmediato de la designación de València como Capital Mundial del Diseño 2022–, mediante “600 carteles de 365 autoras y autores de las diferentes generaciones, en un comienzo de siglo en el que la creativadad valenciana goza del mayor prestigio”, tal y como se rubrica en el texto curatorial, comandado por los artistas Boke Bazán y MacDiego.

Una exhibición antológica –que acoge la Sala Carlos-Pérez del Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC), hasta el 8 de noviembre– organizada por el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana y la Asociación de Diseñadores de la Comunitat Valenciana (ADCV), que se “entronca con la tradición del cartelismo valenciano”, afirma Bazán, cuyo propósito, “más allá de buscar únicamente la excelencia tipográfica o estilística, lo que pretende es trazar una panorámica”, a modo de sinopsis, de cuantas singularidades han venido a definir, a través de este soporte, la idiosincrasia estética de las instituciones públicas y del tejido empresarial privado –dos figuras imprescindibles para el devenir profesional del diseño, en tanto que “esto no pasa si no hay un cliente que haga el encargo. Entidades públicas y empresas que confían en la cultura y en la creatividad y que, precisamente, permiten que todo esto suceda”–.

Una evolución, semántica y cualitativa, que ramifica su influjo, además, por el vasto entorno del espacio público, en tanto que «la sociedad también demanda una mayor calidad en el paisaje gráfico urbano, y eso nos hace mejores como sociedad», reflexiona María Lapiedra, directora de comunicación de Valencia Capital Munidal del Diseño 2022.

Así mismo, rememora MacDiego, no sin cierta mordacidad, que “la historia del cartel valenciano, hasta los años setenta y ochenta, era una, y cuando el señor Mackintosh entró en nuestra casas pasaron cosas que afectaron al modo de trabajar”. Por ello, en la presente exposición “se pueden ver”, igualmente, “pequeñas diferencias entre lo que pasaba hace veinte años y lo que pasa ahora”.

Detalle compositivo de una de las salas que acoge ‘Prohibit Fixar Cartells. REA. Cartells valencinas 2000_2020’. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Y tales disimilitudes asientan buena parte de sus raíces tanto en la transformación de la gestión política como en la «implantación de un tipo de contratación a nivel profesional conseguido en los últimos años», matiza Ángel Martínez, presidente de la ADCV, para quien este factor ha devenido en un «aumento de la calidad del diseño gráfico y general que se ve reflejado en la exposición».

Un progreso que transita, a la par, por el devenir tecnológico, cuyo desarrollo afecta y modifica el curso del cartelismo en su extremidad última y representativa, en tanto que el cartel se encuentra “en un momento de cambio genético”, refiere Bazán, ya que, aún cuando “es objeto de exposiciones y acaba siendo objeto de coleccionismo”, en los últimos años “se está despojando del papel a causa de los medios digitales”.

En ese sentido, recuerda el artista y comisario, “ya trabajamos y diseñamos en digital, movemos en digital y presentamos y reproducimos en digital; no únicamente por los medios y redes sociales, sino porque los propios mupis y otros espacios de representación ya lo son”.

El diseñador subraya, de igual modo, la existencia y disponibilidad de “carteles que tienen movimiento (representados en la exposición a través de un monitor), incluso con sonido”, cuestión que le conduce a sugerir una ineludible interrogante: “¿Podemos seguir llamándole cartel a esto?”.

Cartel
Detalle de dos carteles pertenecientes a la exposición ‘Prohibit Fixar Cartells. REA. Cartells valencinas 2000_2020’. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

La casa tomada y replicada de Jiménez Landa

‘El apartamento’, de Fermín Jiménez Landa
Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)
Museu 2, València
Hasta el 29 de noviembre
Jueves 10 de septiembre de 2020

“Has llegado a tu casa y, al entrar, has sentido la extrañeza de tus pasos que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras”, señala el poeta Luis Rosales. “Venimos a olvidar, a olvidar todas las cosas, absolutamente todas. Olvidaremos a las personas, lo que sabemos, todo lo que hemos hecho”, le dice Paul (Marlon Brando) a Jeanne (María Schneider) en ‘El último tango en París’, donde ambos viven una pasional historia de amor en un piso diríase sin alma, deshabitado.

Fermín Jiménez Landa se hace eco de esa extrañeza y de ese vacío de la vivienda donde, como en ‘La casa tomada’, del escritor Julio Cortázar, ciertas sombras se adueñan del espacio, para realizar un “trabajo poético” en una “exposición rara”, según palabras del propio artista.

Fermín Jiménez Landa, entre los muebles guardados en la exposición ‘El apartamento’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

El apartamento’, proyecto expositivo seleccionado de la convocatoria ‘Escletxes’ del Consorci de Museus de la Generalitat Valenciana, viene a ser una reflexión en torno a ese espacio interior de la casa que, casualmente en tiempos de pandemia, ha cobrado un protagonismo imprevisto.

Jiménez Landa lo que hace es replicar perimetralmente en la Sala 1 del Centre del Carme un apartamento próximo al espacio museístico, previamente alquilado y vaciado de muebles que, sin desembalar, son almacenados en el centro cultural. De esta manera, el artista establece un diálogo entre el apartamento recreado a modo de performance y ese otro apartamento vaciado, cuya dirección no ha sido revelada como parte del extraño diálogo expositivo.

“Es un trabajo escultórico y minimalista de vaciar algo y exponerlo”, explica Jiménez Landa, con cierto halo misterioso: “No hay nadie allí, no se sabe lo que ocurre dentro”, refiriéndose al piso alquilado que grupos reducidos podrán visitar, guiados por él tras vendarles los ojos para que no sepan la ubicación. “Es un cubo blanco, un no lugar, en el que habrá ciertas intervenciones”, apunta. La reverberación entre el apartamento recreado (“el rodapié se ha hecho a escala 1:1 y en la misma orientación”) y su referente, permite al artista provocar en el espectador la extrañeza que guardan las casas deshabitadas.

Una joven, ante una de las obras de la exposición ‘El apartamento’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Cierta sombra agrega más extrañeza al proyecto, puesto que Jiménez Landa ha realizado con felpa negra la forma exacta de la sombra que arroja el edificio donde está el piso alquilado, medida exactamente un 4 de julio a las 10.51 horas. Sombra poética y área perimetral arquitectónica dándose la mano, para dibujar el perfil de un proyecto que aúna la racionalidad y el enigma que destilan las cosas muertas, ya sea por su embalaje o su descubrimiento inesperado tras liberarse de su función ordinaria.

Así sucede con las esquinas de la casa, de las que el artista sacó un molde de yeso, o las elipses pintadas en una pared, que asemejan la luz que se cuela por una persiana y que Jiménez Landa ha respetado, a modo de huella evocadora.

‘El apartamento’, que se puede visitar en el Centre del Carme hasta el 29 de noviembre, contiene cierta “frustración” y el “acto de fe” que supone imaginar el parentesco entre ambos espacios: el recreado en el museo y el posteriormente visitado, para quien así lo desee. Frustración al advertir que ambos lugares guardan zonas de sombra imposibles de iluminar del todo (como el propio inconsciente) y acto de fe, en principio necesario para adentrarte en la ficción propuesta. “Hay una cierta imposición al espectador: debe usar su imaginación para reconstruir lo que se omite a la vista”, señala Jiménez Landa.

Vista de la exposición ‘El apartamento’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Imaginación, incluso, para lo que, sin omitirse, requiere abrir la mirada, con el fin de liberarse de la “grosería” de nuestros órganos perceptivos, por utilizar el adjetivo empleado por Roland Barthes. De hecho, el apartamento expuesto en el Centre del Carme viene a ser la prolongación enigmática de ese otro apartamento vacío, cuyas huellas en forma de polvo y objetos abandonados tienen su traslación natural en los muebles (“ready mades”) guardados en el espacio museístico.

La exposición se irá completando con una serie de fotografías tomadas durante las visitas al apartamento alquilado. Fotografías que reproducirán, de nuevo, esa extrañeza que envuelve el conjunto. Extrañeza de los pasos, aludida por Rosales, que sin duda los espectadores que acudan con antifaz al piso referenciado sentirán, junto a la extrañeza de los muebles que embalados como fantasmas pueblan la Sala 1 del Centre del Carme.

Para la visita, explica el artista, al público se le venda los ojos en la puerta del museo “para que no sepan exactamente dónde queda el apartamento”. “Pueden ver de nuevo al entrar, provocando una sensación de extrañeza en la relación del apartamento con el museo”, añade Jiménez Landa, quien dice proponer una “nueva mirada a lo cotidiano”.

Jiménez Landa
Fermín Jiménez Landa junto a José Luis Pérez Pont, director del Consorci de Museus. Imagen cortesía del Centre del Carme.

‘El apartamento’ conjuga por tanto el trazado arquitectónico y la mirada curiosa de quien sabe que, más allá de los planos, surge el misterio del espacio vacío. Lugares deshabitados que, sin embargo, reclaman la participación activa de un espectador dispuesto a llenar ese vacío con su memoria. Por muy errática que sea esa memoria y por distantes que se hallen los apartamentos puestos en extraño diálogo por Fermín Jiménez Landa.

Vista de la exposición ‘El apartamento’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

Cuando la calle entra por la ventana de los ‘Soñadores’

#MAKMAExposiciones | ‘Dreamers 2.0’, de VV.AA.
Comisaria: Cristina Chumillas
IX Festival 10 Sentidos | ‘Soñadores’
Las Naves, Centre d’Innovació
Joan Verdeguer 16, València
Del 10 de septiembre al 10 de octubre
Miércoles 9 de septiembre de 2020

“Las calle ha entrado por la ventana”, pronuncia Isabelle (Eva Green) durante una secuencia de ‘The Dreamers‘ (‘Soñadores’, 2003), de Bernardo Bertolucci; un lírico y metáforico modo de anunciar, con morfología de adoquín, la espontánea y virulenta irrupción de las revueltas de Mayo del 68 en el callejero doméstico (y universal) de París, abanderadas por una heteróclita y fecunda generación estudiantil que atesoraba por norte vindicativo la desaprobación de los poderes políticos y económicos.

Protestas enmarcadas en un convulso contexto nacional (aumento exponencial del desempleo, crisis industrial y exacerbada polarización partidista) e internacional (de marcados acentos anti-imperialistas, tras la eclosión, entre otras, de la Revolución cubana y el ineludible descrétido estadounidense a causa de la guerra de Vietnam).

Un escenario que no difiere en demasía de cuantos entornos administrativos, sociales y culturales han configurado el devenir geopolítico –con mutaciones epidérmicas– desde entonces hasta nuestro días (semejantes en crispación e incertidumbre).

Cartel de la IX edición del Festival 10 Sentidos, bajo el lema ‘Soñadores’, de cuya imagen gráfica se ha encargado la diseñadora PIlar Estrada. Fotografía cortesía del festival.

Por ello, el Festival 10 Sentidos, en su heterodoxa novena edición, centra su atención proposicional en la figura de los ‘Soñadores’, lema bajo el que se pretende focalizar la atención en “las generaciones más jóvenes, que se van a encontrar con un modelo de vida distinto, con unas circunstancias inéditas y con miles de sueños truncados. ¿Qué piensan? ¿Cómo conciben los años venideros? ¿Por qué luchan?”.

Y al calor de las explícitas referencias del celuloide, la programación de festival principia su cronograma presencial (tras la inciativa, volitiva y primaveral, de ‘Future Desires’) mediante ‘Dreamers 2.0‘, exposición colectiva, comisariada por la historiadora, galerista y gestora cultural Cristina Chumillas, que concita la obra de 27 artistas provenientes del Máster de la Universitat Politècnica de València (UPV) en sus diversas titulaciones (Animación, Artes Visuales y Multimedia, Fotografía, Ilustración y Producción Artística).

Tal y como refiere su comisaria, “son artistas en proceso de aprendizaje, que ponen en valor herramientas como el conocimiento y la innovación, que reivindican un modelo de sociedad diferente y cambiante donde se priorizan derechos fundamentales como la libertad de expresión o la pluralidad sexual, que luchan contra el machismo y los estereotipos de género”.

Cristina Chumillas, comisaria de la exposición, e Inma García, directora ejecutiva del Festival 10 Sentidos, durante la presentación de ‘Dreamers 2.0’. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Creadores que «manifiestan su repulsa frente a la destrucción de las personas y del territorio», y que «exponen los temas que les afectan de una manera más personal, como la cuestión del tiempo o el vacío, abordado desde una visión estética clásica, y exteriorizan el temor que les provoca la crisis del cuarto de siglo», aservera Chumillas en su texto curatorial.

Una generación de artistas perfilada por las consecuencias de la denominada ‘Crisis del cuarto de vida’ –terminología rubricada, a finales de los años noventa, por la psicóloga Abby Wilner, que desembocaría en una publicación homónima, en 2001, junto a la periodista Alexandra Robbins–, que afecta a las personas comprendidas entre los 20 y los 30 años de edad (especialmente a aquellas con estudios superiores y titulaciones universitarias), quienes padecen un inquietante período de inseguridad frente a sus propias capacidades y ante el incierto porvenir, alumbrado desde la confusión y el desencanto.

Un conjunto de síntomas que se refugian tras la obra ‘Cuarter – Life Crisis Fest’, del artista asturiano Arze.design, quien emula la composición mural de decenas de carteles en los que descansa el concepto. “Uniendo, por un lado, la estética del movimiento vaporwave, nacido en Internet y ligado a sentimientos de depresión, crisis, ensimismamiento y nostalgia, y, por otro lado, los festivales de música, templos y focos sociales de la juventud contemporánea, surge este proyecto”, sentencia el artista.

Captura de uno de los chat que conforman la obra ‘Chat Player’, de Meritxell Ahicart. Fotografía cortesía del festival.

Igualmente, por ‘Dreamers 2.0’, entre otros, evolucionan conceptos críticos asociados a la injerente relación existente entre el espacio público y la publicidad (‘div class=”ad”>Public Spaces </div>’, de Jorge Pérez Higuera); la descomposición de los esteriotipos asociados a las personajes femeninos en los cuentos clásicos (‘Princesas por Apocalipsis’, de Raquel Juan Maestre); la invisibilidad de los individuos tras el ejercicio virtual y frente a las pantallas (‘Invisible’, de Paola Tejera Manchón’); la infame radiografía laboral padecida por las kellys en el depredador marco turístico de las Canarias (‘Islas Canarias’, de Alejandrx) o la simbología audiovisual tras el turismo hpiderdesarrollado (‘Ficciones Turísticas. La Mirada’, de Sara Fornés).

Y sugestiva y túrbida resulta la obra de Meritxell Ahicart en su composición ‘Chat Player’, que incluye capturas de pantalla de mensajes y fotografías de torsos y rostros anónimos fruto de su trabajo en una plataforma de chat erótico, “donde aportaba la identidad de perfiles ficticios con el pretexto de que hombres pudieran conocer mujeres y satisfacer sus fantasías», apunta la artista.

A la postre, ‘Dreamers 2.0’ procura un negativo final tan diverso como emparentado entre sí, cuyo nexo en común, tal y como indica Cristina Chumillas, es la materialización de “una reflexión social que, como individuos, creo que tenemos que hacer de manera independiente y, depués, intentar aplicar en el ámbito colectivo”.

Soñadores
Detalle de la obra ‘Cuarter – Life Crisis Fest’, del artista asturiano Arze.design. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

«Transformar la exposición en una capacidad activa»

#MAKMAEntrevistas | Diana Guijarro: «Transformar la exposición en una capacidad activa»
‘Dónde estamos. Dónde podríamos estar.’
Colección «la Caixa» | Convocatoria de comisariado
Caixaforum Barcelona 
Hasta el 1 de noviembre de 2020

Sin duda alguna –y quizá ahora, más que antes– nos replanteamos las prácticas expositivas dentro y fuera del museo. El hecho de llegar al visitante a través de la contextualización del objeto ha quedado en segundo plano ante las nuevas prácticas museográficas. Se observa desde hace ya un tiempo la forma en la que discursos asertivos se mezclan con prácticas participativas que desarrollan cierto declive de la autoridad museográfica como tal.

En este contexto, Fundación «la Caixa» lanza anulamente su convocatoria de comisariado para menores de 40 años con el principal objetivo de generar nuevas lecturas sobre su colección y la del MACBA. Diana Guijarro es una de las seleccionadas de la pasada convocatoria de 2018, cuya exposición ‘Dónde estamos. Dónde podríamos estar’ puede disfrutarse ahora hasta el próximo noviembre en el Caixaforum de Barcelona.  

exposición
Imagen de la obra ‘Mobile Home’, de Mona Hatoum. Fotografía de Roberto Ruiz cortesía de Diana Guijarro y Fundación «la Caixa».

En primer lugar, enhorabuena por haber sido seleccionada en la convocatoria. Imagino que no debe de haber sido fácil abordar el conjunto que suponen las colecciones del MACBA y La Caixa. Las piezas que integran estas colecciones recorren la historia del arte y por tanto acontecimientos histórico-artísticos clave a nivel nacional e internacional. ¿Cómo ha sido enfrentarse a ese trabajo de selección? 

Gracias María. Como bien indicas esta es una de las pocas convocatorias, por no decir de las únicas, en este país que te permite como comisaria enfrentarte a dos colecciones altamente representativas de la historia del arte contemporáneo.

Obviamente, implica un reto muy estimulante ya que es una oportunidad excepcional en lo que a la práctica curatorial se refiere. Significa poder investigar las nuevas problemáticas del presente, pero también la transformación de la historia, las identidades y los espacios en base a otras dinámicas experimentales, buscando fórmulas discursivas alternativas.

En mi caso, llevaba tiempo investigando sobre la propuesta que quería presentar y, a medida que iba profundizando y documentándome en el proceso, iba tomando forma la selección de las obras con las que articularía el discurso, piezas a las que luego se fueron sumando otras, un poco como parte natural del desarrollo; esto es lo que, finalmente, fue creando conexiones nuevas y amplificando la propia visión que tenía sobre las mismas.

El trabajo previo de preparación del proyecto supuso un proceso duro, pero, al mismo tiempo, creo que es de los más gratificantes a nivel personal, ya que es ahí donde entran en juego muchos aspectos con los que tienes que tratar y es entonces cuando empiezas, realmente, a construir el proyecto en todos sus sentidos, cuando todo empieza a encajar en su aparente desorden.

También me gustaría puntualizar que sin una convocatoria como esta, en la que existe una organización pormenorizada de los tiempos, los recursos, los medios y la información, y se trabajan “los cuidados” –en el sentido de trabajar desde el respeto por parte de todos los profesionales implicados–, es difícil que se puedan llevar los proyectos bajo estos parámetros tan rigurosos. Creo, sinceramente, que es un ejemplo para estos tiempos tan complicados en el ámbito artístico y cultural.

‘Dónde estamos. Dónde podríamos estar.’ Hay un interrogante encubierto…  

Para el título de la exposición escogí el texto de Lucy R. Lippard ‘Mirando alrededor: dónde estamos y dónde podríamos estar’ (que puede leerse en Paloma Blanco et al., ‘Modos de hacer. Arte crítico, esfera pública y acción directa’, Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca, 2001, pp. 51-71 ), donde la escritora y comisaria se preguntaba sobre la posibilidad de unas prácticas artísticas que fueran capaces de llevarnos a otra visión colectiva de lugar. Una nueva articulación de lo social en la que lo artístico nos devolviera la idea de futuro.

Alrededor de estas ideas comencé a articular la propuesta, que luego se fue ampliando hacia otros campos de conexiones, pero esta era la base sobre la que quería construir y transmitir el proyecto. Me parecía enormemente sugerente partir de estas reivindicaciones, que ya nos invitaban en otro tiempo a sacar las prácticas artísticas de su lugar para llevarlas hacia otros territorios (puede que más inciertos e incómodos, pero, sin duda, necesarios). Y ver con ello cómo estas reflexiones tenían un amplio calado en lo que sucede ahora, conectando casi de forma mágica con otros pensamientos de la actualidad. 

Sin duda, el interrogante que ella plantea se puede y se debe llevar hacia un campo mucho más diversificado, sobre todo si pensamos en las reflexiones que podemos hacer en torno a él, y nos hace pensar en un ámbito político, en lo social y lo físico, o en lo cultural y emocional que nos rodea; una especie de visión panorámica de lo que somos o creemos ser como sociedad.

Más ahora, cuando vivimos situaciones excepcionales que requieren que nos cuestionemos lo que venimos haciendo como colectividad. Si esto no cambia nuestra relación con el entorno y con los otros, sin duda quedan pocas esperanzas de futuro. Puede que la clave esté en llegar a entender los nuevos matices que se encierran tras preguntas como esta.

Detalle de la exposición. Fotografía de Roberto Ruiz cortesía de Diana Guijarro y Fundación «la Caixa».

La experimentación curatorial no es nueva para ti. Creo observar una línea clara en tu trabajo en la que entremezclas patrones de un comisariado más tradicional y la mediación en espacios expositivos. ¿Crees que la parte práctica de tu trabajo ha influenciado, también, a la hora de buscar nuevas concepciones teóricas sobre el comisariado?

Por supuesto, la experiencia previa en otros proyectos influye en cómo quieres ir desarrollando la labor curatorial. Es cierto que hablamos de un trabajo en el que entran en juego muchas variables: por un lado, está la propuesta e investigación que se desarrolla, la selección de las obras y el proyecto de mediación que se puede construir con todo ello, pero luego hay presentes otros muchos factores que en la mayoría de los casos escapan a nuestro control.

En la parte práctica que comentas, es verdad que ha habido proyectos curatoriales que han marcado de una forma un tanto especial la manera en la que quiero relacionarme con el espacio expositivo y las obras, y, en consecuencia, de cómo todo esto se proyecta en la visita o tipos de visita que se pueden plantear.

Me resulta complicado entender el medio expositivo como algo estático, asumido como el lugar en el que se va a contemplar, a vivir la experiencia estética, cuando en realidad nos encontramos ante un dispositivo cargado de potencial crítico.

Un lugar para el intercambio, hablando en un amplio sentido, implica explorar esas otras relaciones de poder y entender que esto que hacemos está inevitablemente ligado a un contexto determinado, con sus estructuras totalmente articuladas, las cuales estamos obligados a cuestionar.

Aunque, claro está, que esto implica querer ponernos las cosas un poco más difíciles. Al fin y al cabo, hablamos de transformar la exposición en una capacidad activa, en “eso que está pasando” y que es capaz de reconsiderar los métodos que tenemos para ejercer resistencia.

Es muy interesante la vuelta de tuerca que realizas al hablar de ‘ritual’, aplicando el concepto al hecho expositivo en su plenitud: aquel que observa desde lejos, el que participa activamente, la forma de movernos en el espacio… ¿Cómo has intentado que el visitante se enfrente a cada pieza presentada? 

Me interesaban los acercamientos que Carol Duncan realiza en su libro ‘Rituales de Civilización’ en torno a la diferenciación de los lugares y el concepto de lugar ritual, entendido como el espacio en el que escenificar algo. El modo en el que ella lo conecta con los espacios museísticos y en cómo profundiza en las formas de participación que se dan dentro de ellos, en los gestos que son entendidos como una especie experiencia estructurada bajo un modo de ocupación pautado; todo ello me permitía extender estas reflexiones hacia los fenómenos culturales y ciertos comportamientos que asumimos como normales tan solo por el hecho de que no contradigan nuestros esquemas.

Esta idea de acto que se diluye en un nosotros se traslada a la exposición y, por extensión, a las piezas y a la forma de relacionarnos con ellas. La exposición no plantea un recorrido específico, ni siquiera una direccionalidad, sino que lanza un guiño hacia una organización rizomática de elementos y mensajes.

No obstante, no es casual que la pieza que articula el espacio sea ‘La trayectoria de la luz en la caverna de Platón (desde la caverna de Platón, la capilla de Rothko, el perfil de Lincoln)’, de Mike Kelley, ya que esta obra implica alterar el orden de nuestros cuerpos nada más entrar en la exposición y nos obliga a arrastrarnos para volver a entrar en la caverna, un comienzo con el que desmontar los órdenes establecidos. 

En otras piezas, como, por ejemplo, la de Andrea Fraser, ‘Little Frank and his carp’ (‘El pequeño Frank y su carpa)’, el visitante se sitúa ante la visión de una performance dentro del Museo Guggenheim de Bilbao y aflora entonces una sensación que mezcla cierta incomodidad con dosis de humor, con la que reflexionar sobre los mecanismos de poder desde una perspectiva crítica, como permite esta obra. 

Son piezas que parten de lenguajes muy diversos y que tratan cuestiones complejas, como es la carga del exilio (Mona Hatoum), la escenificación de la propia identidad (Cindy Sherman) o los relatos confusos, donde nuestra propia posición como espectador es algo indeterminada e intercambiable (obras de Txomin Badiola o Alex Reynolds). Es interesante que los visitantes perciban que son ellos quienes activan, con su presencia, el sentido de las obras, son los que generan las conexiones entre ellas y, por tanto, los discursos alternativos que puedan surgir o no durante la visita, que son igualmente válidos a los propuestos desde la exposición. Ahora, son los visitantes quienes tienen una responsabilidad nueva.

Imagen general de la exposición. Fotografía de Roberto Ruiz cortesía de Diana Guijarro y Fundación «la Caixa».

Además, se propone una especie de actividad “extra” –inspirada en una acción llevada a cabo en 1976 por Allan Kaprow–, que invita a posicionarse desde un nuevo punto de vista, unas ‘Instrucciones para un acceso controlado’ que, sin duda, resultarán divertidas y anecdóticas para aquel que pueda acercarse a visitar la exposición. ¿Qué más puedes contarnos sobre la función de este planteamiento?

La idea era proponer una serie de pautas que invitaran a experimentar el espacio expositivo en la línea de los conceptos que se trabajan en el proyecto y que transformen, de alguna manera, la experiencia de visita en una capacidad activa. Para ello me inspiré en la actividad que Allan Kaprow planteó en ‘7 Kinds of Sympathy, una unidad modular participativa en la que una persona conectaba con otra generando mensajes primarios y copiando gestos y movimientos secundarios.

En este caso, ya no hablaríamos tanto de «A y B», como él proponía, sino que buscaríamos esa comunicación e intercambio entre la persona y la exposición para provocar que el supuesto ritual de visita que llevamos a cabo en estos espacios se vea alterado por comportamientos que no asociamos al museo o al entorno expositivo. Digamos que este elemento es la excusa para reclamar y ocupar la exposición en base a otros términos, es decir, lo que nosotros podemos hacer que sea la exposición.

La nueva situación derivada de la pandemia mundial ha provocado que nos replanteemos nuevas relaciones con el espacio urbano, con las relaciones sociales… ¿Alguna nueva lectura que podamos añadir también en el espacio expositivo? ¿Crees que a partir de ahora la forma de relacionarnos con el espacio en el museo fomentará esas nuevos modos discursivos que aludes en tu trabajo?

Como comentas, las relaciones con y en el espacio expositivo han cambiado y esta situación excepcional ha hecho que la exposición en sí tenga que transformarse, así como sus diferentes elementos, la ocupación de la misma y el uso que hacemos de ella. Son numerosas las reflexiones que están surgiendo al respecto, aunque, debido a la celeridad de los acontecimientos, parece que ahora nos vemos abocados a solucionar las problemáticas más urgentes y derivadas de los protocolos de actuación y seguridad.

Parece difícil enfrentarse, hoy por hoy, a un pensamiento más pausado y crítico sobre cómo todo esto afectará a nuestros modos discursivos y a nuestra forma de entender la exposición; no obstante, creo que sí puede suponer un punto de inflexión en cuanto a cuestionarnos algunas dinámicas asociadas a estos espacios y es una oportunidad para desmontarlas, en base a otra realidad y concienciación.

Quizás tengamos que entender que muchas de nuestras actuaciones encajan, casi siempre, dentro de algo más transitorio y que hay que empezar en algún momento a hacer las cosas de otro modo.

Puede encontrarse más información sobre la exposición en la web de Caixaforum.

Detalle de la exposición ‘Dónde estamos. Dónde podríamos estar’. Fotografía de Roberto Ruiz cortesía de Diana Guijarro y Fundación «la Caixa».

María Ramis

Luis Galbis: Paseo por la ciudad imaginaria

‘Entre tu casa y la mía’, de Luis Galbis
Lanevera Gallery
Puerto Rico, 46. València
Del 17 de septiembre al 16 de octubre 2020
Martes 8 de septiembre

Lanevera Gallery apaga el congelador donde el confinamiento paralizó su actividad  y enciende los motores de la nueva temporada proponiendo un paseo por una ciudad irreal concebida por el polifacético artista olivense Luis Galbis Fuster. ‘Entre tu casa y la mía’ reúne entre 25 y 30 ilustraciones sobre papel y cerámica que plasman su característico estilo de trazo limpio y deliberada simplicidad infantil. Este proyecto lo culminó en un par de meses a más de 30 grados de temperatura y está pensado ‘ex profeso’ para  la sala de Lanevera.

Luis Galbis,
Luis Galbis, como parte de su propia obra. Imagen cortesía de Lanevera y Galbis.

“Se trata de un pequeño paseo por una ciudad inventada, una serie de obras inspiradas en algunos de los rincones que cada uno guarda en su memoria y que son capaces de evocar recuerdos y sentimientos”, dice Galbis. “Los espacios que transitamos quedan impregnados de nuestras vivencias convirtiéndolos en parte de nuestra historia personal. Cuando caminamos construimos un mundo propio, aunque muchas veces recorramos nuestros trayectos diarios de forma automática. Los espacios que nos separan son también los que nos unen”.

El Mercado Central es el único referente reconocible a primera vista en este recorrido casual, en el que también se esconde un fragmento de Oliva su ciudad natal. Así, el viaje por la ciudad imaginaria se materializa en un conjunto de obras propuestas a modo de retablo cerámico resultando una cartografía de los afectos.

Obras realizadas sobre papel y azulejo nos detallan los pequeños rincones del día a día que modelan nuestras vidas y las hacen propias, uniéndonos a su vez a las del resto del colectivo al que pertenecemos. Un dato digno de mención. Los azulejos fueron rescatados de la casa de la abuela del artista, además de una serie de tejidos a los que espera dar uso, pues Galbis es muy diestro con la aguja e hilo.

Obra de Luis Galbis. Imagen cortesía de Lanevera y Galbis.

“Me gusta hacer un poco de todo, combinar la escultura e ilustración con el diseño», comenta. «Me encantaría ampliar mi campo creativo diseñando escenografías, juguetes o textiles. Mi madre era diseñadora y creo que de su influencia procede mi obsesión por las casas. Disfruto dibujándolas, decorándolas e imagino quiénes viven en ellas. De niño jugaba a hacer planos de viviendas”.

 Después de residir cinco años y medio en Madrid, donde trabajó en varias agencias de publicidad como ilustrador, Galbis ha regresado a la ‘terreta’ para conectar con las raíces y desarrollar su carrera de artista autónomo, polivalente y mestizo en lo que a materiales se refiere. “Soy mal dibujante, y consciente de ello no me siento ante una impoluta página en blanco a hacer filigranas, sino que improviso sobre la marcha”.

Tarjeta de presentación de la muestra de Luis Galbis en Lanevera Gallery.

Es titulado en Artes Aplicadas a la Escultura por la ESAD, Licenciado en BBAA y Máster en Diseño e Ilustración por la UPV. Cuando estuvo en Lisboa en un Erasmus su pasión por la escultura derivó, a través del grabado hacia la ilustración pero sus trabajos poseen cierta tridimensionalidad matérica. Otra de sus facetas es la de ilustrador de portadas. Ha trabajado para los sellos valencianos Llibres de la Drassana y Editorial Sendemá. También ha realizado exposiciones en València, Madrid y Lisboa. Uno de sus proyectos preferidos es ‘Los hombres frívolos’ que realizó en equipo con Blanca Amorós y Juan Evaristo Boix, un conjunto de esculturas, fotos, pinturas y textos.

Con el fin de  facilitar el acceso del público manteniendo las distancias de seguridad, la exposición se inaugurará en dos fases las tardes del jueves 17 y el viernes 18 de 18 a 21 horas. Estará abierta hasta el viernes 16 de octubre de 2020 en horario de 10 a 14 y de 16 a 20 de lunes a viernes.

Obra de Luis Galbis. Imagen cortesía de Lanevera y Galbis.

Bel Carrasco

El sol mediterráneo que unió a Benlliure y Sorolla

‘Sorolla y Benlliure. Pinceladas de una amistad’
Fundación Bancaja
Plaza de Tetuán 23, València
Hasta el 17 de septiembre
Domingo 6 de septiembre de 2020

“Los duelos con sol son menos”, decía Joaquín Sorolla (1863-1923), repicando en dicha frase la amistad que durante años mantuvo con José Benlliure (1855-1937), recogida en la exposición que Fundación Bancaja dedica a tan estrecha relación. Lo hace mostrando la correspondencia mantenida entre ambos, salpicada de fragmentos en torno a sus dolencias y tristes vicisitudes familiares, pero sin dejar nunca de brillar por encima ese sol mediterráneo que les unió, tras haberse conocido en Roma. Correspondencia a la que se suma un conjunto de ocho obras, la mitad de cada cual, entre las que sobresale la serie ‘Las cuatro estaciones’, de Benlliure, exhibidas por primera vez en Valencia, tras haber sido restauradas.

Los temas “familiares” y sus respectivos “anhelos artísticos”, según explicó Sofía Barrón, comisaria de ‘Sorolla y Benlliure. Pinceladas de una amistad‘, aparecen a lo largo de la correspondencia, revelando la pasión que sentían por la vida y la pintura. “Ya te he contado mi vida hoy, es monótona, pero qué hacerle, siempre te digo lo mismo, pintar y amarte, eso es todo. ¿Te parece poco?”, escribe en cierto momento Sorolla a su mujer Clotilde García del Castillo. Monotonía de una vida cotidiana que ambos trascendían con su obra y una caligrafía, presente en sus cartas, igualmente artística.

Benlliure, Sorolla,
Una joven ante una de las obras de la exposición. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Tan artística, que una frase de Sorolla, reproducida en una de las paredes de la exposición, resulta difícil de esclarecer por los vericuetos que adquieren sus trazos: “Los rayos del sol dorado de poniente, pero sin impresionismos, que en esto religioso harían muy mal”. Sol dorado, impresionismos y cierta mística que atraviesa el conjunto expositivo, protagonizada por esas “cuatro estaciones” de Benlliure y la imponente ‘Yo soy el pan de la vida’, de Sorolla, perteneciente esta última a la colección pictórica de la familia Lladró, y en la que sobresale un joven a modo de «trampantojo» que permite introducir “al espectador en la escena”, según se anota en el texto explicativo de la pieza.

‘Retrato de una dama’, ‘Cabeza de niña con flores’ y ‘Otoño. La Granja’ son las restantes obras de Sorolla, de menor formato, que dialogan con ‘Las cuatro estaciones’, cuya restauración ha sido realizada por Vicente Ripollés. Restauración que ha permitido “recuperar la luz, color y pigmentos originales, alterados y oscurecidos por el paso del tiempo”, asegura la comisaria, ofreciendo sus particulares pinceladas en torno a esa amistad fraguada en Roma, pero que fue perdurando a lo largo del tiempo. 

Una espectadora contempla dos de las obras de la exposición. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

El cambio del siglo XIX al XX les afectó de forma distinta. “La fama de Sorolla creció  de forma exponencial, mientras Benlliure no fue tan afortunado” en esos años de entre siglos. “El gusto pictórico comenzaba a tomar un nuevo rumbo y el pintor desaceleró el paso”, explicó Barrón con respecto a Benlliure, al que calificó de “inquieto y versátil” pictóricamente. El reciente descubrimiento por investigadores de la Universitat de Lleida de un Sorolla inédito, dio pie a que la comisaria se pronunciara sobre el artista luminista: “Sorolla está ultravalorizado”, refiriéndose con ello al constante aprecio de su obra, lanzando un llamamiento al respecto: “Los maestros valencianos siempre han de estar de moda”.

Por eso Isabel Rubio, coordinadora de la Dirección de Comunicación de Bankia, dijo que la exposición podía parecer pequeña, por el número de piezas presentadas, pero que nunca lo es “cuando hablamos de dos grandes artistas como Sorolla y Benlliure”, y teniendo en cuenta esa presentación por primera vez de Las cuatro estaciones. “Ni tampoco se puede tildar de pequeña la muestra, cuando podemos ver la relación de amistad entre ellos y la sociedad valenciana en que se movían”, añadió. Por esos años de principios del siglo XX, ambos artistas capitaneaban un proyecto común que pretendía la construcción de un Palacio de Bellas Artes e Industrias en Valencia, que no terminó de cuajar.

Un periodista grabando detalles de la exposición. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Con ‘Las cuatro estaciones’, José Benlliure, ya con 75 años, se alejó de su repertorio habitual para adentrarse en la “frondosa naturaleza mitológica”, telas “tardías de su producción y de temática inédita en su trayectoria”, explicó Barrón. Su restauración, además de haber permitido mostrar “con rotundidad unas obras llenas de luz y vibrantes colores”, también ha posibilitado revelar “una gama infinita de matices cromáticos, que de otra manera habrían permanecido ocultos”.

La amistad entre Sorolla y Benlliure se muestra en estrecha conexión con su obra, a pesar de que en cierta ocasión el primero hiciera comentarios negativos sobre el segundo, tal y como se recogió en una exposición en el Museo de Bellas Artes de Valencia, en torno a la correspondencia de Sorolla, en esa ocasión dirigidas a su amigo íntimo Pedro Gil-Moreno de Mora. Cosas que, como afirmaban Felipe Garín y Facundo Tomás, en aquella muestra, de las que se hubiera seguramente retractado “al comprobar la amistad y admiración que el viejo maestro le profesaría siempre”. Pero esa es ya otra historia.

‘Yo soy el pan y la vida’, de Joaquín Sorolla. Foto: Manuel Bruque. EFE.

Salva Torres