Lezama reabre para acoger El color de la primera luz

‘El color de la primera luz’, Alejandra Gandía-Blasco
Antigua Galería Lezama
Salvador 9, Valencia
Hasta el 26 de Septiembre de 2018

Alejandra Gandía-Blasco muestra en Valencia ‘El color de la primera luz’ en un lugar inimaginado. La antigua y mítica Galería Lezama abre sus puertas del 19 al 26 de septiembre para acoger la primera individual de esta artista valenciana tras años de investigación. La muestra recoge el trabajo fotográfico de los últimos años que destaca por su obsesión por el registro y por una ardua investigación. El comisario es José Luis Clemente y la singularidad del espacio requiere, fuera de horario, de cita previa (llamando al número 654352363).

La antigua Galería Lezama, luego Purgatori II, es un espacio emblemático, hoy en
desuso y apenas remozado, abre de nuevo sus puertas para este proyecto puntual.
Más conocida por su faceta como diseñadora, Alejandra Gandía-Blasco se forma en la
Facultad de Bellas Artes de Altea y Valencia donde finaliza sus estudios en 2011 para,
posteriormente, ampliar su formación en la Saint Martin's School of Art de Londres.
Su formación y práctica artística se asienta en la pintura y el dibujo, para trascenderlos
y llegar a la fotografía, soporte en el que viene trabajando en los últimos años, como
un medio de registro. Para Alejandra Gandía-Blasco no hay separación entre los
procedimientos usados antes en dibujos o pintura y el uso de la fotografía. De hecho,
el interés por registrar, estaba en esos soportes y pasa ahora a la fotografía, como una
solución de continuidad. Ella habla a menudo de esa necesidad casi obsesiva por el
registro, convirtiéndose en un concienzudo proceso de investigación. Como la propia
artista señala: “Me interesa muy especialmente el registro. Alcanzar el lugar, el
momento justo. La fotografía es para mí una forma de archivo a través del que intento
captar la luz y su expansión en posibilidades diversas de color”.

En este proyecto se presentan una veintena de fotografías en las que el motivo de
fondo es el amanecer y la puesta del sol. Sin embargo, no es el motivo
representacional en sí lo que interesa a Alejandra Gandía-Blasco. “Para ella, un
amanecer o la puesta de sol – señala el comisario de la muestra José Luis Clemente-
son un paisaje más en el que se condensan instantes precisos en los que todo cambia
por momentos. La intención de Alejandra por generar un archivo, en el que registrar
las formas cambiantes de un horizonte, va más allá de la representación del propio
horizonte, apenas esbozado en líneas y círculos. Lo que vemos en las fotografías no
son formas concretas y reconocibles. Estas fotografías se plantean en clave abstracta.
El color se convierte entonces en herramienta constructiva y, a la vez, en una
exploración de sensaciones. Se trataría de una especie de catálogo en el que se
registran sucesivas gamas de color a partir del efecto que produce la luz en un
momento preciso y que siempre es variable”.

Alejandra Gandía-Blasco y el comisario, José Luis Clemente. Imagen cortesía Ancom.

Alejandra Gandía-Blasco y el comisario, José Luis Clemente. Imagen cortesía Ancom.

Estas obras no obedecen a las convenciones técnicas de la fotografía. Alejandra
Gandía-Blasco usa la fotografía como si pintara. Es por ello, que para estas series
recurre al móvil para fotografiar. Su interés, por tanto, estaría más en la fotografía “al
uso”, en los modos en los que comúnmente las personas acabamos registrándolo todo
usando el teléfono. Es por ello que en sus fotografías se evidencian a veces tramas de píxel, desenfoques y otros procedimientos que ofrece la tecnología digital, para luego
llevarlos al papel fotográfico como gestos pictóricos. Hay en estas fotografías también
un interés por incorporar el accidente y el azar. En ese sentido, señala la artista, cómo
el origen de estas series de fotografías tiene que ver con un primer registro que hizo
en unas fotografías tomadas con el teléfono móvil en un vuelo de Alicante a París. A
partir de ahí, Alejandra Gandía-Blasco fue investigando sobre los procesos del propio
registro y las posibilidades que ofrece el teléfono móvil para abordar una
investigación, en la que lleva casi dos años trabajando y de las que aquí se muestra una
pequeña parte. Alicante, Atenas e Ibiza, son los lugares de los que parte y los
momentos que elige. A partir de ahí, de un registro primero, como si se tratara de un
apunte, Alejandra Gandía-Blasco comienza intervenir la fotografía que, en sus
formalidades deja de serlo, para tratarse más pintura. De esta forma, cada fotografía,
cada papel, es tratado por la artista como obra única, no sujeta a la multiplicidad que
ofrece comúnmente el papel fotográfico.

Señalar el atractivo que ofrece el espacio expositivo y que hace también esta
exposición particularmente interesante. No se trata de un espacio convencional, el de
una galería de arte o una institución. Se trata de un espacio en desuso y abandonado
que, como hemos señalado, fue un espacio expositivo relevante en el pasado. Por
tanto, sus paredes que guardan parte de la memoria de lo que fuera una galería de
arte, recuperan el blanco original para acoger ahora toda la expresión de color de
Alejandra Gandía-Blasco.

El horario para visitar la exposición es el siguiente:

De martes a jueves de 18:00 a 21:00horas / viernes, de 18:00 a 20:00 horas,
resto horario bajo cita previa llamando al 654352363.

After Old Masters

(Re)Mastered, de Eric Basstein, Florian Eymann, PichiAvo y Andrea Ravo Mattoni
Plastic Murs
C / Dénia, 45. València
Inauguración: viernes 21 de septiembre
Hasta el 31 de octubre de 2018

A principios del siglo XIX, Quatremère de Quincy —considerado el primer crítico del Louvre como institución— esgrimió un argumento demoledor: contemplar la reunión fascinante de tantas obras maestras en un mismo museo impide la creación de nuevas obras maestras. Esta declaración coincide temporalmente con la construcción de la historia del arte (como disciplina) y de los museos (en sentido moderno) que se esforzarán por establecer un canon cultural europeo en referencia al clasicismo que va del Renacimiento a la Ilustración, cifrando los nombres de los Grandes Maestros y atesorando sus obras como evidencia.

Obra de Andrea Ravo Mattoni. Imagen cortesía de Plastic Murs

Obra de Andrea Ravo Mattoni. Imagen cortesía de Plastic Murs

También a etiqueta de “obra maestra” aparece en este momento, con el museo, para señalar un hito, una realización extraordinaria (por absoluta) que guarda en su seno la idea de arte y de la historia del arte misma. Los Grandes Maestros irradian desde entonces —que es desde su tiempo— y a través de sus creaciones una influencia e inspiración que incita a imitarlas, de ahí que la formación artística académica sistematizara el estudio y la copia de las formas y técnicas de los Maestros como método.

La aparición de otra etiqueta, ater (después, a la manera de) codificará esta cadena de valor artístico marcando las aproximaciones parciales o la imitación total del estilo de un Maestro realizada por otro artista, por un aprendiz en el taller o por el copista en las salas del museo. Aunque en otro sentido, la interpretación, la cita y la apropiación como estrategias creativas seguirán la misma lógica hasta desembocar en el gesto posmoderno y las prácticas actuales.

Obra de Eric Basstein. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Eric Basstein. Imagen cortesía de Plastic Murs.

(Re)Mastered reúne cuatro propuestas que evidencian así la reversibilidad de la historia del arte y cómo las formas y técnicas clásicas (o no tanto) son asumidas y reinterpretadas conscientemente por artistas contemporáneos que reintroducen las creaciones de los Maestros actualizando su lenguaje.

PichiAvo (España) combinan la estatuaria clásica con las señas de identidad del grafiti callejero (tags, símbolos) en marañas de grisallas, veladuras y palimpsestos de fuerte colorido que dominan los grandes muros donde se pintan o se llevan al cuadro, los dos soportes tradicionales de la pintura.

Andrea Ravo Mattoni (Italia) construye con sus intervenciones murales una “pinacoteca a cielo abierto” trasladando al espacio urbano y haciendo accesibles obras de Caravaggio o David que están encerradas en museos; utiliza para ello los espráis con los que también trabaja sobre lienzo.

Obra de PichiAvo. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de PichiAvo. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Florian Eymann (Francia) juega en sus pinturas con la relación entre el toque de Rembrandt y la pincelada de Bacon, entre la representación y la evidencia de la materialidad de la pintura, entre la cita al Maestro y la mixtura abstracta de la pintura de hoy (óleo, espray, collage) que tanto le debe.

Eric Basstein (Países Bajos) genera en sus pinturas una suerte de puzles donde dialogan referencias clásicas y contemporáneas (publicidad, moda, cómic) como en una suerte de sampleado abstracto en el que descubrimos capas y fragmentos de la tradición artística, lo popular y lo familiar.

Para recrear mejor las salas de los museos de siglo XIX, propias de los Grandes Maestros, la galería se ha pintado de una suerte de azul real, el más propicio para la exposición y las transgresiones del aura benjaminiana.

Obra de Florian Eymann. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Florian Eymann. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Ricardo Forriols
Universitat Politècnica de València

EL NEOPICTORIALISMO DE JOSÉ MANUEL BALLESTER

‘Bosques de luz’ de José Manuel Ballester
Fundación Bancaja
Plaza Tetuán 23, Valencia
Hasta el 23 de septiembre de 2018

Hasta la segunda decena del mes la aclamada fotografía pictórica del apremiado José Ballester se hace hueco en la Fundación Bancaja con ‘Bosques de luz’, una exposición comisariada por María de Corral y Lorena Martínez de Corral que plasma por medio de 21 obras la última década del artista madrileño a través del estudio del tiempo, la luz y el espacio; y como estos, en palabras de las mismas comisarias, “son testigos para justificar, registrar, matizar e interrogar la actualidad y el progreso”.

Fotografía del artista José Manuel Ballester, las comisarias María de Corral y Lorena Martínez de Corral, y el Presidente de la Fundación Bancaja Rafael Alcón. Imagen cedida por la revista 'Valencia City'.

Fotografía del artista José Manuel Ballester, las comisarias María de Corral y Lorena Martínez de Corral, y el Presidente de la Fundación Bancaja Rafael Alcón. Imagen cedida por la revista ‘Valencia City’.

‘Bosques de luz’ se dispone a través de temas tan utilizados y demandados como son el paisaje y los museos, además de una singular sección llamada “Los espacios ocultos”, donde presenta una relectura, libre de personajes, de la obra maestra renacentista ‘La Anunciación’ de Fray Angelico. Tal como señala María de Corral, “Ballester toma el espacio del Renacimiento para enseñarlo junto con el espacio actual” y, de esta forma, el artista despoja a la pieza de su historia y la vuelve a imprimir sobre lienzo para darle a la espacialidad un nuevo carácter teórico.

'Lugares para una Anunciación' de José Manuel Ballester. Imagen cortesía de la revista 'Economía 3'.

‘Lugares para una Anunciación’ de José Manuel Ballester. Imagen cortesía de la revista ‘Economía 3′.

Las obras paisajísticas destacan por temas urbanísticos, así como por la naturaleza y lo industrial, que se combinan entre sí capturando la geografía desde el corazón edificado de Asia, la gran China, hasta el salvaje e inhóspito pulmón amazónico brasileño, pasando por la progresiva industrialización que separa ambos planos, donde el propio artista destaca la mirada dual, pasada y futura, desde la que poder contemplarlas. De esta forma Ballester plasma la relación encontrada entre lo natural y lo artificial, al igual que entre la fotografía y la pintura, para presentarnos el choque de la experiencia urbana que confronta al individuo junto con la globalización.

De igual modo, los museos, presentados por medio de una serie de complejas fotografías, sitúan el espacio y la luz como los grandes protagonistas de estas, invitándonos a vaciar nuestros museos reales y memorísticos para plantear nuevos enfoques que sean capaces de abordar nuestro pasado y futuro. Además, Ballester incide sobre la idea de que ningún espacio es capaz de contener la auténtica esencia de la cultura, pues solo simbolizan una selección fragmentada y descontextualizada de esta que necesariamente ha de ser revisada para el desarrollo de nuevos planteamientos acordes con el tipo de sociedad y tecnologías actuales.

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Museo Arqueológico Nacional 18. Fotografía realizada por el propio artista.

Al igual que en el anterior apartado, la totalidad de la exposición queda singularizada por los grandes formatos y la carente presencia humana. Pues el artista, al parecer, siente una gran predilección por esos lugares abandonados, ocultos o derruidos donde la presencia directa se hace a un lado para destacar esa progresiva y desapercibida belleza camuflada de devenir y marginalidad. Todo gracias a un laborioso proceso que abarca desde el previo y minucioso estudio de documentación, composición y captura de la imagen, hasta la modificación e impresión digital directa que refuerza las texturas y colores por medio de novedosos soportes como son las cajas de luz, el metacrilato o el dibond.

Vista en altura desde la Ópera de Garnier. Obra llamada 'París desde Garnier'. Fotografía capturada por José Manuel Ballester.

Vista en altura desde la Ópera de Garnier. Obra llamada ‘París desde Garnier’. Fotografía capturada por José Manuel Ballester.

Los recursos visuales empleados por el artista en esta muestra cambian la posición del espectador frente al mundo exterior y frente a su propia memoria, lo confrontan metafóricamente frente a una realidad embellecida pero desolada, como espejo del recuerdo pasado y el momento venidero.

De la misma forma, el artista resume su obra en un intento de recoger todo lo que le ofrece la tecnología. Esta puesta en escena no trata solo de mostrarnos una estética directa, sino una representación de un nuevo arte que combina tradición y vanguardia por medio de fotografía digital y pintura. Tal como señala el propio Ballester: “Cuando comencé a estudiar el mundo de la fotografía digital descubrí el alejamiento que suponía la fotografía analógica respecto de la pintura. Con el nacimiento de la fotografía digital y sus posibilidades de manipulación, se producía un reencuentro con la forma de entender el proceso creativo muy afín a los procedimientos plásticos hasta ahora conocidos. Esta gran afinidad es la que ha creado un movimiento muy fuerte que me gusta nombrar “período neopictorialista”".

Imagen de.José Manuel Ballester, Premio Nacional en Fotografía, en la inauguración 'Bosques de luz'  en la Fundación Bancaja. Imagen de Irene Marsi.

Imagen de.José Manuel Ballester, Premio Nacional en Fotografía, en la inauguración ‘Bosques de luz’ en la Fundación Bancaja. Imagen de Irene Marsi.

Cristian Torada

La mirada errante (como la vida)

Maschi e Buchi, de Francesco Filangeri
Librería Railowsky
C / Gravador Esteve, 28. Valencia
Inauguración: viernes 14 de septiembre de 2018, a las 19.30h

Arquitecto al tiempo que fotógrafo, la fotografía acabó prevaleciendo como actividad profesional de Francesco Filangeri (Palermo, 1969). Si la formación como arquitecto la adquirió  de forma reglada, cursando estudios y obteniendo el grado en la Universidad de Palermo, su preciso conocimiento técnico de la fotografía procede de los años en que fue asistente en el estudio palermitano de Giuseppe Cappellani. Atento a la antropología de los espacios urbanos, Filangeri ha trabajado en Roma, Londres, Florencia, Palermo y Valencia, aunque nunca se ha interesado por el  genio de esos lugares.

“Vagar por las ciudades ha sido mi principal trabajo”, declaró este disciplinado cultivador del arte de deambular por las calles, una práctica asociada al urbanismo moderno que tuvo su gran eclosión en el París de Baudelaire o en el Berlín de Weimar. Celebración de la errancia como actividad significativa y también forma de resistencia, medio de combatir -reclama la urbanista Paola Berenstein Jacques en su Elogio aos errantes (2012)-, la pérdida de la experiencia física urbana como hábito cotidiano.

Francesco Filangeri. Imagen cortesía de Railowsky

Francesco Filangeri. Imagen cortesía de Railowsky

Maschi e Buchi es una serie formada por 14 dípticos que reúnen fotografías de hombres de diferente edad y de agujeros y cavidades también diversas. La brusca animalidad de la palabra maschi [machos] parece complementarse con la también desnuda referencia a los buchi [agujeros], que bien pueden evocar la genitalidad femenina y el alumbramiento de la vida. Fue la primera exposición de Filangeri y en cierto modo es un compendio de sus intereses, registros y recursos visuales. Como en un juego de espejos, estos dípticos de personas y lugares anónimos se entretienen en las porosas fronteras entre figuración y abstracción, entre fotografía y pintura, y sugieren irónicos contrastes y analogías en las formas, las escalas, las texturas o la tonalidad. Valgan de ejemplo ese joven cocinero cuya cabeza se trasmuta en capitel corintio, o la calidad rocosa del rostro de un hombre entrado en años junto a unos cantos rodados.

“Callejear -escribió Balzac-, es admirar sublimes cuadros de dolor, de amor y de alegría, es ver retratos graciosos o grotescos, es sumergir la mirada en el fondo de mil y mil existencias.”  Mil y mil existencias como las que contemplamos en estas imágenes. La fotografía es una instantánea y tiende por ello a suspender el curso del tiempo, pero esta galería de rostros y figuras que inicia un sonriente niño y culmina un anciano en precario equilibrio, nos recuerda, por el contrario, el maravillado e incesante fluir de la vida, y nos ofrece  un fugaz e intenso sentimiento del tiempo.

Filangeri

Obra de Francesco Filangeri. Librería Railowsky

Salvador Albiñana

Relectura del franquismo por las vanguardias

España. Vanguardia Artística y Realidad Social, 1936-1976
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Desde el 13 de septiembre de 2018 al 13 de enero de 2019

El director del Institut Valencià d’Art Modern, José Miguel G. Cortés, y el comisario de la muestra, Sergio Rubira, han presentado la exposición Caso de estudio ‘España. Vanguardia Artística y Realidad Social, 1936-1976′, que lleva el mismo título que la célebre exposición que se presentó en la Bienal de Venecia de 1976.

“La Bienal de Venecia de 1976 fue un acontecimiento histórico muy importante en el mundo del arte ya que por primera vez se planteó para el Pabellón Español un proyecto alejado de la oficialidad”, explicó el director del IVAM sobre la muestra que reúne 33 obras de la Colección del museo de artistas como Pablo Picasso, Joan Miró, Julio González, Josep Renau, Eusebio Sempere, Antoni Tàpies, Antonio Saura, Monjalés, Jordi Teixidor, Equipo Crónica, Eduardo Arroyo y Alberto Corazón, que formaron parte de aquella exposición histórica.

La intención principal de la exposición que se organizó en la Bienal de 1976 era corregir la imagen que el régimen franquista había dado del arte español de vanguardia en el contexto internacional y evidenciar cómo ese vanguardismo había sido moldeado por el proceso de una lucha ideológica. “En este nuevo curso en el que el IVAM celebrará su aniversario en 2019 nos planteamos conocer el pasado para construir el futuro”, comentó Cortés sobre la importancia de este nuevo Caso de Estudio del IVAM, la línea de exposiciones que investiga los fondos de la Colección.

Crucifixión, de Antonio Saura. Imagen cortesía del IVAM.

Crucifixión, de Antonio Saura. Imagen cortesía del IVAM.

El comisario de la exposición, Sergio Rubira, destacó que “nunca hasta 1976 se había hecho una exposición que contextualizara las condiciones políticas y sociales de la producción de las obras”. De ahí la importancia de aquélla muestra para entender “el relato de la historia del arte durante la dictadura”, resumió.

Considerando el papel que desempeñaron los críticos y artistas valencianos como Tomás Llorens, que ejerció de co-comisario, Manuel García, que actuó como secretario de la ‘Comisión de los Diez’ que organizó la exposición, junto con artistas como Jordi Teixidor, Equipo Crónica, Equipo Realidad o Monjalés, no es extraño que la Colección del IVAM conserve más de 40 obras que formaron parte de la muestra de 1976. “Algunas de las ideas de aquella muestra tomaron forma posteriormente en la creación de la Colección del IVAM. Es el caso, por ejemplo, de Julio González”, apostilló Rubira.

El recorrido de la exposición en la galería 3 del IVAM mantiene el orden que se le dio en la muestra del 76 y que “comenzaba mostrando las raíces de la vanguardia con imágenes de la Guerra Civil y el Pabellón de la República de la Exposición de París de 1939″, manifestó el comisario.

A partir de ese momento, la exposición sigue un recorrido circular con la escultura Cabeza de Monserrat girando, (1942) de Julio González para culminar con otra imagen de mujer, el retrato Sama de Langreo (1970) de Eduardo Arroyo, que muestran la heterogeneidad de lenguajes artísticos, sin olvidar los artistas forzados al exilio.

Vista de la exposición 'España. Vanguardias artísticas y realidad social. 1936-1976'- Imagen cortesía del IVAM.

Vista de la exposición ‘España. Vanguardias artísticas y realidad social. 1936-1976′- Imagen cortesía del IVAM.

Treinta y tres para ir abriendo boca

‘Art Contemporary de la Generalitat Valenciana / Primers moments’
Centre del Carme
Museo 2, Valencia
Hasta el 23 de Septiembre de 2018

Por el momento, solo en el Centre del Carme, pero próximamente en otras partes del territorio valenciano, se puede contemplar la exposición ‘Art Contemporani de la Generalitat Valenciana / Primers moments’, un interesante recorrido marcado más por la intuición del espectador que por pautas museológicas, que le llevará a hacerse una idea general del panorama del arte contemporáneo dentro del territorio valenciano. Un recorrido por los debates más actuales y aquellos que más acucian a los artistas más activos del panorama. Un primer acercamiento expositivo a esas primeras 33 obras que fueron seleccionadas para formar parte de la primera Colección de Arte Contemporáneo de la Generalitat Valenciana.

En la selección de obras no se tuvo en cuenta pautas generacionales ni tampoco una restricción por temáticas, pero una serie de líneas de trabajo fueron abriéndose camino, acabando por dar orden a estas primeras obras. A pesar de las controversias que pueda generar las fundamentaciones políticas asociadas a los comienzos de una colección como esta (siempre las hay, pues el arte actual es político, como lo son sus acciones derivadas), queda patente que la Generalitat Valenciana se ha lanzado a atesorar el principio de una más que probable colección de arte contemporáneo que, esperemos, se vaya consolidando. De momento, ya han confirmado que la segunda selección de artistas está en marcha.

La mirada al pasado, feminismos, las fricciones entre lo cotidiano y lo tecnológico, la cultura de la sostenibilidad y un claro binomio entre individuo y sociedad son discursos que pueden leerse en las obras; muchas van más allá y otras juegan, intercambian y deliberan sobre varios de estos conceptos. Han hecho falta más de 3 salas del Centre del Carme para acoger todas las obras. Un primer vistazo a la Sala Refectori parece dirigirnos hacia el trabajo del color, con la obra seleccionada de Jöel Mestre, huellas compositivas en 3 “pecios” enfocados a la personal geometría del artista. El recién fallecido escultor Sebastià Miralles es representado en la muestra a través de una escultura que pone la mirada en el sur, una perspectiva actual y que da pie a los pensadores exiliados que Ana Teresa Ortega ha querido plasmar en sus fotomontajes, resaltando la capacidad que tuvieron para hablar desde el “margen”. La política social siempre presente en las reflexiones actuales desde diferentes perspectivas.

El conocido dúo Bleda y Rosa continúan esa línea de juego, añadiendo el factor tiempo y memoria, haciendo hincapié en el territorio y en su capacidad histórica. Una memoria que se construye colectivamente en la obra de Mira Bernábeu y que incita a plantearse diferentes formas de crear arte. El estudio formal de Amparo Tormo es una constante en su dilatada carrera y una muestra de su consolidado trabajo, sintético y penetrante. La ‘Madriguera’, de Xavier Arenós, inunda el espacio y nos acerca un poco a Lissitzky, reformulándolo y dando forma a todo aquello que fue reprimido.

Sala del Refectorio, donde se pueden ver las obras de Mery Sales, Maribel Domènech y Xavier Arenós. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Sala del Refectorio, donde se pueden ver las obras de Mery Sales, Maribel Domènech y Xavier Arenós. Imagen cortesía del Centre del Carme.

La forma de trabajar de Anna Talens se ve reflejada en ‘Horizonte Diagonal’, donde la contemplación se va tejiendo en forma de hilo de oro. Aquí la luz resulta imprescindible. La idea de tejer pasa, a partir de la obra de Talens, a tener casi un papel protagonista. En Teresa Lanceta puede observarse su capacidad por no querer aceptar la línea discutida desde siempre entre arte y artesanía; Lanceta compone y refórmula la técnica desde una perspectiva antropológica. Más social que antropológica, la casa tejida de Maribel Domènech cuelga casi etérea y se aferra a palabras de aluminio en la pared: ‘resistencia’, ‘rabia’, ‘incerteza’… Teresa Cebrián también trabaja la palabra y tiene un hueco en la colección –aunque ‘El bolsón de las palabras’, pieza seleccionada, puede contemplarse en la Sala Ferreres, al formar parte de otra exposición, ‘El largo viaje’–. Para finalizar el recorrido del Refectori, Mery Sales rinde homenaje a Hannah Arendt, cuya otrora voz acallada consigue aquí un verdadero protagonismo. Paloma Navares compone ’Cantos rodados a la memoria’ de manera elegante y personal; el color proyectado se transforma en sus valores que han quedado impresos en el frágil material.

Queda patente la fuerza de la memoria personal en muchas de las obras, pero quizá, conforme nos adentramos en la obra de Olga Diego, esa sensación vaya en aumento. La gran instalación encierra, más allá de lo personal, un sentido poético que dialoga con la transmisión de lo cotidiano del lienzo de Jorge Julve. Julve ha creado un marco de profundidades que se identifican con la discrepancia entre lo privado y lo público, lo íntimo y lo manifiesto. Adentrándose en un nuevo lenguaje de interpretación del paisaje, Damià Jordà presenta la primera pieza de video, ‘Aquestes coses que fem avui dia’, una sucesión de imágenes en movimiento donde la narrativa y la voz en off adquieren vital importancia. La siguiente obra rompe quizá con la estética contemporánea clásica, una fórmula matemática –la de objetos en suspensión– ha sido reformulada por Rosana Antolí en una instalación performática que aúna a la perfección el carácter multidisciplinar de su obra: dibujo, mínimal, Steve Reich y, sobre todo, mucho estudio del movimiento.

En el siguiente recodo, el espectador es obligado casi a tropezar con la obra de Xavier Monsalvat; ‘Be careful what you with for…’ es una premonición, un alto en el recorrido parar detenerse en el detalle. El uso de la cerámica, de la ilustración y la clara referencia a la vanguardia han hecho que el reconocible trabajo de Monsalvatje encuentre un hueco en los primeros momentos de esta colección. Un sonido casi inaudible nos saca de la contemplación de la pieza de Monsalvatje para llevarnos a la instalación de Moisés Mañas, donde continúa la dualidad entre arte e industria. Mañas crea una gran estructura con vida y sonido propios, una gran parábola casi imposible, pero certera. Esa industria fruto de la acción humana es lo que nos lleva, a continuación, a los dibujos de Ernesto Casero. Animales inexistentes se muestran bajo una rúbrica también desfasada; ‘A darwinian point of view’ llama la atención por lo directo y por lo real: la destrucción humana arrojada sobre lo natural.

Sala Carlos Pérez, donde se pueden ver las obras de Xavier Monsalvatje, Moisés Mañas y Ernesto Casero. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Sala Carlos Pérez, donde se pueden ver las obras de Xavier Monsalvatje, Moisés Mañas y Ernesto Casero. Imagen cortesía del Centre del Carme.

En la parte de arriba, en las Salas 1 y 2 del Centre del Carme, Tania Blanco invita a pasear por recientes movimientos sociales, un recuerdo que inmortaliza, enmarcándolo y cuestionando, así, los canales comunicativos y, con ellos, el sistema democrático actual. También con una dialéctica coetánea, Agustín Serisuelo nos acerca más al territorio transformando la manera de ver el paisaje, no como género, sino de una forma situacional; su instalación habla de espacios y de lugares periféricos inconscientemente deshabitados. Si Blanco utiliza la memoria reciente para transportar al espectador, el dúo Art al Quadrat, como ya han hecho en otras ocasiones, se apropian de ese pasado casi reciente y lo sitúan en la sala. Su ‘Limbo económico’ es un discurso múltiple entorno al dinero, a los ahorros y a las autoinversiones. Con una mirada más poética, Mar Arza también genera su pieza entorno al capital, pero lo transforma desde dentro. En esta ocasión, el principal capital pasa a ser la palabra.

Para disfrutar de la obra de Pilar Beltrán se hace necesario acercarse a ella y girar las bobinas fotográficas, trabajando el concepto de viaje desde el principio hasta el final. Una reflexión sobre ese tiempo gastado, un paseo por el no-lugar. Muy cerca, Fermín Jiménez Landa inunda la sala con dos grandes –y tambaleantes– piezas, conjunto que ha titulado ‘Ecuestre’ y donde la ausencia es quizá la lectura más importante, oculta, pero evidente al mismo tiempo. Xisco Mensua genera con sus acuarelas un políptico con instantes históricos decisivos en la historia y los presenta en conjunto, formando una paradoja que se ha repetido siempre; la palabra Run enmarca unas escenas donde el tiempo corre en contra del objetivo.

A mitad de camino entre dos series, Aurelio Ayela presenta un gran formato colaborativo y, al mismo tiempo, una reflexión sobre el signo, sobre el lenguaje. Dota a la obra de una violencia a veces no implícita que recae sobre los recortes del papel y, sobre todo, por la escenificación recreada. Decir “Gracias” se convierte aquí en un juego de tensiones. Cercano a él, y continuando con la estética geométrica, Nelo Vinuesa expone ‘Atlas’, una nueva mirada muy especial a la forma en la que el artista considera el paisaje. Una vuelta de tuerca a cómo observamos nuestro entorno, encriptado y desconocido. Con esa base observacional también encontramos la obra de Hugo Martínez-Tormo, que en la línea de lo que ya conocemos, se apropia de un material que está tratando de reutilizar y obliga a mirar (durante largo rato), generando una sensación casi incómoda. El punto de atención se coloca sobre el desperdicio y sobre cómo se crea una situación paradigmática que casi llega a regir nuestras vidas.

'Spectrum Screensaver', instalación Inma Femenía dentro de la exposición 'Art Contemporani de la Generalitat Valenciana/ Primers Moments'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

‘Spectrum Screensaver’, instalación Inma Femenía dentro de la exposición ‘Art Contemporani de la Generalitat Valenciana/ Primers Moments’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Jesús Rivera aporta en este punto lo antagónico, ya que hace uso de lo artificial para crear un paisaje idílico, inexistente. Un trabajo que parte de la base teórica de la ciencia ficción, transformando iconografías y cuya sensación tangible, tan bien recreada, se torna humo al tomar distancia con la obra. Ángel Masip encauza otra mirada hacia el entorno; ‘Cataclismo’ es, como ya se intuye por el nombre, una manera de acercarnos al caos, una explosión y, al mismo tiempo, una experiencia casi espiritual de entender nuestro momento. Cierra la muestra Inma Femenía, cuyas obras, también ampliamente conocidas, tienen aquí un momento culminante. Dentro del contexto actual de los mass media, Femenía se apropia de la tecnología, de la luz y lanza una última pregunta directa: “De todo lo que has visto, ¿sabrías decir qué es real?”.

En resumen, estos ‘Primers Moments’ no dejan indiferente. A fuerza de recorrer la trayectoria de estos 33 artistas se pueden establecer unos parámetros de semejanza, guiados, sobre todo, por la transmisión de la experiencia personal y derivados, al mismo tiempo, de la observación del entorno: el físico, el mental y el social. Al final y al cabo, estos ‘Primers Moments’ conforman una generación de artistas, no en el sentido de generación por tener una edad cercana, sino una generación unida por una situación donde la actividad del artista se enmarca en la precariedad al mismo tiempo que en el auge de las prácticas culturales, todo ello dentro de un territorio tan singular como es el valenciano. Un contexto capaz y lógico para unos resultados que hablan por si solos.

Muestra de la exposición con las obras de Art al Quadrat, Fermín Jiménez Landa y Mar Arza. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Muestra de la exposición con las obras de Art al Quadrat, Fermín Jiménez Landa y Mar Arza. Imagen cortesía del Centre del Carme.

María Ramis

“El paisaje cercano es inspiración”

Entrevista con el artista Nando Ros con motivo de:
‘Ben Davant’, de Marisa Casalduero y Nando Ros
Sala ‘exposicions de la Rectoria, Banyalbufar (Mallorca)
Hasta el 9 de septiembre de 2018

Conocí Banyalbufar (Mallorca) hace ya bastantes años, en el verano de 1994. En realidad, yo, a mi manera, ya había estado allí, todos los amigos de una forma u otra sentíamos que lo conocíamos. Y es que nuestra imaginación había vagado ya subiendo y bajando sus calles y laderas, descansado en los sugerentes paisajes de su escarpada orografía, llamado a algún vecino por su nombre y, a veces, hasta teníamos la sensación de haber nadado en sus calas transparentes. Nando (Fernando Ros) nos habló tanto, cuando aún vivía en Valencia, de su escondite mallorquín; nos contaba tantas cosas, tantas historias, tantas anécdotas… que el contagio de emociones había sido intenso y todos intuíamos antes de ir que aquel paraíso particular, referente vital de nuestro amigo, iba a marcar para siempre, también, nuestra cartografía más personal.

Aquella primera vez desembarcamos en el pueblo una pandilla de quince personas. Un grupo variopinto formado por artistas, incipientes galeristas, biólogos, psicólogos… amigos de siempre y amigos recientes. Nos alojamos en una casa preciosa, con unas vistas increíbles, azules. Su terraza fue testigo de charlas sin pausa y risas infinitas. Como éramos tanta gente y dormíamos bastante incómodos, acortábamos las noches allí, bajo la luna, con el sonido del mar al fondo. Fue un viaje de iniciación maravilloso, la mayoría teníamos “veintitantos” y esos días quedarán ligados a la idea que tenemos de esa palabra tan grande y resbaladiza que es felicidad.

Desde entonces hemos venido muchas veces, unos más y otros menos, por separado, juntos, con gente nueva, con novios, parejas… a casa de Nando, al hotelito lleno de encanto de Penny y Mateo, a casas alquiladas… y siempre nos han recibido tan bien, hemos sentido tan cerca el cariño de sus habitantes generosos, especiales, hemos disfrutado tanto, hemos hecho tan nuestro el pueblo que volver hoy con una excusa tan bonita es un regalazo.

Y, sin embargo, a partir de un momento, recordar deja de ser un viaje dulce, placentero. Ya no estamos todos y es duro, insoportable, pensar que nada volverá a ser lo mismo. Hace cinco años que Marisa Casalduero nos dejó y su ausencia duele. Impulsar esta exposición, ‘Ben Davant’ es una muestra más de lo mucho que la echamos de menos. Creo que a ella le hubiera encantado mostrar su obra aquí, en Banyalbufar, donde tan feliz fue, organizada con tanto amor por Juanra, compartiendo espacio con Nando, arropada por su familia, sus amigos, rodeada de su mar…

Nando Ros. MAKMA

Hoy hablamos con Nando Ros de este reencuentro de emociones, de recuerdos compartidos y de su recorrido vital y artístico.

Hablemos de este rincón mallorquín mágico de la Serra de Tramuntana, que hoy nos vuelve a unir con motivo de la exposición ‘Ben Davant’, una muestra esperada y celebrada por todos los que conocimos a Marisa, te conocemos a ti y admiramos vuestra obra.

Banyalbufar es un pueblo lleno de encanto para el visitante que lo descubre y disfruta pero es también un lugar ligado a la cultura internacional ya que ha sido refugio de muchos artistas. Desde algún poeta de la Generación Beat americana, hasta creadores contemporáneos han encontrado aquí la inspiración.

Es cierto, uno de los últimos poetas de la Generación Beat, Robert Creeley, vivió en Banyalbufar por algún tiempo. Mucha gente descubrió esta zona de Mallorca y se instaló en Deià, Valldemossa, Sóller… Son conocidos los casos de Joaquín Mir, Santiago Rusiñol, George Sand y Chopin; Robert Graves y músicos como Mike Oldfield, Kevin Ayers… El referente fue Robert Graves, muchos de estos artistas llegaron de su mano. Venían a verle, a pasar unos días, les encantaba el lugar y acaban quedándose. En Palma, desde los años cincuenta, Camilo José Cela, editaba Papeles de Son Armadans, una publicación que atraía a la isla a los mejores escritores del momento; también, en torno al mítico Hotel Formentor se concentró una nutrida colonia de artistas. Muchos venían y se iban, otros se quedaron. Banyalbufar permaneció como un último reducto, tal vez por eso hoy lo disfrutamos casi intacto

La Serra de Tramuntana es uno de los últimos lugares vírgenes, tanto por su naturaleza como por su cultura, que quedan en el Mediterráneo español y Banyalbufar es un imán. Caminas por la Tramuntana gozando del paisaje, que es maravilloso, y, de repente, te encuentras por sorpresa con Banyalbufar, casi te dejas caer, y te cautiva. Tienes el mar delante, la montaña detrás, verde y azul perfecto, tal y como debía de ser hace mucho tiempo. Un pueblo íntegro sin anexos de barriadas residenciales, ni nada parecido, de una pureza que es arrebatadora y de la que no es fácil escapar. Te sientes tan prendado, tan enganchado al lugar, que quieres quedarte. Le ocurre a mucha gente. Decía George Sand (pseudónimo de Aurore Dupin) que a ella le costó mucho trabajar en Mallorca, porque el paisaje era tan subyugante, tan invasivo para su mente, que se sentía incapaz de superar la belleza de lo que estaba contemplando, que le costaba inventar algo mejor que lo que tenía delante de los ojos.

Yo vivía en Valencia y durante muchos años soñaba con los fondos azules, las aguas cristalinas, con los encinares sombríos y, hasta que no conseguí venir a vivir aquí, no descansé. Hay quien lo ve como un terreno hostil, cuesta llegar, la carretera es complicada, el mar y la sierra son como dos murallas, estás emparedado y a mucha gente esto le ha resultado angustioso. Yo lo he disfrutado y lo sigo disfrutando y me parece que esta complicada orografía funciona como un filtro que permite mantener intacto su encanto.

En Valencia estudiaste Bellas Artes, allí comenzaste tu carrera artística y un día decides venir y quedarte, ¿cómo ha sido y es tu relación con Banyalbufar?

Llevo 20 años viviendo aquí, los últimos en Palma por motivos familiares, pero sigo estrechamente ligado a Banyalbufar. Mi relación es de amor profundo. Siempre me he visto acogido por el pueblo y su gente, siempre me he encontrado bien. Me siento comodísimo, me siento en casa, es una relación de amor incondicional, me da todo, me provoca cosas siempre buenas, me crea estabilidad, me incita a crear. Lo disfruto de todas las maneras posibles. Además, para nosotros, los valencianos, es un sueño y creo que nos es familiar porque es como debería ser nuestra costa antes de la llegada masiva del turismo; es como un paraíso.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en 'Ben Davant'. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en ‘Ben Davant’. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Desde que llegaste aquí se ha creado una discreta pero profunda y permanente corriente artística que hace que muchos artistas, galeristas y profesionales relacionados con la cultura vengan y conviertan Banyalbufar en uno de sus rincones favoritos.

Cuando vivía en Valencia tenía la suerte de estar rodeado de gente maravillosa que de una u otra forma estaban conectados con el mundo del arte y la cultura, tengo muy buenos amigos artistas, galeristas, promotores, gente que se conoce entre sí y he tenido la fortuna de ser muy amigo de alguno de ellos. Muchos han venido a visitarme, les he invitado a mi casa, han repetido, han venido acompañados de gente, que luego ha vuelto con otros amigos… También ha funcionado mucho el “efecto llamada”. La gente que ha venido ha quedado cautivada y se ha producido cierto circuito e, incluso, alguno se ha quedado por aquí.

Tu relación artística con el pueblo es intensa. Has expuesto, impulsado proyectos, ilustrado publicaciones…

Yo llegué aquí y ya tenía una línea de trabajo. Mi primera ilusión fue montar un estudio en mi casa, con todas las energías renovadas de llegar a un sitio así y de encontrarme el gran escaparate delante de los ojos. Alquilé un local y promovimos una pequeña galería de arte, pero no resultó viable y tuvimos que abandonar el proyecto. Yo he continuado trabajando y exponiendo tanto en Valencia como en Mallorca y en otros lugares. Aquí he expuesto en varias ocasiones, hay una escultura mía en un rincón del pueblo, he ilustrado varios libros, algunos de poesía, otros de narrativa, ensayo, incluso diccionarios, algunos promovidos por el Ayuntamiento de Banyalbufar y, bueno, he continuado trabajando, haciendo cosas…

Esta exposición es de dos artistas con amplia trayectoria y una obra consolidada en el tiempo, pero es, también, la exposición de dos amigos. ¿Qué significa para ti exponer con Marisa Casalduero?

Íntimamente siempre había sido un deseo. Siempre quise exponer con ella por muchas razones. Marisa y yo éramos buenos amigos –era imposible estar cerca de Marisa y no ser un buen amigo suyo–. Marisa era una gran trabajadora, una gran artista y es una referencia para todos por muchos motivos, y cuando Juanra, su marido, me propuso la idea, acepté agradecidísimo. Ella, por supuesto, estuvo en Banyalbufar, le encantaba, incluso dejó alguna pequeña obra (con el tiempo he conseguido recuperar algún dibujo que dejó a amigos de Banyalbufar). Ella era así, hacía las cosas, demostrando todo el cariño, todo el amor. Marisa también tenía una vinculación muy fuerte con el mar, con el Mediterráneo, con la costa, se reflejaba mucho en su obra y para mí era un sueño, siempre tuve esa ilusión y desde luego poder hacerlo al fin, más que un sueño, es un honor. Estoy entusiasmado con la idea.

Imagen de algunas de las piezas de la artista Marisa Casalduero que forman parte de la exposición. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Imagen de algunas de las piezas de la artista Marisa Casalduero que forman parte de la exposición. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

¿Cómo definirías la obra de Marisa Casalduero?

Es especialmente sugerente por lo vitalista, el trabajo de Marisa es siempre un canto a la alegría, a la vida, al color, a la luz, y lo muestran sus obras y sus escritos; conocerla era darte cuenta de que su obra es su reflejo, su manera de ver la vida, y ahí hay un cierto punto de conexión con lo mío, compartimos un cierto disfrute, casi infantil. La suya es más luminosa, también más vitalista. En la mía hay siempre un elemento subyacente dramático, a veces hasta ridículo; un barquito que se hunde… Me siento unido a su obra por esa perspectiva casi infantil de la vida, esa visión limpia y alegre de verla, aunque tengas un drama dentro de ti.

Respecto al uso de técnicas y materiales, sí que se observan diferencias entre vosotros. Tú eres más dibujante, más pintor. Ella juega, experimenta, con diferentes técnicas y soportes; objetos encontrados, telas, papeles, piedras…

Yo me amarro al dibujo, me aferro, me sujeto fuerte. Lo mío siempre está colgado de un esqueleto de dibujo, siempre hay un armazón al que me agarro como a un clavo ardiendo y sobre el que pongo pintura o dispongo otros materiales. Sin embargo, a Marisa le provoca cualquier objeto encontrado, papeles, piedras, palos, elementos del mar, incluso pequeños juguetitos (hablábamos antes de la mirada infantil, alegre, de la vida). Variadísimos elementos le sugieren una obra de arte y yo necesito recalcularla, redibujarla y atarla a algo. Ella es mucho más directa, dispone directamente sobre el soporte, yo voy siempre haciendo capas, añadiendo capas. El 90% de mi obra no se ve, está detrás de lo que se ve, pero está ahí, debajo. Marisa es mucho más directa, es mucho más plana en el mejor de los sentidos, más limpia. En lo mío siempre hay un elemento subyacente dramático que a veces se percibe y otras veces no.

Tu obra está plagada de una personal iconografía: animales que actúan como humanos, seres oníricos, fantásticos, fondos negros que evocan pizarras de infancia. ¿Bebe de influencias surrealistas y dadaístas?

Siempre hay un imaginario, una iconografía a la que me cuesta renunciar. A veces, los personajes salen ellos solos y, a veces, se me plantan directamente dentro de la obra, incluso, a veces, pretendo renunciar a ellos… y surgen. Hay referencias, gestos humanos… Hablando con Àngel Bofarull –artista de referencia en el ámbito del collage contemporáneo–, aquí, en Banyalbufar, hace años, él sí se reconocía como hijo del surrealismo, de Max Ernst, aunque también de Schwitters; yo, sin embargo, siempre he querido negarme, no me siento surrealista. No tengo esa referencia onírica, no la reconozco, es más la visión infantil de una persona adulta sobre el drama de la vida. Sí que tendría que ver más con el dadaísmo de alguna manera, es verdad, pero también con el expresionismo y los alemanes de entreguerras, como Dix o Grosz, y esas referencias a la pizarra, con otros elementos, y luego el animal como parte del ser humano que es casi incontrolable.

El animal en mis obras siempre está relacionado con ese algo que se nos escapa, que no podemos negar y que no podemos controlar, que nos obliga a hacer cosas y luego… la parte contraria, la del humano, con referencias animales que es un poco la misma, pero es casi más ridícula, es la de aquel que quiere controlarse, que quiere ser cerebral, que quiere controlar todo lo que le rodea y, en el fondo, obedece a un instinto; hay una parte que se le escapa a su control, a su cerebro, a su raciocinio… y que tiene más importancia de la que él quiere reconocer. El animalito siempre es más libre, siempre hace un poco lo que quiere y no se arrepiente, y esa parte sale mucho en mi obra, es verdad. Eso tiene mucho que ver con el niño, la parte infantil, esa parte que funciona completamente libre y que tiene mucho que ver con el disfrute y con el vivir, simple y llanamente, sin darle tantas vueltas. La parte humana siempre tiene algo de ridículo o patético en mi obra.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en 'Ben Davant'. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en ‘Ben Davant’. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

La parte bohemia relacionada con el arte, el sabor parisino de principios del siglo XX, los cafés, vapores de humo y alcohol… están muy presentes en muchos de tus cuadros, dibujos y grabados. ¿Qué te sugieren tanto estos ambientes?

Tiene mucho que ver con el disfrute del artista, con lo que le rodea, con su mundo. Esa manera de entender la vida que busca la evasión, el momento oscuro, el rincón… dejar que nuestra cabeza se vaya en vapores de todo tipo que puede acabar de cualquier modo, o entablando relaciones profundas, en borrachera… o en disfrutes más grotescos. Dejar salir todo lo que hay dentro y disfrutar de la diferencia, siempre buscar el momento distinto y que nada te ate demasiado; me atrae esa parte bohemia de la noche, esas reuniones alrededor de una mesa que invitan a mantener conversaciones interminables y provocan situaciones especiales que siempre se recuerdan. Creo que todo esto estimula la creación e incita a lo extraordinario, ayuda a que la cabeza se vaya un poquito por donde quiera. También hago mucha referencia a la literatura y a los libros.

¿Qué influencia tiene la literatura en tu proceso creativo?

Cuando preparo una exposición la preparo fundamentalmente leyendo; me gusta mucho leer, meterme dentro de todo lo que estoy leyendo y que todas esas referencias queden dentro de la cabeza y acaben reflejándose de alguna manera en mis obras. Al fin y al cabo, es creatividad sobre creatividad, alguien ha inventado algo que te provoca, tu cabeza sigue dando vueltas y estás así un día tras otro. Procuro leer mucho y, especialmente, cuando estoy pintando, cuando estoy dibujando. Me gusta tener todo tipo de referencias y, a veces, esto se plasma en mi trabajo. Parece que no, pero siempre está ahí.

¿Qué artistas reconoces como fundamentales en tu desarrollo artístico?

Para mí hay una referencia clarísima que es Chagall, incluso sin ser consciente de ello, siempre me gustó, desde niño, y, cuando me doy cuenta, miro y es verdad, incluso la iconografía se parece. Hay algo, hay cosas muy reconocibles. No lo puedo negar. Picasso me marca mucho también, ya he hablado de los dadá y los alemanes y luego me marcan mucho los antiguos; Giotto y aquel primer renacimiento, los últimos góticos…

Muchos de tus personajes aparecen tocando instrumentos, la música está presente en muchas de tus escenas.

Sí, yo siempre digo que mi vida es con banda sonora. Siempre tengo una canción en la cabeza. Siempre estoy cantando. No entiendo la vida sin música, la encuentro en todos los sitios, la provoco y la echo de menos siempre que no la tengo. Creo que el arte es universal y lo invade todo. Necesito oír música, ver cosas, leer cosas y todo lo que sea creación me parece que es absolutamente necesario. Para mí es muy difícil desligar una cosa de la otra. No entiendo al artista encasillado, que nada le influye más que lo suyo, lo que toca. Me parece que las ramas se entrelazan y son una misma cosa, la creación pura y dura. La música es sugerencia, te transporta. Es pura abstracción, sonidos organizados, es fundamental. No sé vivir sin música.

La música forma parte de tu día a día, ¿sigues componiendo y tocando en varios grupos?

En este momento toco en tres grupos y en dos de ellos con gente de Banyalbufar. Hace un mes hemos presentado con Musol (con Guillem Coll y Rodrigo Álvarez) un disco en el teatro Mar i Terra de Palma con bastante éxito, tengo que decir; salió muy bien, ahora tratamos de promocionarnos. Los Aphònics llevamos más de 20 años tocando en verbenas, fiestas y no perdemos ocasión de divertirnos. Ramón Rosselló, de Esporles, también cuenta conmigo (y Pep y Jaime). Bueno, la cosa es difícil, porque tocar por ahí es muy complicado, pero lo hacemos con mucha ilusión y con mucho amor y disfrutamos mucho. El disco que hemos grabado de Musol tiene una portada mía, por cierto.

Volviendo a la exposición, en esta muestra cambias de registro y presentas obra muy diferente a la anterior, temas nuevos y distintas técnicas. Háblanos de esta etapa que comienza.

A la idea de exponer mi obra con la de Marisa le estuvimos dando vueltas. El hilo conductor entre nosotros podría encontrarse fácilmente, nuestra referencia personal es directa; éramos amigos, compartimos muchos momentos, pero también queríamos poner en relieve la vinculación que tenemos con el mar Mediterráneo, que tanto nos separa y tanto nos une. Imagino que ella está delante de mí y yo delante de ella, en dos orillas diferentes, enfrentados en el mismo mar, uno delante del otro, queriendo vernos, pero sin vernos, disfrutando de lo mismo, o viendo lo mismo pero sin saberlo. Este hecho nos sugirió, también, que la exposición se dispusiera en paredes enfrentadas, un wall to wall, y que la obra de uno estuviera delante de la del otro; esto marcó la manera de seleccionar la obra para la exposición.

La idea que elegí, finalmente, fue la de dar protagonismo a aquello que nos inspira, justamente lo que tenemos delante, ben davant, y procurar prescindir de todo el imaginario, de todo el animalario, toda la serie de personajes que aparecen casi de forma espontánea en mis obras y quedarme justo en lo que tengo enfrente, en lo que está delante de todos esos personajes, lo que nos envuelve, lo que nos rodea, aquello que forma nuestra corteza, lo que nos sugiere todo lo demás y que, a veces, lo tenemos tan cerca que nos cuesta verlo. Concentrarme en lo que en otros momentos ha sido el decorado, empleando técnicas que provoquen sensaciones que esquiven la introspección o el examen, técnicas que ataquen directamente el soporte, como óleos, acuarelas o acrílicos, buscar la inmediatez, no recurrir al grabado, por ejemplo, que exige cierta continuidad técnica y pide estar sobre la pieza tocando y retocando varios días.

Esa era la idea de ‘Ben Davant’, que es el título de la exposición. Quedarnos con lo que tenemos justo enfrente de nuestros ojos. Las Baleares tienen mil colores delante, tienen el mar, la montaña, el bosque… algunas de las acuarelas que se van a colgar están hechas en Cabrera, otras en otros lugares de las islas, Marisa también tiene piezas hechas en Formentera. El paisaje cercano es inspiración, volvemos la vista a nuestro entorno más íntimo.

El artista Nando Ros durante un instante de la entrevista con motivo de la exposición 'Ben Davant'. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

El artista Nando Ros durante un instante de la entrevista con motivo de la exposición ‘Ben Davant’. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Marisa Giménez Soler

 

El Carme acoge dos trabajos de Cultura Resident

In-between – Microcosmos y macrocosmos, de Alexandra Knie
Recuerdos del futuro, de Linda Vitolo y Anna Estellés
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 30 de septiembre y el 7 de octubre de 2018, respectivamente

Las exposiciones ‘In-between – Microcosmos y Macrocosmos’ de Alexandra Knie y ‘Recuerdos del Futuro’ de Linda Vitolo y Anna Estellés se muestran en el Centre del Carme desde el 6 de septiembre. Ambas exposiciones muestran los resultados del trabajo de investigación artística desarrollado por las creadoras en el Museu de Belles Arts de Castelló, gracias al programa de residencias Cultura Resident de la Generalitat Valenciana.

‘In-between – Microcosmos y Macrocosmos’ de Alexandra Knie, que se podrá ver hasta el 30 de septiembre, busca analizar la intersección del arte y la ciencia, y del mismo modo, la imaginación y la realidad. El enfoque microscópico, emparejado con imágenes complementarias del macrocosmo, amplía el lenguaje artístico de la propia obra y genera una percepción de perspectivas múltiples para aproximarse a los fenómenos del universo y del mundo interno.

La instalación que ocupa la sala Zero del Centre del Carme simula un laboratorio artístico-experimental donde se analizan las conexiones entre el mundo interno y los fenómenos del universo. Las diferentes escalas, incluyendo la sala expositiva como elemento macrocósmico hasta los pequeños soportes científicos como tubos de ensayo y placas de Petri, desempeñan un papel fundamental en la instalación.

En las obras de Knie, el uso del material textil, tanto el material soporte como los bordados a mano y a máquina, que en algunas obras fusiona con la pintura, forma un importante punto de partida en sus transformaciones multidisciplinarias. Como resultado de su investigación la Alexandra Knie muestra de forma simultánea una segunda ‘exposición satélite’ en el Centro Municipal de la Cultura de Castellón, donde presenta ‘Estudios y Modelos Cósmicos’ en el límite del sistema solar, mediante una creación ficticia de nuevos planetas enanos.

Recuerdos de futuro, de Anna Estellés y Linda Vitolo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Recuerdos del futuro, de Anna Estellés y Linda Vitolo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Recuerdos del futuro

La propuesta de Linda Vitolo y Anna Estellés, llega al Centre del Carme donde se podrá visitar hasta el próximo 7 de octubre, tras mostrarse en el Museu de Belles Arts de Castelló, donde se ha desarrollado a lo largo de dos meses de residencia.

‘Recuerdos del Futuro’ es un trabajo de creación y mediación en colaboración entre Linda Vitolo y Anna Estellés con el colectivo de refugiados de la Cruz Roja y ACCEM de Castelló. A través de testimonios de vida de las diferentes personas procedentes de países como Camerún, Palestina, Ucrania y Venezuela, se muestran, acompañados de vídeo y fotografías, los recuerdos del país de origen y la perspectiva de futuro en el lugar de acogida.

Se muestra un trabajo de creación a través del cuerpo y del teatro de las sombras, como un punto de balance entre los dos extremos primarios de nuestra existencia, si contemplamos que su naturaleza cohabita tanto la luz como la oscuridad.

Los proyectos de Alexandra Knie, Linda Vitolo y Anna Estellés forman parte de una primera fase del programa Cultura Resident, gracias al cual un total de diez creadores han podido desarrollar su trabajo a través de las convocatorias de Producción, en Alicante, Investigación, en Castelló y Mediación Cultural en València. Finalizada la fase de creación, los proyectos tanto de Alicante como Castelló se están presentando en diferentes sedes de la Comunitat, mientras las propuestas de mediación cultural prosiguen su trabajo en el Centre del Carme de València.

'In-Between', de Alexandra Knie. Imagen cortesía del Centre del Carme

‘In-Between- Microcosmos y macrocosmos’, de Alexandra Knie. Imagen cortesía del Centre del Carme.

“Los ojos ven una cosa y el cerebro otra”

Monika Buch. Trayectoria (1956/2018)
Fundación Chirivella Soriano
Palau Joan de Valeriola. C/ Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 9 de septiembre de 2018

“Nunca he tenido una exposición como ésta”, reconoce Monika Buch (Valencia, 1936). De familia alemana, procedente de la ciudad de Halle an der Saale, su infancia la pasó entre España y Alemania, en unos años en los que ambos países gozaban de una imagen teñida por la dictadura y el nazismo. “Decir que eras medio española y medio alemana, pues la verdad es que te acobardabas un poco, cuando resulta que todo tiene dos caras”. Quizás esa doblez, alejada de la simpleza con la que suelen mirarse las cosas, es la que impera en su obra, toda ella atravesada por variaciones formales y de color que fomentan múltiples percepciones.

“Los ojos ven una cosa y el cerebro otra, porque el cerebro interpreta lo que ve”, apunta quien ha dedicado toda su vida a provocar emociones mediante la geometría. “Cada vez que veo mi obra me impresiona, me asombra, porque veo cosas distintas”. La Fundación Chirivella Soriano reúne 120 obras de tan dilatado recorrido artístico en la exposición ‘Monika Buch. Trayectoria (1956/2018)’, comisariada por José Luis Martínez Meseguer y que permanecerá abierta hasta el 9 de septiembre. Una magnífica oportunidad para comprobar lo que exclama la propia artista: “¡Cómo te engaña la vista!”.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Meseguer ha dividido la muestra en siete apartados relacionados con sus primeros años de formación (“sorprende ya la maestría de esta etapa juvenil”), las obras lineales (“geometría pura”), las modulares, las figuras imposibles o trampantojos, las óptico-cinéticas, las casuales y las de investigación. El comisario recuerda cuando Buch llegó con 19 años a Ulm y quedó impresionada con el edificio de la escuela de esta ciudad: “En mi vida había visto algo parecido [el edificio de la Hochschule], este acontecimiento cambió toda mi vida. Lo llevo clavado en mi mente”.

¿Por qué le impresionó tanto aquel edificio? “Era una estructura con edificios bajos y una torre donde vivían los estudiantes, hecha de cemento armado gris y con ventanas de madera, que subía por una colina. Aún hoy, es un edificio estupendo cerca de un bosque”. Esa mezcla de frialdad gris y naturaleza, de organización estructural en contraste con la más primaria vegetación, de analítica y sensación telúrica, diríase que continúa en su obra, donde se da ese mismo contraste entre geometría y pasión de la que se hace eco Meseguer.

Un espectador contempla algunas de las obras de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Un espectador contempla algunas de las obras de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

De hecho, el comisario de la exposición organizada por el Consorcio de Museos y la Fundación Chirivella Soriano cita a Josef Albers y su formulación acerca del origen del arte, como reflejo de ese contraste: “La discrepancia entre el hecho físico y el efecto psíquico”. De nuevo, los ojos y el cerebro. “Primero ideo la estructura y luego la pinto, y unas veces sale como habías pensado y otras no. Y eso me emociona, porque lo que piensas en el cerebro adquiere luego otra forma”.

Monika Buch percibe este repaso a su obra como un “renacimiento de mi juventud”. Desde que se fue de Valencia con 19 años, ha transcurrido su vida en Holanda, “y ahora he tenido la sensación de volver a recuperar recuerdos de hace mucho tiempo”. Emociones que, a sus 82 años, le permiten echar la vista atrás y reconocer algo que repite en varias ocasiones: “Soy una persona muy feliz”, gracias a su trabajo, su familia y los amigos.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Según Meseguer, al haber abandonado Buch sus estudios de diseño, “se ha perdido una gran diseñadora industrial, pero hemos ganado una artista”. ¿Qué le parece? “Pues que si no hubiera tenido los hijos tan seguidos, hubiera tenido una carrera científica, lo cual era una gran ilusión para mí. Se han perdido cosas, pero estoy muy contenta con lo que he hecho”. Y no es para menos. Como recuerda el comisario: “Es de las pocas mujeres que se han dedicado a la abstracción geométrica en el siglo XX”.

“Dedico horas y horas a mi trabajo, con mucha paciencia”. Y Buch lo relaciona con el deporte, “que entrenan todos los días sin descanso para llegar algún día a ser campeones; se puede comparar con ello. ¡Inviertes tanto tiempo recluida en un espacio!”. ¿Y por qué esa insistencia en la investigación del acto perceptivo? “No lo puedo explicar directamente”. Y como no puede, se dedica a expresarlo a través de una obra que parte de un esquema (“tinta sobre papel, estructuras”), al que le va añadiendo colores, “sobre todo azules y verdes, por sus gamas largas, y rojos, porque me gusta cambiar de colores”.

Sus estructuras, que parecen realizadas con ordenador dado el alto grado de perfección a la hora de ejecutarlas, engañan igualmente en este sentido: “No me gusta trabajar con ordenador, prefiero trabajarlas a mano”. Un trabajo más artesanal, mediante el cual se corre el riesgo de la imperfección: “Un poco de imperfección no me molesta”, concluye Monika Buch, feliz con su trabajo y la pasión que todavía extrae de tan enérgicas geometrías.

Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Salva Torres