Nuevas vías de aproximación a Julio González

Materia, espacio y tiempo. Julio González y las vanguardias
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 17 de enero de 2021

“No acabamos de entender su importancia”, se apresuró a decir José Miguel Cortés, director del IVAM, con respecto a la obra de Julio González. Y añadió después: “No valoramos lo que tenemos en casa; la importancia de su escultura”. Para poner en valor su obra, el museo presenta la exposición Materia, espacio y tiempo. Julio González y las vanguardias, en lo que supone “una vuelta de tuerca más” (Cortés) al trabajo de un creador sobre el que pivota buena parte de la colección del instituto valenciano.

“Julio González vivió y murió prácticamente en la miseria, retrasándose de manera especial en su caso el análisis de su aportación trascendental a la escultura artística de vanguardia”, dijo hace 35 años el crítico de arte Francisco Calvo Serraller. El IVAM, que celebra su 30 aniversario, se hace cargo de ese análisis con el fin de ir restañando una herida que, en el caso del escultor, permanece todavía abierta, al igual que una producción que sigue por descubrir. “Nos sigue sorprendiendo la capacidad de misterio de su obra”, destacó Josep Salvador, comisario de la muestra junto a Irene Bonilla y Sergio Rubira.

Obras de Julio González en el IVAM.

Obras de Julio González en el IVAM.

Como avanzó el propio Calvo Serraller, “la huella fecunda de Julio González ha sido efectivamente decisiva en las últimas décadas y todo parece indicar que seguirá aún operativa por mucho tiempo”. De ese hilo tiran los comisarios a la hora de reunir más de 200 piezas de la colección del IVAM, que sitúa la obra del escultor “en la encrucijada de una época de cambios y tensiones que tuvieron en el arte un espacio para la investigación y la reflexión”. En esa primera mitad del convulso siglo XX, González fue realizando su dilatada producción, que el museo pone en diálogo junto a la de artistas coetáneos como Picasso, Gargallo, Miró, Torres-García, Brancusi, David Smith, Kurt Switters, Jean Arp, Alexander Calder o Jean Hélion.

La exposición, que Cortés calificó de “magnífica” y de “muy bonita, porque amplía los sentidos”, ocupa cinco salas, mostrando algunas piezas inéditas, como Los vencedores de Brihuega de Arturo Ballester, y material documental cuya mayoría tampoco se había expuesto nunca. Maestro del hierro forjado y de la sutileza a la hora de mostrarlo, hasta el punto de ser calificado su estilo con la idea de “dibujar en el espacio”, según explican los comisarios, Julio González fue pasando de la figuración a la abstracción, tal y como se recoge en la muestra de forma “más o menos cronológica”, señaló Bonilla.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Rubira puso el acento precisamente en la “tensión entre abstracción y figuración” que atraviesa su trabajo, resaltando el carácter figurativo: “Nunca quiso abandonar la representación”. La contraposición entre la Montserrat que presentó en el pabellón republicano de la Exposición Universal de París de 1937, “aterrorizada” y “encarnación del sufrimiento por los totalitarismos”, y la más abstracta Mujer ante el espejo, condensa la tensión aludida por Rubira, para quien Julio González “incorpora diferentes lenguajes para crear el suyo propio”.

Es precisamente este carácter híbrido y ajeno a la rigurosa etiqueta, el que quizás haya dificultado la valoración y difusión de su trabajo. “Recorre todas las vanguardias de un modo muy personal”, apuntó Rubira. “Queríamos evidenciar la imposibilidad de clasificar la obra de González, porque no es surrealista pero se habló de un trabajo surrealizante, no es cubista pero tiene trabajos cubistas y no es novecentistapero hay obra de novecentismo”, agregó el comisario. En este mismo sentido se expresó Cortés: “Su riqueza consiste en que es un artista que plantea lenguajes distintos. Representa esa personalidad fuerte que sobrepasa las etiquetas”.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

“En sus textos habla del concepto de unir materia y espacio, como el cuerpo y el alma. Siempre en esa dualidad se mueve un poco la obra de González, entre la luz y la sombra”, explicó Salvador, para quien el espacio juega un papel activo, al tiempo que la ausencia de materia genera “una capacidad de empatía”. Inclasificable e inabarcable, el IVAM sigue profundizando en el trabajo del escultor, para dar fe de lo que todavía queda por descubrir en su obra.

Ampliación de su trabajo que aparece ligada a esa otra ampliación del propio museo, a la que se refirió Cortés, requerido por las declaraciones del presidente de la Generalitat, Ximo Puig, a Valencia Plaza, donde afirmó que se trataba de algo “irrenunciable”. “Si dice que la ampliación es irrenunciable me alegro sobremanera, porque para este director lo es”. Y con respecto a la posibilidad de crear otra subsede en Castellón, siguiendo el ejemplo de la de Alcoi, también le pareció una excelente noticia. “Ojalá no sea un proyecto solo del presidente, sino que sea de toda la sociedad valenciana, porque es algo muy positivo para la Comunitat que las instituciones culturales se amplíen y tengan mayores recursos”.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Salva Torres

El paisaje y la luz del norte de Leo Wellmar

Land, de Leo Wellmar
My Name´s Lolita Art
C / Almadén, 12. Madrid
Inauguración: jueves 25 de abril de 2019, a las 20.00h

Hablar del movimiento romántico en el paisaje, es hablar de emociones y estados de ánimo. Exaltaciones contenidas en el atelier, donde el artista desataba toda su imaginación a la luz de las velas y alejado de la naturaleza.

El paisaje como excusa para provocar emociones y, sobre todo, para adentrarse en el estudio del color y de la luz, es lo que ha llevado a la pintora Leo Wellmar (Estocolmo, 1965) a realizar esta serie de trabajos, manteniendo como inspiración el paisaje y la luz del norte.

Leo Wellmar es consciente de la constante presencia de la naturaleza y de la importancia del paisaje en su vida. La propia artista habla de los “fuertes contrastes  de ambientes y gamas cromáticas en cada estación… una auténtica explosión de matices y de elementos y, desde mi punto de vista, un paraíso como medio de expresión”.

El paisaje es el escenario perfecto para un paseo emocional (concepto romántico), donde las sensaciones adquiridas toman fuerza a través de su propia luz, sin límites visibles entre la realidad y la ficción. En este punto puede haber un coqueteo científico – impresionista, el cual es evitado por la propia artista al hablar de su trabajo como “paisajes imaginarios e ilocalizables”.

En definitiva, el proyecto que presenta Leo Wellmar para la exposición, estaría vinculado a un proceso emocional y conceptual. El paisaje como punto de partida para lograr conceptos utópicos. Una simbiosis entre el “significante y el significado”, con el fin utópico de conseguir el concepto universal de la imagen.

Su obra es, en definitiva, el argumento perfecto para profundizar en el campo conceptual de los estados lumínicos. Variaciones  conceptuales, imaginarias, de paisajes inalcanzables, que se precipitan en figuraciones formales y reconocibles.

Red Trees, de Leo Wellmar en la exposición 'Land'. Imagen cortesía de My Name's Lolita.

Red Trees, de Leo Wellmar, en la exposición ‘Land’. Imagen cortesía de My Name’s Lolita.

Xu Bing presenta su libro escrito con emoticonos

Book from the Ground, de Xu Bing
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Miércoles 24 de abril de 2019

El artista chino Xu Bing presentará el 24 de abril su publicación ‘Book from the Ground’ escrita únicamente con emoticonos y que ha sido editada por el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, con motivo de la exposición ‘Art for the people’. Xu Bing ofrecerá en el Centre del Carme un workshop en el que invitará a personas de diferentes edades, incluyendo un niño o niña a interpretar su libro.

‘Book From The Ground’ (el ‘Libro de la Tierra’) es una historia sin palabras, compuesta por más de 8.000 iconos, un relato de 24 horas en la vida de Mr. Black. Con él el artista crea un lenguaje universal, sin letras ni caracteres, haciendo posible que su libro se pueda leer sin que los conocimientos idiomáticos del lector supongan un impedimento para su comprensión.

Exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme

Vista de la exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme

La problemática del lenguaje ocupa una parte importante en su trabajo y es el hilo conductor de su obra, donde el arte tradicional y el arte conceptual van intrínsecamente unidos. La publicación ‘Book From The Ground’ está en la línea de su exposición ‘Art for the people’ (‘Arte para el pueblo’) que presenta en el Centre del Carme, su primera gran exposición en España.

Una gigantesca banderola expuesta en el MoMA de Nueva York y en el Victoria & Albert Museum de Londres corona la sala Ferreres-Goerlich. Quien no conozca el sistema de escritura inventado por Xu Bing puede pensar que la bandera ‘Art for the people’ está escrita en chino, cuando en realidad cada grafía china es una palabra escrita en inglés con letras de nuestro alfabeto. La bandera dice: “Art for the people, dijo el Presidente Mao”. Xu Bing juega con el engaño, con lo que parece y no es para realizar una crítica en clave de humor, una crítica velada, a la política china y a sus tradiciones.

Vista de la exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Vista de la exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

El director del Centre del Carme, José Luis Pérez Pont, destacó  que “la lengua, seña de identidad de un pueblo, puede constituir también una frontera. La obra de Xu Bing es crítica, es humor pero también es, desde un profundo respecto a la tradición china, una invitación a descubrir su cultura, a través de su lengua”.

“Xu Bing convierte la Sala Ferreres en un templo de la cultura china, sin fronteras, con escrituras sagradas que no dicen nada y con dibujos que dicen mucho. En su búsqueda por hallar el lenguaje universal Xu Bing nos presenta el primer libro escrito única y exclusivamente por emoticonos que hoy en día todos podemos entender”, señaló Pérez Pont.

La comisaria de la muestra Marta Millet explicó que “hasta hoy, el artista ha seguido desarrollando la idea de un nuevo lenguaje, haciéndolo todavía más accesible a un mayor número de personas, independientemente de sus bagajes lingüísticos. Como continuación de su clásica obra ‘Book from the Sky’, el artista presenta, en esta exposición, una nueva novela gráfica, ‘Book From The Ground’, compuesta íntegramente de símbolos e iconos que se entienden universalmente, una historia legible sin palabras”.

Vista de la exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Vista de la exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Al igual que toda la producción de Xu Bing la exposición del Centre del Carme está montada de un modo muy didáctico, invitando al espectador a participar. De este modo, en medio de una recreación de lo que fue su estudio en el que escribió el libro, se han instalado dos ordenadores para que el público pueda escribir su propio relato transformándolo en emoticonos. Sus publicaciones quedarán grabadas de modo que el artista podrá después conocerlas.

En una de las subsalas de Ferreres se muestra su primera gran instalación Book From The Sky, (1987-1991). La instalación es como un templo dedicado a una lengua sin sentido. Libros, rollos y paneles, con miles de caracteres chinos grabados en papel, invitan a la lectura; la cual es imposible, ya que todos y cada uno han sido inventados por el artista. No hay significado alguno. Gran ironía, las apariencias y el descubrimiento de lo que, en realidad, es. Primero fue aclamada como una de las creaciones más significativas del llamado grupo New Wave o del Movimiento del ’85, pero después del incidente en la plaza Tiananmen fue percibida como una obra fútil y banal.

Vista de la exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Vista de la exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Después de mudarse a los Estados Unidos en los años 90, Xu Bing también creó un nuevo sistema de escritura: letras de nuestro abecedario combinadas de manera que parecen auténtica caligrafía china. El público puede aprender a leer y a escribir este nuevo sistema en la sala de exposiciones, en el aula de ‘Square Word Calligraphy’, una instalación que recrea un aula de un colegio chino y que permite al espectador sentarse a practicar con el pincel y la tinta sobre el cuaderno, cual niño en la escuela; como él mismo hizo a diario durante su infancia.

Con este mismo sistema de escritura el artista chino ha traducido para el Centre del Carme el poema de ‘El bon poble’ de Ausiàs March, al estilo Xu Bing. Se trata de una obra creada ex profeso para esta exposición, inspirándose en la cultura valenciana, en su tradición, en diálogo con la cultura china. El hecho de crear lo que parece y no es va más allá del lenguaje escrito, también trabaja con imágenes. Como en sus Background Story, grandes cajas de luz que enmarcan un dibujo clásico oriental, típico de los antiguos maestros de la pintura china. Lo que parece una gran tinta sobre papel resulta ser un embrollo de desechos que, jugando con la luz, proyectan su sombra sobre cristal translúcido engañando nuestra percepción. Plásticos, hojas secas, retales, ramas… en esta instalación no se han aplicado pigmentos con el pincel.

Obra de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Obra de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Jorge Ballester, a tiro limpio

Jorge Ballester. Entre el Equipo Realidad y el silencio
Fundación Bancaja
Plaza de Tetuán, 25. Valencia
Hasta el 1 de septiembre de 2019

Jorge Ballester, dicho por él, encauzó su mala leche a través del arte. Deslenguado y hemorrágico verbal, también según sus propias palabras, dedicó la mayor parte de su vida a desentrañar la realidad que vivía con pasión y dolor. Primero lo hizo en compañía de Joan Cardells, con quien fundó en 1966 Equipo Realidad. Y después, en solitario, recluido en el ámbito privado, harto (“yo soy hartista”, solía decir) del sistema del arte y de esa realidad política y social con la que nunca dejó de pugnar, siempre a tortas con ella, que es tanto como decir consigo mismo. He ahí el compromiso vinculado a la lucidez, aludidos por los comisarios Jaime Brihuega y Joan Dolç de la exposición antológica que le dedica Fundación Bancaja.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

“Habitando el silencio o acompañado de sus fantasmas”, parafraseando a los propios comisarios, Ballester ha ido canalizando mediante su obra el malestar que supone vivir en la cultura, máxime cuando ésta resulta excesivamente opresiva. Con Equipo Realidad (equipo de dos, no exageremos), logró junto a Cardells ofrecer una visión crítica de esa realidad asfixiante que, para un espíritu libre como era el suyo, suponía el denominado tardofranquismo. Con la llegada de la democracia, esa opresión cedió para dejar paso a una posmodernidad que repudió por igual ya en solitario.

“Su compromiso se mantuvo indemne ante los cantos de sirena provenientes de los limbos de la condición posmoderna, que invitaban a abandonar los ideales que habían impulsado la creación más comprometida hasta finales de los setenta”, explican los comisarios en el folleto que acompaña a la exposición Jorge Ballester. Entre el Equipo Realidad y el silencio, que permanecerá en Fundación Bancaja hasta el 1 de septiembre. Título que daría a pensar en dos etapas diferenciadas, pero que Brihuega vinculó entre sí por la “lucidez” que acompaña al artista en todo momento.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma

La muestra, que cuenta con la colaboración de Bankia, reúne casi 100 obras fechadas entre 1965 y 2013, procedentes de la Fundación Bancaja, de los herederos del artista y de diversas instituciones públicas y privadas, entre las que se encuentra la Galería Punto, con la que Ballester mantuvo siempre una estrecha relación. Los condicionamientos del mercado le produjeron siempre una tensión propia de quien priorizaba el proceso creativo al resultado final: “Me gusta pintar, pero no soy pintor”, frase citada por los comisarios y que revela el pulso que en todo momento sostuvo entre su práctica artística y la realidad misma de la que se nutría.

Brihuega reveló un comentario que le hizo Ballester para explicar su necesidad de volver a tomar la escena pública, tras años de voluntario retiro: “Como las putas viejas quiero volver a follar”. No había dejado de hacerlo en privado, pero la democracia le había retraído, como apuntó Dolç, por entender que el sistema del arte se había pervertido. De ahí la lucha que mantiene con algunos iconos del arte, como Marcel Duchamp., cuyo famoso urinario llena de agujeros, a modo de metáfora del fusilamiento del cuadro que difuminó las fronteras entre lo que era y no era arte. “No se quiso integrar en esa feria de las vanidades”, subrayó Brihuega.

Obra de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Obra de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

La exposición está dividida en nueve bloques, que aluden al propio Equipo Realidad, a episodios de la Guerra Civil recreados mediante la manipulación de imágenes del fotoperiodismo, a los años de plomo del franquismo, a la experiencia cubista, a la identidad como artista, el dedicado al propio Duchamp, al ambiente de la lucha libre mexicana, al placer concupiscente y al periodo más íntimo de reclusión en su estudio. Esta etapa última de su vida fue la más pródiga y en la que pintar “se convirtió para él en una obsesión, en una terapia radical”, explican los comisarios. La muestra incluye una última obra inacabada que viene a inscribir en el carácter cubista, “el movimiento artístico que más le había atraído y que nunca había dejado de interesarle”, añaden Brihuega y Dolç.

Esperanza Ballester, hija del artista, recordó que se trataba de la primera exposición después de su fallecimiento en 2014, que se suma a las de La Nau en 2011 y Galería Punto en 2013, tras su regreso a la escena pública. Casi 100 obras “en su mayoría desconocida”, como “gran desconocido” era, para su hija, Jorge Ballester. “No sucumbió ante el devaneo estético”, dijo Brihuega, tras recordar la máxima de Nula estética sin ética, tan utilizada por Román de la Calle durante su dirección al frente del MuVIM.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Los imperialismos y dictaduras, la función del arte, los propios medios de comunicación o el consumismo son objeto de su mirada crítica, cuya lucidez rebasa los límites mismos del más estricto compromiso ideológico. Brihuega se refirió al cuadro Reina por un día, “semilla de los reality shows y cuya denuncia irónica sigue vigente”. Y Dolç, en su defensa del compromiso del artista, afirmó que “el arte intemporal no existe, se ha de entender en función de sus circunstancias”. Incluidas las del propio Jorge Ballester, que encontró en el arte su mejor válvula de escape.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Salva Torres

Un diálogo artístico entre YunShin y Puri Herrero

‘Diálogos artísticos de las artistas Kim YunShin y Mari Puri Herrero’
Galería Han-ul
Centro Cultural Coreano
Paseo de la Castellana 15, Madrid
Del 24 de abril al 24 de junio de 2019
Inauguración: miércoles 24 de abril a las 19:30

El Centro Cultural Coreano (Paseo de la Castellana 15, Madrid), en colaboración con la Galería Álvaro Alcázar, inaugura el 24 de abril a las 19:30 la exposición de escultura y pintura ‘Diálogos artísticos de las artistas Kim YunShin y Mari Puri Herrero’.La muestra se podrá disfrutar en la Galería Han-ul del Centro hasta el 24 de junio de 2019.

‘Papeles de un diario’ es el título de las obras de Mari Puri Herrero, mientras que Kim Yun Shin presenta sus pinturas y esculturas bajo el título ‘Alma sonora’. Ambas artistas comparten disciplinas y generaciones, con obras con puntos en común, donde convergen la naturaleza y la sencillez de la vida y donde recurren a materiales como la madera o el papel para expresar de modo más profundo sus pensamientos.

Centro Cultural Coreano. MAKMA

Kim YunShin (Corea del Sur, 1935) pertenece a la primera generación de escultoras coreanas. Graduada en Bellas Artes por la Universidad de Hongik, en Seúl, más tarde se traslada a Francia para estudiar en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París. En 1984 recala en Argentina, donde reside en la actualidad. Hace algunos años, en 2007, llevó a cabo su primera exposición individual en el Museo de Arte Hanwon de Seúl. Desde entonces ha celebrado exposiciones individuales y colectivas, tanto en Corea como en Argentina, y ha inaugurado un museo con su propio nombre en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La obra de Yun Shin se remonta a 1960, cuando comienza una intensiva búsqueda por el arte abstracto. En la década de los 70 y en adelante prosigue su investigación, centrándose en materiales de escultura: madera, mármol, ónix, alabastro, y piedras semipreciosas. Además, desarrolla su obra con pinturas con formato de collage y grabados.

Representando la filosofía oriental hacia la vida, fuerza y espiritualidad milenaria, dichas formas y pensamiento han sido sus temáticas durante más de veinte años. Kim Yunshin es una artista de profundas convicciones y no fácil de tentar por modas o movimientos artísticos y estéticos efímeros.

En el año 1995, el exdirector del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, el profesor Roberto del Villano, dijo: “su obra, una ofrenda; su taller, un templo; su trabajo, una oración”. Estas palabras hacen referencia a sus esculturas, en las que hizo uso del jaspe o cuarzo rosa, sodalita, calcita, ágata o cuarzo azul, las cuales revelan en su interior ese silencio absoluto que la piedra encierra y que Yun Shin Kim delega a través de una materia abstractamente moldeada. Por eso en sus obras la frescura se mantiene como en una piedra virgen y la densidad de los espacios, el recato de los volúmenes y la simple complejidad estructural son una sola unidad que armoniza con el todo y ocupa su sitial sin rupturas ni desplazamientos, donde naturalmente instala su presencia.

Detalle de una de las obras de la artista Mari Puri Herrero. Fotografía cortesía del Centro Cultural Coreano de Madrid.

Detalle de una de las obras de la artista Mari Puri Herrero. Fotografía cortesía del Centro Cultural Coreano de Madrid.

Sin corromper la naturalidad del material crea sus obras, destacando especialmente la sencillez en sus diseños, con piezas muy bien articuladas y que dan un mensaje de fortaleza impregnadas de las experiencias y espiritualidad de la artista.

Mari Puri Herrero (Bilbao, 1942), por su parte, es una renombrada pintora y grabadora española que se mantiene en activo tras más de cuatro décadas. Su pintura recoge imágenes del mundo que le rodea, mundo en el que conviven disparidad de visiones. Cosas cotidianas, más o menos comprensibles, que vemos, imaginamos o soñamos; y casi siempre con una fuerte presencia de la naturaleza.

Habitualmente existe un recorrido previo por obra en papel: tintas, grafitos, collages… y aguafuertes, técnica esta última a la que dedica parte de su actividad. En ocasiones también procede con obra escultórica, pues considera que cada material expresa con mayor precisión determinadas ideas.

Mari Puri Herrero trabaja alternando sus estancias en el centro de Madrid y en el campo de Menagaray (Álava), donde el papel siempre le rodea. Para ella trazar sobre un papel es espontáneo, rápido e insistente; igual que el pensamiento, que frecuentemente se adelanta al desarrollo de las ideas. Cautivada por el papel Hanji o papel tradicional coreano, lo incorpora en muchos de sus trabajos.

El papel permite seguir una idea con fluidez, absorbe bien el trazo, que desde el momento en que apoyas la punta del pincel o pluma con tinta en el papel, esta queda absorbida instantáneamente, fundiéndose con él. Esto es lo que busca la artista y lo que encuentra en los papeles orientales.

De este modo, Mari Puri Herrero ha procurado presentar una breve selección de papeles, en los que se puede apreciar cómo, de manera natural, se recorren a veces con líneas, como si de escritura se tratase, temas vistos o entrevistos; otras veces, las manchas y el color que llevan a la naturaleza, para ella siempre tan cercana.

“Son amplios los recorridos que te permite una hoja de papel”.

Detalle de una de las obras de la artista coreana Kim YunShin. Fotografía cortesía del Centro Cultural Coreano de Madrid.

Detalle de una de las obras de la artista coreana Kim YunShin. Fotografía cortesía del Centro Cultural Coreano de Madrid.

Las catedrales de José Sanleón

Seu, de José Sanleón
Comisario: Fernando Castro
Coordinación artística: Isabel Puig
La Base de La Marina
Muelle de la Aduana, s/n. Valencia
Hasta el 19 de mayo de 2019

“Lo sagrado no sé lo que es”, apuntó José Sanleón, más cercano al concepto de “espiritualidad”. Fernando Castro, comisario de la exposición Seu, terció para decir que lo sagrado era “misterio fascinante”, que estaba “fuera del orden de la cotidianeidad”. Por eso y porque “nos falta tiempo”, que el artista de Catarroja regala a quien quiera detenerse a contemplar su obra, Castro calificó de “intempestivo” a Sanleón: “Nos obliga a cambiar el paso”. “Para mí la catedral es obsesión, es pasión y es locura”, subrayó el propio artista.

La Base de La Marina, mudando de piel para convertirse en recinto espiritual, acoge medio centenar de piezas realizadas en aluminio y metacrilato, que aluden a esas catedrales que tanto le obsesionan. “Lleva años alucinando con las catedrales, abrumado por sus grandes espacios”, precisó el comisario con respecto a un artista que reconoció no ser creyente, pero que si había algún sitio “donde uno puede creer es en la catedral, creada por el ser humano, pero que contiene el misticismo que no existe en otros espacios”.

Obra de José Sanleón. Foto: Makma

Obra de José Sanleón. Foto: Makma

La muestra Seu, que permanecerá en La Marina hasta el 19 de mayo, viene a ser una evocación de ese misticismo mediante piezas de gran tamaño, a la altura de la pasión aludida. No se trata, como dijo el propio Sanleón, de una cuestión de tamaño, sino de ponerse a la altura del sentimiento que producen esas grandes  construcciones. Templos de los que se hace cargo el artista, desprendiéndose de su carácter religioso, sin evitar por ello el halo de espiritualidad que destilan. En este sentido, Castro comparó las catedrales con los museos, en tanto espacios que comparten cierto “ceremonial” y “contemplación meditativa”.

La exposición está dirigida, por todo ello, “a quien quiera hacer una pausa en su discurrir cotidiano”, destacó el comisario. “Hay piezas que parece que no existen”, añadió, y descubrirlas supone ya todo un acontecimiento: “Eso es el momento sagrado de la exposición”. Se refería a una de las piezas blancas, prácticamente camuflada con el fondo blanco de las grandes paredes de La Base de La Marina, ubicada entre otras de color negro, y que representa las marcas de los antiguos artesanos, ampliando sus trazos. “Esta exposición surge de la reflexión de los maestros canteros. Pensé que en lugar de pintar, lo que iba a hacer era construir”, explicó Sanleón. “Los cuadros están construidos”, remachó.

Momento de la presentación de la muestra Seu, de José Sanleón. Imagen cortesía de La Marina.

Momento de la presentación de la muestra Seu, de José Sanleón. Imagen cortesía de La Marina.

Vicent Llorens, director general del Consorcio València 2007, calificó a José Sanleón de “artista total”, un “maestro” y un hombre “honesto”, que expone en La Base transformándose el grandioso continente en “una catedral laica, un espacio civil potente desde donde compartir el conocimiento”. La sabiduría y la trascendencia, palabras utilizadas por Llorens, en franco hermanamiento con lo laico y lo civil. Y como lo religioso sonaba “a curitas”, Castro se encargó de envolverlo de nuevo con el manto de la espiritualidad más prosaica: “La seu, la catedral, tiene que ver con la luz, para que el fiel sea iluminado por la gracia de dios, siendo la obra de una comunidad de canteros cuyas formas geométricas identificaban a los gremios. Hay incluso cierta estructura esotérica”.

La fascinación por las catedrales, evocada en las 50 piezas, a mitad de camino entre el objeto pictórico y el escultórico, tiene su razón de ser: “Por la grandiosidad del espacio, su altura y proporciones, por su luminosidad y, sobre todo, por la atmósfera de silencio, por el aspecto místico y espiritual, que está al margen de la cuestión religiosa”, apuntó Sanleón, para quien las catedrales son como seres vivos. “Están vivas físicamente en función de lo que pasa en cada momento a causa de las diferencias de luz y del momento emocional por el que estés pasando”, añadió.

Vista de la exposición de José Sanleón. Foto: Makma.

Vista de la exposición de José Sanleón. Foto: Makma.

Que el arte ocupe el lugar de lo sagrado, en una sociedad que se piensa a sí misma como desacralizada, excede a las pretensiones del artista: “El Greco se dice que es muy espiritual y yo no lo veo”. Lo que ve, a través de una mirada que se quiere limpia de restos litúrgicos, son formas, dimensiones y luz. Castro volvió a la espiritualidad y a ese misterio que escapa a la racionalidad, para subrayar el carácter trascendente que él percibe en su producción: “Si no hay trascendencia, hay banalidad, y la obra de Sanleón no es desde luego banal”.

Seu es la segunda exposición que acoge La Base, tras inaugurarse en septiembre de 2018 con las polémicas esculturas eróticas de Antoni Miró y su posterior obra con tintes políticos, y a la que se refirió el propio Castro: “Esperemos que la teología sea más polémica que la erótica y la política”, aludiendo después al “espíritu goyesco, que sigue vivo en Sanleón”. De los sueños de la razón a los más espirituales, ambos en cierta forma conviviendo y dándose la mano en la obra intempestiva de José Sanleón, sorprendido por las “cabezas de animales” que había descubierto “hace tan solo dos o tres años en la Catedral de Valencia”.

Obra de José Sanleón. Foto: Makma

Obra de José Sanleón. Foto: Makma

Salva Torres

Alumnos de ESAT exponen en Railowsky

Exposición fotográfica de alumnos de ESAT
Railowsky
C / Gravador Esteve, 34. Valencia
Inauguración: viernes 12 de abril de 2019, a las 19.30h

Un año más los alumnos de fotografía de la Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT) exponen sus trabajos fotográficos realizados en la asignatura Fotografía de Estudio, clases de teoría y práctica que se imparten en la escuela, y que en esta ocasión tendrá lugar en Railowsky a partir de este viernes 12 abril.

El referente artístico desarrollado en las clases del profesor Alberto Adsuara se realiza en el plató de fotografía de ESAT, siendo David La Chapelle el artista en el que los alumnos se inspiran, una práctica grupal para recrear la estética de éste fotógrafo y director norteamericano, creador de atmósferas coloristas, un artista irreverente provocador e inquietante.

Esta exposición de fotografías, comisariada por el propio Adsuara, fotógrafo, cineasta y responsable de Audiovisuales de ESAT, forma parte de su práctica docente que cada año realiza con su alumnado. Una actividad que imparte a los alumnos de primer curso de la carrera Arte & Diseño de la Escuela Superior de Arte y Tecnología de Valencia, ESAT www.esat.es.

Algunas de las imágenes de estos jóvenes estudiantes, así como otras mas personales pertenecientes a la misma asignatura, se podrán ver en esta exposición. Railowsky es una galería profesional de fotografía con casi 30 años de experiencia siempre preocupada más por el contenido que por el continente.

Por ella han pasado no sólo fotógrafos reconocidos, sino también históricos de la fotografía como Alberto Schommer, Ramón Masats, Xavier Miserachs, Bernard Plossu, Juan Manuel Díaz Burgos, Xurxo Lobato, Jean Dieauzaide, Koldo Chamorro Gary Winogrand, Mary Ellen Mark, Juan Manuel Castro Prieto, Ferdinando Scianna, Franco Fontana, Tina Modotti y Juan Rulfo, entre otros.

Cartel de la exposición fotográfica en Railowsky. Imagen cortesía de ESAT.

Cartel de la exposición fotográfica en Railowsky. Imagen cortesía de ESAT.

Spencer Tunick: cuerpo y naturaleza

Spencer Tunick
Intervención fotográfica en Valencia
En el marco de las actividades del festival Intramurs
Sábado 30 de marzo de 2019

A modo de descripción informativa
‘Valencia. La piel del mediterráneo’ es el título de la última performance del célebre fotógrafo norteamericano Spencer Tunick, realizada en el marco de las actividades del festival Intramurs, el 30 de  marzo de 2019 en la ciudad del Turia.

Tunick, famoso por sus fotografías de desnudos masivos en grandes espacios naturales y ciudades de medio mundo, congregó, aproximadamente, 1.300 personas voluntarias para tomar cuatro fotografías enmarcadas bajo el tema reivindicativo de los derechos de la mujer y el empoderamiento femenino.

Las cuatro performances fotográficas, llevadas a cabo alrededor de las Torres de Serranos de la ciudad de Valencia, se compusieron con los miles de cuerpos desnudos de los hombres y las mujeres participantes.

Performance fotográfica de Spencer Tunick. Foto: Begoña Siles

Performance fotográfica de Spencer Tunick en Valencia. Foto: Begoña Siles

La primera escena, tomada en el propio Puente de Serranos, constaba de tres figuras: la primera, con el hombre tumbado y la mujer de pie; la segunda, con la mujer poniendo su pie sobre el pecho del hombre, y la tercera, con las mujeres dando las manos a los hombres para que se pudiesen levantar.

Performance fotográfica de Spencer Tunick. Foto: Begoña Siles

Performance fotográfica de Spencer Tunick en Valencia. Foto: Begoña Siles

La segunda escena, fotografiada en la Plaza de los Fueros, tenía dos posiciones: una con el hombre en posición fetal y la mujer de pie enfrente, y la otra, con el hombre de rodillas y la mujer dándole la espalda.

Performance fotográfica de Spencer Tunick en Valencia. Foto: Begoña Siles

Performance fotográfica de Spencer Tunick en Valencia. Foto: Begoña Siles

La tercera escena, realizada en la calle Roteros, contaba con la participación exclusiva de los hombres, tapados, a modo de crisálidas, con una tela blanca transparente.

Performance fotográfica de Spencer Tunick en Valencia. Foto: Begoña Siles

Performance fotográfica de Spencer Tunick en Valencia. Foto: Begoña Siles

Y la cuarta y última, se llevó a cabo bajo el árbol magnolio que hay en la esquina de Conde Trenor. En esta escena, sólo participaban las mujeres. Sus cuerpos tumbados se extendían como rizomas  alrededor del inmenso e imponente ficus.

La experiencia

Con esa acción decisiva de quitarse la ropa y participar en la instalación fotografía de Tunick, los miles de participantes expresaban una euforia catártica y unitaria propia de aquellos que sienten, de alguna manera, que han realizado un acto transgresor. Pero conviene recordar que Tunick, después de la querella contra el alcalde de New York en 1994 (la cual ganó) solo realiza sus instalaciones cuando consigue todos los permisos legales de la autoridad competente.

De este modo, Tunick cumple con la ley, no la transgrede. En todo caso, la trasgresión se situaría en otro marco ajeno a la ley civil y más próximo a ese otro precepto cultural relacionado con lo ancestral: el tabú al cuerpo desnudo. Los individuos participantes, así, sienten un acercamiento a un estado de naturaleza.

Spencer Tunick, en un momento de su intervención fotográfica en Valencia. Foto: Begoña Siles

Spencer Tunick, en un momento de su intervención fotográfica en Valencia. Foto: Begoña Siles

La mirada de Tunick

Tunick convierte a los miles de individuos desnudos en una forma compacta y abstracta. Una masa de cuerpos, sin vestimenta, que se extiende como una materia por el pavimento, por el asfalto o por la tierra. Y, como señala el fotógrafo, “creando un cuerpo vivo, orgánico que revela, desafía o reconfigura los puntos de vista de la desnudez y de la privacidad”.

La mirada fotográfica de Tunick revela los cuerpos desnudos de hombres y mujeres como una masa de la naturaleza, despersonalizada, simplemente cuerpos, sin sexualidad, sin erotismo, sin pornografía. Los cuerpos desnudos se expanden como una sustancia viva por el paisaje urbano en una confrontación entre la naturaleza y la cultura.

Y será la experiencia de la desnudez, como estado orgánico y natural, sobre la cultura, lo que prime ante la lente de Tunick, como ante el sentimiento de los participantes. Una desnudez que evita el repliegue del individuo sobre sí mismo y propaga un estado de comunión propio de un grupo atávico.

Spencer Tunick, durante su intervención fotográfica en Valencia. Foto: Begoña Siles

Spencer Tunick, durante su intervención fotográfica en Valencia. Foto: Begoña Siles

Se podría decir, como señala Georges Bataille en su libro ‘El erotismo’, que la acción decisiva de las performances fotográficas de Tunick de quitarse la ropa lleva al fotógrafo y a sus modelos a soportar “que somos seres discontinuos, individuos que mueren aisladamente en una aventura ininteligible; pero nos queda la nostalgia de la continuidad perdida. (…) La desnudez se opone al estado cerrado, es decir, al estado de la existencia discontinua. Es un estado de comunicación, que revela un ir en pos de una continuidad posible del ser, más allá del repliegue sobre sí”.

Una idea que Spencer Tunick afirma en las múltiples entrevistas: “Los participantes toman conciencia, en estos retratos de grupo, de la vida, de la muerte y del arte”.

Quizá sea ese sentimiento de comunión el que consiga que se produzca un silencio casi sepulcral, en el momento en que Tunick toma la cámara para sacar la fotografía del retrato grupal.  En ese instante, el murmullo producido por las miles de personas desnudas se ensordece: nada se oye, nadie se mueve.

Fotograma de 'Anticristo', de Lars von Trier.

Fotograma de ‘Anticristo’, de Lars von Trier.

Cuerpos como naturaleza: de lo imaginario a lo siniestro

Los retratos masivos de individuos desnudos no sólo forman una figura abstracta, sino también conforman el cuerpo como una masa de la naturaleza. Los cuerpos desnudos de toda puesta en escena de Tunick son retratados sin provocación, con una mirada casi naif que embellece la desnudez. Quizá lo que Spencer Tunick está presentando, tal y como apunta Carlos Cuadro, director del Centro Niemeyer de Avilés, “son los cuerpos en el paraíso. Su cámara es testigo de su particular visión del Juicio Final, no desde una visión simbólica religiosa, sino desde un racionalismo humanístico que sabe que no hay más paraíso que los cuerpos desnudos en contacto con la naturaleza”.

Por ello, en esta última instalación de ‘Valencia. Piel del Mediterráneo’, los cuerpos desnudos que se fusionan con la naturaleza, en concreto con el espléndido magnolio de Conde Trenor, sean sólo los cuerpos de las mujeres. De tal modo, el concepto de reivindicación y empoderamiento femenino, que subyace detrás de esta performance, alcanza en esta puesta en escena toda la coherencia en la obra del fotógrafo: el cuerpo femenino imaginario enraizado a modo de rizoma con el magnífico árbol. De nuevo, en esta performance fotográfica, el cuerpo femenino es representado como expresión máxima de la naturaleza.

Y ante esa visión imaginaria de la fotografía de Spencer Tunick de cuerpos desnudos fusionados a paisajes simbólicos de ciudades o de naturaleza, cabe incluir, por contraste, la mirada siniestra del director danés Lars von Trier en su película ‘Anticristo’ (2009). Lars von Trier muestra los cuerpos desnudos de hombres y mujeres enraizados de manera siniestra a la naturaleza, a la tierra; cuerpos desnudos como metáfora de una naturaleza siniestra y mortal. Y en ese universo de la película, la mujer, el cuerpo femenino, aparece como un cuerpo aciago, un cuerpo abyecto.

Y así, una vez más, el cuerpo femenino queda inscrito como unión imaginaria con la naturaleza –Tunick– o bien como fusión siniestra –Lars von Trier–.

Begoña Siles

Tomás Gorria, un tipo con ingeniosa grafía

Lloc de paraules, de Tomás Gorria
Col·legi Major Rector Peset
C/ Forn de Sant Nicolau, 4. Valencia
Hasta el 19 de mayo de 2019

De sus inicios como “agitador cultural” en Malahierba le queda ese punto socarrón que diríase corre por sus venas desde la más temprana infancia. “Creo que desde que tengo aquello que se decía uso de razón, recuerdo la fascinación que han ejercido en mí las palabras”. Una fascinación que sigue incólume y que se manifiesta en ese brillo que adquieren sus pupilas mientras va narrando sus peripecias, como si fuera Tintín en América, el Tíbet o el Congo, rodeado de una selección de sus trabajos de las tres últimas décadas. Fascinación que agita por dentro la coctelera de su bulliciosa mente.

Vista de la exposición 'Lloc de paraules', de Tomás Gorria. Foto: Makma

Vista de la exposición ‘Lloc de paraules’, de Tomás Gorria. Foto: Makma

Hablamos de Tomás Gorria, diseñador gráfico que dice haber practicado “el intrusismo en el mundo del periodismo cultural”, trabajando para diversos medios de comunicación, al tiempo que se adentraba en la creación literaria, el vídeo o la fotografía. No presume de haber sentado cátedra en ninguno de ellos, pero viendo el medio centenar largo de piezas que muestra en la Sala de la Muralla del Col·legi Major Rector Peset, destaca poderosamente la atención su ingenio para retorcer las palabras y extraer de ellas un jugo que, fiel a su propio espíritu creativo, da mucho juego.

De ahí, por otro lado, el título de la exposición: Lloc de paraules. “Lloc en tanto lugar y en tanto sonido que remite al joc del juego”, explica Gorria, mientras ultimaba aspectos de la muestra inaugurada este pasado viernes con una tipeuà incluida. “Es una fideuà, pero hecha con sopa de letras”, dice, para rematarlo con una breve descripción de la misma: “Tiene la textura del arroz, pero el sabor del fideo”. No sólo eso, sino que semejante elaboración da pie al consumo de cierto conocimiento: “Te puedes comer el Ulises de Joyce o El manifiesto comunista de Marx”. Del sabor al saber por obra y gracia de su nutritiva y enriquecedora tipeuà.

Imagen de Tomás Gorria en la exposición 'Lloc de paraules'. Foto: Makma

Imagen de Tomás Gorria en la exposición ‘Lloc de paraules’. Foto: Makma

Así las gasta Tomás Gorria, con esa mezcla de ingenio y humor entre ácido y peterpanesco, fruto de lo que él insiste en denominar “fascinación por el diseño gráfico, por los juegos de palabras y aquello que se ha denominado ludolingüística (aforismos, anagramas, palíndromos)”. Lo dice en el vinilo a modo de maqueta con su foto encabezándolo que abre la muestra y que ha titulado, de nuevo jugando con las palabras, El texto sentido, en alusión a la famosa película de M. Night Shyamalan, El sexto sentido. Y al igual que en este largometraje del director indio, el niño protagonista decía que en ocasiones veía muertos, Gorria lo que no deja de ver son palabras danzando que él coreografía para dibujar un baile portentoso.

En la exposición, que estará en el Col·legi Major Rector Peset hasta el 19 de mayo, se podrán ver carteles relacionados con actividades culturales diversas, aludiendo a cuestiones políticas y sociales, o simplemente manifestando su ingenio sea cual esa el trasfondo del mensaje. También hay un collage de revistas por él maquetadas y un buen número de objetos que viene a completar el mapa creativo de su chispeante trabajo. Por ejemplo, un reloj cuyas manecillas van en sentido contrario, pero que al reflejarse en un gran espejo devuelva la hora normal, dispuesto para que la gente se haga selfies entre cuerdos y alocados.

Imagen de Tomás Gorria en la exposición 'Lloc de paraules'. Foto: Makma

Imagen de Tomás Gorria en la exposición ‘Lloc de paraules’. Foto: Makma

El diseño de la exposición, así como la producción de la misma es cosa enteramente suya: “Así recogida tiene cierto corpus y coherencia”, señala quien se refiere a la única pieza expresamente elaborada para esta muestra, la dedicada a la palabra Toros. “Compré en Internet los tipos móviles de madera de la imprenta Ortega, con la que se hacían los carteles taurinos de Valencia y que son de principios del siglo XX, y con ellos hice la composición”. Se trata de una edición limitada de diez ejemplares que juega con la palabra todos, dando lugar a otros y rotos, “pero que también puede convertirse en torso, porque es una palabra que tiene combinaciones varias”. “Son pruebas de imprenta, hechas de manera artesanal, pero que lógicamente pueden hacerse mejor”, añade.

“Me gustan mucho los palíndromos [palabras o frases que se leen igual hacia delante que hacia atrás]”. Bastarán dos ejemplos: “Nada somos, Adán” o “Sara, lo vi, serías aire si volaras”. También hay marcas con las que Gorria juega para dotarlas de una carga más explosiva, como Women Strike, en lugar de los cigarrillos Lucky Strike, o Disseny Landia, en lugar de Disneylandia. Y así sucesivamente, porque Lloc de paraules es como una montaña rusa en la que el espectador siente el vértigo al que le induce cada una de las obras. “En el diseño gráfico es importante usar imágenes que estén en la memoria colectiva de la gente”, subraya Gorria.

Obras de Tomás Gorria en la exposición 'Lloc de paraules'. Foto: Makma

Obras de Tomás Gorria en la exposición ‘Lloc de paraules’. Foto: Makma

El texto sentido finaliza con esta puntualización: “Esta muestra pretende ser un modesto resumen de todas estas actividades e intrusismos diversos, a la vez que una retrospectiva de mi trabajo como diseñador gráfico y editorial, de oficio de maquetador curioso”. Curiosidad que traslada igualmente a las camisetas “de contenido tipográfico para frikis” expuestas en otro apartado, cuya marca ‘Sam Arreta’ sigue en esta onda expansiva, y al video que cierra la exposición titulado La sombra de las letras, en el que recoge fotos antiguas del siglo XIX de rótulos de Valencia ya desaparecidos. Todo ello bien agitado en la coctelera de una exposición que retrata a Tomás Gorria como lo que es: un tipo con ingeniosa grafía.

Tomás Gorria, junto a algunas de sus obras. Foto: Makma

Tomás Gorria, junto a algunas de sus obras. Foto: Makma

Salva Torres

Mohamed L’Ghacham crea el mural más grande de TEST

‘La Mare’, de Mohamed L’Ghacham
Mostra d’Art i Creativitat de Vila-real (TEST)
C / Jaume Roig. Vila-real
Abril de 2019

‘La Mare’ se ha impuesto entre las 500 imágenes extraídas de álbumes familiares que han llegado a manos del pintor y muralista Mohamed L’Ghacham (Tánger, 1993). Medio millar de recuerdos y escenas íntimas que han servido al artista como fuente de inspiración para crear el mural más grande que incorpora el TEST, la ‘Mostra d’Art i Creativitat de Vila-real’, y de mayor formato al que ha dado vida en toda sutrayectoria el propio L’Ghacham. Es la séptima obra urbana de esta galería abierta que democratiza el arte, y la primera -tras sus predecesoras, firmadas por Pantone, Borondo, Escif, Sam3, Louis Lambert (3TTMan) y Hyuro- que gira sobre una temática “directamente relacionada con la ciudad y sobre todo con sus habitantes”, que han cedido de manera altruista sus recuerdos gráficos, explica Pascual Arnal, director del TEST.

‘La Mare’ luce ya sobre un ‘lienzo’ de 25 metros de alto por 12 de ancho extendido sobre la pared de una finca de viviendas de siete alturas de la calle Jaume Roig, en la zona norte de Vila-real. Muestra a una madre con sus dos hijas en una azotea, vestidas para una ocasión especial. Excepcionalidad dentro de la cotidianidad a finales de la década de los 60. “Al artista le llamó mucho la atención la mezcla de aspectos estéticos tan atractivos como que dos de las tres personas que aparecen en la fotografía fueran vestidas igual y que esas indumentarias resultaran cromáticamente muy atractivas; también el aire de cierta melancolía que impregnaba toda la imagen”, añade Arnal.

El tamaño de la obra, su cromatismo y la curiosidad por ponerle rostro a la escena familiar en construcción -esa que emerge de fotografías que no fueron concebidas para hacerse públicas y que L’Ghacham reformula, radiografía y ensalza sobre paredes a tamaño macro- ha generado un goteo de público durante la semana de trabajo del artista. Decenas de vecinos de Vila-real se han acercado a diario hasta la calle Jaume Roig para ver la evolución del macromural.

La ‘Mostra d’Art i Creativitat de Vila-real’, convertida en plataforma para visibilizar y relanzar el talento artístico emergente, alcanza su ecuador. Abrió sus puertas el pasado 9 de marzo con la exposición colectiva de Jesús Monterde (fotografía), Ana Císcar (pintura-collage-instalación) y Luce (arte multidisciplinar), que podrá visitarse en El Convent Espai d’Art de Vila-real hasta el 25 de mayo. Con la intervención de Mohamed L’Ghacham, el TEST 2019 completa toda la oferta artística para esta edición.

La Mare, de Mohamed L'Ghacham. Imagen cortesía de TEST.

La Mare, de Mohamed L’Ghacham. Imagen cortesía de TEST.