Recostados junto al cosmos literario de Matisse

‘Matisse, como una novela’ (‘Matisse, comme un roman’)
Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou
Place Georges-Pompidou 75004, París (Francia)
Hasta el 22 de febrero de 2021

El célebre pintor de ‘La danza’ y ‘La alegría de vivir’ llega al Centro Pompidou como arma contra la escala de grises que nublan la capital francesa. La exposición ‘Matisse, como una novela‘ eleva los trabajos que el vanguardista ideó para el mundo editorial.

Cuando Henri Matisse (1869-1954) terminaba un cuadro, solía decir que “el libro estaba acabado”, una sentencia algo extraña para un pintor. Pero él, quizás, comprendía la fina e invisible línea creativa entre palabra y dibujo: de ambos se nutría y a ambos exploraba. Es esta conexión lírico-plástica del maestro del fauvismo la que ha inspirado a André Valeire, curadora de arte del Centro Pompidou al concebir ‘Matisse, como una novela’. Valerie quiere corroborar así su teoría de que el pintor en realidad fue uno de los primeros diseñadores gráficos.

La exposición, que se encuentra programada hasta el 21 de febrero de 2021 (actualmente, el museo permanece cerrado debido al estado de emergencia decretado por el Gobierno francés), gira en torno a los propios escritos del artista y sus llamativas incursiones en el mundo editorial. Con más de 230 obras pictóricas y 70 documentos, es la mayor muestra del creador de los últimos años, desde su centenario en el Grand Palais. Una selección que revela el lado más crítico, irónico e intelectual y que invita a releer su obra. Está claro que Francia no podía dejar de celebrar el 150 aniversario del pintor Henri Matisse y recordar su vertiente literaria es la mejor excusa para comisariar esta muestra en el museo parisino.

Valeire ha concebido el recorrido como un libro: nueve capítulos que nos van guiando mediante frases del artista en estos pasillos novelados que siguen como modelo el título de Louis Aragon: ‘Henri Matisse, roman’ (1971). Un pretexto para revelar un gran número de trabajos editoriales del artista: desde los poemas de Stéphane Mallarmé hasta la revista de parisina modernista Verve, para la que creó varios diseños de portada, y, por supuesto, el famoso libro ‘Jazz’, diseñado con los recortes de papel, chinchetas, alfileres y pegamento. A la colección se suman algunas de sus obras emblema –’La siesta’ (1905)–, desde sus inicios hasta su consagración.

‘Henri Matisse, roman’, de Louis Aragon (1971). Fotogafía cortesía del Centro Pompidou.

El impresionismo es el periódico del alma” (Henri Matisse)

Diagnosticado con cáncer abdominal en 1941, Matisse fue sometido a una cirugía que lo dejó atado a silla y cama. La pintura y la escultura se convirtieron en verdaderos desafíos físicos. Así, encontró en este medio una medicina cuando su mala salud le impedía pintar. Utilizaba tijeras y papel para trazar composiciones ilustradas. Encontró que los recortes eran un plano útil para delinear su trabajo en otros medios; le permitían fijar y posicionar colores y formas sin las presiones de la permanencia. Durante años, Matisse perfeccionó esta técnica silenciosamente y empezó a explorarla más seriamente como una forma de arte independiente a su obra.

El éxito de los recortes de Matisse fue inesperado. Eran únicos, radicales y buscaban reducir las formas y los colores a lo esencial. Desafiaban por su simplicidad y eran, como todo en él, una celebración de la belleza. Verdier dice haber logrado que sea el propio Matisse quien explique su obra, con fragmentos, extractos y citas que compartió con periodistas y escritores como Jean Clay o Clement Greenberg y a través de su autobiografía: ‘Notas de un pintor’, que ocupa un lugar simbólico en el recorrido.

Henri Matisse es considerado el mayor colorista del siglo XX. Rechazó el cubismo y buscó, en su lugar, el color como base para pinturas; unas pinturas expresivas que le evadían y sanaban de sus propios tumultos. Quiso crear “una influencia calmante y tranquilizadora en la mente, más bien como un buen sillón”. Hoy, su contribución al arte del collage, que comenzó como algo anecdótico para él, está valorada en más de 9.000 dólares por pieza.

Matisse
Henri Matisse dibuja postrado en la cama tras una parálisis en su habitación-taller del antiguo hotel Régina, en la colina de Cimiez (Niza).

Raque Bada

La pintura lírica de Soledad Sevilla, Premio Velázquez

Soledad Sevilla
Premio Velázquez de Artes Plásticas 2020
Martes 24 de noviembre de 2020

Soledad Sevilla (Valencia, 1945) ha logrado, tras una carrera alejada del foco mediático, pero repleta de luces fulgurantes que se cuelan por sus diferentes geometrías con chispazos de un intenso lirismo, el Premio Velázquez 2020 que concede el Ministerio de Cultura, dotado con 100.000 euros.

El jurado que le ha concedido tan brillante galardón ha reconocido en su obra una «reflexión sobre diferentes tradiciones y culturas artísticas, que abraza e incorpora al presente, siempre en la tensión entre naturaleza y arquitectura». A principios del pasado año, Sevilla tomó la fachada del IVAM para mostrar, mediante una serie de azulejos, la primera obra inspirada en su ciudad natal. Entonces andaba siguiendo las huellas de Fernando Pessoa, cuyo desasosiego se torna ahora serena gratitud. Esto es lo que contó entonces y que ahora reproducimos, a modo de perfil orientativo de su trabajo.

“Pertenezco a esa especie de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, no ven sólo la multitud de la que son, sino también los grandes espacios que hay al lado”. La frase está extraída del ‘Libro del desasosiego’, de Fernando Pessoa, que Soledad Sevilla cita como “muy importante” para ella.

“Me gusta esa filosofía poética que vierte Pessoa en el libro”, subrayó la artista. Como el escritor portugués, también Soledad Sevilla parece formar parte de esos márgenes de la cultura ajenos a la multitud y al ruido mediático, para orientar su mirada hacia lo más íntimo y minúsculo que agranda con su visión plástica.

La pancarta con la que ocupa parte de la fachada del IVAM es un ejemplo de esa mirada extraviada y poética, que logra concitar en 90 m2 un “elemento indentitario de Valencia”, por utilizar las palabras de José Miguel Cortés, director del instituto valenciano. Elemento que proviene de los recuerdos de infancia de la propia artista: “He recorrido los lugares de infancia que solía recorrer con mis padres”. Entre ellos, la iglesia del Patriarca que hay en la calle La Nau y de la que ha rememorado el zócalo de azulejos geométricos que cubre la parte baja del claustro eclesial.

El Patriarca, de Soledad Sevilla, en la fachada del IVAM.
El Patriarca’, de Soledad Sevilla, en la fachada del IVAM.

“Hice fotos de otros muchos lugares, pero al final elegimos esta imagen de común acuerdo”, explicó Sevilla, con pena por no haber podido expandir su idea más allá de los 90 metros cuadrados reservados para tal fin. “Propuse toda la fachada, porque me gusta apoderarme del espacio”, ironizó, sabedora de las limitaciones contempladas en el proyecto y que ha titulado ‘El Patriarca‘. “Me pareció importante buscar una imagen que tuviera que ver con la ciudad”. Y ese azulejo que ha realizado a gran escala, tras pintarlo en papel transparente y a mano alzada, remite a esa iglesia de su infancia que ahora pone a disposición de toda la ciudadanía.

“Es la primera obra que hago inspirada en Valencia”, dijo quien se fue joven de su ciudad natal y ahora se siente por fin “artista de Valencia”, tras el reconocimiento que le ofrece el IVAM con esa grandiosa pancarta. “Es muy emocionante”, apostilló la artista en una mañana fría que amortiguaba la calidez sentida. “La conciencia de la inconsciencia de la vida es el más antiguo impuesto a la inteligencia”, afirma Pessoa en su ‘Libro del desasosiego’, como pretendiendo explicar la forma en que Soledad Sevilla recordaba su infancia plasmada en ese zócalo de azulejos geométricos.

‘El Patriarca’ ha sido configurado mediante la superposición de dos imágenes: la fotografía que sirve de referente y el dibujo creado a mano alzada. “La suma de ambas crea una vibración nueva”. La vibración de un pasado que sorprende al actualizarse. De nuevo, Pessoa: “Vivir es ser otro. Ni sentir es posible si hoy se siente como ayer se sintió: sentir hoy lo mismo que ayer no es sentir, es recordar hoy lo que se sintió ayer, ser hoy el cadáver vivo de lo que ayer fue la vida perdida”.

Es en este sentido, profundamente poético, que Soledad Sevilla huye del compromiso del artista hoy tan promocionado: “Nunca he tenido una actitud reivindicativa en mi trabajo, que va por otro lado”. Sólo recuerda como tal, y de forma sutil, la instalación Temporada de lágrimas, que la artista creó a partir de la imagen de una mujeres llorando por la guerra. “Mi obra circula por otros derroteros. Es más inmaterial”.

El mural creado para la fachada del IVAM, y que permanecerá hasta septiembre, es del gusto de la artista, que reconoce sentirse cómoda con esos grandes formatos: “Si no hago más es porque no tengo propuestas”, aclaró, para señalar a continuación que su modo de atacar ese tipo de formatos es trabajándolos por escalas. La imagen de ‘El Patriarca’ prevaleció sobre el resto de las barajadas por esa elección consensuada. “Tomar una decisión siempre es difícil. Los artistas tenemos una visión sobre nuestras obras que están condicionadas, por eso prefería que fueran otros quienes en este caso la eligieran”.

El libro de Fernando Pessoa le atrajo también por su escritura repleta de aforismos, “que te permite dejarlos y no pasa nada”. Los recorridos de Bernardo Soares por la baja Lisboa, trasunto del escrito, sintió Soledad Sevilla que tenía que vivirlos, de ahí los “muchos paseos que hice por allí”. Algo parecido a lo hecho en Valencia para crear su mural, aunque aquí fue “más fácil porque son los recorridos de mi infancia y había una urgencia que en Lisboa no tenía”, concluyó quien se congratuló de lo “muchísimo” que había mejorado la presencia de la mujer en el arte.

Soledad Sevilla, junto a su obra 'El Patriarca', en la fachada del IVAM.
Soledad Sevilla junto a su obra ‘El Patriarca’, en la fachada del IVAM.

Salva Torres

El paisaje como reflejo del despilfarro

‘Terrenos baldíos. Comunicado urgente contra el despilfarro’, de Javier Almalé y Jesús Bondía
Comisariada por Chus Tudelilla
Programa ‘Ens declarem en estat d’emergència climática!’
Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)
Museu 2, València
Hasta el 14 de febrero de 2021
Lunes 23 de noviembre de 2020

En el marco del programa ‘Ens declarem en estat d’emergència climática!’, del Centro del Carme Cultura Contemporània (CCCC), encontramos la exposición ‘Terrenos baldíos. Comunicado urgente contra el despilfarro’, en la que los artistas Javier Almalé y Jesús Bondía presentan dos proyectos iniciados en 2017: ‘Residuos’ e ‘Historias de un lugar’.

La exposición, comisariada por la historiadora del arte Chus Tudelilla e inaugurada el pasado viernes, supone una reflexión sobre el excesivo consumo que conduce al despilfarro y toma prestado, por ello, el título del manifiesto de la Comuna Antinacionalista Zamorana escrito por Agustín García Calvo en 1972. No es una denuncia contra el consumo, sino contra el abuso de este.

Vista de la exposición ‘Terrenos baldíos. Comunicado urgente contra el despilfarro’, de Javier Almalé y Jesús Bondía. Fotografía cortesía del CCCC.

Almalé y Bondía exploran los mecanismos de percepción que construyen el paisaje, tomándolo como hilo conductor para dar visibilidad a este despilfarro. Los terrenos baldíos son lugares residuales e improductivos en los que se acumula la basura, consecuencia directa del consumo desmedido al que nos aboca la sociedad capitalista. Espacios escondidos y anónimos que tan solo se convierten en paisaje ante la mirada humana, en un proceso en el que los artistas cobran especial importancia, ya que nos enseñan a mirarlo desde un punto de vista crítico.

La estética de las presentes obras, que ha permitido elevar estos montones de escombros a la categoría de arte, atrae la atención del espectador, que se encuentra ante fotografías de esculturas creadas a partir de metales, tuberías o electrodomésticos; bodegones al estilo barroco con grandes reminiscencias tenebristas a partir de residuos plásticos; elementos provenientes del abandono de construcciones debido a la crisis de la burbuja inmobiliaria, presentados como si fueran restos de civilizaciones antiguas; o, incluso, una escultura de varios metros de altura formada por tuberías de polietileno que nos remite a las obras más destacadas de la corriente artística del land art.

Sin embargo, no debemos dejar de lado el verdadero objetivo de las obras: los artistas, lejos de romantizar el despilfarro protagonista de la exposición, ofrecen una segunda vida a estos desechos para concienciar al espectador de las graves consecuencias que conlleva un acto tan sencillo como cambiar de móvil cuando todavía funciona el que tenemos.

Esta apelación directa al individuo se aprecia especialmente en la serie ‘Objetos-mundo’, compuesta por las fotografías de los bodegones mencionados. La combinación del fondo negro y el metacrilato permite que el espectador se vea reflejado en la obra como si de un espejo se tratara, de modo que tenga presente que puede contribuir a frenar esta situación. Asimismo, también está patente en la videoinstalación ‘Paisajes ocultos’, en la que vemos caer una maleta que se rompe como los sueños que una vez representó, mostrando así los desechos como reflejo de nuestras propias vidas.

La comisaria Chus Tudelilla junto a una de las imágenes que integran la exposición. Fotografía cortesía del CCCC.

Por otro lado, los artistas rescatan estos paisajes del anonimato, devolviéndoles su identidad, como se puede ver en las cartelas de la serie ‘Residuos’, que muestran las coordenadas de la ubicación de las escombreras retratadas. Esta serie se inicia con una fotografía que muestra un conjunto de ramas agolpadas por el viento. Dicha fotografía contrasta con el resto de las obras de la serie –y, dicho sea de paso, de la exposición–, pues es la única que representa la naturaleza sin que en ella haya intervenido ningún elemento artificial. Los artistas denuncian, de esta manera, que estos paisajes baldíos se han convertido en víctimas de la acción humana.

Pero, ¿qué vemos si miramos hacia adelante? En ese danzar que nos exigen las obras de arte, como explica Chus Tudelilla, vamos descubriendo diferentes detalles según nos acercamos o nos alejamos de ellas. Es este baile el que nos permite apreciar el horizonte en la videoinstalación ‘Biografía de un paisaje’. Un horizonte visto a través de la construcción abandonada en 2008 de la urbanización El Saboyal, en el que, en palabras de la comisaria, “parece que no pasa nada, y no pasa nada más ni nada menos que el tiempo”, un tiempo que apreciamos gracias al suave movimiento que la brisa ejerce sobre la escasa naturaleza salvaje.

Este horizonte, que se podría interpretar como una metáfora del futuro, es inescrutable, hecho que enlaza con la conferencia de Cristina Monge, ‘Sociedades temerosas. Sociedades AC/DC (Antes de la Covid/Después de la Covid)’, también celebrada el 20 de noviembre.

En la presente exposición, vemos cómo el arte logra actuar como –en palabras del filósofo francés Alain Roger– “un mediador entre el país y el paisaje”. En consecuencia, acerca a los espectadores a una de las grandes problemáticas de la sociedad actual –la emergencia climática–, haciéndolos partícipes y fomentando la reflexión en torno a su papel.

Está claro lo que vemos: montones de basura acumulados en espacios inútiles. Sin embargo, tal y como afirma Chus Tudelilla, esa no es la pregunta que debemos hacernos. La pregunta es: ¿qué no vemos? Y la respuesta, el despilfarro del modo de vida de la modernidad tardía en la que, como apunta Zygmunt Bauman, “solo existen consumidores de mercancías de obsolescencia programada”.

Así, la exposición, presentada por el director del CCCC, José Luis Pérez Pont, por la comisaria Chus Tudelilla y por los artistas Javier Almalé y Jesús Bondía, acompañados por la directora general del Cambio Climático de la Generalitat Valenciana, Celsa Monrós, supone un manifiesto o, como su propio título indica, un comunicado urgente contra esta grave situación.

Milagros Pellicer

La audacia de Carlos Sáez conquista a Cañada Blanch

Carlos Sáez | VII Premi Col·lecció Cañada Blanch
‘L’altra condició’ | Exposición online
Galería Thema, La Mercería, Espai Nivi Collblanch, Aural Galería, Galería Vangar, Espai Tàctel, Alba Cabrera Art Contemporani, Shiras Galería, Luis Adelantado, The Blink Project, SET Espai d’Art, Galería Punto, Cànem Galería, Rosa Santos, Galería Cuatro, ISABEL BILBAO Galería de Arte y Galería Benlliure
Sábado 21 de noviembre de 2020

El artista Carlos Sáez ha sido galardonado, el pasado 12 de noviembre, con el Premi Col·lecció Cañada Blanch, dotado con 7.000 €.

En esta séptima edición –coincidiendo con la celebración del 50 aniversario de la institución– se ha pretendido que el ganador fuese alguien que, con ciertas notas futuristas, superase las barreras de lo común, en “continuidad con la línea de las anteriores adquisiciones de Fundación Cañada Blanch, que intenta salir de la perspectiva plástica y pictórica”, afirma el profesor de la Universitat de València Ricard Silvestre, comisario de la exposición por segunda edición consecutiva.

Un instante del acto de entrega del VII Premi Col·lecció Cañada Blanch al artista Carlos Sáez en el Aula Magna del Centre Cultural La Nau. Fotografía cortesía de la fundación.

Una muestra virtual, ‘L’altra condició’, que se caracteriza por servirtual en su totalidad, adaptándose a las exigencias y protocolos sanitarios, decantándose por el empleo de la vía tecnológica, formulada a través de la presente convocatoria, en la que, mediante propuestas pictóricas, escultóricas, fotográficas y audiovisuales, participan Galería Thema, La Mercería, Espai Nivi Collblanch, Aural Galería, Galería Vangar, Espai Tàctel, Alba Cabrera Art Contemporani, Shiras Galería, Luis Adelantado, The Blink Project, SET Espai d’Art, Galería Punto, Cànem Galería, Rosa Santos, Galería Cuatro, Isabel Bilbao Galería de Arte y Galería Benlliure.

De este modo, se ha diseñado la visión y ubicación de la obras, configurando un entorno nuevo que no solo reflexiona sobre el propio espacio, sino también sobre el tiempo, con ciertos tintes kantianos. Cada una de las 17 obras presentadas por las galerías partícipantes cobran importancia de manera individual, pero también en su conjunto, pues conforman una pieza dentro del marco transparente que la aúna, haciendo que estas sean visibles tanto desde fuera como desde dentro. De esta manera se consigue un discurso, una narración en la que se eliminan las barreras al espectador y se le invita a sumergirse en esta atmósfera desde su hogar.

La obra ganadora de Carlos Sáez, ‘ARM’, presentada por Espai Tactel, pasará a formar parte de la colección de la Fundación Cañada Blanch. Se trata de una pieza escultórica conformada por un brazo mecánico creado a partir de materiales propios del ámbito de trabajo que han sido desechados. El artista los recicla, convirtiéndolos en algo totalmente distinto, dotándolos de otra vida y un carácter más estético.

Parte, por tanto, de la mirada artística para transformar algo tan cotidiano y, aparentemente, carente de significado, en algo único y particular que excede las fronteras y lo eleva en el marco plástico, en sintonía con el resto de sus trabajos.

Una propuesta cuyas virtudes –“audacia, expresión plástica en la zona fronteriza de la exploración estética y transhumanismo”– ha contado con el refrendo de un jurado compuesto por José María Lasalle, ex secretario de Estado de Cultura; Alba Braza, comisaria de exposiciones; Luisa Espino, crítica de arte; Juan Viña, presidente de Fundación Cañada Blanch; Paula Sánchez, directora de Fundación Cañada Blanch; Manel Costa, miembro del Patronato de Fundación Cañada Blanch, y Norberto Piqueras, responsable de exposiciones Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

Con esta exposición virtual que nos ofrece la fundación, podremos comprobar que lo inmaterial también es parte de nuestra realidad, pues nos permite adentrarnos en un espacio artístico más bien metafísico que invade nuestros hogares.

Carlos Sáez
‘ARM’, de Carlos Sáez. Fotografía cortesía de la Fundación Cañada Blanch.

Beatriz Milla

El IVAM se hace eco de la danza como obra plástica

‘Glacial Decoy’, de Trisha Brown y Robert Rauschenberg
Comisariada por Teresa Millet
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Guillem de Castro 118, València
Hasta el 18 de abril de 2021
Jueves 19 de noviembre de 2020

Teresa Millet, comisaria de la exposición ‘Glacial Decoy’, se refirió al trabajo de Trisha Brown con una expresión utilizada por la propia bailarina y coreógrafa estadounidense: improvisación estructurada. Parece una contradicción en los términos, y en realidad lo es, si no fuera por que estamos hablando de una artista singular, que concebía la danza como una disciplina (otro término que con ella no casaría) mediante la cual empezar a volar. Lo dijo ella misma en su texto de 2017 para celebrar el Día Internacional de la Danza: “I became a dancer because of my desire to fly” (Me convertí en bailarina por mis ganas de volar).

Entre esas ganas de volar y la contradicción que habita en todo artista, su improvisación estructurada como método arbitrario de trabajo le encaja como un guante. Porque Trisha Brown, también lo dijo en aquel texto, creaba con los cuerpos de los bailarines, en tanto herramientas para la expresión y no como medios para la representación. De ahí que, subyugada por esa expresión y por la novedad de ver su obra en un teatro por primera vez, tras actuar en espacios alternativos, decidiera asociarse con el artista plástico Robert Rauschenberg, que tampoco llevaba bien los compartimentos estancos del arte.

Vista de la exposición ‘Glacial Decoy’, de Trisha Brown y Robert Rauschenberg, en el IVAM.

Así fue como crearon conjuntamente la pieza ‘Glacial Decoy’, a la que el IVAM dedica su Caso de Estudio, tomando como punto de partida cinco fotograbados de Rauschenberg, pertenecientes a la Colección del museo, más una serie de préstamos en colaboración con las fundaciones de ambos artistas, entre los que se encuentran la propia Premier Mundial estrenada en 1979 en el Children’s Theater de Minneapolis. “Traducido literalmente, ‘Glacial Decoy’ es ‘Señuelo glaciar’”, señaló Millet, para abundar en ello: “Es el señuelo de la imagen y del movimiento de las bailarinas. Una forma de tenerte pillado, manteniendo tu atención entre las imágenes y la danza”.

De las más de 6.000 fotografías que Rauschenberg tomó para la realización de esta pieza, seleccionó finalmente 620 para su presentación visual. Imágenes desplegadas en cuatro pantallas que, de izquierda a derecha, iban apareciendo y desapareciendo al ritmo que marcaban los cuerpos de las bailarinas, vestidas con unas delicadas telas blancas para facilitar sus movimientos, diríase casi fantasmales. “El primer vestuario se apoderaba demasiado del cuerpo de las bailarinas, de manera que luego realizó este otro que les daba más libertad”, explicó Millet.

Imagen de ‘Glacial Decoy’, de Trisha Brown y Robert Rauschenberg, en el IVAM.

Imágenes plásticas y movimiento corporal que, en cierto modo, inauguraba una forma de interacción artística aún vigente y objeto de fructíferas investigaciones. “El arte contemporáneo todavía está aprendiendo de todo ello”, resaltó Nuria Enguita, directora del IVAM, quien destacó la pieza como una “joyita” prácticamente “desconocida”, que hoy, más de 40 años después, sigue provocando admiración. “Esa relación entre lo visual y lo plástico adquiere todo su sentido en el museo”, donde a su juicio da pie a un debate que “es más candente ahora que antes”.

Volvamos a la improvisación estructurada de Trisha Brown, sin duda motor de ese espíritu contrario a las normas establecidas. Si entendemos el acto creativo como aquél que separa al artista del mundo ya visto y conocido, no cabe duda que tanto Brown como Rauschenberg se asociaron para volar, en el doble sentido de alzarse por encima de los cánones y de dinamitar las convenciones. “Bob”, decía la coreógrafa de su colega y amigo, “le tiene envidia a la danza porque está viva y es frágil porque desaparece en cuanto el bailarín sale del espacio”.

Trisha Brown y Robert Rauschenberg. Imagen cortesía del IVAM.

La improvisación estructurada viene a poner el acento en esa contradicción que los llevaba a ambos en volandas, pasando de la espontaneidad a cierta experiencia reglada. “Un espacio acotado que se lo saltan”, señaló Millet. “Aceptan la norma, para romperla”, remarcó Enguita. “Se impone el movimiento y la necesidad de salir de la obra”, añadió la directora del IVAM, subrayando esa voluntad imperiosa de “despojarse del relato” con la que ambos comulgaban en aquellos años 60 y 70 del pasado siglo, época caracterizada por las revueltas estudiantiles tanto en Europa como en Estados Unidos.

‘Glacial Decoy’ muestra esa conexión entre el arte contemporáneo y las artes escénicas y performativas, para levantar testimonio de su fructífera alianza. El Caso de Estudio, además de acoger la pieza de danza plástica y la selección de fotografías, se completa con revistas y documentación sobre la pieza, así como la carpeta colectiva dedicada a Merce Cunningham en 1974, bailarín de referencia durante aquellos años que nos ocupan.

Vista de la exposición ‘Caso de Estudio’ que el IVAM dedica a ‘Glacial Decoy’, de Trisha Brown y Robert Rauschenberg.

De hecho, Cunningham fue otro de los artistas empeñados en desligar la danza de todo aquello que distrajera su atención, como por ejemplo la música, para subrayar la experiencia visual del movimiento de los cuerpos al bailar. Experiencia que Rauschbengerg propuso fuera lo más carnal posible, sugiriendo que las bailarinas se enfrentaran al público desnudas. Luego reculó, diseñando los trajes blancos que, en cualquier caso, dejaban la espalda al descubierto para enfatizar la coreografía, según explica Millet en la hoja de sala.

El cebo, reclamo o señuelo de ‘Glacial Decoy’ se halla en esa relación fría, glacial, fantasmal, de los cuerpos sometidos al flujo de las imágenes o de las imágenes al movimiento corporal, que obliga al espectador, como a los propios artistas, a abandonar su mundo conocido para arriesgarse a transitar por otro que le genera cierta inquietud. La inquietud de un universo donde los relatos, aquellos grandes relatos dados por muertos en la posmodernidad, dejan paso al desconcierto, y el arte busca fundirse con la vida desprovista de asideros seguros.

Glacial Decoy’, de Trisha Brown y Robert Rauschenberg, por cortesía del IVAM.

Salva Torres

Edificando el espacio en Tuesday to Friday

‘Home Sweet Home’, de Liam Fallon y Max Rumbol | ‘Cruzeta’, de Daniel Dobarco
Tuesday to Friday
Dénia 45, València
Hasta el 31 de diciembre
Jueves 19 de noviembre de 2020

La estrecha relación entre el ser humano y la dimensión espacial a la cual está vinculado se hacen especialmente patentes en las dos exposiciones inauguradas el pasado 13 de noviembre en la galería Tuesday to Friday.

La primera exposición, ‘Home Sweet Home’, fue el resultado de la fusión entre dos exposiciones individuales con una temática común: el hogar como escenario en el que se desarrollan nuestras vidas, como testigo de las mismas. Los artistas británicos Liam Fallon y Max Rumbol decidieron combinar sus trabajos para realzar la importancia que reside en los diferentes detalles que hacen de una vivienda un hogar –un tema muy actual, ya que está casualmente ligado al aislamiento–. Así, el espacio de la galería adopta una forma interpretativa del espacio vital idílico, elevando metafóricamente el hogar a la categoría de santuario, tal y como explican los artistas.

Vicente Torres, director de Tuesday to Friday, frente una de las obras de ‘Home Sweet Home’. Fotografía cortesía de la galería.

Liam Fallon ha construido una serie de esculturas que representan diferentes partes de una casa: una chimenea, cuatro lámparas, una ventana… El objetivo principal de esta obra consiste en que cada pieza pueda camuflarse en el entorno en el que se coloque. De hecho, las piezas –que, de momento, lucen blancas, fusionándose, así, con la pared de la galería– están pensadas para ser repintadas acorde al color de la pared en la que se vayan a colocar, tal y como nos cuenta Vicente Torres, director de la galería.

El joven artista hace hincapié en la dualidad de los espacios públicos y privados, y redefine, así, la propia disposición de los muros de la galería, haciendo un guiño a las diferentes habitaciones de la casa que caracterizan los elementos representados en sus esculturas.

Por su parte, Max Rumbol presenta una serie de obras que muestran una visión romántica del hogar y la idea del cálido abrazo que este ofrece. Mediante una actualización de pinturas tradicionales como naturalezas muertas o paisajes vistos desde el interior, el artista representa los diferentes tropos del arte doméstico. Basándose en el libro de Alain de Botton ‘La arquitectura de la felicidad’, Rumbol transmite esta idea de nostalgia por el hogar y por su infancia, representando el campo británico visto a través de una ventana.

Obras de Max Rumbol (izquierda) y Liam Fallon (derecha). Fotografía cortesía de Tuesday to Friday.

Las obras de Rumbol son una combinación entre el ser humano y la tecnología: el artista realiza bocetos y dibujos digitales que sirven como guía para la realización de las obras de una manera automática, cortadas a láser. Estas obras manufacturadas son, posteriormente, manipuladas por el artista hasta alcanzar el resultado final. Rumbol genera, de este modo, un discurso en torno al papel del artista; un discurso en el que se enfrentan tanto la acción como la ausencia del mismo.

La confrontación entre lo analógico y lo digital que hemos visto en Rumbol también se hace patente en ‘Cruzeta’, la exposición presentada por Daniel Dobarco. ‘Cruzeta’, separada de ‘Home Sweet Home’ por tan solo un muro expositivo –prueba de que, de nuevo, el espacio físico articula nuestra propia organización mental–, adopta una dinámica totalmente distinta.

Lejos de la idealización del hogar que presentaban Rumbol y Fallon, Daniel Dobarco nos muestra un universo ciberpunk en el cual el espectador se enfrenta a ‘Big Data’, una alegoría del peligro de la tecnología en forma de jefe final de un videojuego.

‘Cruzeta’, de Daniel Dobarco. Fotografía cortesía de Tuesday to Friday.

Para llegar al lugar en el que se encuentra esta némesis, el visitante debe realizar un recorrido físico entre las diferentes obras del artista; un recorrido espacial en el que encontramos numerosas referencias a la arquitectura clásica destruida. Vemos aquí, de nuevo, un contraste entre las formas artísticas más clásicas y las más actualizadas, pues las esculturas realizadas por el artista están hechas de cartón y spray de grafiti, haciendo referencia al propio cartón en el que encontramos envueltos los productos tecnológicos. Presenta, de este modo, unas formas artísticas tradicionalmente consideradas como nobles, pero realizadas con un material muy común, al alcance de todo el público.

Las exposiciones seguirán abiertas al público en la galería hasta el 31 de diciembre, de martes a viernes, como su propio nombre indica.

Tuesday to Friday
Detalle expositivo de ‘Cruzeta’, de Daniel Dobarco. Fotografía cortesía de Tuesday to Friday.

Milagros Pellicer

Pepe Gimeno o el diseño con sonido

‘Grafía cantada’, de Pepe Gimeno y Sonia Megías
Cultura Online
Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)
Museo 2, València
Hasta el 22 de enero de 2021
Martes 10 de noviembre de 2020

¿Puede un elemento gráfico tener sonido? ¿Cómo suena una letra? El diseñador valenciano Pepe Gimeno, recientemente reconocido con el Premio Nacional de Diseño 2020, presenta en el proyecto ‘Cultura Online’ del Consorci de Museus ‘Grafía cantada’, una videopartitura creada junto a la compositora Sonia Megías (Dúa de Pel), en base a su libro ‘Grafía callada’. Se trata de una innovación total en cuanto a creación de partituras, y también en cuanto a diseño gráfico, por lo que se llevó el Premio Oro en la categoría de Motion Graphics por la Asociación de Diseñadores de la Comunitat Valenciana.

La obra, animada por Marta J. Lamsfus y con posproducción de Ricardo Cañizares, pasa de lo gráfico a lo sonoro gracias a una notación musical propia, interpretada por el CoroDelantal, dirigido por Sonia Megías.

La originalidad de esta videopartitura, para coro a tres voces, radica en utilizar a modo de notación el collage en espiral de Pepe Gimeno, hecho con objetos «lavados por el mar», y otorgarles una nueva vida en lo sonoro a través de las voces del coro. La fusión entre la finura del trabajo gráfico junto a lo experimental de los sonidos vocálicos genera una obra de lo más rompedor y vanguardista.

Proyecto de José Luis Miralles. Imagen cortesía del Centre del Carme.

En esta misma línea, ‘Cultura Online’, que puede visitarse también de forma presencial en el Centre del Carme, presenta esta semana otros diez proyectos reunidos bajo el eje ‘Experimentación musical. Paisajes sonoros’.

Este proyecto permite acercar a los públicos nuevas propuestas basadas en la experimentación del sonido, en la búsqueda de interconexiones con otras disciplinas. En estas propuestas hay videopartituras, máquinas musicales, composiciones que provocan experiencias sensoriales al margen del tiempo y del espacio; paisajes sonoros; fusiones y poéticas reflexivas. Objetos confinados que cobran voz en la casa, convertida en tótem salvador.

El proyecto de José Luís Miralles ‘Un experiment sobre Tocatico-Tocatà’ es una propuesta innovadora en formato web interactivo de nueva creación que busca las intersecciones y la experimentación entre arte visual y arte sonoro. Partiendo de una pieza rompedora como fue Tocatico Tocatà del vinarocense Carles Santos, se crea una nueva interpretación on-line en la que el público puede interactuar y experimentar con su propia versión del objeto artístico.

Proyecto de Álex Marco. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Simone Simons y Peter Bosch estrenan en ‘Cultura Online’ su última versión de ‘Acuática’, una propuesta que trata de capturar y mezclar el sonido de burbujas de aire en recipientes llenos de agua. ‘Acuática’ se estrenó en 2019 en CentroCentro, Madrid; en febrero 2020 se desarrolló una segunda versión que funciona de manera autónoma, con solo seis fuentes de sonido. Esta última ‘Acuática’ versión 3, compuesta por 12 fuentes, debía haberse estrenado en ENSEMS 2020.

‘Álex Marco. Minimal Lockdown’ es una playlist de seis composiciones sonoras acompañadas de su respectivo vídeo, la cual genera una experiencia sensorial y audiovisual a través del género ambiental, synth, noise y trance minimal. Las piezas de este proyecto representan un contexto abstracto al margen del tiempo y del espacio. De principio a fin de la sesión (17´00´´), se describen diferentes ambientes que producen sensaciones variables, vulnerables a la interpretación del espectador y del oyente. En las plataformas elegidas para su reproducción, Bandcamp y Youtube, se puede reproducir y descargar todo el contenido de manera pública y gratuita.

Proyecto de ‘Las víctimas civiles’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

El conjunto musical ‘El Diluvi’ presenta varios vídeos realizados durante el confinamiento. Sus componentes estaban separados y no se podían juntar. Aprendieron a gastar los programas de edición de audio y vídeo y crearon estos pequeños recopilatorios, que cada domingo presentaron a sus seguidores para tratar de alegrarles el confinamiento. El Diluvi se define como un grupo de música de folk moderno que fusiona varios estilos musicales, como cumbia, reggae, rumba, folk y música tradicional o de raíz valenciana.

El grupo de música punk-rock valenciano ‘Las Victimas civiles’ presentan varios videoclips ‘Canción total’, de su primer LP  ‘40 años de éxitos del posfranquismo español’ y ‘Todo el mundo lo canta’ y ‘En el umbral’, extraídos de su último EP ‘El auge de la extrema pereza’.  La adaptación musical es colectiva, con la dirección de Pau Miquel Soler. ‘Las Víctimas civiles’ aúna los miembros del grupo de combat-rock Jalea Real (Marc Sempere y Pau Miquel Soler), junto a la poesía de Héctor Arnau, acompañados por Pau Aracil y Toni Blanes y el trompetista, Ernest Aparici.

El trabajo de Andrés Blaco Ramos, Dr.Truna se ha centrado en dos áreas principalmente: creación de nuevos instrumentos y composición de un lenguaje sonoro, musical y visual particular. La posibilidad de multiplicarse o “el don de la ubicuidad” ha sido algo que le fascina desde niño. En el ‘Trio Truna’ que presenta para ‘Cultura Online’ funde la invención sonora, como “luthier-electrónico” y la interacción con imágenes de sí mismo manipulando estos instrumentos/esculturas sonoras creadas por él.

Proyecto de Xavier Mollá i Revert. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Cantar a la casa como totem salvador y purificante; dar sonido al grifo, al armario, al espejo o a la silla. Comunicarse con los objetos cotidianos como quien pertenece a una familia numerosa y multicultural es lo que propone la creadora Alba Murcia en ‘Casa cantada’. Durante el tiempo de confinamiento domiciliario por la COVID-19 Alba Murcia desarrolla un proyecto en el que reflexiona sobre estos objetos a los que “les cantamos para sentirnos menos solos, para protegernos de estos virus universales de la mente, por hastío, aburrimiento o por la simple y llana necesidad de hacer algo con nuestro tiempo encapsulado”.

‘La clau del vent’ de Xavier Mollà i Reverst es un proyecto audiovisual en que imagen, música y voz se funden en un discurso en el cual nuestra sociedad actual y nuestro entorno son los principales protagonistas. El concierto tiene dos partes, la primera aborda el entorno y paisaje, y la segunda el ser humano, pero para el espectador es un concierto continuado donde no hay descansos.

‘A què sona Sorolla?’ es una colección de tres vídeos musicales de la pianista valenciana Marta Espinós rodados en la casa del pintor Joaquín Sorolla de Madrid. La pieza relaciona una selección de repertorio pianístico español con el espíritu y el contenido del universo del pintor valenciano, trazando un paralelismo audiovisual e interdisciplinar.

Proyecto de Neuma. Imagen cortesía del Centre del Carme.

‘Origen’ es un espectáculo multidisciplinar que combina música, movimiento, escenografía, iluminación y voz. Idea original de Neuma (Raquel Díaz, Estela Córcoles, Alejandra Villalobos y Anna Pujol) y dirección escénica de Abel Coll, este espectáculo es una puesta en escena de su álbum ‘Origen’ (2019). Para las creadoras, “‘Origen’ no solamente hay uno. Este es el nuestro. Valor, vitalidad, conexión, energía. Cuatro obras. Cuatro intérpretes. Donde todo empieza.”

‘Cultura Online’ reúne los 100 proyectos seleccionados en la convocatoria #CMCVaCasa del Consorci de Museus con el objetivo de apoyar al sector de las artes visuales y hacer frente a los efectos de paralización de actividad cultural por la COVID-19. Los proyectos se pueden disfrutar a través de la plataforma https://culturaonline.consorcimuseus.gva.es o visitando el Centre del Carme e interactuando con las piezas a través del dispositivo de cultura segura SCR (Safe Culture Revolution).

Pepe Gimeno
Obra de Pepe Gimeno, junto a Sonia Megías. Imagen cortesía del Centre del Carme.

MAKMA

Estampas eróticas a lo japonés

‘El sueño de una noche de primavera’, de Rei Kwk
Lanevera Gallery
Puerto Rico 46, València
Del 5 de noviembre al 11 de diciembre
Lunes 9 de noviembre de 2020

En vidas anteriores tal vez fuera una gheisa, un samurai o un ‘neko’ adorable. Sería una forma de explicar la fascinación que siente Raquel Barberà Fortanet desde que tiene uso de razón por la culura del país de sol naciente. Ahora, a sus 28 años la expresa públicamente en su primera exposición individual como Rei Kwk su seudónimo artístico, ‘El sueño de una noche de primavera’ inaugurada el pasado 5 de noviembre en La Nevera Gallery, abierta hasta el 11 de diciembre.

Japón
Obra de Rei Kwk. Imagen cortesía de Lanevera Gallery.

“De pequeña me atraían mucho las películas de animación y los cómics japoneses y luego su arte y literatura”, dice Barberà, que en la serigrafía ha encontrado una forma de expresión a su medida. “Estudié pintura y dibujo en Bellas Artes pero cuando descubrí la serigrafía me obsesioné. Así como se conoce el origen de la litografía, la serigrafía es un misterio, una creación colectiva en la que participaron a la vez varios países desde Egipto y China a Japón y otros lugares”.

La muestra incluye una veintena de obras de variado formato, algunas de contenido erótico muy explícito, algo habitual en la cultura japonesa de los siglos XVIII y XIX. Su obra se ve fuertemente influenciada por la estampa tradicional japonesa, conocida como Ukiyo-e y más concretamente por el subgénero denominado Shunga, término que significa imágenes de primavera siendo la primavera un eufemismo del acto sexual.

Obra de Rei Kwk. Imagen cortesía de Lanevera Gallery.

En ‘El sueño de una noche de primavera’, Rei Kwk selecciona una serie de serigrafías, impresiones y dibujos procedentes de su proyecto de investigación. Desde una perspectiva feminista, plantea un diálogo entre la cultura oriental y la occidental. Explorando acerca de sus diferencias y similitudes, trata temas como el sexismo dentro de la sociedad contemporánea española y japonesa.

Especializada en serigrafía artística, Rei Kwk proyecta un paralelismo a nivel conceptual pero también técnico. Partiendo de un sistema de estampación tradicional como el katagami-stencil japonés, utilizado como método de estampación para la creación de kimonos, expone un diálogo entre tradición y contemporaneidad.

Obra de Rei Kwk. Imagen cortesía de Lanevera Gallery.

Partidaria de la metodología del intercambio de roles, Rei reinterpreta en algunos de sus trabajos obras del grabado tradicional japonés de autores como Utagawa Kuniyoshi, Tsukioka Yoshitoshi y Katsushika Hokusai, mientras que en otras da rienda suelta a un imaginario propio cultivado a lo largo de sus años de formación y estudio.

Nacida hace 28 años en Castellón de la Plana, Rei se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona y, en 2018 fue becada para realizar el Máster de Obra Gráfica en la Fundación CEIC (Centro Internacional de la Estampa Contemporánea). En el mismo año, constituyó el colectivo artístico RKPK junto al artista valenciano Pablo Kiran. Actualmente, reside y trabaja en València, donde cursa el Máster de Producción Artística de la UPV.

Barberà se nutre en su trabajo de las obras del escritor Juniko Tanizaki, ‘La Llave’ es su título preferido; de los artistas gráficos Toshio Saeku y Suehiro Maruo, y de los cineastas Kaneto Shindo, Kurosawa y Tetsuya Nakashima.

En cuanto a su peculiar seudónimo artístico, Rei Kwk, desvela por primera vez su significado. Rei guarda similitud con Reichel y se usa como  saludo y muestra de respeto en las artes marciales.

La segunda parte procede de las palabras kowai/kawaii que se pueden traducir como miedo, asustadizo y mono, y que ella resume en ‘niña mona que asusta’. Por otra parte, es un homenaje al reputado cineasta Wong Kar-Wai, cuyo acrónimo seria el inverso: WKW. Después de esta explicación no queda duda de que Barberà está muy puesta en la cultura japonesa contemporánea.

Obra de Rei Kwk. Imagen cortesía de Lanevera Gallery.

MAKMA

Mascarillas de por vida

‘Universo confinado’
Comisariada por Eduardo Alcalde, presidente de FUVANE
Colaboran: Fundació Per Amor a l’Art y Fundación Balearia
Nave 0 de Bombas Gens
Avda. Burjassot 54, València
Del 6 de noviembre de 2020 al 24 de enero de 2021
Sábado 7 de noviembre de 2020

Dice el novelista y poeta mallorquín José Carlos Llop que los escritores tienen práctica a la hora de estar confinados: “Hay una parte de nuestra vida que es vida de ermitaño”. Los 26 artistas reunidos en torno a la exposición ‘Universo confinado’, que Bombas Gens acoge hasta el 24 de enero, a buen seguro que suscribirán esas palabras para describir igualmente su solitario trabajo en el estudio. Confinamiento ligado a la experiencia, sin duda más traumática, de los niños aquejados de parálisis cerebral atendidos por la Fundación Valenciana para la Neurorehabilitación (FUVANE).

Eduardo Alcalde, en la presentación de ‘Universo confinado’, en Bombas Gens. Foto: Juan Peiró.

Eduardo Alcalde, presidente de esta Fundación, se ha erigido en puente solidario entre ambos aislamientos, comisariando la muestra que pretende reflejar el tiempo de incerteza en que vivimos a causa del coronavirus. En el fondo, como dijo Fernando Mulas, neuropediatra de FUVANE, “el arte es una forma de expresar lo que uno siente”. Y lo que sienten artistas y pacientes, ligados en esta exposición, es esa soledad aludida por Llop, de la que ‘Universo confinado’ da justa cuenta.

Otro escritor, en este caso del siglo XIX, Guy de Maupassant, describió la trama que viene a unir, paradójicamente, los sucesivos espacios de confinamiento: “Nuestro gran tormento en la vida proviene de que estamos solos y todos nuestros actos y esfuerzos tienden a huir de esa soledad”. La covid-19, sin duda coyuntural, frente a la enfermedad más estructural de la parálisis cerebral, ha venido a recordarnos que somos seres frágiles, precisamente a los que se dirigen cada una de las 26 obras reunidas en la Nave 0 de Bombas Gens.

Gran parte de los artistas presentes en la exposición ‘Universo confinado’, en Bombas Gens. Foto: Juan Peiró.

La nómina de artistas ya es garantía de éxito, no tanto vinculado con lo que por tal cosa se entiende en la sociedad del espectáculo, como por aquello que decía Bécquer de que la soledad era muy hermosa, cuando se tenía alguien a quien decírselo. Y los 26 artistas de ‘Universo confinado’, si han hecho su obra de mil amores, es porque en el fondo sabían que en sus creaciones latía una soledad que ansiaban compartir.

De manera que ahí están Cristina Alabau, Uiso Alemany, Vicente Alonso, María Aranguren, Juan Barberá, Carmen Calvo, Victoria Cano, Calo Carratalá, Javier Chapa, Vicente Colom, Martín Forés, Fanny Galera, Lupe Godoy, Helga Grollo, Carmen Michavila, Nacho Murillo, Pablo Noguera, Juan Olivares, Vicente Peris, Willy Ramos, Toni Sánchez, José Sanleón, Francisco Sebastián Nicolau, Horacio Silva, Rubén Tortosa y José María Yturralde, reciente Premio Nacional de Artes Plásticas, convocado por el Ministerio de Cultura y dotado con 30.000 euros.

‘Hiperrectángulo’, obra de José María Yturralde, en la presentación de ‘Universo confinado’, en Bombas Gens. Foto: Juan Peiró.

Artistas todos ellos hermanados por la causa que les propuso Alcalde: pintar y ceder sus obras en beneficio de FUVANE, que destinará la venta de la exposición a recaudar dinero para el tratamiento de la enfermedad objeto de la Fundación. El hilo conductor propuesto fue la mascarilla, prenda inesperada en nuestra vestimenta cotidiana que ha adquirido lamentable protagonismo, y un marco que la contuviera con estas muy precisas medidas: 55 x 46. “Aunque no sirve para mucho dar esas medidas, tratándose de artistas, la verdad es que se han portado bastante bien”, apuntó el comisario.

El resultado ha sido un amplio rosario de obras en diversas formas y estilos (abstracción, pop art, realismo), con la mascarilla a modo de tocata y fuga plástica. A veces la mascarilla se reconoce a primera vista y en otras ocasiones apenas sirve como excusa para hablar de ese confinamiento, que ha alterado la vida confortable de los ciudadanos de la sociedad del bienestar. Mascarillas, por ejemplo, en forma de ‘Hiperrectángulo’, con la que Yturralde echa mano del gato de Schrödinger, vivo y muerto a la vez, para referirse igualmente al coronavirus que aparece y desaparece, “una forma cuántica de describirlo”, señala en su escrito que acompaña la pieza.

Obra de Victoria Cano, en la exposición ‘Universo confinado’, por cortesía de FUVANE.

Alcalde dijo que se lo había pedido a todos (un texto explicativo), pero que, una vez más, los artistas han ido por libre y algunos han preferido que fuera la obra por sí sola la que hablara. Yturralde se animó incluso a lanzar un mensaje lapidario: “La máscara imposible que es y no es simboliza aquí nuestra ignorancia y o saber actual”. Victoria Cano, en tono más poético, señala en su obra titulada ‘Latidos de anverso y reverso’: “Ellos vigilan el entorno que nos narran, una ciudad [Valencia] donde su cartografía es un corazón silenciado y donde viendo o mirando a través de las ventanas, se dibujan reflejos…”.

Obra de Calo Carratalá, en la exposición ‘Universo confinado’, por cortesía de FUVANE.

Calo Carratalá transita igualmente la senda tenebrosa del confinamiento por culpa de la covid-19, aunque convendría retirar la culpa y poner a causa de, ya que el virus carece de conciencia, para dejarnos este pensamiento: “Su imagen [la del árbol Baobab que preside su obra y que se halla amenazado de vida en África] no deja de ser una reflexión sobre las anormalidades que estamos viviendo”. Su mascarilla, de riguroso azul quirúrgico, acompañando al Baobab, dice Carratalá que “parasita nuestros paisajes como nuevo residuo humano”.

Obra de Vicente Colom, en la exposición ‘Universo confinado’, por cortesía de FUVANE.

Vicente Colom huye del terror para mostrar en su dibujo a pluma con tinta china, titulado ‘Siempre podemos contar con ellos’, la “paz y amor” que ha visto en el comportamiento, a veces suicida, de los equipos médicos que han participado en esta pandemia. “Cuando vi a los servicios médicos haciendo con sacos de basura sus elementos de protección…no pude soportarlo”, dice en su escrito, mientras una pareja se mira angustiada cara a cara tras sus máscaras de plástico, en una imagen de un blanco y negro sobrecogedor.

Obra de Horacio Silva, en la exposición ‘Universo confinado’, por cortesía e FUVANE.

Sebastián Nicolau se pregunta en ‘Professional mask over reflections’, pieza de aluminio y cordón sobre metacrilato, una vez aceptado que los reflejos vienen falseados por su inversión, “¿qué nos queda si ocultamos la mitad?”, refiriéndose a lo que se pierde de nosotros tras la mascarilla que solo deja ver parte de nuestra cara. Más lírico, Horacio Silva, en ‘Como lluvia ácida’, alude al “aislamiento obligadamente concertado”, apenas “alterado por las luces intermitentes reflejadas en las paredes, transmitiendo trágicas noticias, dolor. Mientras la esperanza…espera, espera…”.

Toni Sánchez, al igual que hace Colom, pero en un estilo Lichtenstein más depurado, se refiere a los ‘Héroes’ en su acrílico sobre lienzo, “un homenaje a los auténticos héroes de la pandemia, que lo han dado todo por atender más allá de lo razonable a todos los enfermos de Covid-19”. Y así sucesivamente en cada una de las obras de los 26 artistas, ellos también ofreciendo generosamente su arte para vincular su soledad con la de los niños enfermos de parálisis cerebral, en tiempos de incerteza. Fundación Balearia, que colabora junto a la Fundació Per Amor a l’Art en la exposición ‘Universo confinado’, hará que la muestra vaya después a Denia, Mallorca, Menorca e Ibiza.

Vida
Obra de Toni Sánchez, en la exposición ‘Universo confinado’, por cortesía de FUVANE.

Salva Torres  

La geometría intuitiva de Ana H. del Amo

‘A tres tiempos’, de Ana H. del Amo
Set Espai d’Art
Plaza del Miracle del Mocadoret 4, València
Hasta el 28 de noviembre
Viernes 6 de noviembre de 2020

La artista Ana H. del Amo, que ya ha expuesto en numerosas ocasiones en Set Espai d’Art, ha retornado el pasado septiembre a la galería para presentar su trabajo ‘A tres tiempos‘. La exposición –que hubo participado en la reciente edición de Abierto València (organizado por LAVAC) y que permancerá abierta al público hasta el 28 de noviembre– sigue la línea geométrica que se puede observar a lo largo de su trayectoria artística.

Ana H. del Amo juega con forma y color, líneas y volúmenes, para crear composiciones intuitivas que rompen todo tipo de preconcepciones. La protagonista de esta exposición es, sin embargo, la textura. Del Amo ha decidido colaborar, por primera vez, con artesanos extremeños. Ha combinado, así, cestería, carpintería y hierro, tres técnicas artesanas a las que, como nos cuenta Reyes Martínez, directora de Set Espai d’Art, debe su título la exposición: ‘A tres tiempos’. “Tiene que ver con esos tiempos, con esas manos que han participado en la obra”, explica Reyes. Ana H. del Amo pone en valor, de este modo, el trabajo de los artesanos.

Vista general de la exposición. Fotografía cortesía de Set Espai d’Art.

Las obras de Ana se alejan y se acercan, a su vez, a la simetría, y entablan un diálogo entre razón e intuición que se materializa en unas construcciones formales esencialmente geométricas que, a simple vista, no respetan la lógica matemática: así sorprende la artista al espectador.

Mediante la combinación de diversas figuras, Ana H. del Amo se balancea entre geometría y abstracción. Pretende mostrar en ella un sinfín de posibilidades que nos ofrecen las formas más puras y sencillas sin perder la rudeza de los materiales originales. Vemos, así, en su obra, la madera cruda, los patrones de la cestería trenzada e incluso las bisagras que dotan de movimiento a algunas de sus obras escultóricas, hecho que rompe con los esquemas preestablecidos.

El comisario y periodista cultural Guillermo Espinosa, a través de una lectura transversal de la historia del arte, afirma que la obra de Ana H. del Amo remite a la herencia de la tercera ola feminista. Ana, como ya hicieron otras artistas como Lygia Pape, Anne Truitt o Susan Collis, rompe con la tradición artística, enlaza pintura y escultura y plantea formas inconcebibles, pero, a su vez, muy cercanas. Sus obras se enmarcan, por lo tanto, en la línea de la pintura y escultura expandidas, son obras que no muestran límites en cuanto a materiales ni formato, algo que podemos ver en la siguiente pieza:

Obra de Ana H. del Amo. Fotografía cortesía de Set Espai d’Art.

En ella, la sombra que la materia proyecta en la pared, genera nuevas formas geométricas que se agolpan, gracias a un contraste lumínico, creando un efecto óptico que amplía la propia dimensión de la obra. Ana busca la ruptura novedosa en la cotidianeidad tradicional, alejándose tanto de las tradiciones previamente establecidas como de la tecnología propia de nuestros días; es una artista de taller.

La exposición contiene, además, una serie de bocetos preparatorios que han terminado por cobrar identidad propia. Ana H. del Amo considera su actividad artística como un proceso lúdico, en el que poco a poco van surgiendo nuevas ideas. Para este proyecto, sin embargo, ha debido realizar diversos bocetos, ya que debía indicar a los artesanos qué piezas realizar.

Estos bocetos han sido manipulados por ella misma hasta el punto de llegar a conformar una especie de décollage, en el que podemos ver la idea original de la pieza encargada, partes de la misma recortadas y figuras geométricas realizadas con ceras de colores superpuestas a las primeras. Estos bocetos suponen, por lo tanto, nuevas obras tridimensionales.

Bocetos de Ana H. del Amo presentes en la exposición. Fotografía cortesía de Set Espai d’Art.

A pesar de los encargos realizados por los artesanos, la mano de la artista está muy presente en su obra. En todo momento, el espectador es consciente de que esa obra ha sido realizada a mano: tiras de madera a mitad pintar, una línea recta interrumpida por otra figura, grapas y juntas al descubierto o la textura no uniforme de la pintura, son algunos de los recursos que Ana H. del Amo emplea en sus obras y que recuerdan constantemente al público que detrás de esas figuras que rozan la abstracción hay una mano humana.

Ana H. del Amo recibió, entre otras, la beca Academia de España en Roma, por pintura (2005), y la beca de la Fundación Pollock-Krasner de Nueva York (2019). Es una artista joven reconocida tanto a nivel nacional como internacional y varias de sus obras forman ya parte de las colecciones permanentes de instituciones como el Centro de Arte Contemporáneo Piramidon o la Colección NOCA PAPER.

Ha ganado diversos premios como el Premio de adquisición DKV Estampa 2016, el Premio Noca Paper 2016 o el Premio Adquisición Convocatoria de Artes Plásticas y Fotografía 2011 de la Diputación de Alicante. El presente proyecto ha sido posible gracias a las Ayudas a Artistas Visuales de la Junta de Extremadura (2018) y, posteriormente, será llevado a un espacio institucional en Cáceres.

Milagros Pellicer