Ciclo del inquietante Joseph Losey

Ciclo Joseph Losey
IVAC La Filmoteca
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Inauguración: Martes 3 de octubre de 2017, a las 18.00 y 20.00h

El Institut Valencià de Cultura ha organizado en la Filmoteca un ciclo sobre el cineasta norteamericano Joseph Losey, que se inaugura el martes 3 de octubre con la proyección de ‘La larga noche’ (1951), y a las 20.00 horas, de ‘El merodeador’ (1951).

El merodeador, de Joseph Losey. Imagen cortesía de La Filmoteca.

El merodeador, de Joseph Losey. Imagen cortesía de La Filmoteca.

Organizado en colaboración con el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y la Filmoteca Española, el ciclo presenta algunos de los títulos más destacados de la filmografía de Joseph Losey (Wisconsin, 1909 – Londres, 1984), un director clave de las décadas de los sesenta y setenta que debió trabajar en Europa tras ser perseguido por la caza de brujas de McCarthy.

Accident, de Joseph Losey. Imagen cortesía de La Filmoteca.

Accidente, de Joseph Losey. Imagen cortesía de La Filmoteca.

El ciclo incluye películas como ‘El muchacho de los cabellos verdes’ (1948), ‘El forajido’ (1950), ‘La larga noche’ (1951), ‘El tigre dormido’ (1954), ‘La clave del enigma’ (1959), ‘El criminal’ (1960), ‘Eva’ (1962), ‘El sirviente’ (1963), ‘Rey y patria’ (1964), ‘Modesty Blaise’ (1966), ‘Accidente’ (1967), ‘Ceremonia secreta’ (1968), ‘El mensajero’ (1970), ‘Caza humana’ (1970), ‘Galileo’ (1975), ‘Una inglesa romántica’ (1975), ‘El otro señor Klein’ (1976) y ‘Don Giovanni’ (1979).

El mensajero, de Joeph Losey. Imagen cortesía de La Filmoteca.

El mensajero, de Joeph Losey. Imagen cortesía de La Filmoteca.

Joseph Losey representó durante tres décadas la máxima expresión del denominado ‘cine de autor’ o ‘de arte y ensayo’ con obras como ‘El sirviente’, ‘Accidente’ o ‘El mensajero’, tres clásicos del cine británico de los años sesenta con guión del dramaturgo y premio Nobel Harold Pinter. Antes de convertirse en una figura preeminente del cine de autor europeo, vivió la compleja situación que afectó a tantos represaliados en la caza de brujas emprendida en Hollywood a partir de 1947.

Su obra se divide en tres periodos: el inicial en el cine estadounidense hasta principios de los años cincuenta, el prestigio alcanzado en Inglaterra en los sesenta y setenta, y una última etapa más itinerante que le llevó a trabajar bajo producción italiana, francesa y española.

El sirviente, de Joseph Losey. Imagen cortesía de La Filmoteca.

El sirviente, de Joseph Losey. Imagen cortesía de La Filmoteca.

Albatexas con el cine en valencià

Campaña ‘El cinema, en valencià!’
Albatexas Cinemes
Jueves 14 de septiembre de 2017

La Diputación de Valencia ha mostrado su apoyo a la campaña ‘El cinema, en valencià!’, promovida por la Plataforma per la Llengua al País Valencià. Una iniciativa que nace con el propósito de concienciar a la ciudadanía sobre la necesidad de impulsar producciones cinematográficas y el doblaje de películas en la lengua propia. El acto, celebrado en las instalaciones de Albatexas Cinemes –antiguo cine Albatros de València– contó con la participación de la vicepresidenta de la corporación provincial, Maria Josep Amigó, quien calificó esta iniciativa de “muy necesaria”, dado que “se trata de un sector con mucho margen de mejora y donde queda mucho trabajo por hacer para que nuestra lengua esté presente en las salas de cine y en las diferentes plataformas de acceso a contenidos audiovisuales”.

De izda a dcha, José Luis Moreno, Maria Josep Amigó. Fotografía: Raquel Abulaila por cortesía de la Diputación de Valencia.

De izda a dcha, José Luis Moreno, Manuel Carceller, Maria Josep Amigó y Neus Mestres. Fotografía: Raquel Abulaila por cortesía de la Diputación de Valencia.

Amigó invitó a los consistorios a adherirse a la moción promovida por la propia Plataforma per la Llengua para que los ayuntamientos apoyen explícitamente al cine en valenciano. Un texto donde se recuerda que el doblaje y la subtitulación de películas en valenciano “es ínfimo”, y que la lengua propia se encuentra “en clara desventaja” en este sector en relación con otras lenguas.

Por su parte, el delegado de la Plataforma per la Llengua en la Comunitat Valenciana, Manuel Carceller, expresó que esta campaña lo que reivindica es que “los espectadores puedan ver, con normalidad, películas en el cine o a través de otros canales, como el DVD o el alquiler por Internet, en valenciano. Así como poder escoger películas en versión en valenciano –dobladas, subtituladas o en versión original– en igualdad de condiciones respecto a las que se proyectan en versión española”.

Representantes institucionales durante la presentación de la campaña 'El cinema en valencià! en los cines Albatexas.

Representantes institucionales durante la presentación de la campaña ‘El cinema en valencià! en los cines Albatexas. Imagen cortesía de los organizadores.

En una línea muy similar se manifestó Neus Mestres, directora de la Plataforma per la Llengua, quien reivindicó “acabar con el desierto lingüístico del valenciano en el campo audiovisual”, además de abogar por disponer “de la libertad de escoger la versión en valenciano de los contenidos audiovisuales en igualdad de condiciones respecto a otros espectadores”.

Entre las acciones que conforman la campaña ‘El cinema, en valencià!’ destaca una exposición itinerante que recorrerá diferentes municipios valencianos dirigida a la producción cinematográfica en lengua propia, que tiene por objetivo explicar la situación de la lengua en el ámbito cinematográfico y audiovisual, además de repartir materiales gráficos que reivindican el uso del valenciano en el cine. Asimismo, con el fin de difundir mensajes de concienciación lingüística a través de Internet y las redes sociales se ha habilitado la web www.elvalenciaalcinema.cat, con todos los datos y diferentes propuestas.

Presentación de la campaña 'El cinema, en valencià!, en los cines Albatexas.

Presentación de la campaña ‘El cinema, en valencià!, en los cines Albatexas. Fotografía de Raquel Abulaila por cortesía de la Diputación de Valencia.

En paralelo, la campaña también inicia sinergias y colaboraciones con el propósito de trabajar en favor del cine en valenciano. Este es el caso de la plataforma Filmin, la cual representa el primer portal digital de distribución de cine y series de televisión íntegramente en valenciano, entre otros muchos contenidos y géneros.
También dedica esfuerzos a la promoción y exhibición de cine en valenciano las diferentes salas del Albatexas Cinemes, un proyecto puesto en marcha el pasado mes de marzo de la mano del director y realizador Ventura Pons.

El gerente de estas salas en València, Josevi Marco, consideró que la campaña ‘El cinema, en valencià!’ constituye una iniciativa “fundamental” dada “la situación que vive el sector en la Comunitat Valenciana, donde resulta muy difícil encontrar cine en valenciano, ya sea en versión original o subtitulado. Esta iniciativa resulta bienvenida por nuestra parte para mejorar esta situación e intentar que el público valenciano pueda disfrutar de los contenidos audiovisuales en su lengua”.

Fotograma de 'Moonlight'.

Fotograma de ‘Moonlight’, película programada en la Filmoteca d’Estiu 2017 en versión original con subtítulos en valencià.

Los medios de transporte, protagonistas de cine

Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Del 16 al 23 de septiembre de 2017

El Institut Valencià de Cultura inicia una nueva temporada de la Filmoteca en València programando un ciclo de cuatro películas en las que diferentes medios de transporte cobran protagonismo. Organizado en colaboración con el Ayuntamiento de València, este breve ciclo se enmarca dentro de las actividades de la Semana de la Movilidad Sostenible, que se celebra del 16 al 23 de septiembre.

Fotograma de 'Alicia en las ciudades', de Wim Wenders.  Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘Alicia en las ciudades’, de Wim Wenders. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

El ciclo incluye la ‘road movie’ ‘Alicia en las ciudades’ (1974), del alemán Wim Wenders, y ‘Tráfico’ (1971), de Jacques Tati, dos películas que tratan el tema del  automóvil desde perspectivas muy distintas. En el caso, de ‘Noche en la tierra’ (1991), de Jim Jarmusch, el protagonista es el taxi y las historias que se desarrollan en su interior. El ciclo se completa con ‘Ladrón de bicicletas’ (1948), de Vittorio de Sica, un clásico del neorrealismo italiano en el que la bicicleta ocupa un lugar principal en la historia.

Fotograma de 'Ladrón de bicicletas', de Vittorio de Sica. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia

Fotograma de ‘Ladrón de bicicletas’, de Vittorio de Sica. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia

La Filmoteca inicia sus proyecciones el viernes 15 de septiembre con tres películas de este ciclo relacionado con la movilidad sostenible: ‘Noche en la tierra’ (18.00 h), ‘Tráfico’ (20.30 h) y ‘Ladrón de bicicletas’ (22.30 h). El sábado 16, a las 18.00 horas, se recupera el ciclo sobre las mejores películas de 2016 con ‘La llegada’ del canadiense Denis Villeneuve, una singular producción de ciencia ficción que ha figurado en las nominaciones de los principales premios cinematográficos del año y que está protagonizada por Amy Adams, Jeremy Renner y Forest Whitaker.

Fotograma de 'Noche en la tierra', de Jim Jarmusch. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘Noche en la tierra’, de Jim Jarmusch. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

El director adjunto de Audiovisuales y Cinematografía del Institut Valencià de Cultura, José Luis Moreno, ha señalado que “en la programación de esta nueva temporada de la Filmoteca en València incluimos los tradicionales ciclos de cine clásico y contemporáneo, pero también acogemos la celebración de festivales importantes para la ciudad de València como Mostra Viva del Mediterrani y El Festival de Mediometrajes La Cabina, que apuestan por el cine valenciano y en valenciano”.

Fotograma de Tráfico, de Jacques Tati. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Fotograma de Tráfico, de Jacques Tati. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Los intensos ecos de ‘Las uvas de la ira’

Las uvas de la ira. Ecos de la Filmoteca d’Estiu
Jardines del Palau de la Música de Valencia
Antiguo cauce del Túria
De julio a septiembre de 2017

La Filmoteca d’Estiu organizó un ciclo que fusionaba el compromiso de la propia institución con la difusión del patrimonio cinematográfico y la cultura contemporánea. Las obras proyectadas son metrajes galardonados y de gran calidad, tanto visual como auditiva. Este evento estival comenzó con la presentación de El acorazado Potemkin,(1925) obra del conocido director soviético Sergei Eisenstein y concluyó con Moonlight (2016) de Barry Jenkins.

Dentro del compendio de obras que forman parte de esta iniciativa, centraremos la atención en Las uvas de la ira (1940), obra del consagrado director John Ford (1894-1973). La gran vigencia del film se esconde en la temática, la cual, aunque pueda parecer exógena a nuestros problemas actuales, si agudizamos nuestras capacidad crítica descubriremos con una sonrisa amarga que no dista tanto.

Fotograma de 'Las uvas de la ira', de John Ford. Filmoteca d'Estiu

Fotograma de ‘Las uvas de la ira’, de John Ford. Filmoteca d’Estiu

El núcleo central de la trama radica en la presentación de una sociedad americana arruinada por la absorción de los trabajos campestres por maquinaria, destruyendo todo tipo de artesanía y  propiedad de los cultivos. Ante esta situación devastadora, la familia Joad, como otras tantas, decide emprender un nuevo camino, hacia un destino más alentador en California, lugar atribuido a grandes oportunidades laborales.

Como hilo conductor de esta héjira encontramos al personaje de Tom Joad (Henry Fonda), hijo pródigo de la familia, quien tras su estancia en la cárcel, por homicidio, retorna al hogar familiar para encontrarse la más absoluta soledad. En este punto, Ford pone en antecedentes al espectador, quien puede relacionar la situación con la Segunda Gran Migración Americana, momento en el que se establecen rutas migratorias alternativas entre ciudades como Oklahoma y California entre otras, con la intención de resurgir de sus propias cenizas.

Este rasgo pone de manifiesto que nos encontramos ante un director versado y de alguna manera comprometido con su país, mostrando la más cruda de las miserias, y la valentía de quienes parten hacia lo desconocido, a pesar de los sinsabores, prueba de ello serán los innumerables tropiezos que la familia sufre a lo largo del viaje.

Fotograma de 'Las uvas de la ira', de John Ford. Filmoteca d'Estiu

Fotograma de ‘Las uvas de la ira’, de John Ford. Filmoteca d’Estiu

Si reparamos en los efectos que aportan mayor información, encontramos una encrucijada de caminos, en los que la capacidad de elegir bien o mal, marcará tu destino. Esta primera parada denota cierto carácter esotérico y atávico. Más adelante, encontramos la presencia de la noche y su viento fantasmagórico acompañado de luces y sombras, será aquí cuando el espectador descubre que algo no va bien. Este tipo de recursos aporta cierto misterio y vincula la escena normalmente a situaciones de desgracia, o sobre naturales.

Tampoco podemos olvidar las innumerables menciones a la comida, como algo extraordinario y casi inalcanzable. Esta ensoñación y referencia contínua a los alimentos, recuerda a las miniaturas medievales en las que los campesinos soñaban con comida, lo que denotaba y denota una sociedad con recursos económicos limitados, viéndose afectada su propia subsistencia. Esta alusión a los recursos económicos reaparece a lo largo de todo el film. Otro recurso estilístico primordial será la utilización de primeros planos, sobre todo en las conversaciones entre madre e hijo, aportando mayor dramatismo.

Fotograma de 'Las uvas de la ira', de John Ford. Filmoteca d'Estiu.

Fotograma de ‘Las uvas de la ira’, de John Ford. Filmoteca d’Estiu.

Será simbólica las tretas ideológicas, con la aparición de trabajadores abocados a la necesidad de un sustento, aunque con condiciones pésimas, y los huelguistas, quienes no están dispuestos a venderse por nada, defienden su derecho a huelga y su reivindicación de un cambio para un futuro mejor y más equitativo. Este dilema rondará la cabeza del personaje principal, constantemente, quien pasa de un bando a otro, poniendo de manifiesto lo importante que resulta conocer las dos caras de una misma moneda, para posicionar la propia opinión.

Uno de los momentos de más sutileza e intimidad será la despedida final entre madre e hijo, con claras reminiscencias religiosas, ya que el hijo abandona el núcleo familiar por el bien de la misma, y se sacrifica para salvarlos. El rostro de angustia de Ma Joad (Jane Darwell) se contrapone con la mirada serena del hijo quien, como Cristo, cumple una función redentora y liberadora.

Obra de Dorothea Lange, alusiva a la Gran Depresión americana referida en 'Las uvas de la ira'.

Obra de Dorothea Lange, alusiva a la Gran Depresión americana referida en ‘Las uvas de la ira’.

A modo de conclusión, aludiremos a las vinculaciones directas o indirectas de los rasgos que podemos apreciar a lo largo del film. En primer lugar, la aparición de paisajes tenebrosos, el predominio de escenas de nocturnidad que recuerdan a pinturas del expresionismo alemán, creando ambientes lúgubres. En segundo lugar, la dureza de los rostros y la situación de una sociedad deprimida nos transportan a las desgarradoras fotografías de Dorothea Lange.  En tercer lugar, presenta una clara influencia de films Western dirigidos por el mismo director, como es es el caso de La diligencia, donde la vigencia de la huida forma parte del entramado principal. La última alusión será a la sociedad actual, en la que debida a la carencia laboral juvenil, la emigración se convierte en la busca de la gallina de los huevos de oro, y nada más lejos de la realidad, porque muchos antes partieron valientemente en busca de un futuro mejor.

Tras todo lo expuesto anteriormente, podemos sacar en claro que nos encontramos ante una obra de arte de una calidad extrema, tratando temas de plena actualidad, aunque el contexto no sea el mismo. Por tanto, la elección de la proyección del metraje fue un completo acierto, traduciéndose así en la gran cantidad de asistentes de todas las edades a la proyección.

Fotograma de 'Las uvas de la ira', de John Ford. Filmoteca d'Estiu

Fotograma de ‘Las uvas de la ira’, de John Ford. Filmoteca d’Estiu

Victoria Herrera Lluch

El cuento de la criada: el presente en el futuro

El cuento de la criada. The Handmaid´s Tale (TV Series)
Adaptación de la novela homónima de Margaret Atwood
Año 2017
Directores: Reed Morano, Mike Barker, Kete Dennie, Floria Sigismondi, Kari Skogland
Guión: Bruce Miller, IIene Chaiken
Música: Adam Taylor
Fotografía: Colin Watkinson
Productora: Emitida por Hulu; MGM Televisión. HBO España
Reparto: Elizabeth Moss (Offred,La criada) Joseph Fiennes ( El comandante Waterford), Max Minghella ( Nick, El ojo), Yvonne Strahovski ( Serena Joy, La esposa), Alexis Bledel (Ofglen ), Ann Dowd ( Tía Lydia), O.T. Fagbenle ( Luke), Samira Wiley ( Moira)

El sociólogo Jesús Ibáñez afirmaba que la ciencia-ficción “es el dispositivo más potente para predecir futuros sociales”. Unas predicciones fundadas en la especulación de ciertas condiciones existentes en la realidad presente, ya que las sociedades futuras de los relatos de la ciencia-ficción sólo adquieren interés si el futuro representado proyecta la realidad presente. La ciencia ficción se pregunta en su reflexión especulativa qué futuro contiene nuestro presente.

Elizabeth Moss, protagonista de la serie 'El cuento de la criada'.

Elizabeth Moss, protagonista de la serie ‘El cuento de la criada’.

La serie de televisión ‘El cuento de la criada’, emitida por la cadena HBO, adaptación de la novela homónima de Margaret Atwood escrita en 1985, es, como señala Jesús Ibáñez,  “una reflexión del presente sobre sí mismo en el espejo del futuro”. ‘El cuento de la criada’, sea en su versión literaria como televisiva, muestra con intensa creatividad la capacidad especulativa de un relato de ciencia-ficción.

‘El cuento de la criada’, como la mayoría de los relatos actuales de ciencia-ficción, proyecta una sociedad futura que está cercana no sólo en el tiempo y en el espacio a nuestro presente, sino también en las proposiciones problemáticas origen de la historia. El tiempo futuro coincide con nuestro presente -la historia narrada se desarrolla a finales del siglo XX y principios del XXI en Estados Unidos- y el suceso primordial causante del nacimiento de esa sociedad teocrática y absolutista, llamada Gilead, es de debate contemporáneo: la caída de natalidad en los países denominados desarrollados y occidentales. Y, como consecuencia, la reflexión acerca de las causas y los efectos.

Fotograma de la serie 'El cuento de la criada'.

Fotograma de la serie ‘El cuento de la criada’.

Por una parte, nombra algunas causas planteadas en los debates, tales como la infertilidad debido a la contaminación atmosférica, alimenticia producida por los residuos nucleares, por los productos químicos como insecticidas, herbicidas, pulverizadores, situación laboral de las mujeres, relativismo y permivisidad de las relaciones sexo-género; y, por otra, cita algunos de los efectos generados por el desarrollo científico para paliar dicha crisis, como las técnicas de reproducción artificial y las madres de alquiler propuestas en la clínicas de fertilidad asistida.

La escritora Margeret Atwood, que ha particiapado como guionista y asesora de la serie, plantea el origen de esa sociedad antiutópica  en la crisis de la natalidad -“una era de caída en picado del índice de la natalidad caucasiano”-, y muestra en un fuera de campo, muy visible, las causas y los efectos de esa crisis de natalidad en los mismos terminos arriba citados.

La novela de Atwood es terrorificamente presente, ya que no necesita presentar otros mundos, sino remitirse a estos conflictos que están ocurriendo en el nuestro y plantear hacia dónde iremos, si seguimos por este camino.

Fotograma de la serie 'El cuento de la criada'.

Fotograma de la serie ‘El cuento de la criada’.

Y Atwood imagina el estado de Gilead. Un estado surgido tras un golpe militar llevado a cabo por “la organización secreta Hijos de Jacob Pro Tanques, sobre la cual se fundó la filosofía y la estructura de Gilead”. Un regimen teócratico absolutista basado en el Antiguo Testamento, cuyo único objetivo es erradicar la infertilidad que está arrasando a la humanidad hasta su posible exterminación.

Para ello, el regimen totalitario y puritano de Gilead prohibe todas aquellas costumbres y valores existentes en el anterior régimen consideradas como causas de la esterilidad; vuelve a una férrea división de los valores masculinos y femeninos, de tal modo que el hombre ocupa los espacios públicos y las mujeres el espacio privado, el hogar, y estructura a la población femenina en tres estractos sociales diferenciados por los colores de sus vestimentas: las esposas de los comandantes, dirigentes del régimen, visten de azul pálido; las Marthas, encargadas de las tareas del hogar, de verde opaco, y las criadas, mujeres fértiles cuya función esencial es dar a luz a los posibles ciudadanos de Gilead, de rojo. Un régimen donde las mujeres han perdido no sólo todos los derechos, sino hasta su propio nombre. El hogar y la maternidad son los estados sagrados de las mujeres.

‘El cuento de la criada’, como excelente novela y serie de ciencia-ficción, nos hace pensar qué presente contiene esa sociedad futura posible y probable que crea Margaret Atwood. Y hay mucho  presente en la novela de Atwood: desde las estructuras sociales y políticas de las sociedades teocráticas islámicas, hasta el nuevo pensamiento neofeminista con su proclamación laudatoria a la maternidad, la lactancia y el parto natural, etc…

El cuento de la criada

Elizabeth Moss en ‘El cuento de la criada’.

Begoña Siles

La niebla y la doncella: amores que matan

La niebla y la doncella, de Andrés Koppel
Cines Kinépolis de Valencia
Festival de Cine Antonio Ferrandis de Paterna
Agosto de 2017

Después de haber visto verdaderas obras maestras en nuestro cine negro como ‘La Isla mínima’ (Alberto Rodríguez), ‘Tarde para la Ira’ (Raúl Arévalo), ‘No habrá paz para los malvados’ (Enrique Urbizu) y ‘Qué Dios nos perdone’ (Rodrigo Sorogoyen), las expectativas se disparan automáticamente cada vez que un thriller asoma el hocico en nuestra cartelera, pero como todo en la vida, una buena racha se puede acabar.

‘La niebla y la doncella’, de Andrés Koppel, tenía muchos puntos a su favor: la firma de un escritor galardonado con un Premio Planeta por ‘La marca del meridiano’ (2012) y un Nadal por ‘El alquimista impaciente’ (2000), como es el madrileño Lorenzo Silva. Un elenco de lujo, de los que son seña de calidad: Quim Gutiérrez, Verónica Echegui, Roberto Álamo y Aura Garrido. Por último, estábamos ante una saga muy exitosa de libros, algo que por lo menos asegura la asistencia de cientos de fans. El problema es que el filme se pierde.

Fotograma de La niebla y la doncella, de Andrés Koppel.

Fotograma de La niebla y la doncella, de Andrés Koppel.

No estoy aquí para criticar la historia, ni el modo de narrar de su director, de hecho me encuentro con Koppel y con Silva en los Cines Kinépolis de Paterna justo al terminar el visionado y todavía con las sensaciones encontradas después de ese final. Estrecho la mano del director, al que le encargaron esta película para desvirgarlo en los largometrajes y que se encuentra muy excitado. Le digo que me ha gustado y me sonríe, más comedido está Lorenzo Silva, que da el contrapunto a la charla, pues cuenta las cosas con calma y serenidad; Koppel es un torbellino.

La película trata de un crimen en un lugar pequeño y precioso, donde la mentira es parte de la trama. “Tanto en la novela como en la película la gente miente cuando habla y una cosa es lo que la gente siente, lo que realmente le está pasando, y otra es cómo lo interpretan y entienden la realidad de lo que realmente ha pasado. Cuando a ella le pasa lo que le pasa, lo que están contando ellos que creen que ha pasado, ellos entienden que ha pasado y ¿es realmente lo que ha pasado? Y es algo de la investigación policial realmente terrible, porque como no tengas una máquina del tiempo…”, comenta Koppel sin que me deje casi encender la grabadora.

Koppel deja paso a Silva, que con más templanza desarrolla lo que el director intenta decirnos en este galimatías de palabras. “Hay un momento en que desaparecen todos los testigos -explica Silva con su penetrante voz-,  desaparecen todos los vestigios, la gente se calla. Porque hay una inercia de que las historias criminales clásicas, o bien aparece la prueba irrefutable, o bien los cómplices confiesan, y la realidad es que confesar, confiesa muy poca gente. Y en cuanto alguien aprende que si tú no confiesas en el juicio no vale -Silva hace un gesto de resignación- al final las historias criminales navegan a la hora de establecer conclusiones en un territorio de incertidumbre, de hipótesis”.

Fotograma de 'La niebla y la doncella', de Andrés Koppel.

Fotograma de ‘La niebla y la doncella’, de Andrés Koppel.

No hemos entrado todavía en materia, solo soslayamos la película, porque todo lo que cuenta puede estar trillado, pero no por ello deja de funcionar. Silva prosigue haciendo hincapié en la falsedad de la gente de la isla, en el teatro que se monta allí para encubrir, para proteger, tal vez por miedo. “El gran problema de los personajes (los protagonistas) es que se encuentran con una comedia, la gente está representando un papel de principio a fin, incluso preparan escenas. La primera de la película es una comedia con un solo espectador, está todo preparado para engañar a ese espectador”, señala el escritor.

Aunque se trata de un asesinato, todo está envuelto en un halo de amor prohibido, de amor consentido y de atracción, todo ello se nota a lo largo del filme. “Son dos historias de amor y es la única vez en toda la serie de este personaje, donde el investigador se siente ofuscado por una mujer en la investigación, y que le nubla la vista en muchos sentidos. Si quieres entender el motor criminal de la película, sin destripar nada, está un sentimiento amoroso que hace que la gente haga cosas que supuestamente no debe hacer”, sentencia el literato.

Evidentemente el reto lo tenía por delante Andrés Koppel, porque era su primera película, ya sabemos lo que puede penalizar pinchar en tu ópera prima en este país, y en segundo término, porque estaba ante la adaptación de un libro de éxito con cientos de adeptos. ¿Eso daría mayor vértigo al canario? “Todo lo contrario -responde sereno Koppel-, siempre que los espectadores comprendan que es la película que me inspira su lectura. Yo como lector de Lorenzo Silva me he inspirado para hacer una película (…) es la película que entiendo que hay dentro”.

Fotograma de 'La niebla y la doncella', de Andrés Koppel.

Fotograma de ‘La niebla y la doncella’, de Andrés Koppel.

Y continúa: “Cuando me ofrecieron el proyecto, yo me había leído la novela ya, y me había pasado lo que a ti te había pasado antes [al principio de la charla les comenté que el giro del filme al final del segundo acto me descolocó por completo], dices, ¡hostia!, aparte, la frase que sale en la película es la que estaba en la novela, casi lo conté de la misma forma. Si tienes una emoción cuando empiezas un proyecto, es todo mucho más sencillo, lo que me había gustado era la relación de Vila y Anglada, teniendo eso sabía que tenía película. Había una película ahí. Y a partir de ahí había muchos temas que explora Lorenzo, entre otros el de la madre, que es lo que te pasa cuando matan a tu hijo. Quizás el tema más obvio de todos. Yo tengo un hijo, me matan a un hijo y no sé muy bien, no sé si la justicia me va a servir”, termina el director con esa reflexión y la mirada chispeante.

Si hay algo en la película que me gustó, que me pareció muy certero, fue la sobriedad de Vila, la autenticidad de los personajes, sin la necesidad de gabardinas, malos gestos o cigarrillos por doquier. Quim Gutiérrez está muy contenido, se lo comento al director que asiente con satisfacción, parece que he dado en una de las cosas que pretendían transmitir. “Soy un hombre que me gusta la contención -revela Koppel, aunque no parece contenido en sus gestos-. Son gente (los investigadores) que imagino necesitan esa contención para poder investigar”.

La niebla y la doncella, de Andrés Koppel.

La niebla y la doncella, de Andrés Koppel.

“Hay una cosa que Andrés vio muy bien -cuenta Silva-, y Quim, que es un creador de personajes, también vio. Que es que cuando tú investigas un homicidio, con una muerte trágica, con lo cual manejas material sensible, tienes que ir con cuidado para que no se sepa lo que sabes. Para no herir a quien puede tener la emoción más a flor de piel y eso te impone ser una persona comedida, cuidadosa, una persona que marca las distancias, analítica y tiene que hacerlo con aquellas personas que te van a decir la verdad. Las personas que están en el ajo del crimen no te van a decir nunca la verdad, pero hay personas que sí te pueden decir la verdad, pero hay que darles confianza y no se les da pegando voces o acorralando a nadie, así no se da confianza, hay que generar espacios”.

Estamos llegando al final de la entrevista con algunos temas sobre la mesa; con frialdad les pregunto por la mala acogida de la película en el Festival de Málaga y Koppel tuerce el gesto. Está claro que aquello marca un punto de inflexión, tanto es así que deciden remontar la duración de los diálogos, reduciéndolos, y hasta la música. Sin duda, las pésimas críticas en Málaga pueden dañar la repercusión y recorrido del filme, pero no nos llevemos a engaño: la película es entretenida. Al despedirme, Koppel me vuelve a preguntar si de verdad me ha gustado o lo digo por decir; le comento que sí, que me ha gustado, que está claro que hay que valorarla como una ópera prima y que no se puede comparar, por ejemplo, con ‘La Isla mínima’. Sonríe y se marcha. Desconozco si satisfecho con mi contestación o pensando en cómo va a reaccionar la taquilla.

Como siempre, me quedo con esa sensación grata de conocer a directores de cine, poder hablar con ellos y encontrar en su óptica el punto de vista que me ha faltado para poder hablar con mayor propiedad. Una vez más hay que agradecer a el Festival Antonio Ferrandis de Paterna su entrega y cariño, sin ellos nada de esto podríamos hacer.

Fotograma de 'La niebla y la doncella', de Andrés Koppel.

Fotograma de ‘La niebla y la doncella’, de Andrés Koppel.

Javier Caro

“Los adolescentes son los últimos mutantes”

‘Verónica’, de Paco Plaza
Festival Antonio Ferrandis de Paterna
Cines Kinépolis de Valencia
Agosto de 2017

La primera vez que vi a Paco Plaza en persona estaba comiéndose unos churros en Fallas, era el 2015, y le sorprendió que me acercará a darle la mano. Nos hicimos una foto juntos y le di las gracias por ‘REC’. Ahora estaba delante mío, sentado en un sofá esperando mis preguntas, por descontado no le comenté nada que nuestro primer y mísero encuentro. Llegaba a Valencia con una película, ‘Verónica’, que en clave de terror recorre el miedo de una joven en la adolescencia.

Para este filme Plaza coge un caso real, el caso Vallecas, para componer un nuevo puzzle lleno de matices, terrores y estética noventera. La historia del caso Vallecas ha hecho correr ríos de tinta y ha llenado horas en las tertulias de los amantes de lo paranormal. Ha sido, pues, el perfecto cuento patrio de posesión, nuestra pequeña Linda Blair cañí.

Fotograma de 'Verónica', de Paco Plaza.

Fotograma de ‘Verónica’, de Paco Plaza.

Paco Plaza y Enrique López Lavigne son dos almas inteligentes, saben que hoy en día necesitamos un buen anzuelo, y ¿cuál mejor que el caso de posesión más conocido de España? Aun así, ambos han huido de caer en una biografía detallada del suceso. “Lavigne me propuso la idea de trabajar en el famoso Caso Vallecas, cuya diferencia con los demás casos es que existe un atestado policial en el que un inspector afirma haber sido testigo de primera mano de fenómenos paranormales, y esto hace que sea absolutamente único y paradigmático en la historia de lo paranormal en España. Este enganche era lo que nos servía para empezar a fabular una historia, que era realmente lo que quería explicar sobre el tránsito de la infancia a la adolescencia, porque los adolescentes son los últimos mutantes”, explica el director.

“Hay un momento en tu vida en el que te empiezan a salir pelos por sitios extraños, empiezas a hablar con una voz que no es la tuya, tu cuerpo empieza a expulsar líquidos, empiezas a sentir cosas que son desconocidas. Y en el caso de una chica como Verónica, se agrava con el hecho de que el mundo a su alrededor no la mira de la misma manera (…) especialmente cuando pasan el trauma de la menstruación donde te dicen: mira, ya eres una mujer, y es como, sin saber exactamente qué significa eso, la pubertad te arranca de cuajo de la infancia. Estás expulsado del paraíso”, añade.

La película narra la historia de una joven, Verónica, que juega a la Quija con sus amigas en el colegio en un fatídico día de eclipse; aquello no debería pasar de una simple chiquillada, pero a partir de ahí se suceden episodios extraños en su casa. Con esta premisa, podríamos pensar en cualquier filme barato de sobremesa, una película más en la cartera de los yanquis que nos lo cuelan con sus caserones, su sheriff de poca monta o sus efectos apabullantes.

Fotograma de 'Verónica', de Paco Plaza.

Fotograma de ‘Verónica’, de Paco Plaza.

Pero ‘Verónica’ no es una baratija gringa, es una película rodada en España y eso se nota en todo. Es la España preolímpica y que se asomaba al mundo, es una España muy fielmente reflejada, incluso tiene banda sonora de Héroes del Silencio, un referente generacional que con una simple canción te coloca en el año justo, bandanas y chalecos incluidos.

“En el año 91, era lo único que se oía. Fue una explosión. Luego aparecen por mi amistad con Enrique Bunbury y por mi admiración por Héroes, que para mií es el primer grupo, y quizás el último, en aunar un sonido muy internacional con una manera de explicar y cantar profundamente autóctona”. Es cierto que las letras de Héroes, con sus intrigas y enigmas, casaban de maravilla con la historia; por fin una banda utilizaba ese lenguaje. “Me inspira mucho Bunbury y para esta película Héroes es una inspiración, en intentar hacer algo que no pierde las raíces en ningún momento (…) Héroes comparte con Becquer ciertas tradición romántica española, que a día de hoy llamaríamos Emo. Un gusto por el gótico, por lo siniestro, por lo oscuro, pero desde una aproximación un poco pop que me parecía perfecto”.

Fotograma de 'Verónica', de Paco Plaza.

Fotograma de ‘Verónica’, de Paco Plaza.

La historia real, como cualquiera que se ha contado mil veces, se va transformando. La gente, testigos o no, va dándole, tal vez sin querer, otra forma y otro tono. Paco Plaza se basó más en el expediente policial que en las habladurías. “Nos documentamos, leímos y escuchamos; todos los protagonistas del suceso han tenido horas de radio y televisión. Estuvimos mucho tiempo escuchando lo que decían. Nuestra decisión final fue ceñirnos al expediente policial, y a partir de ahí elaborar una ficción. No tuvimos especial contacto con ninguno de los implicados”, sentencia Plaza.

A parte de Héroes, la música de la película está muy presente y es casi un personaje más, no podemos obviarla en ningún momento. Bebe de los amenazantes sintetizadores del Giallo de los ochenta y se sumerge en bases muy actuales como la banda sonora (impecable) de ‘It Follows’ (David Robert Mitchell, 2014). Paco se extraña cuando le menciono a Fulci, pero no iba del todo desencaminado. “Para preparar la película vi mucho Mario Bava, que es uno de mis directores favoritos de esa etapa; hay una influencia Giallo muy clara en la película. La música recuerda a la que hacía Goblin para las películas de Argento, quería que la película tuviera ese sabor porque nos dimos cuenta documentándonos de que en lo que nuestra cabeza son los noventa, estéticamente son los setenta”.

“Cuando ves fotos de tu familia del año 90 o 91 -continúa Plaza- de repente no te cuadra, porque para ti el 91 es Kurt Cobain, es el año que se hizo ‘Reservoir Dogs’ (Quentin Tarantino, 1992), y te parece que fue antes de ayer, pero ha pasado una eternidad, es que lo ves y no te puedes creer las hombreras (…) incluso los vehículos no habían cambiado tanto: los de los años noventa eran muy similares a los de los años setenta, eran más rectangulares”.

Paco Plaza (izda), entrevistado por Javier Caro.

Paco Plaza (izda), entrevistado por Javier Caro.

Pero no es solo eso. La película también es un viaje sin red ni casco, a la década de Curro y Cobi, era como volver a aquellos años, como si mi prima, que era y es fan de Héroes, y que se compraba la Super Pop, y en aquella época tendría la edad de Verónica, estuviera ahí. Yo apenas tenía nueve años, pero recuerdo muchas cosas: la casa de la poseída es una oda a aquél momento sin tuiter ni móviles.

“Fue una labor muy amorosa del equipo de arte -comenta Paco rememorando aquellos maravillosos años-; el despertador de la gallina es el que tenía mi hermana, el walkman, los walkie talkies son exactamente los que tenía el director de arte cuando era pequeño. Pedimos a todo el equipo que nos dieran fotos de esos años; íbamos detectando la vajilla duralex (…) trabajamos con muchos meses de antelación con el director de arte, Juan Alvariño, y se pudo hacer esa labor, la Popular 1 con la portada de Héroes del Silencio”.

El filme es un continuo homenaje a nuestra cultura popular y en esa ensalada no podían faltar los niños, que bordan sus papeles con una verosimilitud desbordante, siendo una película de terror y, por fin, no es un clásico americano o de la Hammer, sino un clásico, y ¡vaya clásico!, del cine español, como ‘Quién puede matar a un niño’ (1976) del inefable Chicho Ibáñez Serrador.

Fotograma de 'Verónica', de Paco Plaza.

Fotograma de ‘Verónica’, de Paco Plaza.

Mención aparte merece la actriz Sandra Escacena, que debuta en este filme y que demuestra una solvencia increíble, haciendo que nos sintamos dentro de su vida, en este retrato costumbrista, cuidando de sus hermanos, ayudándoles con los deberes o bañándolos mientras su madre, una contenida Ana Torrent, tiene que trabajar horas y horas en un bar.

“El reto fue encontrarla -dice Plaza orgulloso de su descubrimiento-. Vimos 800 niñas pero en cuanto la vimos a ella estábamos muy seguros de haber acertado, porque tiene una madurez, una inteligencia, una sensibilidad, que transmite con la mirada; la cámara la adora. Pudimos trabajar con ella y con los otros niños esa complicidad”.

Verónica te hará sufrir y te pondrá en guardia. Quizás estemos ante la película de terror del año, y no digo española, digo de terror. Y, como siempre, hay que darles las gracias al Festival Antonio Ferrandis de Paterna porque sigan trayendo el cine a València. ¡Gracias Pau y Eva!

Javier Caro

“Dirigir Cinema Jove lo veía como algo quimérico”

Entrevista a Carlos Madrid
Director del Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 23 de junio al 1 de julio de 2017

Hace unas semanas terminaba la 32 edición de Cinema Jove, una edición marcada por el cambio de director y todo lo que ello suele conllevar. Podríamos hablar en el presente artículo de la interesante ganadora ‘The Wound’ (John Trengove, 2017) o del cortometraje que se alzó victorioso ‘Submarine’ (Mounia Akl, 2016). También podríamos hablar de Pablo Trapero, Premio Luna de València, y la retrospectiva de su carrera (necesaria), pero de todo eso estoy seguro de que ya han hablado, discutido y seguro que opinado en otros lugares. Nosotros haremos otra cosa.

Me siento con Carlos Madrid (1982), recién llegado de Barcelona, ese chico que hasta hace dos días obraba, junto a su equipo, el milagro de crear un festival de mediometrajes, La Cabina, que trascendía (por fin) las fronteras de la provincia. El lugar elegido era una cafetería de Nuevo Centro en Valencia. La charla, aunque durante unos minutos versó alrededor de esta edición y su compleja realización, se centró en el propio Carlos Madrid, un joven que hacía malabares con un presupuesto exiguo para La Cabina, pero que todo el mundo admiraba y conocía, en parte por ese presupuesto que manejaba.

Inolvidable, por citar algo, fue el cartel de Paula Bonet y cómo la gente lo arrancaba de las paredes (puro fenómeno fan) de la ciudad. Esos detalles ya hablan de un festival grande. Carlos ahora tenía un reto: dirigir el festival con mayor presupuesto de la Comunitat Valenciana y el referente de la ciudad. Madrid coge aire antes de hacer una valoración superficial y personal de cómo había ido este primer año con él a la cabeza.

Carlos Madrid. Fotografía: Fernando Ruiz.

Carlos Madrid. Fotografía: Fernando Ruiz.

“Para ser una primera edición y haber dispuesto de este tiempo, la verdad es que ha sido una edición muy difícil pero bastante satisfactoria por mi parte. Creo que las secciones oficiales han tenido mucha calidad, hemos visto mucha gente por las salas. Como toda primera vez de cada persona, toca mucho aprendizaje, bueno, nunca se deja de aprender, pero sobre todo estas primeras veces. Creo que toca mejorar en varios aspectos, pero creo que nos podemos sentir bastante satisfechos”, explica el director de festival.

Me imagino a Carlos Madrid los días previos a la decisión de marcharse a Cinema Jove, asumiendo la enorme responsabilidad que se le venía encima.  Sorbe su granizado de limón, le da una vuelta con la pajita y se dispone a contestar: “Creo que intentando que la cosa no te abrume, considerando todo lo que es, como un trabajo de mucha responsabilidad, con mucha gente pendiente de ti, no solo el equipo, sino la institución, la prensa, los espectadores y la industria valenciana de cine”

Y continúa: “Entonces sientes que hay más ojos mirándote y ese shock a veces se acrecienta, pero es verdad que si te lo tomas como un trabajo e intentando organizarte las cosas, todo se va sobrellevando (…) intentas no dejarte nada, aunque inevitablemente te dejas cosas por hacer, gente con la que hablar; yo de cualquier forma intento tomármelo con tranquilidad, y todo lo que no haya podido hacer en esta primera edición, hacerlo en la segunda”, sentencia acabándose su vaso.

Carlos Madrid es el vivo retrato de cientos de chavales que van a los festivales de cine y en algún momento fantasean con hacer algo más, con mostrar al mundo las grandezas del séptimo arte. Madrid comenzó como todos, pero su sueño fue tomando forma hasta convertirse en realidad, lo que demuestra que con trabajo y esfuerzo, a veces, más de las que creemos, los sueños se   pueden materializar.

Pero, antes de seguir, debemos saber si en realidad éste era uno de sus sueños: “Yo no lo habría imaginado nunca, hasta que los últimos meses del año pasado empezaron a salir nombres y ya me comunicaron que habían pensado en mí. Este festival es al que iba de adolescente, cuando a la edad de 15 años cogía el metro siete días seguidos desde Godella para ver cuatro o cinco sesiones de cortos y largos, y lo que me echaran. Es una sensación rara, porque no es algo que me esperara, ni que creyera que fuera en principio para mí. Otra cosa es que, con los años, de La Cabina haya aprendido algo de este oficio, pero era una cosa casi quimérica”, apunta Carlos.

Carlos Madrid. Imagen cortesía del autor.

Carlos Madrid. Imagen cortesía del autor.

A los que nos gusta el cine, los festivales son parte de nuestra persona. “Supongo que eran parte de mi mundo como espectador, tanto Cinema Jove como La Mostra. En cuanto a festivales, hasta hace seis años no había salido de Valencia, pero luego comencé a ir por Europa para ver un poco más y aprender”, señala Madrid.

Me sorprende su confesión de que la verdadera mecha para parir La Cabina no fuera Cinema Jove, aunque fuera uno de los azuzadores, pero no la chispa. “El festival que tuvo influencia en que poco después comenzara con La Cabina fue L´Observatori, un festival de investigación artística y música de València que ya desapareció en 2012, y que gracias a su director, Blanco Añón, y su equipo, propició que me iniciara en este mundillo”, subraya.

Es una lástima que los buenos festivales, como las buenas personas, nos dejen, pero la vida es así y por lo menos allí se gestó la semilla de un festival que llama a las puertas de los grandes y en el cual, este año por primera vez, Carlos Madrid ya no estará. Las sensaciones deben ser contradictorias, porque al tiempo que La Cabina cumple diez años, él no la dirigirá.

“Bien es cierto que no he sabido ponerle nombre a esa sensación, porque desde que empecé con Cinema Jove he estado muy metido en lo que trabajo. Sí que es cierto que es una sensación agridulce y supongo que me llegará cuando arranque La Cabina en el mes de noviembre y sea un mero espectador. Intento pensar más en la parte dulce que en la agria y le deseo toda la suerte del mundo a Sara [Mansanet] y su equipo”. Sin más, nos despedimos. Carlos Madrid coge su bici y yo me marcho al autobús. Porque, como ya he dicho, a veces los sueños, con mucho trabajo, se pueden cumplir.

Javier Caro

Todos queríamos matar al presidente, en Marsella

Todos queríamos matar al presidente, de Ana Ramón Rubio y Miguel Cañizares
Webserie seleccionada para el Marseille Web Fest
Octubre de 2017

El festival de webseries más prestigioso del mundo, Marseille Web Fest, ha seleccionado la ficción española ‘Todos queríamos matar al presidente’ en su sección oficial a concurso en su 7ª edición. Escrita y dirigida por Ana Ramón Rubio (creadora y directora de la valenciana ‘Sin Vida Propia’) y Miguel Cañizares, productor de la misma, son los responsables de esta nueva webserie. Un thriller cómico que reúne a gran parte de los actores de la antigua ‘Sin Vida Propia’ que los llevó por los festivales de webseries de Estados Unidos, Australia, Canadá, Europa y Asia. Marsella, la capital mundial de las webseries, recibe 450 solicitudes anuales.

El Festival de webseries de Marsella es el más importante de este formato. Presidido por Jean Michel Albert, desde su creación en 2011 ha promovido el desarrollo de la industria digital y su adaptación al cambio tecnológico. Únicamente 21 ficciones de todo el mundo competirán este año en el festival de las más de 450 recibidas.

Ana Ramón Rubio durante el rodaje de 'Todos queríamos matar al presidente'. Imagen cortesía de la productora.

Ana Ramón Rubio durante el rodaje de ‘Todos queríamos matar al presidente’. Imagen cortesía de la productora.

“Es para nosotros un increíble honor estrenar en Marsella. Marseille web fest es, más que un festival, toda una experiencia para cualquier creador” afirma Ana Ramón Rubio, directora del proyecto. “Sabíamos que no era fácil, porque el festival recibe cientos de inscripciones cada año, pero estrenar ahí la serie es todo un lujo”.

La directora de la serie, Ana Ramón Rubio y los dos actores protagonistas, Ana Caldas y Fede Rey, visitarán la ciudad francesa en octubre de 2017 para presentar la serie. ‘Todos queríamos matar al presidente’ es un proyecto que nace del germen de ‘Sin Vida Propia’, webserie valenciana financiada por crowdfunding (micromecenazgo) que se alzó con los premios a Mejor Webserie Extranjera en Vancouver web fest, mejor Dirección en Rome Web Awards, Mejor comedia de habla no inglesa en el festival de webseries de Los Angeles (LA web fest) o Mejor Guión en el Austin Web Fest de Texas.

Fotograma de 'Todos queríamos matar al presidente'. Imagen cortesía de la productora.

Fotograma de ‘Todos queríamos matar al presidente’. Imagen cortesía de la productora.

Reuniendo a prácticamente todos los actores y actrices de la misma y a gran parte del equipo técnico, la productora ha saltado de la comedia a la intriga. Cuenta la historia de un grupo de trabajadores de un catering que recibe la inesperada visita de Alfonso Martínez de Ochoa, presidente de un hipotético partido político corrupto, conocido por sus escándalos, sus excesos y su vida nocturna. Tras bromear con envenenarle la comida, el presidente aparecerá muerto en extrañas circunstancias a la mañana siguiente.

La intérprete sevillana Ana Caldas (After Party, Carmina) y el actor madrileño Jaime Reynolds (Luciérnagas, Cuéntame) son los protagonistas de esta comedia con toques de novela negra que se estrenará internacionalmente en Marsella en octubre. Completan el reparto Fede Rey, María Albiñana, Joan Manuel Gurillo, Irene Olmos y Jordi Marquina, quienes ya participaron en la antigua ‘Sin Vida Propia’.

La webserie se presentará en el Marseille Web Fest en octubre y, a partir de ahí, comenzará su circuito de festivales con el objetivo de dar la vuelta al mundo, como el anterior proyecto que realizaron juntos.

Todos querían matar al presidente.

Fotograma de ‘Todos queríamos matar al presidente’. Imagen cortesía de la productora.

Humanizar al animal, deshumanizar al hombre

La guerra del planeta de los simios
Matt Reeves
EEUU, 2017

‘La guerra del planeta de los simios’ es el título de una película de ciencia ficción. En concreto, la última película de la trilogía, junto a ‘Origen’ (2011) y ‘El amanecer’ (2014), que compone  la pre secuela de la saga ‘El planeta de los simios’ (1968), basada en la novela homónima de Pierre Boulle.

La ciencia ficción es un genero idóneo para la especulación reflexiva. En principio, y en sus inicios, científica, pero también filosófica, social, política, psíquica. Una especulación reflexiva, sin ninguna coerción política, moral o religiosa, para recrear sociedades futuras, mundos posibles. Unos mundos posibles y futuros que contemplan nuestro presente desde una perspectiva utópica, distópica, entrópica o ucrónica.

La ciencia ficción no construye mundos futuros, representa el presente distorsionado por la mirada crítica. Como comentaba la escritora de ciencia ficción Tanith Lee, en su relato ‘El amor se altera’, “no es sólo el futuro lo que se somete a juicio, sino también el presente. Al fin y al cabo, ayer, hoy era mañana”.

Fotograma de 'La guerra del planeta de los simios', de Matt Reeves.

Fotograma de ‘La guerra del planeta de los simios’, de Matt Reeves.

La ciencia ficción es un género híbrido, no sólo porque  conjuga con otros géneros -la comedia, la tragedia, el thriller ciberpunk-, sino porque, además, su nominación combina ciencia y arte. Las películas, al igual que las novelas, deben articular, como señala el sociólogo Jesús Ibáñez, “un arranque teoremático” –por objetivo y pensado- y un “desarrollo problemático” –por subjetivo y vivido por unos personajes-.

El origen de la historia  debe surgir de un conflicto de base científica, técnica o  racional que el tratamiento  desarrollará mostrando los efectos en los habitantes de esos mundo posibles. El conflicto no puede surgir de otros axiomas que no sean de carácter tecno-científico y racional. Y no podría ser de otro modo, ya que el género de la ciencia-ficción “hunde sus raíces  en la triada fundamental: razón, ciencia y tecnología”, como afirma Sunsan Sontag.

El género de ciencia ficción nace auspiciado por el paradigma de la modernidad. Un metarrelato sustentado en el progreso tecno-científico y en el pensamiento racional como principios de emancipación. Sólo cuando se hizo palpable la revolución industrial y el cambio político en Europa y en Norteamérica -la revolución francesa y la norteamericana- se puede hablar de ciencia-ficción. De tal modo, que la primera novela considerada de este género fue publicada en 1818: ‘Frankenstein: el Prometeo moderno’, de Mary Shelley.

Fotograma de 'La guerra del planeta de los simios', de Matt Reeves.

Fotograma de ‘La guerra del planeta de los simios’, de Matt Reeves.

Viva los simios, abajo los humanos

‘La guerra del planeta de los simios’ tiene su origen en un axioma científico: el descubrimiento de un virus para curar la enfermedad del Alzheimer, tal y como se muestra en la primera película de la trilogía de la precuela ‘Origen’. Un origen que desencadena unos efectos tanto para aquellos simios utilizados como cobayas, como para los humanos. Los simios, tras las pruebas del virus, desarrollan una inteligencia semejante a la humana, mientras los humanos van perdiendo aquellas aptitudes cognitivas que le distinguían de los animales, como el habla, hasta morir.

‘Origen’ y ‘Amanecer’, las películas previas a ‘La guerra del planeta de los simios’, muestran las consecuencias nefastas de la ciencia médica y la lucha por la supervivencia de las dos especies, simios y humanos, en el planeta tierra. Presentación y desarrollo, respectivamente, y desenlace ‘La guerra en el planeta de los simios’, si seguimos la estructura clásica de Aristóteles.

‘La guerra en el planeta de los simios’ orienta, ya desde el título,  el desenlace de esa lucha por la supervivencia: la derrota de los humanos y el vencimiento de los simios. El planeta tierra será ya dominado y denominado por los simios. Una trágica, siniestra y, por tanto, angustiosa realidad, que descubrirá Charlton Heston en el último plano de  ‘El planeta de los simios’.

Fotograma de 'La guerra del planeta de los simios', de Matt Reeves.

Fotograma de ‘La guerra del planeta de los simios’, de Matt Reeves.

Además, el título deja en evidencia el punto de vista de la narración tanto de manera literal, como alegórico. A nivel literal, la historia está mostrada, sentida, mirada, tanto metafóricamente, como literalmente, desde los ojos de los simios y, más concretamente, desde los ojos del héroe César. El héroe que liberara a su pueblo de la tiranía, explotación de los humanos, hasta dirigirlos al paraíso terrenal. Un espacio de naturaleza idílica y sin humanos,  a excepción de una niña muda y angelical, totalmente identificada con los simios. Metáfora de esa madre naturaleza pura y dócil que será ahora el planeta tierra, sin las presencia de humanos.

A nivel alegórico, todos los valores éticos y comportamientos considerados humanos, como la bondad, la compasión, el respeto a la vida y a la muerte, a la estructura familiar, la solidaridad, el humor, la sensibilidad, el habla, la racionalidad, etcétera, los sustentan los simios; en cambio, los humanos son dominados por todas las pasiones más bajas, por la irracionalidad, por la falta de moral, como expone el protagonista humano, el coronel. Un coronel dibujado a semejanza  del coronel Kurtz de ‘Apocalypse Now’, de Francis Ford Coppola.

‘La guerra del planeta de los simios’ no se aleja, en este sentido, de la deriva de ciertos relatos de ciencia ficción actuales que tienden a plasmar en sus historias una ideología animalista y antihumanista. Sólo recordar ‘Avatar’, de James Cameron. y ‘Distrito 9’, de Neil Blomkamp, ambas estrenadas en 2009, como corolario de esta cuestionable deriva.

Fotograma de 'La guerra del planeta de los simios', de Matt Reeves.

Fotograma de ‘La guerra del planeta de los simios’, de Matt Reeves.

Begoña Siles