El artista en aislamiento (II): ÓS GAT

#MAKMAEntrevistas | El artista en asilamiento (II)
Ós Gat
Miércoles 27 de mayo de 2020

Un día más es un día menos. Así, aunque cada vez parece estar más cerca la puerta de salida, el aislamiento ha puesto en nuestro interior todo tipo de sensaciones y emociones que hierven con más intensidad a cada día que pasa. Estas sensaciones no son más que respuestas que muchas veces no sabemos o no somos capaces de descodificar. Y no es de extrañar: la fascinación de vivir una hiperrealidad ha hecho olvidarnos de nuestra realidad interior, que muchas veces pide ser escuchada.

Y ¿qué mejor forma de descifrar estos mensajes que el arte, acostumbrado a deambular entre nuestras preocupaciones y tratar de darles forma y sentido? Para ello, desde Makma, nos hemos puesto en contacto con Ós Gat, una joven ilustradora valenciana de 21 años, estudiante de Bellas Artes, que bajo su seudónimo realiza un arte muy personal e intimista que está triunfando en las redes sociales.

Después de la primera entrega de ‘El artista en aislamiento‘ en el que explorábamos el mito del artista que trabaja encerrado en su estudio, nos sentamos a charlar telemáticamente con la joven ilustradora para ver cómo es su actividad creadora y cuáles son sus reflexiones acerca del arte.

‘Tirachinas’, de Ós Gat.

La figura de Ós Gat nació en la calle realizando graffitis por los rincones de Valencia y, aunque hoy se dedique al arte digital, añora sus inicios como artista urbana en los que su estudio no estaba encerrado entre cuatro paredes, ya que, como asegura, es una experiencia totalmente diferente: “tienes otros tiempos, a veces tienes que ser rápida, no es como estar en casa, que te puedes tomar las cosas con calma. Además, hay muchos factores externos que intervienen en el proceso de una forma u otra, como el tiempo, la superficie, la gente, etc. Pero al final eso es lo que lo hace interesante y diferente, no lo tienes todo tan controlado y los resultados son muy diversos.”

A día de hoy acostumbra a trabajar en la intimidad de su habitación, lugar donde se siente más cómoda y a gusto para liberar sus pensamientos y sentimientos, confirmando el mito del artista que se aisla en su estudio refugiándose del mundanal ruído. En este sentido, el confinamiento por el que atravesamos no le ha supuesto ningún obstáculo para continuar con sus ilustraciones.

Sin embargo, sí que ha incidido en ellas, al causar ciertas sensaciones en el interior de la artista: “Al principio me generó un poco de ansiedad, me agobiaba sobretodo la incertidumbre de no saber qué iba a pasar. Luego se fue pasando esa sensación de angustia, pero la incertidumbre sigue ahí. En mis ilustraciones casi siempre se refleja cómo me siento, y de una forma u otra, en las que he ido realizando desde que empezó la cuarentena se puede apreciar esto.”

‘Apretada’, de Ós Gat.

En sus dibujos resaltan los colores pastel sobre un fondo blanco y el uso de metáforas, frases hechas y juegos de palabras, de forma que simpatizan y conectan fácilmente con el público. Así, ha creado todo un universo onírico donde conviven humanos, plantas y animales, que a veces se entremezclan originando criaturas fantásticas, manifestando la relación orgánica entre el ser humano y la naturaleza.

Las cariñosas formas y colores seducen rápidamente al espectador que, al realizar una segunda lectura, se topa con un mensaje crítico, algunas veces directo y conciso, pero otras sutilmente sugerido que, junto con los recursos textuales, impregnan las ilustraciones con tintes poéticos. El feminismo se alza como uno de los pilares fundamentales de su obra, en la que constantemente cuestiona los roles de género y los estereotipos establecidos. Así, muchas veces, encontramos personajes transgénero o andróginos que invitan a un debate sobre el concepto de identidad.

‘Crece’, de Ós Gat.

Pero también reflexiona acerca de la identidad propia: la reivindicación del amor propio como mujer se hace presente en todas las ilustraciones. “Es fundamental incluir el feminismo en el arte, no solo por la visibilización que da, sino también por el hecho de ocupar espacios donde hasta hace relativamente poco no se han podido tratar estos temas y se ha invisibilizado a las mujeres”, asegura. “Hay que reclamar los espacios que se nos han negado durante años.”

‘8M’, de Ós Gat.

El ecologismo, la relación del ser humano y su entorno, es otro de los temas que trata la artista. Considera que “hay que ser críticos con los problemas que sufrimos hoy en día, y el arte es una buena forma de darles voz y visibilidad.” Sin embargo, tammbién esclarece que la protesta en el arte no es una obligación: “no todo el arte debe tener esa función, el arte por el arte, simplemente la función estética y otras temáticas no reivindicativas me parecen perfectamente válidas y las disfruto igual.”

En este sentido, antes que por su reivindicación, las ilustraciones de Ós Gat destacan por la expresividad de sus pensamientos y emociones. Ella misma nos explica: “considero que mi obra sí debe tener el compromiso de ser consecuente con los temas que creo importantes, y por tanto verse reflejados en ella. Pero puede que sea porque las ilustraciones que hago son muy personales y mi manera de pensar va implícita en ellas.”

Sus ilustraciones son un espejo, un espejo del alma en el que la artista cristaliza sus pensamientos y esculpe su ámbito emocional con absoluta sinceridad. “En ellas pretendo representar emociones y sentimientos, reivindicando su expresión de manera pública en una sociedad que nos priva de mostrarnos tal y como somos.”

‘Rapada’, de Ós Gat.

Muchas veces, por miedo al que dirán, tendemos a guardar nuestros sentimientos y emociones en nuestro interior, como si se tratasen de un objeto viejo preciado del que no queremos deshacernos, pero no encontramos un lugar para él, dejándolo arrinconado acumulando polvo. De alguna forma, Ós Gat, a través de sus ilustraciones, les quita el polvo y los ilumina, encontrándoles un sitio donde exponerlos. Y es que el aislamiento emocional, con el paso del tiempo, resulta más violento que el aislamiento físico.

Porque no hay duda que el arte es un lenguaje, incluso uno de los más eficaces a la hora de expresar los sentimientos y emociones y así lo testifica la joven ilustradora: “me permite expresarme de una forma que, de no ser así, a veces no sabría cómo verbalizarlo.”

‘Siempre bien’, de Ós Gat.

A través de sus obras, la ilustradora realiza un profundo ejercicio de introspección. Coloca la oreja en su vientre, corazón y cabeza, y se escucha a sí misma; voltea los ojos hacia dentro y se observa. Y después de un viaje navegando por sus entrañas, vuelve al lápiz para plasmar aquello que ha visto y escuchado.

El arte es casi una excusa para poder expresarse y conocerse, incluso, nos comenta: “No me gusta definir lo que hago como arte, me parece un poco pretencioso. Aún estoy formándome y aprendiendo.” Aunque prácticamente nadie dudaría de su cualidad artística, la obra de Ós Gat destaca por la honestidad y la fidelidad consigo misma que desprende.

‘Discomfort zone’, de Ós Gat.

Probablemente, la búsqueda de sinceridad que transmite ha hecho que su obra goce de gran popularidad en una red social como instagram. Y es que ¿hay algo más auténtico que ser fiel a uno mismo? “Mi intención a la hora de hacer las ilustraciones es expresarme. Son para mí, y luego las comparto. Era así al principio cuando no las veía nadie y lo es también ahora.”

Pau Tronch.

Segrelles y su influencia en la ilustración americana

MAKMAArtistas | José Segrelles Albert
Jueves 21 de mayo de 2020

De su habilidad con el lápiz y una fascinante imaginación dio muestras desde muy pequeño, consiguiendo con estas dotes y facilidad natural numerosos reconocimientos y premios que lo llevaron a instalarse en Nueva York (1929 a 1932), donde alcanzó el reconocimiento internacional y donde su obra gozó del respeto y admiración de público, crítica o editoriales, dejando una visible influencia en artistas posteriores.

Encontramos las primeras influencias una década después, en los autores de las míticas portadas de las revistas pulp de ciencia ficción de los años 40. De esta primera generación de artistas influenciados por Segrelles destacamos a:

A. R. Tilburne (1887-1965), autor de la portada de la famosa revista pulp americana de terror y ciencia ficción Weird Tales en septiembre de 1944. En dicha portada podemos observar las similitudes con la obra ‘La Heroica de Beethoven’, que publicó Segrelles en 1927 en The Illustrated London News.

Pete Kuhlhoff (1903-1972), quien ilustra la portada de la misma revista pulp Weird Tales en mayo de 1945. Kuhlhoff se inspira en la obra de Segrelles titulada ‘Infierno de Dante’, que fue publicada en la revista The Illustrated London News en 1928.

Norman Saunders (1907-1989), quien ilustró en mayo de 1950 la portada de la legendaria revista pulp americana de ciencia ficción Fantastic Novels. Esa portada está inspirada claramente en la obra de Segrelles ‘Quinta Sinfonía de Beethoven’, publicada en 1927 en The Illustrated London News.

Tras esta primera generación de ilustradores influenciados por el arte de Segrelles, llegó una nueva saga de artistas norteamericanos con enorme calidad, como Roy Krenkel, Frank Frazetta, Al Williamson y Angelo Torres (quienes formaron el colectivo The Fleagles en los años 50), y también Wally Wood.

Roy G. Krenkel (1918-1983), ilustrador americano especializado en el género fantástico, que adoraba a Segrelles, como bien acreditan sus propias palabras:

«Jugaba a juegos enrevesados, jugaba con las perspectivas, la proporción, la línea y el color. Los parámetros del dibujo tomaron nuevas definiciones. Segrelles sabía cuándo, sabía dónde y sabía cómo. Tenía más que conceptos –él podía orquestar sus pesadillas!–» (‘José Segrelles–An Appreciation’ | Epic Ilustrated Marvel, Abril de 1985).

Roy Krenkel se basa en The Hanging Gardens of Babylon de 1975 en una de las obras creadas por Segrelles para el cuento ‘Historia prodigiosa de la Ciudad de Bronce’, publicada en la edición de 1956 de ‘Las Mil y Una Noches’.

Wally Wood (1927-1981), ilustrador que en los años 50 realiza la portada para el cómic ‘Strange Worlds’, basándose en la obra ‘La Guerra de los Mundos’, creada por Segrelles en la década de los 30.

Frank Frazetta (1929-2010), pintor, historietista e ilustrador estadounidense especializado en ciencia ficción y fantasía, marcando una época en trabajos como ‘El Señor de los Anillos’, ‘Conan el Bárbaro’ y ‘Mad Max’. La conocida imagen del ‘Gollum’ creada por Frazetta en 1980, nos traslada inmediatamente a los inquietantes personajes del cuadro ‘La Pesadilla’, de Segrelles.

Al Williamson (1931-2010), gran ilustrador americano de ciencia ficción, reconocido por sus ilustraciones de Flash Gordon y el cómic de ‘La Guerra de las Galaxias’. Williamson se inspira en la obra de Segrelles que fue publicada en ‘Las Mil y Una Noches’, de 1932, interpretando un pasaje del cuento ‘Alí Babá y los cuarenta ladrones’.

Finalmente apareció una tercera hornada de creadores talentosos entre los que destacan Mike Kaluta, Berni Wrightson, Barry Windsor-Smith y Jeff Jones (quienes fundaron el colectivo The Studio en los años 70), Richard Hescox y William Stout.

Cuentan como uno enseñaba al otro la obra de Segrelles, éste quedaba maravillado, la compartía con el siguiente y así sucesivamente, heredándose de esta forma la admiración por las pinturas de aquel genio valenciano adelantado a su época, cuyo mundo onírico, delirante, sobrenatural, unido a su prodigiosa técnica, hace que podamos considerarlo como el mejor ilustrador universal de todos los tiempos.

Jeff Jones (1944-2011), pintor e ilustrador muy creativo y respetado por sus compañeros americanos. En la imagen que comparamos percibimos cómo se inspira en la obra creada por Segrelles para el cuento ‘Simbad el Marino’, incluido en la edición de 1932 de ‘Las Mil y Una Noches’.

Mike Kaluta (1947), famoso pintor, ilustrador y dibujante de cómics estadounidense, nacido en Guatemala. La obra de Kaluta titulada ‘Fate of dollies lost in dreams’, pintada en 1977, claramente está basada en el cuadro ‘El muchacho que nunca tembló’, del cuento de los Hermanos Grimm ‘Juan sin miedo’, que había creado Segrelles en 1934.

Berni Wrightson (1948-2017), historietista creador del personaje de ‘La Cosa del Pantano’ y quien adaptó al cómic la película de terror ‘Creepshow’. Una de las ilustraciones de B. Wrightson para ‘Batman: The Cult’ está basada en la obra con la que Segrelles interpretó la sonata ‘La Patética de Beethoven’ y que apareció en The Illustrated London News en 1927.

Richard Hescox (1949), pintor e ilustrador estadounidense que intervino en las películas ‘E.T.’, ‘La historia interminable’ y en la serie ‘Juego de Tronos’. Su siguiente obra está inspirada en la visión de Beethoven que Segrelles publicó en The Illustrated London News en el año 1927.

William Stout (1949), autor, entre otros trabajos, del storyboard de ‘El Laberinto del Fauno’, dibujante de ‘Jurassic Park’ y el mejor embajador actual de Segrelles en EEUU. W. Stout escribió:

«Segrelles se encuentra entre los mejores artistas españoles y sin igual en su profunda imaginación. Puede ser considerado uno de los más grandes artistas místicos, de fantasía y de ciencia ficción que han existido» (‘José Segrelles–Painted Wonders of Space an Time’ | California Art Club Newsletter, verano-otoño de 2015).

El fauno creado por Stout para la película ‘El Laberinto del Fauno’, del cineasta Guillermo del Toro, también está inspirado en la obra de Beethoven que Segrelles publicó en The Illustrated London News.

Fauno de William Stout para ‘El laberinto del Fauno’.

Visto lo visto, analizada la trascendencia internacional y cómo su legado artístico es valorado fuera de nuestro país, José Segrelles representa un activo por el que reivindicar un espacio permanente más que merecido, un escaparate al que podrían acudir visitantes, amantes o investigadores e historiadores del arte del siglo XX con el fin de profundizar, estudiar y admirar su legado artístico.

José Enrique Segrelles Cortina.

José Segrelles: de València a Nueva York

MAKMAArtistas | José Segrelles Albert
Miércoles 20 de mayo de 2020

José Segrelles Albert (1885-1969) pintor, ilustrador y cartelista valenciano, nacido en Albaida, alcanzó mayor reconocimiento internacional del que se le ha atribuido en algunas décadas tras su muerte, siendo entre otras muchas cuestiones, un referente para los mejores ilustradores contemporáneos norteamericanos.

Tras triunfar en España, en 1927 aparecen sus primeras ilustraciones en la revista británica The Sketch y, posteriormente, en el número especial de navidad de la prestigiosa The Illustrated London News se publican nuevas ilustraciones con las que interpreta las sinfonías de Beethoven (1927), el ‘Infierno’ de ‘La Divina Comedia’, de Dante (1928), sus visiones de ‘Don Quijote’ (1929), ‘Las Mil y Una Noches’ (1930), ‘Sueños famosos’ (1932), la ‘Tetralogía’, de Wagner (1933), los ‘Cuentos de Perrault’ (1934) y los ‘Cuentos’, de Edgar Allan Poe (1935).

‘Don Quijote’, de José Segrelles, 1929.

En 1929 fue laureado con la Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Barcelona por su acuarela ‘Los hipócritas’, de ‘La Divina Comedia’, y, ese mismo año, realiza su primer viaje a Nueva York, donde instala su estudio hasta 1932. Al otro lado del Atlántico aparecen sus obras en las mejores revistas neoyorquinas: Cosmopolitan, Good Housekeeping, Redbook, The American Magazine, Art Digest, Fortune, Pictorial Review, The American Weekly, Liberty, La Opinión, American Business World, La Prensa y Park Avenue Social Review.

José Segrelles en Nueva York. Imagen cortesía de Casa Museo José Segrelles.

La metrópolis de Nueva York se había convertido prácticamente en la capital del mundo. Su llegada a la ciudad le supuso un fuerte shock cultural difícil de enfrentar. Este desapego e incomodidad se refleja perfectamente en sus obras. Tan convulsa e inmensa ciudad imprimió las mismas sensaciones en otros artistas. Durante los mismos años, Lorca escribía ‘Poeta en Nueva York’.

El 15 de abril de 1931 inaugura una exposición en el Nicholas Roerich Museum de Nueva York, con excelente crítica en los medios de comunicación más relevantes, como New York Times o New York Herald Tribune.

‘Metrópolis’, de José Segrelles, para la revista Redbook (1930).

En aquellos años 30 el color azul que conseguía Segrelles se hizo famoso en Nueva York, comentándose que las mujeres encargaban trajes a las modistas y los hombres corbatas a los sastres con el inimitable “Segrelles’ blue”.

A pesar de que su producción artística supo amoldarse perfectamente a la metrópolis y su mercado, Segrelles no terminaba de acomodarse. Los compromisos en el Viejo Continente, y algunas discusiones legales con su representante neoyorquino, le hicieron volver a España. Así, en 1932 se retiró a su pueblo natal Albaida donde siguió pintando el resto de sus días.

José Segrelles dibujando en su casa. Imagen cortesía de Casa Museo José Segrelles.

La obra de Segrelles supuso una inspiración para diversas generaciones de artistas neoyorquinos, sobretodo de ilustradores de revistas. Sus influencias siguen siendo notables hoy en día, llegando a cineastas como Guillermo del Toro.

Para más información sobre este tema, cosultar: «José Segrelles y su influencia en la ilustrtación americana contemporánea» .

José Enrique Segrelles Cortina.

El artista en aislamiento: Carlos Domingo Redón

#MAKMAEntrevistas | El artista en asilamiento
Carlos Domingo Redón
Viernes 17 de abril de 2020

En el mismo momento histórico en que el artista comienza a abandonar su condición de artesano, inicia un proceso como figura intelectual cuyas inquietudes obtendrán forma. Su creación pasa a ser el fruto de un proceso reflexivo e inspiracional basado en horas y horas de trabajo en su estudio, configurándose así un mito.

A principios del siglo XVII, Rembrandt representó este mito en ‘El pintor en su estudio’, en el que podemos ver al artista, con elegantes ropas –no las de un artesano–, encerrado en la penumbra de su estudio reflexionando sobre su creación. Este cliché llega hasta nuestros días y, seguramente, la imagen que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en el trabajo de un artista es muy parecida, salvando las distancias, al cuadro de Rembrandt.

‘El pintor en su estudio’, de Rembrandt (1626-1628).

Vivimos unos tiempos de crisis en los que la pandemia de la COVID-19 ha conseguido colarse por una grieta de la que parecía impenetrable fortaleza occidental, obligando a todos a replegarse en casa. Cabría preguntarse cómo ha afectado la situación al artista, acostumbrado a trabajar encerrado en su estudio.

Nos hemos puesto en contacto con Carlos Domingo Redón (San Agustín, Teruel, 1969), quien nos ofrece amablemente unas palabras desde su espacio de trabajo. Carlos es un artista que confirma este mito. Acostumbra a trabajar en solitario en su estudio, refugiado del mundanal ruido. Así que, en este sentido, la pandemia no le ha afectado mucho: “Todo transcurre como cualquier día; abres la puerta, enciendes la luz, pones música y a funcionar”.

Pero el confinamiento físico del artista, voluntario, lleva consigo una verdadera liberación. Desde hace tiempo se han ido incluyendo actividades de expresión artística en las cárceles como escape de la dura rutina penitenciaria. Así, en estos tiempos que estamos recluidos por ley, muchos hemos acudido a la música, escritura, pintura, etc., recurriendo a esta función terapéutica del arte para liberarse de las consecuencias del asilamiento.

Para Carlos, “la proyección simbólica de la realidad permite comprenderla, reduce la incertidumbre y, en consecuencia, aporta cierta calma, también entretenimiento.” No obstante, asegura que “su principal interés no está aquí; su aportación más relevante es ampliar nuestra realidad sin pedir nada a cambio”.

Carlos Domingo Redón en su estudio.

Con los humanos encerrados, la calle respira tranquilidad, los pájaros pían como nunca y los niveles de contaminación han disminuido radicalmente. Existe “una calma exterior que apoya la interior”. Sin embargo, esta calma conlleva consecuencias tormentosas en otros aspectos. En primer lugar, desgraciadamente, estamos sufriendo una enorme crisis humanitaria y sanitaria. Pero en lo referente al arte, toda su actividad económica ha quedado paralizada.

Durante un tiempo indefinido se han cancelado todo tipo de exposiciones, ferias, concursos y algunos proyectos se han quedado en el aire, siendo estas las principales fuentes de ingreso de los artistas. “He invertido trabajo, tiempo y dinero en la producción, confiando en que hubiera un retorno que quizá no llegue”, explica Carlos. Esto demuestra que la vida del artista es una auténtica aventura y que no siempre resulta fácil, sobre todo en un sistema en el que el rendimiento monetario predomina sobre otros valores. Pero remitiéndome al gran Lorca: ‘No sólo de pan vive el hombre’”.

‘Vellón espera’, de Carlos Domingo Redón.

No hay duda de que la situación actual ha hecho algunas mellas en nuestra percepción de la realidad y, probablemente, esto se refleje en el trabajo de algunos artistas. No obstante, se suele decir que el tiempo lo cura todo y, en el momento en que el ser humano haya sanado, serán pocas las representaciones sobre esta.

El arte que perdura con el paso del tiempo es aquel que ha deambulado por las preocupaciones universales de la conciencia del ser humano. “El miedo, el desasosiego provocado por la incertidumbre o la sensación de fragilidad han sido cuestiones ampliamente abordadas en tiempos pasados y, a propósito de circunstancias, no sé si equiparables a la que hoy vivimos, pero sí con similitudes”.

Pau Tronch

El hoyo: «Los de arriba, los de abajo, los que caen»

‘El hoyo’, de Galder Gaztelu-Urrutia
Basque Films, 2019
Netflix
Marzo de 2020

“Hay tres tipos de personas: los de arriba, los de abajo, los que caen”

Con estas palabras empieza la película, y no podía hacerlo de forma más acertada. El cineasta vasco Galder Gaztelu-Urrutia se estrena con su ópera prima ‘El hoyo’, un thriller de ciencia ficción que está dando que hablar a todo el mundo. El filme ha sido aclamado en festivales internacionales como el de Toronto, pero, sin duda, pasará a la historia como la primera producción española en obtener el premio a mejor película en el Festival de Sitges.

Escena de la platafortma con comida de ‘El hoyo’.

‘El hoyo’ es un espacio físico –y metafórico-, una especie de cárcel vertical dividida en numerosas plantas –de entrada, se desconoce el número– y en cada una de ellas conviven dos personas. Un agujero en el centro de cada nivel permite la circulación de una plataforma que desciende todas las mañanas con suculenta comida, la cual se detiene dos minutos en cada planta para que los presos se alimenten, de forma que en los niveles más bajos la plataforma llega sin comida. Cada mes los presos cambian aleatoriamente de nivel, pasando de comer sin cesar a morirse de hambre. Todos estos mecanismos están controlados por ‘La Administración’.

Partiendo de estas premisas arranca el filme. Goreng (Ivan Massagué), despierta una mañana en el nivel 48 junto a su compañero de celda Trimagasi (Zorion Eguileor), una especie de Hannibal Lecter que le explica el funcionamiento de ‘El hoyo’. Inconformista y con un espíritu quijotesco, cuestionara sus mecanismos y tratara de hacer tambalear el orden impuesto.

El actor Ivan Massagué como Goreng durante un instante de ‘El hoyo’.

Se presenta una idea muy simple y directa, una más que evidente alegoría del capitalismo moderno más salvaje y la lucha de clases, de los de abajo contra los de arriba. Sin embargo, las reflexiones que lanza’ El hoyo’ van más allá. Según avanza la narrativa se van descodificando numerosas lecturas que parten de esta idea principal.

Galder Gaztelu-Urrutia reflexiona en estas “memorias del subsuelo” sobre la condición humana cuando esta se tensa hasta el límite. Solidaridad, egoísmo, violencia, justicia o locura son conceptos que se ponen en juego cuando el tejido del bienestar de la sociedad moderna se deshila. No es solo una lucha de los de arriba contra los de abajo, sino del yo contra el otro, una competencia por la supervivencia.

Todo este entramado sociopolítico y filosófico se lleva a la pantalla como una auténtica experiencia fílmica gracias a la fotografía de Jon D. Dominguez y un impresionante diseño de producción de Azegiñe Urigotia, con una música perturbadora de Aránzazu Calleja que embalsama al espectador en una atmósfera claustrofóbica e inquietante. Además, algunas pinceladas de gore alimentan este clima.

El actor Zorion Eguilero como Trimagasi durante una escena de ‘El hoyo’.

Pero, sobre todo, cabe destacar el brillante e ingenioso guion de David Desola y Pedro Rivero como piedra angular del discurso narrativo. Todo bajo la dirección de Galder Gaztelu-Urrutia, quien ha mostrado una gran habilidad técnica construyendo todo el relato en un solo espacio mediante el juego de planos y encuadres.

Toda una experiencia inmersiva que hace partícipe al espectador en el dantesco viaje que realiza Goreng. Un trayecto que no trata de buscar respuestas ni dar lecciones morales, sino provocarlo y dar un toque de atención.

Las despensas y cocinas en las que «los de arriba» preparan el banquete pantagruélico de ‘El hoyo’.

‘El hoyo’ es el perfecto ejemplo de que el buen cine no necesita de un excesivo presupuesto con un derroche de medios y efectos especiales que compensen otras carencias. Una buena idea y aprovechar al máximo los recursos disponibles es más que suficiente para colocarse entre una de las propuestas más interesantes de 2019 y el presente 2020.

Como pasa con gran parte del cine independiente, su estancia en las salas fue efímera, eclipsada por otros títulos comerciales de menos calidad. Sin embargo, Netflix ha apostado por ella y se encuentra disponible en su catálogo desde hace unos días, encumbrándose como uno de los filmes más vistos a nivel internacional en la plataforma. Un ejercicio idóneo para los tiempos de crisis que vivimos.

Plataforma de ‘El hoyo’.

Pau Tronch

Monos: Una mirada primitiva de la humanidad

Título: Monos
Año: 2019
Dirección: Alejandro Landes
Reparto: Moisés Arias, Julianne Nicholson, Sofía Buenaventura, Julián Giraldo, Karen Quintero, Laura Castrillón, Deibi Rueda, Paul Cubides, Sneider Castro
Fotografía: Jasper Wolf
Música: Mica Levi

El conflicto armado en Colombia ha estado azotando el país durante casi medio siglo. Numerosos cineastas han luchado desde el frente cinematográfico denunciando los horrores de la guerra, llegando a constituir casi un subgénero. Recientemente, Alejandro Landes se ha hecho un hueco en el panorama del cine colombiano con una propuesta y un enfoque innovador respecto al conflicto.

Tras tocar el documental (Cocalero, 2007) y el género biográfico (Porfirio, 2011), en 2019 el joven cineasta colombiano estrenó su tercer largometraje Monos. Su recorrido por varios festivales internacionales (como Sundance, Berlín, San Sebastián, Cartagena) ha resultado un asombroso éxito, llegando a obtener numerosos premios. Además, fue escogida para representar a Colombia en los Óscar.

Escena de los ocho jóvenes y el mensajero de la película Monos

La película nos presenta un grupo de ocho adolescentes guerrilleros, de los cuales no conocemos más que su apodo de guerra, que viven apartados de la sociedad como una manda de monos y luchan por una causa que tampoco conocemos. Entrenados en la dureza y la crueldad de la guerra, son comandados por un pequeño hombrecillo, el mensajero (personaje encarnado por William Salazar, excombatiente de las FARC). Su misión es cuidar y vigilar a una rehén estadounidense, la doctora, y a una vaca que han recibido como regalo, obedeciendo las indicaciones de “La Organización”.

Partiendo de esta situación, el film avanza como una espiral de conflictos, tanto internos entre los propios adolescentes, como externos como la guerra, que sacan a la luz lo más salvaje de lo humano.  Un proceso de deshumanización y embrutecimiento en el que la violencia, sugerida poéticamente, es el motor de la historia.

Escena del personaje Rambo de la película Monos

Una de las cosas más llamativas de la película es la majestuosidad audiovisual con la que es resuelta. La imponente fotografía de Jasper Wolf, que captura la belleza sublime de las montañas y la selva, y la música experimental de Mica Levi hacen de esta una auténtica experiencia sensorial que atrapa al espectador en una atmósfera psicodélica y asfixiante por momentos.

Cabe mencionar que casi todo el elenco son actores amateurs, exceptuando a Moisés Arias y Julianne Nicholson, y para estar enfrentados a situaciones extremas, no lo han hecho nada mal. En cuanto al guion, los diálogos son bastante escasos. No obstante, los personajes se exponen a través de gestos, ruidos y miradas, como los monos. Se produce así un fascinante juego de miradas entre los jóvenes.

Escena del personaje Perro de la película Monos

Pero lo más destacable sin duda de la nueva película de Alejandro Landes es el enfoque con el que aborda el tema, imponiéndose como algo diferente. Aunque la historia narra hechos que podrían ocurrir perfectamente, se encuentra al servicio de la metáfora y el simbolismo. Parece tratarse de un sueño, un realismo al borde de lo fantástico y lo alucinógeno. 

El director usa el conflicto armado para explorar temas universales como la condición humana y las relaciones de poder. Así, crea un micro universo descontextualizado y despolitizado, centrándose en el asunto humano.

Este vacío ideológico ha causado algunas opiniones contrarias. Sim embargo, teniendo en cuenta la trayectoria del cineasta, considero que es todo un acto político. No pretende posicionarse ni emitir ningún juicio, tarea que le deja al espectador, sino sugerir nuevas preguntas y continuar una conversación.

Escena de los ocho jóvenes en la selva de la película Monos

Monos es una auténtica experiencia inmersiva que aborda algunos de los temas que más se ha ocupado la literatura universal. Resulta toda una rareza interesantísima dentro de la cartelera comercial actual y que recomiendo a todo amante del cine.

Pau Tronch

Un recorrido por las diversas tendencias de la pintura actual.

Premio de Pintura “Ciutat d’Algemesí”
XXV Edición
Sala d’Exposicions Municipal
Hasta el 1 de marzo de 2020

Algemesí vuelve a insistir en su compromiso con el arte contemporáneo con la exposición de las obras finalistas y ganadoras de la XXV edición del Premio de Pintura “Ciutat d’Algemesí”, certamen que se ha convertido en una de las citas más importantes de la pintura contemporánea a nivel estatal, y que cuenta con el patrocinio de la Diputación de Valencia.

De las más de doscientas obras presentadas a concurso el jurado ha seleccionado las 21 pinturas de esta exposición y que «son un claro exponente de las derivaciones estéticas y técnicas de la pintura actual», afirma Álex Villar, gestor de la Sala de Exposiciones y Cordinador de Premio.

En esta ocasión el jurado ha estado integrado por la crítica de arte Irene Ballester y los artistas Francisco Sebastián Nicolau, Darío Basso, Josep Esteve Adam y Javier Palacios, que han tenido la ardua labor de analizar y valorar la calidad de cada una de las propuestas en el contexto de la cultura visual contemporánea.

Adentrarse por la Sala d’Exposicions d’Algemesí es darse de bruces con diversas maneras de entender la pintura como representación, simulacro, expresión, delimitación de un área formal inédita y abstracta; gesto, materia o denuncia. Todo ello está vigente en esta exquisita exposición que abrimos con la deseada provocación de Tomás López que transforma el lienzo en un muro de arte urbano, un trampantojo expresivo y vital que entra como oxígeno en el alma equilibrada del espacio expositivo.

«199» de Tomás López. Imagen Cortesía de Óscar Vázquez Chambó

La exploración del espacio postpíctórico nos llega con la abstracción excéntrica de Juan Carlos Forner, con las pinceladas horizontales sobre blanco de Lorena Domingo o las estructuras fragmentadas sobre negro de Almudena Fernández. Precisamente el blanco y negro y la visión proyectada de la imagen centra la obra de Josep Tornero en un juego entre distintos niveles de realidad que elaboran hasta el impacto Eduardo Serrano, Miguel Borrego y Ana Chacón.

«Futuros que se hicieron presente» de Eduardo Serrano. Imagen cortesía de Óscar Vázquez Chambó

También en negro, pero derivando al paisaje inquietante, encontramos la obra de Ricard Obra que inicia el capítulo del gesto y la expresión en el que se hallan las pinceladas arrebatadas de Rebeca Plana o los drippings de Vicent Marco. El espacio mínimal y monocromático, expansivo o ritual nos llega de la mano de Manuel Blázquez, Norberto Álvarez, José Luís Cremades y la técnica solar subtractiva de Salvador Mascarell. El realismo se declina en pintura jugosa, enérgica y naturalista de Isabel Valle, en efecto hiperreal y fotográfico de la pintura de Cristina Megía y en dibujo impactante sobre collage de Alexis Hernández.

«Coral Romput» de Rebeca Plana. Imagen cortesía de Óscar Vázquez Chambó

La fuerza de estas obras nos conduce a las piezas premiadas. En primer lugar, se libraron dos accéstis. El jurado destacó el tratamiento óptico de la luz y el color en una instantánea distorsionada de la realidad por una potencia visual de impecable técnica en la obra Esperia de Mery Sales y, subrayó el realismo festivo de efecto sonoro y nocturno con toques de luz magistrales que definen a la multitud sobre un paisaje asombroso en Delval de Diego Vallejo.

«Esperia» de Mery Sales. Imagen cortesía de Óscar Vázquez Chambó

El primer premio se entregó a la obra de Álex Marco, un Sin Título de tintas chinas y spray que homenajean a Henri Michaux en las sombras expansivas y aparentemente libres sobre el lienzo, superficie que se entreabre como una luz sugerente, poética y enigmática.

Todo ello hace de esta exposición una oportunidad única para descubrir los diversos lenguajes y tendencias de la pintura actual.

«Sin título» de Álex Marco. Obra premiada. Imagen cortesía de Óscar Vázquez Chambó

Imagen de portada, cortesía Ayuntamiento de Algemesí