Japón nunca estuvo tan cerca

‘La mirada de las cosas. Fotografía japonesa en torno a Provoke’
Bombas Gens Centre d’Art
Avda. Burjassot, 54, València
Hasta el 2 de Febrero de 2020

La exposición ofrece un recorrido a lo largo del período de posguerra en Japón, teniendo como principales protagonistas a un total de cuatro generaciones de fotógrafos. Miembros a destacar serían los pertenecientes a la agencia fotográfica VIVO (1959-1961) –Ikkō Narahara, Shōmei Tōmatsu, Eikoh Hosoe, Akira Satō y Kikuji Kawada– y a la revista Provoke (1968-1970) –Yutaka Takanashi, Takuma Nakahira y Daidō Moriyama–, pero sin olvidar a otros artistas como Toyoko Tokiwa, Nobuyoshi Araki, Ishiuchi Miyako, Kōji Enokura o Tamiko Nishimura, entre otros.

Imagen artículo Provoke, Cristina Tro Pacheco

Imagen general exposición. Fotografía: Cristina Tro Pacheco

Se ha llevado a cabo una selección rigurosa y exclusiva de las obras para realizar esta exposición, pertenecientes a la Colección Per Amor a l’Art, exceptuando las fotografías de Toyoko Tokiwa y la serie de Ishiuchi Miyako, llamada ‘Renya no machi’ (Noche sin fin).

Según Nuria Enguita, comisaria de esta exposición y directora del centro, estos fondos de fotografía japonesa conforman un patrimonio único en manos privadas, así como una de las mejores colecciones de fotografía de este contexto a nivel internacional.

Vicent Todolí, comisario también de la exposición y asesor de la colección, tuvo sus primeros contactos con la fotografía japonesa hace años en la ciudad de París. Las imágenes visualizadas mostraban revueltas estudiantiles en el barrio de Shinjuku de Tokio, realizadas por Tōmatsu, además de otras series de Moriyama que le llamaron la atención. Este fue el punto culminante para realizar, acto seguido, una investigación que ha llevado a conocer a fotógrafos como Tōmatsu, Takanashi, Tokiwa o Hosoe, entre otros muchos.

Imagen artículo Provoke, Cristina Tro Pacheco

Revistas Provoke disponibles en sala. Fotografía: Cristina Tro Pacheco

Entre los años 1957 y 1972 tuvo lugar en Japón un cambio radical en el lenguaje fotográfico, afectando, así, tanto a VIVO como a Provoke. Aún así, ambos grupos presentan características diferentes entre ellos. Por un lado, la agencia realizaba un fotorreportaje diferente, mostrando, así, su subjetividad, además de la presencia del artista en la propia fotografía –característica evidente en la serie de Ikkō Narahara, cuyo título es ‘Dominios’ (1956-1958)–. Por otro, los componentes de la revista Provoke tienen como objetivo transmitir aquello que está sucediendo en el momento presente, pero de modo fragmentario. Su fotografía propone un nuevo lenguaje, ya que este no podía documentarlo por la rapidez del momento. De este modo, Provoke consigue dar un giro al modo de ver y de publicar.

Imagen de portada artículo Provoke, Cristina Tro Pacheco

Imagen de una las obras presentes en la exposición. Fotografía: Cristina Tro Pachecho

Cristina Tro Pacheco

Una exposición inolvidable

‘Por el olvido’
Pepita Lumier
Segorbe 7, València
Hasta el 10 de Noviembre de 2018

‘Por el olvido’ es el título que recibe la exposición actual de la Galería de arte Pepita Lumier, gran especializada en ilustración y cómic, que muestra esta vez las pinturas, collages y grabados del libro ‘Por el olvido’, publicado el pasado mes de Marzo por Paula Bonet y Aitor Saraiba.

Por el olvido- Paula Bonet y Aitor Saraiba

Título exposición escrito por Paula Bonet en pared expositiva. Fotografía: Cristina Tro Pacheco.

Paula presenta una larga y dilatada trayectoria artística, empezando a estudiar en València y completando sus estudios en Nueva York, Santiago de Chile y Urbino. Su preferente campo de trabajo es la imagen en distintas modalidades (ya sea grabado, ilustración o pintura al óleo). Además, es redactora de artículos así como realizadora de entrevistas en los medios de comunicación Jot Down y eldiario.es. Actualmente su trabajo se centra en ‘Roedores: Cuerpo de embarazada sin embrión’ (Literatura Random House, 2018) y en el diseño de las pinturas para ‘El año del pensamiento mágico’ (Literatura Random House, 2019) de Joan Didion.

Aitor Saraiba, tampoco deja margen de duda, ya que se presenta como un artista multidisciplinar. En su currículo destacan sus diversas exposiciones tanto individuales como colectivas realizadas en distintas ciudades de todo el mundo: Madrid (Twin Gallery, La Fresh, Galería Fúcares, Mad is Mad, Centro de Arte Dos de Mayo), en Lisboa (Fábrica Benetton), en Barcelona (MUTT) o en Puebla México (Galería Garco). Además, destaca también en sus acciones realizadas en Matadero (Madrid) o el MUSAC (León).

Detalle obras exposición 'Por el olvido'. Fotografía: Cristina Tro Pacheco.

Detalle obras exposición ‘Por el olvido’. Fotografía: Cristina Tro Pacheco.

Con estas destacadas trayectorias profesionales en el ámbito de las artes, Ambos se muestran  sólidos y capaces de crear una relación especial y directa entre sus respectivos trabajos, las ilustraciones de ella, y las palabras de él. Con esta recopilación, pretenden realizar una oda al amor que sienten por la literatura y, especialmente, a Roberto Bolaño y su novela ‘Los detectives salvajes’. Como bien dice la cultura popular: ‘Todos somos lo que leemos’ y, es que, no cabe duda que los escritores mencionados en su obra han marcado un antes y un después, tanto en sus vidas como en las nuestras.

Pared expositiva dedicada a escritores. Fotografía: Cristina Tro Pacheco.

Pared expositiva dedicada a escritores. Fotografía: Cristina Tro Pacheco.

Un ejemplo de éstos serían los componentes del primer capítulo de la novela de Roberto Bolaño titulada ‘Los sinsabores del verdadero policía’ (2011) como Luis de Góngora, Cernuda o Mario Benedetti, que protagonizan una pared expositiva repleta de dibujos realizados a lápiz y grafito líquido.

Unidos, consiguen realizar un recorrido en el cual se tratan temas tan cotidianos y tan eternos como pueden ser el amor, la amistad y la muerte.

Una exposición que no será fácil de olvidar en esta nueva temporada.

Cristina Tro Pacheco

Vida y dolor, elementos inseparables

‘Teresa Cebrián: El largo viaje’
Centre del Carme
Museo 2, València
Hasta el 23 de Septiembre de 2018

Con el título ‘Teresa Cebrián: El largo viaje’ se presenta el proyecto curatorial, llevado a cabo por Marisol Salanova (València, 1982), galardonado en la primera convocatoria ‘Trajectòries’ del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, inaugurando así una sección novedosa cuyo objetivo es el de revisar trayectorias artísticas valencianas y mostrar, de este modo, la obra de artistas con un recorrido considerable. En este caso, el proyecto tiene el objetivo de dar a conocer las obras de Teresa Cebrián (Losa del Obispo, València, 1957).
La artista comparte con nosotros preocupaciones que forman parte de nuestra vida, de nuestro día a día, y que nos atañen a todos.

Detalle obra Teresa Cebrián

Detalle obra Teresa Cebrián. Fotografía: Cristina Tro Pacheco.

Como bien dice la propia comisaria de la exposición, Marisol Salanova, ésta está organizada mediante una narrativa térmica ascendente ya que inicialmente parte de materiales más vulnerables como puede ser la terracota para, más tarde, dar paso a otros elementos más pesados como puede ser el hierro. En todas las fases del proyecto se encuentra un elemento común: El dolor en la vida.

Detalle obra Teresa Cebrián. Fotografía: Cristina Tro Pacheco,

Detalle obra Teresa Cebrián. Fotografía: Cristina Tro Pacheco.

En cuanto al montaje expositivo, como bien dice la propia artista, se ha elegido un montaje minimalista para que cada obra disponga de su propio espacio para sí misma.

Detalle obra Teresa Cebrián. Fotografía: Cristina Tro Pacheco,

Detalle obra Teresa Cebrián. Fotografía: Cristina Tro Pacheco,

El viaje tiene como objetivo principal provocar una experiencia estética considerable. De este modo, cada visitante podrá dejarse llevar e iniciar un viaje, junto a la artista, para interrogarse sobre su propia existencia humana en el mundo además de sumergirse en una experiencia estética que permanecerá, casi sin querer, en cada memoria de quien decida visitarla.

Pero, ¿A qué es debido ésto? La experiencia física de visitar un museo incluye emoción e intelecto, aspectos que ayudan a retener tanto los datos cognitivos como las impresiones personales de una experiencia emocional y psicomotriz. Aquello vivido por una persona durante esta vivencia se convierte en parte integral de este recuerdo.

¿Preparado para que este viaje deje huella en ti?

Cristina Tro Pacheco

Adiós a Miguel Ángel Campano

Miguel Ángel Campano Mendaza (Madrid, 1948-Cercedilla, 2018), Premio Nacional de Artes Plásticas en 1996, destacó principalmente por sus obras pictóricas pertenecientes a la llamada renovación de la pintura española, en los años ocheinta.

Artista pictórico reconocido internacionalmente y cercano a pintores como Miquel Barceló, Ferrán García Sevilla, José Manuel Broto o José María Sicília, nos deja con tan solo 70 años.

Miguel Ángel Campano. Sabari Malai, 1997. Pintura. Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid

Miguel Ángel Campano. Sabari Malai, 1997. Pintura. Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

En su primera etapa, en los años setenta, su obra se inicia desde el automatismo surrealista evolucionando hasta la abstracción geométrica, donde crea obras que recuerdan a Gustavo Torner o a Gerardo Rueda. Más tarde, de la abstracción evoluciona a un realismo total practicando así, por una parte, la pintura abstracta y, por otra parte, el realismo naturalista.

Imagen obra 'Mistral I' (1981), Miguel Ángel Campano.

Imagen obra ‘Mistral I’ (1981), Miguel Ángel Campano.

Se formó en estudios de Arquitectura, en Madrid, y Bellas Artes, en València. Fue seleccionado en las exposiciones ’1980′, en la Galería Juana Mordó, y ‘Madrid. D.F.’, en el Museo Municipal de Madrid, que tuvieron lugar en la década de los ochenta, donde se clasifica entre los artistas jóvenes más significativos de cara a la nueva década.
Su lugar de residencia principal fue Francia, donde profundizó en el Action Painting. Vivió durante un largo período de tiempo entre París y Soller (Mallorca) aunque sus últimos años de vida tuvieron lugar en Madrid, donde continuaba su producción.
Sus pinturas se encuentran en importantes colecciones privadas y públicas, en España y en el extranjero. El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) sería un evidente ejemplo, el cual le dedicó una exposición retrospectiva en el Palacio de Velázquez con obras realizadas entre los años 1991 y 1996. También destaca su presencia en el Centro Pompidou de París, en el British Museum de Londres, en el Museo de Arte Abstracto de Cuenca, en los museos de Bellas Artes de Bilbao y Barcelona y, también, en la Fundación Juan March.

De este modo, el artista se ha ido de entre nosotros pero sus obras pictóricas permanecerán a modo de recuerdo.

El artista Miguel Ángel Campano.Fotografía de Jordí Avellá.

El artista Miguel Ángel Campano.Fotografía de Jordí Avellá.

Cristina Tro Pacheco

“Si una calla, todas sangraremos”

Otredad y feminismo en ‘Speculum’, de Sükran Moral

Entramos a una sala iluminada y encontramos a una mujer tumbada en una camilla de reconocimiento ginecológico: el torso y cabeza cubiertos con un plástico y los pies –adornados por un elegante calzado de tacón– ya apoyados en los estribos; entre sus piernas abiertas reposa un televisor por el que van circulando imágenes que parecen arbitrarias y sin sentido, en una constante vorágine y caos.

No, no nos encontramos en un sueño propio del automatismo psíquico, si no que hemos entrado en el reivindicativo y fascinante universo de la artista turca Sükran Moral; específicamente, en una de sus más conocidas performances, ‘Speculum’, que repitió y reinventó entre los años 1996 y 1997 y que me dispongo a explicar en las siguientes líneas desde el principio del feminismo y la otredad, un rasgo, este último, que a menudo hemos eludido desde nuestra acomodada idiosincrasia occidental.

Imagen de la obra 'Speculum Rosso', de Sükran Moral.

Imagen de la obra ‘Speculum Rosso’, de Sükran Moral.

La primera de esta provocadora serie fue ‘Speculum Rosso’, expuesta en el Studio Oggetto de Milán en 1996, cuyas imágenes correspondían a entrevistas y programas en los que se hablaba de homosexualidad, del placer femenino y la necesidad de romper los tabús, para terminar con una pantalla en rojo mantenida durante 60 segundos antes de recomenzar la emisión; dicha lámina simbolizaba la sangre femenina, que nos persigue constantemente a lo largo de nuestra vida y evolución como mujeres: desde la pérdida de nuestra virginidad (rotura del himen), pasando por la menstruación, el parto y finalizando en el (por desgracia, tan universal) feminicidio. Moral muestra que la vida de la mujer está rodeada por la violencia y la sangre incluso desde un punto de vista metafísico, ya que se le exige la adopción de un rol inferior al hombre y cualquier intento de ruptura de esta otredad es castigada con el ataque físico y psicológico. En palabras de la propia artista, “a la mujer se la desangra desde que nace hasta que muere”.

Pero, ¿por qué utilizar un televisor? No sólo se trataba de la interacción y el dinamismo de las imágenes con el espectador, también redundaba en la importancia de este electrodoméstico indispensable en cualquier hogar –fuera este occidental u oriental–. El televisor, que era un artilugio extraordinario, ofrecía información al público que lo observaba y, del mismo modo, Moral parte de su sexo (establecido como un instrumento de valor inferior) para ofrecer una revelación al mundo. Según la propia artista, “la historia del arte está hecha toda de hombres y penes, ¿por qué no comenzar a darle primacía a las vaginas, ese eterno olvidado? (…) La sociedad tiene un odio particular hacia las mujeres y las niñas; es hipócrita y medieval. Temen el orgasmo femenino. Temen a las mujeres que tienen relaciones sexuales, y más a las mujeres que han estado con muchos hombres y lo han disfrutado”.

Moral trata de establecer una conversación entre su cuerpo (en una situación de indefensión) y el cuerpo del público asistente, los espectadores, que reaccionan escandalizados o curiosos. Como diría Susana Sanz, “suscriben el espectáculo y la representación que se hace de sí mismos como algo normal, de manera que el uso del propio cuerpo es la vía que tiene el individuo/artista para revelarse”.

De este modo, Moral pasaría de ser “el bárbaro”, el Otro, a ser el dominador de la otredad, empleándola en su propio beneficio para transmitir un mensaje, precisamente como nos revelan Edward W. Said en ‘Orientalismo’ y Homi K.Bhabha en ‘El lugar de la cultura’. Dado que la artista redirecciona la visión, el objeto de contemplación que satisface la curiosidad exótica colonizadora ya no será “el bárbaro”; el que era considerado el Otro es el que pasa a controlar la mirada, objetualizando al que tradicionalmente se creía en su derecho de observar. De esta manera, se cumplen las peores pesadillas del colono/hombre que reacciona con la amenaza o la indignación.

Imagen de 'Speculum & Obitorio', de Sükran Moral.

Imagen de ‘Speculum & Obitorio’, de Sükran Moral.

En su primera reinvención de esta pieza, ‘Speculum & Obitorio’, expuesta en 1997 en el Museo Laboratorio di Arte Contemporánea (MLAC) de Roma, Moral sustituye las imágenes de entrevistas y programas televisivos por escenas de sus propias performances, incluyendo ‘Hamman’, una performance realizada en 1997 en una sala de baños turca para hombres, en la que entró a pecho descubierto para fotografiarse ante la estupefacción y horror de los usuarios. No dudó en aumentar la provocación de estas estampas al incluir un burdel, un hospital psiquiátrico para mujeres y un lugar destinado al acondicionamiento de cadáveres para su posterior sepelio; de esta forma, Moral establece una relación entre el nacimiento, el placer, la muerte y el entierro, que trata de causar repulsa en quien observa la pieza.

Y a estas alturas seguramente podrías preguntarte, querido lector… “¿por qué esta relación?” En su novela ‘Apocalypse’, Sükran Moral traza una línea paralela entre el proceso de creación de una idea y la maternidad que resulta muy aclaratorio: “El nacimiento de una idea es como el alumbramiento de un niño, ambos han surgido del placer de la madre, pero tan sólo el segundo es respetado y aceptado por la sociedad. El primero, por desgracia, está condenado al rechazo y la sepultura”.

Además y, precisamente, como dijo en una de sus entrevistas, este es su tema favorito: el poder y las mujeres. “Porque el poder siempre somete a las mujeres. Si sometes a las mujeres, has sometido a la sociedad. Un hombre puede decir que la mujer lo había provocado y se le aplicarán atenuantes. Matar a una mujer sale barato. Nos estamos alejando de la ciencia, la cultura, estamos abrazando las ideas del Medievo, la mediocridad. Ahora, si una mujer está embarazada, desde el hospital se lo hacen saber a su marido o sus familiares para que impidan que aborte… Están creando otro modo de ver, contrario a la libertad de las mujeres”.

Imagen de 'Speculum & Istanbul', de Sükran Moral.

Imagen de ‘Speculum & Istanbul’, de Sükran Moral.

La segunda y última reinvención de este trabajo no tarda en aparecer; será ‘Speculum & Istanbul’, creada para la 5º Bienal de Estambul, en 1997. Su novedad aquí será el uso de unos zapatos de salón con un tacón mayor y la colaboración de dos ayudantes, ataviadas con ropa interior negra y un plástico fino de alimentación semitransparente; la labor de ambas será mantener fija en todo momento la lona que cubre el torso de la artista.

De las tres piezas, esta fue sin duda la más criticada, ya que trataba de reflejar (en las figuras de las dos jóvenes señoritas) el apoyo social a la marginación y discriminación, mostrando la conformidad y felicidad de una juventud que ve natural ofrecer la parte inferior de su cuerpo y cubrir aquellas características que la sociedad no admite en una mujer, como puede ser la identidad. El concepto de identidad y mimetismo, sin duda, podríamos relacionarlo con la obra de Homi K. Bhabha, ya que para el colono “un negro siempre será un negro y una mujer siempre será una mujer”. Piel y sexo son características de otredad evidentes que permiten establecer autoridad por medio del estereotipo, lo que nos lleva al falso intento de mimetismo (“que no es la simplificación de una falsa impresión, si no la negación de la comparación”) y al intento de destrucción por medio de la burla o la amenaza.

La feminidad es la única característica que la sociedad acepta en una mujer, y es por ello que Moral plantea su sexualidad desde una camilla ginecológica. En palabras de la propia artista, “en la tabla de ginecología no puedes posar mientras das a luz, no puedes ser femenina. Este trabajo, que avergüenza a los espectadores, en realidad enfatiza el voyeurismo de la comunidad, que nos ve como meros objetos de deseo o fábricas de niños. Si tenemos cualquier objetivo a mayores, la sociedad se encarga de taparlo”.

Quisiera introducir aquí dos conceptos que me parecen muy esclarecedores e interesantes, y son los de Enrique Dussel y Karen Culcasi, que establecen la necesidad del artista Otro por emplear esa otredad que se le ha impuesto para diferenciarse de la sociedad y reivindicar una situación de equidad. Por un lado, está la consideración de Enrique Dussel en ‘Europa, modernidad y eurocentrismo’, que nos presenta cómo reacciona el público que está fuera de esta otredad, viendo que “el bárbaro” (en este caso, la mujer) se está oponiendo al sistema y proceso establecido, y convirtiéndose en un obstáculo que debe ser erradicado (“bien por medio de la violencia, si fuera necesario”, bien por medio del olvido: si no se habla de la pieza o de la artista, su labor no se expande y no puede afectar al entramado social).

Por otro lado, Karen Culcasi menciona en ‘Constructing and Naturalizing The Middle East’ que es inviable que “justifiquemos la otredad por medio de nuestra supuesta superioridad, dividiendo el mundo en parcelas de otredad imaginaria, y esperar no sólo que lo acepten, si no que no haya movimientos en contra’, como el que encabeza, por medio de la expresión artística, Sükran Moral.

Por último, comenta la artista que su trabajo no es distinto del de Courbet o el de Duchamp, solo que de haber nacido varón la reacción popular sería otra: “Si un hombre fuera el artífice de mi obra, probablemente todos estarían aplaudiendo; pero esta es una sociedad machista, desde sus políticos hasta las personas más influyentes en el arte”.

Si trasladamos estas palabras a la lectura de Hal Foster en ‘El retorno de lo real’ y a su consideración del artista como etnógrafo, como vividor y transmisor en primera persona de los acontecimientos, la obra de Moral cobra un sentido histórico a mayores. Nos dice Foster que “el artista debe conocer la estructura e historia de cada cultura en profundidad, para que su mensaje sea coherente”, y nadie mejor que Moral, que sufrió maltrato por su condición como mujer, para narrar y dar constancia de estos hechos sin caer en el “narcisismo y hermetismo” del que ya nos advertía Walter Benjamin.

El trabajo de Sükran Moral refleja una otredad que a menudo evitamos, demasiado enfocados en considerar al ente Otro como el varón de color de mediana edad al que la vida en Occidente le resulta pesarosa y compleja, mientras el Yo acomodado responde a otro macho de mediana edad, en este caso de raza caucásica. La mujer es la gran olvidada por el Nosotros y el Vosotros, el objeto de adoración cuyo mutismo continuado conviene a una sociedad que involuciona por miedo a perder su única herramienta de control: el poder. Y que, evidentemente, resulta mil veces peor en los países orientales, donde una niña recién nacida es una carga hasta que ovule y pueda ser empleada como objeto de negociación en un matrimonio arreglado.

La reinvención de sus piezas nos lleva a la mismísima reinvención de la mujer a lo largo de la historia, que, pese a las adversidades y dificultades, trata de abrirse paso y reconducir su destino fuera del fetiche y las condiciones del heteropatriarcado. La mujer no se rinde, se exhibe, se sitúa al nivel del hombre y desafía los criterios impuestos empleando su propia otredad, igual que el varón negro de Frantz Fanon quiere dejar de ser esclavo y comenzar a ser amo utilizando aquello que lo hace diferente.

Sükran Moral establece un puente entre Ellas y Nosotras que debería haberse forjado en los albores del feminismo, pero cuya incorporeidad social nos cegó abruptamente; nos grita que estamos juntas en este movimiento, que las divergencias del juicio itifálico entre las necesidades de las mujeres orientales y las occidentales son nimias, que en la práctica todas somos víctimas potenciales de la violencia de género, y que “si una calla, todas sangraremos”.

Imagen de la obra 'Speculum Rosso', de Sükran Moral.

Imagen de la obra ‘Speculum Rosso’, de Sükran Moral.

Tamara Iglesias