Los derechos humanos en pantalla

XI Festival de Cine y Derechos Humanos

Teatro Victoria Eugenia

C/ Reina Regente, 8. San Sebastián

Del 19 al 26 de Abril.

 

La pantalla de cine como espacio de reflexión dirigido a la defensa de los Derechos Humanos en el mundo, como punto de partida o foro de debate, como espejo de una realidad, de una historia, la de los seres humanos y su entorno, a veces insosteniblemente dolorosa, en otras alegre y, a pesar de los conflictos y dificultades, cargada de ilusiones y esperanzas. ¿Por qué no?

 

Con estos objetivos en mente, el viernes 19 de abril abre sus puertas un festival que, como nos cuenta Josemi Beltrán, responsable de la Unidad de Cine de Donostia Cultura y rostro visible de la organización, nacía a iniciativa del Ayuntamiento de San Sebastián “como un ciclo más pequeño, más modesto, con menos películas y que con el tiempo fue creciendo en aspiraciones y convirtiéndose en el festival de medio formato que hay ahora”. Once ediciones más tarde, la creciente respuesta de los espectadores no hacía sino confirmar su interés, “que podía haber una demanda y unas ganas por parte del público de ir un poco más allá de lo que es una mera proyección cinematográfica y provocar algo más por medio del cine y de la imagen”.

 

Es, en definitiva, cine de calidad, cine que remueve y que conmueve, cine que busca “hacer saltar de la butaca” al espectador, de incomodarle a veces e, incluso, más allá de su función de mero entretenimiento o de escapismo, hacerle pasar a la acción, al compromiso. Razones y causas por las que implicarse no van a faltarle, eso es seguro.

 

El festival arranca su programa con Al nacer el día, último trabajo de Goran Paskaljevic, director de origen serbio que ya había merecido la atención de sus organizadores en ediciones precedentes y que, en esta ocasión, se acerca a tierras vascas con un relato sobre el nazismo. En la película, un profesor de música jubilado recibe la noticia del hallazgo de una misteriosa caja en el lugar donde se había edificado un campo de concentración para judíos en la Segunda Guerra Mundial. Para Josemi Beltrán, un relato oportuno, no sólo como testimonio de la represión de los nazis sobre los judíos, sino también porque “nos habla de hoy en día, de los marginados y de los desheredados, de las personas que viven también excluidas por el sistema. (…) una peli que mira hacia atrás, pero que también reconoce los peligros de hoy en día”, ya que, lamentablemente, “en algunos lugares no estamos tan lejos de situaciones que se podrían dar antes o durante la Segunda Guerra Mundial”.

 

Y es que, ya sea intencionadamente o no, los territorios de la antigua Yugoslavia tienen una presencia importante en el certamen, como atestiguan el número de producciones provenientes de esta parte de Europa que encontraremos en la programación. Como Kolona del director kosovar Ujkan Hysaj, o Parade, de Srđjan Dragojevićque nos acerca a las dificultades por las que pasan los derechos de la comunidad gay en una Serbia post-bélica. “Una película muy actual”, comenta Beltrán, “con una polémica muy reciente, las heridas todavía abiertas de la Guerra de los Balcanes relacionadas también con una historia de homofobia y de reivindicación de derechos”.

 

África será otro de los focos de interés geográfico del festival. De norte a sur, desde Argelia a Uganda, asistiremos a una serie de producciones que, desde muy diferentes perspectivas, analizan las problemáticas que asolan el continente africano. Dos trabajos destacan en este “apartado”, El Taaib, del argelino Merzak Allouache, y The Runner, de Saeed Taji Farouky. La primera de ellas nos acercará a un tema realmente controvertido, las dificultades de reinserción y la reconciliación entre ex-terroristas y las víctimas de sus atentados. En otro registro muy diferente, The runner nos sumergirá de nuevo en la realidad del Sahara. En esta ocasión, de la mano de un corredor de fondo cuyo sacrificio se convierte en símbolo de las esperanzas y de la lucha de todo un pueblo.

 

Turquía, España, Países Bajos, Suiza, Australia, Francia, Reino Unido, Austria, Estados Unidos o Japón también están representadas en este certamen. Un festival que pone su atención allí donde los derechos humanos están siendo asaltados o existe alguna situación de exclusión social.

 

Pero si en los últimos años ha habido un causante de situaciones de exclusión en el mundo ha sido la reciente y, todavía doliente, crisis económica. Una situación que ha devenido en desesperada para muchas personas en el mundo y, particularmente, en nuestro país. Sería imposible dejar a un lado este tema y ahí lo encontramos. Crisis como fondo o protagonista absoluto de Degrees, del director griego Georgis Grigorakis, o The Argentina experiment, de Yorgos Avgeropoulos, análisis del caso argentino visto, también, desde la perspectiva de la crisis que sufre el país heleno. Para Beltrán, “casi se podría sustituir todo lo que se dice de Grecia por la situación actual española”. Una película que sirve como referencia “de lo que se dio en Argentina en su momento con el corralito y cómo se organizó la sociedad para salir de eso.”

 El taaib de Merzak Allouache

Sin duda, una lección importante para nuestro país, cuya producción, aún escasa en este ámbito, estará representada por la cinta Libre te quiero del veterano Basilio Martin Patiño. Beltrán lamenta que no existan más producciones nacionales que traten la cuestión de la crisis desde nuestra perspectiva. Una situación que achaca, quizá, a la falta de distancia, pero también a una actitud de los “cineastas más jóvenes que adolecen de esa asepsia o esa corrección política que otros directores mayores no tienen”. Beltrán anima a estos directores a quitarse los miedos de encima y armarse de coraje. En este caso, la cinta de Patiño es un ejemplo. Una película que destaca por su frescura y su estilo directo. “No hay mucha mediación ni de voz en off, ni de intentar dirigir al espectador hacia un mensaje concreto, sino que se exponen, más o menos cronológicamente, lo que sucedió en la acampada de Sol durante los momentos más importantes de la misma”, cuenta el responsable del festival. Y continúa. “Que un director de esa edad haga una película tan joven, identificada también con la gente joven que estaba ahí en la acampada y con la actualidad más candente, yo creo que es un valor a tener muchísimo en cuenta”. Junto al mencionado Paskaljevic, Patiño asistirá al festival para encabezar un debate sobre estas y otras cuestiones de gran interés para el público.

 

Pero no todo serán conflictos en este certamen. También las historias de esperanza tienen aquí su espacio. Relatos de superación que, curiosamente, nos llegan por parte de aquellos que más difícil lo tienen, los discapacitados. Así, la película Murderball, deHenry-Alex Rubin y Dana Adam Shapiro, nos cuenta la historia de un equipo de rugby de alta competición parapléjico. Una cinta que ya estuvo en la sección oficial del festival y que ahora ocupa la programación de un ciclo que se paseará por los distintos barrios de San Sebastián. O El método arieta, de Jorge Gil Munárriz, este sí, estreno absoluto para el certamen. La historia de dos hermanas afectadas por un trastorno motriz que les impide controlar los movimientos de su cuerpo, pero que, impulsadas por una necesidad de comunicarse, desarrollan un método propio para hablar a través de la mirada. Un película que, recuerda Beltrán, “más que sobre la discapacidad, a ellos les gusta decir que es una película sobre la comunicación, y sobre el reto de comunicarse cuando uno tiene ciertas barreras, incluso ir más allá que, vamos a decir, las personas no discapacitadas”.

 

Hay mucho más. Grandes y más modestos trabajos, nombres desconocidos para el público que comparten cartel con otros ya consagrados, como es el caso de Werner Herzog, una presencia de lujo en cualquier cita. Herzog presentará en San Sebastián su documental Into the abyss, película que nos narra las vicisitudes de dos convictos recluidos en el corredor de la muerte en Estados Unidos. Todo con el estilo característico del autor de Gizzly man o La cueva de los sueños olvidados.

En palabras de Beltrán, un trabajo con un “enfoque ético y un punto de vista super-contundente y helador para el espectador. Con el respeto que trata tanto a estas personas presas o a sus familiares como a las víctimas de sus crímenes o sus presuntos crímenes, y que no podíamos dejar de rescatar en pantalla grande. Es de esos trabajos que te da pena que no sea vean en el cine o que tengan una mayor difusión, porque son de esas pelis por las que creo que no van a pasar el tiempo”.

 Into the Abyss de Werner herzog

Al margen de otras actividades paralelas, la programación se completa con un homenaje a Patricio Guzmán, veterano documentalista de origen chileno cuyo trabajo ya fue reconocido en el certamen con el premio Amnistía Internacional por su película Nostalgia de la luz, para Josemi Beltrán, “uno de los mejores documentales de todos los tiempos”. Su ausencia, en aquella ocasión, se ve compensada ahora por su protagonismo en un seminario dedicado a su obra y al trabajo de documentalista. “Retratista de la dictadura de Chile y de la memoria histórica”, para Beltrán, la obra de Guzmán “es un ejemplo de lo que debe ser un cine comprometido y con fuerza estética”. Sin duda un buen colofón para este festival.

 Gerardo León