‘Génesis’ de Salgado en la Ciutat de les Arts

Sebastião Salgado. Génesis
Arte en la calle
Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia
Avda. del Professor López Piñero, 7. Valencia
Del 26 de julio al 30 de agosto de 2017

Génesis es un mosaico increíble donde la naturaleza se expresa en toda su grandeza. Después de casi tres décadas de reflexión sobre los dramas y tragedias de la humanidad, el reconocido fotógrafo brasileño Sebastião Salgado inició en 2004 este proyecto centrado en la naturaleza de nuestro planeta.

Fotografía de Sebastiao Salgado en la exposición 'Génesis'. Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia. Imagen cortesía de Obra Social la Caixa.

Fotografía de Sebastiao Salgado en la exposición ‘Génesis’. Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia. Imagen cortesía de Obra Social la Caixa.

“Una oda visual a la majestuosidad y fragilidad de la Tierra; una advertencia de todo lo que corremos el riesgo de perder”, en palabras del propio fotógrafo. Hasta 2012, Salgado realizó un total de 32 viajes para llevar a cabo este recorrido por el mundo virgen, con paradas en la Antártida, Madagascar, Botsuana, el Parque Nacional de Kafue en Zambia, la meseta del Colorado en Estados Unidos, Alaska, el archipiélago de las Galápagos en Ecuador, Siberia y la selva del Amazonas, entre otras.

Obras de Sebastiao Salgado en la Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia. Imagen cortesía de Obra Social la Caixa.

Obras de Sebastiao Salgado en la Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia. Imagen cortesía de Obra Social la Caixa.

La exposición está formada por 38 fotografías en blanco y negro y muestra paisajes, animales y personas que han sido capaces de escapar de la influencia del mundo moderno en regiones polares, bosques y sabanas tropicales, desiertos abrasadores, montañas dominadas por glaciares e islas solitarias.

La exposición ‘Sebastião Salgado. Génesis’ forma parte del programa Arte en la calle, a través del cual la Obra Social ”la Caixa” quiere aproximar el arte a las personas fuera del marco habitual de museos y salas de exposiciones.

Vista general de la exposición 'Génesis' de Sebastiao Salgado en la Ciutat de les Arts i les Ciències. Imagen cortesía de Obra Social la Caixa.

Vista general de la exposición ‘Génesis’ de Sebastiao Salgado en la Ciutat de les Arts i les Ciències. Imagen cortesía de Obra Social la Caixa.

La Aldea Global de Miguel Oñate

Global Village, de Miguel Oñate
Galería Thema
Plaza América, 4. Valencia
Hasta el 19 de noviembre de 2016

La Galería Thema presenta la exposición ‘Global village’ dedicada a la obra del artista Miguel Oñate. La muestra refleja la filosofía creativa de este autor, que traslada a sus obras el término de Aldea Global acuñado por el sociólogo canadiense Marshall McLuhan. Para Oñate, los artistas pueden contribuir con su trabajo a promover ideas y crear puentes entre culturas que enriquezcan la globalidad. Aldea Global es un vivero de ciudades, una apostasía de paisajes  en constante diálogo con los colores que cuestionan la naturaleza, la verticalidad de los conceptos y la inercia de las estructuras.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

“Tengo en mente una obra que se extienda sin límites, con total libertad de ejecución. En mi trabajo busco aglutinar una serie de factores de distinta índole que pueden estar presentes… La memoria individual como elemento definitorio de la identidad, el sueño como coadyuvante de nuestros deseos y temores, la experimentación que propicia encuentros, la percepción de nuestra propia realidad como materia que también construimos. La fantasía como la única parcela de libertad que tenemos y el salto al vacío, sin miedo”, explica el pintor.

La pintura de Oñate, en ese sentido, es un viaje para sumergirnos en imágenes de lugares que no conocemos, a los que nunca hemos ido y que consideramos como nuestros. Vivimos en una aldea global donde nos cruzamos permanentemente con todos los pasajes y todos los lapsos a la vez.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

Esa amalgama de conceptos y, sobre todo, cómo se interrelacionan, son los que proporcionan a Oñate una gran libertad formal a la hora de expresar sus ideas, sin demasiadas normas que constriñan el proceso de trabajo.  En esta línea, va introduciendo algunas claves dentro del cuadro que transporten el pensamiento hacia mundos oníricos. Se trata, apunta el artista, de una suerte de “paisajes” en los que no todos los elementos son reconocibles o poseen un rol determinado.

Esta selección, compuesta por 17 obras realizadas al óleo y acrílico sobre lienzo y lino, estará expuesta hasta el 19 de noviembre en el espacio de Plaza América 4, de Galería Thema.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

El jardín animado de Luis Moro

El jardín animado, de Luis Moro
Galería Ángel Cantero
C / Juan Madrazo, 25. León
Hasta el 28 de junio, 2016

El artista plástico Luis Moro (Segovia, 1969) residente en México, muestra en León su obra en la galería de arte Ángel Cantero, en una muestra de pintura y obra gráfica titulada ‘El jardín animado’. Cabe señalar también, que tuvo lugar en el marco de la exposición, la presentación en el MUSAC de la carpeta litográfica ‘Un animal oculto’, con litografías de Luis Moro y poemas de Antonio Gamoneda, a cargo de ambos autores.

Rodrigo González Martín dedica unas líneas a la exposición:

“…Cada vez más nos parece que la obra de obra de Moro va alcanzando un desarrollo sistémico, orgánico, metódico, integrador. De la ‘Cartografía animal’ (2012) al ‘Microcosmos interactivo’ (2013).

Encontramos piezas suficientes de algunas de sus series más ricas y complejas, así “La jungla en llamas”, continuando la indagación del collage, nueva mirada gráfica y objetual, álbum de imágenes reencontradas, animales insólitos despegados y medio ambiente reivindicado. Gacelas, jirafas, caballos, osos, mariposas… arte y crítica social que anticipa un proyecto de nuevo tentador, arte para una economía de intercambio y de sostenibilidad.

‘Jardines recortados’, ‘Sombra del chapulín’, ‘Luciérnagas aladas’, ‘Reflejo del Jardín’, ‘Artrópodos experimentales’… Y se funden la perca y el chapulín, la mariposa Papaloapan y el Hipocampo, el caballo de mar.

La pintura de Luis Moro siempre ha asumido el reto de contarnos historias, relatos filtrados entre dibujos ágiles y colores transparentes. Crea a lomos de las grandes narraciones míticas y su obra es una constante metamorfosis de razones y pasiones. Sacrificios y totems. Tauromaquia y paraísos. Figuras protagonistas acuáticas, color y textura, paisajes sugeridos sobre fondos blancos, re-involución imaginaria.

'El nacimiento de Venus'. Imagen cortesía de la galería.

‘El nacimiento de Venus’. Imagen cortesía de la galería.

Y una cuidada e integrada variedad de técnicas que Moro maneja con meticulosa precisión y sutil artificiosidad, técnicas mixtas sobre papel, lienzo o tabla, infografías con pinturas, serigrafías con óleos, maderas y pieles zoomorfas, collages sobre dibujos efímeros, papeles recortados, livianos, y bronces patinados en formas de toros, peces o caracoles. Y esta exhibición de recursos permite a Luís Moro la posibilidad expresiva y el atrevimiento demiúrgico de iniciarnos en un ‘jardín animado’, reflejo de fantasías líquidas, luminosas y transparentes. Imágenes que nos anticipan una conciliación entre la vida vegetal y animal, entre la vida primigenia y la cultura elegante, refinada, pero respetuosa.

Como ya hemos comentado en otras exposiciones, la pintura de Luis Moro es pura zooilogía (1998). Antes compleja y riquísima síntesis de santos y laicos, de ángeles y demonios, de peces y sueños, de máquinas y almas, ahora se aproxima a la realidad virtual. Pintura neobarroca e hipermoderna, a la vez, expresión e impresión. Atrás queda Mitreo, ‘Papaloapan’ (Río de mariposas) y ‘Xoloitzcuintle’ son nuevas reencarnaciones. Ahora se suman animales fantásticos, chapulines mecánicos, géminis de caballitos de mar, crisálidas en ojos de pez. Artrópodos experimentales y danzas anfibias en busca de El Dorado. Las pinturas de Moro proponen narraciones en las que se fusionan e integran grafos e iconos, enigmas y zoótropos, cronopios y uroboros, que proceden de culturas diferentes, superando fronteras y prejuicios, desvelando un significado que en buena medida es universal. Moro propone un arte transcultural, con una pretensión pedagógica y crítica, creativa y comprometida, indagando en imágenes microscópicas, oníricas y liberadoras, de ‘Paraísos elementales’ a ‘Jardines animados’.

Aquí hay dragones. Joan Morera

[sic]
Joan Morera Arbones
Comisaria: María Marco Covelo
Zona “C”, Santiago de Compostela
Hasta el 22 de mayo 2016

AQUÍ HAY DRAGONES / HIC SUNT DRACONES
Sobre la obra de Joan Morera

“Aquí hay dragones” es una expresión que utilizaban los cartógrafos del siglo XVI —aparece por primera vez en el Globo de Hunt-Lenox (1503-07)— para referirse a aquellas terras ignotas, lugares desconocidos que el hombre no había conquistado todavía. Los planisferios combinaban el rigor de las ciencias cartográficas con dibujos de serpientes marinas gigantescas que complacían los miedos de una civilización que resolvía a golpe de mito lo que aún no había resuelto mediante el logos. En ese momento el paisaje no existía. La construcción cultural de la postal paisajística llega de la mano de los artistas, a partir del XVII, cuando los pintores viajeros registraban sus topografías en aras de un imperialismo cultural. El primero fue Hans Post (Haarlem, Países Bajos,1612 – Haarlem, Países Bajos,1680) quien le dio a Pernambuco (Brasil) su primera representación pictórica. Paulatinamente el interés por documentar lo conquistado creó un nuevo género artístico y de lo pictórico se pasó a lo fotográfico, una técnica definitivamente más ágil que los largos tiempos de secado que el óleo necesitaba. La fotografía de viajes se convierte en la gran aliada de etnógrafos y arqueólogos expandiendo el concepto de paisaje no sólo al entorno natural, sino a todo lo que suceda vinculado al habitat y a los habitos del ser humano.

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El trabajo fotográfico y artístico de Joan Morera (Vigo, 1984) bebe desde sus inicios de la curiosidad de ese etnógrafo decimonónico. Su interés por el paisaje se aleja de la mera aproximación estética y contemplativa para abordar cuestiones de relevancia política y social, como en la serie que presenta en esta exposición colectiva de la Galería adhoc titulado Toldscapes (del inglés “Told” v. to tell: narrar, contar y Scape: paisaje, vista; “Paisajes narrados”), una serie fotográfica que surge a partir de lugares de represión, concretamente de los “paseos”, fusilamientos producidos durante la Guerra Civil española en el sur de Galicia. A través de conversaciones con vecinos de la zona Morera rastrea el lugar exacto donde todo aquello ocurrió e intenta plasmar la transformación de dicho paisaje casi ochenta años después. Otra aproximación al paisaje, en este caso desde el dibujo, sucede en su proyecto Visions da paisaxe I, II y III (Lei 10/1995, do 23 de novembro, de ordenación do territorio de Galicia). El mismo texto legislativo publicado en el DOGA, el Diario Oficial de Galicia, es transcrito manualmente, calcado con precisión quirúrgica y convertido en paisaje abstracto. El trazo del grafito se convierte estrato y horizonte, constructor y constructo, teoría y práxis enmarcadas en una misma pieza.

De las convergencias emocionales vinculadas a los espacios trata su último proyecto: More(i)ras. Realizando durante una estancia de investigación predoctoral en Argentina, Morera establece varios paralelismos entre su álbum fotografico familiar y el rodaje de la pelicula La Misión (localizada en las cataratas del Iguazú, en el límite entre la provincia argentina de Misiones y el estado brasileño de Paraná), y como de modo paradógico, surgen confluencias casuales (o causales) entre la película y su propia vida; como el apellido de uno de los niños protagonistas del film que coincide, excepto en una vocal, con el suyo propio. Morera utiliza el paisaje como un instrumento más de investigación antropológica pero aplicando las estrategias propias del modus operandi artístico.

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Ese es uno de los factores clave que nos lleva a definir la obra de Morera como post paisajística: La apropiación de historias ya existentes que re-estructura y samplea en una suerte de postproducción, de síntesis entre la investigación académica y la deriva emocional; como afirma Nicolas Bourriaud en su texto Post Producción. La cultura como escenario: modos en que el arte reprograma el mundo contemporáneo: “La apropiación es en efecto el primer estadio de la post producción; ya no se trata de fabricar un objeto, sino de seleccionar uno entre los que existen y utilizarlo o modificarlo de acuerdo con una intención específica. Marcel Broodthaers decía que “después de Duchamp el artista es el autor de una definición” que vendría a sustituir la de los objetos que escoge”.

Morera se apropia, redefine y finalmente reconquista para su propia práctica aspectos marginales del paisaje como aquellas tierras ignotas del XVI habitadas por animales fabulosos eran reconquistadas por los cartógrafos renacentistas. Su paisaje ya no es antropología, ni arqueología, ni cartografía, sino todo eso y nada de eso simultáneamente.

María Marco

Web del artista
Web de la comisaria
Web de la galería AD HOC

La silenciosa misiva de Ana Vernia

‘La última tertulia’, de Ana Vernia
Galería Shiras
Calle Vilaragut, 3. Valencia
Hasta el 30 de abril de 2016

A pesar del título de la exposición, ‘La última tertulia’ de Ana Vernia tiene mucho que decir. La artista declara muy acertadamente en las páginas del catálogo que “Aquel silencio ya no existe. La magia, la mística, el placer de mirarse, de olerse, de jugar con las palabras, de sentarse junto al fuego, se aleja sobre una balsa hacia el final del lago”. Ese silencio al que elude parece sentirlo muy alejado en el tiempo y es precisamente esa lejanía, esa reivindicación de un silencio prácticamente inexistente en nuestra sociedad, lo que Ana Vernia transmite en esta su última exposición para la Galería Shiras.

Con una base muy elaborada de dibujo, Ana Vernia encaja perfectamente la línea negra que, en ocasiones predomina y en otras, desaparece entre los pigmentos casi diluidos de tintes sútiles y elegantes. Entre los tonos pastel de amarillo y azul, se muestran rojizos detalles que sirven para dirigir la mirada del observador hacia texturas plumíferas o hacia representaciones de bocas con afilados dientes. Estas últimas representaciones son el motivo que casi se repite durante toda la muestra. Breves explicaciones transformadas en puntos de atención.

Además, las letras ‘H’ escritas directamente sobre el soporte, son el indicio perfectamente indicatorio para lograr comprender aquello que Vernia intenta transmitir. El uso la técnica plástica, sosegada y tranquila incluso en su creación, parece ser una elección adecuada en todo momento. Cuando el artista se encuentra trabajando en su estudio (preferiblemente rodeado de silencio) desea escuchar únicamente el roce que se produce entre material y soporte. En lo referente a la contemplación, también suele ser sobresaliente si es en silencio.

Paisajes líquidos nº9. Imagen cortesía de la galería.

Paisajes líquidos nº9. Imagen cortesía de la galería.

La serie ‘Paisajes líquidos’ ocupa la mayor parte del recorrido expositivo pues la componen 10 piezas que, aunque en consonancia con el resto de obras que se presentan, poseen un carácter distintivo. Surgen de ellas personajes de carácter fantástico, casi animales antropomórficos que han sido capturados en su hábitat natural, el creado por la artista. Por supuesto, cabe destacar el lienzo de gran tamaño que da nombre a la exposición, donde un encarnado corazón ocupa la parte central del cuadro y casi parece latir, pero recordemos, que todo se encuentran en silencio…

La artista nos sorprende atreviéndose a extraer parte de sus motivos a través de la cerámica. Se exponen así las primeras piezas escultóricas en cerámica que ha llevado a cabo ex profeso, igual que el resto de obras, para la galería. Quizá la elección de una artista que que trata el tema de la comunicación no haya sido casualidad. En la galería Shiras se produce de manera casi instantánea una comunicación franca y espontánea, mucha gente entra y sale, la barrera entre público y espacio, se rompe para ofrecer una actitud espontánea y franca. Es quizá por ello que entre Ana Vernia, artista todavía en proceso de consagración, y la galería, se ha producido una relación comunicativa. Nos confiesa su directora, Sara Joudi, que uno de sus principales premisas es que “la pieza debe transmitir incluso a aquellos que no entienden el arte”.

La última tertulia. Imagen cortesía de la galería.

La última tertulia. Imagen cortesía de la galería.

Se convierte así todo el conjunto de la exposición en reivindicación constante llevada a cabo de forma magistral a través del contraste entre comunicación y silencio. Las abiertas bocas parecen gritar pero quedan ahogadas por el soporte para el que han sido creadas. La sociedad actual impide la existencia de un silencio absoluto y sino lo creemos, parémonos por un segundo a escuchar. Ana Vernia nos pone en sobreaviso, revalorizando ese silencio del que ya casi no podemos disfrutar.

María Ramis.

Juan Fuster y Sergio Ros, frente al consumo insostenible

Clausura de El paisaje en casa, de Juan Fuster
Galería PazyComedias
Valencia.

Lo de Juan Fuster, es evitar que ciertas piezas y materiales “inservibles” acaben como material de desecho. Desde chips de placas electrónicas hasta vasos y platos de usar y tirar. Para él, recuperarlos y crear es sin duda una práctica y un ejercicio. “En casa, junto al fregadero, siempre tengo bandejas de plástico y materiales de todo tipo para limpiar y crear con ellos”, dice el artista, “Mi familia ya ha pasado la fase de quejarse y se resigna”, “Me nutro de esos materiales que cotidianamente se tiran en las casas y me los llevo al estudio”.

Una vez allí, en el estudio, Fuster investiga, compone y crea con dichos materiales lo que serán sus piezas singulares. Paisajes. Detrás de ellos hay reflexión. El proceso creativo, -para él- es una liturgia que también representa un refugio frente a la apisonadora del sistema productivo en el que -como muchos- se siente atrapado.

Y sobre la limitación de recursos naturales, consumo y creatividad, reflexiona también Sergio Ros en la conferencia titulada EL NUEVO CONSUMIDOR DEL s. XXI, que sirvió de acto de clausura de la exposición de Fuster.

José Vicente Santaemilia, Sergio Ros y Juan Fuster durante la conferencia. Foto Sansón Carrasco.

José Vicente Santaemilia, Sergio Ros y Juan Fuster durante la conferencia en la galería PazyComedias. Foto, Sansón Carrasco.

Ros, preside la Fundación Pascual Ros Aguilar, y es director de marketing de MTNG Experience entre otras ocupaciones.

Ambos, invitados por la galería PazyComedias y presentados por José Vicente Santaemilia se manifestaron sobre las inquietudes que les ocupan y vinculan.

“El arte es el último refugio de lo auténtico” afirmó Ros respecto a la sala que les acoge, “Tengo esa sensación aquí y ahora, y también cuando paso por Mustang Gallery, que está en un lugar por el que todo el que entra en la sede de la empresa ha de atravesar sí o sí. “No hay escapatoria, para entrar en la empresa hay que pasar por la galería” -y añade-, “Es la mejor manera de avalar lo que para mí representa el arte”.

Dice esto, refiriéndose al espacio que gestiona la citada Fundación y que él mismo preside, espacio que está ubicado en un punto estratégico de la empresa por el que todo visitante pasará.

Ros se sincera con la audiencia, “La sociedad de consumo según el modelo actual no es sostenible”, “Como responsable de marketing, estoy diciendo cosas que no debería”, “Es evidente que la tierra tiene unos recursos finitos”

Cuando se plantea por dónde empezar a cambiar el modelo productivo, cita los países nórdicos y la educación, pero es pesimista y crítico respecto al comportamiento humano. “El consumidor se decanta por lo más cómodo”, y “Además mira el precio”, -y continúa diciendo verdades-  “Ya nadie se acuerda de las decenas de fallecidos de la fábrica textil en Pakistán”. “Por lo tanto, es cuestión de educación y mentalización desde la base “, de lo contrario, “únicamente puede cambiar el sistema algún desastre natural, una catástrofe mundial que no dé otra salida”, -sentenció Ros, consciente -de todo ello- por la experiencia que le ha brindado su trayectoria profesional y humana.

Paisaje en Casa, de Juan Fuster. Foto Sansón Carrasco.

Paisaje en Casa, de Juan Fuster. Foto, Sansón Carrasco.

La conferencia la cierra Juan Fuster, que además de artista, es el responsable de programación de Mustang Art Gallery, con ubicación en el mencionado espacio de Elche. “El concepto artista parece que reduce nuestro deseo de mostrar otras formas de crear”, y añade, “Por ello prefiero hablar de creadores en lugar de artistas”, “Es un concepto más amplio, nos interesa la poesía, el diseño y otras manifestaciones artísticas que demanden y necesiten atención.

En cuanto a su obra como artista, Fuster reconoce tener cierta nostalgia de los años ochenta. Década en la que sin duda, el consumismo en España no era tan evidente. Por aquel entonces las cosas se reparaban y tenían una segunda oportunidad.

Ahora, con Fuster, -en una especie de asociación entre ingenio, criterio y esencia crítica- esos objetos cuyo destino habitual es la basura, se redimirán y tendrán otra vida. ¿No deberíamos pensar en ello?

Imagen de portada, Santaemilia, Ros y Fuster en la conferencia. Foto, Sansón Carrasco.

Vicente Chambó

Eva Mus, 60 años como si nada

Eva Mus. Retrospectiva
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 29 de mayo de 2016

Figuras y paisajes. Estos son los dos grandes temas que explora Eva Mus (Valencia, 1940) en su obra. Temas ahora desplegados en la retrospectiva comisariada por Manuel Muñoz que acoge el Centro del Carmen bajo el escueto título de ‘Eva Mus. Retrospectiva’. Trabajos en los que la pintora, siguiendo la línea que traza el título de la muestra, se dedica a abundar en aquello que constituye la materia misma de su elaboración plástica: la simplicidad, que no simpleza, de unas pinturas, dibujos y collages plenos de sutilezas.

Obra de Eva Mus. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Obra de Eva Mus. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Las figuras y los paisajes que Eva Mus repite sin cesar en sus cuadros son como variaciones caligráficas del color. Al igual que un poeta utiliza palabras para ceñir lo que el tiempo degrada, una pintora maneja colores con los que describir los más sutiles estados de ánimo. Ya sea el San Pío V y su entorno, figuras en puertas y ventanas, o los más diversos arbolados, Eva Mus lo que hace es ponerse a la escucha de cuanto ve con paciencia sabia. El Centro del Carmen recoge 60 años de su dilatada trayectoria, en la que también figuran sus influencias cinematográficas, sobre todo del periodo clásico en blanco y negro que ella tanto admira.

Más de 50 obras dan fe de ese trabajo minucioso, incluso doloroso hasta alcanzar la tonalidad exacta bajo cierto estado de ánimo. A veces, una misma figura se repite arropada por variaciones cromáticas que transforman la presencia inicial. De igual manera que un paisaje cambia por efecto de la luz emanada del color. Figuras y paisajes que Eva Mus trata con parsimoniosa dedicación. Y como aquel hombre que susurraba a los caballos, la artista valenciana también parece susurrarnos a la vista lo que ella con anterioridad ha tenido el cuidado de mirar.

Obra de Eva Mus. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Obra de Eva Mus. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Mirada en una doble dirección. “Pintura sometida a la apariencia, al efecto óptico, a la ilusión”, dice en uno de las apartados de la exposición. Y pintura que intenta  “recorrer el camino a la inversa”, para “tratar de llegar de la ficción a la pintura”. El objetivo no es otro que descubrir “el gesto del pintar, el material elemental: pigmento, cola, papel”.

Sus tierras arcillosas y sus cielos recubiertos de un azul esquivo parecen el fondo ideal para sus orientales arbolados. Orientales porque el ramaje parece estar pintado con caligrafía japonesa. Como si la práctica zen estuviera detrás de esas mínimas variaciones del paisaje. Y como si la pintura y la escritura se dieran la mano para expresar con mayor riqueza esos estados de ánimo. Pero también del oriente mediterráneo, allí donde la mística contemplativa llevó igualmente al extremo la pasión por el detalle.

Vista general de la exposición de Eva Mus en el Centro del Carmen.

Vista general de la exposición de Eva Mus en el Centro del Carmen.

Las figuras también se sitúan ante puertas, ventanas o en interiores, para mostrarse en la ambigüedad de quien se deja ver sin ser del todo visto. Figuras muy cinematográficas en su encuadre y tratamiento, de las que resulta difícil saber si están a punto de salir o simplemente curiosean con el exterior, como el arbolado curiosea con el entorno frágil que Eva Mus pinta una y otra vez. Fragilidad que parece destilar también la posición de esa hija que requiere un padre, al que alude una de sus obras.

Su trabajo es un ejercicio singular de repetición cambiante. Figuras y paisajes que la artista valenciana no se cansa de pintar como queriendo atrapar incansable la fugacidad del tiempo y de la vida. La niña que un día fue también es una constante en su obra, donde tan pronto come sandía como está junto a un perro o se somete al dictamen del  propio lápiz de dibujo que parece apuntar hacia la yugular. Así es el universo de Eva Mus: delicado, sugerente y pleno de un misterio que se mantendrá en el Centro del Carmen hasta el 29 de mayo.

Obra de Eva Mus. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Obra de Eva Mus. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Salva Torres

Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje

Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje
Fundación Museo Salvador Victoria
Calle Hospital, 13, Rubielos de Mora, Teruel
Inauguración el 9 de abril de 2016, a las 20h.

Tanto para Joan Hernández Pijuan como para Eusebio Sempere, el paisaje siempre estuvo fuertemente unido a su trayectoria artística. Durante sus primeras etapas figurativas, el pintor barcelonés realizó obras como Paisatge d´Horta de 1950; el de Onil paisajes de palmeras y en 1949 la acuarela Paisaje, con claras influencias de Paul Klee.

En la década de los sesenta, ya dentro de la abstracción lírica, Sempere profundiza en el tema del paisaje, castellano principalmente. También hizo referencia a las tierras aragonesas, como consecuencia de sus visitas veraniegas a la población turolense de Mosqueruela, lugar de origen de Abel Martín, pintor, amigo y serigrafísta de la obra gráfica de Sempere. Paisaje Aragonés, de 1964, sería un ejemplo. Solo en 1962 llegó a realizar más de veinte paisajes. Tres años más tarde pintó Paisaje lluvioso, Paisaje de junio y Campo de mimbre, donde podemos apreciar la bella gama cromática utilizada, esos verdes de los que habló el pintor Fernando Zóbel:”Sempere consigue unos verdes saturados, húmedos, que no tienen precedente en toda la historia de la pintura”. Es la época de sus viajes a la ciudad de la Casas Colgadas, de los preparativos para la inauguración del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, y de la adquisición de una casa en la parte alta de la ciudad natal de su buen amigo Gustavo Torner. También en 1965 ingresó en la galería Juana Mordó, y para ella realizó su primera carpeta de serigrafías: Las cuatro estaciones, estampada por Abel Martín, quien llegó a realizar para el pintor cinético más de doscientas serigrafías durante toda su trayectoria artística. La carpeta, editada por Mordó, estaba acompañada por textos de Pedro Laín Entralgo.

A partir de 1966 comenzó una larga etapa en la que la geometría toma posesión de la obra, en detrimento de aspectos más líricos y poéticos, aunque con paréntesis como el de 1969 con la carpeta Cuando estuvo en Cuenca D. Luis de Góngora, donde podemos apreciar los colores del paisaje conquense. En los años setenta realizó una decena de obras de carácter paisajista, todas ellas sobre tabla, en las que predomina el formato cuadrado, dividido ópticamente en cuatro cuadrantes delimitados por las rayas finas del gouache; son composiciones con líneas de horizontes claros, colores terrosos y cálidos en la parte inferior, y claros en la superior, en las que en ocasiones aparecen formas que recuerdan el Sol, la Luna o el Arco Iris, un buen ejemplo son Paisaje amarillo (1976); Horizontes y El día, la noche, la tierra (1978); y El día y la noche (1979). También vemos las líneas del horizonte en composiciones monocromas, como en Espacio Ocre de 1977, donde nos sugiere un paisaje más geometrizado.

Hernández Pijuan, tras dejar atrás una etapa de investigación pictórica basada en la relación entre el espacio y el objeto, en la que convirtió en imagen elementos como el huevo, las tijeras, la regla o la cinta métrica, llegó al paisaje a principios de los setenta. Realizó la serie Acotacions, obras monocromas de sutiles gradaciones verdes, paisajes de la población de Folquer que el autor interiorizó y plasmó sobre la tela de manera minuciosa, con pinceladas cortas y sucesivas, llegando a provocar la sensación de la insignificancia que tiene del hombre ante la naturaleza. En alguna de las composiciones pintó en su centro una centenaria encina, la que podía ver desde su estudio a través de la pequeña ventana que daba a la Sierra de Comiols. En 1976 estampó Proyectos para un paisaje y diez aguafuertes y aguatintas para La Polígrafa, donde el color es capaz de crear una atmósfera cálida y profunda, al igual que en el aguafuerte y aguatinta Doble paisatge de 1977.

Detalle de la exposición: "Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje." 2016 Cortesía del Museo Salvador Victoria

Detalle de la exposición: “Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje.” 2016 Cortesía del Museo Salvador Victoria.

En el verano de 1980, en su estudio de la Casa Gran de Folquer, realizó dos pequeños óleos preparatorios para el gran formato Tríptic de Montargull, a los que tituló Colors per tríptic de Montargull, piezas que hacen clara referencia al paisaje de la pequeña localidad leridana del mismo nombre. Paisajes de pinceladas de óleo en tonalidades ocre, como los campos de cereales presentes en esta comarca de la Noguera, que nos hipnotizan hasta hacer difícil apartar la mirada.

Si para Sempere los primeros años de la década de los ochenta son el fin de su carrera debido a su enfermedad y fallecimiento en 1985, para Hernández Pijuan es el arranque de una nueva etapa, tal vez la más conocida por el gran público. El pintor de Folquer en los veranos de principios de los ochenta desplazó su estudio a una de las plantas inferiores de la Casa Gran, donde ya no le era posible observar el paisaje de manera directa. Desde este nuevo emplazamiento nos habló de la memoria de un paisaje sintetizado en signos. Las mallas, los caminos, la morera, el ciprés o las nubes serán sus referentes.

Con la llegada de los noventa, el pintor de silencios trabajó sobre grandes superficies y sin apenas elementos iconográficos. A partir de una masa central de óleo y esmaltes industriales, el autor esparcía la materia y la modulaba sobre la tela, dejando zonas muy densas en el centro y otras sin apenas textura, en los bordes del lienzo. La luz y la oscuridad se disputan el espacio ocupado y el vacío. Toda esta superficie es surcada por líneas que se entrecruzan a modo de malla metálica o de caminos encontrados.

Hernández Pijuan en sus últimos óleos utilizó el color blanco como fondo, y sobre éste extendió una mancha negra, rotunda y dramática, como presagio de un final próximo. En una de sus últimas reflexiones escribió: “podría decir también que se trata de convertir el paisaje en algo que uno mira“.

Los haikús fotográficos de Masao Yamamoto

Small Things in Silence, de Masao Yamamoto
Espaciofoto
C / Viriato, 53. Madrid
Hasta el 6 de noviembre de 2016

Debido al éxito y tras haber recibido más de 2.500 visitas desde su inauguración el pasado 17 de septiembre, la galería Espaciofoto prorroga la exposición Small Things in Silence de Masao Yamamoto hasta el próximo 6 de noviembre, compuesta de 50 imágenes repartidas en tres series: ‘Box of Ku’, ‘Nakazora’ y ‘Kawa’. La sala madrileña celebra con esta muestra el quinto aniversario de su apertura.

Yamamoto es conocido en el mundo de la fotografía contemporánea por sus poéticas imágenes que imprime siempre en pequeño formato (a lo que alude el título de la exposición, “pequeñas cosas en silencio”) y que podrían equipararse a delicados haikús. Son imágenes que el artista busca individualizar para convertirlas en objetos únicos.

Fotografía de Masao Yamamoto. Cortesía de Espaciofoto.

Fotografía de Masao Yamamoto. Cortesía de Espaciofoto.

Yamamoto desdibuja el límite entre pintura y fotografía experimentando con las superficies impresas. Por ejemplo, tiñendo y virando (con té u otros líquidos), pintando o rasgando sus fotografías. Sus temas habituales suelen ser bodegones, desnudos o paisajes, pero su imaginación le lleva a experimentar también en este aspecto.

En los últimos tiempos intenta crear imágenes que puedan evocar recuerdos. En otras ocasiones con sus pequeñas fotografías construía instalaciones que mostraban cómo cada imagen forma parte de una realidad más amplia.

Nacido en 1957 en Gamagori City, en la prefectura de Aichi en Japón, estudió pintura antes de escoger la fotografía en gelatina de plata como su medio artístico. Comenzó exponiendo en muestras colectivas tanto en Japón como en Italia.

Fotografía de Masao Yamamoto. Cortesía de Espaciofoto.

Fotografía de Masao Yamamoto. Cortesía de Espaciofoto.

Su primera gran exposición individual, con la serie ‘A Box of Ku’, la realizó en la Shapiro Gallery de San Francisco, en 1994, aunque el espaldarazo internacional le llegó dos años más tarde con una muestra en la Yancey Richardson Gallery de Nueva York.

Desde ese momento su presencia es habitual en galerías y museos de Estados Unidos, Europa, Japón, Rusia y Brasil. Sus fotografías han aparecido en grandes medios internacionales, como el diario New York Times y las principales revistas de arte. Masao Yamamoto reside en Yatsugatake Nanroku, en la prefectura de Yamanashi, donde disfruta creando su trabajo rodeado de la naturaleza.

Fotografía de Yamamoto. Cortesía de Espaciofoto.

Fotografía de Masao Yamamoto. Cortesía de Espaciofoto.

Los Princesa de Asturias 2015, según Tamargo

Retratos de los galardonados con los Premios Princesa de Asturias 2015, de Marcos Tamargo
Hotel de la Reconquista
Estudio Marcos Tamargo (a la derecha del patio interior)
Gil de Jaz 16, Oviedo
De 19 al 31 de octubre de 2015

El artista Marcos Tamargo, en colaboración con la firma Windsor&Newton, exhibe en su estudio del Hotel Reconquista de Oviedo los retratos de los galardonados con los Premios Princesa de Asturias 2015, en su quinto año consecutivo de vinculación pictórica, como actividad paralela, con este solemne acto académico que inicia una nueva singladura y denominación.

Obra de Marcos Tamargo en relación con el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2015 a Pau y Marc Gasol. Imagen cortesía de la organización.

Obra de Marcos Tamargo en relación con el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2015 a Pau y Marc Gasol. Imagen cortesía de la organización.

Tras regresar de Ginebra como invitado oficial de Rolf Heuer, director general del CERN -organización galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2013, a quien ha donado el retrato de su edición respectiva-, Marcos Tamargo ha culminado los últimos detalles y preparativos de una exposición que se suma a su trabajo más reciente vinculado con los horizontes paisajísticos de Kenia, fruto de sus dos residencias artísticas en la ciudad de Mombassa, rubricando una temporada de intensa actividad y vínculo con 18 galerías nacionales e  internacionales, así como la producción en curso de diversos proyectos en el continente americano para 2016.

Obra de Marcos Tamargo en relación con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015 a Leonardo Padura. Imagen cortesía de la organización.

Obra de Marcos Tamargo en relación con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015 a Leonardo Padura. Imagen cortesía de la organización.

Hasta el próximo 31 de octubre podrá visitarse la exposición de los nueve retratos, encabezados por el dedicado a Su Alteza Real La Princesa de Asturias, doña Leonor de Borbón y Ortiz, junto con los lienzos de los premiados en las ocho categorías, para los que Tamargo ha recurrido a la técnica del moveart -como un aditamento y plus a su trayectoria pictórica-, caracterizada por el empleo de acrílicos luminiscentes sobre la superficie de la obra, que permite al artista transformar la apariencia conceptual de los retratos intervenidos para la revelación posterior de la persona o entidad premiada, a modo de palimpsesto figurativo, dotándoles de una dimensión pedagógica y significativa asociada a las virtudes que han merecido la concesión de cada uno de los galardones de los presentes Premios Princesa de Asturias 2015.

Obra de Marcos Tamargo en relación con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2015 a Francis Ford Coppola. Imagen cortesía de la organización.

Obra de Marcos Tamargo en relación con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2015 a Francis Ford Coppola. Imagen cortesía de la organización.