Sebastián Nicolau, ¿sin trampa ni cartón?

Duplum, de Sebastián Nicolau
Galería Shiras
C / Vilaragut, 3. Valencia
Hasta finales de julio de 2016

“No hay voluntad de engañar; no hay nada oculto”, insiste una y otra vez Sebastián Nicolau, cuyos últimos trabajos se muestran en la Galería Shiras de Valencia hasta finales de julio. Y sin embargo… Sucede que su obra invita a la duda, a la interrogación: ¿son planchas metálicas lo que el espectador ve o reproducciones infográficas que dan esa impresión? “Yo no hago trampantojo, todo es muy evidente”, recalca.

Y lo que resulta evidente en su obra, que muestra en Shiras bajo el título de Duplum, es su intención de “llevar las cosas al extremo”, de tensar el diálogo entre “lo que es real y lo que no lo es”, explica el artista. De manera que esa mezcla de planchas de aluminio que parecen ser lo que son y esas otras que simulan su carácter metálico, cuando en realidad son impresiones digitales, forma parte del juego al que nos convoca Sebastián Nicolau y para el que cuenta “con la buena voluntad del espectador”.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Yo no he dejado nunca de ser pintor figurativo”

Por eso el artista no esconde nada, sino que pone sus cartas boca arriba para todo aquel que quiera saber en qué consiste el juego, cómo está hecho. Ahí lo tienen, delante de sus ojos: chapas de aluminio manipuladas, cortadas y dobladas sobre las que trabaja Sebastián Nicolau para convertirlas en soporte de sus dibujos y pinturas que terminan comportándose como esculturas. “Es todo muy tradicional: pintura al óleo sobre metal”. Y añade: “Yo no he dejado nunca de ser pintor figurativo y realista, porque más realismo que lo que es físico no hay; yo diría que casi es hiperrealismo”.

Ese carácter escultórico tiene, no obstante, su viaje de vuelta, en forma de imagen plana que evoca el volumen original. “A la pieza tridimensional luego le doy una vuelta de tuerca y la convierto en objeto bidimensional, al que el ollado y cosido le da volumen”. Ese juego del prestidigitador cuya actuación sabemos que se sustenta en el engaño del ojo, en la trampa, al que aún así le demandamos el más verosímil de los engaños, está sin duda en el trabajo de Sebastián Nicolau.

Obras de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obras de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“En mi obra no hay truco, todo es dibujo, pintura, escultura”

De nuevo el espectador y su complicidad. “Sí, es como en los trucos de magia, que aunque sepas que lo son y busques la explicación te siguen maravillando”. Dicho lo cual, insiste en que, en su caso, “no hay truco, todo es dibujo, pintura y escultura”, para concluir que, después de todo, “es el espectador el que se oculta a sí mismo”. Podría decirse, al hilo de los pliegues y dobleces que conforman su Duplum, que es el propio artista también el que se oculta, para dejar que sea la ambigüedad de la realidad y la ficción la que reclame para sí toda la emoción.

Conviene destacar la importancia del juego, del artificio y del doble sentido en la obra de Sebastián Nicolau. Siempre que lo entendamos no como mentira, sino como la manera de producir una emoción interrogativa en el espectador. Arte y artificio colocados en el mismo registro. “Es como salir del cine y pensar lo bien construido que está el guión”. Porque de eso se trata: de construir una ficción que emocione, que sacuda la percepción y “te lleve a preguntarte por el modo en que está hecha la maquinaria”.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Yo siempre he trabajo en espiral, más que en línea recta”

El análisis sería en su caso otra vuelta de tuerca más en el deleite de la emoción, nunca la forma de aniquilarla. De hecho, se acuerda de un espectador inquieto que le demandaba conocer la “verdad” del trampantojo, las tripas del artificio, para mejor degustarlo. “Yo no he sido pintor abstracto nunca, porque empecé haciendo una especie de realismo mágico y, en el fondo, continúo jugando con la realidad y la ficción”. Por eso destaca su trayectoria como un camino alejado de la “somnolencia” rectilínea: “Yo siempre he trabajado en espiral, más que en línea recta”. Y la espiral adquiere resonancias manieristas, por ser una de las figuras señeras de ese movimiento artístico. Espiral que a Sebastián Nicolau le lleva a entender su trabajo repleto de “cambios paulatinos, sin grandes saltos”. Más que concebido como un despliegue lineal, preñado de pliegues.

La veintena de piezas que integra Duplum revela ese carácter espiral, sinuoso, ondulante, por el que las luces y las sombras, lo rígido y lo dúctil, van dialogando. “Hay cierta tensión dramática”, dice. “La cuerda parece tensionar el metal, que se comporta como una tela que al principio coses con mimo y luego avanza en agresividad con el dibujo”. Puro artificio mediante el cual Sebastián Nicolau provoca emociones en un espectador que puede hacer de todo menos aburrirse. Como el propio artista, que ya está pensando en su siguiente serie, en nuevos pliegues y dobleces: “No me gusta dormirme”.

Sebastián Nicolau delante de algunas de sus obras en la galería Shiras.

Sebastián Nicolau delante de algunas de sus obras en la galería Shiras.

Salva Torres

Perceval Graells traza su memoria

Traçant memòries, de Perceval Graells
La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Inauguración: jueves 2 de junio, a las 20.00h
Hasta el 26 de julio de 2016

Traçant memòries es una mirada al pasado. Todos aquellos primeros recuerdos y vivencias de la vida de Perceval Graells. Es volver a la infancia, a los juegos y a aquellos momentos siempre felices con su familia y amigos. La muestra está compuesta por unas 50 obras, algunas en papel y otras en tela pero todas en técnica mixta (óleo, acrílico, ceras, lápiz…)

Simplement estiu, de Perceval Graells. La Llotgeta.

Simplement estiu, de Perceval Graells. La Llotgeta.

Estos recuerdos son sobre todo del lugar donde nació y pasó su infancia, Alicante y del pueblo de su madre, Tarazona de la Mancha. Por eso hacen referencia tanto al campo y sus viñas como al mar Mediterráneo.

Uno de los recuerdos más antiguos que tiene la artista es dibujar y pintar en una mesa blanca y donde las horas pasaban sin darse cuenta. A través de esta exposición quería volver a sentir esa sensación a través del trazo. Tener esa libertad de trazo que tenía en aquellos momentos.

A través de la mirada, el cor, de Perceval Graells. La Llotgeta.

A través de la mirada, el cor, de Perceval Graells. La Llotgeta.

Años más tarde Perceval Graells ha visto algunas pinturas que guardó su padre de sus primeros años de vida y dice que ese trazo tiene mucho que ver con lo que en esta muestra se puede observar.

Perceval Graells.

Perceval Graells. Imagen cortesía de la autora. 

La cara oculta de la fuerza femenina

Y llegas a perforarme en el blanco de mi sed, de Paula Bonet
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 4 de junio de 2016

Paula Bonet (Villa-Real, 1980) ha alcanzado la meta con la que sueña todo joven artista. Un objetivo que va más allá del triunfo y la fama. Acuñar un estilo propio que la define y la  identifica en medio de la vorágine que es hoy el arte y que, además, conecta con la sensibilidad artística imperante. Afincada en Barcelona desde hace un par de años, la artista pasó por Valencia para presentar en la Galería Pepita Lumier una exposición muy especial. ‘Y llegas a perforarme en el blanco de mi sed’ es el título poético y excesivo de esta muestra que reúne 11 óleos, 24 grabados y 30 dibujos que se podrán ver hasta el 4 de junio. Se trata de un adelanto del próximo proyecto de Bonet, el libro ilustrado La Sed, que publicará Lunwerg en octubre 2016. El texto reúne un coro de  voces de varias poetas y escritoras presididas por la dramática figura de Anne Sexton que se suicidó en 1974.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

“Lo que más me fascinó de ella es el hecho de que tratara con tanta crudeza y sin ningún tipo de censura temas dolorosos de la experiencia de ser mujer que siempre habían sido considerados tabú”, dice Bonet. “También que utilizara la autobiografía para este fin, con total libertad, sin tapujos. Me fascinó el uso que hace de la literatura para entenderse a sí misma, cómo a través de ésta conseguía encontrar cierta serenidad y alivio en el drama en el que le tocó vivir”.

Poeta suicida

Junto a su amiga Sylvia Plath, Clarice Lispector o Virginia Woolf, Sexton pertenece a la estirpe de las autoras marcadas por un sino fatal y tendencias autodestructivas. Lo tenía aparentemente todo. Belleza, talento, éxito, dos hijas, pero algo  en su interior le impedía disfrutarlo felizmente. El 4 de octubre de 1974 se puso un abrigo de pieles que heredó de su madre y, después de beberse un par de vodkas, se encerró en su garaje y puso en marcha el motor de su Cougar rojo.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

“Sexton es una de las autoras que siento como refugio, que me ayudan a entenderme y a aceptarme”, añade Bonet. “Y es una de las voces que intenta contener el personaje principal del proyecto editorial en el que estoy trabajando, La Sed. Para reflejar su angustioso universo lo que he hecho es buscar los lugares comunes, aquellos en los que me siento retratada a través de su trabajo. Una vez localizados he intentado ser tan sincera en mis imágenes como lo fue ella en sus textos”.

‘El problema está/ en que dejé helarse a mis gestos./ El problema no estaba/ en la cocina o en los tulipanes/ sino sólo en mi cabeza/ mi cabeza.’ Es uno de los poemas de Sexton que aparecen en la exposición orlado de dibujos de pájaros muertos o agonizantes, almejas fuera de temporada, lenguas humanas. “Las que presento son imágenes dibujadas con puntas de acero”, escribe la artista. “Grabadas a golpe de baño de ácido. Estampadas sobre el papel a fuerza de ser reventadas contra el tórculo”.

Domina lo sombrío, tétrico y oscuro, apenas unas cuantas pinceladas de color, ella que era tan amante del rojo. Pero asegura que no refleja un estado de ánimo depresivo, ni se trata de un punto de inflexión en su obra. “Siento una armonía y una plenitud que nunca había experimentado hasta ahora”, afirma rotunda.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Tiene motivos sobrados para sentirse satisfecha. Y uno de ellos es su estancia en Barcelona. “Allí  he encontrado una serenidad y calma que no había disfrutado antes. Es un lugar perfecto para la creación. Desde que llegué me vi participando de un clima sano en el que el respeto por el trabajo ajeno, la suma de fuerzas entre creativos de distintos ámbitos y las ganas por seguir y por construir me hicieron sentir muy cómoda. Es un lugar perfecto desde el que continuar cuestionándose y continuar trabajando”.

Licenciada en Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia, Bonet amplió su formación en Santiago de Chile, Nueva York y  Urbino. Comenzó su carrera centrándose en el óleo y el grabado y, a partir de 2009, decidió dedicarse a la ilustración. Sus retratos de mujeres, de los que ella misma ha sido modelo algunas veces, expresan una atinada combinación de fragilidad y fortaleza femenina que conecta con el sentir de las jóvenes de hoy. Practica un tipo de ilustración aparentemente sencilla de líneas limpias y tintas de color sólo en algunos puntos de la imagen en blanco y negro. Como ella mismo ha dicho en varias entrevistas, es un concepto de dibujo “muy íntimo”.

Su primer trabajo como autora, ‘Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End’ es un libro muy personal acerca de las cosas o situaciones que se acaban en el momento que menos se espera  destrozando los planes presentes y futuros. El duelo y el dolor por esa situación ilustrado con delicadeza y realismo en la misma proporción. También ilustró ‘La petita Amèlia es fa gran’ (La pequeña Amelia se hace mayor), un relato infantil de Elisenda Roca.

Paula Bonet. Fotografía de Noemí Elías.

Paula Bonet. Fotografía de Noemí Elías.

Bel Carrasco

El laberinto de Manuel Martínez Ojea

Fabulaciones de un imaginario, de Manuel Martínez Ojea
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Inauguración: viernes 1 de abril, a las 20.30h
Hasta el 13 de mayo de 2016

La actual muestra del pintor Manuel Martínez Ojea puede considerarse como la consolidación de una obra pictórica madura e inagotable. Atrás queda esa etapa inicial donde se podían distinguir con claridad las dos direcciones en que se vertebraba su creación: su trabajo dentro del Grupo La Campana, en Las Tunas, Cuba, del cual es fundador (junto a los artistas Carlos Pérez Vidal y Óscar Aguirre Comendador, quien esto escribe); y sus exposiciones personales como artista independiente. La primera se inclinaba hacia un perfil de tipo interdisciplinario y social participando en los diferentes proyectos que llevó a cabo el grupo en esta ciudad intentando dinamizar el contexto cultural haciendo partícipe al espectador de estas experiencias. La segunda señalaba ya los matices personales en el campo de la investigación, reflexión y búsqueda en la propia historia del arte, principalmente en la pintura.

Obra de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

No es bueno, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Manuel, poco a poco, fue abandonando el aspecto político que tanto caracterizó a su producción en Cuba (como la de muchos artistas de esa época inconformes con su propio “status” y con la realidad política y social del país, artistas  que conforman hoy la diáspora artística en el exilio) para concentrarse en una obra de carácter  más  personal y universal. Comenzó a explorar las posibilidades que le brindaba el estudio del arte y sus variadas disciplinas para sumergirse en su análisis y su conocimiento y así poder dotar a su obra del asombroso y variado contenido que hoy disfrutamos.

En 1996, para el proyecto ‘Navegantes’, comenté algunas ideas teóricas sobre su obra, su preocupación genuinamente ontológica…”Su prisma abarca desde las más sofisticadas reflexiones filosóficas, teológicas o éticas, hasta las más sencillas historias de amor, romántico nacionalismo o los variados recuerdos de aquella isla (Cuba) que no deja de atraparnos con su hechizo”. Ahora, observo cuánto se ha desarrollado y madurado su obra, cuánto ha acentuado su personalidad en algo más de una década, cuánto tesón pone en su trabajo porque es un artista distante de todos los circuitos comerciales del arte, despreocupado por si es conocida o no su obra, si es adquirida o no en las exposiciones en que participa, sólo trabaja y ama el arte.

Muralla, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Muralla, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Pintor perfeccionista por naturaleza,  se preocupa porque sus piezas  tengan una terminación exquisita. Conviven en ellas el óleo, el acrílico, cristales, elementos de metal y madera confeccionados a mano por él, pero sin llegar a ser completamente “objetuales”. Prefiero hablar de pequeños “iconos modernos”, pequeños libros ilustradores que utilizan la técnica mixta para intentar provocar al espectador, obras de pequeño formato (del que se ha adueñado para sus creaciones) dotadas de un carácter  monumental y de muchos contenidos que logran que el público termine sucumbiendo ante su hechizo, sumergiéndose en ese mar de sensaciones e historia que emana de sus pequeñas creaciones: obras-libros, intimistas y esencialistas.

Paradójicamente, si queremos salir o llegar al final de ese “laberinto” que conforman sus creaciones no siempre la salida está hacia delante, debemos mirar hacia atrás, a veces me parece que es un artista perdido en el tiempo, lo imagino caminando por alguna calle de Florencia, esa ciudad que tanto mencionamos en nuestras conversaciones, camino de su estudio o hacia alguna iglesia de visita u oración. Deberíamos pensar  en los artistas italianos que él tanto admira (Cimabue, Giotto, Masaccio, Fra Angélico, Miguel Ángel, Leonardo, Rafael, Vasari y tantos otros) y en toda la filosofía y la estética de la Italia de esa época: el bajo Medioevo y el Renacimiento.

Malformación, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Malformación, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Quizás sea Giotto (pintor, arquitecto, decorador y escultor italiano) quien más influya en su pintura, no sólo por representar la estética medieval en su trascendente paso al Renacimiento sino también por su estilo, su maestría, la frescura y vida que hay en sus creaciones, la emoción que emana de sus personajes, sus composiciones bellísimas, la espiritualidad de sus temas, su apasionante aproximación al espíritu humano.

La obra de este maestro italiano es tan  intemporal que podríamos encontrar sus influencias no sólo en los grandes artistas posteriores en los que tanto influyó, sino en muchos creadores contemporáneos ya que su legado es inmenso y su obra grandiosa. Reconozco mi atrevimiento al proponer este “paralelismo”, pero sin duda las obras de Manuel sobrepasan ese límite que las convierte en trascendentes, por sus mensajes, sus metáforas, la agudeza de sus ideas y la complejidad de sus personajes.

Baluarte devaluado, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Baluarte devaluado, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Pintor atormentado, admirador también del arte y la música clásica, de la iconografía, la arquitectura y el arte contemporáneo que denote  siempre un trasfondo consistente, Manuel nos invita a realizar un pequeño viaje y detenernos en esas “pequeñas paradas” (que son las obras seleccionadas para esta muestra) para intentar comprender algunas claves de su pensamiento y de su compleja propuesta artística. Nos sacude en cada parada como obligándonos a reconocer nuestra mediocridad y pensar más en esas esencias que intenta mostrarnos, en esas reflexiones y disertaciones sobre tan diversos temas  o problemáticas que pudieran ser (incluso) autobiográficas para cualquiera de nosotros.

Estudioso de los materiales pero también de las ideas, de los soportes y técnicas para conseguirlos, apasionado de los libros y las herramientas, amante de la belleza que nos regala el arte, cronista y polémico (también por naturaleza), nos presenta desde su inconformidad una poética narrativa muy personal, una obra íntima, vulnerable y verdadera, mística por su propia naturaleza.

Constantemente repasa y bebe de la propia historia del arte que tanto le apasiona pero también nos habla de la vida, de la familia, sus afectos, sus sentimientos y sensaciones, acerca de este mundo en el cual nos ha tocado vivir,  mostrándonos un ejemplo de coherencia consigo mismo y con su trabajo, caminando hacia nosotros como si fuese “El Caballero de la armadura oxidada”.

Obra de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Cielo, mar, tierra, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Óscar Aguirre

 

Poesía y pintura de Esther Gómez

Exposición colectiva, con obra de Esther Gómez
Museo Manaut
Santa Amalia, 2. Valencia

“La expresión de los sentimientos, los recuerdos y la pasión”, así conjuga la artista Esther Gómez Gómez sus obras poéticas con su obra artística, cerca de una veintena de obras pintadas al óleo y en las que imprime una gran sensibilidad, fuerza y emoción. En su libro ‘Mirando al mar’, publicado el 17 de diciembre, se presentan sus primeros trabajos como poeta acompañados de sus obras más emblemáticas, aquellas que ya han sido expuestas en salas privadas de países como República Checa, Polonia, Roma y, por supuesto, en ciudades españolas como Madrid, Almería, Córdoba, Marbella o Valencia.

“Me gusta captar los colores, la belleza y el encanto de un paisaje o figura. Es en mis viajes donde tomo fotografías que luego me sirven para traspasar esa imagen a un lienzo y crear obras contemporáneas, que beben del realismo, pero con toques impresionistas inspirados en algunos de mis autores favoritos: Eduardo Manet, Monet o Velázquez”, explica la pintora.

Obra de Esther Gómez. Imagen cortesía de la autora.

Obra de Esther Gómez. Imagen cortesía de la autora.

Nacida en Talavera de la Reina pero afincada en la ciudad del Turia, Esther Gómez Gómez es artista desde niña, aunque no ha sido hasta recientemente que ha comenzado a pintar de manera más profesional. Igual que la pintura, la poesía es una de las constantes a lo largo de su vida. “Desde pequeña siempre he escrito poesía, es intrínseco a mi, es mi manera de expresarme y comunicar mis sentimientos”, señala.

De la misma manera que su vertiente literaria, Esther también ha cultivado la pintura desde bien pequeña, además de cursar estudios y participar en exposiciones. La primera de ellas fue en 1986, a la edad de 18 años, cuando intervino de su primera exposición colectiva en la Casa de la Cultura de Talavera de la Reina, con muy buenas críticas. Desde entonces, no ha dejado de exponer en muestras tanto colectivas como individuales, en ciudades como Roma, Polonia, Madrid, Praga, y distintas ciudades de España. Tiene obras en colecciones privadas como Japón, Inglaterra, Roma, Polonia, Praga y  España.

Obras de Esther Gómez. Imagen cortesía de la autora.

Obras de Esther Gómez. Imagen cortesía de la autora.

“Me encanta combinar poesía y pintura. Soy una feroz lectora de poesía, y siempre escribo al mismo tiempo que estoy trabajando en un cuadro. Una labor complementa a la otra y me permite exprimir todo lo que siento en cada proceso creativo”. Sus poesías siempre han sido acompañadas de sus obras pictóricas, pinturas que se mueven en un mundo real de marinas, paisajes, escenarios urbanos o dibujos a lápiz. Cada uno de sus lienzos, introduce a su espectador en un mundo real, en el que los sentidos y los sentimientos, expresan la magia de sus pinceles plasmados poéticamente.

Además de la presentación del libro de Esther Gómez Gómez, el Museo Manaut ha inaugurado su Exposición Colectiva de Navidad en la cuál se incluyen las obras ‘Atardecer en Venecia’ y ‘Música’ de la pintora, acompañada de los lienzos de 21 artistas más, entre los que se incluyen Manuel Adlert, Miguel Aparicio, Marisa Arcos, Amparo Berenguer, Adoración Blanch, Tatiana Boïls, José Carretero, José Casanova, José Luis Checa, Carmen Ciorraga, Miguel Diana, José Estellés, Sacramento Hernandis, Gilberto Macareño, Lola Manaut, Stella Manaut, Pascual Marcos, Flora Miravalles, Julia de la Rua, Paco Seoane y Hampton Terry. La exposición también cuenta con dos piezas escultóricas de Maite Andrés y Antonio Sánchez.

Obra de Esther Gómez. Cortesía de la autora.

Obra de Esther Gómez. Cortesía de la autora.

“Tatuarse no es moda, es vuelta a la normalidad”

Utopian Tattoo Tribe
Charles Huurman

La primera vez que dibujó sobre piel humana fue hace apenas siete años y porque se lo pidió un amigo que sabía de su afición a pintar al óleo. Se hizo él mismo las agujas y, del resultado, prefiere ni acordarse. Ahora Charles Huurman (Madrid, 1984) está reconocido internacionalmente como el padre del ‘hiperrealismo abstracto’ y su nombre figura en la exclusiva lista de los mejores tatuadores del mundo. Su secreto: su profundo conocimiento, tanto teórico como práctico, sobre cómo ilustrar un cuerpo humano.

“En muy poco tiempo se ha producido una revolución en el mundo del tattoo a todos los niveles, pero sobre todo en el de la formación. Yo he viajado por todo el mundo para trabajar en salones con gente a la que admiraba para aprender su técnica y explicarles la mía. Así he ido depurando mi manera de trabajar hasta encontrar un estilo propio, el hiperrealismo abstracto”, explica.

El ‘hiperrealismo abstracto’ puede parecerlo, pero no es una contradicción. Huurman parte de un motivo central realista -por ejemplo, un rostro- y luego va añadiendo elementos abstractos (aquí influye desde el color a la composición) hasta que logra unos dibujos que se caracterizan por los fuertes contrastes y que hacen olvidar que, en el fondo, el origen del dibujo son simples líneas negras bien marcadas.

Tatuaje de Charles Huurman. Cortesía del autor.

Tatuaje de Charles Huurman. Cortesía del autor.

Modelo americano

En los últimos años, Kilkenny (Irlanda) ha sido su base de operaciones. Ahora Utopian Tattoo Tribe, su salón, tendrá una sede permanente en Valencia. Su equipo está compuesto por algunos de los mejores del mundo: Jaime Tud (el tatuador oficial del ex campeón del mundo de boxeo Manny Paquiao), Jade García (una leyenda de la Old School), Caro Blackswan (experta en el nuevo estilo acuarelas), el polaco Kuba (uno de los mas reconocidos en geometría) o Pincho, uno de los piercers y modificadores corporales más reconocidos de España.

El funcionamiento es muy similar al de los grandes salones americanos y que consiste en combinar el trabajo de un equipo estable con la presencia de tatuadores invitados que van rodando por el mundo. Y nada de colas: hay que pedir hora y las esperas pueden ser de meses.

El tatuaje llega a los museos

Igual que ocurrió con los graffitis, que pasaron de arte urbano a arte sin apellidos cuando alguien decidió que había llegado la hora de abrir las puertas de los museos a gente como Keith Haring o Banksy, cada día que pasa es uno menos que queda para que artistas como Dmitriy Samohin, Nikko Hurtado, Shige, Emily Rose Murray, AD Pancho, Timur Lysenko o el propio Huurman vean sus trabajos colgados en pared y reconocidos por eso que se conoce como ‘la academia’.

De hecho, los primeros pasos ya se están dando. Un ejemplo es la muestra Tatoueurs tatoués (Tatuadores tatuados), un repaso antropológico sobre la larga historia de la ilustración sobre la piel, que cerró sus puertas la semana pasada en el Muséé du Quai Branly de Paris. La muestra ha sido la más visitada desde que el centro abrió sus puertas en 2006 y está en el top ten de las que más público ha recibido este año en la capital francesa.

Charles Huurman. Cortesía del autor.

Charles Huurman. Cortesía del autor.

Los tiempos están cambiando

Todo en el mundo del tatuaje está cambiado. Lo que antes era patrimonio de grupos marginales se ha extendido ya a toda la sociedad. ¿Es una moda con los días contados? “No”, asegura Huurman, “es un error ver esto como un boom, lo que está pasando es una vuelta a la normalidad. Los tatuajes están en todas las culturas de los cinco continentes y han cumplido distintos papeles: desde marcar a los esclavos hasta identificar la pertenencia a un grupo, han tenido un significado religioso o eran simple ornamentación como las joyas y el maquillaje. Es un universo muy complejo, pero lo raro es no tatuarse”, explica.

No habla con la pasión de quien quiere justificar su condición de hombre ilustrado, como cantaba Johnny Winter, porque lleva el cuerpo tatuado. Lo hace con la Historia de su lado. “El Levítico, que forma parte de la Tora, prohíbe a los judíos tatuarse precisamente para distinguirse de todos los demás grupos sociales. Esta prohibición se repite en las llamadas religiones del libro, y por eso desaparece en algunos lugares del mundo, como en Europa, pero en el resto del planeta la gente ha seguido decorando su cuerpo desde siempre”.

“En un mundo cada vez más globalizado”, añade, “es normal que el tatuaje recupere el espacio perdido, como era normal que en ciertas épocas sólo los marinos y los militares -porque viajaban a lugares donde aún se mantenía la tradición- se tatuaran”.

A lo cambios sociales, Huurman añade otros dos aspectos. El primero, el técnico. “Antes un tatuador se hacía sus agujas y utilizaban una, ahora hay aparatos diseñados por ingenieros que permiten emplear hasta nueve y con características muy diferentes: las clásicas, de tenedor, de tubo…”, explica. La posibilidad de combinarlas es lo que ha permitido a los tatuadores gozar de unas posibilidades impensables hace pocos años.

Pero este desarrollo técnico, en los círculos en los que se mueve Huurman, ha ido acompañado de una investigación mucho más académica. “Ahora nuestra referencia es la pintura, si se hace sobre un lienzo se puede hacer sobre la piel, pero sin perder de vista las características propias del arte de tatuar”, señala. Estas vienen, en su mayoría, del tatuaje japonés que es al dibujo en la piel lo que la gramática a la escritura.

Por último, están los clientes. “Ya no se trata de llevar un tatuaje, ahora la gente quiere uno que sea único, que dure, que se adapte a su cuerpo… Existe incluso lo que se conoce como collectors, gente que viaja por el mundo para que determinados artistas a los que admira plasmen un dibujo sobre su piel y que cuando se quitan la ropa son como auténticas galerías de arte humanas”, añade. Muchos de esos son los que tienen un trozo de cuerpo reservado para, algún día, lucir un Huurman.

J. Ruiz

Homenaje a Evarist Navarro en el Rector Peset

Homenaje a Evarist Navarro
Sala la Muralla del Colegio Mayor Rector Peset
Plaza Horno de San Nicolás, 4. Valencia
Inauguración: miércoles 28 de enero, a las 20.00h
Hasta el sábado 31 de enero, 2015

Cazadoras Asociados en colaboración con el Colegio Mayor Rector Peset de la Universidad de Valencia dedican una exposición colectiva a la memoria de Evarist Navarro, ideólogo y principal impulsor de este colectivo de artistas.

En la muestra participan los miembros del grupo: Ximo Amigó, Julio Bosque, Calo Carratalá, Enrique Carrazoni, Toni Domènech, Antonio Girbés, Jarr, José Morea, Guillermo Peiró Roggen, Manolo Rey Fueyo, Pepe Romero, Manuel Sáez, Bia Santos, Sebastián Nicolau, Rubén Tortosa, Lukas Ulmi y Joan Verdú. Por su parte, Carmen Calvo y Miquel Navarro también han querido sumarse a este homenaje.

Tarjeta del homenaje que Cazadoras Asociados rinde a Evarist Navarro.

Tarjeta del homenaje que Cazadoras Asociados rinde a Evarist Navarro.

Cada uno de los 19 artistas que participan en esta colectiva expresa, a través de su propio lenguaje estético, su reconocimiento al artista y a la persona, con referencias explícitas en algunos casos, o de manera más indirecta en otros. La exposición también incluye el último trabajo de Evarist Navarro, una pintura al óleo que el artista realizó estando ya gravemente enfermo.

Evarist Navarro (Castelló de Rugat, 1959-2014) formó parte de la generación de artistas valencianos cuya obra ocupó un lugar destacado en la renovación de la escultura en España en los años ochenta del siglo XX. Formado entre Barcelona y Valencia, doctor en Bellas Artes y profesor de la Universidad Politécnica de Valencia, su obra está presente en numerosas intervenciones de obra pública en nuestro país, así como en colecciones de instituciones públicas como el IVAM.

Morada de Chipi, obra de Evarist Navarro expuesta en el IVAM. Cortesía del museo valenciano.

Morada de Chipi, obra de Evarist Navarro expuesta en el IVAM. Cortesía del museo valenciano.

Vanguardia y publicidad de Kurt Schwitters

Vanguardia y publicidad, Kurt Schwitters
Museo de Arte Abstracto Español. Cuenca
Hasta el 15 de febrero de 2015

No se dejó arrastrar por las grandes corrientes totalitarias del siglo, algo habitual entre sus colegas vanguardistas. Y sin embargo, desde su posición de burgués acomodado, Kurt Schwitters (1887-1948) contribuyó a renovar el lenguaje artístico de su tiempo, ese que hoy conocemos como el de las vanguardias históricas.  Para ello se sirvió del collage y la pintura al óleo, de un lado, y de las herramientas del diseño gráfico como la tipografía, por otro. Con este último y con la pintura se ganará el sustento; con el collage desarrollará con total libertad su veta artística; además, esta novedosa técnica le permitirá aproximarse a las filas del movimiento dadaísta, del que fue rechazado por su condición burguesa, heroicidad atribuible a Richard Huelsenbeck. Ello no le impidió cultivar el espíritu Dadá a través de una filosofía unipersonal, a la que llamará Merz.

Kurt Schwitters. Tarjeta postal para Merz Werbezentrale (Agencia publicitaria Merz), tipografía sobre cartulina (Colección Merril C.Berman)

Kurt Schwitters. Tarjeta postal para Merz Werbezentrale (Agencia publicitaria Merz), tipografía sobre cartulina (Colección Merril C.Berman)

En esta exposición que presenta la Fundación Juan March en su sede del Museo de Arte Abstracto conquense la tesis es inequívoca: toda labor de índole artística en Kurt Schwitters tiene una raíz común. Para ilustrarlo se ha reunido un centenar de piezas –procedentes en su mayoría de la colección de Merrill C. Berman y del Archivo Lafuente– entre collages e impresos (folletos, carteles o cubiertas de libros). Además, en una de las salas se puede escuchar la grabación que Javier Maderuelo y María Villa llevaron a cabo en 1982 de su Ursonate, composición a partir de sonidos vocales basados en la repetición.

Kurt Schwitters, La catedral: 8 litografías, Hannover: Paul Steegemann Verlag. (1920); Litografía y collage (cubierta) sobre papel

Kurt Schwitters, La catedral: 8 litografías, Hannover: Paul Steegemann Verlag. (1920); Litografía y collage (cubierta) sobre papel

Más allá del espíritu Dadá que impregna algunas de sus obras, lo realmente destacable en Schwitters lo vemos en esta sala: sin ir más lejos, la modernidad de unos diseños claros y elegantes (líneas rectas, tipografías de palo seco o dibujadas en el caso de los titulares) en un tiempo en que lo más frecuente era la utilización de la letra gótica, un tipo que algo más tarde prohibirá Adolf Hitler en su afán por llevar la propaganda fuera de sus fronteras.

Sorprenden, si se tiene en cuenta que fueron diseñados hace casi un siglo, las cubiertas de los programas de mano de la Ópera de Hannover; el cartel para el Día Opel en el que apenas utiliza  una tinta y una tipografía propia, la Systemschrift; y, desde luego, los nombres con los que colaboró: si para la impresión de la Ursonate el cuidado tipográfico quedó a cargo del legendario Jan Tschichold, piedra angular de la renovación tipográfica, para uno de los números de Merz, la revista que publicaba por su cuenta, contó con El Lissitsky.

Kurt Schwitter, Merz nº11, 1924. Publicidad tipográfica: número de Pelikan; Tipografía sobre papel (Archivo Lafuente)

Kurt Schwitter, Merz nº11, 1924. Publicidad tipográfica: número de Pelikan; Tipografía sobre papel (Archivo Lafuente)

Como a los artistas de la Bauhaus en aquella época (Josef Albers, del que pudimos ver dos exposiciones recientemente, en Madrid y Cuenca, es un buen ejemplo), a Kurt Schwitters lo movía la búsqueda constante. Para él, el arte era –como dejó dicho– creación, y no imitación de “la naturaleza” o de “otros colegas, como sucede normalmente”. A propósito, lo nuevo no tenía (no tiene) por qué ser caro: el buen anuncio es barato, rezaba el que diseñó para dar a conocer su estudio. No es, una vez más, una cuestión de dispendio sin control, sino de gusto. De buen gusto fruto de esa búsqueda continua que llevó a cabo. Un espíritu rebelde, sí, pero aplicado.

Rafa Martínez

 

Martín de Lucas y sus paisajes salvajes

Paisajes desde el lado salvaje, de Rubén Martín de Lucas
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia

El joven artista madrileño Rubén Martín de Lucas, formado como ingeniero y miembro del colectivo de arte urbano Boa Mistura, muestra desde el pasado 8 de mayo una selección de sus trabajos en la galería valenciana Alba Cabrera bajo el título ‘Landscape from the wild side’ (Paisajes desde el lado salvaje).

Obra de Rubén Martín de Lucas, en 'Paisajes desde el lado salvaje'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Obra de Rubén Martín de Lucas, en ‘Paisajes desde el lado salvaje’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Encontraremos pinturas en las que este pintor, grafitero, diseñador y fotógrafo, cuya obra forma parte de las colecciones de la Fundación AXA Winterthur, los Ayuntamientos de Madrid o Las Palmas o las Obras Sociales de Caja Madrid, La Caixa, Caja Castilla La Mancha o Caja Sevilla, trata de conjugar lenguaje y narración, técnica y concepto.

La síntesis siempre ha sido una de sus grandes obsesiones: trata de reducir las formas a lo esencial, de decir mucho con los medios justos, subrayando la fuerza expresiva de un grafismo, de fragmentos de collage muy integrados o de los grandes planos, concebidos por Martín de Lucas como zonas que permiten respirar a sus trabajos y dar lugar a su vez a zonas de tensión donde se concentra la información de la pieza que debe llegar al espectador.

Obra de Rubén Martín de Lucas en la exposición 'Paisajes desde el lado salvaje'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Obra de Rubén Martín de Lucas en la exposición ‘Paisajes desde el lado salvaje’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

El madrileño a menudo interviene sus propias fotografías, trabajando el óleo y el citado collage sobre impresiones digitales y dejándonos ver cómo la imagen primera permanece, visible aún, en algunas zonas del lienzo, como rescoldo o huella del instante. Su pintura elimina información superflua, simplifica planos o potencia, en otras ocasiones, elementos arquitectónicos y mantiene un guiño constante hacia el diseño más actual.

Obra de Rubén Martín de Lucas en 'Paisajes desde el lado salvaje'. Imagen cortesía de galería Alba Cabrera.

Obra de Rubén Martín de Lucas en ‘Paisajes desde el lado salvaje’. Imagen cortesía de galería Alba Cabrera.

L’esperit català de Antoni Tàpies

L’esperit català, de Antoni Tàpies
Obra invitada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 30 de junio de 2014

Hay cuadros que descansan en sí mismos, como organismos que viven de su propia existencia, son inabarcables, inagotables, interrogantes que contienen respuestas que abren otros interrogantes. Obras que al concentrarse en sí mismas y ser su propia referencia, se destacan con un valor absoluto. Esta condición estética excluye toda función que no sea la artística, renunciando por tanto a ser panfleto político, ensayo social o mensaje moral.

Otros cuadros sirven como instrumento, como medio para conseguir otros fines que se sitúan fuera del campo artístico. Tienen por tanto un valor relativo en el sentido de que su valor está relacionado con el fin que se persigue. El centro de gravedad deja de estar en su interior para saltar fuera y convertirse así el cuadro en médium que obedece a voces extrañas a lo puramente estético. La consecuencia es que el mensaje, ese sentido ajeno a lo artístico en cuanto tal, acaba reclamando toda la atención y convirtiendo al cuadro en mera comparsa.

L'esperit català, de Antoni Tàpies. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

L’esperit català, de Antoni Tàpies. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

El Museo de Bellas Artes de Bilbao presenta como obra invitada este año la de Antoni Tàpies L’esperit català. Lo acompañan otras dos obras más: Gran Oval (1955) y Signe i matèria (1961). Estas pertenecen a la primera categoría que acabamos de señalar; la invitada pertenece a la última.

Creada en 1971 este cuadro de gran formato, pintado con polvo de mármol, óleo y pigmentos, dibuja cuatro barras rojas sobre un fondo amarillo oscuro. Es un gran cartel, un grafiti formado con palabras como Llibertat, Democracia, Veritat o Cultura entre otras muchas componiendo un manifiesto donde se destaca sobre todas ellas la de Catalunya como símbolo y síntesis de ese mensaje. Palabras que comparten el mismo espacio que esas huellas rojas como arañazos de los que tal vez pudieron apenas escribirlas. Agonizante el largo período franquista, disipándose como negro humo, van apareciendo debajo las señales de lo que había estado antes y estaría de nuevo, como ese ojo que mira como si no hubiera sido cerrado nunca, o esa boca abierta congelada en una voz que quiere volver a oírse con más fuerza que cuando fue callada.

Este cuadro quiere ser al mismo tiempo pancarta reivindicativa, el testimonio anónimo de un pueblo formado por esas huellas y esas palabras cuyo valor, por cierto, no está en ellas sino en quien se atreve a realizarlas.

A esto nos obliga el cuadro, a saltar fuera de él y desentrañar quizás el valor de palabras como verdad o libertad, una mera abstracción mientras no haya personas que sepan pensar por sí mismas. Este cuadro muestra las marcas dejadas por un pueblo que, para bien o para mal, siempre será la extensión de lo que cada uno es, y que se revela en la relación con uno mismo, con los demás y con todas las cosas. Palabras arañadas en ese muro que quiere denunciar la situación de autoridad y obediencia de un pasado que al basarse en una imposición, mutiló su derecho a comprender lo que puede ser la libertad, un reto que sigue vigente en nuestras relaciones.

En definitiva, un cuadro que atravesado por esa fuga a la denuncia social y política, proclama tal vez sin quererlo que lejos de esa genuina individualidad que materializa la libertad, no puede haber democracia, no puede haber cultura, y la verdad o el arte son sólo un cuento.

L'esperit català, de Antoni Tàpies. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

L’esperit català, de Antoni Tàpies. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Iñaki Torres