El hipogeo de la memoria de Howard Brookner

‘Uncle Howard’, de Aaron Brookner
Turner Classic Movies (TCM)
‘Un pulso a Nueva York’
Sábado 24 de junio, 2017, a las 20.20

Con motivo del ciclo de sesión continua ‘Un pulso a Nueva York’, programado por el canal para plataformas de pago Turner Classic Movies (TCM), cuya pretensión es la de componer un florilegio audiovisual de la escena underground neoyorkina de los años ochenta, Turner International emite en exclusiva el documental ‘Uncle Howard’, del director y guionista del Greenwich Village Aaron Brookner, tras su periplo internacional por la nómina de festivales como la Berlinale o la Sección Zabaltegi del Festival de San Sebastián de 2016.

‘Uncle Howard’ polariza su morfología en torno del cineasta Howard Brookner, una de las figuras capitales del fértil sótano de la vanguardia norteamericana de la costa este, cuya existencia urgente, vertebrada por la inquietud y el fulgoroso hedonismo de los ochenta, hubo abjurado su cuasidesconocida y sugerente cinematografía sobre la cerviz del turbio olvido y la mitificación tras el deceso prematuro, habiendo sido, de un modo sumarísimo, “ciudadano de aquel otro lugar” (parafraseando a Susan Sontag en ‘El Sida y sus Metáforas’) y celebrándose sus exequias, ulteriormente, durante el mediodía de su trigésimo quinto aniversario, en la primavera de 1989.

Imagen de Howard Brookner presente en el documental 'Uncle Howard'. Fotografía cortesía de la distribuidora.

Imagen de Howard Brookner presente en el documental ‘Uncle Howard’. Fotografía cortesía de la distribuidora.

Debe ser la mitificación de un infante y su fascinación por el breve recorrido y la dilatada sombra de su referente adulto lo que posibilite la revisitación. De este modo, la edificada memoria de Aaron Brookner -sobrino de Howard- se ve gobernada no sólo por la intención, sino por el arrojo de la perseverancia. En consecuencia, el menor de los Brookner, exhortado por la búsqueda del proverbial ‘Burroughs: The Movie’ (1983) -maldito, mirífico y agreste documental, dirigido por Howard Brookner, acerca del elefantiásico tórax literario de uno de los conspicuos miembros de la Beat Generation, William Burroughs-, se embarca en la difusa y compleja tarea de rastrear los diseminados vestigios depositados, errática e involuntariamente, por Tío Howard.

Diversas pesquisas -decisiva la colaboración del editor y escritor James Grauerholz, albacea literario de Burroughs- focalizan la atención en ‘The Bunker’, conspicuo, aséptico y civilizado zulo (y antiguo vestuario de un gimnasio) en la segunda planta del 222 de Bowery, en el corazón del ínclito Lower East Side de Manhattan, en el que el autor de ‘El almuerzo desnudo’ mecanografió una reseñable parte de su legado en cut-up y se convirtió en escenario ineludible de una razonable parte de ‘Burroguhs: The Movie’, por cuyo dining room transita la excelsa y marchita flor y nata del on/off-off neoyorkino, tales como el hamburguesado Andy Warhol, el correligionario y sotabarbo Allen Ginsberg, el permutador literario Brion Gysin o la aflautada péndola lírica y violeta de John Giorno.

Será precisamente el permiso de Giorno -vecino y propietario de ‘The Bunker’, quien, a pesar de sus iniciales reticencias, accede a colaborar con Aaron Brookner- la inflexión definitiva que alumbre la génesis instrumental del proyecto, en tanto que un cuantioso archivo cinematográfico y personal -cintas de vídeo, bobinas de sonido y entrevistas, incluyendo tomas eliminadas y material propedéutico de ‘Burroguhs: The Movie’- había sido depositado allí, como una inopinada e incólume cápsula del tiempo, por el propio Howard.

Con el personal y pecuniario apoyo de Jim Jarmusch -compañero de Howard Brookner, junto a Tom DiCilo, en la Escuela de Cine de Nueva York-, quien participó en la filmación de ‘Burroguhs: The Movie’ como responsable de sonido, amén de la realizadora Sara Driver -pareja sentimental de Jarmusch- y la inestimable aportación de Brad Gooch -compañero vital de Howard durante los convulsos y nocturnos ochenta-, Aaron Brookner procura dotar de sentido al ingente material encontrado y vertebra ‘Uncle Howard’ por la senda del proceso -el de búsqueda, gestación y desarrollo-, a la manera en que Burroughs dotaba de preeminencia a la metodología, evitando, así, supeditar la cinta a la exclusiva relación entre el escritor y el cineasta o pormenorizando la bitácora de la enfermedad de Howard Brookner, acerca de la que existe un personalísimo dietario fílmico que el sobrino Aaron opta por introducir con fugaces acentos y laterales insinuaciones.

‘Uncle Howard’ se erige literal y metafóricamente en un hallazgo, portando consigo una refulgente carga simbólica que ilumina el hipogeo de la memoria y procura avituallamiento para quienes, devotos, precisamos de la espuma del mito y fabulamos, ávidos, con el resto de material de Brookner pendiente de clasificación y rumbo.

Fotograma de William Burroughs y Howard Brookner durante el rodaje de 'Burroughs: The Movie'. Fotografía cortesía de la distribuidora.

Fotograma de William Burroughs y Howard Brookner durante el rodaje de ‘Burroughs: The Movie’. Fotografía cortesía de la distribuidora.

Jose Ramón Alarcón

 

La demente y periférica hostilidad de ‘Callback’

‘Callback’, de Carles Torras
Estreno en España: 20 de enero de 2017
Cines Babel
Vicente Sancho Tello 10, Valencia

Aproximarse al desempeño cotidiano de un individuo sospechosamente perturbado, cuyo delirio se acrecienta hasta desembocar en la materialización homicida de su desequilibrio, ha sido y proseguirá atesorando morfología literaria, escénica y cinematográfica. En turbias ocasiones este vuelco sobre los más nimios detalles puede transformarse en una herramienta de seducción argumental que posibilita episodios de empatía o febril repulsión en el acomodado espectador, quien, durante el desarrollo del metraje, habrá de transitar por diversas reacciones psicofisiológicas, consecuencia del hilo conductual de cuanto se revela en pantalla.

Callback. Makma

A gruesos rasgos tales elementos son los que vertebran el raquis de la película que nos ocupa, ‘Callback’, del director catalán Carles Torras, cinta generosamente laureada en la última edición del Festival de Málaga de Cine Español, cosechando a finales de abril de 2016 Biznaga de oro y plata a mejor película y guión, así como a la mejor interpretación masculina; refrendo, presencia y trayectoria por la cronología de diversos festivales que hacen incomprensible su tardío estreno en salas españolas, lo que solidifica y acrecienta ese previsible e infausto abismo que media entre un cualificado propósito, gestado desde la emancipación, y su ulterior desarrollo comercial, supeditado ya a directrices ajenas.

‘Callback’ se erige en un proyecto alumbrado por el fructífero encuentro entre Carles Torras y el chileno Martín Bacigalupo, quien, además de ser responsable de los diálogos del guión cinematográfico, se consagra a la interpretación del personaje sustancial de la película, Larry De Cecco, un peón de mudanzas inmigrante en la ciudad de Nueva York cuyas aspiraciones dramáticas no sólo alimentan el motor argumental y retratan el gélido y hostil microcosmos de las audiciones, sino que responden al objetivo primordial de De Cecco, que nos es otro que el de integrase y reproducir el amercian way of life hasta extinguir cualquier atisbo o vestigio de su ignota procedencia.

Callback. Makma

Por este motivo, ‘Callback’ se emparenta umbilical e indisociablemente con la ciudad en la que transcurre la acción, amaneciendo Nueva York no sólo como presencia estética y arquitectónica -siempre sórdidamente adversa y fascinantemente universal-, sino como paradigma último de las mitomanías de un hombre solo. Bacigalupo se encarga aquí de contruir a un Larry De Cecco contenidamente hiperbólico, sordamente rítmico, ofuscado y vidrioso, cuya elevación en el aparato fonador anuncia una incómoda y demente voz nasal impostada, que contrasta notablemente con el registro de secundarios y terciarios que participan en la película. Porque De Cecco, en su compulsión por integrarse en la sociedad norteamericana, reproduce en sus frases los clichés, la interacción esteriotipada de los seriales y la prosodia ficcional de la publicidad radiofónica.

‘Callback’ evoluciona bajo las vías elevadas de Brooklyn -cacofonía rítmica e injerente del ferrocarril urbano-, la mísera rutina tras las cerraduras de un impersonal apartamento, el crujido de los cereales matutinos, el espejo en el que acicalarse la demencia, las americanas holgadas y los pimientos verdes de Whole Foods, la incursión delictiva en domicilios en los que emular con vino espumoso la vida ajena desde los zapatos, la estampa inerte de Manhattan a través de un puente que nunca termina de cruzarse, el olor de la carne frita y el suicidio, la periferia sempiterna y la triste luz artificial de sillas plegables y tóxicos aires acondicionados, el cristianismo evangélico, las existencias en off que pueblan los suburbios, asesinos en serie o spree killers engendrados por el costumbrismo,“con la gioia e col dolore/ della gente come me” de Jimmy Fontana y la prédica comunal del Amercian Jesus.

Callback. Makma

Jose Ramón Alarcón

La intimidad táctil de Pierre-Auguste Renoir

‘Renoir. Intimidad’, de Jean Renoir
Museo Thyssen-Bornemisza
Paseo del Prado 8, Madrid
Del 18 de octubre al 22 de enero de 2017

El cineasta Jean Renoir escribió que su padre “miraba las flores, las mujeres, las nubes del cielo como otros hombres tocan y acarician”. Frente a la concepción habitual que reduce el impresionismo a la “pura visualidad”, la exposición ‘Renoir. Intimidad’, la primera retrospectiva en España en torno a la figura del pintor impresionista Pierre-Auguste Renoir (1841-1919), destacará el papel central que ocupan las sensaciones táctiles en sus lienzos, y que pueden percibirse en las distintas etapas de su trayectoria y en una amplia variedad de géneros, tanto en escenas de grupo, retratos y desnudos como en naturalezas muertas y paisajes.

Comisariada por Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, la exposición cuenta con el mecenazgo de Japan Tobacco International (JTI) y presentará un recorrido por más de 75 obras del artista francés, procedentes de museos y colecciones de todo el mundo como el Musée Marmottan Monet de París, el Art Institute de Chicago, el Museo Pushkin de Moscú, el J. Paul Getty de Los Ángeles, la National Gallery de Londres o el Metropolitan de Nueva York. ‘Renoir. Intimidad’ permitirá descubrir cómo Renoir se servía de las sugerencias táctiles de volumen, materia o texturas como vehículo para plasmar la intimidad en sus diversas formas –amistosa, familiar o erótica–, y cómo ese imaginario vincula obra y espectador con la sensualidad de la pincelada y la superficie pictórica. La muestra se exhibirá posteriormente en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, entre el 7 de febrero y el 15 de mayo de 2017.

Imagen de la obra 'Después del almuerzo', de Pierre-Auguste Renoir. Fotografía cortesía del museo.

Imagen de la obra ‘Después del almuerzo’, de Pierre-Auguste Renoir. Fotografía cortesía del museo.

Tacto e intimidad

Mientras en los retratos de grupo de Manet o Degas por ejemplo, los protagonistas mantienen la distancia entre ellos y con el espectador, Renoir dota a sus figuras de una cercanía tangible. En sus escenas con dos o más personajes, es habitual que estos participen en un juego de alternancia entre el contacto visual y el contacto físico, parejas de hermanos o de madres e hijos en las que uno de ellos mira al otro y este le corresponde tocándole con la mano.

En ocasiones, esos intercambios se establecen en torno a una actividad común, como la lectura de un libro. En el caso de los retratos individuales, Renoir aspira a ofrecer al espectador algo semejante al contacto físico aproximándose todo lo posible. Si Degas rodea a sus modelos de un decorado y unos atributos que hablan por ellos, Renoir tiende a ajustar el encuadre, suprimiendo el entorno para concentrar la mirada en el rostro.

Otros detalles en los cuadros de Renoir que aluden a sensaciones palpables son las cabelleras con las que juegan y se enredan las manos, los perros y gatos en brazos de figuras femeninas, los paños o toallas que cubren el pecho o envuelven los muslos, una labor de costura, unas madejas de lana o la espesura de un jardín.

‘Renoir. Intimidad’ está organizada siguiendo un recorrido temático, en torno a cinco apartados: impresionismo, retratos, paisajes, escenas familiares y domesticas, y bañistas.

La etapa impresionista, entre 1869 y 1880, ocupa tres salas de la exposición y reúne algunos de los iconos de su carrera, como ‘Después del almuerzo’ (1879), un estudio del natural de ‘Le Moulin de la Galette’ (1875- 1876) o una de las obras que pinta en La Grenouillère, zona de ocio a las afueras de París donde trabaja con Monet, ‘Baños en el Sena’ (La Grenouillère) (1869). Una selección de retratos femeninos al aire libre o en interiores –Retrato de la mujer de Monet (1872-1874)- y parejas –El paseo (1870)-, además de un paisaje impresionista, ‘Mujer con sombrilla en un jardín’ (1875), completan el capítulo.

Imagen de la obra 'Jean como cazador', de Pierre-Auguste Renoir. Fotografía cortesía del museo.

Imagen de la obra ‘Jean como cazador’, de Pierre-Auguste Renoir. Fotografía cortesía del museo.

A partir de 1881, la vía impresionista parece agotada y los miembros del grupo se distancian. Renoir vuelve la mirada a la tradición clásica, desde Rafael a Jean- Auguste Dominique Ingres. No abandona el lenguaje impresionista, pero añade a su pintura un énfasis mayor en el dibujo.

Desde finales de los años 1870 y a lo largo de toda la década siguiente, Renoir adquiere una creciente reputación como retratista y se convierte en uno de los pintores más solicitados por la sociedad parisiense. ‘La Srta. Charlotte Berthier’ (1883), el ‘Retrato de la poetisa Alice Vallières-Merzbach’ (1913) o el de su marchante ‘Paul Durand Ruel’ (1910) y sus hijos ‘Joseph Durand-Ruel’ (1882) y ‘Charles y Georges Durand-Ruel’ (1882), son ejemplos de esta faceta.

En la sala dedicada a los paisajes se incluyen sus vistas de la costa de Normandía y sus alrededores -’Colinas alrededor de la bahía de Moulin Huet, Guernsey’ (1883)- y Provenza, donde comparte motivos pictóricos con su amigo Cézanne -’La montaña de Sainte- Victoire’ (hacia 1888-1889)-, así como de distintas localizaciones del sur de Italia, ‘La bahía de Salerno (Paisaje del sur)’ (1881).

La exposición continúa con escenas familiares y domésticas protagonizadas por sus hijos –’Coco tomando su sopa’ (1905) o ‘Jean como cazador’ (1910)-, su mujer Aline que, con motivo del nacimiento de su primer hijo Pierre, posa en ‘Maternidad’ (1885) y ‘Aline amamantando a su hijo’ (1915) y otros miembros de su entorno más cercano como Gabrielle Renard, la niñera y pariente lejana de Aline, que se convierte en una de sus modelos predilectas -’Niño con manzana o Gabrielle, Jean Renoir y una niña’ (hacia 1895- 1896)- y Andrée Heuschling –’El concierto’ (1918-1919)- quien se casará con su hijo Jean tras la muerte del pintor.

Uno de los motivos predilectos de Renoir son los desnudos. Un género que los impresionistas, a excepción de Degas, no trataron por considerarlo académico. Centrado en su propia elaboración estilística, el pintor llega a una de las cimas de su producción con las bañistas, una serie de desnudos al aire libre en los que el pintor celebra una naturaleza atemporal, que rechaza cualquier referencia al mundo contemporáneo. Una visión idílica marcada por la sensualidad de las modelos, la riqueza del colorido y la plenitud de las formas.

Detalle de la obra 'Baños en el Sena', de Pierre-Auguste Renoir. Fotografía cortesía del museo.

Detalle de la obra ‘Baños en el Sena’, de Pierre-Auguste Renoir. Fotografía cortesía del museo.

 

Amor y cuitas de la Café Society

‘Café Society’, de Woody Allen
Estreno en España: 26 de agosto de 2016
Cines Babel
Vicente Sancho Tello 10, Valencia

Asomarse a la filmografía de un director, ya octogenario, tan prolífico como excelsamente irregular implica aprehender la naturaleza de su estilo, asumir su carácter predecible por razones de perseverancia y, en ocasiones, acomodo o mímesis del horizonte de aquellas obsesiones que trazan el mapa humano de su particular cosmogonía cinematográfica.

Y así se procura en su cuadragésimo sexta película, ‘Café Society’, una comedia dramática o un drama con píldoras de comedida hilaridad, cuya arquitectura técnica y orbe de personajes esteriotipados sirven a una causa tan común como ineludiblemente atemporal: las cuitas del amor.

Jesse Eisenberg y Steve Carell durante un instante de 'Café Society', de Woody Allen.

Jesse Eisenberg y Steve Carell durante un instante de ‘Café Society’, de Woody Allen.

Woody Allen, de la mano del oscarizado director de fotografía Vittorio Storaro, retorna a la soleada “Hollywood Babilonia” de los años treinta del siglo XX, con un maquillaje mucho más pulcro y afeitado que aquellos sótanos referidos por el libérrimo Kenneth Anger, para componer un apurado y fascinante croquis de la industria angelina, a base de cera moldeadora, frontispicios de Beverly Hills y Dry Martini tan natural como el tap water. “Era el glamur de Cocoanut Grove y el Trocadero. No había muchos lugares a los que ir, no duraba hasta tan tarde, la ropa era más ligera y todo el mundo iba a los sitios en coche. Había una parte que era muy glamurosa, porque contaban con las estrellas de cine, pero Nueva York poseía cierta sofisticación de toda la noche de la que Hollywood carecía”, sentencia el director al respecto.

Sin embargo, lo que brinda título a su último filme hace referencia a los refulgentes anaqueles, salones y calimas de Café del microcosmos citadino de la Beautiful People parisina, londinense, vienesa y, por supuesto, neoyorkina, desde el ocaso del siglo XIX hasta mediados del XX, cuando el tan áureo término fue sustituido por el no menos coruscante Jet-set, con semejantes y compartidos estupor y decadencia.

Kristen Stewart y Steve Carelldurante un instante de 'Café Society', de Woody Allen.

Kristen Stewart y Steve Carelldurante un instante de ‘Café Society’, de Woody Allen.

En consecuencia, Woody Allen desdobla atmósferas, transita coast to coast y propicia un viaje de ida y vuelta al Brooklyn pre-jaderí -camiseta interior blanca, pastelería kosher y humor judío-católico tan propio de ‘Días de radio’ (1987)-, el cemento armado de un mafioso rústico, coetáneo de los Lucky Luciano, Frank Costello y los graníticos gánsteres de la Cosa Nostra, el art déco y las orquestas de cincuenta piezas de los nightclubs del norte de Manhattan, alumbrados al ocaso de la Ley Seca, o los clubes de jazz del Greenwich Village. “Esa época siempre me ha fascinado. Fue uno de los momentos más apasiontes de la historia de la ciudad, con una tremenda vida teatral, vida en los cafés y restaurantes. De un extremo a otro, fueras por donde fueras, la isla bullía entera de sofisticadas actividades nocturnas”, dilucida Allen.

¿Y qué hay de la historia? Un triángulo amoroso desempeñado por el trémulo y corcovado Jesse Eisenberg (Bobby Dorfman), una post-crepuscular Kristen Stewart (la indecisa Vonnie) y el oficinista Steve Carell (mirífico como tío Phil), coordinados por la voz en off de Woody Allen, a modo de demiurgo literario -”Me incluí a mí mismo porque sabía exactamente qué inflexión quería que tuviera cada palabra. Pensé que, como yo había escrito el libro, sería como si estuviera leyendo mi novela”-.

Una crónica universal sobre los placeres amables de las elevadas emociones y las bajas querencias, que principia abemolada y se torna amarga al paladar, civilizadamente ardorosa como los tacos mexicanos de los angelinos años treinta y tan sugestiva como una noche in albis en las lagunas de Central Park.

Jesse Eisenberg y Kristen Stewart durante un instante de 'Café Society', de Woody Allen.

Jesse Eisenberg y Kristen Stewart durante un instante de ‘Café Society’, de Woody Allen.

Jose Ramón Alarcón

Beatles y Ron Howard, los años de histeria

Título original: The Beatles: Eight Days a Week – The Touring Years
Año: 2016
Director: Ron Howard
Protagonistas: Paul McCartney, John Lennon, Ringo Starr y George Harrison

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La canción “Eight days a week” fue compuesta por John Lennon con Paul McCartney y se incluyó en el álbum “Beatles for sale” de 1964. En febrero de 1965 alcanzó como single el número 1 en Estados Unidos junto a su cara b “I don’t want to spoil the party”. Ahora esa canción es el título de un reportaje que consigue, si cabe un poco más, hacer más grande el mito.

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Entre el pasado 15 y el próximo 22 de Septiembre va a estar en la cartelera de cine española. Ni ocho días va a durar, al menos podían haber tenido ese detalle. Y sí, la hemos catado y lo podemos confirmar, no aporta mucho más de lo que se sabía acerca de un tema tan explotado como es THE BEATLES pero resulta una delicia que alguien realice un trabajo detallista y minucioso que nos pueda servir para refrescar la memoria, para regenerar esas neuronas que puedan andar alejadas de la cultura pop y, en su caso, para introducir la beatlemanía como cultura de masas sobre aquellos que nunca han comulgado, con alusión expresa a las nuevas generaciones que, entre tanta morralla y desperdicios musicales de reggaeton o similares que imperan en el ambiente, ignoran cuántos beneficios ha aportado a la Humanidad el grupo más famoso de la historia del rock. A título personal un orgullo haber puesto una semilla más al visionarla junto a una de mis hijas con la que, a pesar de la preadolescencia, pude comprobar que disfrutó de lo lindo.

Chapeau por tanto para el oscarizado director Ron Howard y sus estrechos colaboradores en “Eight days a week – The Touring Years” que, a modo de documental, relata las andanzas de los Fab Four entre el 62 y el 66, con mención especial para sus conciertos en directo y un breve repaso discográfico hasta el “Sgt.Peppers”.

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Cierto es que por tratarse del período más lozano de los de Liverpool parece como si casi todo fuese perfecto, todavía no habían comenzado problemas ni disputas, todos parecían ir a una como en Fuenteovejuna en un ambiente de camaradería incluso hasta en la recta final del film donde comienzan a estar desbordados por el acoso de los medios y de algunos sectores sociales de diversos países donde tenían que realizar conciertos.

Me quedo principalmente con los testimonios de actrices de cine como Whoopi Godberg o Sigourney Weaver y lo que para ellas supusieron los Beatles, también con un crack musical como Elvis Costello, muy interesante lo que dice sobre la publicación de “Revolver”, de sentirse traicionado a totalmente abducido por el álbum en unas semanas. Pero por encima de todo considero para destacar el detalle de lo que significó la cohesión de la banda en un tema espinoso de aquella época como era la segregación racial. Quizás muchos no lo habíamos valorado en su justa medida hasta ahora pero aquel concierto en Jacksonville (Florida) fue una ayuda y un punto de inflexión para cambiar sociedades xenófobas e intolerantes como la americana. Me encantó, por ejemplo, escuchar las reveladoras declaraciones de la profesora e historiadora Kitty Oliver.

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Eso sí, por supuesto para un melómano y amante del pop-rock como el que suscribe lo más interesante de la cinta es la segunda parte con treinta minutos de actuación en el Shea Stadium de Nueva York durante el 15 de agosto de 1965, un documento inédito con imágenes exclusivas de Apple y una labor tremenda de restauración y remasterización para que las canciones no quedasen con poca intensidad por debajo de las enloquecidas fans y donde además se puede comprobar que a pesar de la locura reinante los cuatro miembros mantenían el sentido del ritmo y de la melodía.

Pues eso, no entraremos a polemizar con la frase de Lennon de que son más famosos que Jesucristo pero lo cierto es que la leyenda de los Beatles continúa y poquitos, quizás contados con los dedos de una mano, les podrían disputar el cetro y la corona de la popularidad. Larga vida a los fabulosos.

* Texto adaptado para Makma del artículo publicado en enlace del Espacio Woody/Jagger.

Juanjo Mestre

Segrelles y Pinazo en la gran pantalla

Segrelles Il.lustrador universal
Pinazo. De la ignorància en l’art
Ignacio Estrela y Laura Grande

José Segrelles (1885-1969) no es el único artista valenciano que ha triunfado en Nueva York, pero sí uno de los que ha dejado una huella más profunda y perdurable al otro lado del Atlántico. Todavía hoy, casi un siglo después de su estancia en la Gran manzana, donde permaneció durante cuatro años a partir de 1928, creadores americanos de la talla de Guillermo del Toro reconocen el influjo del pintor de Albaida.

La huella americana de Segrelles es uno de los aspectos que trata Segrelles. Il·lustrador universal, un largometraje documental en fase de producción. Ignacio Estrela y Laura  Grande llevan un año dedicado a este proyecto que inicia este otoño su fase final. Con 80 minutos de duración la versión original será en valenciano y habrá una en castellano y otra en inglés.

Miss Cummings, la modelo americana de José Segrelles. Imagen cortesía de Ignacio Estrela.

Miss Cummings, la modelo americana de José Segrelles. Imagen cortesía de Ignacio Estrela.

La Casa Museo de Segrelles en Albaida ha sido el escenario de gran parte de las filmaciones ya realizadas en las que han sido entrevistados las máximas autoridades en el ilustrador: Bernardo Montagud, Susana Vilaplana y Mireia Ferrer autora del estudio,  ’Segrelles. Un pintor valenciano en Nueva York. 1929-1932′.  “En la Casa Museo existe una gran cantidad de material sobre Segrelles que era muy meticuloso y lo guardaba todo”, dice Estrela. “Eso es una ventaja pero también un inconveniente pues nos ha obligado a una rigurosa selección”.

Los autores  firmaron un contrato de colaboración con este centro cultural para registrar la correspondencia del artista, que guardaba tanto las cartas recibidas como una copia de todas las que mandaba. Una amplia correspondencia con  familiares, colegas y personalidades diversas. También se refleja su rico archivo fotográfico, recortes de prensa, sus trabajos inéditos o inacabados y los esbozos y apuntes que hacía antes de emprender una obra.

En los últimos años  grandes artistas del mundo del cine de Hollywood, sobre todo dentro del género fantástico como Guillermo del Toro, se han interesado por el arte de Segrelles y se declaran  influenciados por él, sus fans y coleccionistas. “Nuestro trabajo permitirá conocer qué obras hechas por el ilustrador de Albaida en la primera mitad del siglo XX han influido en películas actuales de fama mundial como El laberinto del Fauno”.

Dante, ilustración de José Segrelles. Imagen cortesía de Ignacio Estrela.

Dante, ilustración de José Segrelles. Imagen cortesía de Ignacio Estrela.

En la próxima fase el equipo se desplazará a California (Estados Unidos) para entrevistar a William Stout, Guillermo del Toro y John Howe, “aunque probablemente entrevistemos también a algún otro artista americano que sea coleccionista o esté influenciado por Segrelles”, apunta Estrela. “Estamos intentando cuadrar las agendas para hacer solamente un viaje en el mes de octubre, aunque dependemos de la disponibilidad de los entrevistados por lo que se podría retrasar hasta diciembre. Todos han mostrado alegría al saber de la producción de una obra audiovisual sobre Segrelles y creen que interesará en EEUU. Otros artistas del mundo del cómic americano también están muy ilusionados con el proyecto,  deseosos de conocer más ilustraciones de Segrelles. He alucinado de ver el respeto y admiración que tienen muchos de ellos con los que he contactado por Facebook”.

El presupuesto del documental es 180.000 euros y en las próximas semanas se concretarán las ayudas solicitadas al Ministerio de Cultura, CulturArts y la Radiotelevisión Valenciana. “El año pasado CulturArts prefirió subvencionar un documental sobre Sara Baras, una bailarina de Cádiz antes que mi proyecto de Segrelles”, se lamenta Estrela. “Así nos va a los valencianos, mientras no conozcamos y valoremos a nuestros artistas estamos perdidos. Es una pena y una vergüenza que nadie antes se haya interesado en hacer una obra audiovisual de este gran artista”.

Imagen de 'Pinazo. De la ignorància en l'art'. Cortesía de Ignacio Estrela.

Imagen de ‘Pinazo. De la ignorància en l’art’. Cortesía de Ignacio Estrela.

Estrela y Grande están produciendo también, junto a la productora madrileña Morena Films, un largometraje documental sobre el pintor Ignacio Pinazo. “El productor madrileño, Álvaro Longoria, ganador de un Goya, quiso coproducir conmigo este proyecto porque es tataranieto del pintor”, cuenta Estrela. Se llamará Pinazo. De la ignorància en l’art en referencia a su discurso de ingreso en la Real Academia y servirá para conmemorar el Año Pinazo declarado por la Generalitat en el centenario de su muerte, en 2016. “Es una gran responsabilidad para mí intentar que en estos largometrajes queden bien reflejadas sus vidas y sus obras. Espero que tanto CulturArts como la nueva televisión autonómica valenciana se interesen y apoyen los proyectos de Segrelles y Pinazo”.

Anteriormente, Estrela y Grande realizaron un documental  sobre el pintor José de Ribera, El Españoleto: El jove Ribera. “Tampoco se había hecho nada sobre él y hasta que no estuvo totalmente rodado no recibí ninguna ayuda ni interés por parte de las instituciones valencianas”, comenta Estrela. “Si fueran artistas catalanes ya les habrían dedicado varios proyectos allí. Diez productoras catalanas han querido coproducir conmigo el proyecto de Segrelles ya que vivió 20 años en Barcelona y muchos creen que era de allí. Al final si la cultura valenciana no apoya el proyecto tendré que vendérselo a los catalanes”, concluye Ignacio Estrela.

Imagen de 'Segrelles. Il.lustrador universal'. Cortesía de Ignacio Estrela.

Imagen de ‘Segrelles. Il.lustrador universal’. Cortesía de Ignacio Estrela.

Bel Carrasco

Cerámica y pintura de Lee Seyong

Tierra, fuego y naturaleza, de Lee Seyong
Centro Cultural Coreano
Paseo de la Castellana, 15. Madrid
Del 11 de agosto al 30 de septiembre de 2016

‘Tierra, fuego y naturaleza’ es una muestra de artesanía elaborada con porcelana blanca y azul. Inspirada por motivos de la naturaleza, la tierra y el fuego, como pájaros, personas, flores y diversos utensilios. Predomina principalmente el color azul, aunque hay obras con estampados de otros colores, como el marrón o el verde.

El arte de la porcelana tradicional coreana Qinghua tiene gran influencia de las dinastías chinas, como la Yuan o la dinastía Ming. Este hermoso arte importado de China en el siglo XV desarrolla figuras de gran belleza y delicadeza. La pintura natural, sensorial y de excelente cuidado y pureza da como resultado objetos de gran armonía.

Notable por su blancura luminosa, se las conocía como porcelanas de blancura de nieve. Los motivos suelen ser florales e inspirados por la naturaleza, así como por historias, canciones y paisajes. También podemos encontrar figuras ecuestres o montañas. Sobre el fondo blanco se dibuja con tintes de diversos colores, como verdes, marrones o rojos, aunque en el caso de la exposición de Lee Seyong el color más utilizado es el azul.

Obra de Lee Seyong. Imagen cortesía Centro Cultural Coreano.

Obra de Lee Seyong. Imagen cortesía Centro Cultural Coreano.

De origen coreano el artista Lee Seyong ha sido investigador principal en el Instituto de Ingeniería y Tecnología de Corea, así como profesor adjunto en diversos centros educativos como la Universidad Nacional de Ciencia y Tecnología de Seúl, la Universidad Kangnam o el Incheon City College.

Como artista ha participado en numerosas exposiciones en grupo y hasta 26 individuales, como la Exposición de artistas Coreanos y Turcos en Estambul o la colección pública en el Museo Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo de Corea. Sus exposiciones le han llevado a países y ciudades de todo el mundo, como Nueva York, Japón, China, Londres o Miami.

Además de dar a conocer la cultura coreana a través de la cerámica, Lee Seyong desea “presentar el nuevo aspecto de la cerámica coreana moderna, que es un arte que trabaja cruzando la cerámica y la pintura, y aplicándola de una manera tanto tradicional como contemporánea”.

El Centro Cultural Coreano desea que esta muestra represente una gran oportunidad para conocer las obras de artesanía del artista coreano, y dar a conocer artistas del país asiático y obras de la cultura coreana en España. Por ello, también ha programado diversos talleres que contarán con la presencia del artista.

El venerado Kurt Rosenwinkel actúa en Valencia

Kurt Rosenwinkel
VIII Ciclo de Verano del Jimmy Glass
C / Baja, 28. Valencia
Jueves 28 de julio, 2016, a las 20.45

Como colofón del VIII Ciclo de Verano, el Jimmy Glass presenta este jueves (20.45h) por primera vez a uno de los mitos actuales del jazz contemporáneo, el venerado guitarrista Kurt Rosenwinkel, una gran estrella internacional que ha creado escuela en los últimos veinticinco años, ídolo de guitarristas y aclamado tanto por los medios como por la clase jazzística y el público.

El concierto forma parte de su gira europea (con solo tres conciertos en España) para la presentación de su último proyecto, Bandit 65, editado en disco, a cargo de un poderoso trío formado por el propio Rosenwinkel, el también guitarrista Tim Motzer y el baterista Gintas Janusonis, que revisa algunos aspectos de la psicodelia de los años sesenta del siglo pasado. Un sorprendente paisaje sonoro creado con impactantes improvisaciones y algo de electrónica, en la línea estilística a la que nos tiene acostumbrados, pero jugando con la estética vibrante de esa década prodigiosa.

Kurt Rosenwinkel (izda) junto al trío de Bandit 65. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

Kurt Rosenwinkel (izda) junto al trío de Bandit 65. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

Bandit 65 lo mezcló Tyler McDiarmid (John Scofield, Dave Douglas) en Stadium Red, antiguo estudio de Ornette Coleman, en Harlem (Nueva York). Todo un manifiesto de intenciones.

Kurt Rosenwinkel (Filadelfia, 1970) no necesita demasiadas presentaciones para los amantes del jazz. Lleva en la cresta de la ola desde principios de los noventa. Con una increíble trayectoria como líder y creador de tendencias, se ha rodeado de los más grandes músicos contemporáneos actuales, como Brad Mehldau, Brian Blade, Mark Turner, Joshua Redman, Chris Potter, Jeff Ballard, Eric Harland, Aaron Parks, Seamus Blake, Jason Lindner, Danilo Pérez o Aaron Goldberg, entre muchos otros, y con históricos como Gary Burton, Paul Motian o Joe Henderson.

Tiene dieciocho discos como líder o colíder y cerca de setenta con otros grandes del jazz. Aunque ha recibido influencias de Pat Metheny, Bill Frisel o John Scofield, Rosenwinkel ha llevado el lenguaje de la guitarra de jazz hasta parajes nunca visitados anteriormente.

Su paisano y guitarrista Tim Motzer, componente de este trío, lleva más de quince años realizando giras en las que muestra el desarrollo de unas técnicas sorprendentes, creando texturas, loops y todo tipo de estructuras que aportan una gran riqueza musical. Jamaaladeen Tacuma o David Sylvian, con los que colabora dan fe de ello.

El baterista y percusionista Gintas Janusonis, residente en Nueva York, es un músico de renombre internacional, compositor y productor, con más de veinte años de trayectoria. Ha trabajado con músicos como Brandford Marsalis, David Murray, James Spaulding, Bilal y muchos otros. Tiene una gran amplitud y profundidad de lenguaje y un interesante concepto. Solicitado continuamente como productor, compositor, ingeniero de sonido y artista multidisciplinar, siente una respetuosa pasión por las posibilidades de la electrónica combinada con los instrumentos acústicos.

Un mágico debut en Jimmy Glass de un icono de la guitarra actual de jazz con un nuevo y atractivo proyecto.

El guitarrista Kurt Rosenwinkel. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

El guitarrista Kurt Rosenwinkel. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

No sé qué pasa que lo veo todo negro

Black is Back, de Luis Rivera
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta finales de julio de 2016

La versión al castellano que muchos grupos han hecho del ‘Paint it black’ de The Rolling Stones, ahora que se cumplen 50 años de su grabación, comienza así: “No sé qué pasa que lo veo todo negro”. Entonces sabíamos que se debía al racismo y la ausencia de ciertos derechos civiles por los que Rosa Parks, una década antes, luchó negándose a ceder su asiento a un blanco en un autobús. ¿Hay razones ahora para verlo todo negro? Sí, pero desde otro punto de vista: el que muestra Luis Rivera en la galería Alba Cabrera mediante la exposición Black is back.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

“El machismo y el racismo son dos grandes atrocidades”, exclama Rivera. Y a lomos de esas dos grandes lacras va dando rienda suelta a su imaginación en forma de siluetas, figurativas y abstractas. Siluetas que parecen devolver la vida, a partir de sombras y viceversa, a quienes hicieron del jazz un enorme acto creativo y reivindicativo por su discriminado color. El propio Rivera lo subraya al pie del retrato de James Brown, cuando este canta orgulloso: “Say it loud, I’m black I’m proud” (Dílo alto, soy negro y estoy orgulloso).

Y orgulloso exhibe Luis Rivera el centenar de piezas, 22 más grandes y móviles, 80 pequeñas y 11 compuestas, que conforman su Black is back visual y sonoro. Visual, porque mediante una aplicación de móvil con linterna saltan a la vista esas siluetas como prolongación de sombras ilustres: Billie Holiday, Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Miles Davis, Louis Armstrong, B.B. King, Ray Charles, Aretha Franklin o Jimi Hendrix. Y sonoro, porque mediante la aplicación de lector QR se puede escuchar la música incorporada en las piezas.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Así es como Black is back convierte la galería Alba Cabrera en Nueva Orleans o Nueva York, para que Valencia destile autenticidad negra. “Juego a la abstracción desde la figuración y viceversa en un acto reivindicativo de la negritud”. Una negritud que Rivera rescata de su lectura peyorativa en torno a lo oscuro y negativo, para que resalten y brillen los astros del jazz. Desde el “grito de protesta” con el que arranca la exposición con Billie Holiday y su “saxo preferido” Lester Young, al puñetazo con el que cierran el recorrido Malcom X, Martin Luther King o Cassius Clay, del que Rivera recuerda su famoso “vuelo como una mariposa, pico como una abeja”.

“A mí en la facultad me decían que el negro es la ausencia de color. Bueno, pues yo aquí digo que el negro es color”. Dicho y hecho. A partir de numerosas sombras, Rivera ha ido dando forma a esos rostros del jazz, algunos fácilmente reconocibles y otros reducidos a unos cuantos trazos minimalistas.  “Se crea un lenguaje con el espectador que se contagia de la idea de descubrir quién es quién”. Todos esas siluetas poblando la sala como si de una jam session antológica se tratara. Mezcla de pintura, escultura, efectos de luz y sombras y evocaciones sonoras. “Es una proyección, un léxico que va más allá, creando incluso cierto espacio arquitectónico”.

Jimi Hendrix en 'Black is back', de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Jimi Hendrix en ‘Black is back’, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Luis Rivera dice en el propio texto de la exposición que en la sala se pueden “escuchar canciones con sus teléfonos móviles, despertar sensaciones, descubrir recuerdos”. No es un ejercicio de nostalgia, sino la condensación de una vitalidad que el artista exhibe como muestra del poder energético que rezuma cierta memoria. “Es una reivindicación de la sombra”. Cómo desde el fondo inconsciente que el arte da forma, ese negro que está detrás, al que alude el título, puede transformarse en el blanco de la mirada. “Investigando sobre el negro, yo voy complicando el ojo”, que salta de una estructura a otra a modo de notas musicales de las primeras big bands a los sonidos más pop, pasando por el be bop, el rhythm and blues, el funk o el rock.

Por si cabía alguna duda, Luis Rivera explica que en Black is back  hay “música negra”, en un viaje que va “desde el origen del jazz con olor a algodón y libertad, hasta la rebeldía y el desafío, todo entre la luz, el color y las sombras, la expresividad, lo abstracto y lo figurativo”. Porque basta un ligero movimiento de la luz de la linterna del móvil para que Chuck Berry, Stevie Wonder, Bob Marley o la andrógina Grace Jones muden su expresión. Ahora ya se sabe por qué Luis Rivera lo ve todo negro.

Francisco Blanco Latino, de Sedajazz, con sus jóvenes músicos, interviniendo con motivo de la exposición 'Black is Back', de Luis Rivera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Francisco Blanco Latino, de Sedajazz, con sus jóvenes músicos, interviniendo con motivo de la exposición ‘Black is Back’, de Luis Rivera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres

UN EMAKIMONO PORTÁTIL Y “ENCAPSULADO”

EMAKIMONO (proyecto de arte portátil para Tokio, Seúl y Pekin), por ENCAPSULADOS
Del 27 de junio al 12 de julio de 2016

Hace 9 años Encapsulados celebró su primera exposición en un hotel-cápsula de Tokio situado junto a la céntrica estación de Ebisu. Los habitáculos 610 y 612 medían poco más de un metro cúbico pero alojaron sin problemas una exposición de veinte pinturas, dibujos y fotografías que fue transportada hasta las correspondientes cápsulas en un par de bolsas de aseo.

Desde aquella primera exposición programática, Encapsulados ha comisariado once exposiciones dedicadas al pequeño formato y a reivindicar espacios tan singulares y poco previsibles como, por ejemplo, el interior de un depósito de agua en la Finca Roja de Valencia. Esa querencia por los lugares inusitados le ha llevado en algún momento a cierto grado de encubrimiento y prisa. La visibilidad de lo expuesto es muy limitada en esas ocasiones, pero queda compensada con la documentación posterior y su difusión a través de una red de simpatizantes encapsulados, cofrades de lo portátil y lo leve. José Oliver, a propósito de la instalación en el Albion Hotel de Miami, definió con mucha exactitud estas exposiciones como “breves y secretas, descubiertas en un descuido, al dirigir uno sus pasos de la piscina a la barra del bar, o al ser convocado clandestinamente por la organización”

Tarjeta Tokyo Encapsulados

Encapsulados tiene también algo de laboratorio. Encierra pequeñas dosis de la sustancia prescrita por los artistas en cápsulas visuales que deben tomarse sin tardanza porque, habitualmente en apenas una hora o, incluso, unos pocos minutos, se desmonta el artificio. Así fue en los casos mencionados de Tokio, Miami, Valencia y Hanoi, los más fugaces. También en Berlín y en Nueva York, pero ha habido excepciones. En algunas ocasiones las exposiciones de Encapsulados, previo acuerdo con el espacio expositivo, se exhiben durante un mes o dos, abandonan sus prisas y su discreción y, como dijo Degas, “sus secretos corren por la calle”.

Ahora Encapsulados sale de gira asiática por las ciudades de Tokio, Seúl y Pekín y presenta el trabajo de 19 artistas contemporáneos españoles en un emakimono (rollo de papel) de 11 metros de longitud y 50 cm de ancho, así como otras pequeñas piezas realizadas a propósito para la exposición como muestra de las poéticas diversas de los artistas participantes.

Imagen de la pieza Emakimono, perteneciente al proyecto. Fotografía cortesía de ENCAPSULADOS.

Imagen de la pieza ‘Emakimono en blanco’, perteneciente al proyecto. Fotografía cortesía de ENCAPSULADOS.

El emakimono portátil ha viajado de estudio en estudio. Con tan sólo unas determinaciones técnicas mínimas, cada artista ha trabajado libremente sobre un fragmento de ese papel enrollado. El papel es el soporte común en el que se amoldan todas las imágenes y el espectador tiene que enfrentarse a un trabajo colectivo sin sentido de continuidad, una obra inconexa cuyo objetivo es el de propiciar hallazgos. La imagen resultante es sin duda extraña, tensa, fragmentada, chirriante en ocasiones. Una asamblea ruidosa de pintores, como los convocados por Francis Picabia a pintar conjuntamente su obra El ojo cacodilato, que mostrará el carácter plural y diverso de unos artistas forzados a coexistir en una tira de papel. Ante tanta diversidad lo único que tal vez nos permita a la postre establecer cierta unidad o sentido sea su propia rareza resultante. Una rareza de artistas y para artistas dibujada y pintada en un emakimono. 

27-28 Junio ____ Sala de exposiciones de la Embajada de España en Tokio. Japón 30 junio -2 julio _ TOTAL Museum. Seúl. Corea www.totalmuseum.org/ 6 -12 julio _____ TAM. Today Art Museum. Pekín. China www.todayartmuseum.com/

ARTISTAS Pepe Medina / Joël Mestre / Teresa Moro / Jorge Tarazona / Fernando Vélez Castro María José Gallardo / Montse Caraballo / Felipe Ortega Regalado / Teresa Tomás Ángel Mateo Charris / Paco de la Torre / Gonzalo Sicre / Dis Berlin / Alejandro Calderón Gabi Alonso / Juan Cuéllar / Marina Iglesias / Roberto Mollá / Lebrel

ENCAPSULADOS Grupo formado por Juan Cuéllar y Roberto Mollá en 2007 Arte portátil www.encapsulados.info/ 

Imagen de la pieza 'Emakimono', perteneciente al proyecto. Fotografía cortesía de ENCAPSULADOS.

Imagen de la pieza ‘Emakimono’, perteneciente al proyecto. Fotografía cortesía de ENCAPSULADOS.