La mentira como una de las bellas artes

Fake. No es verdad, no es mentira
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
C / Guillem de Castro, 116. Valencia
Hasta el 29 de enero de 2017

El director del Institut Valencià d’Art Modern, José Miguel G. Cortés, el comisario Jorge Luis Marzo y el artista Joan Fontcuberta presentaron la exposición ‘Fake. No es verdad, no es mentira’ con un recorrido por la muestra. “Fake. No es verdad, no es mentira es un proyecto muy significativo para el IVAM porque resume lo que quiere ser el museo: un lugar donde se cuestionan temas, donde se formulan preguntas, un lugar que nos obliga a pensar”, señaló Cortés.

La exposición, dividida en cuatro secciones, “es una selección de 44 obras que pretenden ser verdaderas cuando, en realidad, son mentira”, resumió Jorge Luis Marzo. La muestra plantea cuestiones sobre cómo construimos la credibilidad y cómo se generan los valores de verdad en la sociedad. “El fake atenta contra lo que en griego se denomina Doxa (opinión común) y provoca Paradoxa (lo contrario a la opinión común)”, explicó el comisario.

De izquierda a derecha, Joan Fontcuberta, José Miguel Cortés y Jorge Luis Marzo en la presentación de 'Fake. No es verdad, no es mentira'. Imagen cortesía del IVAM.

De izquierda a derecha, Joan Fontcuberta, José Miguel Cortés y Jorge Luis Marzo en la presentación de ‘Fake. No es verdad, no es mentira’. Imagen cortesía del IVAM.

La exposición, que acoge la galería 7 del IVAM hasta el 29 de enero, reúne obras de 50 artistas con cables a la vista, cajas de cartón en el suelo, fichas de exposición a medio montar y hasta una escalera en medio de la sala… ¿es verdad o es mentira?

Uno de los artistas participantes en la muestra es Joan Fontcuberta, Premio Nacional de Fotografía en 1998 y Premio Nacional de Ensayo en 2011, quien resaltó el hecho de que una institución como el IVAM acoja este proyecto. “Hace 40 años que vivo en el fake y no me había planteado qué es. Ésta es la primera gran exposición que intenta hacer una panorámica y categorizar el fake en el arte”, manifestó el artista cuyo trabajo siempre se ha caracterizado por intentar desmantelar lo establecido.

“La exposición cuestiona incluso la autoridad de los museos y las instituciones. Esto demuestra que el IVAM admite la autocrítica, algo fundamental para que el museo sea una plataforma de cuestionamiento. De lo contrario, sería un mausoleo”, señaló Fontcuberta.

No todas las obras expuestas en la muestra son fakes, sino que también hay infiltraciones, camuflajes y sabotajes emprendidos por artistas en todo el mundo con el objetivo de “cuestionarnos aquello que están creando las imágenes”, subrayó el director del IVAM.

La parte dedicada a los Heterónimos reúne obras inventadas secretamente por un autor (ortónimo) con la intención de que sean percibidas como realmente existentes. “Algún día la historia de la cultura tendrá que ser analizada como la historia de la falsedad”, comentó el comisario sobre esta sección. Acerca del capítulo dedicado a las Infiltraciones, el comisario de la muestra apuntó que “son trabajos que operan como parásitos, capaces de proyectar esos sueños de credibilidad de la sociedad”.

La tercera de las secciones de la muestra está dedicada a las Docuficciones, los documentales falsos que buscan desenmascarar los formatos de autoridad, utilizando las técnicas, códigos y convenciones del documental para aparentar serlo. La exposición termina con los Descréditos, con exposiciones falsas presentadas en museos y que acaban exponiendo la ficción y fragilidad de su poder.

'Fake. No es verdad, no es mentira'. Imagen cortesía del IVAM.

‘Fake. No es verdad, no es mentira’. Imagen cortesía del IVAM.

Imágenes engañosas

Harun Farocki. Lo que está en juego
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 22 de mayo de 2016

El título con el que han sido editados sus ácidos textos en las revistas Filmkritik y Trafic ya lo dice casi todo: ‘Desconfiar de las imágenes’. Ahí está resumido el modo en el que Harun Farocki concibe esas imágenes, que ahora reúne por primera vez en España el IVAM, en colaboración con la Fundación Tàpies. Imágenes reales, muchas de ellas captadas con videocámaras, e imágenes virtuales que vienen a darse la mano para explicar esa forma lábil que tienen las imágenes de construir la realidad. Una realidad que Farocki desenmascara utilizando las propias imágenes como material de engaño.

Imágenes de la exposición 'Lo que está en juego', de Harun Farocki, en el IVAM.

Imágenes de la exposición ‘Lo que está en juego’, de Harun Farocki, en el IVAM.

La exposición Lo que está en juego, comisariada por Carles Guerra y Antje Ehmann, pretende llamar la atención sobre ese carácter epidérmico de lo visual, ocultador de otras capas más profundas de la realidad. “Vivimos rodeados de pantallas, de millones de imágenes, y lo que Harun Farocki nos dice es que hay que desconfiar de ellas, tener una actitud crítica”, señaló José Miguel Cortés, director del IVAM. Actitud que salta a la vista en la galería donde se exhiben los trabajos del cineasta que tachó de conformista el cine de Wenders, Fassbinder o Schlöndorff, lo cual da muestra del lugar extraterritorial de su cine.

En el cortometraje Inextinguishable Fire (Fuego Inextinguible), por poner un ejemplo al que aludió Carles Guerra, un hombre hace las veces de un vietnamita que narra ante la cámara los efectos de las bombas de napalm. Para ello, apaga un cigarrillo en su brazo comparando los 400 grados de esa insignificante pero dolorosa quemadura, con los 3000 grados alcanzados en aquella bárbara explosión. Farocki, tras lo cual, advierte al espectador: “Primero cerrarán los ojos ante las imágenes, luego cerrarán los ojos ante la memoria, después ante los hechos y, finalmente, los cerrarán ante todo el contexto”.

Imagen de la exposición 'Lo que está en juego', de Harun Farocki, en el IVAM.

Imagen de la exposición ‘Lo que está en juego’, de Harun Farocki, en el IVAM.

Las videoinstalaciones que primero se exhiben en el IVAM, para después viajar en junio a la Fundación Tàpies, intentan abrir esos ojos del espectador acostumbrado a ver la parte más edulcorada de las imágenes. “Farocki, deconstruyendo el sentido de las imágenes, nos incita a aprender a mirar”, subrayó Cortés. “Es un trabajo que requiere detenerse para advertir su carácter crítico”, explicó Antje Ehmann, viuda del cineasta. Para Carles Guerra, el cine desconfiado de Farocki “entra en el lenguaje y lo desmonta”, de ahí su rebeldía ante aquellos otros cineastas alemanes que obedecen las reglas cinematográficas.

Lo que está en juego reúne desde sus primeros cortometrajes, algunos recientemente restaurados, a sus más recientes videoinstalaciones, junto a programas de televisión en los que Farocki retrata a otros artistas. “Produjo mucho para televisión”, indicó Guerra, destacando la cadencia natural de su trabajo hacia espacios alejados del cine. “Su lenguaje encaja mejor en galerías y museos por la singularidad de su lenguaje”, añadió el comisario y director de la Fundación Tàpies.

Imagen de la exposición de Harun Farocki en el IVAM.

Imagen de la exposición de Harun Farocki en el IVAM.

El trabajo de Harun Farocki aborda desde el documental a las nuevas tecnologías, ya sean aplicadas a la simulación militar o los videojuegos. “Empezó haciendo películas documentales para acabar obsesionado con los videojuegos y el pixel de la imagen”, apuntó Guerra. Ese acercamiento a lo real de la huella fotográfica está, en cualquier caso, presente a lo largo de su producción, ya sea en forma de ese brazo quemado a golpe de cigarrillo o mediante la presencia de la muerte recogida en la videocámara de un centro penitenciario. Y es que lo que está siempre verdaderamente en juego en la obra de Farocki es el continuo desenmascaramiento de la realidad. Un juego que explora sus diversas capas, en su afán por alcanzar el tuétano de la misma. “Imágenes que te envuelven y se apoderan de nosotros”, señaló Cortés en relación al conjunto expositivo.

Ver la noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Imágenes de la exposición de Harun Farocki en el IVAM.

Imágenes de la exposición ‘Lo que está en juego’, de Harun Farocki, en el IVAM.

Salva Torres

MUSAC acoge el V Encuentro #RRSSmuseo

El próximo 14 de Noviembre el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León acoge el V Encuentro sobre Redes en Museos y Centros de Arte: Contenidos y experiencias digitales, para el que todavía está abierto el periodo de inscripción.

VEncuentro0

El evento reúne a los responsables de la gestión digital de los principales museos del mundo y supone un punto de encuentro donde debatir sobre las formas de plasmar y divulgar el arte contemporáneo en los entornos digitales emergentes.


Además, se extiende por vez primera al espacio web a través de http://encuentro.musac.es creada con el objetivo de fomentar la participación y el intercambio de conocimientos entre profesionales, en colaboración con CyberPractices Foundation.

También está abierto a la participación de todos los interesados, que pueden compartir sus impresiones en los debates disponibles en este espacio digital y en las redes sociales con el hashtag  #RRSSmuseos. La participación de estudiantes y profesionales será reconocida mediante badges acreditados por el MUSAC, la Fundación UNED y CyberPractices Foundation.

 

PROGRAMA

09:30 h. Apertura de puertas y recogida de acreditaciones y dispositivos de traducción simultánea.

 

10:00 h. Presentaciónpor parte de Manuel Olveira, director del MUSAC, Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León; Francisco Álvarez, director de CyberPractices Foundation y la directora de la actividad, Araceli Corbo.

10:15 h. Estrategia digital, Charlotte Sexton, consultora independiente y experta en estrategias digitales en museos, patrimonio y en el sector cultural en general.

11:00 h.Transformación digital, Conxa Rodà, jefa de Estrategia y Comunicación en el Museu Nacional d”Art de Catalunya (MNAC).

11:45 h. Pausa café

 

12:15 h. Contenidos digitales, Andrew Lewis, Responsable de contenidos digitales de Victoria & Albert Museum.

 

13:00 h. Presentación del Anuario de Cultura Digital AC/E 2015, Javier Celaya, socio-fundador de Dosdoce.com

* En colaboración con AC/E, Acción Cultural Española

 

13:45 h. Presentación del Informe de transparencia y buen gobierno de los museos de Bellas Artes y Arte Contemporáneo 2014, Pilar Gonzalo.

Directora del Foro de Cultura y Buenas Prácticas en España(www.culturaybuenaspracticas.org), trabaja en el Departamento de Comunicación del Museo Reina Sofía.

* Con la colaboración del Foro de Cultura y Buenas Prácticas

16:30 h. Contenidos y comunicaciones: presentaciones + mesa redonda.

Intervienen:
Mar Dixon, especialista en redes sociales y desarrollo de audiencias. Creadora de iniciativas mundiales #AskACurator, #MuseumWeek y proyectos como MusoemixUK y MuseumCamp.

Semíramis González, Máster en Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual en el Museo Reina Sofía y especializada en teoría feminista y queer aplicada a la Historia del Arte.

Anna Ramos, es coordinadora del proyecto radiofónico en línea @Radio_Web_MACBA y corresponsable del sello ALKU.

José Luis Hoyas, gestor de contenidos de la cuenta oficial de Twitter de Museos de Castilla y León

 

19:00 h. Conversación Plataformas: gestión cultural y gestión de contenidos

Intervienen:
Asimétrica.org
Fundación TyPA
(vía Skype)


INFORMACIÓN PRÁCTICA E INSCRIPCIONES


Fecha: sábado 14 de noviembre de 2015

Horario: 10:00 a 14:30 h. y 16:30 a 20:00 h.

Inscripciones: http://encuentro.musac.es

Precio: 20€ general, 10€ reducida (para estudiantes, desempleados y jubilados), gratuito para Amigos del MUSAC.

Dirige: Araceli Corbo

En colaboración con CyberPractices Foundation; Museu Nacional d”Art de Catalunya, AC/E (Acción Cultural Española)

Plataforma online:http://encuentro.musac.es

Streaming: en directo desde www.musac.es y http://encuentro.musac.es

Hashtag: #RRSSmuseos

Descuento Renfe:

http://musac.es/PDF/DEAC/Descuento_renfe.pdf (si os da error en la web de Renfe, podéis dirigiros a la ventanilla de venta directa de cualquier estación)

Alojamientos: http://encuentromusac.cyberpractices.com/wp-content/uploads/2015/10/AlojamientosRedes_leon.pdf

MÁS INFORMACIÓN y CONTACTO:araceli@musac.es


250 cuadros famosos versionados por niños

Exposición de los PequeArtistas
Alumnado de PintaValencia, mucho más que una academia de pintura
Galería Jorge Juan, Entrada Gran Vía Marqués del Turia, 59
De lunes a sábado, de 9 a 21 h.
Buses 2, 3, 41 y 80
Hasta el 30 de octubre de 2015

En pleno centro de Valencia, y hasta final de mes, se puede disfrutar de una enorme pared repleta de cuadros firmados por el alumnado infantil de la escuela de arte PintaValencia. La exposición, con más de 250 versiones de cuadros famosos pintados por niños y niñas, muestra el trabajo realizado por los pequeños durante el curso pasado, inspirados por artistas tan relevantes de la Historia del Arte como El Greco, Frida Khalo, Warhol, Vermeer, Leonardo da Vinci, van Gogh, Dalí, Hopper, Lichtenstein, Hockney, Velázquez, Turner o Goya, entre muchos otros.

Algunos cuadros de la exposición, versionando a Khalo, Sorolla, El Greco, Miró o Velázquez

Algunos cuadros de la exposición, versionando a Khalo, Sorolla, El Greco, Miró o Velázquez

La escuela de arte PintaValencia (Na Jordana, 12) surge como un espacio en la ciudad donde todo el mundo pueda desarrollar su creatividad de forma amena, personalizada y con horario flexible. «En algún momento nos vimos con las fuerzas necesarias para emprender y, aunque el camino no es nada sencillo, al final acaba mereciendo la pena. “Jamás el esfuerzo desayuda a la fortuna” es una cita de Fernando de Rojas que tenemos muy presente», explica Iris Bonora, profesora y co-directora de la escuela.

La lata de sopa Campbells de Warhol, entre el perro semihundido de Goya y el beso de Klimt

La lata de sopa Campbells de Warhol, entre el perro semihundido de Goya y el beso de Klimt

En PintaValencia trabajan a diario para acercar el arte tanto a adultos como a niños y niñas mediante el dibujo, la pintura y el modelado, además de incentivar el interés por conocer aspectos de cultura general relacionados con la Historia del Arte. La educación artística aporta importantes aspectos positivos tanto a niños como a adultos, como la capacidad de potenciar la imaginación, algo muy útil a la hora de resolver cualquier tipo de circunstancia o problema; además de favorecer en el aumento de la confianza y la autoestima. Diversos estudios demuestran que el estímulo a través de las artes plásticas provoca el aumento de la capacidad de concentración y memorización, mejorando significativamente el rendimiento académico en el resto de asignaturas no artísticas.

La noche estrellada de Vincent Van Gogh, al lado de  "Habitación de hotel" de Hopper, y varias Fridas y una joven de la perla, de Vermeer

La noche estrellada de Vincent Van Gogh, al lado de “Habitación de hotel” de Hopper, varias Fridas y una joven de la perla, de Vermeer

“La respuesta que hemos tenido hasta ahora en nuestros talleres siempre ha sido muy positiva, los niños acaban interiorizando y aprendiendo historias relacionadas con el arte, y con la cultura en general, que los hace mejores observadores, más atentos y despiertos. El arte, sin duda, los hace mejores personas.”, afirman los organizadores de la muestra Pequeartistas.

Vista general de la exposición

Vista general de la exposición

Más información en www.pintaValencia.com
250 cuadros famosos versionados por niños

El (nuevo) traje de chaqueta de Gris

El traje de chaqueta, de Manuel Antonio Domínguez
Gabinete de dibujos
Gris. Emmarcació professional i artesanal
C / Literato Azorín, 14. Valencia
Inauguración: jueves 28 de mayo, a las 20h

El Gabinete de dibujos comenzó siendo una colección ficticia de dibujos, un proyecto personal que buscaba reunir obra de dibujantes simplemente por compartir su disfrute en la red.

Igual que en el siglo XVIII los ilustrados creaban gabinetes de dibujos en las academias, en el XIX los gabinetes se formaban en los recientes museos, y ya que en el XXI cualquiera puede elaborar su propia colección virtual sin cajoneras, este Gabinete de dibujos se dedicó a seleccionar obras libremente tomando el dibujo como un término muy abierto, inclusivo de múltiples facetas y de posibles circunstancias: dibujos anónimos, de aficionados y de profesionales de muy distinta ralea.

Taxonomías, de Ernesto Casero, en el Gabinete de dibujos de Gris. Imagen cortesía de Gris.

Taxonomías, de Ernesto Casero, en el Gabinete de dibujos. Imagen cortesía de Gris.

En 2011 este proyecto, con la colaboración de Gris (enmarcación profesional y artesanal), encontró un espacio real: un pequeño escaparate en el barrio de Ruzafa en Valencia que fue inaugurado con Max. Independiente y autogestionado, ha funcionado desde entonces como un laboratorio de experimentación del dibujo, un singular prisma vacío a disposición de los dibujantes: Carmen Segovia, Carmela Mayor, Paco Roca, Juan Cuéllar y Roberto Mollá han sido varios de los que lo han intervenido desde sus diferentes campos de trabajo.

Hasta ahora el Gabinete de dibujos ha llevado a cabo una programación continua, permanentemente abierta a recibir nuevas propuestas. En mayo de 2014, coincidiendo con la intervención ‘Taxonomías’ de Ernesto Casero, se transformó en un espacio más neutro, mejor adaptado técnica y estéticamente a cánones expositivos, casi un m3 de galería.

Javier Sáez Castán en el Gabinete de dibujos de Gris.

Animalario, de Javier Sáez Castán en el Gabinete de dibujos. Imagen cortesía de Gris.

Tras los seres imaginados por Ernesto Casero, las intervenciones de Cheles Martínez, Ana Roussel, Javier Sáez Castán y Nuria Ferriol han ido ocupando el espacio. 
Ahora estrena imagen, diseñada por EPB (Bea Bascuñán y Albert Jornet), una imagen que se basa en las características del Gabinete de dibujos, pequeño espacio de arte, variado y cambiante y una nueva web, en la que además de los contenidos habituales habrá una galería virtual con obra disponible de los artistas que van interviniendo el Gabinete de dibujos, un m3 de galería.

El artista Manuel Antonio Domínguez, antes llamado el Hombre Sin Cabeza, será quien inaugure esta nueva etapa con el proyecto ‘El traje de chaqueta’. El andaluz de las composiciones complejas y de la prodigiosa técnica en acuarela investiga hace años sobre la identidad masculina, sus tópicos, sus estereotipos, sus fallas y grietas, sus equilibrios difíciles y los andamiajes precarios que la sustentan.

En ‘El traje de chaqueta’ desarrolla aspectos que unen la construcción de la masculinidad y la historia reciente de Valencia, mediante un políptico de diferentes técnicas: acuarela, collage e intervención pictórica sobre fotografía.

Él mismo introduce así su intervención: “Hace algún tiempo que la cultura política ‘made in Spain’ viene trajeada como uniforme regalado, como si se tratase de una boda sin facturas en donde nadie conoce la persona que paga el enlace. Valencia es el lugar del encuentro y el traje parte de su historia reciente”. Con la colaboración de Ingredients y Tyris, la inauguración será el jueves 28 de mayo.

El hombre del traje, de Manuel Antonio Domínguez. Imagen cortesía de Gris.

El hombre del traje, de Manuel Antonio Domínguez. Imagen cortesía de Gris.

¿Qué queremos? Igualdad y pluralidad

Hace justo una semana aparecía publicado en la revista MAKMA un artículo de Alberto Adsuara bajo el título “¿Qué quieren?: miradas de mujeres”. El título ya dice mucho de lo que posteriormente será el contenido del mismo, pues a través de esa pregunta, más su posterior respuesta, es presentada en palabras, una opinión sobre una cierta acción que visibiliza el trabajo de las mujeres artistas en nuestro país.

Según el autor, las mujeres no dejamos de quejarnos. Y quejarnos, junto con llorar, es algo que para el patriarcado ha sido muy femenino. Nos quejamos por quejarnos, sin razón y además con vacío de inteligencia. Pues yo le digo, como feminista y progresista, que esto es mucho más que una simple queja, como usted lo plantea, esto es un cabreo. Un cabreo a través del cual exigimos igualdad situando además la idea de diferencia en el centro de nuestra actividad, de ahí que nuestras miradas sean plurales, como también lo son nuestros cuerpos. De esta manera es como dejamos de ser “la mujer”, cuya falta de diferencias, nos equipara a una serie, y cuya singularidad y falta de individualidad, usted nombra en el artículo.

Las mujeres han creado desde el inicio de los tiempos. Otra cuestión es que sus obras hayan sido reconocidas y su huella haya sido respetada por las generaciones siguientes. Y a la vista está que esto no ha sido así porque la historia de cualquier disciplina ha sido escrita desde el punto de vista masculino. La cuestión no es tener un pene o una vagina para poder ejercer o no de artista, porque el feminismo es plural, como lo son nuestros cuerpos, sino que es una cuestión mucho más peliaguda donde intervienen otros intereses. La mirada masculina ha sido la que ha dominado y preservado su estatus dentro de la Historia del Arte, plasmando en los lienzos cuerpos de mujeres desnudas para su propio deleite y disfrute erótico, algo que podemos comprobar a través de un paseo por las salas de un museo como el Prado. Nosotras no hemos entrado a los museos como artistas por derecho propio sino como mujeres desnudas objetualizadas, algo que muy bien denunciaron a partir de los años setenta del siglo XX las Guerrilla Girls y que continúan denunciándolo.

A lo largo del artículo usted coloca a las mujeres en una posición subordinada e incluso nuestras demandas de igualdad las pone en entredicho al cuestionarse que no sabe muy bien lo que perseguimos, si presencia o poder. Yo le digo que ambas cosas. Presencia para que nuestros trabajos sean visibles, y poder, o mejor dicho y utilizando un lenguaje feminista, que el arte sea una herramienta a través de la cual podernos empoderar visibilizándose nuestros trabajos y las diferencias con el patriarcado en los diferentes ámbitos artísticos. Pero no se crea que por tener una vagina nuestro trabajo está vacío de contenido intelectual y que por este motivo para el día 8 de marzo las salas se tengan que abrir para que expongamos únicamente a lo largo de ese mes. No, para nada, pues nuestro trabajo es mucho más que arte hecho por mujeres con toda la carga de negatividad que el patriarcado ha otorgado a la palabra femenino, porque nuestro trabajo es político, combativo y resistente.

Cada mes de marzo se nos recuerda que la igualdad, aunque pensemos que no es una utopía, no es real. Sí, ese mismo día, junto con el 25 de noviembre, en el que aparecen diferentes estadísticas sobre brechas salariales y de cifras de violencia de género y de feminicidio que nos estampan contra la cruda realidad y que nos recuerdan que todavía nos queda mucho camino por recorrer. ¿Nos estamos quejando también?

Como usted sabrá el artículo 26 de la Ley de Igualdad del año 2007 plantea acciones positivas, que no discriminaciones positivas que fomenten la participación de las mujeres en una sociedad que no es igualitaria. Una de esas acciones positivas ha sido el Festival Miradas de Mujeres que usted nombra en su artículo, así como el resto de festivales sobre mujeres artistas y diferentes exposiciones y conferencias que favorecen nuestro empoderamiento. Pero vayamos por partes. Esas acciones positivas, que usted considera que nosotras las imponemos (por cojones) y que nos las paga el papá estado, fomentan la igualdad partiendo de la base de que existe una desigualdad, y a través de la misma acción positiva se pretende que no se prive a la población de un país de poder disfrutar del trabajo realizado por mujeres artistas. Estas acciones positivas abren nuevos caminos, nuevas perspectivas y también nuevas miradas. Nosotras no llevamos ningún tipo de etiqueta en la que se nos identifique como mujeres discriminadas. Para nada, sino que consideramos que nuestro trabajo también es una herramienta para visibilizar la desigualdad de una sociedad patriarcal que impide que nuestras miradas se renueven. Y de eso se trata, de renovación, de regeneración y de que lenguajes anquilosados en el pasado, den paso a fuerzas performativas que produzcan nuevos efectos en la sociedad para dejar de ser lo otro del sistema.

Dentro del mismo artículo usted nombra que tras la finalización del franquismo las mujeres galeristas fueron las que ostentaron el poder en el arte, las mismas que subvirtieron aquello que Dalí consideraba de nosotras y que manifestó en presencia de Juana Mordó: “las mujeres no pueden hacer nada en materia de arte porque les faltan los testículos”. Pero que haya mujeres galeristas importantes en este país, no significa que la igualdad reine en el mundo del arte. Por ejemplo le recuerdo que los grandes museos de nuestro país siguen siendo dirigidos por hombres como es el caso del IVAM, dirigido por José Miguel García Cortés, el Reina Sofía, dirigido por Manuel Borja-Villel, el Museo del Prado dirigido por Miguel Zugaza o la dirección artística del Museo Thyssen que le corresponde a Guillermo Solana. Y sí, las mujeres formamos parte de sus equipos directivos de conservación y de restauración, pero los grandes puestos de trabajo les corresponden a ellos, por lo que tal vez le suene qué es el techo de cristal, tan sutil, apenas perceptible, pero muy duro de romper.

Una asociación como MAV (Mujeres en las Artes Visuales) a la cual le remito, y organizadora del Festival Miradas de Mujeres, cada año publica diferentes informes sobre el panorama artístico actual en el que las mujeres todavía jugamos con bastante desventaja, a pesar de ser muchas más las alumnas matriculadas en las facultades de Historia del Arte y de Bellas Artes. Sin ir más lejos, solamente un 23% de mujeres artistas han expuesto este año en ARCO[1]. Por lo tanto, desde el Festival Miradas de Mujeres y desde el feminismo estamos llevando a cabo prácticas que nos permitan alcanzar una cultura democrática de la que nutrirnos todos y todas. Nosotras ya tenemos claro que tanto nuestros cuerpos, como nuestras miradas son plurales, son diversas, pero en concreto usted no, porque como feministas y plurales no nos califica, sino, más bien y esto es mío, como hembristas, como lo opuesto a machismo porque usted ve quejas femeninas donde yo veo masculinidad herida y molesta. Así que para aclarar términos y posturas, le remito a la definición de feminismo, a su diversidad y a su pluralidad y a sus ganas de expansión.

Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró, junto  a Álvaro de los Ángeles (de espalda), Salva Torres y José Luis Pérez Pont. Foto: Consuelo Chambó.

Teresa Legarre, Irene Ballester y Lucía Peiró, junto a Álvaro de los Ángeles (de espaldas), Salva Torres y José Luis Pérez Pont. Foto: Consuelo Chambó.

Irene Ballester Buigues


[1] Informe MAV nº 14: presencia de mujeres artistas en ArcoMadrid 2015
http://www.mav.org.es/index.php/observatorio/informes-y-propuestas

 

El elefante blanco y la marabunta

“El Elefante blanco y la marabunta” es el texto introductorio de la exposición  ”Felicidad Museística”.
Sala El Palmeral / Espacio Iniciarte. Málaga
Hasta el 3 de mayo de 2015

¿Tantas cosas han muerto, que no hay más que museos?

d’après Rafael Alberti

La víspera de la inauguración de la XXXV edición
de la Feria Internacional de Turismo, Fitur,
que anualmente se celebra en el Instituto
Ferial de Madrid, Ifema, el Ayuntamiento de Málaga
ofreció su ya tradicional recepción
a las autoridades, tour operadores, agentes de viajes,
directores de las oficinas españolas de turismo (OET)
en los principales mercados del mundo
y empresarios turísticos. Durante el evento, el alcalde
declaró que Málaga “es el destino más dinámico de España,
con una oferta cultural única
y en continuo crecimiento”.

Las referencias al dinamismo, a la singularidad
y al crecimiento continuo forman parte de la retórica básica
de autocelebración del sistema capitalista desde sus orígenes; su extensión
al mundo de la cultura es más reciente: pertenece a la panoplia
conceptual de su variante neoliberal, y ha gozado de una enorme
aceptación por parte de los gestores de lo público. De ello da fe el lema
con que el Ayuntamiento de Málaga acudía a Fitur 2015
y que amalgama, con el recurso a la polisemia propio
de la publicidad comercial, los términos capital y cultura:
“Málaga, donde la cultura es capital”.

En España se da la paradoja de que la incipiente instauración
de algo mínimamente parecido a una precaria sociedad del bienestar
prácticamente coincide con la crisis del capitalismo industrial
y la exigencia de su progresivo desmantelamiento
mediante políticas de privatización de bienes y servicios públicos,
entre ellos, la cultura
que queda subordinada a su rentabilidad económica: lo que conlleva
a su vez el desarrollo de una cultura macdonalizada, es decir, caracterizada
a grandes rasgos por la previsibilidad, la uniformidad y la automatización.
La aspiración es una ideal “eficacia”, que todo esté
bajo control: que en los museos, por ejemplo, el sentido
de la visita esté claramente señalizado
y rigurosamente calculada su duración, para que no se pueda
sobrepasar un determinado tiempo en cada sala
ni se pueda volver atrás, ya que el siguiente grupo viene empujando
y no puedes ir a contracorriente… como en la cadena de montaje
de una factoría fordista,
como en Tiempos Modernos,
como Charlot.

Esa mecanización, naturalmente, no es un fenómeno
que quede restringido a los museos ni al mundo
de la cultura. El modelo es, evidentemente, el del turismo masivo,
que no es tampoco sino una variante aplicada a un segmento específico
del consumo.
El consumo, y no la producción, es el eje y el núcleo
del capitalismo contemporáneo.
Y el consumo se motiva mediante la continua excitación del deseo,
un deseo que ha de ser, a su vez, sistemáticamente frustrado,
situando constantemente un poco más allá la prometida
satisfacción: exigiendo de nuevo un esfuerzo más para alcanzar
la siempre postergada felicidad.

Acumular objetos y experiencias, con preferencia por la cantidad
en lugar de una cada vez menos discernible calidad -por más que
otro tópico recurrente sea el de la aspiración a un pretendido
“turismo de calidad”,
tropo eufemístico para definir al “de mayor poder adquisitivo”,
o sea, una cuestión
de cantidad.

Cuando las gestión de la cosa pública no tiene otro modelo
que el mercado mismo, cuando no se mueve
por otra finalidad que la de recuperar lo invertido e incrementar
el margen de beneficios, no hay más que hablar sino de cantidades.
Cantidades contantes y sonantes: desde el número
de turistas al número de museos, o al número
de visitas de turistas a cada uno de los museos, o al número
de cruceros atracados, o al número del número del número.

La ciudad, el entorno urbano –que a día de hoy representa
para la humanidad “la tentativa más coherente y, por lo general,
más satisfactoria de habitar el mundo-, se ve empujada
por el desarrollo del capitalismo globalizado a una situación
de competencia y enfrentamiento interurbano por convertirse en foco
de atracción de capital, de inversiones, de nuevos habitantes,
de valores añadidos, fondos públicos, infraestructuras de transporte
y conexión, tanto física como simbólica, y eventos
que singularicen y focalicen la atención del mundo,
por lo menos durante un periodo concreto.

Uno de los elementos fijos en la agenda por devenir “global”
de las ciudades es la construcción de proyectos “emblemáticos”
como parte de la regeneración de su imagen.
Por norma, estos proyectos aparecen vinculados
a lo que actualmente se conoce como cultura: desarrollo del sector
de las industrias culturales y estrategias de consumo
a través de la promoción y creación
de la imagen de la ciudad: el “city marketing”.
La propia recurrencia del término “marca”
para referirse a la ciudad (la “marca Málaga”) denota ya
la imposición de una idea propia de la gestión de lo público
considerado como mercancía, y la aceptación y “naturalización”
de la omnipresencia del mercado como principio rector
de la gestión del territorio, o mejor, de su marca,
que se maneja mediante folletos y videos publicitarios.

“Marca” también alude directamente a la competencia
por “situarse en el mercado”: en esa lucha entre ciudades
por atraer al “turismo” -se dice, abreviando-,
pero en esa búsqueda de capitales los gastos propios del turista son
lo de menos: la parte del león son las inversiones en construcción
de infraestructuras y en transporte. Así, el actual boom museístico
de la ciudad no difiere en esencia de la burbuja inmobiliaria.
En un video promocional destinado a la ya mencionada feria
de turismo, Fitur, en enero de 2015, se recogía una cronología
de los museo locales malagueños:

1998, Casa Natal de Picasso
2003, Museo Picasso Málaga
2007, Museo del Patrimonio Municipal
2008, Museo del Vino
2009, Museo del Vidrio
2010, Museo Automovilístico
2010, Museo Revello de Toro
2011, Museo Carmen Thyssen
2013, Museo Interactivo de la Música
2014, Museu Jorge Rando y Casa Gerald Brenan
2015, Centro Pompidou, Museo Ruso y Museo de Bellas Artes

Pero en anteriores ediciones, sin tantos melindres,
se llegó a publicitar una lista de varias decenas,
dando por buena la autoproclamación unilateral como “museo”
que cada cofradía de Semana Santa había hecho
del display de su “colección”.
Lástima que otro singular museo no aparezca tampoco
registrado: el llamado“de las Gemas” o Art Natura,
Museo mundial de las gemas. Art Collection,
con breve sede en el edifico de la antigua Tabacalera
–donde ahora se prepara la apertura del Museo Ruso-,
cuyas obras comenzaron en 2008 y, aunque su apertura estaba
programada para 2009, no se abriría al público sino hasta 2012,
y solo durante unas horas, ya que a falta de permisos
y por deficiencias de seguridad,
se decretó su cierre. Y hasta hoy.
Coste de la operación: 5,1 millones de euros.

Hubo otro museo, que nunca llegó a ser, que se anunció
como Museo del Turismo, en la antigua posada
de San Rafael, en Puerta Nueva,
y que se quedó en sede de la empresa pública
Turismo Andaluz S.A. (TURASA), adscrita
a la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía.

Y también reaparece, nasciturus,
de temps en temps, la propuesta de un Museo del Relax,
que estaría dedicado al turismo y la industria del ocio,
especialmente en torno a la que se considera su “edad de oro”
en la Costa del Sol, en el empalme
entre los años 50 y 60.

Relacionada con la “España de
charanga y pandereta”, y más concretamente con aquella
“devota de Frascuelo”, existe en el interior
de la plaza de toros de la Malagueta
el Museo Taurino Antonio Ordóñez, que incluye obras
de autores como Goya, Picasso, Benlliure o Barjola.
Y precisamente en el edificio donde tuvo su sede brevemente
el Patronato Provincial de Turismo, en Plaza del Siglo,
abre desde febrero de 2015 sus puertas el Centro de Arte
de la Tauromaquia-Colección Juan Barco
, también con obras
de Goya, Picasso, Benlliure o Dalí.
Y hay otro museo nonato, que se iba a llamar Museo del Transporte,
y que se anunció en 2006, e iba a construirse en los terrenos
(250.000 metros cuadrados) que ocupaba el Campamento Benítez
e iba a costar en torno a 300 millones de euros, según adelantó la ministra
de Fomento, Magdalena Álvarez, quien, para referirse al futuro museo
y a su importancia y trascendencia, no dudó en acuñar un epíteto
digno de la posteridad: “el Picasso
del transporte”.

La compulsiva creación de museos, la obsesiva musealización
característica de nuestro tiempo –pues nunca antes se había conocido-
se ha querido relacionar con el miedo a la vertiginosa velocidad
con que las cosas que nos rodean
devienen obsoletas o desaparecen: no estamos
preparados por la naturaleza para enfrentarnos sin descanso a nuevas
oleadas de cosas no familiares e intentamos mitigar esa inseguridad
aferrándonos a las certezas de algo permanente, que persista.

Pero más allá de esa explicación (el anclaje simbólico
que proporcionarían a la comunidad el hecho
de contar con estas boyas de durabilidad) estos museos
no tienen como objetivo satisfacer necesidad alguna
de la ciudadanía sino generar beneficio económico
extrayéndolo del flujo turístico.
Su atención se dirige a este tipo específico de transeúnte
–ajeno en principio a la ciudad, aunque la expansión de la mancha urbana
y su división en áreas destinadas a usos específicos
(residenciales, industriales, de ocio)
ha dado lugar a que la mayoría de los habitantes de la ciudad
vivan en esas zonas residenciales periféricas,
por lo que visitan el antiguo centro
con la misma actitud y expectativas que el turista foráneo,
como turistas en su propia casa.

Para el proyecto Felicidad Museística
Se ha hecho una selección de museos –qué remedio: el recuento exhaustivo
se revela imposible- pertenecientes casi todos a la variedad
más clásica, los “de arte”. Los comentamos:

El más antiguo y, paradoja, a la vez, todavía por ver la luz
Tras 17 años cerrado, es el Museo de Bellas Artes, que va a integrar
el Museo Arqueológico. Este está constituido a partir de la colección
particular de los marqueses de Casa-Loring, iniciada por hallazgos
arqueológicos realizados en fincas de su propiedad,
fue aumentada de golpe con la compra de colecciones completas
de familias aristocráticas en decadencia, caso de la del museo cordobés
de Villaceballos. Las motivaciones coleccionistas del marqués
de Casa-Loring no son ajenas a los beneficios económicos
de la compra-venta de esos objetos (ventas al Museo Arqueológico
Nacional, por ejemplo). El marqués acumulaba su colección
en su finca de recreo de La Concepción, donde se había hecho
construir el llamado Museo Loringiano.

El museo Arqueológico de Málaga se inauguró en 1947
y se encontraba en el interior de la Alcazaba -genial remake moderno
del que quizá no se ha escrito lo bastante- y permanece embalado
desde 1996. El de Bellas Artes se fundó en 1915 y, tras sufrir
varias mudanzas, fue a parar en 1961 al Palacio de Buenavista,
de donde fue desalojado en 1997 (desde cuando también duerme embalada
su colección) para dejar sitio a las obras del futuro Museo Picasso.
Está previsto que ambos abran sus puertas en 2015, en el antiguo
palacio de la Aduana, donde, además de los museos citados,
en las dos primeras plantas-más la tercera para biblioteca,
talleres y aulas-, y como corresponde a un museo postmoderno,
el ático y las terrazas, se dedicarán a “restaurante
y sala para espectáculos”.

En la apertura, el año 2003, del Museo Picasso en la antigua sede
del Bellas Artes, convenientemente corregida y aumentada,
hay unanimidad en localizar el punto de partida del proceso
de reinvención de la identidad local en torno a la picassización
de Málaga, y a la inversa, la malagueñización de Picasso.
Esta configuración imaginaria de la que se autonombrará “Ciudad genial”
no se puede entender sin el sustento teórico del concepto de “cultura
del simulacro”, presente ya en las primeras tentativas
de recuperación picassiana iniciadas mucho antes
y de las que se dan cumplida cuenta en la Casa Natal de Picasso,
pero sin la trascendencia en términos de explotación comercial
que comportará el museo. Por más que el Picasso, buque insignia
de la refundación de la ciudad en torno al turismo “cultural”,
no haya alcanzada ni la mitad de las expectativas,
en términos de visitas: ni 400.000 al año, del millón prometido.

Meses antes, ese mismo año, 2003, abre
el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga,
inaugurado, en lo que con el tiempo adquiere aires de augurio,
por los Duques de Palma, Cristina de Borbón
e Iñaki Urdangarín. El centro es gestionado por una empresa
privada con una falta de transparencia solo comparable
a los modos en que los gobierna el director de una y otro,
Fernando Francés, que va extendiendo progresivamente
su presencia en todo lo que en ámbito
del arte contemporáneo sea susceptible
de generar dividendos, en la capital y en la provincia.
El edificio que ocupa el CAC fue concebido
y utilizado como mercado de abastos, lo que parece pesar
también en su sino, pues su programación no parece atender a otro norte
ni criterio que el mercado mismo: más parece la lista de lo más vendido
que otra cosa, el hit parade del mercado del arte.
Lo mismo que una galería privada.
Solo que con dinero público.

Y lo mismo se podría decir del Museo Carmen Thyssen,
si no fuera porque el oropel que rodea al personaje
desprende tantos destellos que casi no hay manera
de centrarse en otros aspectos
también dignos de reseña: desde la cacicada inaugural
con despedida/dimisión de la dirección, y dedazo ad hoc;
pasando por el carácter rehén de la colección,
siempre sujeta a renegociación y bajo amenaza
de mejor postor; y terminando por la colección
de estampas costumbristas –toscos precedentes
del souvenir más kistch-.

En el caso del MUPAM, en Museo del Patrimonio Municipal,
se da la circunstancia de que su nombre evoca -malgré lui,
ya que es difícil imaginarse que quien así lo bautizó
lo hiciera con intención de escarnio- por asentarse
precisamente en el mismísimo lugar del crimen, en el solar
de una de las mayores fechorías perpetradas
contra el patrimonio de la ciudad: Como culminación de un proceso
de deterioro motivado por su concienzudo abandono durante décadas,
el barrio de la Coracha –un singular documento cultural y arquitectónico-
fue demolido a mayor gloria de la alcaldesa Celia Villalobos.
Antes de inaugurarse se le llamaba Museo de la Ciudad –lo que hizo a algunos
ilusos fantasear con algo similar al CCCB de Barcelona-
y se abrió al público sin necesidad de que tal “museo” tuviera
dirección, proyecto ni colección, con una exposición de obras prestadas
por Aena (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea, en aquellos tiempos
en manos del entonces ministro Álvarez Cascos, tan amante él del arte).
La exposición se subdividía, por plantas del edificio, en: abstractos, figurativos
y “últimas adquisiciones, casi todas compradas en la pasada edición de ARCO”;
rigor que culminaba con un Botero expuesto en las inmediaciones del edificio.
Y, salvo alguna rara excepción, ese es el tono.

Con una clarividencia digna de encomio
uno de los proyectos de Felicidad Museística
se propone trabajar sobre el Museo Martín de Larios,
un museo que no existe; que todavía no existe, pero que puede,
en cualquier momento, en cuanto la chispa prenda en algún cráneo
privilegiado, ser realidad –que, en cuanto a museos, en esta ciudad
no se puede decir no hay tal lugar ni non plus ultra-.
El que sería nombrado por Isabel II, primer marqués de Larios
es el patriarca de una casta de comerciantes e industriales
(textil, seguros, sal, bodegas y vapores) adinerados van a ser
ennoblecidos por los borbones, y llegarán a convertirse
en banqueros poderosos a través del tejido de una red mercantil-familiar
basada en la estrategia de enlaces matrimoniales entre los vástagos
de los clanes de empresarios.
Que muriera en París, en 1873, en el exilio
al que le llevó la Revolución Gloriosa,
tras salvar la vida por muy poco, perseguido
por sus propios obreros, da una idea aproximada
de que la consideración hacia su persona y méritos
distaba de ser unánime.

Por lo que respecta al Museo Ruso –una “selección” de obras
de la colección del Museo estatal de arte ruso
de San Petersburgo- nos encontramos,
por una parte, con el indiscutible carácter “macdonalizado”
de ciertos nombres familiares al aficionado mid-cult,
productos que, ostentando ciertos rasgos de la alta cultura
son fácilmente susceptible de adaptarse
al consumo masivo. “Marcas” como Kandisnsky, Tatlin, Chagall,…
que al que más y el que menos algo le suenan.
Y por otro lado, la extravagancia exótica de la pretensión
de esperar que el aterrizaje masivo de una serie de ovnis con la firma
de Vereschagin, Repoin, Levita, Venetsianov o Brulov
vayan a “convertirse en el foco cultural más importante del oeste de Málaga,
en unos distritos con más de 200.000 habitantes”. Tan excéntrico todo
que lo más probable es que seguramente se trate de otra cosa
que todavía no alcanzamos a comprender.

En un lugar que podría ser escenario de una saga
que se titularía Del Carrefour al Pompidou
se va a abrir la primera franquicia fuera de Francia
del Centre Pompidou, en un lugar emblemático
de ese tipo de arquitectura concebida como imagen,
como icono del “ya se verá qué” característico
de esas operaciones de privatización de espacios públicos,
como ha sido la transformación del llamado Muelle Uno
del puerto de Málaga en un centro comercial.
Bajo esta perspectiva, el proyecto de sala de exposiciones
que se plantea parece diseñado a fin de su inclusión
en los paquetes turísticos, para que los cruceristas
no tengan ni siquiera que salir del puerto.
Viendo los mismos cuadros que en cualquier otro sitio.
Sin que haga falta saber ni dónde están.

Sólo el Cubidú y el Museo Ruso se llevan ocho millones
de euros al año, ocho millones de dinero público.
Y las obras de acondicionamiento del edificio han pasado,
a un mes escaso de su inauguración, de los 3,83 millones
de la adjudicación, a los 6.7 millones de euros)
Sobretodo si se piensa en la provisionalidad del proyecto
-en la que la casa madre de París ha insistido
hasta la saciedad: el contrato es por cinco años, cinco.
Parece que una foto inaugurando un museo –o similar-
ante las inminentes elecciones
no tiene precio. Se paga lo que sea.
El franchising cultural consiste en el alquiler
por parte de museos prestigiosos
de parte de los fondos que no exhiben, obras de segunda fila
(o de segunda para atrás) que no tienen la oportunidad
de mostrarse, ya que el turismo masivo acude a ver
las obras maestras, las mismas de siempre.
Pero Louvre o Pompidou son marcas registradas como Prada o Gucci,
e igual que las grandes marcas de alta costura tienen una línea
de byproducts destinada al consumo popular
–perfumes con su nombre, por ejemplo-
mediante los que las grandes marcas de la alta cultura ofrecen
la oportunidad de disfrutar del capital simbólico asociado
a obras menores que no por ello
dejan de lucir cierto aroma afín al de las obras maestras.

La figura del franquimuseo la inaugura el Guggenheim-Bilbao
en 1997 con un alto grado de éxito en cuanto a la transformación
de la ciudad en un objetivo de visita turística.
A partir de ahí, el museo-fetiche se convierte
en el sueño húmedo de todo político aspirante
a pasar a la historia sin derramamiento de sangre.
Los elementos básicos son mínimos: un arquitecto estrella,
un edificio-espectáculo y una programación midcult
y de tirón mediático.
Por ejemplo, puestos a exponer “algo” conceptual,
una exposición de Yoko Ono, que quién no la conoce.
O una exposición de Armani
(que quién no tiene una camiseta, aunque sea falsa),
o de motos.

Guggenheims hay, además de la casa matriz neoyorkina
y en Bilbao, en Venecia y en Berlín
y en Abu Dhabi, en los Emiratos;
y aunque fracasó en Las Vegas -nadie es perfecto-
trabaja en una sede para Guadalajara (México)
y, por supuesto, Shanghai y Hong Kong.
El Lejano Oriente y Oriente Medio son mayoritariamente
los polos de atracción de estas operaciones, que no dejan de tener
cierto regusto colonial: anteriormente el sistema encubría su carácter
depredador mediante la idea de exportación
de modernización vía desarrollo tecnológico,
y antes, mediante la retórica de la evangelización.
El otro, sea el salvaje, el ignorante o el subdesarrollado
-o el periférico del sur- no tiene más remedio
que incorporarse, de un modo u otro, a una modernidad global
definida por los viejos imperios coloniales.
Y no deja la memoria de evocar la escena tópica
del timo del intercambio
de oro por cuentas de vidrio.

Es una constatación dolorosa del síndrome
del colonizado, que ha asumido su inferioridad,
su incapacidad, y se ve obligado a importar
la “verdadera cultura”,
lo que de verdad importa y vale.

El acto final de esta tragicomedia es que esa obsesión por diferenciarse
para así atraer inversiones vinculadas a la industria turística,
esa carrera por la distinción recurre, en todas partes a los mismos recursos
que ya hemos señalado: arquitectos-estrella, edificios emblemáticos
y marcas de prestigio…, concluyendo
en una homogeneización e indiferenciación total,
lo que se salda con la imposibilidad de competitividad ninguna
dada la semejanza extrema alcanzada por su banalización.
Se dibuja en la retina fácilmente un horizonte sembrado
de ballenas varadas y de elefantes blancos,
pues el modelo de Málaga como ciudad-de-museos
es el mismo que el de Dubai, que el Abu Dabhi o Doha.
La única diferencia es de grado.
Una vez más,
de cantidad.

La expansión de las pautas culturales tiene como objetivo
ser absoluta: no sólo que veamos en todas partes
museos con obras de los mismos artistas canónicos
de la cultura occidental constituida
en global,
sino que en cualquier lugar del mundo
veamos las mismas películas, se vista igual y se coma
lo mismo. Todo previamente decidido. Es la lógica
de la franquicia. Y de la subcontrata: alguien, en tu lugar,
construye tu memoria, hace un museo,
organiza tu boda,
o decora nuestra casa
o diseña mi imagen personal,
y pasea y educa en mi lugar
a mi perro
o a mis hijos.

La reutilización de antiguas fábricas como espacios dedicados
a “cultura”
ha sido una práctica común en los tiempos recientes.
Y lo mismo ha sucedido con cárceles y cuarteles.
En estas transformaciones podrán verse ecos de viejas
promesas libertarias, resonancias de los movimientos revolucionarios
que aspiraban a la demolición de esas maquinarias de opresión
y tiranía; pero en realidad son la prueba irrefutable
de que aquellos dispositivos de control y castigo quedaron obsoletos
y que el orden se mantiene a base y a través
de mecanismos mucho más sutiles, entre los que la “cultura”,
entendida como entretenimiento y espectáculo,
como bien de consumo y mercancía,
se revela como el más sofisticado ingenio
de creación de consenso.

Parecería que el museo hubiera renunciado
a su finalidad originaria, su función formativa, educativa,
de dotar de sentido a la identidad colectiva,
de pertenencia a la ciudadanía… pero si esto no está ya
entre las prioridades del museo postmoderno, del postmuseo,
sin embrago esa función la ejerce, solo que ahora mediante
la seducción y la mareante oferta continua de novedades.
Y la identidad que se construye es la del consumidor global.

Cuando Adorno proponía la analogía museo-mausoleo
-los museos como sórdidas tumbas
de las obras de arte del pasado-
ni se imaginaba que aquel rancio modelo,
el museo aquel del vigilante que daba cabezadas, las telarañas,
el inhóspito y frío museo que querían dinamitar
los futuristas, lo iban a acabar
liquidando la codicia
y las avalanchas de turistas.
Y nosotros íbamos a terminar
echándolo de menos.

Rogelio López Cuenca

REFERENCIAS DOCUMENTALES Y BIBLIOGRÁFICAS

Theodor W. Adorno, “Museo Valéry Proust”

Rafael Alberti, “Balada para los poetas andaluces de hoy”

Jean Baudrillard, Cultura y simulacro.

Manuel Cruz, Las malas jugadas del pasado.

David Harvey, Capital financiero, propiedad inmobiliaria y cultura.

Pau Rausell Köster, Museos y excelencia en las ciudades.

David Lowenthal, El pasado es un país extraño.

Yves Michaud, El nuevo lujo. Experiencias, arrogancia, autenticidad.

P. Rodríguez Oliva, “De Córdoba a Málaga: avatares de la colección arqueológica de

Villacebalos”.

George Ritzer, La Macdonalización de la sociedad.

Robert Park, La ciudad y otros ensayos de ecología urbana.

Los diarios Málaga hoy, La Opinión de Málaga, El País y El Mundo.

Las webs de malagaturismo.com y andalucia.org

Y la revista on line elobservador.com

Vicent Marco y la moderna invidencia

INvidenteS, de Vicent Marco
Galería Imprevisual
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Hasta el 26 de enero de 2015

Vicent Marco Puig (l´Alcúdia, 1956) inaugura una nueva exposición individual en la galería Imprevisual con el sugestivo e inquietante título de ‘INvidenteS’. Pero, ¿a quiénes afecta esta nueva forma de ceguera? La pintura de Vicent Marco viene de lejos, de muy lejos. Cuarenta años nos separan ya de su primera exposición individual (galería Amadis, Madrid, 1974) y algunos más de la primera exhibición de sus cuadros en exposiciones colectivas y concursos.

En todo este tiempo, ha sido un pintor a full time. Un artista dedicado en exclusiva a la pintura, a la construcción de su obra y a la meditación sobre el pasado y el presente pictórico. Tanto en sus distintos períodos “españoles” como en su larga estancia en México (más de una década), Vicent Marco ha ido levantando, sin interrupciones significativas, una imponente obra personal, en la que reina la coherencia, la evolución sin rupturas y una continuada reflexión sobre los vínculos entre su obra y el presente. Y es que su obra es un trabajo pictórico que busca insistentemente entablar un diálogo instructivo con la realidad. Eso que está ahí, fuera de nosotros, en interminable devenir, y que va fluyendo e influyendo en nuestra vida, alterando una y otra vez nuestra percepción de las cosas.

Obra de Vicent Marco en la exposición 'INvidenteS'. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obra de Vicent Marco en la exposición ‘INvidenteS’. Imagen cortesía de Imprevisual.

Vicent Marco recorre ahora las salas de exposiciones, las galerías y los museos y ¿qué ve? Distraídos con el móvil, en actitud de turistas, absortos en las preocupaciones inacabables de sus grises vidas, figurantes ocasionales en un escenario incómodo, los expectadores deambulan por las salas como si fueran vestíbulos de aeropuertos o galerías comerciales. Los enigmáticos objetos colgados en las paredes no les dicen nada, no les llaman en absoluto, si acaso constituyen un bonito fondo para una selfie momentánea en la que lo único que importa es que uno mismo está allí, en primer plano, con una sonrisa demoledora. El arte ya no es siquiera decoración, es simple fondo, burdo paisaje a lo lejos. Y por supuesto, testimonio social de que “se estuvo allí”.  La selfie no engaña.

En esta exposición, un Vicent Marco muy maduro lleva esa reflexión y su trabajo pictórico hasta un cierto límite. Aquel en el que constata un peligro, una amenaza, un riesgo letal para el arte. No se trata de una nueva y reiterada alerta sobre la pretendida “muerte del arte”, bien por agotamiento estético o por su brutal sumisión comercial. No hay tampoco un temor ante el supuesto apocalipsis que puedan provocar las nuevas tecnologías al modificar las reglas de la creatividad artística. Su alerta -si por tal podemos tenerla- va en otro sentido. Y de la misma forma que el escritor Philip Roth ha advertido que la literatura puede morir (es decir, convertirse en algo minoritario e insignificante) por falta de lectores, de buenos lectores, Vicent Marco traza un amplio interrogante ante el riesgo de que la pintura -una vez perdida el aura- pierda también su visibilidad misma, sencillamente porque el espectador ya no ve nada. En una sociedad de “invidentes”, la pintura no tiene sentido. No porque carezca de belleza y verdad, sino simplemente porque nadie la mira, porque nadie la ve.

Obra de Vicent Marco en la exposición 'INvidenteS'. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obra de Vicent Marco en la exposición ‘INvidenteS’. Imagen cortesía de Imprevisual.

Hemos ido muy lejos. El arte, como decía Walter Benjamin, perdió el aura, pero ahora puede perder su razón misma de ser. ¿Qué sentido tiene una exposición en una sociedad de invidentes? La pintura es el arte de la mirada. La mirada escruta la obra como una llave que quiere abrir el cofre y encontrar el tesoro. Inmersa en el goce estético, lanza su anzuelo en busca de lo desconocido. A veces yerra, confundida: piensa que el cuadro es la respuesta, y no la encuentra. Y es que el cuadro no es la respuesta, el cuadro es la pregunta. El cuadro interroga. El cuadro encierra el enigma. Ese enigma reclama toda nuestra atención. Toda nuestra inteligencia. Toda nuestra sabiduría y sensibilidad. Y eso se despierta sólo intensificando la mirada.

Pero toda esa experiencia de la mirada y el arte es humo que se pierde tras la hoguera del presente. En ella arden no sólo el interés o la atención, la curiosidad y el reto, el juego o la magia, sino la capacidad misma de ver e interpretar lo visto. En la pintura cartesiana de Vicent Marco, donde la realidad se escinde siempre entre lo objetivo y lo subjetivo, el adentro y el afuera, el cuerpo y el alma, el caos interior es el correlato de esa total invidencia. La mirada ya no interpreta lo visto, sino que expresa el total sinsentido de la no-visión, de la ceguera emocional, sensible o intelectual. Ya no se mira, si se mira ya no se ve, y si se ve ya no se entiende nada, parecen decirnos -y advertirnos, también- los cuadros de Vicent Marco. Y en esa sociedad de ‘INvidenteS’, el arte podría caminar a su extinción.

Obra de Vicent Marco en la exposición 'INvidenteS'. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obra de Vicent Marco en la exposición ‘INvidenteS’. Imagen cortesía de Imprevisual.

Y quizá con esa conciencia de fin, el pintor ha introducido también en esta exposición algunos cuadros de otra serie diferente. Una serie que bien podría llamarse “el museo imaginario”, en la que algunas de las figuras canónicas de su gusto y formación se adivinan en los trazos indecisos que se mueven libremente por un cuadro que ahora, por voluntad del artista, rompe su marco y desdibuja sus límites. Como si el pintor anhelara que esas figuras de la historia del arte volaran libres fuera de sus tradicionales ataduras, pero conservando su simplicidad y su armonía, su eterna belleza indestructible.

Hermoso viaje pictórico el que nos invita a realizar Vicent Marco con esta exposición, un viaje lleno de dudas, de interrogantes, de anhelos y de una desasosegada inquietud sin angustia. El artista preserva su coherencia manteniendo el equilibrio necesario entre la armonía reconciliadora y el caos destructor. Y aunque muchos de sus temas puedan adscribirse -sin vergüenza alguna, con toda conciencia- a una cierta “sociología del arte”, a la postre lo que domina en esta exposición es la fuerza y el vigor pictóricos que, para grata sorpresa nuestra, Vicent Marco mantiene completamente vivos cuarenta años después.

Obra de Vicent Marco en la exposición 'INvidenteS'. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obra de Vicent Marco en la exposición ‘INvidenteS’. Imagen cortesía de Imprevisual.

Manuel Turégano

 

 

Mariela Apollonio y la institución arte

The Art Circle. Directors. Mariela Apollonio
SpazioFMG for Architecture. Milán.
Octubre 2014

What it shows invokes what is not shown.
 John Berger.

El SpazioFMG for Architecture de Milán presenta el proyecto de Mariela Apollonio The Art Circle. Directors, premio Next Landmark Venice 2014 en la sección de Fotografía del Concurso Internacional de Arquitectura y Fotografía urbana Floornature. La convocatoria y la exposición se desarrollan en paralelo a la Biennale de Venecia de Arquitectura, orientada en esta edición por Rem Koolhaas hacia el legado de la arquitectura, su evolución y contemporaneidad, bajo el lema Fundamentals, que, literalmente refiere lo esencial de un edificio, en cualquier época y en cualquier lugar, y en sentido figurado alude a lo primordial, a la idea central que fundamenta, se trate de arquitectura, o de fotografía, como es el caso del proyecto premiado, cuyo concepto parece en sintonía con los planteamientos teóricos de la actual Biennale. Solicitar a Directores de Museos que se dejen fotografiar subidos a una peana no es cualquier cosa; al menos, nada común. Y lograrlo, cosa ardua, menos aún. Sin embargo, transcurridos más de cinco años desde el inicio del proyecto, ahí están los retratos de más de treinta directores de algunos de los Museos de Bellas Artes y de Arte Contemporáneo más importantes del mundo, activos en la actualidad, o cuya gestión finalizó recientemente -el Metropolitan Museum of Art, el Louvre, el Prado, la Tate Modern, el Museo Tyssen-Bornemisza, …-, fotografiados en el marco arquitectónico de la institución artística que gestionan, o en un espacio natural indeterminado -al que parecen asociarse aquellos directores que ya no están en activo-, subidos a una peana, o interactuando con ella.

Lorenza Barboni. Directora del Espacio de Arte Contemporáneo de Castellón 2008

Lorenza Barboni. Directora del Espacio de Arte Contemporáneo de Castellón, 2008

La asistencia de Mariela Apollonio como becaria de la Cátedra del Museo del Prado 2009, El Museo: hoy y mañana, dirigida por Phillipe de Montebello, le dio la oportunidad de poner en marcha el proyecto fotográfico concebido.  Precisamente, el Director del Metropolitan Museum of Art de New York hasta el año 2008, fue el primero en dejarse retratar subido al pedestal blanco construido por la fotógrafa. Puede influyera a su favor el factor sorpresa, lo inusitado del planteamiento, la novedad de la sugerencia, o la simpatía generada entre los directores congregados, pero, lo que determina la participación de los retratados es el reconocimiento social a la excelencia de la colección e institución que gestionan y su prestigio como expertos que legitiman el Arte. En este sentido, basta mencionar la influencia ejercida por Alfred Barr, Director del Museo de Arte Moderno de New York (1929-1943), con su Diagrama de las vanguardias (1936), y el proyecto museográfico para la colección del MOMA (1967), en la lectura del Arte del siglo XX. Un esquema dominante que a día de hoy no resulta paradigmático. El Círculo del Arte del teórico George Dickie, y su idea de que “las obras de arte son arte como resultado de la posición que ocupan dentro de un marco o contexto institucional”[1], orientan el proyecto fotográfico de Mariela Apollonio, que toma prestado el título del autor para reflexionar sobre la “institución arte”, y concretamente en esta primera serie Directors, sobre los agentes y procesos que intervienen en la validación de la obra artística. Las fotografías comunican la representatividad del director y del museo correspondiente, pero, también dan visibilidad a una realidad velada al hacer posar a los protagonistas en torno a un pedestal, al que la artista sugiere se suban y con el que algunos prefieren interactuar. La presencia de un objeto tan banal como simbólico distorsiona la visión de la imagen e insta al espectador a captar lo que otra mirada ofrece a su lectura. “What it shows invokes what is not shown”, en palabras de Berger. Lo que la fotografía muestra, y lo que la fotografía desvela. Un modo de representar que, no es únicamente imagen estética, técnicamente perfecta, sino argumentación crítica de la realidad, que recurre al procedimiento conceptual del artificio para interpretar visualmente las interrelación entre gestores e instituciones y la interconexión que opera en el mundo del arte, ese “Círculo del Arte” descrito por Dickie, y del que también forman parte los artistas, pues, no se puede obviar que fuera del sistema carecen de la consideración y del reconocimiento como tales. Como expresa Estrella de Diego, la serie fotográfica Directors “pone de manifiesto la imposibilidad última de subvertir lo establecido que nos atrapa a todos, lo queramos o no, en un juego perverso en el cual incluso la mencionada “crítica institucional” termina por refrendar el sistema, quizás porque el sistema es poderoso, sinuoso y perfeccionado en sus estrategias”[2].

María de Corral, directora del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

María de Corral, directora del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 1991-1994

No todos los directores de Museo invitados a participar en el proyecto aceptaron. Puede que sea el “vago temor” a ser fotografiado que expresaba Balzac y describe Susan Sontag: “Para Balzac, el espíritu de todo un medio social podía revelarse mediante un único detalle material, por baladí o arbitrario que pareciera. Toda una vida puede ser sintetizada en una aparición momentánea. Y un cambio en la apariencia es un cambio en la persona, pues él rehusaba a postular una persona “real” velada por esas apariencias”[3]. Una cosa es posar siguiendo los parámetros convencionales del retrato, y otra aceptar representar un determinado rol en imagen. Sin embargo, también se puede subvertir la idea de la autora en cuanto al uso del recurso, como hace Vicente Todolí, que convierte la peana ofrecida por la fotógrafa en un práctico macetero; o manifestar cierta reticencia al estatus, o a la disciplina, como en el caso de Agustín Pérez Rubio que, sin subirse a la peana, apoya un pie de soslayo; u optar por no mostrarse frente a la cámara sino de perfil, como posa Udo Kittelmann. En cualquier caso, la adhesión de los retratados al proyecto fotográfico El Círculo del Arte, Directors, es una afirmación de la pertenencia a ese círculo exclusivo, y excluyente, del que los gestores e instituciones forman parte, y algunos se muestran persuadidos por ser, por una vez, obra de arte ellos mismos. Por otro lado, su participación podría estimarse, en cierta medida, como un aval a la propia iniciativa artística en la que intervienen como protagonistas. Tal vez por eso.

Carlota Álvarez Basso. Directora del Matadero, Madrid. 2012

Carlota Álvarez Basso. Directora del Matadero. Madrid, 2012

En Understanding a Photograph (1968), John Berger escribe que “cualquier fotografía es en realidad un medio de probar, confirmar y construir una visión total de la realidad”. Cada una de las fotografías de la serie Directores del proyecto El Círculo del Arte, describe un mismo esquema compositivo -figura humana, arquitectura o paisaje, y objeto-, unidades básicas o estructura elemental por la que los registros establecen relación de parentesco, concitando en imagen una síntesis de la realidad artística contemporánea. El cargo institucional y el pedestal vinculan a todos los directores de museo retratados, y su registro en serie, con los valores documentales inherentes, permite hacer visible las interconexiones y los procesos que se desarrollan en el “círculo del arte”. En definitiva, y tal como expresaba Álvaro de los Ángeles, “el territorio ganado por la fotografía”[4] en este proyecto de Mariela Apollonio. El próximo mes de noviembre la Kir Royal Gallery de Valencia presentará una muestra de los distintos trabajos desarrollados por la artista como Fotógrafa de Arquitectura.

Helena de las Heras


[1] Dickie. G., El Círculo del Arte, Paidós, 2005, p. 17.
[2] Diego, Estrella de, El director de Museo como obra de arte, incluso, Blog de Cultura El País, 2 julio 2012.
[3] Sontag, Susan, Sobre la fotografía, Debolsillo, Random House Mondadori, S.A., Barcelona, 2008, p. 155.
[4] de los Ángeles, Álvaro., “El territorio ganado por la fotografía”. The Art Circle. Directors. Mariela Apollonio, Kir Royal Gallery, Valencia (22 jun – 07 jul. 2012).