La Aldea Global de Miguel Oñate

Global Village, de Miguel Oñate
Galería Thema
Plaza América, 4. Valencia
Hasta el 19 de noviembre de 2016

La Galería Thema presenta la exposición ‘Global village’ dedicada a la obra del artista Miguel Oñate. La muestra refleja la filosofía creativa de este autor, que traslada a sus obras el término de Aldea Global acuñado por el sociólogo canadiense Marshall McLuhan. Para Oñate, los artistas pueden contribuir con su trabajo a promover ideas y crear puentes entre culturas que enriquezcan la globalidad. Aldea Global es un vivero de ciudades, una apostasía de paisajes  en constante diálogo con los colores que cuestionan la naturaleza, la verticalidad de los conceptos y la inercia de las estructuras.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

“Tengo en mente una obra que se extienda sin límites, con total libertad de ejecución. En mi trabajo busco aglutinar una serie de factores de distinta índole que pueden estar presentes… La memoria individual como elemento definitorio de la identidad, el sueño como coadyuvante de nuestros deseos y temores, la experimentación que propicia encuentros, la percepción de nuestra propia realidad como materia que también construimos. La fantasía como la única parcela de libertad que tenemos y el salto al vacío, sin miedo”, explica el pintor.

La pintura de Oñate, en ese sentido, es un viaje para sumergirnos en imágenes de lugares que no conocemos, a los que nunca hemos ido y que consideramos como nuestros. Vivimos en una aldea global donde nos cruzamos permanentemente con todos los pasajes y todos los lapsos a la vez.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

Esa amalgama de conceptos y, sobre todo, cómo se interrelacionan, son los que proporcionan a Oñate una gran libertad formal a la hora de expresar sus ideas, sin demasiadas normas que constriñan el proceso de trabajo.  En esta línea, va introduciendo algunas claves dentro del cuadro que transporten el pensamiento hacia mundos oníricos. Se trata, apunta el artista, de una suerte de “paisajes” en los que no todos los elementos son reconocibles o poseen un rol determinado.

Esta selección, compuesta por 17 obras realizadas al óleo y acrílico sobre lienzo y lino, estará expuesta hasta el 19 de noviembre en el espacio de Plaza América 4, de Galería Thema.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

Las trampas de la memoria

Dystopia, de PanicMap
Las Naves
C / Juan Verdeguer, 16. Valencia
Del 16 al 18 de septiembre de 2016

La tecnología siempre es un arma de doble filo, especialmente en el mundo del arte. Igual ayuda a potenciar la expresividad del artista que puede contribuir a anularla, como ocurre en tantos filmes que son una mera sucesión de trucos y efectos especiales sin apenas sustancia. Cuando se trata de las artes escénicas lograr una armoniosa conjunción entre arte y tecnología es un asunto delicado. Un osado experimento que muy pocos se arriesgan afrontar. La compañía valenciana PanicMap, creada por Juan Pablo Mendiola y Margarita Burbano en 2012, ha demostrado estar muy capacitada para ello. Pero siempre desde el pánico, el vértigo, el miedo a la página en blanco, de ahí su nombre. “Un pánico que hay que solventar a base de trazar un mapa, una hoja de ruta”, dice Mendiola.

Tras el éxito obtenido con su primer montaje, Harket y tras cuatro años de intenso trabajo regresan a los escenarios con Dystopia protagonizada por Cristina Fernández y Ángel Fígols que inicia mañana la nueva temporada de Las Naves.  Tres únicas funciones hasta el domingo. Tres ocasiones de ver algo diferente sobre el escenario.

Cartel de Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Cartel de Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

“Dystopia es un viaje emocional de dos personajes en el que nada es lo que parece”, dice Mendiola. “Un laberinto de espejos en el que se ven atrapados y que distorsiona su identidad. La obra reflexiona sobre la memoria. Sobre la necesidad que a veces tenemos de crear una realidad paralela a la auténtica cuando no estamos satisfechos con nuestros propios recuerdos, cuando aquello que nos rodea se descompone a trozos, cuando nuestro presente nos parece un futuro distópico de nuestro pasado. El protagonista se adentra en un laberinto de espejos emocional, en el que le cuesta reconocerse”.

El resultado es un teatro radicalmente contemporáneo que indaga en nuevos lenguajes, sin dejar por ello de buscar la emoción y la reflexión del espectador. Con técnicas innovadoras  construye sobre el escenario historias e imágenes  atractivas y sorprendentes.

A la escenografía convencional se suman proyecciones de mapping 3D y vídeo en directo “que permite transformar el espacio tanto a nivel plástico como emocional”, señala Mendiola. “Mi objetivo es buscar un diálogo entre tecnología y emociones. Lo tecnológico es frío y son los actores los que calientan el ambiente. En este caso, tanto Cristina como Ángel se desdoblan en un auténtico tour de force. Se puede decir que los he exprimido a fondo”, bromea el director.

Ambos mantienen un intenso duelo interpretativo en escena, proyectándose  en unos papeles de gran exigencia emocional y física. Los protagonistas se trasladan a diferentes lugares y momentos interactuando con los elementos visuales que los envuelven en el escenario y descubriendo poco a poco los límites de su propia realidad. En suma, Dystopia profundiza en la búsqueda de un lenguaje multidisciplinar en el que se entrelazan dramaturgia, danza, live cinema y video mapping para dar forma a un rompecabezas escénico.

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Mendiola se inició en Teatre de l’Horta con Roberto García y más tarde montó un par de obras para Maduixa. PanicMap nació en plena crisis y a partir de ahí todo ha ido si no a mejor, sí al menos no a peor. “La sensación que tenemos es que la crisis va remitiendo, aunque tampoco se acaba de ver el sol”, comenta. “Nos encontramos en un impase, esperando a Godot. Hay esperanza pero también cierto recelo. El cambio de gobierno se ha traducido en un diálogo más abierto, lo que se podría llamar ‘escucha activa’ por parte de las instituciones y somos conscientes de que se han dado pasos hacia delante.  Se ha incrementado el presupuesto que apoya la cultura pero todavía hay que mejorar su formulación y distribución”.

Una vez estrenada en Valencia Dystopia seguirá el circuito habitual de festivales como Harket. Con su primer montaje PanicMap recorrió parte de la geografía nacional pasando por varios festivales.  Estuvo en Fira Tàrrega, TAC de Valladoli, Burgos Escena Abierta, MADferia, Danza Xixón y Mostra de Teatre d’Alcoi. Tambien recibó el Premio BBVA de Teatro al mejor espectáculo y a la mejor actriz, Cristina Fernández.

“Cuando actuamos en teatros de gran aforo como El Principal de Valladolid hicimos subir el público a escena, unas 150 personas para crear mayor intimidad y proximidad ”, recuerda Mendiola, que también recibió el Premio Max al mejor espectáculo infantil de 2015 por Dot, de Maduixa Teatre, y la candidatura como mejor autor revelación por Harket.

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Inmersión en ‘Dystopia’

“Sé lo que necesitas. Un leve balanceo. Un pequeño impulso que te ponga en movimiento.” Se abre el telón y aparece un fragmento del rincón de una habitación inacabada en medio de ninguna parte. Los espectadores se adentran en un bucle emocional en el que memoria, realidad y ficción están en constante lucha. Los personajes también en continua construcción. ¿Qué haces cuando crees vivir en un presente que no es el que te pertenece?

Transformamos los recuerdos y construimos una realidad propia, alternativa.  Al transformar nuestra memoria alteramos también nuestra identidad. ¿Qué margen de error hay entre la realidad y lo que recordamos de ella? “No tienes una grabadora sobre los hombros. Lo siento. No eliges un cassette, le das al play y reproduces exactamente lo que has vivido.”

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Bel Carrasco

“Mi novela habla de las relaciones tóxicas”

La rebelión de Penélope, de Dolores García
Editorial Versátil

Penélope trabaja en una notaría de Castellón, ha pasado la barrera de los cuarenta, tiene una hija veinteañera que la ignora y atraviesa una profunda crisis personal. Descubre que ya no ama a un marido que la ha mantenido anulada durante más de veinte años. Una mañana despierta junto al cadáver de su mejor amiga y, a través la investigación criminal dirigida por el inspector Santiago Ramírez, reconstruye su vida y los motivos que la han conducido hasta una encrucijada vital.

Es el argumento de La rebelión de Penélope (Editorial Versátil), tercera novela de Dolores García ganadora del Premio Letras del Mediterráneo 2016 concedido por la Diputación de Castellón, con una dotación de 10.000 euros. ¿Se trata de una novela negra, rosa, o tal vez psicológica?  “Es una novela con todos los ingredientes que ha requerido la historia que cuenta”, responde García. “No se la puede clasificar en un género concreto. Es la vida tal y como se nos presenta y nos desborda cuando nos abrimos a ella tras un periodo de represión y desamor. Es una historia de búsqueda de la propia identidad, de dignidad, de miedo a la soledad, de nuevas oportunidades, de hundimiento y resurgimiento. Los protagonistas, Penélope y el inspector Santiago Ramírez, están inmersos, de diferente manera, en relaciones tóxicas y adictivas que les anulan y les impiden ser felices. Penélope dará un paso crucial en su vida rompiendo con un matrimonio de veinte años que la anula. Esta decisión pondrá en marcha un efecto dominó en todos los que la rodean y sacará lo mejor y lo peor de cada uno de ellos”.

Portada de 'La rebelión de Penélope', de Dolores García.

Portada de ‘La rebelión de Penélope’, de Dolores García.

García eligió Castellón de la Plana y localidades próximas como Peñíscola, Benicàssim y Oropesa para ambientar su historia, “porque necesitaba ubicar a la protagonista en una ciudad española de tamaño medio”, comenta. “La historia de Penélope no es la de una heroína, sino la de una mujer normal y corriente de hoy en día. Una situación que atraviesan muchas mujeres  en localidades donde el anonimato de las grandes urbes no es posible y tiene un gran peso la crítica social. Además, en la provincia de Castellón hay lugares fácilmente evocados por el lector, como la inconfundible silueta del castillo de Peñíscola y sus callejuelas, el Desierto de Las Palmas, en Benicàssim, con un viejo convento dominico derruido, ideales para las escenas de acción y suspense de la novela”.

La elección del nombre, Penélope, tampoco es casual. “La Penélope de la Odisea que esperó durante 30 años que regresara su marido, Ulises, representa a la mujer pasiva que espera a que le hagan feliz, que no busca su propia identidad, sino que existe en la medida que sirve a los demás como esposa, madre o hija”, explica García. “Mi  Penélope rompe con esta anulación y toma las riendas de su vida. Pero esto tiene riesgos y los va a sufrir hasta descubrir por qué cae en relaciones adictivas y consigue liberarse definitivamente de ellas”.

Portada de 'El secreto de Monna Lisa', de Dolores García.

Portada de ‘El secreto de Monna Lisa’, de Dolores García.

Éste es su tercer título tras El secreto de Monna Lisa y La reina del azúcar, que se desarrolla en Melilla a principios del siglo XX. “Creo que mi estilo narrativo ha ido depurándose y volviéndose más ágil y ligero. Aunque conserve un ritmo y estilo propios que hace que me reconozcan mis lectores”.

Según García, que la mujer sea la principal consumidora de ficción no es una cuestión de género sino de educación.  “A la mujer se le ha reprimido en todos los campos de la realidad y la imaginación ha sido su refugio. La literatura está íntimamente ligada a la imaginación. Se convierte en una realidad en la mente del lector gracias a ella y en una vía de escape de la realidad y una catarsis de emociones. Por otro lado, a los varones se les ha reprimido la manifestación, incluso el sentimiento, de las emociones y los han dirigido hacia ‘cosas importantes’. Se les ha educado para identificar emoción con debilidad. Quizás por ello han estado más orientados a géneros no emotivos, en principio, como la ciencia-ficción, la novela negra y, en cierta medida, la histórica”.

Sobre el panorama literario opina que “está transformándose a demasiada velocidad y no da tiempo a que se asienten obras de calidad y se den a conocer entre los lectores. El mercado literario está dominado por la oferta abrumadora de nuevos títulos y de modas de género literario, que no por la demanda, que es mucho más lenta. Creo que debería corregirse ese desajuste y dejar de ser un monstruo que devora a sus propios hijos”, concluye Dolores García.

Dolores García. Imagen cortesía de la autora.

Dolores García. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Miedos…a unas buenas bravas!

Miedos, por Patrícia Pardo
Russafa Escènica 2016
Del 15 al 25 de septiembre de 2016

El miedo a ir a un bar que no conoces, pedir unas bravas y que te sirvan una mierda de bravas. Medio crudas. De hace dos días. Con mayonesa.
No es tan difícil hacer unas bravas en condiciones… He visto islandeses hacer buenas paellas. He visto islandeses exigirme garrofón en Reykjavík.
El miedo a ir a un bar que no conoces y no saber cómo cocinan las bravas, saber que pueden sacarte unas bravas miserables, no te impide pedir bravas en bares desconocidos. Te la han pegado muchas veces pero nunca, ¡nunca!, nunca has desistido de ellas. Porque si están al punto y recién hechas y con la salsa… Tienes un orgasmo tántrico pensando en la Humanidad, y te fusionas con el amigo que te acompaña o con el libro que devoras como si aún estuvieras en los 90 y no supieras qué es la wifi. Unas buenas bravas con una cerveza te hacen posponer el objetivo de cien abdominales, de la ropa humedecida en la lavadora, de atender el desamor al otro lado del móvil. Unas buenas bravas y un-poco-de-pan-por-favor-puedes-sacar? equivalen a una buena raya de cocaína con la que trascender la corrección de lo que quiere decir ser mejor persona para tus antecesores porque inevitablemente profundizarás en los silogismos, en cualquier silogismo.

Patrícia Pardo. Imagen cortesia de Russafa Escènica.

Patrícia Pardo. Imagen cortesia de Russafa Escènica.

No de esta manera te ha pasado con la farándula. Porque la posibilidad de (re)encontrarte una obra dura, de hace dos días, so-po-rí-fe-ra, arrogante o vacua, ha hecho que reniegues de la escena. Malditos creadores escénicos que no saben ni hacer una tortilla francesa. ¡No es tan difícil hacer unas bravas en condiciones! He visto islandeses hacer buenas paellas con carne de ballena, por favor.
El miedo a creer que hay cosas más importantes en el mundo que pedir y ofrecer unas buenas bravas, que no nos las merecemos, que nunca perdonaremos unas bravas aceitosas, que no vale la pena exigir un Conseller De Bravas, y no de Sepia, Olivas y Bravas. Bravas, joder, bravas!, bravas para todos!, bravas para todos! Porque si todos nuestros hijos quisieran cocinar bravas, profesionalmente o por amor a la brava, aunque las hicieran con salsa de yogur los muy hijos de puta, si todos nuestros hijos quisieran cocinar y comer bravas, el mundo se llenaría de tertulia, de sexo, de pimentón dulce, y todos aspiraríamos a ser resto de salsa. La salsa final que queda en el plato y mojas con el último trozo de pan después de comerte la última brava.

Detalle del cartel de Russafa Escènica 2016. Imagen cortesía de la organización.

Detalle del cartel de Russafa Escènica 2016. Imagen cortesía de la organización.

Patrícia Pardo*

* Miedos es el lema alrededor del cual gira la sexta edición de Russafa Escènica. Patrícia Pardo, clown y dramaturga, es quien firma el texto que da la bienvenida a Russafa Escènica 2016

Corrupción en torno a un balneario

Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen, dirigido por Iria Márquez
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Del 1 al 3 de julio de 2016

Hace más de 120 años, Henrik Ibsen tomó un símbolo de la pureza como el agua para hablar del deterioro de nuestra sociedad en ‘Un enemigo del pueblo’, una de sus obras maestras que este fin de semana Sala Russafa recupera en su V Festival de Talleres de Teatro Clásico (1-3 de julio).

Iria Márquez adapta y dirige la nueva versión de esta historia sobre una pequeña localidad cuya economía gira al rededor a un balneario. El conflicto entre el bien común y el interés económico saltará cuando se descubra que sus aguas están contaminadas. ¿Habrá que informar a los huéspedes y cerrar o mantener el secreto y la actividad?

Un enemigo del pueblo. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Un enemigo del pueblo. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Estamentos de poder, medios de comunicación y vidas particulares colisionan en esta trama de total actualidad. “Con el ambiente electoral que hemos estado viviendo las últimas semanas, te das cuenta de que ciertas cosas no han cambiado en más de un siglo: el intento de manipulación del pueblo, su infantilización por parte de los políticos, el discurso del miedo a perder cierto estatus de bienestar…”, apunta la directora, que ha incluido nuevos monólogos y ha creado algunos personajes para revitalizar la pieza.

“Cuando tocas un texto como éste, siempre hay que hacerlo desde el máximo respeto. Te documentas mucho sobre el autor, su estilo y estudias bien la pieza. En este caso, lo que he hecho es integrar nuevas tramas, que venían a alimentar la historia principal, y dar vida a personajes que servían para reforzar los principales mensajes de esta obra”, explica la dramaturga, actriz y directora.

El objetivo de Márquez era crear un montaje en el que los amantes de este texto pudieran reconocer el original y percibir ciertos desarrollos, que hacen avanzar un poco más la trama. En ese sentido, se ha alimentado la puesta en escena con referencias al agua como elemento fundamental, utilizando audiovisuales y ciertos apoyos en la escenografía. Además, se ha contado con la colaboración del bailarín Toni Aparisi (Premio Max 2016 al Mejor Bailarín) para diseñar el movimiento escénico en algunas partes de la representación.

Elenco de 'Un enemigo del pueblo'. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Elenco de ‘Un enemigo del pueblo’. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Todo ello en un montaje atemporal, con personajes vestidos en blanco y negro, al que acompaña una ambientación musical de artistas como Spiritualized, Godspeed You Black Emperor, Micah P. Hinson o Quincy Jones.

La obra está interpretada por Diego Lema, Isabel Sánchez, Pepe March, Vanessa Gradolí, Elena Marquina, Lydia Ramos, Sonia Ramada, Jorge López, Blanca Aparisi, Joan Espinosa y Salvador Muñoz, componentes de un taller de formación actoral impartido por Márquez en Sala Russafa durante ocho meses. “Lo mejor de estas experiencias es la ilusión y energía con la que enfrentan el proyecto, te devuelven una frescura y pureza que está en la esencia del teatro y que es totalmente contagiosa”, afirma Márquez.

El espectáculo se estrena el viernes 1 de julio y podrá verse hasta el domingo, dentro de la programación del V Festival de Talleres de Teatro Clásico que concluye su programación la próxima semana con la muestra de Teatro-Danza Inclusivo ¿Diez y… ocho? que tendrá lugar el próximo 10 de julio y que echará el telón a la V temporada de Sala Russafa.

Cartel de 'Un enemigo del pueblo'. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Cartel de ‘Un enemigo del pueblo’. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Julio Llamazares, la pasión de escribir

Charla de Julio Llamazares
Con motivo de la Festa del Llibre de Muro

Escribir es mi manera de estar solo, mi manera de estar en el mundo. Siempre me recuerdo escribiendo, es más, no sé cómo se vive sin escribir”. Son las palabras de Julio Llamazares en la conferencia que ofreció en Muro en la Festa del Llibre. Llamazares la tituló ‘El oficio de mentir’, una reflexión sobre el género narrativo. 

Llamazares transmite la pasión serena del escritor, el encanto y la magia que puede provocar la lectura de un libro. Infunde ganas de leer, de recuperar el tiempo perdido, añadir más historias a nuestra vida a través de la ficción.

“Una forma de recuperar el tiempo y no perderlo es escribiendo, leyendo, haciendo las cosas que nos hacen pensar más, sentir más, saber más y vivir más. Porque  al fin y al cabo, las novelas son vidas que pudimos vivir pero que no vivimos- explica Julio Llamazares. Cuando lees, estás viviendo la vida de Don Quijote, de Madame Bovary, de Ulises cruzando el Mediterráneo, o de cualquiera de los personajes. Leer te hace vivir mucho más. Para eso sirve la lectura, para ver el mundo con mayor profundidad porque incorporas a tu mirada la mirada de otros escritores o de otros artistas”.

El escritor y periodista leonés ejerce una literatura comprometida, alejada del entretenimiento. ”Ahora abunda mucho lo del best-seller que son novelas para entretener. Yo no escribo para entretener a nadie, yo escribo para conmover, para hacer sentir, para hacer pensar. Yo escribo para remover la conciencia de la gente”.

Julio Llamazares en plena charla. Imagen de Fina Bernat.

Julio Llamazares en plena charla. Imagen de Fina Bernat.

La novela, el arte de mentir.

Cuando un escritor, según Llamazares, empieza una novela ejerce el oficio más viejo del mundo que  no es el de la prostitución, sino el de contar mentiras.

“Escribir puede que no  sea más que una manera de seguir mintiendo después de la infancia sin tener que avergonzarnos ante las demás personas. Qué es sino contar mentiras: narrar historias imaginarias y sucesos y anécdotas inventados por personajes que jamás han existido en la realidad”.

La mentira puede ser una herramienta que nos permite conocer algo más.

“Las mentiras sirven para soportar el miedo, para ahuyentar los fantasmas, para entretener las noches y, sobre todo, para tratar de entender la vida”.

Llamazares opina que una determinada novela, un cuadro, una película, una fotografía, un paisaje, influyen sobre nosotros y ya no somos exactamente los mismos.

“Una novela, como un cuadro o una película no es otra cosa al final que el poso, la sensación que nos queda de ella cuando hemos olvidado sus mentiras. Por ejemplo: ‘El Jarama’ o la película ‘Casablanca’. Lo que de verdad Rafael Sánchez Ferlosio, el autor de ‘El Jarama’, o Michel Curtiz, de ‘Casablanca’, querían contarnos con ellas es esa sensación lejana que nos queda cuando hemos olvidado su argumento. Una sensación lejana desolada en una, nostálgica en la otra, melancólica y épica en ambas que permanece en nuestro recuerdo y que ni siquiera el tiempo podrá borrar de nuestra memoria porque ya ha pasado a formar parte de nosotros”.

La fascinación por la mentira es tan hipnótica que con el paso del tiempo el autor ya no recuerda la parte verídica y la inventada de sus relatos.

“A estas alturas de mi vida y de mi obra literaria, yo no tengo ya duda alguna que ese placer de narrar, de contar, de mentir, el placer de ejercer el oficio más viejo del mundo es el único que me mueve cuando me pongo a escribir un cuento o una novela. En cualquier caso confieso que lo hago, lo mismo ahora que de niño, aunque entonces, claro está, no lo sabía,  para engañar al tiempo, mi único, invencible y verdadero enemigo”.

‘La lluvia amarilla’, su libro más vendido.

Su segundo libro ‘La lluvia amarilla’, es su novela más vendida y traducida en todo el mundo.

Julio Llamazares, tras la portada de Las Rosas de Piedra. Imagen de Fina Bernat.

Julio Llamazares, tras la portada de Las Rosas de Piedra. Imagen de Fina Bernat.

Llamazares explicó que pensaba no iba a tener tanta repercusión.

“En plena época de la Movida escribir una novela sobre la desaparición del mundo rural, sobre la historia del último habitante de un pueblo abandonado, era una provocación. Cuando mandé la novela a la editorial, le dije a Mario Lacruz, director de Seix Barral: ojo, que con esta novela no vamos a vender ni mil ejemplares. Era una novela sobre el mundo rural en extinción y un monólogo de 200 páginas. Y me dijo Mario Lacruz: bueno, ya veremos”.

Llamazares nació en Vegamián, un pueblo de León que fue inundado para el embalse del Porma. Su población es la base de su novela, ‘Distintas formas de mirar el agua’, la novena que escribe y la última hasta el momento.

“Yo nací allí por casualidad, mi padre era el maestro de la escuela. La primera vez que vi mi pueblo lo vi con 28 años, cuando vaciaron el embalse. Estuve en la casa donde nací, llena de algas y truchas muertas. Esto es como si tu ves a tus padres por primera vez cuando sacan los huesos de la tierra. Yo empecé a tomar conciencia a raíz de ver las ruinas de mi pueblo cuando vaciaron el pantano. Hablando con mucha gente noté lo que significa  ese desarraigo de no poder volver jamás”.

“Estaba condenado a contar esa novela y la publiqué el año pasado. Es la novela que más rápido he escrito y lo hice en un año. Y surgió sin pretenderlo. Empezó a brotar como la fuente de la memoria. Habla de la experiencia a través de la mirada de toda una familia de 17, 18 miembros que van a tirar las cenizas del abuelo. Cada capítulo es lo que piensan la viuda, los hijos, los yernos, la nuera, los nietos y cómo la memoria se va difuminando”.

Algunas de sus obras en una imagen de Fina Bernat.

Algunas de sus obras en una imagen de Fina Bernat.

Julio Llamazares habla de la España creciente y la menguante. La segunda es la escondida, de la que no se habla casi nunca, que coincidiría geográficamente con la zona interior del país. Recalca que ‘La lluvia amarilla’ sigue vigente porque en España hay en estos momentos más de 5 mil pueblos abandonados y se calcula que de aquí al 2020 quedarán vacíos otros dos mil o tres mil.

Considera que existe un menosprecio hacia los pueblos.

“Hay una cierta mirada despectiva en España sobre lo rural, sobre los pueblos. Vivimos en una sociedad que curiosamente desprecia todas sus raíces”.

Ahora prepara el segundo volumen de ‘Rosas de piedra’, la segunda entrega del libro de viajes por las catedrales de España. Recientemente ha visitado lo que denomina las catedrales de Levante que son las de Segorbe, Valencia, Orihuela y Murcia.

En un coloquio con los alumnos del Instituto de Muro explicó por qué no quiere recibir premios.

“El único premio para un escritor es que le lean, todo lo demás forma parte de la sociedad del espectáculo y de la corrupción literaria”.

Carles Figuerola

¡¡¡Que vienen los marcianos!!!

La guerra dels mons 2.0, de L’Horta Teatre
Teatro Principal
C / Barcas, 15. Valencia
Hasta el 7 de febrero

El 30 de octubre de 1938, todavía bajo los efectos de la crisis económica, muchos habitantes de Nueva York y Nueva Jersey  creyeron por un rato que los marcianos invadían la tierra. Se trataba de una lectura dramatizada de La guerra de los mundos de H.G. Wells realizada con tal realismo por Orson Wells que desató el pánico traspasando la barrera que separa lo imaginario de lo real.

Escena de 'La guerra dels mons 2.0', de L'Horta Teatre. Imagen cortesía de la compañía.

Escena de ‘La guerra dels mons 2.0′, de L’Horta Teatre. Imagen cortesía de la compañía.

Han pasado 70 años desde aquel suceso que anunciaba el tremendo poder de los medios de comunicación hoy multiplicado por mil a través de internet y las redes sociales. La mítica emisión radiofónica de Wells puede considerarse como el primer fenómeno viral de la historia. Sobre ello reflexiona La Guerra dels mons 2.0 (La Guerra de los mundos 2.0) de la compañía L’Horta Teatre, que se representa en valenciano en el Teatro Principal hasta el 7 de febrero.

El espectáculo supone la culminación de las celebraciones de los 40 años de la compañía que nació en los setenta en la Huerta Sur como grupo amateur y luego se profesionalizó bajo la dirección conjunta de Alfred Picó y Carles Alberola.  “Un proyecto importante para celebrar nuestras cuatro décadas estaba por encima de nuestras posibilidades”, dice Picó. “Dentro del Plan de coproducciones de CulturArts hemos podido crear un gran espectáculo. Incluye tres músicos en directo, con una composición original de Andrés Valero, audiovisuales, y la posibilidad de estar por primera vez y durante nueve días en el Teatro Principal».

Escena de 'La guerra dels mons 2.0', de L'Horta Teatre. Imagen cortesía de la compañía.

Escena de ‘La guerra dels mons 2.0′, de L’Horta Teatre. Imagen cortesía de la compañía.

Arropados por la música de Valero sólo tres actores; Verónica Andrés, Álvaro Báguena y Jordi Ballester, crean una atmósfera de intriga que envuelve al público. “Existe un inquietante paralelismo entre los Estados Unidos de aquella época y la Europa de hoy”, dice el autor y director de la pieza Roberto García. “Dos sociedades que salen de una depresión económica,  sensibles al miedo. Antes de una gran guerra y ahora a amenazas terroristas, la crisis del ébola, convulsiones financieras, etcétera. Todo esto está presente en nuestro espectáculo, al igual que la figura de Orson Welles, que podría ser un cuatro personaje”.

El trabajo de los actores “añaden un plus emocional a un espectáculo ya de por sí sugerente y estimulante”, añade García. El equipo artístico, íntegramente valenciano, lo completa: Luis Crespo, responsable de la escenografía, Ximo Rojo, de la iluminación, Pascual Peris, el vestuario y Assad Kassab de la imagen gráfica.

L’Horta Teatre traslada ese primer ‘fenómeno viral’ que fue la emisión radiofónica de Wells a la época actual. Con una trama adictiva y una intriga creciente sumerge al espectador en un juego de espejos, como los que le gustaban a Orson Welles. Un espectáculo hipnótico de plena actualidad que habla de la confusión que genera no saber qué es verdad y qué es mentira, y del  miedo como la más efectiva arma de manipulación masiva.

Escena de 'La guerra dels mons 2.0', de L'Horta Teatre. Imagen cortesía de la compañía.

Escena de ‘La guerra dels mons 2.0′, de L’Horta Teatre. Imagen cortesía de la compañía.

Bel Carrasco

Zanguango, atrapados en un gimnasio

Cualquiera que nos viera, de la compañía Zanguango
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Del 20 al 22 de noviembre de 2015

Sala Russafa acoge la segunda propuesta de su ‘Ciclo Compañías Nacionales’, una programación que del 13 de noviembre al 13 de diciembre ofrece cuatro estrenos de destacadas compañías de distintos puntos de España que hasta ahora no han tenido oportunidad de mostrar su trabajo en Valencia.

Es el caso de la formación afincada en Vitoria Zanguango, que en 22 años ha llevado a las tablas 16  espectáculos propios, creados a partir de la improvisación y el trabajo en equipo. Una metodología de creación con la que han forjado un personalísimo estilo que apuesta por el teatro físico y huye de los artificios, apoyándose en el humor absurdo.

Del 20 al 22 de noviembre, Sala Russafa acoge el estreno en la Comunitat Valenciana de Cualquiera que nos viera, una divertidísima propuesta en la que encontramos a dos personajes atrapados en un gimnasio. Se están poniendo en forma, preparándose afanosamente para afrontar una futura oportunidad que les permita salir, reintegrarse en el engranaje social.  Sin embargo, temen abandonar el gimnasio en el que se han atrincherado, huyendo de la realidad. Humor cargado de mensajes sutiles constituye esta deliciosa pieza que, al tiempo que invita al público a reflexionar, es capaz de arrancarle carcajadas.

Pulgarcito. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Pulgarcito, de la compañía vasca Teatro Paraíso. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Otra propuesta nacional ocupará el escenario de Sala Russafa esta semana, esta vez en la programación familiar. Se trata de Pulgarcito (21 y 22 de nov), Premio al Mejor Espectáculo infantil en el Festival de Almagro en 2014.

Vuelve al teatro de Ruzafa esta versión del cuento de Charles Perrault de la compañía vasca Teatro Paraíso, Premio Nacional de Artes Escénicas para la Infancia 2012. Un espectáculo en el que dos actores recrean situaciones alejadas de la narración original, pero estrechamente ligadas con esta famosa historia del niño que es abandonado por sus padres en el bosque, al no poderle alimentar.

Situaciones absurdas, enredos y suspense en este nuevo acercamiento al clásico de la literatura infantil que combina miedo y humor. Un montaje para espectadores a partir de 6 años y con doble intencionalidad: por un lado, entretener a los pequeños y por otro, estimular la reflexión en los padres en torno al tema del abandono, creando ciertos paralelismos con la actualidad y evidenciando que hay muchas maneras de desentenderse de los pequeños.

Zanguango en Sala Russafa.

Cualquiera que nos viera, de la compañía vitoriana Zanguango. Imagen cortesía de Sala Russafa.

La incierta identidad de Martín y Sicilia

Dime quién soy y te diré quién eres, de José Arturo Martin y Javier Sicilia
Galería Kir Royal
C / Reina Doña Germana, 24. Valencia
Inauguración: viernes 20 de noviembre, a las 20.00h

José Arturo Martin (Tenerife, 1976) y Javier Sicilia (Tenerife, 1971) son dos artistas que trabajan como equipo desde 1995 y que presentarán su última exposición titulada ‘Dime quién soy y te diré quién eres’, en la Galería Kir Royal en Valencia el próximo día 20 de noviembre.

Martin y Sicilia trabajan indistintamente en pintura, dibujo, fotografía o instalación. Su obra se caracteriza por desarrollar imágenes narrativas o escenográficas, protagonizadas por los propios artistas como actores-iconos, que se exponen en situaciones aparentemente cotidianas, pero cuya lectura en clave irónica pone en debate temas de índole política como la crisis del capitalismo, el postcolonialismo o el miedo como instrumento político; en relación con asuntos como la decadencia de la masculinidad o la crisis de la identidad.

Obra de Martin y Sicilia. Galería Kir Royal.

Obra de Martin y Sicilia. Galería Kir Royal.

Dime quien soy y te diré quien eres reúne una serie de obras que abordan el problema de la identidad en el contexto de la incertidumbre contemporánea, haciendo especial hincapié en la problemática, que les es tan cercana, de la construcción de un ‘Yo doble’.

La caída de Lehman Brothers en 2008, que inició la crisis económica, cogió a Martin y Sicilia retratándose como supervivientes de accidentes de tráfico o de ataques violentos o pequeñas catástrofes domésticas. Desde entonces, el desmantelamiento del estado del bienestar ha eliminado todas las certidumbres (trabajo fijo, una casa propia, un buen coche y una familia estable) que solían acompañar los proyectos de vida de los europeos, así que vivimos ahora un periodo de indeterminación en la que todos los modelos vitales deben volver a reinventarse. Los proyectos colectivos parecen una imposición en un mundo donde una sola persona difícilmente genera ya recursos suficientes para la autorrealización.  Martin y Sicilia reflexionan sobre este proceso dibujando su propio proceso de reinvención.

El desmonte del bienestar, la creciente banalización de los intereses vitales producto de la triunfante civilización del ocio, el descreimiento de las ideologías y de las utopías, son evidencias de un mundo en decadencia,  habitado por individuos desencantados en los que el consumir se convierte en un consumar su existencia.

El capitalismo cultural ofrece sistemáticamente la imagen de una sociedad brillante y atractiva, triunfante en su capacidad tecnológica y en sus alardes estéticos. Martín y Sicilia escenifican su reverso, el cementerio de automóviles como la imagen de la decadencia cuyos habitantes tratan de reinventarse como individuos, de rehacer su identidad mirándose en el espejo del otro, de buscar un camino después del accidente.

Obra de Martín y Sicilia. Imagen cortesía de Kir Royal.

Obra de Martín y Sicilia. Imagen cortesía de Kir Royal.

Ramiro Carrillo

El silencio antisistema de Marcelo Fuentes

Notas urbanas. Marcelo Fuentes
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 19 de julio

Marcelo Fuentes dice que en su obra hay una “voluntad metafísica”. Preguntado acerca de si esa metafísica no es un modo de dejar de comprometerse con la realidad circundante, responde taxativo: “Mi arte es muy comprometido”. Y acto seguido se explica: “Ahora mismo, la dualidad es el sistema, y el arte [su arte] lo que debe hacer es abrir grietas en esa dualidad”. Por eso, frente a la ciudad monumental “que más o menos goza de la atención general”, Fuentes aboga por esa otra ciudad que pasa desapercibida de tanto transitarla deprisa. “Para verla, necesitamos la pausa, el sosiego, la tranquilidad, el silencio”.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas' en el Centro del Carmen.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’ en el Centro del Carmen.

Las 78 piezas que el Centro del  Carmen acoge en su Sala Dormitorio (espacio que ni pintado) descansan sobre esa máxima: la exploración del vacío. “La nada asusta”, subraya el artista. Y cuando dice nada se refiere a los espacios despojados de seres humanos: “La urbe como un gran escenario cuando ha descendido el telón y los actores descansan”. Aunque su obra destile una luz semejante a la de algunos cuadros de Edward Hopper, Marcelo Fuentes establece las distancias: “En Hopper siempre hay algún personaje que transmite la sensación de soledad, mientras que en mi obra esa soledad la transmite el propio espacio vacío”.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas', en el Centro del Carmen.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’, en el Centro del Carmen.

A pesar de todo, Fuentes no piensa que su obra se halle atravesada por la angustia que pudiera derivarse de esa soledad. “El espectador participa en esa realidad; la hace suya”. Como hace suyas las emociones derivadas del infinito juego de luces y sombras. “Una fachada iluminada por el crepúsculo o la pared de un acantilado” son algunos de los desencadenantes de esa emoción. “Tal vez”, precisa Fuentes, “porque los ritmos de la naturaleza son inexorables y nuestros modos de ser mundo sólo resisten en el consenso”.

Su obra está plagada de volúmenes propiciados por esa luz que martillea edificios, muros, acantilados o bancos de arena. Volúmenes que terminan por diluirse en manchas abstractas, de manera que lo sólido (la dualidad fácilmente reconocible) se vuelve poroso hasta producir esa sensación vaporosa que envuelve gran parte de su trabajo. De ahí que las ciudades reflejadas se refieran sin duda a Valencia, pero también a Nueva York (“sobre todo”), Berlín, Roma o Estocolmo. Ciudades distantes y distintas que, sin embargo, terminan hermanadas por ese vacío que todo lo llena en la producción de Marcelo Fuentes.

Obras de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas' en el Centro del Carmen.

Obras de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’ en el Centro del Carmen.

“Mi visión no cambia ante un paisaje natural o urbano. En cierto modo, el paisaje urbano no deja de ser una forma sofisticada de oquedad en la montaña, de cueva o de nido”. La corrupción, ajena por completo a los vaivenes de la economía, se refiere en la obra de Fuentes a lo que el paso del tiempo impone con rotundidad. “Nuestro modo de ser naturaleza, sometidos al tiempo”. Por eso las ciudades de Marcelo Fuentes conmueven: porque registran esa fragilidad de lo sólido percutido por la débil luz.

Las ‘Notas Urbanas’, tal es el título de la exposición, que ha venido tomando el artista, concentradas en los dos últimos años, son como anotaciones musicales de la urbe en perpetuo cambio lumínico. Alrededor de 15 años después de que expusiera en el IVAM su visión más racionalista de Valencia, vuelve a la carga en el Centro del Carmen con otra percepción de la ciudad más líquida. Los mismos volúmenes sometidos a una voluntad metafísica de total entrega. Y muy comprometida.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas' en el Centro del Carmen.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’ en el Centro del Carmen.

Salva Torres