Superflex o el show de la corrupción

The corrupt show, del colectivo Superflex
Las Naves
C / Joan Verdeguer, 16. Valencia
Inauguración: Viernes 21 de octubre, a las 19.00h
Hasta el 8 de enero de 2017

El prestigioso colectivo danés Superflex llega a Las Naves con ‘The corrupt show’, su primera exposición individual en España. Sus instalaciones son reconocidas internacionalmente y en ellas invitan a cuestionar los modelos sociales, políticos y económicos actuales. Los polémicos métodos de Superflex han recibido multitud de premios como el Civic Trust Award (2013) o el International Economic Development Council – Promotional awards (2012) pero también han sido rechazados por importantes instituciones. La instalación permanecerá hasta el 8 de enero de 2017.

The corrupt show, de Superflex. Imagen cortesía de Las Naves.

The corrupt show, de Superflex. Imagen cortesía de Las Naves.

La exposición de este colectivo en Las Naves se articula en 2 proyectos, ‘The corrupt show’ y ‘Cine corrupto’, bajo la curaduría de Asen Martínez. En ‘The corrupt show’, Superflex apela directamente a la participación del público, al instarle a elegir entre trece tipos de contratos diferentes para firmarlos y comprometerse activamente en la participación de actividades corruptas. Una vez firmados, se les aplicará el sello Superflex y serán colgados en la pared de la sala de Exposiciones. Los contratos están basados en el texto de la Convención de las Naciones Unidas contra la corrupción y con su firma pretenden hacernos reflexionar sobre la relación entre la sociedad y los distintos poderes ya sean políticos, institucionales, etc.

Además, y bajo el lenguaje cinematográfico, Superflex nos propone Cine Corrupto. En esta “herramienta” nos mostrará un pase de sus videoinstalaciones sobre el tema de la corrupción y cómo esta afecta a nuestro día a día. Para ello se servirá de un lenguaje sutil cargado de ironía, como en la mayoría de sus trabajos.

Jakob Fenger, Rasmus Nielsen y Bjørnstjerne Christiansen formaron Superflex en Copenhague en 1993. Este colectivo entiende la actividad artística como una herramienta que pueda ser utilizada y modificada por el público para empujarle a desarrollar nuevas formas de comportamiento y poner en práctica nuevos métodos socioeconómicos y culturales.

Superflex. Imagen cortesía de Las Naves.

The corrupt show, de Superflex. Imagen cortesía de Las Naves.

Lo bello y lo siniestro de Crajes

Crajes
Plastic Murs
C / Dénia, 45. Valencia
Hasta el 21 de octubre de 2016

‘Lo bello y lo siniestro’ es el título de un libro de Eugenio Trías que, para el caso que nos ocupa, viene que ni pintado. Arranca el texto con dos citas igualmente pertinentes. La primera, de Rilke, dice así: “Lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar”. La segunda, de Schelling, apunta: “Lo siniestro es aquello que, debiendo permanecer oculto, se ha revelado”. Crajes, sabiéndolo o no, sigue el rastro dejado por ambas citas en su exposición de la galería Plastic Murs. Y lo hace añadiendo otro aspecto primordial: el humor.

Con el humor o ironía a veces tierna y otras macabra, presente en sus trabajos en forma de adorables dibujos animados o escatológicos instantes amorosos, Crajes logra amortiguar lo siniestro haciéndolo soportable. Trías viene a decir que la repulsión que provoca lo siniestro, encuentra en el humor su antídoto: “Contracarga de placer opuesta a la sobrecarga de violencia con la que el sujeto reacciona al objeto que suscita en él el sentimiento de lo siniestro”.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Carla Rendón y Jessica Ruiz, es decir, Crajes, muestran lo femenino como objeto de esa doble experiencia en torno a su imagen: por un lado, la belleza que encandila, y que ambas artistas recrean de forma glamurosa, y, por otro, el cuerpo que asusta por su destilado de sangre y asociación letal con el esqueleto y la muerte. “Nos interesa la dualidad”, dicen. Romper con el estereotipo de la mujer bella de la que se nutre la publicidad, para que aflore su reverso oscuro como parte indisoluble de la propia mujer. “Lo femenino como concepto de belleza es algo muy vacío, por eso lo contraponemos con algo macabro”, explican estas jóvenes artistas.

De manera que el esqueleto, tan presente en su obra, les sirve para mostrar esa parte macabra de lo femenino, al tiempo que desembraga lo siniestro para que aparezca lo fantástico. “El esqueleto siempre lo asociamos con algo malo y es algo que tenemos dentro”, señalan, para remachar: “Lo bueno y lo malo están dentro de nosotros”. Crajes lo que hace es mantener “una conversación” entre ambos aspectos, sirviéndose en ocasiones de la imaginería religiosa cristiana. De ahí el ejemplo que ponen de María Magdalena y la Virgen María: “Socialmente siempre se entiende como la una o la otra”. Crajes ve ambos aspectos de lo femenino como partes indisociables de la mujer.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

El largo título de la exposición, ‘Accipite et manduca ex hoc omnes: hoc est enim corpus meum, quod pro vobis tradetur’, que remite a la eucaristía cristiana (Tomad y comed todos de él, este es mi cuerpo, que será entregado por todos vosotros), evoca también esa violencia que anida en lo humano desde tiempo inmemorial. Violencia sacralizada que, en el caso de Crajes, aflora desprovista de representación simbólica, para someterse a la pura ficción. “No queríamos sangre realista, sino artificial”, dicen con respecto a las lágrimas rojas de algunas de sus obras.

El rojo también lo asocian al universo del cineasta Stanley Kubrick, por el que sienten predilección. “Los óleos tienen composiciones de corte cinematográfico”, resaltan. Al igual que por Courbet, de quien hicieron una versión de su polémica obra ‘El origen del mundo’, y al igual que le sucedió al pintor también ellas sufrieron críticas ahora vía internet. “A raíz de aquello, ahora mostramos el sexo de forma más explícita”. Lo cual les lleva a manifestar cierta perplejidad: “Estamos insensibilizados ante imágenes hiperviolentas mostradas en los medios y luego ven sangre en una exposición y se escandalizan”. Como tampoco entienden el “tabú que todavía existe en torno a la sexualidad de la mujer”.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

La exposición también incluye algunos bordados (“es la primera vez”) y porcelanas con imágenes alusivas a esa sexualidad incomprendida. Crajes lo que hace es poner sobre el tapete esa incomprensión que, después de todo, remite al origen mismo de la vida. De manera que Carla Rendón y Jessica Ruiz utilizan el cuerpo femenino para rendir cuentas de esa dicotomía entre lo bello y lo siniestro, poniendo el acento en este último. “Es una exposición sobre la maldad humana”, concluyen. Una maldad diluida en ácido como agente provocador.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Salva Torres

La construcción del estereotipo femenino

I Am A Cliché, de Natacha Lesueur
Espai Tactel
C / Denia, 25-B. Valencia
Inauguración: viernes 24 de junio, a las 20.00h
Hasta el 5 de agosto de 2016

Decía Salvador Dalí que lo mínimo que se le debe exigir a una escultura es que no se mueva. Quizás, seguro, porque el tipo de escultura al que se refería era la representación de un cuerpo vivo a través de un material duro. Siguiendo el ideal clásico, ese carácter escultórico detenía, según Hegel, una figura espiritual en plena expresión corporal para mostrar al ser humano tal y como es. Pero quieto, detenido, inmóvil. Estático, como nosotros cuando el fotógrafo nos pedía que no nos moviéramos para salir bien en la foto.

La naturaleza de nuestro cuerpo es limitada —aunque ya dijo Spinoza que nadie sabe lo que puede un cuerpo— y primero la escultura y después la fotografía han pretendido la universalidad de los cuerpos, el reconocimiento de la diferencia, frente a lo antinatural que supone la instauración de un canon, de un molde, a lo que también han colaborado paradójicamente.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

El trabajo de Natacha Lesueur (París, 1971) aborda estas cuestiones haciendo énfasis en la construcción social del estereotipo y denunciando el diseño cultural de los clichés de género. Sus fotografías subrayan una serie de usos, de huellas, de marcadores de la identidad femenina (gesto, maquillaje, vestuario, peinado) sobre los que interviene para señalar el artificio de la apariencia.

A través de estas obras podemos entender cómo la fotografía se ha acercado mucho a la escultura en la (re)presentación de las cosas y, también, en el retrato del cuerpo como algo performativo. Sus fotografías son la evidencia crítica de una realidad, de un volumen (el cuerpo, las cosas) que se muestra bajo una apariencia y esgrimiendo una actitud determinadas, detenidas en la foto, que ponen en cuestión los arquetipos establecidos.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Cierto carácter barroco en el manejo de alimentos ajustados al cuerpo, el gusto por exagerar el color y su contraste, del pop al tropicalismo, los juegos con las prendas, el maquillaje o el arreglo del peinado, y hasta una ironía a veces melancólica, a veces sarcástica, han marcado una trayectoria de la que se entresacan para esta exposición un conjunto de obras que recoge trabajos iniciales de los años noventa y otros más actuales, haciendo especial hincapié en un hecho acromático, en un continuum en blanco y negro que, además, acentúa el efecto estatua y el vínculo entre fotografía y escultura, entre el retrato y la naturaleza muerta.

Dos fotografías de 1996 nos muestran fragmentos de un cuerpo andrógino en el que la piel de los brazos (como guantes largos) y las piernas (como medias de encaje) está marcada por la huella de una impresión que es, por un lado, ornamentación y, por otro, prueba del dolor, de lo que cuesta. Lo más profundo que tenemos —como escribió Paul Valéry— es la piel, una profundidad camuflada de superficie.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Otras tres piezas, más bodegones que retratos, se centran en la agresión a unos peinados esculturales, decadentes. Dos gemelas idénticas, Carine y Barbara, y otra modelo, Anita, exhiben recogidos extravagantes que recuerdan la peluquería de la generación de nuestras madres y abuelas. Ese arreglo del cabello que marcaba el rigor y la honra, la rectitud y lo decoroso de la mujer, se muestra “herido” por las quemaduras de un cigarro, símbolo del machismo.

La serie central pone de relieve la norma en la construcción de los estereotipos femeninos al jugar directamente en las fotografías con la conversión del cuerpo en escultura. La asertividad del blanco y negro como índice de realidad en la imagen fotográfica —como declara la misma Lesueur: su valor de memoria, de informe— confunde nuestra mirada, que cree estar ante estatuas de piedra. Apenas un resquicio de naturalidad, de color abajo en la espalda, revela la verdad de lo aparente: se trata de cabelleras modeladas y cuerpos reales pintados en un falso blanco y negro que sugiere el mármol o ese yeso documental donde ha quedado solidificado el paso del tiempo y las modas para la historia. Un video completa esta magnífica idea presentando todo el bulto redondo de una de las modelos/estatuas girando en bucle.

El contrapunto, cambiando de canon, lo pone un jarrón con forma de busto que, apuntando a la negritud y al tropicalismo sobre el horizonte de un paisaje mural, contendrá una docena de hortensias, símbolo de obstinación y dignidad, que quién sabe si se irán marchitando a lo largo de la exposición.

Obra de Natacha. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Ricardo Forriols

Abre tus puertas, siempre

‘Ouvrez vôtre porte’ de Joan Verdú
Tapinearte
C/ Zurradores 13. Valencia
Hasta el 10 de julio de 2016

Tapinearte deja su escaparate libre para mostrar los nuevos dibujos de Joan Verdú, este dibujante valenciano caracterizado por la ironía en todas sus obras, teniendo en cuenta que también es columnista y escritor, sorprende por la sencillez en el trazo del grafito en contraste con la fuerza de la idea. Joan Verdú no suele considerar la obra en dibujo con lápiz como obra definitiva, pero en esa ocasión ha acertado con el momento, el lugar y sobre todo con el mensaje para utilizar el lápiz como la técnica principal.

Heredero analítico de los iconos de la cultura popular, podemos observar en la manera de superponer el color al tono grisáceo del grafito, como dichos iconos se transforman, dotándoles de nuevos significados. Un R. Mutt camuflado con la tipografía de una conocida marca de sanitarios, un héroe de cómic que trata de escapar del frío de una nevera, personajes televisivos de la infancia, marcas, publicidad y otras sorpresas a descubrir van marcando el camino de la exposición.

Ouvrez vôtre porte I. Imagen cortesía Joan Verdú.

Ouvrez vôtre porte I. Imagen cortesía Joan Verdú.

‘Ouvrez vôtre porte’ continúa con los rasgos que caracterizan otros trabajos de Verdú: juegos simbólicos, alusión irónicas y una estética particular que, en cambio, parece alejarse del pop al que nos había acostumbrado. ‘Abre tus puertas’ son una serie de representaciones entorno al tema de la apertura, del desbloqueo o de un principio. No importan tanto las puertas, desagües, cajones, ventanas o cajas que se abren, sino el hecho de que los dibujos mantienen expectante al observador de la obra, como quién abre un sobre que no espera, con una incertidumbre difícil de controlar. Es por esta inquietud quizá que los dibujos queda encajados en un marco poco corriente: una cabecera que reza ‘Algiexpres’, nombre, calle, población y código postal. Esta especie de intervención rememora tintes surrealistas en su ejecución. ¿Manda un mensaje el artista y para ello hace hincapié en el sentido del envío? No se conforma con el hecho de exponer, maniobra que ya comporta el significado de transmitir, sino que precisamente provoca esa falta de certeza, aunque sea un dibujo y una composición relativamente sencillas.

Más que abrir las puertas en un sentido literal, Joan Verdú parece gritar que abramos el sentido del raciocinio, del sentido común, y que pensemos, reflexionemos sin descanso. Un ejercicio de cuestionamiento continúo que nos da pistas sobre cómo el artista interpreta el concepto de arte.

María Ramis.

Macrocosmos y microcosmos de García Cano

El universo pictórico de Miguel García Cano

Si analizamos la realidad bajo el prisma de la unicidad básica del mundo, si aceptamos que tanto lo cósmico y lo grandioso como lo cotidiano y lo pequeño se han modelado en la misma fragua, si entendemos que la misma lógica y las mismas reglas sirven para hablar de asteroides que de patatas, ya tendremos abierta una puerta esencial para penetrar en el universo pictórico de Miguel García Cano, cordobés afincado en Valencia, donde prosigue con indudable tesón una indagación personal al margen de cualquier capilla o escuela, un camino solitario y displicente, por el que camina él solo, por el que a veces se pierde, y  por el que, de tarde en tarde, alcanza hallazgos que se parecen mucho a la verdad del arte.

Miguel García Cano ha llegado a sus patatas cósmicas por exigencias de su propio instinto, incluso traicionando las demandas de su racionalidad pictórica y tomando una carretera secundaria por la que nunca tuvo la intención de transitar. Aquellos vibrantes pimientos, las sugerentes berenjenas y aun las tristes cebollas que, como “cuadros menores”, y a veces puramente “comerciales”, acompañaban los grandes lienzos de sus ambiciosas exposiciones, fueron adquiriendo, a su pesar y como sin querer, empotrados en aquellos fondos negros y zurbarianos, la fuerza de auténticas presencias telúricas, imposibles de ignorar.

Miguel García Cano. Fotografía de Maite Bäckman.

Miguel García Cano. Fotografía de Maite Bäckman.

Un tomate o una granada podían alcanzar una luz del fin del mundo, sin perder su textura comestible y un punto de ironía. Sí, porque en esta pintura, que excluye a los humanos, son los vegetales los que nos observan, a veces con ironía y a veces casi con ternura, con una discreta compasión. Sin pertenecer a la categoría pictórica de las “naturalezas muertas”, yo diría que nadie siente frente a esas frutas y hortalizas la tentación de comérselas; como si uno intuyera, no que sean venenosas, sino que tienen un alma mineral y también un alma espiritual que no nos van a facilitar la digestión.

Las patatas de Miguel García Cano vuelan en el espacio sideral porque allí es donde está el ámbito en que su ser se muestra en su verdadera plenitud. Fuera de su contexto práctico (ya sea comercial, ya sea culinario, incluso fuera de su contexto agrícola), las patatas reivindican su condición de objetos únicos, radicales, indiferentes hacia nuestra cotidianidad. De tal forma se alejan de ese prisma práctico, que más parecen en efecto asteroides perdidos en la oscuridad primordial del universo. Rocas volantes surcando un vacío ilimitado sin destino ni dirección.

Cuando las cosas abandonan los planos más usuales de la realidad y buscan su esencialidad, aparece no solo su vertiente más ignorada sino también su vínculo con la totalidad. Es entonces cuando el macrocosmos (y su lejanía y dimensión terroríficas) se acerca al microcosmos (tan palpable en su accesibilidad) y podemos, por un instante, por un simple instante, acceder al secreto más profundo del universo. La radical unidad de todo lo que hay.

Miguel García Cano.

Miguel García Cano. Imagen cortesía del autor.

Pero también hay otra dura lección. Nuestra antropología lo ha reducido todo a la medida de nuestra arbitraria condición. En la enciclopedia del saber no hay ninguna entrada que remita a las patatas cósmicas de García Cano. Ni puede haberla. Allí está solo lo que dominamos, clasificamos, utilizamos, definimos y arbitramos. La kantiana “cosa en sí” ha sido abolida, pues no sirve a nuestros propósitos de dominio. Por eso la mirada de García Cano es tan extraña y singular: la indiferencia con que esa patata estalar se aleja en el espacio infinito no nos permite pensar ni en la tortilla de patatas ni en el hervido. Algo está fuera de lugar. Algo ha abandonado su casillero habitual. La patata ha entrado en otra dimensión. Una dimensión que nos habla de que las cosas viven y son al margen de nuestra condición. Que las cosas aspiran a una cierta totalidad. A su fusión con el universo. Que reivindican su condición de misterio y revelación. Exigen, y a veces claman, su propia metafísica. A través de ellas también se manifiesta la oculta esencia del mundo.

Al fusionar micro y macrocosmos, Miguel García Cano emprende un viaje singular. Se aleja aún más de las especies pictóricas a la moda y busca refugio en la esencia de la pintura. Un viaje en el que no encontrará ni acompañantes ni consuelo. Tampoco nosotros podemos hallarlo al ver esas patatas alejarse y perderse en la infinitud del espacio. Buscando no la lejanía, sino la plenitud de su ser. Y entonces sospechamos, con recelo, que nos vamos a quedar sin cenar.

Patata, obra de Miguel García Cano.

Patata, obra de Miguel García Cano. Imagen cortesía del autor.

Manuel Turégano, escritor y editor de Contrabando

Kafka, Mondrian y el yugo de la soledad

Café Kafka, de Francisco Coll
Palau de Les Arts
Avda del Professor López Piñero, 1. Valencia
Días 22, 25, 28 y 31 de mayo de 2016

El Palau de les Arts Reina Sofía acoge el domingo 22 de mayo el estreno en España de la ópera ‘Café Kafka’, de Francisco Coll (Valencia, 1985) en el Teatre Martín i Soler. Las representaciones de esta obra, como señaló el Intendente Davide Livermore en su presentación, están dedicadas a la memoria de Inmaculada Tomás, principal impulsora de este proyecto.

“Se trata, asimismo, de una cita señalada en la X Temporada de Les Arts”, destacó Livermore. “No todos los días un teatro de ópera tiene la oportunidad de estrenar en este país una nueva obra, de un compositor de su ciudad, y además, con una nueva producción de tanta fuerza”.

‘Café Kafka’, con música de Francisco Coll y libreto de Meredith Oakes, es una ópera de cámara en un acto, escrita para cinco solistas y diez instrumentistas. La obra nace como encargo de la Royal Opera House Covent Garden de Londres, el Festival de Aldeburgh y la Opera North de Leeds.

Presentación de 'Café Kafka'. Imagen cortesía de Palau de les Arts.

Presentación de ‘Café Kafka’. Imagen cortesía de Palau de les Arts.

El estadounidense afincado en Italia Christopher Franklin asume la dirección musical de esta pieza, que recibió el elogio de la crítica inglesa en su estreno. ‘Café Kafka’ supone también el debut operístico de Franklin en Les Arts, donde anteriormente ha dirigido a la Orquesta de la Comunidad Valenciana en un concierto del tenor peruano Juan Diego Flórez.

Franklin es una de las batutas emergentes en el panorama musical europeo, que ha trabajado en destacados centros líricos italianos, entre los que figuran el Maggio Musicale Fiorentino, la Ópera de Roma, el Teatro Regio de Turín, así como en los festivales de Pésaro o de Jesi.

Rotativos y medios especializados dieron la bienvenida a la obra de Francisco Coll con entusiasmo: “Se puede convertir en un clásico”, subrayó ‘The Independent’, “Coll podría ser el compositor que España ha estado esperando desde hace mucho tiempo”, sentenció la ‘BBC Music Magazine’ o ‘Café Kafka’ quedará para la posteridad”, según ‘The Stage’.

Les Arts presenta ‘Café Kafka’ en una nueva producción, con dirección escénica del británico afincado en Valencia Alexander Herold, que ha sido realizada íntegramente por el equipo técnico del teatro. El montaje cuenta con escenografía de Manuel Zuriaga, vestuario de José María Adame, iluminación de Antonio Castro, videocreación de Miguel Bosch, basada en imágenes de Quique Reche, y movimientos escénicos de Ricardo Sile.

Presentación de 'Café Kafka'. Imagen cortesía de Palau de les Arts.

Presentación de ‘Café Kafka’. Imagen cortesía de Palau de les Arts.

Según Alexander Herold, “la ópera de Coll es un desafío para cualquier director de escena”. “Esta partitura no es sólo una ópera, es también un ballet, una película, una caleidoscópica investigación sobre el yugo que aflige a nuestra sociedad: la soledad”.

“La música tan densa -en palabras de Herold-, tan llena de vida, humor, bromas, ironías y ritmos de danza, exige un decorado que refleje este mundo disonante y surrealista. La estructura y el color de la música me sugerían los colores puros y separados del mundo de la pintura de Piet Mondrian, artista que divide espacios de color con trazos negros”.

Un reparto de jóvenes cantantes protagoniza ‘Café Kafka’. El elenco incluye a actuales artistas del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo, como Miriam Zubieta, Tatiana Irizarry, Elisa Barbero y Pablo Aranday, además de un antiguo alumno de este proyecto, Pablo García López, y del británico William Purefoy, que participó en el estreno en 2014 de esta obra.

Escena de 'Café Kafka', de Francisco Coll. Palau de les Arts.

Escena de ‘Café Kafka’, de Francisco Coll. Palau de les Arts.

‘Café Kafka’ está basada en textos del autor checo, pero es una obra independiente que toma al escritor nacido en Praga como punto de partida, para llevar al espectador a una realidad social actual. Para Francisco Coll, “Kafka fue un visionario. La ficción que narró se ha convertido en una realidad en la actualidad. Por lo tanto, esta obra se podría entender como un espejo de nuestra sociedad, en el cual nos podemos sentir identificados”. El compositor, que ha recordado la fantástica recepción de la obra en Londres, vaticina que el público valenciano que se acerque a las representaciones “disfrutará de la experiencia”.

Por su parte, Livermore apuntó que el estreno este domingo de ‘Café Kafka’ marca, asimismo, el inicio de la última etapa de la temporada de Les Arts, con otras dos obras también mucho más cercanas a la contemporaneidad que el repertorio habitual: ‘Juana de Arco en la Hoguera’, de Honegger, y ‘Sueño de una noche de verano’, de Britten.

El Intendente-director artístico reconoció que la labor de un teatro público es “acercar la ópera a toda la ciudadanía, pero también nutrir a los espectadores de nuevas sugerencias e ideas con las que abrir la mente y formar una población crítica. ¡Qué mejor reflexión y crítica de nuestra sociedad, sus vicios y miserias, que la que hace el arte de nuestro tiempo!”, enfatizó.

Además del estreno el domingo 22, el Teatre Martín i Soler de Les Arts acogerá más representaciones de ‘Café Kafka’ los días 25 y 28, con una función didáctica el 31 de mayo. Las entradas para este espectáculo tienen un precio único de 25 euros.

Café Kafka de Francisco Coll. Palau de Les Arts.

‘Café Kafka’, de Francisco Coll. Palau de Les Arts.

Una granja a la española

‘Spanish Farm’, de Miguel Ángel Escoín
Cafetería Facultad de Bellas Artes
Camí Vera, s/n Valencia
Inauguración: 19 de mayo a las 11:00h
Hasta el 30 de junio de 2016

‘Spanish Farm’ es un proyecto expositivo realizado con el programa de dibujo asistido por ordenador Illustrator, impreso en soporte de papel y con unas medidas totales de 1,00 m. x 14,00 m. Un tamaño descomunal para una tira de humor gráfico. Y es ahí donde radica la original aportación del autor, al trasladar de los cauces habituales, prensa, revistas, novela gráfica, etc. al espacio expositivo, creando así una nueva forma de ver y leer una obra de ilustración.

‘Spanish Farm’, la granja española, es una creación artística que, indiscutiblemente, se puede calificar como contemporánea, en el sentido de que toma una clara postura frente a la actualidad política que vivimos en el presente. Su mensaje, de contenido político, pretende hacernos reflexionar sobre las promesas incumplidas y la corrupción de la clase política. Pero, sobre todo, plantea un interrogante para que el espectador interactúe con la obra. ¿Por qué seguimos votando a partidos y políticos corruptos?

El autor nos da pistas para resolver este dilema, aportando imágenes explícitas con el lenguaje del cómic, que nos llevan a comprender que la respuesta está en el viento. Un viento que sopla cargado de casos de corrupción y comportamientos poco éticos de nuestra clase política, poblada de personajes que conocen el precio de todo pero que desconocen el valor de la decencia y la honradez.

‘Spanish Farm’ es una obra realizada por Miguel Ángel Escoín, quien como artista visual siente la necesidad imperiosa de expresar su desconcierto y hastío ante la situación socio-económica que vivimos día a día. Y lo hace en clave de fábula, con humor y unas grandes dosis de ironía.

Miguel Ángel Escoín junto a la obra ya montada. Imagen cortesía del artista.

Miguel Ángel Escoín junto a la obra ya montada. Imagen cortesía del artista.

Los repliegues de la materia

‘Neomismos, el Barroco como pretexto (I)’ de Carlos Nicanor
Twin Gallery
C / San Hermenegildo, 28. Madrid.
Hasta el 4 de junio de 2016

Carlos Nicanor se somete constantemente a la búsqueda de la forma no existente, aquella que todavía no ha sido vista, manejada y catalogada. Es la premisa de la que parte, una utopía de lo no archivado en el imaginario. Pero se deja seducir por el repliegue de la materia. Se sumerge en la forma preconcebida, en la representación de lo externo, del afuera de las estructuras perceptivas para reconstruirlas. Se interesa por la forma como constructo social, irónico y subversivo, por las superficies que nos hablan de un espejismo que oculta un espacio mucho más complejo a prioiri, pero que, despojado de la ampulosidad externa, se torna concepto universal. Estas estructuras se comportan como espejos que a través de un juego de posiciones estratégicas generan una imagen, un escenario exterior. Una tramoya diseñada para hablar de lo nuevo a partir de la premisa de lo mismo, desde la contemporaneidad revestida de ornato. Es decir, desde un neo lenguaje.

Esto es el Barroco. Para el artista cada cosa debe ser contada de la manera más conveniente, y ahora ha elegido observar los mecanismos compartidos entre el presente y este episodio plástico. Neomismos está repleta de imágenes neobarrocas que rayan la evidencia superficial, una trampa sensorial, que suplican al espectador que colabore con ellas, no apropiándose de éstas sino, escuchando lo que a sus ojos les dice y recuerda. Nicanor elabora un relato a través de reflejos, retratos o naturalezas muertas; desde los géneros reinventados a los juegos de palabras, los galimatías y la crítica del absurdo. El marco es la ventana, la tramoya las superficies brillantes y la estructura la crítica inherente.

No se trata de un análisis ontológico de lo barroco, sino de trabajar con la parte teatral del género, jugar con las constantes históricas, con la derivación o sublimación estética y las transparencias ficticias. Esa ficción y realidad se entremezclan como las delicadas superficies textiles transparentes de una cortina mecida por el aire que entra por una ventana. Ese aire es lo vigente y la ventana es lo pretérito.

'Bodegón con aceituna'. Imagen cortesía de la galería.

‘Bodegón con aceituna’. Imagen cortesía de la galería.

A una y otra orilla del tópico, se parte de lo efectista y enfático. El huevo ocupa un lugar entre esos márgenes, la frontera sutil entre lo sagrado y lo profano, entre lo místico y lo absurdo. La poesía visual de la forma ovoide parte de la alegoría de la realeza que ahora se desplaza hacia la política y la economía actual. Encarna el poder fáctico, perdiendo poco a poco su origen metafórico. Qué fue primero, ¿la muerte del Fénix o su renacimiento?

El artista se siente atraído por esa narrativa de creación reversible y crea imágenes en reversa que parten de lo existente pero con un sentido de sospecha hacia la forma misma, hacia su origen. Así, el huevo es un contenedor, un regalo de monarcas y empresarios, conmemorativos de la supremacía: poder y perfección. Sin embargo, ese contenedor crea una ilusión a partir de lo simbólico y lo prosaico. Es el mecanismo desnudo, el cuál si llegamos a conocer, todos estaremos en condiciones de reproducirlo. Comprender el funcionamiento de estas estructuras otorga una soberanía reflexiva que permite partir hacía la crítica de los fundamentos sociales, políticos y teológicos.

De ahí que ‘Neomismos’ sea una construcción de imágenes porosas que erosionan y hacen permeable la frontera entre realidad y ficción -visibilizar mecanismos-, entre dobleces y pliegues que van hacia el infinito. Trata sobre ir a la contra de la ingenua defensa de la pureza del concepto de revisión y ejerce su versión desfigurada de la lógica del barroco: conocer el mundo a través de lo irreal. Esto es lo que Žižek llamaría el desierto de lo real -o capitalismo de ficción-, un mundo convertido en imágenes que acaban por ser más reales que la propia realidad.

Esa acción de dar existencia real a lo que realmente no la tiene se deja entrever en Retraso de Felipe V, imagen pixelada del rey, que produce una sensación de extrañeza. Lo antipictórico se debe a que pone en su misma estructura tres planos diferenciados: los perfiles y el frontal, como si de una escultura se tratara. La perspectiva es una subjetivación del personaje, según el movimiento del cuerpo el retrato se pliega y se repliega. Ese pliegue y repliegue es el barroco: la imitación, la simulación. La organización del espacio en pliegues de significación. Ésta es una imagen polisémica del retrato del rey que supera el contexto estético-histórico y parte de lo transcultural y transhistórico como principios de la ilusión visual. Los píxeles se organizan como pliegues, transforman la carne en fragmentos de madera y configuran una sátira de la inmortalidad que supone el ser convertido en imagen.

‘Neomismos’ genera un ambiente de anticuario moderno, en el que tiempo y espacio difieren. La materia se sale del marco, se apodera de él, se arruga y se desborda en escalas que responden a parámetros corporales. Exhalar e inhalar, respirar, es cuestión de tiempo, y la posición del cuerpo es cuestión de espacio. A través de Cartografía de la Isla de las Tortugas, se mapea una isla inventada que pertenece a un archipiélago barroco, un lugar por el que navegar de forma ensimismada. Esta pieza es un cuaderno de bitácora escrito al revés, acotado en un marco dorado suntuoso. Es un paisaje de islas tortugas, en las que probablemente se tome, como en ningún sitio, el aire de la banalidad. Ésta es otra de las ficciones posibles.

'My friend'. Imagen cortesía de la galería.

‘My friend’. Imagen cortesía de la galería.

Lo real se desdobla en representación y se instituye en metáfora, en temblor y euforia. Esta es una grieta en la sintaxis, es decir, una urgencia por la transgresión de la forma que cuestiona constantemente ese rompimiento sintáctico del lenguaje visual, como diría Omar Pascual Castillo. Carlos Nicanor se mueve con agilidad entre las capas de realidad, sin sentenciar una forma como verdadera -lo importante aquí no es la verdad-, sino la ilusión de una nueva génesis, una suma de formas creando un mapa o una cartografía meticulosa de la historia contada desde lo contemporáneo sin una linealidad histórica, sino como una superposición de tiempos infinitos.

La naturaleza muerta es ese tiempo infinito que se esconde detrás de una anamorfosis ontológica y fisiológica. Neomismos produce por tanto un efecto escenográfico del poder de la representación del capitalismo y de la sociedad del espectáculo. Una seducción sensorial en la que ser es ser percibido, por lo que el dominio debe ser percibido para existir en su trascendencia fosilizada.

Entonces nos preguntamos por lo que se esconde detrás de la naturaleza de lo real. Miramos a través del espejo y éste nos devuelve una imagen quebrada, un temblor recorre la carne y se activa ante la certeza de la existencia de lo velado sin poder tocarlo.

Dalia de la Rosa

“Trato hacer de lo obvio algo nuevo”

GraffitiPop, de Antonio de Felipe
Galería Thema
C / Plaza América, 4. Valencia
Hasta el 15 de abril de 2016

Dice que lo importante es “ser auténtico, hacerlo con verdad”. Curioso de un artista que ha convertido la ficción que representan los grandes iconos de masas en materia de su impactante obra. Curioso, pero de ninguna forma incoherente. De hecho, la autenticidad de la que habla Antonio de Felipe (Valencia, 1965) pasa precisamente por trabajar ese glamour de las grandes estrellas del cine, de la música y del deporte, hasta convertirlo en objeto de reflexión manifiesta en su obra. “Hay que aprender a ver y no quedarte con la primera impresión”, subraya.

Detalle del propio Antonio de Felipe en una de sus obras en la Galería Thema. Imagen de Carles Traver y Josevi Marco.

Detalle del propio Antonio de Felipe en una de sus obras en la Galería Thema. Imagen de Carles Claver y Josevi Marco.

Y la impresión que ofrece su trabajo es la de un artista pop que ha sabido aprovechar el atractivo de ciertos iconos para capturar la mirada fascinada del público. Marilyn Monroe, Audrey Hepburn o Madonna a modo de reclamo, de cebo. Nada más lejos de la verdad que Antonio de Felipe busca. “Le doy dos millones de vueltas a cada boceto”. Y si utiliza esos iconos en su obra, sin duda lo primero que salta a la vista, “es para tomar impulso”. Dice que es su manera de empezar, aferrándose a “algo seguro” para después dejar que vuele la imaginación. También porque él trabajó como creativo en una agencia de publicidad en los años 80 y le resulta “natural” utilizar esos iconos. “Toda esa formación es mi legado”, remarca.

A partir de ahí, Antonio de Felipe ha ido construyendo una obra que empezó mostrando hace 25 años en la galería Thema de Valencia, a la que ahora vuelve con su nueva serie GraffitiPop. Serie que exhibió en el Centro Cultural Casa Vacas de Madrid y que fue vista por más de 70.000 personas. Una selección de 12 lienzos y unas 15 obras sobre papel integran la exposición de su regreso a los orígenes. “No es un ejercicio de nostalgia, pero sí remueve ciertos sentimientos”. Como el hecho de que su padre, fallecido cinco años antes de aquella su primera exposición, no haya podido ver la rutilante trayectoria de su hijo.

Vista general de la exposición GraffitiPop, de Antonio de Felipe, en la Galería Thema. Imagen de Carles Traver y Josevi Marco.

Vista general de la exposición GraffitiPop, de Antonio de Felipe, en la Galería Thema. Imagen de Carles Claver y Josevi Marco.

“Soy un artista de pico y pala”

“Hago mi trabajo con tanta pasión que el espectador luego me lo devuelve”. Pasión y energía que convierten una charla con De Felipe en un alegato a favor de la creación como estímulo vital. “Tengo un pop más sofisticado”. Cuatro años le ha llevado crear su última serie. “Soy un artista de pico y pala; un trabajador nato”. Por eso no dudó en pintarse a sí mismo en medio de esos trabajadores que inmortalizó el fotógrafo Charlie Clyde Ebbets subidos en lo alto del Rockefeller Center, mientras se construía en plena Gran Recesión. Detrás de ellos, el artista valenciano coloca a la Marilyn Monroe que igualmente inmortalizó Winston.

“No es una Marilyn cualquiera y la imagen de los obreros es un guiño a Equipo Crónica”, explica el artista. Ese contraste entre el glamour de la estrella cinematográfica y la aspereza de los trabajadores atraviesa buena parte de la obra de Antonio de Felipe. “Trato de hacer de lo obvio algo nuevo”. Lo mismo sucede con la imagen de la Audrey Hepburn de ‘Desayuno con diamantes’, colocada frente a un graffiti que interpela su aura para hacerla más terrestre. “No estoy de acuerdo con eso de que el pop es fácil y no tiene discurso crítico”. Y vuelve a insistir en la necesidad de rascar esa primera capa de su obra.

Audrey Hepburn en una de las obras de Antonio de Felipe en la Galería Thema. Imagen de Carles Traver y Josevi Marco.

Audrey Hepburn en una de las obras de Antonio de Felipe en la Galería Thema. Imagen de Carles Claver y Josevi Marco.

“Me parece un error politizar el arte”

“El pop es como un puñetazo”, dice. Luego es cada espectador el que tiene que encajarlo a su manera. Ahora ese pop viene de la mano del graffiti. “Era un reto personal; nunca había utilizado el spray y es un ejercicio que ha catalizado mi creatividad”. De forma que el “chorreón” se mezcla con su “pintura depurada” para “fundir dos mundos de los que creo haber salido airoso”. También le ha perdido el miedo al autorretrato, porque dice haber alcanzado “un grado de madurez en la técnica y en lo personal”.

Con cerca de medio millar de exposiciones a sus espaldas, no entiende que todavía haya gente que relacione su obra con el anterior gobierno del PP, cuando en 25 años sólo ha expuesto en cuatro ocasiones en Valencia. “Me parece un error politizar el arte”. Y como en su obra siempre hay “aportaciones irónicas”, Antonio de Felipe se toma esas inquinas con espíritu fallero. “Es que mi obra es muy fallera porque conecta con lo lúdico y el pop”. E insiste: “Mi política es el arte”. Un arte repleto de iconos de la cultura de masas que Antonio de Felipe descontextualiza para crear su singular universo. Pasión y energía que hasta el 15 de abril eclosiona en la galería Thema.

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Salva Torres

Video de la exposición ‘GraffitiPop’ realizado por Carles Claver y Josevi Marco: