La ciudad a ojo de aguja

Valencia al detalle, de Tono Giménez y Tomás Gorria
Guía inusual de Valencia, que se presentará en octubre de 2016

Tono Giménez, que durante años ha ido fundamentando su colección fotográfica con múltiples detalles de la ciudad de Valencia, y Tomás Gorria, diseñador editorial y articulista, parecen haber seguido los pasos de Italo Calvino en Las ciudades invisibles. Como él, estos dos inquietos valencianos han trazado un mapa de su ciudad dibujado con aspectos minimalistas, sumamente delicados y que exige una percepción distinta a la habitual.

Tono Giménez (izda) y Tomás Gorria, autores de Valencia al detalle. Imagen cortesía de los autores.

Tono Giménez (izda) y Tomás Gorria, autores de ‘Valencia al detalle’. Imagen cortesía de los autores.

La Valencia al detalle que ambos viajeros interiores nos proponen está escrita “en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos”. Son palabras de Calvino, pero a buen seguro que las suscriben quienes a su vez ponen el acento en aldabas, bocallaves, canalones, escudos, puertas, rótulos, rejas, gárgolas, campanas y marquesinas.

“¿Podemos hablar de una Valencia inédita?”, se pregunta Gorria. Y su respuesta va en la dirección de esos detalles que, efectivamente, configuran una ciudad distinta, en la que “lo verdaderamente importante es casi invisible a los ojos, y en momentos como este, donde la vida transcurre tan deprisa”, explica el diseñador. La ciudad de Giménez y Gorria tiene mucho que ver con la sensación extraída de esas otras ciudades invisibles a las que alude Calvino: “Comprendí que debía liberarme de las imágenes que hasta entonces me habían anunciado las cosas que buscaba”.

Gárgola Catedral de Valencia.

Gárgola Catedral de Valencia.

Valencia al detalle pretende ser un libro para descubrir esas cosas que a simple vista pasan desapercibidas. Para ello se hace necesario rozar los cuellos de las camisas por delante o por detrás, de tanto alzar la mirada del suelo o penetrar en él en busca de altas gárgolas y canalones, y superficiales alcantarillas. Una mirada huidiza, ajena a la espectacularidad de Les Arts y al bullicio de Internet, y más próxima a la contemplación minuciosa.

Por ejemplo, de aldabas que invitan a golpear la puerta con la perplejidad de quien de pronto se da cuenta de su forma de anillo, de sus distintas cabezas (de perro, de diablo, del políticamente incorrecto moro). Aldabas, que no timbres, abriéndose paso entre una multitud de singulares puertas y casonas. Edificios majestuosos, como La Lonja, de cuyas paredes sobresalen figuras con gestos desvergonzados, y gárgolas que a veces sobrecogen. Detalles y más detalles que Gorria y Giménez, tanto monta, descubren en aras de quebrar esa imagen rutinaria de la Valencia turística.

Bocallave de las Torres de Serranos. Imagen cortesía de los autores.

Bocallave de las Torres de Serranos. Imagen cortesía de los autores.

La ciudad invisible que muestran ha necesitado el apoyo de 144 mecenas para que el proyecto vea definitivamente la luz en octubre, cuando será presentado el libro. La Administración bastante tiene con festivales de marca para fijarse en ciudad tan minúscula por fuera como grande por dentro. El crowdfunding o financiación colectiva vuelve a tener la “culpa” de que un proyecto modesto alcance la categoría de imperiosa necesidad. Porque Valencia, como dicen sus promotores, se merecía otra mirada.

Canalón de la Calle Pelayo. Imagen cortesía de los autores.

Canalón de la Calle Pelayo. Imagen cortesía de los autores.

Más allá del horroroso cableado que afea la ciudad y de la desidia que atesoran muchas calles, Valencia guarda pequeños tesoros que Tono Giménez y Tomás Gorria descubren. “Los rótulos que dan nombre a sus calles, las pequeñas esculturas de sus edificios góticos, las veletas que coronan sus cúpulas, pero también elementos menos conocidos como las tapas de las alcantarillas que han soportado millones de pisadas o los curiosos rostros de los canalones”. Todo eso y más conforma Valencia al detalle, que contará con una serie de rutas en las que diversos especialistas mostrarán a pie de calle algunas de esas joyas. “Es el posible despertar de un latente amor por lo justo, no sometido todavía a reglas, capaz de recomponer una ciudad más justa aún de lo que había sido antes de convertirse en recipiente de la injusticia”, por concluir de nuevo con Calvino.

Valencia al detalle.

Rótulo antiguo Café El Siglo, en la calle Paz, 1 de Valencia. Imagen cortesía de los autores.

Salva Torres

Ciencia ficción adolescente

‘Sin alas’, de Muriel Rogers
De la trilogía ‘La Esfera’. Muriel Villanueva y Roger Coch
Editorial Planeta

Hay dos formas de enfrentarse a la escritura. Escribir para expresar libremente tus ideas y sentimientos, o bien hacerlo para que te lea el mayor número posible de gente, despertar el interés comercial de las editoriales y vender más libros. Lo primero es relativamente sencillo, lo segundo bastante difícil, aunque no imposible. Muriel Villanueva y Roger Coch, ambos escritores y pareja en la vida real desde hace siete años, lo han conseguido con su proyecto a cuatro manos, La Esfera, una trilogía de ciencia ficción para jóvenes firmada por Muriel Rogers, fusión de  los nombres de una valenciana de Benimaclet y un catalán de L’Hospitalet residentes en Tarragona y con una hija pequeña. Combinando elementos de ‘Los juegos del hambre’, ‘Matrix’ o la película ‘Los sustitutos’ han elaborado una historia que, pese a desarrollarse en un lejano futuro, conecta a la perfección con nuestro tiempo de adicción a internet y las redes sociales.

“Roger y yo llevábamos muchos años escribiendo por nuestra cuenta en solitario, él está a punto de publicar su primera novela”, dice Villanueva, valenciana de Benimaclet. “Ambos seguíamos una línea poco convencional y pensamos en la posibilidad de hacer algo más comercial, que llegara a más gente y poder vivir así de la literatura”.

Cubierta de 'Sin alas', de Muriel Rogers. Editorial Planeta.

Cubierta de ‘Sin alas’, de Muriel Rogers. Editorial Planeta.

Dicho y hecho. Hace dos años mandaron una propuesta a la editorial Planeta, la sinopsis de la trilogía, plan de la obra y un capítulo de muestra. El éxito fue inmediato y La Esfera se publica en tres volúmenes a lo largo de este año. Acaba de salir ‘Sin alas’, a finales de mayo aparecerá ‘Las alas de Ícaro’ y en noviembre ‘El vuelo del Fénix’.

‘Matrix’ para chicos

La protagonista es Kala, una chica de 15 años, menuda, pelirroja, rebelde y atrevida. Vive en El Nido una ciudad aséptica en la que los humanos llegan a vivir cien años bajo el control de un poder omnímodo e invisible. Los ciudadanos están enganchados a un entorno virtual, el Otro Lado, que les permite disfrutar plenamente de todo lo que ansían. Kala rechaza esa dependencia y parte en busca de su amigo Beo que lleva un tiempo desaparecido.

“Tenemos en la cabeza varias precuelas y secuelas”, comenta Villanueva. “Nos encanta trabajar en esta historia. Como vivimos juntos y estamos muy compenetrados nos repartimos la faena sin problemas. Roger se ocupa del aspecto de los vídeojuegos, la ciencia ficción y las escenas de acción y aventura. Por mi parte me centro en la técnica narrativa y en la construcción de personajes”.

Muriel Villanueva y Roger Coch. Imagen cortesía de los autores.

Muriel Villanueva y Roger Coch. Imagen cortesía de los autores.

Se ha comparado ‘La Esfera’ con ‘Los juegos del hambre’ por el papel decidido y beligerante de la joven protagonista. Pero, según los autores, se aproxima más al universo de ‘Matrix’ con un mundo virtual paralelo, metáfora de la actual obsesión que experimentan los jóvenes por las redes sociales e internet.

“El principal mensaje que pretendemos transmitir es que hay que tener los pies en el suelo”, señala. “La vida está aquí, es lo palpable, no lo que circula en los vídeos y redes”.

La obra fomenta también la necesidad de luchar contra un poder tiránico y los valores del sacrificio, del esfuerzo y la amistad. Se plantea también la búsqueda de la identidad de la protagonista, su primer amor y el tema de los dobles.

Fiel al espíritu de la obra, la editorial ofrece una aplicación móvil gratuita para sumergirse de lleno en la aventura de Kara y sus amigos. Más información en www.comunidadlaesfera.es.

La Esfera.

Muriel Villanueva y Roger Coch. Imagen cortesía de los autores.

Bel Carrasco

“Los libros deberían ser compañeros de vida”

Colección de libros de autores clásicos para niños y adolescentes
Vicente Muñoz Puelles

Aproximar los clásicos a los niños y adolescentes no es tarea fácil. Si se  imponen como lectura obligatoria en la escuela, existe el peligro de que puedan reaccionar con rechazo incluso aversión hacia ellos. En contraste con el ritmo trepidante de los vídeojuegos y la comunicación instantánea por internet, las obras del pasado les parecen lentas, demasiado ceremoniosas. El escritor valenciano Vicente Muñoz Puelles ha desbrozado una senda por la que conducir el legado de los grandes hombres y mujeres de la historia hasta los más jóvenes.

Combinando capacidad fabuladora con erudición, ha escrito una colección de títulos en los que de una forma amena les descubre la vida, conquistas y hazañas de los grandes literatos, científicos y descubridores: Einstein, Marie Curie, Colón, Goya, Ramón y Cajal, Darwin….En plena celebración del 400 aniversario de Cervantes y Shakespeare no podía eludir un encuentro con estos dos genios de la literatura, y con ambos ha cumplido con creces y por igual. Así lo explica en esta entrevista en la que reconoce su fascinación por El manco de Lepanto y El cisne de Avon.

Portada de Don Quijote, de Vicente Muñoz Puelles.

Portada de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes. Editorial Anaya.

¿El hecho de que Cervantes y Shakespeare fueran coetáneos significa que en su época se alcanzó la cima de la literatura?

Lo fue si aceptamos la consideración general de que Shakespeare es el mejor autor en idioma inglés y el dramaturgo más importante del mundo, y de que el Quijote es la mejor obra literaria jamás escrita, ya que como tal suele figurar en las listas confeccionadas a lo largo del tiempo por escritores de prestigio. Por fortuna, la literatura es algo más que unas simples listas. Pero es cierto que la coincidencia temporal llama poderosamente la atención. Fue nuestro Siglo de Oro y la época dorada del teatro isabelino, un período en el que Inglaterra y España se disputaban el dominio de los mares, que es como decir del mundo.

¿Personalmente siente preferencia por uno de ellos? 

Me identifico plenamente con ambos. Con el humor irreverente de Cervantes, que influyó mucho en la literatura inglesa, como es bien sabido, y con la pasión incendiaria de algunas obras de Shakespeare, que prefigura el Romanticismo y tanto irritaba a nuestros ilustrados, como Moratín. Más que como escritores, tiendo a considerarlos como amigos y compañeros de viaje. Dicho esto, cabe mencionar que en mi pequeña biblioteca cervantina hay un Quijote en corcho y otras curiosidades, y una edición donde al final, en letra manuscrita, se dice: «Este fue el último libro que le leyeron a Ricardo Muñoz Carbonero». Es decir, a mi abuelo, que murió mientras lo escuchaba.

A primera vista parece que la difusión de Shakespeare es mucho mayor que la de Cervantes. ¿Qué opina al respecto?

En lo que se refiere a sus respectivos países de origen, es cierto que Shakespeare es más popular, leído y representado en el Reino Unido que Cervantes aquí. Pero, en lo que se refiere al mundo entero, Cervantes sigue siendo traducido y editado en todos los idiomas. Yo diría que, desde el momento de su muerte más o menos simultánea, su estimación universal anda a la par.

Usted ha publicado estos últimos meses algunos libros en relación con ambos escritores, y está escribiendo una adaptación del Quijote para niños de ocho a diez años. ¿Puede hablarnos de esos libros?

Ha salido una edición íntegra, con 8000 notas críticas y léxicas, en la editorial Anaya. Oxford University Press me ha publicado una adaptación de Hamlet, una antología del Quijote y una edición de las Novelas ejemplares. Y Anaya acaba de sacar mi novela ‘El misterio del cisne (El joven Shakespeare)’. Aparte de eso, en algunas de mis narraciones, como ‘El legado de Hipatia’, el Quijote ocupa un papel importante, y he escrito varios cuentos sobre Cervantes.

Miguel de Cervantes por Vicente Muñoz Puelles.

Novelas ejemplares, de Miguel de Cervantes, en adaptación de Vicente Muñoz Puelles.

¿Cómo va a plantearse el reto que le planteó Algar de resumir el Quijote en veinte páginas para niños de ocho a diez años? 

Hace once años esa editorial me pidió una adaptación para niños algo mayores, ilustrada por Manuel Boix. En cuanto al reto, la literatura infantil es mucho más experimental y creativa que la de los adultos. No preveo mayores dificultades.

¿A qué edad son los niños más receptivos a la lectura y cómo se les debería enganchar a los libros?

Los libros deberían ser objetos comunes y familiares, compañeros de toda la vida. Convendría que estuviesen con nosotros ya desde la cuna, y que jugásemos con ellos antes de aprender a leer. Entonces, cuando descubrimos que no solo sirven para sacarlos de las estanterías o para pasar sus páginas, sino que además cuentan historias y podemos llevárnoslos a la cama, es como si se abriese una ventana al mundo. No hay que forzar nada.

¿Los programas educativos vigentes sirven de algo al respecto?

Que yo sepa, no. Quizá lo importante no sean los programas educativos, sino el entusiasmo de los maestros y de los padres. Recuerdo un chiste gráfico en el que un niño, con un libro en las manos, le preguntaba a su padre, que miraba la televisión: «Papá, ¿tú sabes leer?»

Volviendo a Cervantes, ¿qué aspectos de su obra cree que tienen mayor interés para los lectores del siglo XXI?

Los mismos que en su época. En el fondo, nada ha cambiado. Las personas soportan mal la relatividad esencial de las cosas humanas, la incapacidad de hacer frente a la ausencia de un Juez Supremo, la vehemencia de un amor intenso, la certidumbre de la muerte. Se empeñan en distinguir con claridad el bien del mal, porque sienten el deseo de juzgar antes de comprender. Cervantes, y también Shakespeare, nos enseñan la sabiduría de la incertidumbre. De algún modo, nos animan a vivir con esa incertidumbre y a ser valientes.

¿Como miembro del Consell de Cultura, podría sugerir alguna actuación en la Comunidad como homenaje a la figura de Cervantes?

El mejor homenaje, acaso el único que merece la pena, es leerlo. Por otra parte, Valencia es un lugar estrechamente vinculado con Cervantes, que visitó Valencia a su vuelta de Argel, le dedicó encendidos elogios en ‘Los trabajos de Persiles y Segismunda’ y en otras obras y, como hemos dicho, imprimió aquí el Quijote. En cuanto al Consell Valencià de Cultura, hace años ya que editamos una hermosa edición de la Vida de Cervantes, de Gregorio Mayáns, primera biografía cervantina escrita, por cierto, a petición de un noble inglés. Pero siempre cabe la posibilidad de hacer algo más. En 1905, Valencia se volcó con motivo del III Centenario de la primera parte del Quijote, que se imprimió en esta ciudad. Hubo una procesión cívica, con senyera incluida, que partió del Ayuntamiento y descubrió una lápida de mármol blanco en el número 7 de San Vicente, donde se había impreso el libro. Se descubrió otra placa en la calle Cervantes, y en la calle de Guillem de Castro se inauguró ese monumento de Benlliure en el que don Quijote alza un busto de Cervantes. Dicho sea de paso, de niño ese monumento me inspiraba pesadillas, porque las dos cabezas muy juntas del escritor y de su personaje me hacían pensar que se trataba de un monstruo bicéfalo.

El escritor Vicente Muñoz Puelles. Fotografía de Laura Muñoz.

El escritor Vicente Muñoz Puelles. Fotografía de Laura Muñoz.

Bel Carrasco

“Ha decaído el interés por ver las cosas en directo”

Desayunos Makma en Lotelito
Con Moisés Mañas, Álex Marco, Rebeca Plana y Paco Sebastián, con motivo de la feria
ARCO de Madrid, que se celebra en IFEMA del 24 al 28 de febrero de 2016
Entrevistados por Jose Ramón Alarcón, Vicente Chambó y Salva Torres, del equipo de redacción de Makma

Alguien que lea el titular de este artículo se preguntará: ¿cómo es que ha decaído el interés por ver las cosas en directo si ARCO es un hervidero de gente? Para encontrar la respuesta se hace necesario leer lo que han dicho Moisés Mañas, Álex Marco, Rebeca Plana y Paco Sebastián durante el encuentro mantenido con ellos en Lotelito de Valencia, teniendo precisamente como motivo la Feria de Arte Contemporáneo (ARCO) de Madrid, que este año celebra su 35 aniversario, y por la que han pasado los cuatro artistas valencianos.

Rebeca Plana y Paco Sebastiá, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Rebeca Plana y Paco Sebastián, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Entienden que ARCO es un “gran escaparate” del arte contemporáneo, donde, como en toda feria, “se compra y se vende”. Álex Marco: “Y donde tú eres el producto…”. Moisés Mañas: “…con tu dignidad, evidentemente, pero dentro de una feria”. Un escaparate que Paco Sebastián caracteriza así: “Funciona como un gran festival, pero cuando el festival se cierra la gente deja de ir a ver lo que después debería continuar en las galerías”. De manera que “no responde exactamente a una realidad; responde a una fantasía que cuando desaparece concluye esa fantasía”, precisa Sebastián.

Rebeca Plana: “La gente piensa que vamos allí a divertirnos y nosotros a lo que vamos es a interrelacionarnos con otros artistas, conocer a comisarios que han hablado de nosotros, a periodistas que nos han nombrado. Yo ARCO lo veo para aprender”. Y añade: “Vamos buscando lo que se hace de puertas afuera de nuestra ciudad”. Marco dice que va a las ferias para ver “lo que ha salido recién del horno; verlo en vivo”. “Con ARCO parece como si todo se produjera de golpe y luego desapareciera”, señala Sebastián.

Álex Marco (izda) y Moisés Mañas, durante el Desayuno Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Álex Marco (izda) y Moisés Mañas, durante el Desayuno Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Mañas afirma que al tratarse de un escaparate, “si no vendes, sabes que por lo menos tu obra ha tenido repercusión; a mí siempre me ha venido bien”. Según Paco Sebastián, “ARCO es una gran fiesta y estaría bien que se convirtiera en pequeñas fiestas después”. Pero tras la gran hoguera… “Tendría que servir para que nosotros fuéramos a esas pequeñas fiestas, que no vamos”, sostiene Plana. Esas pequeñas fiestas que son las inauguraciones de exposiciones en las galerías y, sobre todo, el día a día posterior es lo que se echa de menos.

Álex Marco y Paco Sebastiá, durante la charla. Fotografía: Fernando Ruiz.

Álex Marco y Paco Sebastián, durante la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

Moisés Mañas es contundente a este respecto: “Los que estudian Bellas Artes son bichos raros”. Y se explica: “Las facultades de Bellas Artes ya no son facultades de Bellas Artes, porque antes quien entraba a la facultad estudiaba Bellas Artes y ahora entran a estudiar animación. La ilusión de trabajar con galerías, ir a ferias y mostrar tu propio trabajo se ha diluido y el boom está en la animación o en la ilustración básicamente”. Rebeca Plana dice que fue hace dos semanas a la Facultad de Bellas Artes de Valencia “y no vi ningún alumno trabajando con bastidor, ni con carpeta debajo del brazo”.

Moisés Mañas, durante la charla. Fotografía: Fernando Ruiz.

Moisés Mañas, durante la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

“Todos quieren ser ilustradores o animadores, pero nadie quiere trabajar en arte contemporáneo. Es un momento complejo en el que los alumnos tienen unas carencias culturales espectaculares”, abunda Mañas. Según Álex Marco, en su generación “muy pocos alumnos iban también a las galerías o se enteraban de cómo estaba el comercio”. Rebeca Plana y Paco Sebastián, al unísono: “¡Eso sigue pasando!” Y Sebastián continúa: “Los alumnos ya no visitan las galerías, de manera que volvemos a lo mismo: ARCO concentra todo y luego ya no hay nada. Las microfiestas esas, después de la gran fiesta de ARCO, son como mucho las inauguraciones y poco más. Ha decaído el interés por ver las cosas en directo”.

Rebeca Plana, en un momento de la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

Rebeca Plana, en un momento de la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

Desinterés, pues, como efecto de esa tendencia a la espectacularidad, no sólo de las ferias sino del espacio visual en general, y de los cambios de hábitos: menos arte contemporáneo y más arte digital, con lo que eso conlleva de experiencias más instantáneas a través de Internet y las redes sociales. “En ARCO -explica Sebastián-, cuando hablas con otra galería siempre hay una mirada por encima del hombro, no por desprecio, sino porque están mirando al stand de enfrente. Nadie te atiende mirándote a los ojos, algo que a mi me molesta mucho”.

Moisés Mañas interviene para dejar clara una cosa: “Es que la galerías se gastan muchísimo dinero y si no lo rentabilizas cierras la empresa. De manera que el cachondeo, después de ARCO, y a nosotros los artistas nos interesa que ellos estén así”. Rebeca Plana cree en el concepto de galerista (“pienso que tienen que estar ahí”), porque a ella le han ayudado “mucho”, pero ahora comenta que está más por vender sus proyectos “sin necesidad de galeristas”. Y sale el nombre de Carlos Macià, al que le va muy bien trabajando por libre.

De izquierda a derecha, Vicente Chambó, Salva Torres, Jose Ramón Alarcón, Rebeca Plana, Paco Sebastián, Álex Marco, Moisés Mañas y Carles Claver, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

De izquierda a derecha, Vicente Chambó, Salva Torres, Jose Ramón Alarcón, Rebeca Plana, Paco Sebastián, Álex Marco, Moisés Mañas y Carles Claver, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Con respecto al “efecto llamada” que generan ciertas piezas provocadoras en cada edición de ARCO, hay su controversia. “Las obras que generan ese efecto son las que hacen que la gente piense que el arte contemporáneo es una mierda”, indica Mañas. “La gente al final no va a ver arte contemporáneo, va al circo”, sostiene Plana. Aunque todos ellos reconocen que a veces el galerista utiliza alguna pieza provocadora, con el fin de atraer la atención y que la gente se fije en otras piezas expuestas al lado de esa. Álex Marco concluye que “la pieza reclamo de ese tipo de sensacionalismo seguro que aparecerá”. Y adelanta la de una galería de Alabama, que expone un Mercedes de los 70 en mitad del stand intervenido por un artista. Ellos cuatro se acercarán como cada año a ARCO, porque ARCO da para eso y mucho más.

Salva Torres

¡¡¡Que vienen los marcianos!!!

La guerra dels mons 2.0, de L’Horta Teatre
Teatro Principal
C / Barcas, 15. Valencia
Hasta el 7 de febrero

El 30 de octubre de 1938, todavía bajo los efectos de la crisis económica, muchos habitantes de Nueva York y Nueva Jersey  creyeron por un rato que los marcianos invadían la tierra. Se trataba de una lectura dramatizada de La guerra de los mundos de H.G. Wells realizada con tal realismo por Orson Wells que desató el pánico traspasando la barrera que separa lo imaginario de lo real.

Escena de 'La guerra dels mons 2.0', de L'Horta Teatre. Imagen cortesía de la compañía.

Escena de ‘La guerra dels mons 2.0′, de L’Horta Teatre. Imagen cortesía de la compañía.

Han pasado 70 años desde aquel suceso que anunciaba el tremendo poder de los medios de comunicación hoy multiplicado por mil a través de internet y las redes sociales. La mítica emisión radiofónica de Wells puede considerarse como el primer fenómeno viral de la historia. Sobre ello reflexiona La Guerra dels mons 2.0 (La Guerra de los mundos 2.0) de la compañía L’Horta Teatre, que se representa en valenciano en el Teatro Principal hasta el 7 de febrero.

El espectáculo supone la culminación de las celebraciones de los 40 años de la compañía que nació en los setenta en la Huerta Sur como grupo amateur y luego se profesionalizó bajo la dirección conjunta de Alfred Picó y Carles Alberola.  “Un proyecto importante para celebrar nuestras cuatro décadas estaba por encima de nuestras posibilidades”, dice Picó. “Dentro del Plan de coproducciones de CulturArts hemos podido crear un gran espectáculo. Incluye tres músicos en directo, con una composición original de Andrés Valero, audiovisuales, y la posibilidad de estar por primera vez y durante nueve días en el Teatro Principal».

Escena de 'La guerra dels mons 2.0', de L'Horta Teatre. Imagen cortesía de la compañía.

Escena de ‘La guerra dels mons 2.0′, de L’Horta Teatre. Imagen cortesía de la compañía.

Arropados por la música de Valero sólo tres actores; Verónica Andrés, Álvaro Báguena y Jordi Ballester, crean una atmósfera de intriga que envuelve al público. “Existe un inquietante paralelismo entre los Estados Unidos de aquella época y la Europa de hoy”, dice el autor y director de la pieza Roberto García. “Dos sociedades que salen de una depresión económica,  sensibles al miedo. Antes de una gran guerra y ahora a amenazas terroristas, la crisis del ébola, convulsiones financieras, etcétera. Todo esto está presente en nuestro espectáculo, al igual que la figura de Orson Welles, que podría ser un cuatro personaje”.

El trabajo de los actores “añaden un plus emocional a un espectáculo ya de por sí sugerente y estimulante”, añade García. El equipo artístico, íntegramente valenciano, lo completa: Luis Crespo, responsable de la escenografía, Ximo Rojo, de la iluminación, Pascual Peris, el vestuario y Assad Kassab de la imagen gráfica.

L’Horta Teatre traslada ese primer ‘fenómeno viral’ que fue la emisión radiofónica de Wells a la época actual. Con una trama adictiva y una intriga creciente sumerge al espectador en un juego de espejos, como los que le gustaban a Orson Welles. Un espectáculo hipnótico de plena actualidad que habla de la confusión que genera no saber qué es verdad y qué es mentira, y del  miedo como la más efectiva arma de manipulación masiva.

Escena de 'La guerra dels mons 2.0', de L'Horta Teatre. Imagen cortesía de la compañía.

Escena de ‘La guerra dels mons 2.0′, de L’Horta Teatre. Imagen cortesía de la compañía.

Bel Carrasco

Humor contra fanatismo

Dessins en liberté (Dibujos en libertad)
Institut Français de Valencia
C / Moro Zeit, 8. Valencia
Hasta el 17 de febrero de 2016

El Roto, Ulises, Ajubel y Kap son los cuatro viñetistas españoles o residentes en España que participan en la exposición itinerante Dessins en liberté (Dibujos en libertad), que conmemora en clave de homenaje a las víctimas de la trágica matanza de los periodistas de Charlie Hebbo hace un año en París.

Ilustración de El Roto. Institut Français de Valencia.

Ilustración de El Roto. Institut Français de Valencia.

Producida por el Instituto Francés y el semanario Courrier International, la inauguró el pasado jueves en la sede del Instituto Francés de Valencia el presidente de la Unión de Periodistas, Sergi Pitarch. En total son medio centenar de dibujantes procedentes de 45 nacionalidades distintas que, a través de sus obras, combinando el ingenio, el humor y la ironía levantan una sólida barrera contra el fanatismo y el terror.

Ilustración de Bado. Institut Français de Valencia.

Ilustración de Bado. Institut Français de Valencia.

Abierta hasta el 17 de febrero, esta muestra incluye una docena de paneles dedicados a una temática específica de plena actualidad relativa a la libertad de expresión: censura, internet, corrupción, derecho de la mujer, racismo, rebeliones, clima, etcétera.

En recuerdo a los acontecimientos de enero de 2015 contra la redacción de Charlie Hebdo, el objetivo de esta muestra es “ensanchar la perspectiva ilustrando la manera en la que la libertad de expresión se ejerce hoy en día en todos los continentes”.

Ilustración de Boligan. Institut Français de Valencia.

Ilustración de Boligan. Institut Français de Valencia.

A partir de la conocida ilustración de los cigarrillos Gitane, Ulises hace un alegato contra el racismo, un tema que tratan también el canadiense Bado (El racismo es el otro), el argentino Langer o Glez de Burkina Faso y el mexicano Boligan. No es casualidad que en el panel dedicado a poner en solfa la corrupción aparezcan otros dos españoles: El Roto con una de sus imágenes que valen por millones de palabras y Kap con una viñeta de corte clásico que representa a un grupo de trajeados con los bolsillos rebosantes de billetes ante una caja fuerte vacía llena de telarañas: No sabemos lo que ha pasado…¡pero hace unos años la caja estaba llena!

El cubano Ajubel que residió varios años en Valencia, donde fue editado por el sello MediaVaca, opta por una imagen siniestra de un hombre barbado con y sin cabeza: Je pense…donc je ne suis plus!

Ilustración de Krauze. Institut Français de Valencia.

Ilustración de Krauze. Institut Français de Valencia.

Ilustración de Haddad. Instituto Francés de Valencia.

Ilustración de Haddad. Institut Français de Valencia.

Bel Carrasco

“El artista debería estar protegido”

Desayunos Makma en Lotelito
Con Mariángeles y Enrique Fayos, responsables del Teatro Olympia que celebra sus 100 años
Entrevistados por Jose Ramón Alarcón, Merche Medina y Salva Torres, del equipo de redacción de MAKMA

Mariángeles y Enrique Fayos dicen llevar el teatro en la sangre: “Forma parte de nuestro ADN”. Son, más que obligados deudores del legado paterno, fieles y apasionados continuadores del Teatro Olympia que ahora cumple 100 años. “El peaje que pagas por lo que tanto te gusta es alto porque desatiendes a la familia”. Pero la familia lo entiende, porque una pasión como esa no es cualquier pasión. Y se nota. Ambos defienden el teatro y el cine (porque el Olympia fue durante muchos años cine) como si estuviera en juego su propia vida. Al igual que defienden la cultura, recogida como un derecho en el artículo 44.1 de la Constitución.

Mariángeles Fayos, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Mariángeles Fayos, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

“Las inversiones en cultura se multiplican luego por siete”

“Todas las inversiones en cultura se multiplican por siete, algo que no ocurre por ejemplo en el sector del automóvil”, dice Mariángeles Fayos, presidenta a su vez de AVETID, la Asociación Valenciana de Empresas de Teatro y Circo que el pasado lunes entregó sus premios, entre los cuales, por sorpresa, se coló uno de reconocimiento a su propia labor en el Olympia. Por eso no entienden que sea el sector de la cultura “el que menos ayudas públicas reciba”, contrariando “la fama que tiene de vivir de las subvenciones”. Lo cual, zanjan, “es falso”. Además, el tan criticado IVA cultural del 21%, “gestado con improvisación por un ministro [José Ignacio Wert] que era un mediano”, está “destrozando las salas pequeñas y medianas”. De ahí su proclama: “La cultura debería tener un IVA super reducido”.

Enrique Fayos, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Enrique Fayos, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

“La cultura es el oxígeno de la sociedad”

Tienen la certeza de que el teatro es o debería ser “catalizador de la sociedad”. Y ponen como ejemplo el Sócrates de José María Pou que recientemente ha visitado el Olympia, para reflexionar en torno a la democracia en tiempos en que esa democracia se ve actualmente amenazada por diversos flancos. También comparten la necesidad de preservar el talento: “El artista debería estar protegido”. Al igual que los teatros y la cultura: “Somos el oxígeno y el motor de la sociedad”.

Mariángeles Fayos, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Mariángeles Fayos, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Recientemente han recibido también la Medalla del Consell Valenciá de Cultura por esos 100 años del Teatro Olympia, “bien cultural vivo de la ciudad”, destacó en la entrega del galardón su presidente Santiago Grisolía. “No hay tradición en el Consell de darle ese premio al teatro”, lo cual añade brillo a la distinción, subraya Enrique Fayos. Recuerda, al hilo de esa medalla, que Valencia fue en los años 50 una “potencia teatral”, con salas “como el Alcázar, Novedades, Eslava y otras muchas”. Y que el Olympia llegó a tener seis meses en cartel la película El expreso de medianoche, cuando era cine donde se proyectaban películas de Tarzán o de los hermanos Marx, o vendidas con meses de antelación las entradas para ver a Moncho Borrajo.

La recuperación de Valencia como potencia teatral pasa, dicen, por una “política cultural a largo plazo”, por una “transparencia y equidad en las ayudas”, por una “colaboración y no competencia entre lo público y lo privado” y por una “orden de ayuda a las salas que impulse la industria cultural”. Ven signos “esperanzadores” en el nuevo gobierno de la Comunidad Valenciana, aunque reconocen ciertas prisas porque “el sector teatral está en urgencia”. Y eso que, como precisan, “con poco dinero se arreglaría el problema del teatro en Valencia”.

Enrique Fayos, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Enrique Fayos, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

“Entiendo que se paralizara el concurso del Teatro Musical”

Aunque no todo depende del dinero. “Entiendo que el Ayuntamiento de Valencia paralizara el concurso público para la gestión del Teatro Musical”. Lo entiende porque, según Enrique Fayos, “no puede ser que lo más importante fuera lo económico en lugar de primar la calidad de la oferta presentada”. Y destaca, como ejemplo de buena gestión privada, que “se puede hacer más con menos”.

Ahora ven nuevas amenazadas a la siempre frágil existencia del teatro, donde “el margen de rentabilidad es muy ajustado”. “Hoy la competencia no proviene del fútbol, sino de Internet y del móvil”, dicen, por aquello de la ingente oferta cultural a través de otros medios. Y no sólo para ellos como responsables de un teatro, sino para el propio actor desde otro punto de vista: “Que durante un espectáculo se enciendan 50 luces de móvil, genera un problema emocional al actor que piensa que no está atrapando la atención del espectador”.

De izquierda a derecha, Jose Ramón Alarcón, Merche Medina, Salva Torres, Mariángeles Fayos y Enrique Fayos, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

De izquierda a derecha, Jose Ramón Alarcón, Merche Medina, Salva Torres, Mariángeles Fayos y Enrique Fayos, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Para celebrar los 100 años del Olympia tienen pensado, entre otras cosas, realizar tertulias del público con los actores, actuaciones en la entrada del teatro y una exposición con fotografías que reflejen ese siglo de la escena en Valencia. Un siglo que empezó el 10 de noviembre de 1915 con la ópera El Barbero de Sevilla y ha tenido su prolongación exitosa con la reciente Escenas de la vida conyugal de Ricardo Darín. “Es un actor con un enorme tirón; un mito”. Como lo es ya el Teatro Olympia.

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Enrique y Mariangeles Fayos. Fotografía: Fernando Ruiz.

Enrique y Mariangeles Fayos, tras los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Salva Torres

Harddiskmuseum, el museo de arte intangible

Harddiskmuseum, de Solimán López
Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT)

Los artistas visuales tienen un lugar destacado en esta sociedad, existen lugares y espacios donde pueden expresarse, decir lo que creen, lo que piensan: el mundo los mira, pero, ¿qué tipo de arte refleja nuestro tiempo?

Vivimos en una realidad en la que existe un sinfín tanto de intereses como de oportunidades; y para interactuar en ella utilizamos la creatividad como medio para resolver los problemas que se nos presentan. Como nos recuerda Nietzsche en su obra, necesitamos la estética para no sucumbir ante la realidad.

Los museos son una fuente inagotable de información donde podemos acceder a la contemplación y al disfrute de obras de arte únicas, genuinas, producto del pensamiento y la actividad de los artistas. En los espacios museísticos podemos contemplar el presente y el pasado de la historia humana a través del arte. Tenemos museos clasificados por temáticas, estilos, períodos de tiempo, etc.; de este modo podemos contemplar la línea de tiempo humana a través del arte.

Pero ¿dónde se expone el arte intangible? El Harddiskmuseum está especialmente creado para albergar obras de arte intangibles, un museo creado por un artista, donde el arte digital y lo efímero -efímero como puede serlo el concepto de un bit, que no tiene color, ni tamaño ni peso y puede desplazarse a la velocidad de la luz- se expresan en toda su amplitud. Obras creadas por medio de un código, de tipo binario, a base de ceros y unos, donde bits y pixeles se combinan para crear nuevos conceptos artísticos ampliando las fronteras del arte. Esto es lo que se respira, por ejemplo, en las obras de Solimán López, que no por proceder -entre otras cosas- de un lenguaje en código binario, sus obras tengan frialdad ni sentido de lo humano, todo lo contrario.

Código binario.

Cereos y unos son parte del código binario. Imagen capturada de Internet.

En palabras de Solimán López http://solimanlopez.com/ -artista y director de ESAT LAB- el laboratorio de la Escuela Superior de Arte y Tecnología www.esat.es: “El harddiskmuseum no divaga en un desierto de propuestas alternativas, sino que se suma al arte urbano, efímero, net-art y otros soportes para dialogar sobre este organigrama del arte y la sociedad. Abrir una línea confusa entre la figura del artista, la del museo, la de los presupuestos de cultura, la de la sociedad del conocimiento, la de la memoria, el starsystem del arte y, por qué  no, entretejer nuevos modelos expositivos, participativos, creativos y productores de ideas y reflexión”.

En el Harddiskmuseum (HDDM) nos encontramos con obras de arte digitales, recientes -si contamos el poco tiempo que los artistas disponen de esta tecnología, más asequible que en sus comienzos-, obras creadas por medio de computadoras. Sabemos cómo finalmente internet ha cambiado el funcionamiento del mundo, pero antes de ello las imágenes realizadas con ordenadores también han influido en el mundo, en este caso, en el mundo del arte.

Las posibilidades que nos presenta la tecnología informática son infinitas, hoy día crear por medio de la combinación de software y hardware nos permite desarrollar un nuevo lenguaje visual donde los artistas se expresan. Lo digital es el código de comunicación común a todas las personas, instituciones, gobiernos y empresas. En comparación con otros medios de expresión artística, el ordenador se ha convertido en un instrumento que ha transformado nuestra sociedad y cultura como no lo ha hecho ningún otro en las últimas décadas.

El Harddiskmuseum pretende además reflexionar al respecto de la idea de convertir un museo en sí mismo en obra de arte, en instalación interactiva y obra colectiva, donde cada individuo y actor del mencionado organigrama del arte, desarrolla su mismo trabajo en torno a una propuesta artística, porque el disco duro no entiende de contenidos, sólo abre su memoria para que sea impregnada de buenas o malas ideas. Según nos dice el creador del museo.

Harddiskmuseum.

Vista frontal del Harddiskmuseum.

La observación de las obras en el HDDM se realiza de forma presencial, física. Así como algunas obras de arte creadas por la humanidad viajan en satélites para exponer al universo la creatividad del ser humano, en el caso del museo de arte intangible, las obras se exponen en pantallas; el soporte natural de los artistas que crean por medio de ordenadores: los futuros Miró, Velázquez, Dalí o Goya.

Por medio de unas carpetas que el espectador deberá tocar se visualizará la obra; imagen que será proyectada en una pantalla, como si hubiera sido pintada en un lienzo. En este aspecto el museo es convencional: hay que ir hasta él para ver las obras que allí se alojen, pero la experiencia sensorial, la contemplación de la obra y la emoción que nos depare, será distinta, inédita, actual, moderna o futurista -moderna tanto como lo es la tecnología de que disponemos-. Aunque su contenido es digital, la estructura del museo -el disco duro- es analógica, está creado con átomos. Su arquitectura y sus partes están compuestas de acero, plástico, etc.

Según Gilles Lipovetsky, “en la era hipermoderna, ser artista no es sólo crear obras con la esperanza de que se reconozcan en el futuro, sino también comunicar una imagen, figurar en el “Kunst Kompass”, estar cada vez más presente y ser cada vez más hipervisible en el mercado mundial del arte”.

Manifiesto intangible.

Portada del Manifiesto Intangible de Solimán López.

Vivimos en un mundo globalizado, en pocos años hemos pasado de vivir únicamente en un mundo analógico, sólo compuesto de átomos, a vivir también (porque lo analógico no murió) en un mundo digital. Átomos y bits hoy día interactúan permanentemente diseñando el mundo actual donde vivimos. Lo digital ha convertido la imagen en un texto no convencional que, convertido en viral, se funde en el alma de lo global. Sepamos cómo movernos en este mundo en el que los bits son los protagonistas.

Según la web del HDDM http://harddiskmuseum.com/ el equipo del museo está formado por artistas, diseñadores, pedagogos, críticos, comisarios y profesionales del mundo del arte, la cultura y la educación que ponen a disposición del mundo una nueva herramienta de apoyo y difusión.

La repercusión que ha tenido en prensa escrita, redes sociales, revistas digitales y medios de comunicación ha sido muy completa y amplia; El Mundo, Europa Press, Makma, Revista Gràffica, Arteinformado, Informativos Telecinco, Madrid Press, Yahoo, Bonart, Radio Onda Cero, etc. han sido algunos de los medios -entre más de 30- que se han hecho eco de la noticia difundida a mediados del mes de junio por la Plataforma de Arte Contemporáneo (PAC) http://www.plataformadeartecontemporaneo.com

Muchas de las obras del HDDM nos invitarán a la reflexión y al pensamiento. El museo se presentó en sociedad en el mes de Septiembre del 2015 en la Galería Punto, Valencia. El nombre de la exposición sugiere la cualidad de su contenido: líquido.

Alejandro Macharowski

 

“La corrupción es lo que más me cabrea”

El regreso del Catón, de Matilde Asensi
Planeta Libros

Matilde Asensi es sin duda la escritora valenciana que más libros de ficción vende. En el cambio de milenio se dio a conocer con El salón de ámbar y Iacobus, pero fue El último Catón (2001), su tercer título, el que la consagró a nivel internacional.  Tras su trilogía Martín Ojo de Plata, Asensi recupera la historia que le dio celebridad con El regreso de Catón, número uno en la lista de best sellers, una tirada inicial de 200.000 ejemplares y más de veinte millones de lectores. “No me abruman estas cifras”, dice la autora.  “Procuro que se queden fuera de mi vida y de mi trabajo, porque quiero seguir siendo yo, una persona normal que disfruta con lo que hace, sin presiones”.

En esta historia la pareja de arqueólogos y paleógrafos, Ottavia y Farag Boswell,  protagonistas de El último Catón, son 15 años más mayores, pero mantienen sus ansias de aventuras, y por encargo de unos ancianos archimillonarios emprenden la búsqueda de los huesos de Jesús y su familia. Con ese objetivo emprenden un largo y accidentado viaje que les lleva desde Canadá a Tierra Santa pasando por Mongolia, las alcantarillas de Estambul y la Ruta de la Seda. Acción, misterios y secretos antiguos se entretejen en las peripecias de los personajes que culminan su periplo en las entrañas del monte Merón, en la Alta Galilea, al norte de Israel. Una intrincada red de túneles y pasadizos creada 800 años atrás por los descendientes de los Asesinos, en la actualidad ismailitas nazaríes.

El regreso del Catón, de Matilde Asensi. Planeta

El regreso del Catón, de Matilde Asensi. Planeta

¿Le molesta que le comparen con Dan Brown o con Indiana Jones?

No, pero no lo entiendo. Es como comparar un coche con un pez. Aunque lo de Indiana Jones me gusta, al contrario que lo de Dan Brown.

¿Resucitó a Catón para complacer a sus seguidores o por deseo personal?

Por las dos cosas y, además, en ese orden: primero para complacer a mis lectores que pedían más de la misma canción como en la radio y, segundo y a continuación, ya por deseo personal.

¿Cómo les ha puesto 15 años encima a sus personajes?

Contando las cosas que les han ocurrido durante este tiempo. Como cualquiera de nosotros, siguen siendo los mismos pero con más experiencia, con más historia.

¿Cuál fue la parte más dura del proceso de documentación? ¿Estuvo personalmente en alguno de los lugares que describe?

Lo más difícil fue encontrar toda la bibliografía que necesitaba. Casi siempre necesito libros raros que ya no se encuentran en ninguna parte y, en El regreso del Catón, fue aún más difícil por la crisis y la falta de reediciones. Y, sí, estuve en muchos de los lugares que describo.

Matilde Asensi. Fotografía de Carlos Ruiz.

Matilde Asensi. Fotografía de Carlos Ruiz.

La Iglesia planea sobre toda la historia. ¿Se considera católica y/o practicante? ¿Qué opina del Papa Francisco?

No, no me considero católica ni practicante. Ni siquiera creyente. Pero he crecido dentro de esa fe y no de otra distinta. Quizá por eso puedo decir que Francisco me cae muy bien, es el Papa que necesitaba la Iglesia católica hace mucho tiempo.

Si se descubrieran los huesos de Cristo y su familia y se pidiera probar científicamente, ¿cómo cree que afectaría al cristianismo y al mundo en general?

Al cristianismo, en nada. La fe seguiría siendo la misma porque la fe siempre va más allá de cualquier argumento. Al mundo en general, como descubrimiento histórico, le aportaría un gran conocimiento sobre los orígenes de nuestra cultura occidental.

Usted es una defensora acérrima de Internet y las redes sociales. ¿No cree que también tienen su lado oscuro?

Tienen el mismo lado oscuro que la vida fuera de Internet. Internet y las redes sociales son un espejo de la sociedad, nada más.

Le esperan varias semanas de viajes y entrevistas para promocionar su obra. ¿Cómo lleva esa parte del oficio de escritor de éxito?

Es agotador, pero también muy satisfactorio porque entras en contacto con tus lectores. De todas formas, creo que es la parte más dura del oficio de escribir.

¿Qué es lo que más le cabrea de la realidad que vivimos?

La mentira y la corrupción política. La manipulación en la que nos hacen vivir para seguir agarrados a los cargos públicos. No entiendo cómo pueden dormir por la noche sin tener pesadillas o remordimientos. Si de verdad creen lo que dicen (cosa que considero imposible), es que viven dentro de una burbuja y no se enteran de lo que vive, opina y siente la gente de la calle.

Matilde Asensi. Fotografía de Carlos Ruiz.

Matilde Asensi. Fotografía de Carlos Ruiz.

Bel Carrasco