Un palco en el teatro del mundo. Cueto Lominchar

Un palco en el teatro del mundo. Colección Pura Formalidad. Cueto Lominchar
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
C/ Universitat, 2. Valencia
Hasta el 10 de septiembre de 2017

La nueva exposición del conocido fotógrafo Cueto Lominchar, se ubica en La Nau, antigua Universidad de Valencia fundada en el siglo XV, que actualmente, además de constituirse como sede del rectorado, cumple la función de espacio cultural, sirviendo como punto de encuentro a través de una seleccionada programación de diversas expresiones artísticas, como ocurre en el caso de la exposición que nos ocupa: Un palco en el teatro del mundo. Colección Pura Formalidad, en cuyo caso, el trabajo del artista en este enclave resultará significativo ya que desde el año 2011, el trabajo de Cueto Lominchar no había sido expuesto en Valencia.

La muestra, comisariada por Ricardo Forriols, se compone de una limitada selección del proyecto cuya extensión alcanza las dos mil imágenes para ser exactos. Puede resultar una cantidad abrumadora, pero, si se considera que la producción del artista oscilará entorno a las ochocientas mil imágenes, se comprende que se trate de una concienzuda elección.

Un palco en el teatro del mundo. Colección Pura Formalidad se insinúa claramente en dos apartados. El primero presenta una selección de retratos tomados, aparentemente al azar, retratos en los que se aprecian gestos y movimientos de personas anónimas, mientras llevan a cabo su vida inconscientes de ser objeto del punto de mira de la cámara de Cueto. La genialidad de esta primera aproximación reside en la desinhibición de los modelos, y en la delicadeza de las tomas. No se puede olvidar, la tendencia voyeur del propio artista, cuyo obturador capta instantes tras el cristal del propio estudio.

‘Un palco en el teatro del mundo’, de Cueto Lominchar. Imagen cortesía de la Universitat de València.

‘Un palco en el teatro del mundo’, de Cueto Lominchar. Imagen: cortesía de la Universitat de València.

En la segunda sección, se establece un marcado paralelismo entre las propias fotografías del autor y obras fundamentales en la cultura visual, abarcando desde ‘Diana cazadora’ obra atribuida al siglo XVI, hasta ejemplos cinematográficos como la ‘Ventana indiscreta’ obra fílmica de Hitchcook. Esta amable coincidencia, pone en alerta al espectador, quien posiblemente llegue a la conclusión de que no somos tan distintos, que en ocasionas la belleza de los detalles traspasa las fronteras espacio-temporales.

A pesar de los diferentes discursos, de ambas salas, no podemos olvidar que se trata de una exposición conjunta, y no de trabajos independientes. Ya que no podríamos alcanzar el paso comparativo, sin conocer el trabajo previo del autor.

Si retomamos, el aspecto de ver sin ser visto, resulta casi automático referirnos a conductas vinculadas a las redes sociales, entre las cuales nos escabullimos silenciosamente para conocer un poco más de las personas, conocidas o no. Por tanto, no deja de recordarnos a la conducta voyeur ya mencionada, viendo sin ser vistos. Del mismo modo, ‘Un palco en el teatro del mundo’, cumple quizá el mismo papel, exponiendo la ajetreada y aburrida vida común, tras el filtro de una cámara.

Dueto de Cueto Lominchar. Imagen cortesía del autor.

Dueto de Cueto Lominchar. Imagen: cortesía del autor.

Victoria Herrera Lluch

Metrópoli, un instante solidificado

‘Con-vivencias urbanas’, de José Juan Gimeno
Galería Alba Cabrera
C / Felix Pizcueta, 20. Valencia
Inauguración 26 de enero de 2017 a las 20h

En un mundo tan convulso como apasionante, la coexistencia pacífica y armoniosa en las ciudades nos remite a los espacios de con-vivencia que propone José Juan Gimeno (Valencia, 1961) en esta exposición. La singularidad marca el límite entre lo público y lo privado; desdibuja la realidad de lo cotidiano en un envite anónimo que se resigna a interpretar aquellas curiosidades que esconde ante los ojos fascinados del espectador. Esto no es una ciudad, es la ciudad por donde el artista deambula observando cuando la ciudad enmudece y el ocaso asoma, y aguarda hasta que todo y el todo silencian su actividad para dejar la vida solidificada y captar ese instante. Gimeno, apuesta por una soñada quietud donde la linealidad del trazo ordenado del lienzo o soporte se yuxtapone y este ejercicio requiere que el artista agudice sus sentidos “en una búsqueda donde la poética de lo privado y el lugar de paso marca una sinfonía pictórica”, en sus palabras.

Lo primero que observamos es la intencionada ausencia humana, una acción inactiva que cubre de misterio su aguda mirada de la metrópoli. José Juan Gimeno intercala y superpone iconografías donde modula, por ejemplo, dos estaciones que indican la salida y la llegada con dos puntos geográficos distantes en más de 300 kilómetros de distancia. A nuestra imaginación se le otorga el encargo de realizar el recorrido que une a dos ciudades o a dos barrios, en segundos, facilitando en una misma instantánea esta quimera fantástica. Esta particular visión de congregar en una misma obra dos ubicaciones, como se señala, y proponer líneas como ‘excusas visuales’ es una realidad capaz de establecer vínculos cercanos al imaginario cubista.

Se nos descubren escenografías en un paseo que se detiene donde los espacios recobran el anonimato que el antropólogo francés Marc Augé (1935) denominó como “no-lugar”: esos lugares donde la transitoriedad carece de importancia para ser verdaderos “lugares”. José Juan Gimeno convierte lo urbano en un tema recurrente y coincide con Augé en fijar su foco en la configuración de los espacios, esos espacios donde se han definido sin duda por el transitar inexistente de individuos en el momento captado en una iconografía muy característica en su obra.

Una de las piezas de José Juan Gimeno. Imagen cortesía Alba Cabrebra.

Una de las piezas de José Juan Gimeno. Imagen cortesía Alba Cabrebra.

¿Cuál es el sentido de la persistencia de las ventanas que aparecen diseminadas a lo largo de estas pinturas? las ventanas son el elemento que Gimeno utiliza como verdadero ‘paréntesis’, moratorias de las conjeturadas cotidianas y, al mismo tiempo, una extensión de su vida interior recluida a un segundo plano y exponiendo la fachada como plano principal. El literato griego Constantino Kavafis (1863-1933), afirmaba: “Sin darme cuenta me encerraron fuera del mundo”, y es en su mundo donde José Juan nos muestra un mismo patrón que se repite en casi toda la obra de esta exposición: parte de una imagen de un lugar público (tienda, museo, aeropuerto, estación de trenes… ), y la fusiona con un edificio o vivienda particular pero con una forma de acción inactiva. En el cuadro en el que no aparece el espacio público, esa imagen está próxima a una estación o lugar de tránsito que busca sin duda esas Con-vivencias urbanas. La ventana es un motivo visual, es un instante, una escena o un momento significativo donde el tiempo es el comensal del espacio de arte.

Asoma una manifiesta coincidencia que recuerda a la codificada modernidad líquida que el sociólogo, filósofo y ensayista polaco de origen judío, Zygmunt Bauman (1925- 2017), acuñó en la década de los 90. La “modernidad líquida” describe un mundo contemporáneo en un flujo donde los individuos subsisten sin raíces y son despojados de cualquier signo de referencia imaginable e incluso son obviados hasta ser invisibles e inexistentes, como en el caso de las Con-Vivencias Urbanas que dan título a esta muestra. Tanto en las obras de Bauman como en la  obras de José Juan Gimeno, se explora la fragilidad de la conexión humana en su tiempo, sin importar a qué siglo referencia cada uno, poniendo de manifiesto la inseguridad que crea un mundo en constante cambio. La vida dentro del proceso por el cual el individuo pasa a integrarse en el engranaje de una sociedad cada vez más global /local/ glocal, turba la identidad fija y la hace maleable, indivisible este proceso que arrastra la vida. Se torna voluble inquietando hasta tal punto al artista que se cuestiona el desintegramiento de las sociedades colectivas.

En este espacio es donde la con-vivencia de cada día asoma por la ventana en una cambiante fisonomía que adecua a los tiempos y a los habitantes. En una quietud vertiginosa ubica una identidad escurridiza en donde esconde y replica su individual dependencia del otro, y es ahí donde se encuentra la esperanza de crear condiciones de crecimiento sostenible, aumentar la conciencia colectiva positiva por el bien individual a partir del común, en unos versos donde pinceles, materiales y pigmentos trazan y dibujan pura poesía. La técnica que utiliza el artista es acrílico sobre tabla y serigrafía sobre metacrilato, esto le permite crear estratos que integran la entidad del conjunto y fingen el nivel social. El pintor considerado italiano, aunque nacido en Grecia, Giorgio de Chirico (1888-1978), representa obras dentro de la propia obra, característica propia del surrealismo, y aquí podemos establecer un vinculo cercano a José Juan Gimeno, ya que ambos invitan al espectador a participar dando un sentido final de lo representado en cada obra.

Imagino al artista preocupado por la propuesta de una nueva ciudad, la Smart City – ciudad inteligente-  como resultado de la necesidad cada vez más imperiosa de orientar nuestra vida hacia la sostenibilidad. Tal vez esta nueva metrópoli necesite más que nunca humanizarse y convivir con sus ciudadanos digitales, una ciberciudadanía donde la comprensión de asuntos humanos, culturales y sociales relacionados con el uso de las tecnologías conquiste a los pinceles de Gimeno.

Chele Esteve Sendra

Rosana Antolí marca el ritmo

‘Rock it’ de Rosana Antolí
Galería Espai Tactel
C/ Denia 25-B. Ruzafa, Valencia
Inauguración: viernes 13 de enero a las 20:00h                                                                                             Hasta el 17 de febrero de 2017

Espai Tactel  presenta la obra de la artista Rosana Antolí (Alcoy, Alicante, 1981). Su práctica artística se basa en la intersección entre arte, coreografía y vida cotidiana. El carácter utópico es esencial en su práctica, y en consecuencia el fracaso de las acciones implicadas. Posee un BFA en la Universitat Politècnica de València, y MA en Performance and Sculpture en el Royal College of Art, Londres.

Rock It’ es la primera exposición individual en su galería valenciana después de haber expuesto en galerías y museos nacionales e internacionales. Ha realizado exposiciones individuales en la Fundació Joan Miró (Barcelona, 2016), LagerHaus62 (Zúrich, 2015), el Centro Cultural España Córdoba (Córdoba, Argentina, 2014), el Casal Solleric (Palma de Mallorca, 2013), el Instituto Juan Gil-Albert (Alicante, 2012) y el Centro de Arte Tomás y Valiente (Madrid, 2008).

Ha participado asimismo en numerosas muestras colectivas, entre ellas las celebradas en CAC Wifredo Lam (La Habana, 2016), CCEMx (México D. F., 2016), CCEN (Managua, 2016), Josée Bienvenu Gallery (Nueva York, 2016), Herbert Read Gallery (Canterbury, 2015), Museo ABC (Madrid, 2015), The Ryder Projects (Londres, 2015), Alserkal Avenue (Dubái, 2015), MUA (Alicante, 2015), Caryl Churchill Theatre (Londres, 2015), Fundación Cultural Providencia (Santiago de Chile, 2014), DA2 (Salamanca, 2014), Delft Museum (Delft, Holanda, 2014), Friktioner (Uppsala, Suecia, 2014), Local Projects (Nueva York, 2013), Volta (Basel, 2013), Buzzcut Festival (Glasgow, 2013), CCAI (Gijón, 2013).

Chaos dance. Rosana Antolí. Imagen cortesía Espai Tactel.

Chaos dance. Rosana Antolí. Imagen cortesía Espai Tactel.

David Armengol, crítico de arte y comisario independiente dedica las siguientes palabras con respecto a la muestra:

Rock It fue un gran hit de la música de baile en los ochenta, un tema pionero en el uso del turntablism – crear música mediante la alteración de la rotación del vinilo; es decir, avanzando y retrocediendo la temporalidad del sonido – y un vídeo musical de Godley & Cream premiado por la MTV en 1984 tanto por su concepto como por sus efectos especiales. Me fascinó su atmósfera caótica, así como el ansia enloquecida de los autómatas a medio hacer, supeditados a una repetición infinita que llega a anular el sentido de sus actos. Pero al margen de mi lectura, su reiterado visionado me permitió conectar Rock It con la práctica artística de Rosana Antolí, que de eso se trataba.”

“A mi entender, Rock It sintetiza tres de los intereses principales que definen su trabajo en la actualidad. En primer lugar, la coreografía de lo cotidiano; en este caso movimientos rutinarios (levantarse, comer, caminar, cocinar, bañarse…) saturados hasta convertirse en pura disfunción. A continuación, la teatralización de la realidad; un entorno identificable y reconocible (el hogar) que se desvirtúa mediante un devenir sobreexcitado y convulso. Por último, la alteración del ritmo (el scratch) como dispositivo sensible que nos aprisiona y a su vez nos libera de la experiencia repetitiva del espacio social.”

Observar y escribir: Joan F. Mira

Joan F. Mira. L’ofici d’observar i escriure
Sala 2. Museu Valencià d’Etnologia
C/ Corona, 36. Valencia
Inauguración: 15 de diciembre 2016 a las 20h

La figura de Joan Francesc Mira (Valencia, 1939) resulta extraordinaria por su versatilidad y su incombustible producción académica que le convierten, sin lugar a dudas, en uno de los mayores y más laureados intelectuales del País Valenciano de nuestro tiempo.

«Escribir es mi manera de estar en el mundo. La otra es la responsabilidad cívica». Bajo estas premisas con las que se define el propio autor, la exposición El oficio de observar y escribir que presenta el Museu Valencià d’Etnologia rinde homenaje al enorme legado intelectual de Joan Francesc Mira. En ella se propone un recorrido secuencial y retrospectivo, a partir de cuatro líneas analíticas interconectadas. Asistiremos a los hitos biográficos que han marcado esta personalidad carismática y polifacética para pasar a contextualizar el trabajo etnográfico y antropológico que, desde los años sesenta y setenta, convierten a Mira en uno de los pioneros de la Antropología del Estado español.

En pleno proceso de transformación y desintegración de la sociedad rural valenciana, Mira emprendió un ambicioso proyecto para salvaguardar un enorme legado etnográfico como testimonio de la cultura material e inmaterial de su entorno. Proyecto que culminó con la constitución del Museu d’Etnologia de València, en 1982. Por último, este recorrido nos aproximará a la figura del Mira intelectual y comprometido con el país, pues defendió con ahínco el proyecto nacionalista de reconocimiento cultural y político del País Valenciano. Esta producción poliédrica ha dado lugar a una lista inagotable de publicaciones en los más diferentes registros.

Joan F. Mira. Imagen cortesía Museu d'Etnologia.

Joan F. Mira. Imagen cortesía Museu d’Etnologia.

La exposición ha sido producida por el Museu Valencia d’Etnología y la Universitat de València (Facultad de Ciencias Sociales), y está comisariada por Beatriz Santamarina, profesora del Departamento de Sociología y Antropología Social de la Universitat de València.

Cosmología, filosofía de la naturaleza

Cosmology, de Tactelgraphics
Galería Mr.Pink
C / Guillem de Castro, 110. Valencia
Inauguración: viernes 25 de noviembre, a las 20.00h
Hasta el 20 de enero de 2017

De nuevo, Tactelgraphics y la galería Mister. Pink unen esfuerzos y presentan su nueva exposición titulada ‘Cosmology’. Cosmología, del griego κοσμολογία («cosmologuía», compuesto por κόσμος, /kosmos/, «cosmos, orden», y λογια, /loguía/, «tratado, estudio») concepción integral, denominada también filosofía de la naturaleza, es la ciencia que estudia todo lo relacionado con los cosmos o universos. Un título adecuado para este proyecto, en el que los artistas de Tactelgraphics, Ismael Chappaz y Juanma Menero,  directores de la galería de Arte Contemporáneo Espai Tactel y a su vez dueños del estudio de diseño Tactelgraphics, trabajan a partir de sus referentes ya fallecidos, para de ese modo generar su propia cosmología.

Se trata de fundamentar la elaboración de su identidad como individuos a partir del concepto de “generar una cosmología propia”, y todas las contradicciones que esta idea conlleva. Entre los referentes que Tactel plantean se encuentran personajes tan dispares como Alan Turing (considerado uno de los padres de la ciencia de la computación y precursor de la informática moderna), Arthur Russel (compositor y cantante estadounidense de carácter marcadamente experimental, que abarca los estilos disco, minimalista, o rock, habiendo colaborando con figuras como Philip Glass, David Byrne o Nicky Siano) o Brad Davis (conocido por su papel protagonista en la película “El expreso de medianoche” y “Querelle”).

Cabe añadir, que el proyecto ‘Cosmology’ está realizado en colaboración con el Creative Coder, Carlos Yanes. Por último, Francisco Ramallo nos recuerda que es “difícil tarea la de abordar la actividad artística de Tactelgraphics obviando la faceta en la que se han volcado en los últimos años (su labor al frente de la galería Espai Tactel), y que les ha servido para un mayor conocimiento de los engranajes del arte desde otras posiciones”.
Cosmology de Tactelgraphics. Imagen cortesía Míster Pink.

Cosmology de Tactelgraphics. Imagen cortesía Míster Pink.

Cartografías de Óscar Carrasco

Cartografías del olvido, de Óscar Carrasco
Galería Luis Adelantado
C/ Bonaire, 6 Valencia
Hasta el 17 de noviembre de 2016

Se dice de la figura del artista que debe mantener su estilo, esa transmisión estética y conceptual que le haga reconocible. Al mismo tiempo no debe perder originalidad, ni tampoco contemporaneidad, la obra creada debería formar parte del momento histórico social, debería ser fruto de las preocupaciones, inquietudes o desvelos del creador. Plasmar estos deberes es un reto diarios que el artista debe salvar de manera continuada en su día a día. Las fotografías de Óscar Carrasco consiguen compaginar todos estos ‘deberes’ y darles una nueva significación.

La exposición ‘Cartografías en el olvido’ se puede observar de dos formas diferenciadas. Una primera en la que posicionarse en frente de la obra crea, gracias al reflejo, una extraña sensación de  inmersión. Al igual que el paisaje ha sido olvidado, el espectador se transforma en un intruso cuya presencia, humana, no acaba de encajar. El segundo modo de observar las cartografías presentadas, hoja de sala en mano, es la forma que permite identificar lugares y la mejor manera de excarbar, solo con saber su aproximación geográfica aproximada, en los recovecos de las estructuras fantasmales.

Club El Cisne Negro. Una de las obras que pueden verse en la exposición. Imagen cortesía Galería Luis Adelantado.

Club El Cisne Negro. Una de las obras que pueden verse en la exposición. Imagen cortesía Galería Luis Adelantado.

Una serie de elementos, como la arquitectura inundada de graffitis, basura y escombros, se repiten y dotan a la imagen de un carácter simbólico. Ese simbolismo se logra gracias a la creación de un muestrario ejemplar de la técnica fotográfica: buen encuadre, luz adecuada y puntos de fuga irreales. A pesar de esa realidad inherente en las piezas, volvemos a trasladarnos a una utópica y extraña materialidad. La fotografía, una vez más, se convierte en el medio que se extiende hacia una nueva dimensión, más allá de la captada por el ojo.

El propio Óscar Carrasco confiesa que le interesa “la ruina como crítica a la civilización y al poder devastador del ser humano, como recordatorio de su vanidad y fracaso ante el tiempo y el entorno”. Es casi inevitable analizar su visión de la sociedad, esa que realiza a través de nuestros vestigios actuales, al igual que los románticos del XIX buscaban respuestas en la pureza de paisajes furiosos. Una analogía dispar con un mismo resultado: la razón del ser humano, que toma forma de construcción aquí, se torna nimia ante la resistencia de la naturaleza.

Vista general de la exposición. Imagen cortesía Galería Luis Adelantado.

Vista general de la exposición. Imagen cortesía Galería Luis Adelantado.

María Ramis

Tiempo para cazar

Tiempo de Caza, de Roberto Rodríguez
Plastic Murs
C / Denia, 45. Valencia
Inauguración: viernes 28 de octubre de 2016

El tigre depredador o el jaguar deportivo nos observan desde la espesura de la selva igual que el ciervo asustado desde el medio del prado. Igual, un terremoto de emociones, miedos y expectativas compartidas. Su mirada fija es la cifra de su presencia pero también delata la nuestra como presas. Cazadores de todo como somos, esa sensación es habitual. No obstante, la cantidad, el desorden, la frondosidad y la confusión que suponen la selva o el bosque se magnifican y paralizan en la maravilla, se condensan, si sucede, en un punto mágico, en dos: esos ojos que siempre escrutan. En ocasiones, descubrir a un animal mirándote fijamente es descubrirte perdido, tu posición en peligro directo: el mejor espectáculo de la naturaleza olímpica.

Supongamos que las fieras pintadas por Roberto Rodríguez podrían ser inofensivas y hasta tiernas en la escena, paralizadas o avanzando hacia nosotros. Nuestras formas de manipular la naturaleza son muy sibilinas y hacemos del encuentro maravilloso una cuestión idílica. Pero lo que fascina es la maravilla, lo que atrae y engaña, aunque haya tanta pintura de caza que se haya fijado en lo contrario ad paradiso.
Una de las obras de la exposición 'Tiempo para cazar' de Roberto Rodríguez. Imagen cortesía Plastic Murs.

Una de las obras de la exposición ‘Tiempo para cazar’ de Roberto Rodríguez. Imagen cortesía Plastic Murs.

Si hay algo que llama la atención en estas obras es el modo en el que se trata la naturaleza (y todo: el paisaje es un constructo botánico) en planos que sobresalen de la superficie “natural” de la pintura para evocar esos estratos de vegetación provocando una profundidad espacial muy evocadora, inusitada, de ensueño incluso, tanto por los fondos universales y estelados como sobre todo en las capas superpuestas que, igual que las plantas, son el mejor marco para el cuadro natural: el lugar integrador a través del que vemos y somos observados. Porque lo que hay en la pintura nos mira, y en estas obras de clara factura sintética, más.
Obras directas que aciertan en su particular psicodelia asiática respecto de la construcción del paisaje y son deudoras de una época (y su cultura) que nos hace pensar en Hawai y el surf, el pop exótico, la música de garaje y hasta el skate, todo ello pasado por el recuerdo atemporal de un señor francés conocido como El aduanero Rousseau (que nunca vio la jungla pero sí a las fieras).
Ricardo Forriols

El instante decisivo de McKnight

Customs & Traditions. Instantes de los 70
Robert McNight
Librería Railowsky
C/ Grabador Esteve 34, Valencia
Hasta el 31 de agosto de 2016

Volvemos a viajar en el tiempo al entrar en la librería Railowsky para adentrarnos en el Gales de los años 70 con las fotografías de Robert McKnight. Nos recuerda el dueño de la librería que Railowsky tiene la ventaja de ser un espacio expositivo libre y que por ello se apuesta por dar a conocer, sobre todo, a artistas relacionados con la fotografía histórica.

Así es que Robert McKnight galo de nacimiento comienza, a mediados de los 70, a utilizar la fotografía para documentar la vida en su entorno rural británico. Cuenta en la presentación de la exposición que descubrió la fotografía por casualidad, o mejor, por curiosidad, ya que cuando estudiaba radiografía descubrió las posibilidades de la cámara oscura y se enamoró irremediablemente de la fotografía. A partir de ahí, comienza una serie de viajes que le llevaron a residir en nuestro país.

La exposición se desliza a través de 40 fotografías realizadas entre 1975 y 1979, donde se muestran auténticos instantes que parecen irrepetibles. De ahí viene la acertada comparativa con el “instante decisivo” de Cartier Bresson, pues McKnight afirma sentirse “como un cazador” cámara en mano. Trata de pasar desapercibido y de ser rápido para así “captar una imagen que habla por si sola”. La representación de bodas, fiestas populares, desfiles, paisajes rurales y vida cotidiana en general a través de breves momentos, nos permiten introducirnos en la sociedad rural de la época.

Vista general de las fotografías de Robert McNight. Fotografía: María Ramis.

Vista general de las fotografías de Robert McNight. Fotografía: María Ramis.

En cuanto a la realización de las fotografías a modo anecdótico nos retrata el artista que “tenía que hace autostop para ir de pueblo en pueblo” y poder realizar sus fotografías, por lo que “no tenía una cámara cara” aunque en ello no desmerezca la calidad de las mismas. Todas ellas en blanco y negro, son copias de época, es decir, copias realizadas en los años 70 con lo que aumentan su valor considerablemente. Con una conservación perfecta, dice Robert McKnight que el truco para que duren tanto es lavarlas bien.

Es precisamente otra de las características de todas las fotografías el tono humorístico británico, ese que se desprende del propio fotógrafo sin siquiera quererlo. Dejó la fotografía en los 80 y hace solo 6 meses se compró una nueva cámara digital con la que ha estado recorriendo la ciudad de Valencia. Estas imágenes, proyectadas durante la inauguración, repiten los motivos de las captadas en los años 70: bodas, urbanismo y sociedad. Esta vez la disposición geográfica más al sur hace que aparezca la luz en contraste con la niebla vista en trabajos anteriores. El elaborado trabajo sobre la luz impide creer que la imagen haya surgido de un disparo rápido pero la expresión y la postura de las personas indican lo contrario. Denota una clara tendencia a fotografiar las fiestas populares y religiosas, como si, al mismo tiempo que la sociedad se reúne para salir a la calle, McKnight saliera con otra intención diferenciada, la de captar el instante, la expresión y la mirada.

Con influencias como la de Bresson, la de Tony Ray Jones, también fotógrafo inglés centrado en retratar las rarezas del pueblo británico, o la primera época Martin Parr, no es de extrañar la fuerza de las fotografías de McKnight. Por esta calidad y sobre todo por manera de transmitir la pasión de la fotografía, esperamos que, habiendo retomado recientemente la fotografía, Robert McKnight vuelva a ofrecernos alguna sorpresa inesperada, algún instante desapercibido para el ojo pero inmortalizado por su cámara.

Brecon. 1978. Robert McKnight. Imagen cortesía librería Railowsky.

Brecon. 1978. Robert McKnight. Imagen cortesía librería Railowsky.

María Ramis

Gandía se viste de Roma

Romanorum Vita
Obra Social “la Caixa”
Paseo del Puerto de Gandía (Valencia)
Hasta el 10 de septiembre de 2016

Viajar en el tiempo, conocer cómo vivían los hombres y mujeres de otras épocas, y saber cuáles eran sus actividades y rituales, ha sido una fantasía recurrente en la historia de la humanidad. El imperio romano ha sido uno de los destinos preferidos de este tipo de viajes, un periodo fascinante que ha inspirado novelas, películas y series de televisión.

Por una parte, nos entusiasma la grandeza y opulencia de la vida imperial. Por otra, nos conmueven los pequeños detalles que aproximan la vida romana a nuestra propia realidad. La exposición de la Obra Social ”la Caixa”, organizada en colaboración con el Ayuntamiento de Gandía, invita a los visitantes a pasear por una ciudad romana reconstruida a partir de descripciones literarias y testimonios arqueológicos de hace 2.000 años para descubrir que los romanos no están tan lejos de nosotros.

Imagen de la exposición Romanorum Vita, por cortesía de Obra Social "la Caixa".

Imagen de la exposición Romanorum Vita, por cortesía de Obra Social “la Caixa”.

Romanorum Vita pretende constituir un nuevo concepto de exposición de divulgación histórica pensada para todos los públicos. Traslada a los visitantes a un paseo por una ciudad romana poco antes de la destrucción de Pompeya, en el año 79 d.C., en plena época imperial. La exposición transporta a sus calles en un día cualquiera: negocios, importancia del agua, olores, formas de expresión y religiosidad popular, entre otros; todo aquello que hervía alrededor de los grandes escenarios del senado, el foro, los teatros y el circo.

La muestra, organizada y producida por la Obra Social ”la Caixa”, está comisariada por Isabel Rodá, catedrática de arqueología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Romanorum Vita podrá verse en el Paseo del Puerto, del 20 de julio al 10 de septiembre de 2016. En ella, los visitantes descubrirán que, en las calles, artesanos y comerciantes desarrollaban todo tipo de actividades, y cómo estas se llenaban de gente. Paseando por una calle cualquiera o por delante del foro de una ciudad romana, los espectadores comprobarán cómo eran las letrinas y el olor que desprendían. O cómo eran los comercios y que ya existía lo que podríamos considerar como el precedente de los locales de comida rápida.

Imagen de la exposición Romanorum Vita, por cortesía de Obra Social "la Caixa".

Imagen de la exposición Romanorum Vita, por cortesía de Obra Social “la Caixa”.

En la muestra se ha hecho un uso innovador de distintos elementos -desde la inclusión de ruidos y olores característicos de la época hasta la interacción entre el espacio escenográfico y un gran audiovisual- para lograr que los espectadores se sumerjan en la ciudad y descubran sus similitudes con la vida cotidiana actual. Uno de estos montajes audiovisuales se proyecta sobre la fachada de la domus, de 12 metros de ancho, y en él pueden verse los personajes clave de la ciudad romana gracias a un rodaje realizado con más de 30 figurantes.

La muestra, de 400 metros cuadrados, da la bienvenida a los visitantes en una ciudad arquetípica del imperio romano y presenta un día cualquiera de esa ciudad, veinticuatro horas en que descubrirán cómo era la vida en la calle y en el interior de una casa de una familia que podríamos considerar de clase media alta. La Obra Social “la Caixa”, con su voluntad de acercar la exposición a todos los públicos, también ha preparado innovadores recursos de accesibilidad para personas con deficiencias visuales, como son una audiodescripción y una guía en lenguaje braille.

Romanorum. Imagen cortesía de Obra Social "la Caixa".

Imagen de la exposición Romanorum Vita por cortesía de Obra Social “la Caixa”.

 

Víctimas de la barbarie

Gervasio Sánchez. Antología
Museu Valencià d’Etnologia
C/ Corona, 36. Valencia
Hasta el 9 de octubre 2016

Si una antología es una recopilación de obras notables, la exposición de Gervasio Sánchez, comisariada por Sandra Balsells, es toda una biografía colectiva. Tal y como ocurre en una biografía la exposición recorre un viaje vitalicio, o quizá parte de él, relatando diferentes situaciones enmarcadas en diversos contextos históricos. Quizá es esta la razón por la que se conoce al autor como un fotógrafo que va más allá del hecho de ser reportero de guerra. Por ello no nos extraña que la comisaria afirme que, con su trayectoria, Sánchez “ha reafirmado su nítida vocación y convicción de fotoperiodista independiente”.

La narración de una historia reciente se plasma en las fotografías de manera que se observa “una extensa visión de una geografía humana lacerada por la guerra, el odio, la desolación, y a la postre, olvidada en su sufrimiento”. El recorrido da comienzo en los años 80 en América Latina, uno de los primeros conflictos armados que Gervasio Sánchez tuvo que cubrir. Se prolongan, ya desde este momento, esos rostros anónimos que dejan de serlo tras el disparo, no dañino, de Gervasio Sánchez. Otro de los lugares que más ha fotografiado Sánchez es la zona de los Balcanes. Enviado allí en 1992, durante el sitio de Sarajevo, las fotografías muestran no tanto el auge bélico, sino la vida cotidiana en guerra. El asedio es uno de los más largos de la historia moderna y es precisamente por ello por lo que sus habitantes se hicieron a la normalidad de vivir sin luz, con bombardeos continuos, a las bibliotecas destrozadas y a los cadáveres tirados en las calles. Los personajes de los Balcanes que están fotografiados no se inmutan, en todo caso, sobreviven.

Fotografía de Gervasio Sánchez. Imagen cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Fotografía de Gervasio Sánchez. Imagen cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

Una cita de Jean Cocteau sobre el cinismo de los responsables políticos es una de las reflexiones que el autor lanza al espectador. Palabras, además del rastro visual, acompañan en todo momento al visitante. Mientras observamos el mutismo de los protagonistas, Sánchez arroja un poco de luz con su experiencia. Es así que llega un momento en el que toda la contemplación del horror introduce al fotógrafo en diversas historias que le hacen darse cuenta de que puede participar activamente a través de la denuncia. De esta forma nace ‘Vidas Minadas’ un proyecto, todavía inconcluso, sobre las secuelas que provocan las minas antipersonas en la población civil. Este es un encargo de una revista del corazón que le lleva hasta Angola, donde su obra da un cambio drástico: trata de sacar a la luz los nombres de esas personas, en un principio anónimas. Niños, niñas y muchas familias destrozadas muestran la falta de miembros sin ningún pudor.

A raíz de estas primeras fotografías en ‘Vidas Minadas’, otro de los puntos fuertes que se observan es la necesidad de plasmar el paso del tiempo de esos protagonistas, que lograron, con mucho esfuerzo sobrevivir a los conflictos. Es el caso de Adis Smajic que solo contaba con 13 años cuando le explotó una mina antipersona. Sánchez seguirá retratándole años más tarde, en ocasiones con su esposa o postrado, dispuesto a que le practiquen la última de unas treinta operaciones.

Otro de los proyectos que Gervasio Sánchez lleva a cabo es un gran documental sobre la temática de los ‘Desaparecidos’. Una materia que había estado presenciando continuadamente allá donde fuera. ‘Desaparecidos’ son fotografías de personas de todo el mundo, gente que dedica su vida y sus recursos a tratar de encontrar a sus seres queridos, encontrándose, la mayoría de ellos, desvalidos por los gobiernos. En sus ínfimos gestos, esos que la cámara insinúa, vemos desesperación y vidas rotas. No sabemos si es una llamada a la esperanza, o más bien, la estela imborrable del horror de la guerra.

Fotografía de Gervasio Sánchez. Imagen cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Fotografía de Gervasio Sánchez. Imagen cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

María Ramis