Teatre Micalet se opone al espectáculo

Tots Contra l’Espectacle, por ESCIF
Teatre Micalet
C / Mestre Palau, 3. Valencia

El artista urbano ESCIF ha creado una obra teatral que se representa en forma de pancartas reivindicativas en la fachada del Teatre Micalet, en el número 3 de la calle Mestre Palau de Valencia. Esta creación se denomina ‘Tots Contra l’Espectacle’ y se representará a lo largo de toda la temporada teatral, con un formato protesta en el que las pancartas irán renovándose con mensajes propuestos por el mismo público del Micalet.

Esta acción artística cuenta con la colaboración del filósofo, escritor y guionista Santiago Alba Rico, quien ha escrito un manifiesto en contra de la espectacularización de la vida. El texto se repartirá antes de cada función de la temporada a los espectadores del Micalet, a los que se les invitará a participar en ‘Tots Contra el l’Espectacle’. Podrán dejar mensajes alrededor de esta idea para que ESCIF elija cada mes algunos de ellos y los incorpore a la fachada. Las pancartas irán renovándose cada mes con nuevas consignas, como actos de esta obra teatral participativa.

El creador de ‘Todos Contra el Espectáculo’ cree que con esta acción en la fachada del Micalet, en la frontera entre el teatro y la calle, “desaparecen los límites entre presentación y representación, espectadores y actores”. ESCIF considera que así “el teatro sale a la calle y la calle entra en el teatro, en un proceso creativo horizontal donde el artista solo es una pieza más del engranaje, que ayuda a amplificar la voz de aquellos que tienen algo que decir: los espectadores”.

ESCIF es uno de los artistas valencianos de calle con más reconocimiento a nivel internacional y entre sus últimos trabajos habría que destacar ‘Todo lo que sobra’ la falla que diseñó para la Comisión fallera de Corona; ‘Un coche rojo’ un ensayo  audiovisual  para el  programa Metrópolis, en TVE2; ‘Elsewhere’, su último  libro autoeditado con sus últimos trabajos presentado en el IVAM; ‘Dismaland’, el parque de atracciones de Banksy, donde fue invitado a participar, y la portada del disco de Damien Rice ‘My faded favourite fantasy’.

Tots Contra l'Espectacle. Imagen cortesía de Teatre Micalet.

Tots Contra l’Espectacle. Imagen cortesía de Teatre Micalet.

Más grafía que tipografía

Caixa Alta, caixa baixa
Museu Valencià de la Il.lustració i de la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Desde el 29 de junio de 2016

El MuVIM ha hecho coincidir el mundo paisajístico de los Lambert con el del diseño, inaugurando al mismo tiempo que Los Lambert. Paisajes vividos, paisajes soñados, la exposición Caixa Alta, caixa baixa, en la que 28 artistas recrean las letras del abecedario en clave más gráfica que tipográfica.

“En la actualidad la ‘grafía’ parece vencer a la ‘tipografía’ y nos permite hablar de espectador en lugar de lector”, explica Begoña Jordá, comisaria de la exposición que presentó en el MuVIM junto a Dídac Ballester, uno de los artistas participantes.

Caixa Alta, caixa baixa, en el MUVIM.

Caixa Alta, caixa baixa, en el MUVIM.

“El diseñador ya no se dirige al ‘que lee’, sino al ‘que mira con atención un objeto´”, apunta Jordá de forma muy sugerente, subrayando cómo en la muestra que el MuVIM acoge en su sala, valga la redundancia, baja, “se juega con el doble sentido de las mayúsculas y las minúsculas, tanto a nivel gráfico como tipográfico”.

Begoña Jordá aclaró durante su presentación que no se trataba de un trabajo “fin de carrera, sino de un trabajo de mucha calidad sobre diseño, en colaboración con la Universitat Politècnica de València”.

Caixa Alta, caixa baixa. MuVIM.

Desanda, de José Rochina, en Caixa Alta, caixa baixa del MuVIM.

Abandono de la tipografía y el ordenador

En un gran panel aparecen esas cajas tridimensionales en las que cada artista ha dado rienda suelta a su imaginación para jugar con las letras. Letras que ya no remiten a frase alguna, sino que muestran su poder significante, visual, libre de la atadura del significado. Lástima que en la pared contraria se haya montado un conjunto de letras, que remiten a diversos premios de diseño, unidas desaliñadamente con torpe celofán. El “museo de las ideas” parece, en este caso, haber mostrado cierta escasez.

Menos mal que Dídac Bellester, con sus ‘48 variaciones de una foto de perfil’, Maddie de la Gándara, con ‘Neón’, William Marloco, con ‘Typus Tempus’, Ibán Ramón, con ‘El porqué de las cajas’, José Rochina, con ‘Desanda’, o Iván Torres, con ‘Pollastres tipográfics’, por citar algunos, compensan el desaguisado con talento gráfico.

“Hemos querido trabajar el mundo del diseño no desde la idea, sino desde una caja en tres dimensiones, abandonando la tipografía y el ordenador y volviendo a trabajar la plasticidad con la mano”, concluyó Jordá.

Pollastres tipogràfics, de Iván Torres, en Caixa alta, caixa baixa del MuVIM.

Pollastres tipogràfics, de Iván Torres, en Caixa alta, caixa baixa del MuVIM.

Salva Torres

Felices 140: Sin conciencia moral

Felices 140, de Gracia Querejeta
Con: Maribel Verdú, Eduard Fernández, Antonio de la Torre, Marian Álvarez, Nora Navas, Alex O’Dogherty, Paula Cancio, Ginés García Millán y Marcos Ruiz
Guión: Santos Mercero, Gracia Querejeta

‘Felices 140′, la última película de Gracia Querejeta, es perturbadora. Un cierto desasosiego se va impregnando poco a poco en el cuerpo del espectador, que siente el silencio ensordecedor que inunda la pantalla cinematográfica. La trama y la intensidad dramática de ‘Felices 140′ penetra en el espectador hasta abandonarlo en un estado de cierta desolación.

Maribel Verdú, en un fotograma de 'Los Felices 140', de Gracia Querejeta.

Maribel Verdú, en un fotograma de ‘Los Felices 140′, de Gracia Querejeta.

Ahora bien, ¿por qué el espectador siente esa carga de desolación, cuando los personajes de la historia no sólo declaran sentirse felices, sino que además se les ve felices? El premio del euromillón que Elia (Maribel Verdú) comunica al grupo de amigos que reúne en una lujosa casa para celebrar su 40 cumpleaños, y que se traduce en nada más y nada menos que 140 millones de euros, es lo que desencadena esa felicidad que irá retorciéndose hasta alcanzar un brillo insospechado.

Santos Mercero y Gracia Querejeta construyen una historia basada en la idea que Freud manifestó en su ensayo titulado ‘El porvenir de una ilusión’: “Infinitos hombres civilizados, que retrocederían temerosos ante el homicidio o el incesto, no se privan de satisfacer su codicia, sus impulsos agresivos y sus caprichos sexuales, ni de perjudicar a sus semejantes con la mentira, el fraude y  la calumnia, cuando pueden hacerlo sin castigo, y así viene sucediendo, desde siempre, en todas las civilizaciones.”

Fotograma de 'Los Felices 140', de Gracia Querejeta.

De izquierda a derecha, Marian Álvarez, Antonio de la Torres, Alex O’Dogherty y Nora Navas, en un fotograma de ‘Los Felices 140′, de Gracia Querejeta.

Los ocho personajes de esta película coral son esos hombres y mujeres civilizados que en cuanto comprueban que el peso de la ley puede quedar en agua de borrajas, van dejándose llevar por cierto espíritu mezquino.

Por una parte, nos encontramos con la protagonista, Elia, magníficamente interpretada por Maribel Verdú, que sólo desea reanudar su relación con su ex pareja (Ginés García Millán), sin atender la negativa de éste. Una negativa que le abrasa de ira hasta alcanzar cotas imprevistas. Y, por otra, están los otros siete personajes arrebatados por una codicia, que aflora a medida que esos 140 millones del premio se convierten en objeto de un vil intercambio.

Paula Cancio y Ginés García Millán en un fotograma de 'Los Felices 140', de Gracia Querejeta.

Paula Cancio y Ginés García Millán en un fotograma de ‘Los Felices 140′, de Gracia Querejeta.

El drama de  ’Felices 140′ se inicia tras el acto nuclear relacionado con esa ira de la protagonista. Un acto que se irá diluyendo, en favor del único valor verdadero que moviliza a estos personajes: su codicia y, con ella, el afán de riqueza, de poder y de éxito. Y para satisfacer esa codicia no les importa transgredir la ley, traicionar, mentir y defraudar.

Todo está permitido cuando los dilemas morales, los remordimientos, desaparecen tras el tupido velo de 140 millones de euros.

De ahí, probablemente, la desolación que siente el espectador una vez acabada la película. ¿O no?

Fotograma de la película 'Felices 140', de Gracia Querejeta.

De izquierda a derecha, en primer plano, Antonio de la Torre, Marcos Ruiz,y Maribel Verdú; detrás, Marian Álvarez y Eduard Fernández, en un fotograma de la película ‘Felices 140′, de Gracia Querejeta.

Begoña Siles

El tiempo que hiere de Pilar Pequeño

Huellas, de Pilar Pequeño
Railowsky
C / Gravador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 5 de abril, 2015

Pilar Pequeño habla de “tiempos acumulados”. De las “huellas que va dejando el paso del tiempo”. También de “recuerdos y nostalgia” y de cómo la naturaleza se encarga de unir “diferentes instantes del pasado”. Lo dice con una voz mansa, serena, a veces abriendo mucho los ojos cuando una pregunta le llega con escasa nitidez. Los abre entonces como abre su objetivo para captar la luz igualmente escasa que, en muchas ocasiones, penetra débilmente los espacios abandonados que tanto le gustan. Espacios que Railowsky acoge en una exposición de elocuente y atinado título: ‘Huellas’.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

La que fuera hace cuatro años premiada con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, manifiesta a través de 17 fotografías su concepción del tiempo, de la naturaleza, de la vida. Nada que ver con la sensación de eterna juventud que prima en la publicidad. Como tampoco tienen nada que ver sus imágenes con esa idea del mundo estable, seguro, razonable, que vive de espaldas a lo real de la corrupción que impone el paso del tiempo. “Intento que mis imágenes sean ambiguas”. Ambiguas, no por dejar de mostrar explícitamente esas huellas del implacable tiempo, sino porque “me gusta que el espectador las sienta a su manera”.

No es lo mismo la impresión que lógicamente le produce a Pilar Pequeño fotografiar el edificio abandonado que fuera colegio de su padre (de ahí “el recuerdo, la nostalgia”), que la que pueda tener el espectador ante un lugar que desconoce. Aún así, esa vegetación que invade las habitaciones, estancias y balcones del caserón de finales del siglo XIX en la que Pequeño deposita su mirada, con sus paredes desconchadas y sus frágiles suelos de madera, impacta por igual. “Es la ausencia y la presencia de la gente que ha pasado por allí lo que conmueve”.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Pilar Pequeño tomó fotografías en blanco y negro de ese espacio en 2003 y lo volvió a visitar diez años después con su cámara digital y en color. “Aquí en Railowsky, por razones de espacio, he preferido reunir imágenes de un solo edificio, para no mezclar”. Imágenes que siempre realiza utilizando la luz natural. “No utilizo flash porque falsea la realidad”. Y la realidad que quiere captar Pequeño tiene que ver con esas naturalezas muertas del paisaje, las plantas o los bodegones, con los cuales disfruta disponiendo “la escena lumínica”, que va “tamizando con papeles y plásticos”.

Las ‘Huellas’ a las que se refiere la exposición son el depósito acumulado de ese tiempo fugitivo que la artista persigue como lo hacía Marcel Proust, mediante su célebre ‘En busca del tiempo perdido’, o Antonio López en ‘El sol del membrillo’, la película de Víctor Erice. Huellas de lo real del tiempo que va desgastando las cosas, de la vida que se marchita y, en consecuencia, de su carácter frágil y caduco. Los marcos de puertas y ventanas, por las que penetra esa vegetación y esa luz que Pilar Pequeño modula para evitar el letal reinado de las sombras, son “estructuras geométricas” características igualmente de su obra.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

“Yo he seguido siempre mi camino. He hecho lo que me ha gustado”. Y aunque venda lo justo, “no para hacer una vida maravillosa”, lo cierto es que sus fotografías atrapan esa verdad que escapa a los dictados del simple mercado. La verdad de las huellas que el tiempo deposita en esa vasta naturaleza, esas plantas o esos edificios abandonados. Porque el tiempo hiere, Pilar Pequeño lo que hace es contener su escozor mediante el tratamiento artístico de la luz a punto de ser devorada por las sombras. Como ha llegado a decir la propia artista: “En estos paisajes cercanos me estoy fotografiando yo, es un permanente mirar hacia dentro”.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Salva Torres

Buñuel, la imposible relación sexual

Él, de Luis Buñuel
Básicos de la Filmoteca
Filmoteca de CulturArts IVAC
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Jueves 19 de febrero, a las 19.00h

Luis Buñuel dirige en 1929 con Salvador Dalí su primera película, ‘Un perro andaluz’ que, junto a ‘La edad de Oro’ (1932), representa al movimiento vanguardista surrealista. En ‘Un perro andaluz’ está recogido uno de los planos más estremecedores de la historia del cine: aquél en el que una mano de hombre corta con una navaja de afeitar un ojo femenino.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

En 1977, Luis Buñuel rueda su última película, ‘Ese oscuro objeto del deseo’. Un film que termina con otro potente primer plano de una mano de mujer zurciendo el desgarro de un encaje ensangrentado, un instante antes de que la explosión de una bomba ponga fin a la historia. “Es el último plano que yo he rodado, me conmueve (…)”, declaró Buñuel.

Fotograma de 'Ese oscuro objeto del deseo', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Ese oscuro objeto del deseo’, de Luis Buñuel.

Estos dos planos condensan y connotan la filmografía de Luis Buñuel. El primero nos remite al ‘cine-navaja’, que desgarra la mirada del espectador a través de la escritura surrealista que atraviesa la obra del realizador de Calanda. Y el segundo hilvana metafóricamente ese oscuro objeto femenino de deseo que arrebata el universo fílmico del director.

Surrealismo y pulsión

Luis Buñuel quedó fascinado con el movimiento surrealista desde que lo descubre en su primer viaje a París (1929-31). “Por primera vez en mi vida, había encontrado una moral coherente y estricta, sin una falla. Por supuesto, aquella moral surrealista, agresiva y clarividente solía ser contraria a la moral corriente, que nos parecía abominable, pues nosotros rechazábamos en bloque los valores convencionales. Nuestra moral se apoyaba en otros criterios, exaltaba la pasión, la mixtificación, el insulto, la risa malévola, la atracción de las simas”.

Si las proclamas del surrealismo en torno a esa total libertad, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, prendaron a Buñuel, su cine cautivó igualmente al líder y pensador del movimiento surrealista, André Breton: “El genio de Buñuel siempre me ha parecido que radicaba en lo que exaltado y exasperado hasta el límite tiene en él el conflicto entre el instinto sexual y el instinto de muerte”.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

El cine de Luis Buñuel está, de hecho, surcado por esa mirada surrealista y atravesado por cierta pulsión. Una pulsión que proviene de esa visión surrealista que está más allá de cualquier límite. Y, como señala el catedrático Jesús González Requena, un surrealismo abocado a la representación favorable “de toda manifestación pulsional, primaria, violenta y destructiva”. Representación pulsional que sólo puede conducir “a la aniquilación inevitable, en un solo y único movimiento, de la cultura, del sujeto y del deseo”. Porque la pulsión refleja la violencia que nos habita como sujetos, al no querer saber nada del límite de la represión.

Para corroborar esta idea sólo hay que leer las palabras de André Bretón y Luis Buñuel recogidas en la biografía del director, ‘Mi último suspiro’: “Decía Breton, por ejemplo, que el gesto surrealista más simple consiste en salir a la calle revólver en mano y disparar al azar a la gente. Por lo que a mí respecta, no olvido haber escrito que ‘Un chien andalou’ no era si no un llamamiento al asesinato”.  Y Buñuel agrega: “El símbolo del terrorismo, inevitable en nuestro siglo, siempre me ha atraído; pero del terrorismo total cuyo objetivo es la destrucción de toda sociedad, es decir, de toda especie humana”.

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Así pues, el cine de Luis Buñuel, influenciado por el pensamiento surrealista, como señala González Requena, “no ve en la civilización otra cosa que el sistema de mascaras hipócritas con las que se reprime y somete el deseo del individuo hasta la aniquilación total de su libertad. Y, por eso, en la medida en que hace de la liberación absoluta de su deseo su bandera, proclama su rechazo a toda restricción, a toda represión”.

Por tanto, podríamos pensar que en el cine de Luis Buñuel no hay límite a la satisfacción de los deseos de los personajes. En cambio, como comenta el propio director, la estructura de su cine conlleva “la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo. En ‘La edad de oro’, una pareja quiere unirse sin conseguirlo. En ‘Ese oscuro objeto de deseo’, se trata del deseo sexual de un hombre en trance de envejecimiento, que nunca se satisface”. A estas dos películas que cita el director podemos añadir ‘Un perro andaluz’ (1929), ‘Susana’ (1950), “Él” (1952) –la película que se presenta este jueves en Básicos de la Filmoteca- y ‘Ensayo de un crimen’ (1955).

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Las palabras de Luis Buñuel reflejan una curiosa paradoja y abren una inquietante pregunta: ¿Cómo es posible que un universo narrativo cuyo sentido tutor está habitado por las premisas surrealistas de libertad total, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, los personajes se hallen ante la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo, como que una pareja pueda consumar la relación sexual?

¿No será porque en el cine de Luis Buñuel el deseo no moviliza a los sujetos, sino la pulsión, como muy bien alabó André Breton cuando habló del genio de Buñuel?

Como subraya González Requena: “Si la represión de la pulsión es la condición de la civilización, no por ello el concepto de represión debe ser concebido como antagónico con el deseo. Por lo contrario: la represión no es lo opuesto al deseo, sino su condición; es la represión de la pulsión lo que determina la configuración del deseo, no menos que del inconsciente”.

Razón por la cual, la cámara de Luis Buñuel, que graba a nivel del inconsciente surrealista, sin represiones, ni límites, termina finalmente narrando historias donde el encuentro sexual se torna imposible.

Fotograma de la película 'Él', de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Fotograma de la película ‘Él’, de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Begoña Siles

Timbuktu y la dignidad humana

Película: Timbuktu.

Director: Abderrahmane Sissako.

Resulta muy, muy, muy reconfortante que entre tanta bazofia cinéfila americana que impera entre los estrenos aparezcan films de la talla de “TIMBUKTU” que se apartan de lo ordinario. Supongo, intuyo, que no durará mucho en la cartelera, esta clase de pelis no son demandadas por una mayoría de público entregado a causas más mediocres o comerciales aunque cierto es que juega a su favor el que haya sido nominada para los Oscars como mejor película extranjera de lengua no inglesa y, sobre todo, estrenada en unos tiempos en los que existe cierta sensibilidad sobre el tema que gira alrededor de la misma.

De su director, el mauritano Abderrahmane Sissako, conocía de oídas la existencia de su anterior film “Bamako” y poco más. En “Timbuktu” lo primero que se ha de tener en cuenta es que está basada en hechos reales que acaecieron en esa ciudad de Mali a lo largo del 2012. Después toca situarnos y para ello hay que hacerlo cerca del río Níger, con palpable proximidad al desierto del Sahara, entre tormentas de arena y entre poblaciones nómadas bereberes y árabes. Mención especial para una magnífica fotografía o para esos brotes de música étnica que tanto ayudan a ubicarnos en el lugar de los hechos.

- TIMBUKTU - makma 1

La primera escena, tan importante en el desenlace, sobre la persecución de un cervatillo al que se le intenta cazar por acoso y cansancio hace presumir que las imágenes y secuencias van a poseer una expresión artística, digamos, sensible y, en cierto modo, poética.

A partir de ahí se desarrolla una película que circula entre el integrismo musulmán y la dignidad humana, entre creencias, dependencias u obediencias religiosas o culturales y deseos más mundanos o profanos que se alejan de esos principios. Si te dicen que estás obligado a llevar calcetines, a llevar guantes, que no puedes fumar, que no puedes escuchar música, que no puedes jugar al fútbol, que no puedes, que no puedes, que no puedes, que no puedes… Visto desde la cultura y sociedad occidental suena bastante inconcebible y resulta difícil ponerse en el pellejo de seres tan humanos como cualquiera de otra latitud.

- TIMBUKTU - makma 3

Hay escenas tremendamente impactantes para cualquier espectador con un mínimo de impresionabilidad o susceptibilidad, como por ejemplo los niños jugando a fútbol sin balón, las lapidaciones con entierros hasta la cabeza, los azotes,… Ellas conviven en la trama argumental con situaciones cotidianas de un lugar que resulta una encrucijada cultural de diversos pueblos, de diversos idiomas. Los rostros, tan valiosos y trascendentales en esta película, se suceden como contrastes que reflejan angustia, indecisión, inquietud, ternura,…

Son muchas más cosas las que se pueden extraer, y muchas más las que habré omitido. Cualquiera de las teorías sobre el origen etimológico del nombre de una ciudad como Timbuktu puede hallarse entre las secuencias de la misma, desde la honradez de la mujer a un lugar lejano entre dunas. Por otra parte resulta interesantísimo el modo en que se humaniza a los radicales guerrilleros islamistas por las dudas y las resistencias que en privado realizan sobre las prohibiciones. Ah, y si atendemos a la traducción literal de su titulo original en francés “Le chagrin des oiseaux” tiene mucho significado ese dolor, esa pena de las aves de corral.

- TIMBUKTU - makma 2

La justicia, la igualdad, la libertad, la irracionalidad, la realidad, la pasión, la desesperación, la humanidad,…, entre algo de comedia y bastante drama hay demasiadas cosas atractivas para no dejar de recomendar este peliculón valiente y comprometido que contiene un final muy duro, demasiado duro, tanto como puede ser la vida.

JJ Mestre

 * Publicado también en Espacio Woody/Jagger

González Requena, del texto y el abismo

El texto y el abismo. Diálogos con González Requena
Maite Gobantes Bilbao
Sans Soleil Ediciones
Con Maite Gobantes, Jesús González Requena, Jorge Urrutia y José Miguel Marinas
FNAC de Callao
C / Preciados, 28. Madrid
Lunes 26 de enero, a las 19.30h

“Los textos configuran los espacios humanos. No es ni menos texto una película, una novela, que una fábrica o un sistema productivo. De hecho, en tanto que cualquiera de esas cosas funciona, son textos y producen efectos”. He ahí uno de los puntos de partida del análisis textual que viene practicando desde hace más de 30 años Jesús González Requena, al que Maite Gobantes, autora del conjunto de diálogos reunidos en ‘El texto y el abismo’, califica de “lúcido y atípico pensador contemporáneo”.

En poco más de 200 páginas, González Requena va dando muestras de esa lucidez explicando, o por utilizar un término más del gusto de su trabajo como analista, ‘deletreando’ los fértiles hallazgos de su larga trayectoria profesional. “La pregunta fundamental del análisis textual no es ¿qué significa este texto? La pregunta fundamental es ¿qué experiencia hago en este texto? ¿Cuál es mi manera subjetiva de vivir este texto? La experiencia es irrepetible y compromete al sujeto en su singularidad radical”.

Portada del libro 'El texto y el abismo. Diálogos con González Requena', de Maite Gobantes. Sans Soleil Ediciones.

Portada del libro ‘El texto y el abismo. Diálogos con González Requena’, de Maite Gobantes. Sans Soleil Ediciones.

Si el artista “es alguien que necesita desesperadamente crear formas para sobrevivir”, al igual que el lector o espectador lee o ve algo que “le puede afectar profundamente” y cuyas “formas simbólicas le ayudan a vivir”, González Requena se ‘limita’ a “elevar a la consciencia la experiencia que se ha tenido ya de ese texto”. Y añade: “No es que realmente el análisis aumente la emoción del texto, lo que aumenta es la consciencia de esa emoción”.

Los textos de los que se ha ocupado González Requena, tanto en sus clases como en el seminario que todos los viernes imparte en la Universidad Complutense de Madrid, al igual que en la revista Trama y Fondo, de cuya asociación es presidente, son de todo tipo: literarios, artísticos, televisivos y, sobre todo, cinematográficos. Análisis de esos textos alejados del “esquema marxista” que los entendía como ideología. “Entonces [años 80] creíamos que el arte era una cuestión ideológica y, por tanto, analizar un texto era cuestión de desvelar la ideología que contenía”.

Imagen de la serie televisiva 'Twin Peaks', analizada por Jesús González Requena y cuya referencia aparece en el libro 'El texto y el abismo', de Maite Gobantes.

Imagen de la serie televisiva ‘Twin Peaks’, analizada por Jesús González Requena y cuya referencia aparece en el libro ‘El texto y el abismo’, de Maite Gobantes.

A González Requena, la palabra ‘ficción’ no le gusta a la hora de definir los textos artísticos. “Cuando se piensa así se está presuponiendo implícitamente que hay un mundo estable, seguro y razonable al margen de los textos, con respecto al cual los textos serías ficciones, ideologías”. Nada que ver con su formulación del texto en tanto ‘artificio’ que no es sinónimo de mentira: “Es sinónimo de construcción humana”. “Lo que se llama grandes ficciones de la literatura no son ficciones, son verdad”, subraya.

En ‘El texto y el abismo’, González Requena lo que hace es precisamente destacar esa relación entre los textos, en tanto construyen espacios y a los sujetos que habitan esos espacios, y el abismo, en tanto reconocimiento del mundo como caos. “La palabra, en tanto que surca lo real, crea el espacio de lo humano”, dice. Siempre y cuando creamos en la materialidad de esas palabras, en su solidez. “El prototipo de intelectual de la deconstrucción se instala permanentemente en la burla, en la parodia de algo que en el fondo considera garantizado”.

Fotograma de 'Psicosis', de Alfred Hitchcock, película analizada en el seminario de Jesús González Requena en la Universidad Complutense de Madrid, referida en 'El texto y el abismo', de Maite Gobantes.

Fotograma de ‘Psicosis’, de Alfred Hitchcock, película analizada en el seminario de Jesús González Requena en la Universidad Complutense de Madrid, referida en ‘El texto y el abismo’, de Maite Gobantes.

De ahí que proliferen en la universidad discursos gastados. “La universidad se dedica ahora a obtener ayudas de investigación y a obtener puntuaciones fabricando artefactos que no lee nadie, que no discute nadie, que no interesan a nadie”. Por eso reivindica la autonomía de la universidad “como espacio del pensamiento lo más desideologizado posible. La afirmación del compromiso ideológico, al final, justifica todas las imposturas”, que relaciona con la “mascarada” del más burdo “compromiso con el poder”.

La filosofía, el psicoanálisis, la antropología y la semiótica son las herramientas con las que trabaja en su singular análisis textual. Materias que le permiten, una vez trabajadas en profundidad, emitir reflexiones de hondo calado acerca de la mal llamada violencia machista, del feminismo, de la universidad, de la caída de la función paterna y, en su lugar, la emergencia de una letal diosa arcaica, del marxismo, la deconstrucción o el cristianismo.

Fotograma de 'La taberna del irlandés', de John Ford, película que figura entre los futuribles análisis de González Requena, referida en 'El texto y el abismo', de Maite Gobantes.

Fotograma de ‘La taberna del irlandés’, de John Ford, película que figura entre los futuribles análisis de González Requena, referida en ‘El texto y el abismo’, de Maite Gobantes.

Para entender, por ejemplo, por qué en lugar de ‘violencia machista’ prefiere la expresión ‘crimen pasional’ se hace necesario penetrar en ‘El texto y el abismo’, de lo contrario vulneraríamos con dos frases su más hilvanada reflexión. Lo mismo cabe decir de sus críticas a la telebasura, el alicaído pensamiento universitario, cierto ecologismo, el nacionalismo furibundo o el denostado cristianismo frente a las idealizadas religiones orientales.

González Requena, pese a considerar que el mundo es puro caos, se considera un optimista. “¿Sabes lo que pasa? Ser optimista es creer que es posible hacer algo con el mundo”. Algo que tiene que ver con esos textos y esas palabras capaces de “surcar lo real”. Algo, no “todo”, que eso sí que es una “idea imaginaria”. Frente al todo o nada, algo. Algo tan productivo como los textos que él lleva analizando desde hace ya muchos años. “Yo sé que hay textos que me han tocado profundamente y por tanto sé que hay una verdad esencial en ellos y lo que hago es buscarla y hacerla aflorar. Ésa es mi manera de trabajar”.

Jesús González Requena.

Jesús González Requena, con quien Maite Gobantes dialoga en el libro ‘El texto y el abismo’, de Sans Soleil Ediciones.

Salva Torres

La Celestina de Atalaya en Sala Russafa

‘Celestina, la tragicomedia’, de la compañía Atalaya
Sala Russafa
C / Dènia, 55. Valencia
Viernes 23 de enero, a las 20.30h.

Sala Russafa acoge este viernes 23 de enero el estreno en Valencia de ‘Celestina, la tragicomedia’, de la compañía andaluza Atalaya. Acreedora de cerca de 30 reconocimientos, entre los que destaca el Premio Nacional de Teatro, esta formación es una de las más consolidadas de la escena española, cosechando reconocimientos de crítica y público con montajes en los que revisitan clásicos de toda época y estilo, como ‘Hamlet’ (W. Shakespeare), ‘Medea’ (Eurípides) o ‘Divinas Palabras’ (Valle Inclán), entre otras.

Siempre con un fuerte componente estético, adaptando el texto y la interpretación al público contemporáneo, vertiendo una sacudida sobre el espectador que le traslada de la butaca a la escena, rompiendo la barrera de la cuarta pared.

Escena de 'La Celestina, la tragicomedia', que se presenta en Sala Russafa. Compañía Atalaya

Escena de ‘La Celestina, la tragicomedia’, que se presenta en Sala Russafa. Compañía Atalaya.

Este viernes, en el centro cultural de Ruzafa, ofrecen una única función del nuevo acercamiento, firmado por Ricardo Iniesta, al clásico de Fernando de Rojas, obra cumbre de la literatura dramática española.

Aparcando moralinas católicas, ‘Celestina, la tragicomedia’ se centra en la pasión, en el empeño por vivir y disfrutar del presente, para contar la historia de dos amantes en la que interviene La Celestina, una alcahueta y proxeneta a la que da vida la impresionante interpretación de Carmen Gallardo, galardonada por este papel como la Mejor Actriz de en los Premios Escenario de Sevilla y a la Mejor Interpretación Femenina en el XXXIV Festival de Teatro de Ciudad de Palencia (2012).

En un montaje ágil, con una puesta en escena pictórica, llena de erotismo, intriga, humor y brío, encontramos el retrato de una sociedad ambiciosa, gobernada por el dinero y las relaciones sociales. Pero el amor intentará pasar por encima de las convenciones y las tretas en este espectáculo que ha recibido excelentes críticas y que lleva tres temporadas en gira, recorriendo 14 comunidades autónomas y saltando a Latinoamérica.

Más allá de elencos estrella y grandes producciones, la función del viernes 23 es una ocasión única para disfrutar en Valencia de la calidad artística del teatro que se crea en otras comunidades autónomas.(VÍDEO: http://www.youtube.com/watch?v=0IW0_qsdoPY)

Escena de 'La Celestina, la tragicomedia', de la compañía Atalaya. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de ‘La Celestina, la tragicomedia’, de la compañía Atalaya. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Inmaculada Martínez: playa, luz y… sombras

Operación Ocio, de Inmaculada Martínez Martí
Galería Rosalía Sender
Carrer del Mar, 19. Valencia
Hasta el 13 de diciembre, 2014

A primera vista, la obra de Inmaculada Martínez resulta amable. Su serie de escenas playeras, donde se respira cierta paz y tranquilidad, con colores suaves y suave cadencia expresiva, provoca un tranquilo reconocimiento. El espectador, delante de esas representaciones veraniegas, parece a resguardo de la duda, arropado por esa naturaleza apacible de los días en calma. Diríase que la artista de Mislata, en medio de las prisas que nos acucian, hubiera decidido transformar el bullicio en sencillez.

Obra de Inmaculada Martínez en la exposición 'Operación ocio' de la galería Rosalía Sender.

Obra de Inmaculada Martínez en la exposición ‘Operación ocio’ de la galería Rosalía Sender.

Su ‘Operación ocio’, tal es el título de su exposición en la Galería Rosalía Sender, consiste en apoderarse de la realidad con naturalidad, sin grandes aspavientos, mostrando la quietud que reina afuera, a partir de un estado similar proveniente de dentro. Frente al discurrir turbulento de la vida agitada por lo que algunos filósofos llaman “síndrome de ocupación desmedida”, Inmaculada Martínez opone una mirada relajada, ociosa, toda ella volcada en la contemplación de una naturaleza sosegada.

La propia artista señala, al referirse a su exposición, que con esa veintena de obras lo que intenta es “contagiar de optimismo al espectador, que llegue por su sencillez, naturalidad”. Y añade: “Que no nos deje impasibles pero desde un lado optimista, sin necesidad de emplear recursos de fácil impacto”. Nada que ver con su anterior muestra ‘Estado de inconsciencia’, donde “hacía una profunda reflexión sobre la vida y la muerte y el proceso de duelo”.

Obra de Inmaculada Martínez en la exposición 'Operación ocio' de la galería Rosalía Sender.

Obra de Inmaculada Martínez en la exposición ‘Operación ocio’ de la galería Rosalía Sender.

‘Operación ocio’ apunta en esa otra dirección más optimista, pero a veces da la impresión que cierto estado de ánimo anterior se cuela en su más reciente obra. Por ejemplo, en las dos piezas tituladas ‘Pregón’. En ellas, se aleja del motivo playero para mostrar pequeños grupos de personas ocupando un espacio interior despojado de elementos; espacios sobrios que parecen evocar cierto silencio y recogimiento.

Obra de Inmaculada Martínez en la exposición 'Operación ocio' de la galería Rosalía Sender.

Obra de Inmaculada Martínez en la exposición ‘Operación ocio’ de la galería Rosalía Sender.

En algunas otras obras, aunque el sosiego de la playa en calma transmita esa respiración ajena a las prisas, el ambiente creado no deja de producir sensaciones contradictorias. De nuevo, las personas que habitan ese paisaje amable y colorista parecen guardar un secreto que las empalidece. Como si tanto placer reflejara en su piel sombría la señal de un próximo desencuentro. Como si la playa, al igual que contara Manuel Vicent en relación al mar Mediterráneo, de tan aparentemente quieta ocultara bajo la luz transparente del cielo y de las aguas un peligro inadvertido.

La mezcla de rostros claros y rostros borrosos, de cuerpos tamizados por un sol que bruñe la piel al tiempo que la difumina, convierte la ‘Operación ocio’ de Inmaculada Martínez en algo más que un amable día de playa. Bajo esa aparente calma exterior, late la inquietud de un placer amodorrado.

Obra de Inmaculada Martinez en la exposición 'Operación ocio' de la galería Rosalía Sender.

Obra de Inmaculada Martinez en la exposición ‘Operación ocio’ de la galería Rosalía Sender.

Salva Torres