Cultura desde la guerra

La UNESCO crea un grupo de expertos en conservación del patrimonio cultural
Acuerdo firmado el 16 de febrero de 2016

En 1945 leíamos el horror desde las voces de los supervivientes y, tras una lección mal aprendida, lo hacemos de nuevo a través de las imágenes y testimonios de los refugiados que huyen de la guerra. Theodor Adorno afirmaba entonces que “escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie”, pero actualmente mientras se suceden los viajes sin destino, los muros y el drama humano, el arte continua aportando un extraño sentido. Desde la UNESCO esta cuestión despierta, una vez más, la voluntad por conservar el patrimonio en las zonas de conflicto como símbolo de la cultura y la identidad, para establecer quizás un lenguaje común por encima del caos.

Por esta razón, hace unos meses conocíamos la noticia sobre la creación de una fuerza operativa que actuará en casos de “emergencias culturales” (y cito textualmente la curiosa expresión). El 16 de febrero, Irina Bokova (Directora General de la UNESCO) y Paolo Gentiloni (ministro italiano de Relaciones Exteriores) firmaban el acuerdo para establecer un grupo especial de expertos en conservación, con el fin de poder desplegarlos en lugares cuyo patrimonio cultural esté en peligro de destrucción o de saqueo. De esta forma, la estrategia se incluiría en las acciones humanitarias y de paz, como elemento para promocionar la diversidad y la cohesión social.

Palmira Decumanus.

Imagen de Palmira Decumanus.

Sin embargo, esta respuesta no es nueva y contamos con antecedentes cercanos que indican el destacado papel de la Guerra Civil Española en los primeros pasos de los estudios técnicos para la protección del patrimonio. En ese contexto, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes ofreció custodia oficial a todos los bienes integrantes del patrimonio histórico y artístico de la época. Las primeras medidas de protección puestas en práctica por los arquitectos conservadores de los edificios públicos, bajo la dirección de Josep Renau, se realizan según los principios técnicos establecidos por la Office International des Musées (OIM), organismo creado en 1926 por Naciones Unidas con el objetivo de promover la cooperación internacional de los museos. La segunda de las reuniones de la OIM, la conferencia de Atenas celebrada en 1931, estuvo dedicada a la preservación de momumentos y constituyó un hito en la historia de la conservación. De ese encuentro nacía la Carta de Atenas, primer documento internacional sobre criterios de restauración y políticas de protección, que sería la base de muchas legislaciones europeas sobre patrimonio.

Cinco años después, los centros de cultura oficiales españoles eran bombardeados (Museo del Prado, Museo Arqueológico Nacional, Academia de Bellas Artes de San Fernando o Biblioteca Nacional, entre otros). Las acciones realizadas entonces consistieron básicamente en el traslado de las obras a los sótanos de los museos y edificios públicos, en la protección de objetos de grandes dimensiones mediante sacos de tierra apilados y puntales, así como en el refuerzo de los servicios de vigilancia y contraincendios (el traslado de las obras a Valencia merecería otro artículo).

Imagen de Aleppo.

Imagen de Aleppo.

Actualmente sabemos que la influencia que tuvo la experiencia española en la orientación para el proyecto de la OIM y en las recomendaciones técnicas fue decisiva y, como resultado, en 1939 se publicaría el manual La Protection des Monuments et Oeuvres d’Arte en Temps de Guerra. A pesar de la suspensión de actividad de la Oficina Internacional de los Musos durante la ocupación nazi de París y el cierre definitivo en 1946, su labor tendrá importante repercusión en la Convención de la Haya de 1954. En este marco, la aprobación de la Convención para la Protección de Bienes Culturales en Caso de Conflicto Armado, fue el primer tratado internacional, tras la Segunda Guerra Mundial, centrado exclusivamente en esa función.

Si en aquellos momentos el comité de expertos lo formaban juristas, militares y museólogos, en esta ocasión, los llamados cascos azules de la cultura estarán integrados por profesionales en patrimonio cultural y miembros de la policía italiana, Carabinieri, especializados en la lucha contra el tráfico ilegal de bienes culturales. El objetivo de la llamada Operación Unite4Heritage (unidos por el patrimonio), consistirá en activar el despliegue cuando lo solicite un Estado miembro de la ONU que sufra un conflicto y que pueda afectar a su patrimonio histórico y cultural. Esta fuerza especial trabajará para conservar y restaurar las obras dañadas, y contarán con un centro de formación en Turín.

Templo Baal Palmira.

Templo Baal Palmira.

La propuesta italiana para activar el trabajo de la UNESCO viene provocada tras la reciente destrucción de los vestigios arqueológicos en Irak y Siria, y la trágica devastación de la ciudad de Palmira. Sin embargo, mientras se consolidaba este proyecto en la 38ª Conferencia General, alcanzando su aprobación por 53 países, la vida en las regiones asediadas continuaba su curso. Desde ese día a día, algunos artistas han desarrollado acciones de recuerdo o de salvaguarda sobre al patrimonio local.

Destaca por un lado el grupo de artistas refugiados en Jordania que reproducen miniaturas de monumentos históricos que la guerra en Siria ha reducido a polvo (rincones de la antigua ciudad de Palmira, el puente colgante de Deir ez-Zor, la Ciudadela de Alepo, o la Gran Mezquita de los Omeyas en Damasco). Por otra parte, la voluntad de supervivencia en un entorno de desesperación provocó que el escultor Assem Al Bacha enterrara gran parte de sus esculturas en un lugar del desierto sirio durante la noche. El artista, que en la actualidad reside en Granada, ocultó sus obras antes de dejar su país, con la esperanza de protegerlas de los bombardeos y recuperarlas al volver. Pudimos ver su exposición de Casa Árabe en 2013, donde sólo mostró las piezas que cabían en unas maletas.

La destrucción deliberada del patrimonio cultural puede considerarse un crimen de guerra (en virtud del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional) y, desde este alcance, la protección de los monumentos y de la producción artística es un factor más, generador de paz. Por lo tanto, las leyes quedan establecidas y la coordinación de acciones diplomáticas también, pero el núcleo parece un tanto absurdo cuando dependerá únicamente de la decisión de un combate. El presidente de la Comisión Internacional de Cooperación Intelectual resumía esta idea en la siguiente frase, pronunciada en 1932: “Si se tiene la suficiente sensatez para respetar los monumentos y las obras de arte, sería mejor comenzar por tener la sensatez de no hacer la guerra”.

Palmira.

Ciudad de Palmira.

Maite Ibáñez

La memoria y el horror: tan lejos, tan cerca

Básicos de la Filmoteca
Nuit et brouillard y Toute la mémoire du monde, de Alain Resnais, y Le sang des bêtes, de Georges Franju
Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Jueves 3 de marzo de 2016, a las 19.00h

La Filmoteca de CulturArts proyecta el jueves 3 de marzo, en la sala Berlanga, tres cortometrajes documentales franceses de los años cincuenta que abordan el tema de la memoria y el horror desde perspectivas muy distintas. La sesión se enmarca dentro del ciclo semanal Básicos Filmoteca, que en esta edición se centra en la historia del cine documental. La presentación de la película y del posterior coloquio corre a cargo de Daniel Gascó, crítico cinematográfico de la Cartelera Turia y de la revista Caimán Cuadernos de Cine.

Fotograma de Nuit et brouillard, de Alain Resnais. Imagen cortesía de la Filmoteca de CulturArts.

Fotograma de Nuit et brouillard, de Alain Resnais. Imagen cortesía de la Filmoteca de CulturArts.

La sesión incluye Nuit et brouillard (1955), una de las películas más destacadas de la primera etapa de Alain Resnais, antes de dedicarse al cine de ficción, y uno de los documentales fundamentales sobre el horror del Holocausto y los campos de concentración. El documental ofrece una visita al ya abandonado y desierto campo de Auschwitz en la que se alternan lentos travellings en color con imágenes de archivo que reconstruyen la tragedia que sufrieron los prisioneros. El documental mostró por primera vez el material cinematográfico y fotográfico que el ejército nazi acumuló sobre el exterminio organizado.

Fotograma de Toute la mémoire du monde, de Alain Resnais. Imagen cortesía de la Filmoteca de CulturArts.

Fotograma de Toute la mémoire du monde, de Alain Resnais. Imagen cortesía de la Filmoteca de CulturArts.

El tema de la memoria también está presente pero desde una óptica distinta en otro documental de Alain Resnais Toute la mémoire du monde (1956), que es una aproximación a la Biblioteca Nacional de Francia y a sus libros. La sesión se completa con Le sang des bêtes (1948), la primera película de Georges Franju, uno de los grandes nombres del cine francés.

Fotograma de Le sang des betes, de Georges Franju. Imagen cortesía de la Filmoteca de CulturArts.

Fotograma de Le sang des betes, de Georges Franju. Imagen cortesía de la Filmoteca de CulturArts.

El documental ofrece una visión brutal e hiperrealista de los mataderos de París, en la que se refleja el sufrimiento de los animales que van a ser sacrificados y el embrutecimiento de aquellos que tienen que realizar este trabajo. Sobre la sesión dedicada a estos documentales, Daniel Gascó ha señalado que “es curioso que Alain Resnais y Georges Franju, dos cineastas sensibles a la fantasía, se muestren feroces en su vertiente documental. Pero más que retratar la realidad sórdida, se instalan en una sublime poesía que les aproxima a la verdad. El horror está presente, pero la belleza también”.

Fotograma de Nuit et brouillard, de Alain Resnais. Básicos de la Filmoteca.

Fotograma de Nuit et brouillard, de Alain Resnais. Básicos de la Filmoteca.

 

Ya es primavera en Alfara

Galería Alfara

Moisés Yagües

Oviedo

C / Rafael Gallego, 16

“Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”. Lo dijo el filósofo Adorno y muchos siguieron a pies juntillas su dictado. De lo real, descarnado, de la vida no se puede hablar sin cometer un acto de manipulación. La verdad, por horrorosa, se vuelve innombrable. Y toda representación de ella se convierte en fraude. Frente al descrédito de la ficción como vía de experiencia, se rebelan quienes ven en el relato una de las fuentes privilegiadas para adquirir conocimiento. Moisés Yagües (Molina de Segura, 1972) se hallaría en esta línea. Sus cuadros están repletos de situaciones dramáticas, en ocasiones agónicas. Pero él traduce esas impresiones dolorosas mediante una pintura grácil, amable, incluso infantil. El resultado es un trabajo que, como los cuentos populares, se encuentra habitado por ásperas hendiduras dentro de un trayecto gozoso.

También dijo alguien que el humor era un pararrayos vital. En tal caso, la obra de Yagües está repleto de ellos, que vienen a ser, en suma, sus canales o relatos por donde conducir toda esa electricidad de lo real que nos puede llegar a electrocutar sin las debidas mediaciones. Es su manera de contener la energía destructiva que amenaza al mundo, para transformarla en fuente creativa. Esa conjunción de fragilidad existencial y resistencia irónica atraviesa el conjunto de su producción.

En “Primavera que no llega”, Yagües narra pequeñas historias, situaciones y  personajes que intentan sobrevivir al conjunto de desastres que nos rodean. Obras  aparentemente  lúdicas, pero cargadas de un gran sentido crítico  e irónico. El desencanto que se refleja en la sociedad que nos rodea se hace presente en los personajes de” Primavera que no llega”. Personajes anónimos que se sienten incómodos y contradictorios ante la sociedad que les ha tocado vivir. Para Yagües el arte es un arma cargada de crítica e ironía, y lo entiende como un juego pero que hay que tomarse muy en serio,  invitando al espectador a reflexionar sobra la vida.

Eva Poyato / Salva Torres