Fotograma de 'La niebla y la doncella', de Andrés Koppel.

La niebla y la doncella: amores que matan

La niebla y la doncella, de Andrés Koppel
Cines Kinépolis de Valencia
Festival de Cine Antonio Ferrandis de Paterna
Agosto de 2017

Después de haber visto verdaderas obras maestras en nuestro cine negro como ‘La Isla mínima’ (Alberto Rodríguez), ‘Tarde para la Ira’ (Raúl Arévalo), ‘No habrá paz para los malvados’ (Enrique Urbizu) y ‘Qué Dios nos perdone’ (Rodrigo Sorogoyen), las expectativas se disparan automáticamente cada vez que un thriller asoma el hocico en nuestra cartelera, pero como todo en la vida, una buena racha se puede acabar.

‘La niebla y la doncella’, de Andrés Koppel, tenía muchos puntos a su favor: la firma de un escritor galardonado con un Premio Planeta por ‘La marca del meridiano’ (2012) y un Nadal por ‘El alquimista impaciente’ (2000), como es el madrileño Lorenzo Silva. Un elenco de lujo, de los que son seña de calidad: Quim Gutiérrez, Verónica Echegui, Roberto Álamo y Aura Garrido. Por último, estábamos ante una saga muy exitosa de libros, algo que por lo menos asegura la asistencia de cientos de fans. El problema es que el filme se pierde.

Fotograma de La niebla y la doncella, de Andrés Koppel.

Fotograma de La niebla y la doncella, de Andrés Koppel.

No estoy aquí para criticar la historia, ni el modo de narrar de su director, de hecho me encuentro con Koppel y con Silva en los Cines Kinépolis de Paterna justo al terminar el visionado y todavía con las sensaciones encontradas después de ese final. Estrecho la mano del director, al que le encargaron esta película para desvirgarlo en los largometrajes y que se encuentra muy excitado. Le digo que me ha gustado y me sonríe, más comedido está Lorenzo Silva, que da el contrapunto a la charla, pues cuenta las cosas con calma y serenidad; Koppel es un torbellino.

La película trata de un crimen en un lugar pequeño y precioso, donde la mentira es parte de la trama. “Tanto en la novela como en la película la gente miente cuando habla y una cosa es lo que la gente siente, lo que realmente le está pasando, y otra es cómo lo interpretan y entienden la realidad de lo que realmente ha pasado. Cuando a ella le pasa lo que le pasa, lo que están contando ellos que creen que ha pasado, ellos entienden que ha pasado y ¿es realmente lo que ha pasado? Y es algo de la investigación policial realmente terrible, porque como no tengas una máquina del tiempo…”, comenta Koppel sin que me deje casi encender la grabadora.

Koppel deja paso a Silva, que con más templanza desarrolla lo que el director intenta decirnos en este galimatías de palabras. “Hay un momento en que desaparecen todos los testigos -explica Silva con su penetrante voz-,  desaparecen todos los vestigios, la gente se calla. Porque hay una inercia de que las historias criminales clásicas, o bien aparece la prueba irrefutable, o bien los cómplices confiesan, y la realidad es que confesar, confiesa muy poca gente. Y en cuanto alguien aprende que si tú no confiesas en el juicio no vale -Silva hace un gesto de resignación- al final las historias criminales navegan a la hora de establecer conclusiones en un territorio de incertidumbre, de hipótesis”.

Fotograma de 'La niebla y la doncella', de Andrés Koppel.

Fotograma de ‘La niebla y la doncella’, de Andrés Koppel.

No hemos entrado todavía en materia, solo soslayamos la película, porque todo lo que cuenta puede estar trillado, pero no por ello deja de funcionar. Silva prosigue haciendo hincapié en la falsedad de la gente de la isla, en el teatro que se monta allí para encubrir, para proteger, tal vez por miedo. “El gran problema de los personajes (los protagonistas) es que se encuentran con una comedia, la gente está representando un papel de principio a fin, incluso preparan escenas. La primera de la película es una comedia con un solo espectador, está todo preparado para engañar a ese espectador”, señala el escritor.

Aunque se trata de un asesinato, todo está envuelto en un halo de amor prohibido, de amor consentido y de atracción, todo ello se nota a lo largo del filme. “Son dos historias de amor y es la única vez en toda la serie de este personaje, donde el investigador se siente ofuscado por una mujer en la investigación, y que le nubla la vista en muchos sentidos. Si quieres entender el motor criminal de la película, sin destripar nada, está un sentimiento amoroso que hace que la gente haga cosas que supuestamente no debe hacer”, sentencia el literato.

Evidentemente el reto lo tenía por delante Andrés Koppel, porque era su primera película, ya sabemos lo que puede penalizar pinchar en tu ópera prima en este país, y en segundo término, porque estaba ante la adaptación de un libro de éxito con cientos de adeptos. ¿Eso daría mayor vértigo al canario? “Todo lo contrario -responde sereno Koppel-, siempre que los espectadores comprendan que es la película que me inspira su lectura. Yo como lector de Lorenzo Silva me he inspirado para hacer una película (…) es la película que entiendo que hay dentro”.

Fotograma de 'La niebla y la doncella', de Andrés Koppel.

Fotograma de ‘La niebla y la doncella’, de Andrés Koppel.

Y continúa: “Cuando me ofrecieron el proyecto, yo me había leído la novela ya, y me había pasado lo que a ti te había pasado antes [al principio de la charla les comenté que el giro del filme al final del segundo acto me descolocó por completo], dices, ¡hostia!, aparte, la frase que sale en la película es la que estaba en la novela, casi lo conté de la misma forma. Si tienes una emoción cuando empiezas un proyecto, es todo mucho más sencillo, lo que me había gustado era la relación de Vila y Anglada, teniendo eso sabía que tenía película. Había una película ahí. Y a partir de ahí había muchos temas que explora Lorenzo, entre otros el de la madre, que es lo que te pasa cuando matan a tu hijo. Quizás el tema más obvio de todos. Yo tengo un hijo, me matan a un hijo y no sé muy bien, no sé si la justicia me va a servir”, termina el director con esa reflexión y la mirada chispeante.

Si hay algo en la película que me gustó, que me pareció muy certero, fue la sobriedad de Vila, la autenticidad de los personajes, sin la necesidad de gabardinas, malos gestos o cigarrillos por doquier. Quim Gutiérrez está muy contenido, se lo comento al director que asiente con satisfacción, parece que he dado en una de las cosas que pretendían transmitir. “Soy un hombre que me gusta la contención -revela Koppel, aunque no parece contenido en sus gestos-. Son gente (los investigadores) que imagino necesitan esa contención para poder investigar”.

La niebla y la doncella, de Andrés Koppel.

La niebla y la doncella, de Andrés Koppel.

“Hay una cosa que Andrés vio muy bien -cuenta Silva-, y Quim, que es un creador de personajes, también vio. Que es que cuando tú investigas un homicidio, con una muerte trágica, con lo cual manejas material sensible, tienes que ir con cuidado para que no se sepa lo que sabes. Para no herir a quien puede tener la emoción más a flor de piel y eso te impone ser una persona comedida, cuidadosa, una persona que marca las distancias, analítica y tiene que hacerlo con aquellas personas que te van a decir la verdad. Las personas que están en el ajo del crimen no te van a decir nunca la verdad, pero hay personas que sí te pueden decir la verdad, pero hay que darles confianza y no se les da pegando voces o acorralando a nadie, así no se da confianza, hay que generar espacios”.

Estamos llegando al final de la entrevista con algunos temas sobre la mesa; con frialdad les pregunto por la mala acogida de la película en el Festival de Málaga y Koppel tuerce el gesto. Está claro que aquello marca un punto de inflexión, tanto es así que deciden remontar la duración de los diálogos, reduciéndolos, y hasta la música. Sin duda, las pésimas críticas en Málaga pueden dañar la repercusión y recorrido del filme, pero no nos llevemos a engaño: la película es entretenida. Al despedirme, Koppel me vuelve a preguntar si de verdad me ha gustado o lo digo por decir; le comento que sí, que me ha gustado, que está claro que hay que valorarla como una ópera prima y que no se puede comparar, por ejemplo, con ‘La Isla mínima’. Sonríe y se marcha. Desconozco si satisfecho con mi contestación o pensando en cómo va a reaccionar la taquilla.

Como siempre, me quedo con esa sensación grata de conocer a directores de cine, poder hablar con ellos y encontrar en su óptica el punto de vista que me ha faltado para poder hablar con mayor propiedad. Una vez más hay que agradecer a el Festival Antonio Ferrandis de Paterna su entrega y cariño, sin ellos nada de esto podríamos hacer.

Fotograma de 'La niebla y la doncella', de Andrés Koppel.

Fotograma de ‘La niebla y la doncella’, de Andrés Koppel.

Javier Caro

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